DISCLAIMER: Yuri on Ice no me pertenece


Todavía con el corazón latiéndole con fuerza al punto de pensar que se le saldría del pecho, Yuri demoró unos instantes en asimilar lo sucedido: estaba atrapado.

El jovencito se arrojó sobre la red manoteando y pataleando con desesperación. Como su lucha resultó infructuosa, trató de rasgarla con los dientes, lo que tampoco funcionó. Sin embargo, no iba a rendirse así como así. Había estado en situaciones mucho peores y de una u otra forma, se las arreglaría para escapar. Por su mente se cruzó la idea de gritar, en parte para pedir ayuda y también para maldecir a Nikiforov y a los demás. ¿Por qué no le advirtieron que había trampas en ese lugar?

"Cómo me entere que intentaron jugarme una broma, los voy a…"

Un sonido llamó su atención. Yuri contuvo la respiración y en vano trató de visualizar qué era lo que se aproximaba. Las hojas de un arbusto a sus pies se sacudieron como si algo pasara por detrás. Más alejada, una rama crujió, partiéndose en dos y un silbido proveniente de otra dirección le indicaron al ansioso jovencito que sus captores lo tenían rodeado. Una silueta abandonó de un salto el arbusto que la ocultaba y emitió un sonido agudo, similar al canto de un ave, que fue respondido por otros dos. Desde su prisión, Yuri observó que tres figuras pequeñas, sosteniendo cada quien una lanza, se aproximaban hacia él a paso decidido.

─ ¡Un extraño! ─exclamó una vocecita infantil.

─ ¿Qué vamos a hacer con él? ─preguntó una segunda voz.

─ Yo digo que nos lo comamos ─sugirió una tercera.

Aprovechando la luz de la luna, el rubio pudo examinarlas mejor y al constatar quienes eran en realidad, su temor y recelo dieron paso a una profunda indignación.

─ ¡Son sólo unas niñas!

Al final resultaron ser tres chiquillas bajas y regordetas de cabello café, exactamente iguales en apariencia y con marcas rojas en el rostro. Sobre sus ropas se habían colocado hojas y sus lanzas no eran sino simples varas con rocas atadas en las puntas.

─ ¡Silencio! ¿Qué no sabes quienes somos? ─cuestionó una de ellas, apuntándole con su intento de lanza, y las otras asintieron con determinación.

─ No lo sé y no me interesa ─masculló el adolescente─ ¡Bájenme en éste mismo instante, o si no…!

Las niñas comenzaron a cuchichear entre ellas, alternando con mirar a su prisionero. Yuri estaba furioso. No podía creer que un trío de chiquillas lo hubieran atrapado tan fácilmente.

Una vez que las pequeñas establecieron un consenso, devolvieron su atención al prisionero. Una de ellas murmuró algo y las otras dos se colocaron a sus costados, como si fueran guardias.

─ Lo estuvimos discutiendo ─informó ella, muy segura de sí misma─ Acordamos dejarte ahí.

─ ¿Qué? ─balbuceó Yuri, perplejo ─ ¿Por qué? ─quiso saber, sin darse cuenta de que les estaba siguiendo el juego.

─ Porque eres peligroso ─decretó otra de las niñas.

─ ¡Cierto, cierto! ─asintió la tercera─ Si te atreves a amenazarnos cuando te tenemos prisionero, si te soltamos podrías hacernos algo mucho peor….

─ Y tan sólo somos unas pobres e indefensas niñitas ─pronunciaron las tres al unísono.

Yuri gritó, dejándose llevar por el enojo, esforzándose por desgarrar la red sin éxito. Debajo de él, las chiquillas marchaban en círculo con las lanzas bien en alto, como celebrando su captura.

─ ¡Axel! ¡Lutz! ¡Loop!

El festejo de las niñas cesó e inesperadamente, pasaron a mostrarse muy preocupadas. Yuri Plisetsky observó con desconcierto a las chiquillas ocultando sus lanzas, quitándose las hojas de la ropa a toda prisa y tallándose las regordetas mejillas para borrarse las marcas de pintura muy justo a tiempo; porque apenas se pararon bien derechitas con las manos juntas sobre el regazo, una mujer apareció. Su semblante era amable y su cabello era del mismo color que las niñas.

─ Ahí están ─sonrió ella, suspirando aliviada─ Saben que no me gusta que salgan a explorar de no… ─se interrumpió, alzando la vista para notar de una vez por todas al desafortunado rubio─ ¿Se puede saber qué hicieron esta vez?

─ ¡Fue idea de Lutz!

─ ¡Axel dijo que jugáramos a los caníbales!

─ ¡Pero Loop consiguió la red!

─ ¡Ya basta, ustedes tres! ─las reprendió la mujer duramente─ ¡Bájenlo, ahora!

─ ¿Nos lo podemos comer de todas formas?

La mujer, quien intuyó era de la madre de las niñas, se cruzó de brazos y arqueó una ceja. Resignadas, las niñas pusieron manos a la obra y segundos después, Plisetsky se precipitó al suelo, soltando un aterrado alarido.

─ ¿Estás bien? ─preguntó ella, ofreciéndole su mano para levantarse y aunque la intención de Yuri fue apartarla, una mueca de dolor lo traicionó─ Ay, no. ¿Qué te duele? ¿Es la muñeca?

Sin darle oportunidad de replicar ni dejar que la hostilidad que irradiaba el jovencito la intimidara, se apresuró a inspeccionarlo. Tras ella, las niñas intercambiaban miradas cargadas de culpabilidad.

─ Parece que no está rota. De cualquier manera, sería conveniente que Sara o Giulia te revisen.

La intención inicial de Yuri, fue echarle en cara que si estaba herido era culpa de esas infernales chiquillas. Sin embargo, al ver la expresión gentil de la mujer y las caritas preocupadas de sus hijas, se mordió la lengua.

─ Sí, sí… como sea─ masculló de mala gana, permitiendo que ella le ayudara a incorporarse sin poder evitar sentirse incómodo. Estaba acostumbrado a los gritos y a los malos tratos, por lo que el que se portaran de una forma tan amable lo descolocaba por completo.

─ Soy Yuuko Nishigori y ellas son mis hijas, Axel, Lutz y Loop ─se presentó educadamente─ Y tú debes ser Yuri, el nuevo miembro de la tripulación.

El adolescente parpadeó, confundido. Por sus palabras, adivinaba que la mujer pertenecía al equipo de Nikiforov, aunque no tenía tipo de pirata.

"Pensándolo bien, ninguno de los otros luce como uno" reflexionó. Pero ella en especial se veía como una persona inofensiva "También debe odiar a la Marina. ¿Qué le habrán hecho?"

Fue Yuuko la encargada de guiarlo a la pequeña aldea y durante todo el camino, se encargó de reprender a las niñas.

─ ¿Cómo se les ocurre salir a estas horas? ¡Y a jugar a los caníbales! Me da miedo preguntar de dónde sacaron esa idea.

─ De los libros de papá ─respondió Axel, muy tranquila. A su lado, su madre trastabilló.

─ ¿Y qué hacían leyendo los libros de papá? Esos son sólo para adultos.

─ Nos los dio para que no leyéramos los tuyos ─contestó Lutz, trotando para no quedarse atrás.

─ Por cierto, ¿ya tienes la continuación de "Océano de pasiones"?

─ ¡Oh, ya estamos de vuelta! ─se apresuró a exclamar Yuuko para ignorar la pregunta de Loop.

Yuri visualizó la entrada a la aldea y gruñó por lo bajo. Resultó que nunca estuvo tan lejos y de no haberse dejado atrapar, hubiera hallado el camino de vuelta por su cuenta. Conforme recorrían el camino y Yuri admiraba las bien construidas casas, no pudo evitar sentir una punzada de duda por lo que le deparaba en ese lugar. Claramente, los demás miembros de la tripulación contaban con sus propios hogares y sus familias. Él, por otra parte, era "el nuevo", simplemente un extraño.

Se detuvieron frente a una casita de paredes blancas y apariencia acogedora. Una mujer, a quien Yuri identificó como parte del comité que los recibieran a su llegada en el barco, los vio acercarse desde su ventana y se apresuró a salir a su encuentro.

─ ¡Yuuko! Las encontraste, me alegro mucho ─expresó ella, llevándose las manos al pecho.

─ Jugaban a los caníbales ─explicó sin entusiasmo─ Y no fueron las únicas a quienes encontré.

Inconscientemente, Yuri se ocultó detrás de ella. Con lentitud pero sin perder su sonrisa, la mujer mayor inclinó la cabeza para observarlo mejor.

─ Qué bueno. Vicchan nos pidió que si no aparecía pronto, le avisáramos para irlo a buscar. Estaba muy preocupado.

Por alguna razón, Yuri se atrevía a poner en duda esa afirmación, si bien no quiso comentar nada.

─ Será mejor que nos vayamos. Apuesto a que Takeshi debe preguntarse por qué tardamos tanto. Pero antes… ─Yuuko dejó la frase inconclusa y se cruzó de brazos, esperando. Las trillizas dieron un paso al frente.

─ ¡Lo sentimos mucho! ─se disculpó Loop.

─ No queríamos que te lastimaras ─se excusó Lutz.

─ Sólo estábamos jugando ─finalizó Axel.

Yuri frunció el ceño, experimentando una fuerte incomodidad por la atención indeseada. Tanto las mujeres como las chiquillas lo contemplaban, expectantes.

─ Cómo sea. Al menos no me rompí el cuello, porque entonces sí me hubiera enfadado mucho ─se encogió de hombros y las niñas pegaron de saltitos, felices de que las disculpara─ ¡Pero si lo vuelven a hacer, les juro que las voy a cazar a las tres!

─ ¿Oíste mamá? ¡Dijo que volverá a jugar con nosotras!

─ ¡Yo no dije eso!

─ Mejor nos retiramos ─intervino oportunamente Yuuko, empujando con suavidad a las niñas en dirección a su casa.

El rubio les sacó la lengua. Las niñas, lejos de enfadarse, se despidieron agitando la mano con alegría. Yuri refunfuñó y desvió la mirada. Sin querer, recordó cuando era más pequeño y su abuelo asumía el rol de pirata o ladrón para que él, que fingía ser un oficial de la marina, lo capturara. Claro que Yuri jamás lo atrapó en una red ni lo dejó colgando a varios metros del suelo, pero de cualquier forma los ojos comenzaron a escocerle y requirió tallárselos con fuerza.

─ Nosotros también deberíamos irnos.

El jovencito demoró un par de minutos en comprender a quien se referían. Confundido, se señaló a sí mismo. La mujer dejó escapar una risita corta.

─ Sí, por supuesto que hablaba contigo. ¿Con quién más si no? ─el rubio arqueó una ceja, desconfiando─ Vicchan nos preguntó si podías quedarte en nuestra casa, si tú quieres claro.

Aquello lo tomó desprevenido. Especialmente porque ella no mencionó ninguna condición. Algo cohibido, Yuri masculló un "da igual" que por alguna razón misteriosa puso muy feliz a la mujer.


Fue así como Yuri terminó en casa de los Katsuki disfrutando de un banquete: pollo, arroz, sopa de verduras y pan recién hecho que devoraba con gusto. Tener la muñeca vendada no representaba ningún impedimento para comer con las manos, prácticamente ignorando los cubiertos.

─ ¿Qué, no sabe para qué sirven los tenedores?

─ Déjalo, Mari ─le pidió un hombre a la chica sentada a su lado─ Hacía mucho que no teníamos rostros nuevos por aquí. Además, es obvio que tiene mucha hambre.

─ ¿Quieres que te sirva un poco más? ─ofreció Hiroko, y Yuri asintió apresurado y le acercó su plato, para que pudiera colocarle una generosa porción de pollo con arroz.

La familia Katsuki estaba conformada por Hiroko, su esposo Toshiya y su hija Mari. Junto con el esposo de Yuuko, Takeshi Nishigori, eran los encargados de reparar el Hasetsu y fueron los primeros habitantes de la isla, cuyo nombre compartía con la nave del capitán Nikiforov: Hasetsu.

─ He estado pensando ─habló la chica, Mari, apoyando un codo en la mesa y la barbilla en la mano─ Que va a ser muy raro tener a dos "Yuris".

El aludido alzó la vista de su comida, recordando que el capitán le mencionó que ellos eran lo más parecido que el tritón tenía a una familia. Cómo habría ocurrido eso, no tenía ni idea y aunque estaba decidido a inquirir al respecto, prefería enfocarse en la comida.

─ ¿Pueden entenderlo? Al tritón ─agregó para aclarar a quién se refería y para su sorpresa, Hiroko y Toshiya sonrieron.

─ Mari es la única que puede. Como es quien suele viajar con Vicchan y los otros, era indispensable para que estuvieran comunicados en caso de emergencias ─le contó Hiroko, en tanto que la chica bostezó y Yuri hizo una mueca─ Toshiya y yo no, pero no hace falta. Hace mucho que conocemos a Yucchan, así que aún si no podemos oírlo, nos entendemos bien.

─ ¿Yucchan?

─ Tu tocayo ─explicó Mari, pasándole la pieza de pan que no se había comido y el joven la engulló de un bocado─ Y hasta él, que es un tritón, tiene mejores modales a la hora de cenar.

─ ¡Mari! ─la reprendió Hiroko. Toshiya disimuló una risita y por suerte el aludido estaba muy ocupado en recoger los granos de arroz restantes con sus dedos como para hacerle caso.

Una vez que Yuri finalmente dejó su plato limpio, lo condujeron a la que sería su habitación y le desconcertó saber que se quedaría en el cuarto de Viktor, a quien Hiroko excusó con el argumento de que prefería acampar en la isla, pese a lo cual Yuri pudo hacerse una idea de dónde, o mejor dicho con quien estaba el capitán, lo que no le hizo mucha gracia.

─ Me tomé la libertad de cambiar las sábanas, aunque me hubiera gustado que Vicchan me avisara con tiempo que vendrías porque así podría haber limpiado mejor ─se lamentó Hiroko, frunciendo el ceño al divisar una telaraña en la ventana que resplandecía gracias a la luz de la luna.

Yuri se limitó a encogerse de hombros para indicar que un poco de polvo no le molestaba y para mayor énfasis, procedió a lanzarse a la cama.

─ Hay agua y té en la cocina. Búscame a mí o a mi marido si requieres de algo más.

La mujer se dispuso a abandonar la habitación. A último momento, Yuri se apresuró a llamarla.

─ Pues… gracias, supongo ─masculló el avergonzado adolescente y la mujer le dirigió una sonrisa radiante y le deseó buenas noches antes de salir.

Una vez solo, el rubio requirió de unos pocos minutos para darse cuenta no tenía sueño ni se sentía cansado. Luego de dar vueltas en la cama y casi caer en una ocasión, se resignó a que no podría dormir pronto y optó por examinar el cuarto. Era un espacio bastante simple que apenas contenía mobiliario. Además de la cama, incluía una mesa, una silla, algunas repisas y un pequeño armario. Era obvio que aún en sus estadías en la isla, Nikiforov pasaba poco tiempo ahí.

Yuri se levantó y comenzó a husmear por el lugar. Sobre las repisas estaban algunos objetos personales: un viejo barquito de juguete, una desgastada fotografía a blanco y negro enmarcada donde aparecía Nikiforov de pequeño junto a sus padres, un cepillo con el mango de plata y un libro de cuentos. El joven dedujo que se trataban de recuerdos de la antigua vida del capitán, antes de volverse pirata, y experimentó una punzada de envidia. Él no pudo quedarse con nada que le recordara a su abuelo, ya que fue catalogado como un impostor. Ni siquiera le permitieron acercarse a su vieja casa.

Plisetsky sacudió la cabeza, rehusándose a mostrarse débil aún si nadie estaba presente y siguió con su exploración. En la mesa encontró una pluma, un tintero y una libreta que se puso a hojear.

"La misión fue todo un éxito. Con las nuevas bombas de humo que desarrolló Mila, pudimos escapar sin que nos vieran con todo el botín. Le pediré que haga más para usarlas en próximos trabajos. Le agradeceré a Yuuri por la idea. En esta ocasión, le llevo un brazalete de oro con rubíes. ¡Siempre se pone tan contento cuando le doy un regalo! Chris dice que podría darle carbón y de todas formas le gustaría.

NO OLVIDAR: Si vuelvo a usar las bombas de humo, advertirle a quienes estén conmigo que se cubran, sobre todo si es Georgi. El humo le provoca una terrible irritación en los ojos. Por suerte Mickey creó una medicina que lo alivió muy rápido."

Yuri releyó el párrafo para corroborar que tenía entre sus manos el diario del capitán. Más curioso que nunca, lo abrió en una entrada anterior:

"¡Mi Yuuri es tan adorable! Hoy, cuando comimos juntos, él… "

Tan sólo para gruñir con irritación y volver a cerrarlo, a pesar de lo cual, probó con otro pasaje:

"Pude convencer a Yuuri de pasar la noche conmigo. Esta vez, cuidamos de ser más silenciosos para que los otros no se dieran cuenta de…"

"¡Yuuri me obsequió un collar nuevo! Es su mejor trabajo hasta ahora. Los dientes de tiburón combinan muy bien con los guijarros que usó. Voy a usarlo en la próxima misión. Seguro que…"

"Makkachin se lanzó al mar. Creo que tenía calor y le apetecía un chapuzón, o tal vez sólo extrañaba a Yuuri, justo como yo…"

El rubio resistió el impulso de arrojar la libreta. ¿Qué en lo único que podía pensar Nikiforov era en ese tritón gordo?

Refunfuñando, se dirigió al armario. Además de los trajes y otra ropa, encontró un cofre de madera que resguardaba más baratijas: caracoles y conchas marinas, rocas con formas diversas y adornos como collares, pulseras y diademas decoradas con éstos materiales. Pero lo que de verdad atrajo su atención, fueron otra serie de libretas y pergaminos. Algunos, eran mapas y cartas y de navegación, otros, contenían información mucho más interesante.

"Yuuri al fin me dio permiso para registrar los la historia de su raza por escrito. Creo que se debe a que le desagradó descubrir el rol de las sirenas en los cuentos humanos y desea desmentirlos. Desconozco si sea posible, pero al menos quedará constancia de quienes fueron en realidad:

Aún si comparten la misma noción de "familia" que nosotros, su estructura es muy diferente. Machos y hembras alcanzan la edad adulta con un cambio en la voz y a partir de ahí, son capaces de reproducirse. Ambos pueden concebir (Yuuri se sorprendió mucho cuando le conté que en los humanos sólo las mujeres pueden embarazarse) y son fértiles durante una única estación al año. Para ellos, lo normal era disponer de varias parejas y aunque era poco común que hubieran relaciones 'exclusivas', al hacerlo se designaban: 'compañeros de aquí a la eternidad'. No es el término exacto, pero es la traducción más parecida que pude encontrar. "

Yuri tomó otra de las hojas, igual de gastada que la primera, y retomó su lectura:

"Durante sus primeros años de vida, los niños únicamente pueden flotar y no pueden descender a las zonas más profundas. Deduzco que por eso los humanos los capturaban tan fácilmente. Para transportarse, viajaban en la espalda de los adultos. El concepto de "padres" no existía propiamente. La responsabilidad de criar y proteger a las crías recaía en todos los miembros del clan. Las sirenas daban a luz durante un mismo periodo, así que de pronto un clan se encontraba con unos veinte recién nacidos de una sola vez, y éstos tenían unos cincuenta padres que los vigilaban y atendían sus necesidades, por lo que estaban muy resguardados."

Yuri sacó algunas hojas y libretas y fue a tumbarse en la cama, eligiendo una entrada al azar.

"¡Chris tenía razón! Con la lubricación adecuada y la suficiente preparación, Yuuri y yo podemos…"

─ Voy a fingir que jamás vi eso ─se dijo a sí mismo, cerrando los ojos en un vano intento por borrar la imagen mental y con la cara completamente roja. Y aunque consideró dejarlo hasta ahí, temeroso de descubrir más datos innecesarios e indeseables, la curiosidad fue más fuerte.

"Chris y yo discutimos otra vez. Ya debería estar acostumbrado, siempre es lo mismo cuando se trata de Masumi. Comprendo que tiene razones válidas para preocuparse, creo que yo lo estaría en su situación, pero al mismo tiempo no puedo hacer nada. La posición actual de Masumi es indispensable para que podamos obtener información de primera mano concerniente a la Marina y además, no es como si lo estuviera obligando. Masumi es bien consciente del riesgo que corre y fue él quien se ofreció a ser nuestro espía en primer lugar…"

Aquello desconcertó a Yuri. Basándose en sus interacciones con Nikiforov, supuso que su segundo al mando era su más leal colaborador, si bien tuvo que replanteárselo. Recordó también los rumores que señalaban que Viktor contaba con alguien en las filas de la Marina que lo apoyaba, puesto que muchos de sus atracos habrían sido imposibles de llevarse a cabo sin la información precisa, la cual no estaba disponible al público. Ahora comprendía la razón de su éxito.

"A veces, me preocupa que Georgi pueda desertar. De nosotros es quien más añora la vida que dejó atrás y sobre todo, a Anya. ¿Qué le ve a una mujer así? No tengo ni idea. Cada vez que le insisto en que se olvide de ella se enfada y me acusa de ser cruel e insensible. Si ella de verdad lo amara, se habría mantenido a su lado, pero no. Espero que algún día lo comprenda y hasta entonces, no podré evitar angustiarme al respecto. Mi padre me dijo que un buen capitán debe ser capaz de mantener unida a su tripulación y que si empieza a dudar de sus propios hombres, está perdido como líder. Aunque quiero pensar que Georgi no sería capaz de traicionarnos, lo cierto es que no puedo arrancarme esa idea del todo…"

Plisetsky permaneció contemplando el escrito por unos minutos. Aún si había convivido con ellos por poco tiempo, su impresión de Nikiforov y su grupo, fue que eran un equipo muy unido cuyos miembros seguían ciegamente a su capitán. Sin embargo, tras analizar las anotaciones de Viktor, le quedó muy claro que entre ellos no todo era color de rosa y que ese ambiente probablemente no era tan seguro como originalmente creyó.


NOTAS FINALES:

Sí, ya sé que había dicho que no iba a actualizar hasta que estuviera al corriente con mis otros fics, pero no me pude resistir! Mi departamento tuvo su seminario semanal y debía encontrar una forma para no dormirme. Por suerte tenía el celular a la mano y pude escribir ahí :P

Ahora sí, retomaré las actualizaciones de mis otros fics. Por favor, sigan al pendiente y si leyeron hasta aquí, muchísimas gracias!