Chapter 10
Quedaban pocos días para las vacaciones. Exactamente dos. Y eso puso contenta a ambas. Algo extraño en Rachel Berry, ya que extrañaría al Glee Club, pero no ésta vez. Esta vez, tendría con quien pasar sus vacaciones, alguien con quien salir, alguien con quien estar.
Mientras la diva conducía al hospital para dirijirse a la cita de Quinn le dijo -"Q, estaba pensando que va a ser lindo pasar estas vacaciones juntas, bah si queres, porque bueno vivimos juntas… ah aunque, quizá tenías algún plan… nose si… vos ya…"- Quinn la cortó todavía sorprendida de que su amiga siga teniendo dudas en su amistad – "Rachel, escucha lo que te voy a decir, no quiero que tengas dudas, qué te hace dudar que pasaría mis vacaciones sin vos. Bueno es obvio que vivimos juntas y nos vamos a ver todos los días, pero… no había pensado en nadie más que VOS (procuró acentuar esta idea) con quien pasar estos días" – la diva se ruborizó, no era que tuviera dudas de su amistad, pero todavía todo le parecía tan raro, increíble a decir verdad, estar con alguien que alguna vez la odió tanto. "Q… ya llegamos!! Y… gracias, (le dijo mirándola a los ojos) me hace feliz todo lo que me decís" – respondió la morocha mientras apagaba el motor de su auto.
Dentro del hospital, Quinn sonrió al ver como Rachel saludaba a la gente que se cruzaba. Los trabajadores del hospital parecían conocerla, probablemente desde muy chica, ya que algunos comentaban lo grande que la veían, y lo bonita que estaba. Quinn no tenía duda de eso. Su amiga era muy bonita, y en el fondo de su cabeza también admitió que la Rachel que alguna vez quiso destruir, también lo era, siempre lo fue. "Quinn ¿estas bien? Tenes la mano transpirada" – notó la diva que iba de la mano de la rubia, algo ya común, algo que a Quinn no le molestaba – "Emm… si, si, sólo estoy algo nerviosa" le dijo tratando de borrar el pensamiento que le provocó ese estado - "No te preocupes Q, yo estoy con vos, vení este es el consultorio de papi" la animó a entrar mientras acariciaba su mano.
Luego de unos minutos, Quinn se encontraba sobre la camilla con su panza descubierta, llena de gel, y Adam haciéndole una ecografía para ver que todo siguiera bien. Ya se encontraba en los 7 meses y medio de embarazo, y si bien le molestaba pensar que no tenía a sus padres ahí con ella, ni un "padre" para su hija, sabía que nunca estaría sola. La rubia realmente veía lo bueno que eran los padres de Berry, lo sensibles, amorosos, protectores y amables que eran. Y era algo que también veía en su amiga, y eso los hacía más valiosos todavía, el hecho de que le habían enseñado a ser tan buena persona a su hija. Y saber que ellos tres eran así con ella y su beba, la hacía… feliz.
Era la primera ecografía que Adam le hacía a Quinn. Él era tan cuidadoso que parecía que lo estuviese haciendo por primera vez, pero no era más que su profesionalismo, y las intenciones de hacer sentir más que cómoda a su paciente (como lo hacía con todas), a su amiga e inquilina. Adam le hablaba de la forma más dulce y explicativa que Quinn hubiese escuchado alguna vez en su vida. Mejor que cualquier profesor de la escuela, incluso y raramente, mejor que lo que Mr. Shue explicaba la conjugación de verbos en la clase de español o las armonías que quería para determinada canción del Glee Club.
Entonces, después de un par de explicaciones del sobre qué dieta debería seguir, que no tenía que hacer demasiados esfuerzos y que ante la minima duda lo tenía a él para preguntarle, vio en la pantalla a su pequeña hija, sus brazos y piernas ya mucho más formados. Observó la sonrisa, llena de felicidad de Adam cuando dijo "escucha Quinn el latido de tu hija, es fuerte y eso es un buen indicio, estoy seguro que no ve la hora de verte". Si bien Quinn en su última ecografía unos meses atrás (pagada con sus últimos ahorros, ganados en un par de apuestas entre porristas), había sentido el corazón de su nena, hoy lo escuchó fuerte, claro, e incluso más alegre. Eso la puso contenta. Y lo que vio luego la llenó de felicidad. Era Rachel que seguía a su lado, sosteniéndole la mano, y miraba la pantalla con los ojos brillosos, llenos de ternura, con una sonrisa gigante (más grande –Quinn podía procurar- que cuando actuó su solo en las seccionales). La mirada brillante de la diva, se encontró con la de Quinn, se miraron por un momento intensamente. Adam recibió un llamado de urgencia y salió de la habitación indicándole a su hija en donde había toallas para que Quinn se limpiara.
La morocha agradeció que conocía ese lugar como de memoria, porque no escuchó nada de lo que su padre le dijo. Fue hasta un gabinete cercano a los equipos, tomo una toalla, e instantáneamente, casi inconscientemente, comenzó a secarle la panza a Quinn. Seguía todavía asombrada de haber escuchado el latido de la pequeña. No sabía muy bien por qué, pero estaba emocionada, y mucho. Tanto que cuando le sacó todo el gel, se inclinó y le beso la parte baja del estomago de su amiga. El contacto de los labios de Rachel sobre la piel de Quinn la hizo temblar. Rachel se asustó por la reacción de Quinn, ahora volviendo a la realidad –"Rach…" -Quinn comenzó a hablar- "Perdón, Q, no quise… estaba…" la morocha se apresuró a decir, lamentando haber hecho algo mal - "Abrazame"- le pidió la rubia, y sus palabras salieron de su interior. Se abrazaron fuerte y la diva no puedo evitar colocar su mano en la panza de su amiga. Ahora (que todo parecía más real) tenía dos personitas a quien cuidar.
Minutos más tarde, salían del hospital y cruzaron en el pasillo a Adam que volvía al consultorio. Lo saludaron, Quinn le agradeció la ayuda con un fuerte abrazo, y volvieron a su hogar. El viaje las consumió en silencio, cada una enganchada en sus ideas.
Ya dentro de su casa, ambas pasaron por la cocina, se prepararon una merienda y subieron al cuarto de Rachel para merendar juntas. Quinn se encontraba recostada en la cama de su amiga mirando el techo, de vez en cuando se recomponía y agarraba una galletita de la mesa de luz y un sorbo de jugo de naranja. La diva, mientras tanto, terminaba su vaso de jugo en otro extremo de la habitación, en su escritorio, revisando su tarea, más bien haciendo que la revisaba, porque se encontraba pensando en lo que había pasado en el hospital. De pronto su amiga habló – "Rach, podemos hablar, ¿de lo que pasó… en el hospital?" – dijo Quinn mirando expectante la espalda de la morocha. "Si, Quinn, perdón pero nose qué fue lo que me pasó, supongo que me emocione y…" dijo la diva girando sobre la silla y mirando tímidamente el suelo y a su amiga como escupiendo las palabras. "Rachel, quiero que dejes de pedir perdón, porque vos no haces nada mal, y lo que te quería decir es que… (Ahora ella miraba tímidamente el piso) que besaras mi panza, me hizo sentir… bien, y hay… hay algo que no te conté… pero "ella" (señalando la parte baja de su estomago) cada vez que cantas, patea… patea como una loca, como si quisiese salir para… para cantar… con vos" – finalizó la rubia casi susurrando, abrazando su panza, con su mejillas coloradas, y levantando ahora la vista, esperando ver la reacción de Rachel. La morocha se encontraba lagrimeando, con una sonrisa que llegaba hasta sus ojos, y un instante después se encontraba sobre su amiga abrazándola, repitiendo lo ocurrido allí en el hospital. Se inclinó para hablarle directamente a "ella"- "Hey bonita, cuando nazcas vamos a llevarte a ver un musical de Broadway, y prometo enseñarte a cantar y vocalizar… si mami nos deja" le dijo en tono muy bajo. Quinn sonrió como nunca. La idea de Rachel hablando con su hija, prometiéndole llevarla a NEW YORK, y enseñarle a CANTAR, la idea de un futuro junto a Rachel. Juntas, con la bebe.
Minutos más tarde, Rachel le preguntaba a su amiga –"Q, quiero preguntarte algo… pero estaba pensando en ella… (Acariciando la prominente panza de su amiga) en que todavía no tiene un nombre… ¿o si?" – "Mmm..., tengo un par en mente pero nada definido todavía" concluyó Quinn ya que todavía tenia dudas sobre cómo llamaría a su hija – "Quizás te suene morboso, pero… te molestaría si mientras lo pensas, la… la llamo… ¿Little Star?" – Mientras que a otra persona le podría haber sonado morboso el hecho de que Rachel llamara como a su pececito muerto a la hija de su amiga, la rubia lo encontraba adorable –"No me molesta para nada, principalmente porque parece que en el futuro vas a tener competencia (dijo con una sonrisa picarona y haciendo referencia a la futura cantante que llevaba en su vientre) y también… porque sé que vos querías mucho a Little Star así que desde ahora hasta que tenga el nombre decidido, será Little Star" – la morocha sonrió ampliamente, asintiendo a lo que le decían los ojos avellana que tenia a su lado, y sin importar que iba a tener competencia en el futuro, porque estaba segura que valdría la pena. Todo.
Ese día lo terminaron altas horas de la noche abrazadas en el cuarto de Rachel, charlando como nunca, hablando sobre la pequeña, sobre su "Little Star".
