Mis músculos se tensaron agarrotándose cada uno sobre mis huesos impidiendo el flujo de cualquier químico tranquilizante que emitiera mi cerebro para reponerme de mi estado, si es que este ya también no estuviera ya igualmente atrofiado.

- ¿Qué carriso te pasa? ¿Por qué entras de esa manera? ¿Es que acaso no te enseñaron a tocar? – dijo furioso.

- ¡Oh si claro! ¿Cómo tu verdad? Cuando te metiste a mi habitación – esto último lo dije en voz alta para que su noviecita lo oyera.

Edward se envaró ante mi reacción y me tomó por mi brazo derecho y trató de llevarme fuera de la habitación.

- ¡No me cojas! – le grité zafándome de su agarre – Y claro que vamos a salir de aquí pero es porque quiero hablar contigo. – le volví a gritar pero elevando mi rostro al suyo y elevando lo mas que podía mis 1.64 metros ante los 1.88 metros de él.

Caminé hacia la salida con mis pasos retumbando en la habitación y a pesar que Edward estaba descalzo pude apreciar sus fuertes pisadas detrás de mi y su mirada quemándome en la espalda.

Cuando salimos me volví sobre mis pies y le miré de frente observándolo con rabia.

- ¿Ahora me puedes explicar qué bicho te pica?

- Eres el ser mas cínico que existe sobra la faz de la tierra. ¿Me preguntas que me pasa? – le dije fuera de mi.

- ¿Y cómo quieres que lo sepa niñita? – me contestó enfatizando la ultima palabra.

Si es cierto para él solo era una mocosa estúpida como en incontables ocasiones me había llamado. Y nunca seré otra cosa.

- ¿Sabes quién debía estar hoy acompañándome en mi presentación?

- Pues yo no – dijo con su típica sonrisa burlona.

- ¡JA! Para lo que me interesa tu presencia. – mis palabras fueron bofetadas para su rostro y por así decirlo cumplieron su objetivo. Desconocía el por qué pero lograron su cometido.

- Austin, él tenía que haber estado. ¿Y sabes por qué no llego? Porque una rata desgraciada le puso una trampa. Y la tengo enfrente mió ahora.

- Ja ja ja! – se carcajeó con gusto.

¡Esto era inconcebible, el muy maldito se estaba riendo! No aguanté mas y callé su carcajada con una sonora bofetada

Mas después al ver su expresión me arrepentí de haberlo hecho. Su mirada traspaso la mía, estaba furico pero yo no me quedaba igual y eso se lo iba a demostrar.

Me tomó por los hombros acercándome a él.

- Nunca en tu vida vuelvas a hacer eso y menos por quien lo hiciste - me escupió entre dientes.

- Pues déjanos tranquilos – le imité en su entonación elevando mi rostro, el cual quedó a centímetros del suyo, claro no por mi elevación, mas bien fue porque él también bajo el suyo hacia el mió.

- ¿Por qué lo hiciste? – le exigí ahora – Respóndeme

- Te lo advertí claramente y no estaba jugando – me recordó.

- Pero porque así ¿Acaso no te das cuentas de lo que haz hecho? ¿Tu rabia te ha cegado a tal punto que no te das cuenta?

No respondió eso me sacó aun mas de mis casillas.

-Eres un maldito desgraciado Edward Cullen ¡Esto no te lo perdonare nunca!

- ¡Y tu crees que yo podré perdonarte la burla que me haz hechos todos estos días!

Sabía claramente de lo que lo estaba hablando, ¡Oh Dios la culpa era mía! ¡Solo mía! Austin estaba en la cárcel por mi.

- ¿Cómo crees que me sentí cuando no solo lo sigues trayendo a la casa sino que para colmo de males se sienta a la mesa con nosotros como el gran NOVIO de la mocosa?. – continuó bramando de rabia,

- ¿Cómo crees? ¡Ah! Cuando veo a mis padres tan complaciente con él. Tu eres quien me desquició, quien no me hizo razonar, me retaste muy abiertamente, te burlaste en mi cara de lo que te había advertido. Te dije que te alejaras de él y en respuesta ¿Qué haces? Se lo presentas a Esme y a Carlise. ¡Oh que bien!. Estuvo de lujo Swan.

Se calló repentinamente pero si estaba esperando a que dijera algo, no podía hacerlo ahora, mi mente todavía se hallaba procesando todo lo que había escuchado.

- Ahora dime ¿Con qué cara le hablaras nuevamente a Carlise y a Esme de tu noviecito? Cuando estos se enteren que un expendedor de droga.

- ¡NO LO ES! Y eso lo sabes muy bien, tu plantaste esa porquería en su automóvil, solo tu tienes la culpa.

- ¡NO! Tu tienes la culpa, si no me hubieras retado como lo hiciste. Si lo te hubieras alejado de él, ahora tu estarías conm...

- ¡NO ME ECHES LA CULPA! – le grité sin dejarle terminar. – el culpable eres tu que no puedes ver a nadie feliz, ¿Dime cuál fue el pecado tan terrible que cometió Austin para que lo odiaras tanto? ¿Para qué le arruinaras la vida?.

No respondió mas su mirada se volvió por un segundo vidriosa pero solo por un escaso segundo.

- Sácalo por favor. No le hagas mas daño. – le supliqué.

- ¡NO! –fue su única respuesta.

Era como hablar con una roca, era un ser sin sentimientos. ¿De quién me había enamorado? ¿De un espejismo, de alguien que nunca existió? Había idealizado tanto a Edward que nunca alcancé a ver al verdadero hombre que se escondía debajo de esa estampa de hermosura cegadora.

Ya no podía mas, me sentía desfallecer ante él, la debilidad de mi alma se estaba irradiando a todo mi cuerpo, sobre todo a mis piernas. No di para sostenerme mas y caí delante de él.

- Bella – su voz se volvió suave, con matices musicales para mis oídos. Me había llamado Bella.

Cuanto tiempo añoré esto, cuantas noches soñé la con la delicia de escuchar mi nombre salir de entre sus hermosos labios, emitir aquel sonido que era mi nombre con su aterciopelada voz.

Mas ahora me sentía vacía, mi Edward nunca existió, mi dulce tormento, mi ángel demonio solo era producto de mi imaginación, de mi loca e ingenua mente de niña.

Él era un monstruo.

Aunque me avergüence admitirlo en ese momento me encontraba mas herida por aquella realidad que por lo sucedido por Austin.

- ¡Bella! ¿Estas bien? – me tomó entre sus brazos y me arrulló entre los suyos con tanta dulzura que mi alma si todavía estuviera viva se hubiera derretido.

- No lo hagas por favor. No me toques. – su cuerpo se tensó ante mis palabras pero las ignoró y siguió.

Ahora me percataba que mi rostro estaba a milímetros de su pecho, aquel pecho que tanto anhele tocar, besar, pero que ahora no sabía a quien pertenecía. El hombre que me tenía entre sus brazos era Edward pero no era mi Edward.

Ante ese pensamiento las lágrimas salieron copiosamente bañando mi rostro sin dar tregua a tranquilizarme ¿A quien había amado todos estos años? ¿A quién? Sin darme cuenta mi cabeza reposaba sobre su torso humedeciéndolo con mi llanto

- Bella mi amor, no llores – no entendí sus palabras, mi dolor llenaba cada poro de mi ser. Mi llanto ensordecía mis oídos.- por favor no lo hagas.

Tomó mi mentón haciendo elevar una vez mas mi rostro al suyo. Mi vista estaba borrosa no veía con claridad.

Su respiración ardía en mi cara y sin mas bajó su rostro totalmente al mió y me beso.

Mas este beso era diferente, no era igual a aquellos que ya estaba acostumbrada. En este beso no había violencia, ni rabia.

Edward me estaba besando con una ternura y dulzura que me derretía los huesos, sus labios se movían contra los míos con premura, si era cierto, pero esta caricia era tan delicada, tan suave, su lengua que en varias ocasiones allanaba mi boca con fiereza, en esta, entró en ella con tal delicadeza que parecía casi desapercibida, sino fuera por las emociones que estaba despertando en mi, casi ni hubiera sentido su presencia dentro de mi boca.

Sus manos no recorrían mi cuerpo, acariciaban mi rostro quitando de este mis lágrimas.

Estaba muy confundida, no era que el Edward apasionado no me gustara y volviera loca, pero era este Edward el que yo amaba, del cual me enamoré. Entonces si existía.

Mis sollozos volvieron nuevamente a pesar de estar siendo besada por el amor de mi vida, pero estos eran de felicidad, él si existía ¡SI EXISTÍA!

Mi labios se apretaron mas a los suyos ahondando así el beso y mis brazos se aferraron de su cuello mientras ceñía aun mas mi cuerpo a el de él.

- ¡Edward!

Ese llamado me hizo volver a la tierra y busqué separarme de Edward, pero este me sostenía fuertemente contra él y estaba renuente tanto a soltarme como a terminar el beso.

- ¡Edward! ¡Edward! – sonaba muy latosa.

Y se hacia mas fuerte y ahora era él que se separaba por fin de mi. Me perdí en un sus esmeraldinos ojos, estos estaban tan llenos de ternura y amor que por un momento tuve la ilusión de que sintiera algo por mi aparte de odio y fastidio.

- Te prometo que nunca mas volveré a molestarte, serás feliz con Austin.

Mis ojos se explayaron hasta el límite, ¿Qué estaba diciendo? ¿Qué fuera feliz con Austin? Yo no quería ser feliz con Austin, quería ser feliz con él, además si me deseaba suerte con mi supuesto "novio" por qué ese beso ¿Qué significaba?

- ¿Qué significa esto? – inquirió una muy alterada y consternada Tanya. La cual se encontraba en toalla.

Edward me levantó, yo todavía parecía títere en sus manos.

- Tuvo un mareo y se desvaneció, la estaba ayudando a recuperarse.

-¿Y de cuando acá tan buen samaritano? – dijo sin ocultar su cinismo.

Edward solo la miró con cara de pocos amigos.

Ya me encontraba en pie al frente de él, mas mis piernas temblaban de lo débil que estaban.

- Esto es tuyo – dijo Tanya mientras me entregaba unas llaves.

¿Las llaves de mi auto? ¿Qué hacia Tanya con ellas?

- Las tiraste en el jacuzzi – respondió a mi muda pregunta.

- Tanya ya te alcanzo. – le señaló con su rostro que se fuera y nos dejara solos.

- No te demores. Te estaré esperando. – y de sus labios salió una sonrisa extremadamente sensual.

- ¡Ah! Para que te cubras – le lanzó una toalla.

La cual fue tomada en el aire por Edward y enrollada inmediatamente en su cintura.

Mas solo algo rondaba en mi cabeza, deseaba que mi alma, que mi ser, no hubiera vuelto a la vida con aquel beso, ahora ésta, como siempre sufría. "Tanya, ya te alcanzo" esa frase repicaba en mi cabeza como pájaro carpintero agujerando mis sentidos y mi paz. Para él ese beso no significó nada, para Edward solo existía Tanya.

Lo mas probable es que mis lagrimas, que por cierto fueron muy mal interpretadas por mi adorado tormento y daba gracias al cielo porque fuera así, enternecieron una parte de su corazón ya que había prometido dejar Austin tranquilo.

Ahora mi mente trajo a colación la situación mi amigo.

- Yo Metí. a tu novio en este problema yo lo resuelvo. – dijo antes que yo hiciera comentario alguno.

- ¿Cómo? La situación no es fácil.

-Primero que todo te pido disculpas. – se notaba que se atragantaba al decir aquellas palabras.

- Y segundo te prometo que lo sacare de la cárcel.

-¿Cómo?

- No te preocupes yo veré como.- permanecía muy serio al hablar como si estuviera controlando cada una de sus emociones, como si lo que estuviera haciendo representara un gran sacrificio.

Y en verdad así era, no debía ser nada fácil y mucho menos para él, retirarse del campo de batalla. Austin era su enemigo por cual fuera que fuese el motivo y estaba dejándolo ir cuando lo tenía en sus manos.

Un pensamiento surcó de felicidad mi corazón. Lo hacia por mi. Algo en mi lo conmovió y por eso dejara libre a Austin. Entonces no me odia tanto como yo creía o no era tan perverso como aparentaba ser.

Mi rostro se vistió de una encantadora sonrisa y alcé mis ojos hacia los de mi amado pero lo que alcance a vislumbrar en ellos me desconcertó. Su mirada, la cual estaba posada en mi rostro estaba bañada en tristeza. Mi hermoso ángel estaba triste ¿Pero, por qué? ¿Era tan doloroso para él dar su brazo a torcer?, ¿Era así de orgulloso?.

- Lo mejor será que me valla. – esas palabras como dolieron en mi corazón. Se iba con ella, con su novia.

- Por cierto no le vallas a decir nada Carlise o a Esme. – prosiguió sin mirarme siquiera.

¿Pero qué pasaba, había dicho que sacaría a mi amigo de la cárcel y se iba a retozar con su novia?.

-¡Edward! – lo llamé mas por impulso que por otra cosa.

- ¿Qué? – seguía sin mirarme.

- Dijiste que sacarías a Austin de la cárcel y te vas con Tanya .- le acusé pero mas porque me dolía lo segundo que lo primero, que mala amiga era

Se volvió a mi con su habitual rostro de fastidio.

- Te dije que lo haría y lo haré. Ok.

- Si pero no veo que estas haciendo nada. No lo voy a dejar pasar la noche en la jefatura.

- Me quieres dar veinte minutos, mientras trato de tranquilizar a una histérica Tanya.

- Tanya no esta histérica – le recordé con rabia.

-Cuando de le diga que vamos a dejar esto hasta aquí y que tiene que irse a su casa – dijo sonriendo con picardía.

- ¿Vas a terminar con Tanya? – pregunté sin ocultar mi alegría.

- No.- me miró extrañado – solo la voy a llevar a su casa. Y te prometo que después saco a Austin del lío en que lo metí. – estas ultimas palabras sonaron mas a un susurro que a otra cosa.

Aquellas palabras me hacían feliz, pero solo una opacaba la felicidad producida por las demás. Verdaderamente era una tonta.

Sin decir mas se dirigió hasta donde su novia lo esperaba, aligerando el paso.

Caminé lentamente, no sabía que hacer, Edward me había prometido hacer algo y por la forma en que lo dijo yo le creía, él estaba diciendo la verdad.

Sabía que tenía que ir a donde Austin para darle la buena noticia mas sin embargo lo único que quería era estar sola y auto martirizarme recordando ese beso. Me lamí los labios evocando la dulce caricia propiciada por aquellos labios tan dulces, tan carnosos a la medida justa, tan sapientes.

Lo mejor era ir a la jefatura pues si no volvería a caer en depresión al percatarme aun mas de aquello que quería tener, se encontraba en estos momentos en brazos de otra.

Mientras conducía recordé que Edward me dijo que no llamara a mis padres, pero porque me pediría eso, acaso temía a la represaría de estos cuando se enteraran.

No obstante ellos me pidieron que los llamara cualquier cosa, estaba confundida ¿A quién serle leal? ¿A Edward que me había prometido reparar el daño causado? O ¿A mis padres que confiaban ciegamente en mi?

Cuando llegué pasaban iban siendo las tres de la tarde y tanto Mike como su tía se encontraban en el lugar, mas ahora también los padres de Mike.

Les saludé y me acerqué a Mike.

- Necesito hablar contigo.

- Dime.

Nos alejamos disimuladamente de los mayores lo mas que pudimos.

- Hablé con alguien que nos puede ayudar y me prometió que haría hasta lo imposible por sacar a Austin de esto.

-¿Quién? – preguntó con curiosidad sin dejar de lado la tranquilidad que mis palabras le producían.

- No puedo decirte quien –su mirada se tornó quisquillosa sobre mi rostro. Mas preferí ignorarla.

- ¿De qué estas hablando? ¿Tienes a alguien que puede ayudarlo y no dices quien es? – preguntó un poco molesto.

- Solo date por bien servido de que las cosas pueden mejorar – le dije imitando su tono de voz.

Lo cual parece que le bajo los humitos.

- Lo siento. Tienes razón.

- Esperemos un poco de tiempo, solo eso me pidió.

Me alejé de Mike y busqué mi celular en el bolsillo de atrás de mi jeans, todavía estaba confundida, estaba entre llamar a mis padres o darle tiempo a Edward.

Pero a quien engañaba, a pesar de todo, a pesar del amor incondicional que le tenía a mis padres y aunque mi consciencia me tratara de hacer ver que estaba haciendo mal, no iba a defraudar la poca confianza que había depositado mi dulce amor en mi. Él me había pedido tiempo y yo se lo daría, solo rogaba al cielo que este no fuera mucho.

Dos horas y nada de Edward, ya empezaba a desesperarme cuando lo vi entrar a la jefatura en compañía de ¡NUESTROS PADRES!

¿Qué significaba todo esto?

No me miró y mis padres se veían completamente avergonzados.

Maldito Edward, me había mentido, claro por eso me pidió que no llamara a mis padres para él darse el lujo de hacerlo y hacerme quedar mal ante ellos.

¡Dios! Pero que tonta fui ¿Cómo le creí a un ser tan despreciable?

Mi mirada se colmó de un odio irracional y todo este estaba dirigido a Edward Cullen, él cual todavía no me daba la cara.

Mis padres se acercaron a la madre de Austin y yo me sentí morir en ese momento me moví hacia ellos sin importarme nada.

- Señora, mi vergüenza no tiene limites ante lo que voy a decir a continuación. – dijo Carlise sumamente mortificado. Y Esme no se quedaba atrás.

¿Qué demonios estaba pasando? ¿Por qué actuaban así?

- La droga encontrada en el auto de su hijo, fue puesta por el nuestro.

¡¿QUE? ¿Cómo se enteró de eso? Miré a Edward pero este se negaba a darme la cara. No entendía nada de lo que estaba pasando.

La cara de la madre de Austin imitó el estupor de la mía, pero el origen de este era muy distinto al mío.

Mi madre me quedó viendo sumamente avergonzada y adolorida por las palabras que acababa de decir mi padre, lo mas probable era que esta asumiría que mi aturdimiento era por las mismas razones que tenia la madre de Austin.

- ¿Qué significa esto? No entiendo. – quisó saber mirando crudamente los ojos de Carlise y después posando con odio a donde se encontraba mi hermoso amor.

- No se muy bien darle las verdaderas explicaciones…

- ¡ESTABAN EN GUERRA! – grité por que si.

Grave error, tenía primero que aprender a pensar y después actuar, mas ahora era demasiado tarde para esa reflexión. Todas las miradas se posaron en mi, incluyendo la de Edward que me miraba sumamente intrigado.

-¿Qué estas diciendo? – quiso saber Esme.

Oh! Oh! Eso mismo quisiera saber yo.

- Tu no sabes nada – pronunció Edward al otro lado de la habitación instigándome con la mirada que me callara.

Si es cierto yo no tenía nada que decir pero acaba de comprender la situación, lo que Edward estaba dispuesto hacer y yo no lo iba a permitir.

Todo esto había sido mi culpa, si no me hubiera empecinado a retarlo como lo hice nada de esto estuviera pasando. La única culpable de todo era yo.

- ¿Qué ocurre aquí? – dijo un policía muy seriamente mirándonos a cada uno de nosotros.

- Todo esto es una confusión, esto es solo una apuesta o no se que.

-¡CALLATE! – escuché a Edward gritar a todo pulmón sin importar en donde nos encontrábamos pero lo ignoré y seguí.

- Edward y Austin estaban de pelea yo los hice pelear – cuando dije aquello, los conocidos, lógicamente me miraron extrañada, pero sobre todo mis padres. – yo reté a Edward de que me alejara de Austin pues estos no se llevan bien, provocando que se enfrentaran en situaciones absurdas, Austin hizo que Edward peleara fuertemente con Tanya hasta el punto de que estuvieron a punto de terminar y yo me burlé de él porque casi conseguíamos la victoria en ese enfrentamiento y me supongo que por rabia Edward hizo lo que hizo, no lo hizo por nada malo, todo es mi culpa, todo es mi culpa. – terminé llorando copiosamente al decir mis ultimas palabras.

Que había dicho, no sabía, cuales serian las consecuencias de mi sarta de mentiras, las desconocía.

Todos me miraron ahora mas atónitos que antes sin dar crédito a mis palabras, solo rogaba que me creyeran

- Bueno exijo saber que sucede aquí – habló el policía con tono autoritario.

- La droga encontrada en el auto de Austin Newton, la puse yo ahí – confesó muy serio mirando a los ojos al policía.

- ¿Tu acaso…?

- ¡NO! El no vende droga ni nada por el estilo. Ya le dije que todo es mi culpa – le dije al policía mientras lo volteaba a mi.

- ¡Bella cállate! – exigió desesperado mi ángel.

Pero no, no me callaría, si me dolía ver a Austin en la cárcel, estaba segura que moriría si Edward ocupara su lugar.

- Bueno muchachita tu parece saber bastante. ¿Dime que demonios pasa aquí?

- Creo que lo mejor es que nos calmemos. – intervinó Carlise. – Soy el Dr. Carlise Cullen y estos son mis hijos.- dijo mientras nos miraba.

- ¡Carlise! hola viejo amigo.

Apareció detrás de nosotros el jefe de policía.

- Dennis.- el rostro de mi padre se alivianó un poco al encontrarse con su gran amigo.

- ¿Qué sucede aquí?

- Que el hijo de este hombre acusó a mi hijo de expendedor de droga cuando es él quien lo es.

- ¡NO ES CIERTO! – le grité mirándola a la cara con verdadero odio.

- ¡Bueno! Cálmense – dijo ahora el jefe de policía invistiendo de toda la seriedad de su cargo. – Carlise ¿Puedes decirme que pasa?

- Yo puedo decirlo – hablé rápido, antes de que mi padre lo hiciera.

- Tu no sabes nada ¡Cállate!

- ¡No, cállate tu! – le dije mirándolo con rabia. Es que era estúpido o qué.

- ¡Cállense los dos!.- nos gritoó ahora Carlise ya estábamos sacándolo de sus casillas de eso nos podíamos dar claramente cuenta.

- Tu y tu – dijo Dennis mientras nos señalaba con el dedo – Y su padre me acompañan ahora mismo a mi despacho.

Edward me miró con furia mientras y lo se la devolví con igual intensidad.

Nos sentamos cada uno en un extremo de la pequeña oficina con nuestro padre en medio de nosotros.

- ¿Ahora si pueden aclararme que paso?.- el jefe hizo una pregunta al aire sin dirigirse a nadie en especifico.

Edward y yo hablamos al mismo tiempo sin que se nos entendiera nada por escasos segundos hasta que el jefe Button, que era su apellido. Nos hizo guardar silencio y le pidió a Carlise que hablara él.

- La verdad desconozco gran parte de lo sucedido, solo puedo decir con gran pena que mis hijos están involucrados en esto.

En ese momento entó un joven policía de escasos 23 años, entregándole una carpeta al amigo de mi padre el cual leyó con avidez.

- Teniendo en cuenta esto, en el auto del joven Austin Newton se encontró cierta cantidad de marihuana, este allanamiento fue realizado gracias a una llamada anónima. Y ahora vienes tu – miró a Edward – diciendo que tu la colaste ahí.

- Y también hice la llamada – dijo demasiado serio para mi gusto. ¿Es que acaso desconocía en que lío se estaba metiendo?

- ¿Puedes explicarme cual fue el motivo para hacer tal idiotez?

-Eso lo puedo explicar yo – dije evitando que mi dulce tormento se pusiera aun mas la soga al cuello.

- Entiendo Bella, pero le pregunté a Edward. – me recordó tratando de ser amable.

- Si, pero él no lo va aceptar.

- ¿Aceptar que?

- Toda la culpa es mía, yo quería vengarme de Austin por meterse entre mi novia y yo.

¿Qué? no podía creerlo Edward estaba aceptando mi historia. ¡DIOS! Que alivio, me sentí tan…tan calmada y tan feliz que mi rostro sin remilgo alguno lo demostró explayadamente.

- Jefe Burtton, entiendo que Edward cometió un grave error pero no es nada de lo que le imputan, ni él ni Austin.

- Puede que tengas razón Bella pero las cosas no son tan sencillas como parecen. Tu hermano – como odiaba esa palabra – Compró una cantidad considerable de alucinógeno y eso tiene consecuencias a nivel judicial.

- Pero no lo hizo por mal- dije desesperada, tanto que incliné mi cuerpo hasta llegar al escritorio del jefe Button.

Carlise me tomó del brazo y me hizo retroceder, él se encontraba en silencio, solo esperando, cosa que me daba rabia.

-¿Cuáles serán las consecuencias? – demandó saber mi padre.

- Teniendo en cuenta que la cantidad encontrada no supera los 20g tu hijo tendría que pagar un arresto de 4 a 8 fines de semana o la cancelación de una multa. Claro después de la primera semana arresto.

Edward no decía nada, Carlise solo entrecerró sus bellos ojos, pero yo, yo estaba mas que inquieta, esto no era posible.

- Pero si no hay trafico de drogas ni nada por el estilo, jefe. Solo fue algo que se nos salió de las manos.

- Bella, asimilo tu punto de vista pero las leyes son leyes y tu hermano las violó.

- Pero fue mi culpa.

- Mas no fue idea tuya comprar esa droga ni inculpar a alguien mas por eso. Que además si Austin o la familia de este levanta cargos sobre Edward la situación podría empeorar.

Ante estas palabras sentí que me hundía en aquella silla sin encontrar salida.

- Eso no ocurrirá – aseguré mirándolo a los ojos exasperadamente.

- Bella deja de meterte en mis asuntos.- dijo Edward mirándome con infinita rabia. Pero ahora esta me tenía sin cuidado.

- Como puedes estar tan segura que eso no pasará – me preguntó Dennis ignorando a Edward tal cual como yo lo hacia y ahora Carlise estaba al tanto también de mis palabras.

- Yo hablaré con él, además es algo entre nosotros y con la semana de cárcel que pague Edward será suficiente para Austin.

Seria solo una semana, algo que no me alegraba en nada pero era lo mejor que podíamos obtener después de toda esta locura, ya que después Carlise pagaría la multa.

- Espero que tengas razón Bella y puedas conseguir que tu amigo no levante cargos.

- De eso me encargo yo.

-Lo mejor será salir de esto de una vez – dijo Edward mientras se ponía en pie.

- Tienes razón- dijo ahora el jefe mientras todos imitábamos a mi dulce amor.

Necesitaba hablar con él. Debía encontrar el momento adecuado para hacerlo, no estaba segura de que era lo que le diría pues tenía muchas preguntas rondando en mi mente y sabía que teniendo en cuenta la situación debía ser muy cuidadosa al escoger las correctas.

Salimos todos en silencio y mientras nos acercábamos al resto del personal un policía fue aproximándose a Edward con unas esposas, inmediatamente corté el paso del jefe Dennis colocando mis manos en su pecho.

- No hay necesidad de eso, por favor no lo permita – supliqué.

En respuesta a mi petición Dennis miró aquel policía, el cual entendió sin mas.

Cuando volví mi rostro a las demás personas Austin iba saliendo por el pasillo hasta donde estábamos.

Su rostro reflejaba claramente la confusión circundante en su cabeza.

Sin embargo cuando vio a Edward y la actitud de todos en aquel lugar fue formándose una idea de lo ocurrido y su rostro empezó a pasar del aturdimiento a la rabia.

- ¿Qué significa esto? ¿Qué haces aquí? – dijo mientras miraba a Edward y mientras él pronunciaba estas palabras su madre trató de alcanzarle para abrasarle pero fui mas rápida corrí hacia él tirándome en sus brazos y le planté un beso en la boca.

En realidad no lo besé solo posé mis labios sobre los suyos para callarlo, no iba a permitir que echara todo a perder.

Ante mi comportamiento la madre de Austin endureció su rostro claro reflejo de que mi actitud le choco. Mis padres turbados y Edward, bueno a él no alcance a verle.

-Calla por favor, no digas nada – le dije con mis labios pegados a los suyos. Sus ojos se posaron sobre mi rostro abiertos como platos mas desconocía si era por mi actitud o por lo que le estaba diciendo.

Me tomó de la cintura e intentó ahondar en aquel beso pero le detuve inmediatamente alejándome y le miré de manera suplicante, rogándole con esta que callara que no dijera nada y que siguiera el juego y para que supiera cual era este hablé enseguida.

- Austin, todo a sido un malentendido, en represaria a lo que le hicimos a Edward y a su novia él trato de desquitarse con nosotros e hizo lo de tu carro - no me atrevía volver a decir droga ni nada mas de eso - pero ahora él a aclarado todo.

La mirada de mi amigo paso del desconcierto a la rabia y de esta a la resignación, pero aquella que se toma mas por que no queda de otra que por propia resolución.

Luego la posó sobre el rostro de Edward el cual no expresaba emoción alguna. Fue encaminado por el mismo pasillo por el cual acababa de salir Austin, me zafé de este prontamente y tomé la mano de mi hermoso ángel, al tocarle pude apreciar como su brazo se estremeció ante mi agarre.

- Solo déjame – dijo entre dientes sin mirarme, librándose de mi mano.

Sus palabras me hirieron y de que manera. ¿Por qué se empeñaba en hacerme daño? ¿Qué carrizo le había hecho yo para que me odiara tanto?

Lo que sucedió a continuación fue como un sueño para mi como salimos de aquel lugar, las disculpas danzante en el ambiente, las miradas de la mayoría puesta sobre nosotros e inclusive el sentirme abrazada por la cintura por el fuerte brazo de Austin, todo para mi era nada, mis sentidos se habían ido con mi amor, el solo pensar que estaría en esa fría celda sentía un fuerte escozor en mis pupilas.

Solo quería llegar a mi casa y llorar y llorar, tratar de desahogar este sentimiento de abandono y desosiego que me estaba invadiendo momento a momento.

Y eso fue lo que hice, apenas llegué, le pedí disculpas a Esme a y Carlise y fui directo a mi recamara a llorar en carne viva.

No recuerdo cuando me quedé dormida, mas cuando recordé era bien tarde, pasaban de las 10 de la noche. Había llorado y dormido toda la tarde y parte de la noche.

Necesitaba hablar con Austin, lo llamé a su celular a esa hora y le expliqué todo lo sucedido, tuvimos una fuerte discusión, pues mientras yo defendía a Edward y trataba de hacerle ver que al final este se reivindicó y aceptó las consecuencias de sus actos, Austin despotricaba de mi amor. Lo cual me sacaba de mis casillas.

Le rogué que no levantara cargos, al comienzo debido a nuestra pelea estaba renuente a hacerlo, y sabiendo que no era la manera mas honesta de conseguirlo, pero yo me prometí que no le iba a suceder mas cosas a Edward por mi culpa, le amenacé con no hablarle nunca mas, pues a quien estaba hiriendo era a mi hermano y con ello a mis padres. Lo primero, sobre todo, y lo último fueron lo que al final convencieron a mi amigo y me prometió además que convencería a cualquier costo a su madre de lo mismo. Pues esta quería que todo el peso de la ley recayera sobre mi dulce tormento.

Aunque las cosas no mejorarían ya que al día siguiente debía encarar a mis padres y a mi abuelo.

- Esto es lo mas deplorable que ha sucedido en esta casa. – me recordó Carlise.

Nos hallábamos en el comedor, mas no precisamente para compartir los alimentos, me sentía en la inquisición y yo era precisamente la chica acusa de herejía.

- ¿Y te haces llamar responsable? – reprochó mi abuelo, él cual estaba muy disgustado conmigo.

- La verdad se nos fue la mano. – intenté decir en pos de una disculpa.

- Si, tienes razón – habló nuevamente mi padre – Pero quien en verdad no medito en sus actos fue Edward. Estoy muy decepcionado él.

Su mirada se endureció ante esto, lo cual no me dio mucha paz. Avisté el rostro de mi madre pero este se hallaba compungido de dolor y desilusión.

- Dejaras el bailoteo durante un mes y nada de salir durante ese tiempo, ni mucho menos manejar. ¿Entendido muchachita? – sentenció mi abuelo.

Asentí, que mas podía decir, me había salido barato, solo estaba en desacuerdo en algo y era que después del instituto ir a casa.

Yo necesitaba ver a Edward, hablar con él. Después de la escuela vería como pero lo iría a verlo a la jefatura.

-Esme ¿hoy iras a dónde Edward? – pregunté esperanzada, pues así yo iría con ellos.

- No. Tu madre y yo hemos decidido dejarle que pague toda la sentencia y no recibir visitas de nosotros, por lo menos no por ahora.

¿Un abismo se estaba abriendo debajo de mis pies y me estaba llevando al centro mismo de la tierra? Esta sería la única explicación a aquella sensación de vacío que embargo a mi cuerpo.

-Eso no puede ser cierto. ¡Ustedes no pueden dejarlo ahí! – desesperé completamente.