"¿Estuviste en Boston en 2009?". Le preguntó Emma de sopetón. Regina se sorprendió ante la pregunta… y confusa empezó a hacer memoria. "Mmmm, no. Pero estuve el último fin de semana de 2008, ahora que recuerdo y lo recuerdo porque fue la primera vez que estaba tanto tiempo separada de Henry" Explicó melancólica. Emma se quedó pensativa. "¿Estás segura de eso, seguro que no fue el primer fin de semana del año?" Regina negó confusa, aunque ella misma recordaba haber tenido una visión celebrando año nuevo con Emma, precisamente el año 2009. "¿Por qué me preguntas eso?" Inquirió la alcaldesa. Emma carraspeó. "Recuerdas que te dije que estaba teniendo sueños extraños y concluimos que no eran sueños sino visiones? Luego tu dijiste que estábamos bajo un hechizo e ignoramos lo más importante… las visiones, porque esas visiones son de nuestro pasado" Sentenció Emma. "¿Cómo sabes eso?" Preguntó Regina confusa. "Tuve una visión… en una discoteca… estábamos las dos celebrando la llegada del año 2009" Explicó Emma.
Regina muy confusa, miró a Emma, ésta todavía sostenía en sus manos lo que Regina ya sabía, su corazón, pero también sabía que Emma no haría nada con él. Se equivocó. Pillando a la alcaldesa desprevenida Emma le devolvió su corazón a su lugar original y Regina soltó un suspiro al sentir la corriente de calor. "¿Qué demonios haces?" Fue a sacárselo de nuevo, pero Emma sostuvo fuertemente su mano impidiéndoselo. "No" Regina empujó a Emma muy enfadada. "¡Ahora tendré que soportar el dolor que supone que te abandonen… de nuevo!" Sollozó dolida, sin comprender por qué Emma le estaba haciendo esto. Emma puso una mano en su hombro y la obligó a mirarla. "Yo también tengo el mío". Explicó con una pequeña sonrisa de resignación. "Pero… ¿por qué?" Preguntó Regina sin entender. "Porque creo que estas visiones que compartimos son recuerdos de una pasado que tuvimos juntas… un pasado posiblemente anterior a mi llegada a Storybrook" Dijo esto algo escéptica. "Espera, ¿quieres decir que ya nos conocíamos?" inquirió Regina. "Quiero decir que estábamos juntas el año nuevo de 2009, en Boston y quiero decir que éramos algo más que conocidas… ¿Por cierto, qué hacías en Boston?" Regina enmudeció de repente antes de contestar. "Fui a… investigar sobre la madre biológica de Henry, quizás… fue así como nos conocimos" Emma asintió. "Tal vez, pero para salir de dudas, ¿habría alguna forma de recordar?" Regina parpadeó confusa cuando se dio cuenta de la desnudez de Emma y sus mejillas se colorearon de rojo. Si antes sentía calor, ahora parecía que iba a entrar en combustión. Estaba terriblemente atormentada por esos labios y esos pezones… Al sentirse observada de aquella manera, Emma carraspeó, pero no se tapó. "Si, podemos intentar algún hechizo" Confesó Regina disimulando todo lo que podía. "Antes, ¿me dejas intentar algo?" Preguntó Emma nerviosa. Regina la miró con desconfianza, Emma le sostuvo la mirada como pudo. "Está bien" Dijo suspirando con resignación. Solo pudo parpadear una vez antes de sentir unos labios calientes, suaves y carnosos sobre los suyos. Se oyeron crujidos que las dos ignoraron. Emma abrió los labios y rozó los de Emma con su lengua, tímidamente. Regina la empujó, con los ojos abiertos, miró a su alrededor, caían gotas por doquier, ¿sabía que algo pasaba?. Luego miró a Emma, su mirada variando a una de deseo y rabia al mismo tiempo. "Tú" Regina la señaló mostrándole sus dientes como una leona. "Tú" Volvió a gritar, dirigiéndose a Emma y golpeándole con el dedo índice en el pecho, obligando a Emma a dar algunos pasos hasta tropezar con la cama de la alcaldesa. Regina se acercó a ella con vehemencia y la golpeó en la cara. "Tú, eres tu quien me haces sufrir" Sollozó Regina, golpeando a Emma en el pecho con poca fuerza. Emma agarró las manos de la alcaldesa y la besó. Regina se resistió, pero luego forcejeando cuando Emma lo intento de nuevo, fue ella quien la besó, con ira pero con tanta pasión que Emma cayó como un plomo sobre la cama sorprendida. "No vuelvas a hacerlo" Gritó Regina airada desde su posición. Emma parpadeó sin entender, pero no se dio por vencida. Se levantó de la cama y alcanzó a cerrarle la puerta a la alcaldesa en las narices. "Tú no vas a ninguna parte" Dijo con una voz que imponía respeto y hasta Regina se sintió turbada cuando miró a Emma y sus ojos eran oscuros y lujuriosos, luego la salvadora la atrapó contra la puerta. La agarró por la cintura y la atrajo hacia ella, y sus labios quedaron a escasos milímetros. "Voy a besarte" Advirtió a Regina. Antes de que la morena pudiese decir nada, Emma estaba besándola de nuevo. Pero esta vez sus labios se apretaron contra los suyos con vehemencia, y su lengua se introdujo en su boca sin ningún tacto. Regina estaba confusa, pero cuando intentó pensar se dio cuenta de que con Emma besándola sería imposible, así que se limitó a dejarse llevar o a llevar ella la situación porque cuando fue consciente de su deseo, fue su lengua la que exploró sin cuartel la boca de la salvadora y ésta gemía cuando sus lenguas se rozaban, se sentía tan bien. La morena iba a desmayarse con el calor, así que se deshizo de su camiseta y del sujetador. Emma con los ojos llenos de deseo, abrió la boca ante aquel espectáculo, los pechos de Regina eran para ella, podía besarlos, succionarlos y los tenía delante, así que no lo dudo ni por un segundo. Los acarició con sus manos primero, observándolos embobada, luego sin poder resistirse más lamió brevemente cada pezón y consiguió con aquel caliente contacto de su lengua que Regina se arqueara de placer, dejando escapar el primer gemido de la noche. Una gota de agua muy fría cayó sobre la espalda de Regina, pero se evaporó en segundos y fue ignorada. Como también ignoraron que a medida que profundizaban en los besos y las caricias, el hielo se derretía. La lujuria de Emma iba en aumento. Con nadie había sentido algo tan fuerte y ya le daba igual su origen, la sensación era increíble. Regina estaba a horcajas encima de Emma cuando está la cogió con fuerza entre sus brazos y la puso debajo. La alcaldesa era pequeña y maleable y aunque era una fierecilla, Emma la aplacó con otro beso profundo y pasional. La obligó luego a ponerse boca abajo. Emma se quedó estupefacta mirando su cuerpo, le parecía mentira que fuera suyo, que pudiera tocar y explorar cada rincón de aquel cuerpo que tanto había deseado… ¿Tanto había deseado? Quizás de una manera inconsciente ella pensó que era admiración pero la salvadora acababa de descubrir que estaba enamorada de la morena y que ese enamoramiento era anterior a su encarcelamiento. ¿Y entonces donde quedaba lo que sentía por Hook? Le parecía tan poca cosa ahora lo que habían tenido. Era como si el beso que se dieron hubiese despertado esos sentimientos dormidos.
Regina estaba tan nerviosa. Se sentía indefensa, pero deseada y especial. Estaba boca abajo en la cama, deseando que Emma la tocara… pero no la tocó, la besó en el cuello, dulcemente y la alcaldesa se mordió los labios. A pesar de haber recuperado su corazón, no había sentido aun el abandono de Robin, tenía a Emma y Regina sintió que no necesitaba a nadie más. Gimió cuando éste le mordió la oreja y la rozó con su lengua. La morena se estremeció. Los besos y los lametones se fueron sucediendo por todo su cuerpo y cuando Emma le dio la vuelta, la lengua de Emma se detuvo en la ingle de la morena, estaba tan anhelante que tomó su cabeza entre sus manos y la obligó a bajar hasta su bajo vientre. "Hazlo, lo necesito" Suplicó la morena. Emma la miró desde su posición con lujuria y Regina le devolvió una mirada jadeando anhelante. Emma lamió lentamente su clítoris, y Regina dejó escapar un grito. La sensación fue tan placentera que tuvo que agarrar con fuerzas las sabanas para no gritar más fuerte. "Gime, no te contengas, me voy a correr solo de oírte" Dijo Emma con un hilo de voz. Regina cerró los ojos ante sus palabras y sintió como Emma la penetraba con un dedo, luego dos, tres y empujó fuerte cuando comprobó que Regina estaba a punto y ella misma solo de verla. "Oh, sí, sigue Emma" La susodicha se convulsionó al oir las palabras de la morena y el orgasmo le sobrevino al mismo tiempo que a la alcaldesa. En ese mismo instante culminante ambas sintieron una energía que las engullía y luego las empujaba, los recuerdos vinieron a la mente de ambas como escenas que se sucedían. Emma negó con la cabeza, confusa. "Lo prometiste". Las palabras de Emma atravesaron a Regina, haciéndola derramar una lagrima solitaria. Con un gesto de pena se levantó sin más de la cama, recogió su ropa y se marchó de la habitación. Esa reacción suya se estaba convirtiendo en una costumbre, pensó Emma.
