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Que L'Epicure era el restaurante de moda quedaba fuera de toda duda. No había ni una mesa libre ni se esperaba que la hubiera durante los meses siguientes. La lista de espera era de más de un año y siempre si tenía la suerte de tener los contactos necesarios para ser incluida en ella. No obstante, Jane no había tenido ningún problema en conseguir reserva para cenar. Desde que había llegado a la ciudad, se había envuelto en un aura de misterio que resultaba fascinante para la aburrida alta sociedad. Nadie que pudiera permitirse cenar en aquel restaurante era ajeno a la manera en que aquella desconocida había hecho callar al todopoderoso Richard Isles. Sin pretenderlo, Jane Rizzoli se había convertido en toda una celebridad.
El camarero las acompañó hasta su mesa mientras Maura se daba cuenta de la forma en que las miradas del resto de comensales se giraban a su paso, y el murmullo de conversaciones se hacía casi ensordecedor. Mañana serían la comidilla en cualquier reunión. Maura se dio cuenta que la mayoría de las miradas se centraban en Jane y muchas de ellas eran de mujeres que parecían desnudarla con los ojos. Al ir un par de paso detrás de ella, tenía una vista privilegiada de lo que aquellas mujeres estaban admirando. Jane había decidido vestir esa noche completamente de negro. El traje italiano hecho a medida con lana de vicuña se ajustaba a su cuerpo con una caída perfecta y la camisa blanca de algodón egipcio resaltaba impecablemente bajo la chaqueta y enfatizaba el moreno de su piel. Jane había reducido el maquillaje al mínimo, sólo un poco eyeliner y máscara de pestañas para destacar su mirada. La seguridad que desprendía cada uno de sus pasos y el que apenas prestara atención a todas las miradas que se fijaban en ella, tenían un efecto cautivador.
Después de ordenar una botella del vino más exclusivo del restaurante, Jane sonrió antes de utilizar por primera vez el mando a distancia para activar el pequeño juguete que Maura llevaba en su interior. La suave vibración hizo que un cosquillo la recorriera por dentro pero todavía era insuficiente para conseguir estimularla. Maura recordó como antes de salir hacia el restaurante, Jane le había dejado sobre la cama una cajita con un huevo vibrador de suave silicona rosa. Consciente de los términos de su trato, Maura obedeció, más solícita de lo que le hubiera gustado aceptar. A fin de cuentas, cada vez que Jane le había pedido algo, había disfrutado como nunca. Recordar cada una de las veces que Jane la había llevado al orgasmo hizo que se estremeciera.
Jane aumento la intensidad y se vio recompensada con un pequeño gemido de sorpresa que quedó enmascarado por el ruido del restaurante. Audaz, aumento un poco más la intensidad y vio como Maura se mordía el labio mientras se movía incómoda en la silla. Cuando vio que el camarero se acercaba con el vino, apagó el pequeño juguete. A fin de cuentas, su objetivo era provocarla durante toda la velada no hacer llegar al orgasmo en medio del comedor. Jane saboreó la copa antes de dar el visto bueno al caldo y el camarero se marchó después de tomarles nota. Mientras esperaban a que les sirvieran los entrantes, Jane decidió romper el hielo "Aparte de tu trabajo en la junta directiva de la Corporación Isles, ¿en qué más aspectos de tu vida estoy interfiriendo esta semana?"
"Participo en varias organizaciones benéficas, sobre todo en las que tratan con niños. También formo parte de la junta directiva del Museo de Bellas Artes"
"Veo que no has cambiado mucho en estos años" Jane dio un generoso sorbo a su copa "Dentro de un par de días todo esto habrá terminado y por fin podrás volver a tu vida"
Cuando la oyó referirse al fin de su acuerdo, Maura sintió una sensación agridulce. Aunque había aceptado con temor aquella proposición, completamente ajena a lo que Jane tenía en mente, no se había arrepentido en ningún momento de haber accedido. Debajo de aquella mujer fría y calculadora, todavía podía ver rasgos de la mujer de la que se había enamorado 20 años atrás.
El camarero les sirvió los entrantes y cuando Maura estaba a punto de saborear la samosa de queso feta y tomates secos Jane accionó por segunda vez el pequeño vibrador y Maura se quedó paralizada. La vibración era más intensa que la primera vez y empezaba a notar como la tela de sus braguitas empezaba a empaparse. Cuando Jane incrementó la velocidad un poco más, cerró los ojos y apretó la servilleta entre sus dedos, los nudillos casi blancos por culpa de la fuerza que necesitaba ejercer para no dejar escapar un gemido de placer.
Divertida, Jane volvió a apagarlo y le preguntó "¿te encuentras bien Maura?"
Despacio, volviendo poco a poco a la normalidad, Maura la miró fijamente a los ojos "Disfrutas con esto ¿verdad?"
Jane sonrió con una mueca, y se le marcaron unos hoyuelos que Maura encontró irresistibles. De repente, una mujer las interrumpió, ignorando completamente a Maura mientras dedicaba toda su atención a Jane. La intrusa le tendió la mano, que Jane estrechó con firmeza.
""Soy Karen y tú eres toda una celebridad"
"Es un placer conocerte Karen pero no creas todo lo que se dice"
"Se dice que has comprado el ático de la torre del reloj, el que tiene la piscina en la azotea"
Jane le sonrió "Eso es cierto"
La otra mujer continuó cogiéndole la mano, acariciándole el dorso con el pulgar "Haría cualquier cosa por contemplar la puesta de sol desde allí"
Jane fue consciente de lo que estaba insinuando aquella mujer. Sabía que las mujeres la encontraban atractiva pero aquella mujer no dejaba lugar a dudas. Aunque al menos aquello había servido para ver como Maura torcía el gesto. Parecía que no le gustaba verla coquetear con otras mujeres.
"Esta noche mi tiempo y mi atención ya tienen dueña, lo siento"
Karen no se dio por vencida. Cuando el camarero se acercó para servir los platos principales, la mujer se retiró después de dedicarle una breve mirada a Maura antes dejar una tarjeta en el bolsillo de la chaqueta de Jane mientras le susurraba al oído "Si no quedas satisfecha, yo puedo ser tu postre"
Jane observó divertida como le había cambiado el gesto a su acompañante. Parecía furiosa "¿Maura?"
Al final, Maura no pudo contenerse. Estaba excitada, frustrada por la presión caliente que sentía entre las piernas, celosa por la forma en que aquellas mujeres estaban mirando a Jane y furiosa consigo misma por sentir aquellos celos.
"Debes de estar muy satisfecha al comprobar como despiertas la atención de todas estas mujeres ¿verdad? ¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Vas a pedirme que mire mientras te las follas? ¿O quieres ser tú la que mire mientras ellas me follan a mi?
Jane se quedó mirándola fijamente unos segundos, totalmente excitada al fer ese lado agresivo de Maura. Se levantó de la silla y Maura pensó que iba a arrepentirse por aquel exabrupto pero cuando pasó a su lado, Jane se inclinó para susurrarle al oído "Ni me interesa ninguna de esas mujeres ni pienso compartirte con nadie. Sólo te deseo a ti Maura" Aprovechó para meterse el lóbulo entre los dientes y morderlo discretamente antes de susurrarle "Te espero en el cuarto de baño"
Maura se ruborizó, demasiado consciente de lo que tenía Jane en mente. Sabía que aquello era inapropiado, peligroso y vulgar pero no había una mínima parte de ella que quisiera negarse a la petición de Jane. Desde que había empezado aquella delirante semana, se pasaba el día completamente excitada, pensando como y cuando y donde Jane volvería reclamar su cuerpo.
