Disclaimer: Ninguno de estos personajes me pertenece. La historia es de the-glory-days, la traducción es mía.
Alphabet Weekends
Capítulo 9: Four down, Twenty-Two to go
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Edward se sintió vacío cuando se despertó a la mañana siguiente. No era la primera vez en el último mes que se sentía así, pero hoy, era mucho peor que las otras veces.
Este era el primer fin de semana en un mes en el que se había despertado solo. Era una extraña sensación. Estaba acostumbrado a levantarse solo, no era un concepto bizarro, pero en el último mes o más se había acostumbrado a tener un cuerpo cálido a su lado en las mañanas del domingo. Le gustaba, más de lo que debería.
Se dio la vuelta en la cama aquella mañana y las vacías, las frías sábanas extra bajo su torso se sentían frígidas y poco naturales. Otras veces, a él le gustaba volverse y encontrar que el otro lado de la cama estaba frío, especialmente en los meses cálidos y húmedos de verano, pero ahora, se sentían solitarias y áridas.
Necesitaba a alguien allí; ansiaba por su calidez.
Se quedó en el lado frío de la cama tratando de calentarla con su propio calor, pero no parecía funcionar. Al final, reunió energía para levantarse de la cama y dirigirse al cuarto de baño.
Esta vez usó su cepillo de dientes.
De nuevo, encontró a Bella sentada en el sillón, mirando comerciales inexpresiva, envuelta en una manta de lana que su madre les había traído para ponerla sobre el sillón.
—Buenos días —saludó en voz baja en caso de que Bella tuviera dolores de cabeza. Fruncía el ceño y tenía los ojos cerrados como lo hacían las personas para poner presión en donde estaba el dolor de cabeza.
Bella respondió —Buenos días.
—¿Estás bien, Bells? No te ves muy bien.
—Estoy bien, Edward. Sólo no he dormido bien. Sigo teniendo ese extraño sueño.
El cuerpo de Edward se tensó. Aun cuando Bella había explicado anteriormente que el sueño era algo completamente diferente a lo que él pensaba no podía evitar el sentimiento de preocupación que surgía en él. Su corazón latía rápido y podía sentir la adrenalina trabajando en su cuerpo, haciendo que una gota de sudor se formara en el borde de su ceja derecha.
—¿A qué te refieres con extraño, Bella? —preguntó con voz lacónica. Estaba ansioso. La última cosa que quería era a Bella teniendo esas pesadillas de nuevo.
—Relájate, Edward —le tranquilizó ella, golpeándolo ligeramente en el brazo.—Ya te lo dije, es buen sueño… creo. No lo sé. Sigo despertándome porque no sé qué significa.
El cuerpo de Edward se relajó ante sus palabras. No podía evitar su reacción. Él siempre tenía un sentido, una necesidad podrías decir, de proteger a quienes amaba, pero con Bella, era totalmente diferente. Había una urgencia de mantenerla a salvo todo el tiempo, de estar allí para atraparla cuando ella cayera, de estar allí para sostenerla cuando ella llorara o cuando se molestara y tratara de pegarle a la pared. Era inexplicable, pero no podía evitarlo.
Él sólo necesitaba saber siempre que estaba segura.
—Así que, ¿qué es lo confuso en tu sueño como para que no puedas dormir? —preguntó, curioso. Realmente quería saber, y el sonrojo que lentamente comenzaba a expandirse en sus mejillas, le añadía más interés.
Bella sacudió su cabeza negándose. No había forma de que ella le dijera a Edward acerca del hombre sin rostro. Tenía una graciosa suposición de que él se reiría de ella.
—Vamos, Bella, dime. Debe de ser un buen sueño si te tiene así de nerviosa —le bromeó él, intentando que ella le dijera. Debía de haber alguna razón, una explicación lógica a su sonrojo.—Es un sueño con sexo, ¿no? Estás teniendo un sueño sucio con alguien. ¿Quién? ¿eh? ¿quién? Tal vez estás asombrada porque es con una chica —continuó suponiendo, tratando de provocarla para que le dijera.
—¡No es un sueño con sexo! —le gritó a Edward, la manta con la que se había estado cubriendo se deslizó de sus hombros. Edward inmediatamente notó el hombro desnudo, cambiando completamente la conversación.
—¿Estás desnuda debajo de esa manta? —preguntó, tratando de echar un vistazo.
—Sí —contestó Bella, asintiendo en el proceso, volviendo a subir la manta por sus hombros. Estaba frío el apartamento, aun cuando estaban a mitad de abril, estaba frío en este espacioso lugar.
—La manta no era parte de mi victoria, Isabella. ¡Dámela! —insistió, tratando de quitársela. Ella se aferró a la manta como si fuera para salvar su vida, usando toda la fuerza que tenía las ocho de la mañana. Edward lo estaba haciendo parecer fácil mientras se la quitaba completamente con una sola mano.
Él la miró temblando en el sillón, mientras trataba de cubrirse a sí misma, aunque parecía como si quisiera darse calor a sí misma.
—¿Tienes frío? —preguntó, comenzando a cubrirla con la manta de nuevo.
—Bueno, estamos en abril, idiota. ¿No podías hacer esto de la no ropa hasta junio o julio? ¿cuándo está haciendo calor? —se quejó mientras se envolvía en la manta con fuerza, mirando mientras el caminaba hacia el otro lado de la sala.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó, mirando mientras se dirigía a la pared, dándose cuenta de lo que hacía.
—Estoy poniendo la calefacción. Estarás caminando aquí desnuda por el resto de la semana, excepto cuando vayas a trabajar, y justo cuando llegues de trabajar, ¿entendido? —su voz era severa, su demanda era severa. Estaba tratando de intimidar a Bella, y por unos cuantos segundos, funcionó. Él notó la manera en la que sus ojos se abrieron, y su respiración se había acelerado.
—¿Lo has entendido, Bella? —preguntó de nuevo, jactándose de su victoria de la noche pasada. Todo esto era realmente porque ella se había rehusado a contestarle su pregunta sobre el sueño. Nunca tenían secretos entre ellos, y él pensó que ella le diría, el hecho de que ella en realidad no le dijera lo había irritado. Se sentía casi como una traición.
—Sí, lo he entendido, Edward. Pero ahora mismo me quedo con la manta, hasta que esté lo suficientemente cálido —argumentó, haciendo pucheros como el hijo a quien la madre no le compra el chocolate que quiere.
—Bien. Ahora ve a hacer el desayuno. Estoy hambriento —le ordenó, pero su tono era bromista. Escuchando eso, Bella lanzó uno de los cojines del sillón, pegando en el hombro de Edward. Edward jadeó en sorpresa mientras Bella silbaba con triunfo.
—Santa mierda, no puedo creer que me haya pegado —sonaba asombrado mientras levantaba el cojín y se preparaba para lanzárselo a Bella, pero en vez de eso lo acomodó en el sillón.
—Yo tampoco, eso es una de siete millones, Edward! ¡Whooo, finalmente estoy en el tablero! —animó. Edward riéndose de ella.
—De hecho, son ocho millones contra una. ¡Da bien las estadísticas!
—Lo que sea, señor Perfecto —murmuró Bella, su voz condescendiente. Ella se levantó de su asiento y se sentó en una de las sillas de la cocina. Sus ojos se abrieron en el momento en el que vieron la mesa. Casi en el parpadeo de un ojo, las imágenes de la noche anterior comenzaron a inundarla. Estaba la imagen de ella recostada en la mesa. La imagen de la cara de Edward entre sus piernas. La imagen de la lámpara de la cocina que ella estuvo viendo mientras Edward la llevaba a nuevas alturas. La imagen de Edward estando a su lado mientras la follaba llevándola al olvido.
—¿Estás bien? —preguntó Edward, sonriéndole. Él se había fijado en la mirada aturdida en su rostro en el momento en que sus ojos vieron la mesa. Ella había estado pensando en la noche anterior, y eso era exactamente lo que él quería. Quería que fuera el primer pensamiento que tuviese, el pensamiento que nunca pensó que tendría acerca de la mesa de la cocina. Llámalo astuto si querías, pero el saber que él era la razón de las miradas aturdidas de muchas mujeres le traía una sonrisa. Él era un hombre, maldición. Él amaba saber que era grandioso en la cama, bueno en este caso, en la mesa.
—Estoy bien —contestó Bella con voz flaqueada. Ella estaba dejando que sus uñas siguieran el patrón de grano de la mesa de madera, deteniéndose para circular un agujero que estaba por su codo algunas veces.
—¿Estás segura? Pareces algo asombrada.
—Estoy bien, en serio. Hum… ¿limpiaste la mesa después de que…? Tú sabes… —dejó que su voz se cortara, sonrojándose ante el pensamiento de lo que había pasado.
—Sabía que eso era lo que estabas pensando —se echó a reír Edward, mucho más fuerte, haciendo que Bella se sonrojara todavía más en el proceso.—No te preocupes. Usé clorox y lysol en la mesa después de que eyacularas —afirmó de manera casual, pero Bella se puso más roja, lo más roja que Edward le había visto.
—¿Podrías no decir eso, por favor? —suplicó, su voz era casi era inaudible.
—¿Decir qué? ¿Eyacular? ¿eyaculadora? ¿eyacular, eyacular, eyacular,?
—¡Oh, por favor! ¡Es sólo que suena tan asqueroso! —proclamó, ocultando su cara entre sus manos. Edward, para mal, decidió bromear con Bella un poco más. Con sus manos en su cara, ella no podía ver a Edward acercándose a ella, hasta que fue demasiado tarde.
—Apuesto a que no se sintió mal. Apuesto a que se sintió realmente bien. Podría decir que fue orgásmico, un placer como ningún otro —le susurró en su oído. Bella se estremeció mientras el calor de su boca hacía que se le erizaran los vellos de la nuca, pero Edward no detuvo asalto verbal en vergüenza a Bella.
—Apuesto a que no te importaría repetir el acto ahora mismo —le dijo, tirando de ella con rapidez de la silla y dejándola en la mesa.
—¡Edward! —gritó Bella mientras su espalda desnuda aterrizaba en la fría mesa. Ella trató desesperadamente de coger la manta caída, pero no podía alcanzarla, especialmente cuando Edward comenzó a abrirle las piernas y a colocarse entre ellas.
—Bella —gruñó prácticamente él, mientras llevaba su caderas contra las de ella.—Tienes una gran figura, Bells. Nunca entenderé por qué escoges esconderla detrás de ropa desaliñada.
—Suenas como Alice —murmuró mientras luchaba contra el agarre de Edward. Él estaba fácilmente manteniendo quietos sus dos brazos con una de sus manos. La otra estaba acariciando la parte inferior de uno de sus pechos.
—Alice tiende a saber cosas, aun cuando no debería —remarcó, manteniendo su toque ligero. Había algo increíblemente sensual en mantener a alguien atrapado debajo de ti. Podía ver el placer que Bella había tenido cuando le había atado. Desde esta posición, podías sentir el pulso acelerarse debajo de tu mano sosteniendo sus muñecas. Podías sentir claramente su excitación. Desde esta posición, podías obtener cualquier cosa que quisieses. Era una posición de completa dominación y a él le encantaba.
El poder era embriagador.
—Edward, ¿qué estás haciendo? —preguntó Bella a medias. Por mucha resistencia que ella le estaba poniendo, aun así estaba disfrutando la situación en la que estaba.
—Nada —dijo Edward, saltando de la mesa y Bella, dejándola desconcertada. Ella siguió a Edward y se volvió a sentar en la silla, sin manta, todavía sorprendida por lo que acababa de pasar.
—Verás —comenzó Edward.-—¡No manta! —comentó desde su lugar sobre la estufa. Rompió un huevo y lo echó al sartén. Bella se molestó ante la revelación.
—¿Tus colegas de trabajo saben lo imbécil que eres? —le reprendió, cruzando los brazos sobre su desnudo pecho, la sonrisa de Edward vaciló.
—No, todos en el trabajo creen que soy el caballero perfecto! —contestó, mientras atendía los huevos.
—¿Tan narcisista? —dijo Bella, cruzando las piernas y ocultándole a Edward todo lo que quería ver.
—Lo que sea. Ve y trae platos y jugo —le ordenó mientras removía los huevos una vez más antes de ponerlos en los dos platos que Bella acababa de traer. Él se sentó en su silla y se le unió a Bella mientras ella comenzaba a comer.
—¿Sabes que es lo mejor de los huevos fritos? —preguntó Edward, su voz demostraba lo que estaba a punto de decir.
—Ilumíname, Edward.
—Eyaculan cuando revientas la yema —contestó, demostrando su punto y tomando un bocado de su desayuno.
—Idiota —murmuró Bella mientras se servía un vaso de jugo de arándano.
—Pagarás por la observación el sábado, señorita Swan. Hablando de eso, levanta tu hermoso trasero y ve a traer el sombrero.
—¡Idiota! —le ladró ella mientras se levantaba por el sombrero. Edward miró complacido como sus caderas se balanceaban mientras se dirigía desnuda a su habitación. Él estaba tan tentado a seguirla y comenzar fin de semana justo allí y ahora, pero Bella estaba afuera de la habitación antes de que pudiese terminar el pensamiento.
—¡Apúrate y saca la maldita letra! —resopló impacientemente mientras le tendía el sombrero.
—Eres una mal perdedora, Bella —contestó, sacando uno de esos pápeles mágicos del sombrero. Tan rápido como leyó la carta, tiró el papel a la basura, antes rompiéndolo en trocitos. Era como confeti funesto en la basura.
—Voy a adorar esta semana, y este fin de semana… ¡SANTA MIERDA! ¡Este fin de semana será genial!
—Encantador —replicó Bella, tratando de sonar desinteresada, pero probablemente ella estaba mucho más emocionada que Edward sobre este fin de semana. Los sábados se estaban convirtiendo rápidamente en los días favoritos de Bella.
—Deja de ser tan perra. Ya tenemos cuatro menos, y veintidós más por ir, eyaculadora.
—Púdrete, Edward.
N/T:
xD Qué graciosito, Edward, ¿verdad? En fin, muchísisisimas gracias vuestros reviews =D Os lo agradezco un montón xD ^^ jajaja…Espero que os haya gustado el capítulo…
En fin, paso a retirarme y deja review, por favor!!!
Besos,
Leon.
