Título: Algún día nos veremos en la Luna

Sumary: Un Hospital. Una joven que perdió a su madre. Y un chico que quería convertirse en la Luna. —"Sueño un pequeño milagro para nuestro final" /NaruHina-SasuHina.

Advertencias: Primer fic de Naruto/Historia basada en un one-short que no revelaré hasta el final para evitar spoilers/Saltos temporales

Pareja: NaruHina (Pasado)/SasuHina (Presente)

Cantidad de palabras: 3,357/Cortesía de Magic Word en complot con Microsoft para hacernos creer que de verdad hay esa cantidad de palabras en el capítulo.

Disclaimer: Naruto no me pertenece, todo registro legal y de derechos son de su autor Kishimoto. Y el NaruHina :3

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Imagina que estas en un espacio vacío, con los ojos, el amor y el pecado en un hilo. No tienes cuerpo, no tienes forma pero eres quién realmente debes ser. No hay dolor, soledad o sentido porque eres solamente energía pero lo comprendes todo porque formas parte de él. Siempre has estado ahí, siempre has sido así, integrando la voluntad del todo y la nada, del amor y la calma aquella que anhelabas, porque la vida no es más que un sueño efímero al caes tres segundos antes de volver.

Eres eterno, pero no perfecto, te falta crecer. Y Dios dispone a tu antojo un pequeño teatro, te regala un cuerpo y te ha dicho que cuando lo desees puedes volver. Creas una vida llena de tonos oscuros y matices claros, logros y fracasos y el guion previamente elaborado que te permita reír, llorar y entender. Ha comenzado la obra en dónde el protagonista has de ser.

Hay otros contigo, todos hacen un pacto, te ayudarán un rol interpretando. Un lugar y un tiempo se vuelven tu escenario, familia, amigos, enemigos y amores los secundarios y tú, ejecutando su primer acto, víctima o victimario, jugando en su papel.

Si resultara que al final la vida es un sueño… Un teatro que construiste como dueño… ¿Qué harías al saber que en la vida y sus desencantos, tristezas, muertes y llantos paso a paso tú mismo los fuiste creando?

"El día de los cambios"

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Al momento en que abrió sus ojos de nuevo, Hinata estaba segura de aún se encontraba en algún lugar del gran hospital. No podía ser de otra manera pues apenas había dormido un par de horas y sabía que su primo retrasaría el mayor tiempo posible su alta, ordenando verificar hasta el último detalle de su salud.

Unos pequeños toques en la puerta llamaron su atención. Quizás una enfermera. La interrupción acabó por traerla de vuelta al presente, y agradeció en silencio que aplazara a ese molesto hábito de su personalidad.

— ¿Puedo pasar?

Hinata asintió con lentitud, sintiéndose extraña al momento de reconocer esa voz. Sin embargo no era capaz de encontrar ninguna razón válida para que precisamente esa presencia frente a ella tuviera motivo para realizarle una visita.

— ¿Puedo ayudarle en algo, Itachi-san? —Ofreció con rapidez. Un desagradable recuerdo asaltó sus ideas, asentándola en la creencia de que él podría querer reclamar alguna responsabilidad de su parte por lo sucedido en el patio del hospital. — ¿Tiene que ver con Uchiha-san? —Cuestionó intranquila.

—No. —Al mover sus cabellos negros, balanceándose suavemente de un lado a otro mientras negaba a su pregunta se dio cuenta de un pequeño detalle sin importancia, el hecho de que esa persona llevaba un cabello realmente largo para ser un hombre con cierta imagen ejecutiva. Era excepcional reparar en ello tanto tiempo después, y mucho más si tomaba en cuenta que su primo y el resto de su clan tenían por costumbre nunca cortarlo.

Le tomó varios segundos recuperarse de ese breve lapso y comenzar a contemplarlo con detenimiento. Itachi contenía entre sus labios una ligera sonrisa que apenas podía disimular, derribando sus barreras de seguridad con habilidad apremiante. La rapidez con la que sus sentimientos flanquearon por los sitios acordes a la conveniencia masculina le obligó a detener el gesto tímido que pretendía devolverle. Deseó analizar la situación objetivamente, intentado descifrarlo antes de que fuera expuesta, pero el temor terminó por paralizar sus sentidos y causó que adoptara una postura de defensa involuntaria.

No era específicamente miedo lo que le provocaba, pero ser tan reflexiva y analítica era un mecanismo de defensa que aún no podía controlar del todo. Por culpa de la familia Hyuuga tuvo que volverse observadora y ansiosa, tratando de adivinar siempre cual sería al siguiente palabra ofensiva o el primer golpe para evadirlos. Tuvo que abstraerse del mundo en ese sitio desagradable y lentamente se acostumbró a ver a las personas desde un ángulo seguro.

Solía imaginar que la realidad era como ver una película en la que no podía intervenir, solo así conseguía eximirse de sus arrepentimientos cobardes, pero había tenido que destrozarlo todo al querer ayudar a una causa pérdida desde el comienzo. Se sentía responsable, recelaba cada uno de sus pequeños gestos. Por querer cumplir su palabra a cualquier costo colocó en riesgo la vida de su hermano, y ni siquiera se había disculpado aún, si ella fuera la misma persona frente a sus ojos seguramente estaría muy molesta.

—Itachi-san, sobre eso… —Comenzó, exhalando su voz en un susurro tan débil que no podía asegurar si él la estaba escuchando. El silencio de la sala no ayudaba en nada, todo su ser se estresaba por completo ante la ausencia de palabras. El sabor amargo que resecaba su garganta era poco apetecible, y demasiado penoso para tragar. No había malicia, ni maldad, y sin embargo su actitud resultaba exasperante a un nivel hasta ahora desconocido para ella.

—No debería estar tan nerviosa. —Interrumpió él, sonriendo amablemente una vez más.

— ¡N-No lo estoy!

Se reprimió por soltar semejante grito, asegurando que debió verse como una tonta. Estuvo tentada a pedirle por favor que la dejara en paz y correr a esconderse entre las sábanas como la cobarde que era, pero su educación dictaba escuchar hasta el final. Quizás, si se apresuraba a terminar con esa conversación muy pronto ella podría correr a la seguridad de la tela blanca a refugiarse.

—Tranquilícese, Hinata-san. —Pidió con cortesía, ella suspiró.

—Yo quería disculparme. —Contuvo el aliento durante siete segundos, y exhaló siete más, era una técnica que usaba con frecuencia cuándo se sentía incapaz de respirar. —Por haber puesto a s-su hermano en… —Hizo una pequeña pausa. — peligro.

Bien, lo había dicho lo más claramente que fue capaz.

Retrocedió ligeramente en su lugar, la camilla del hospital, y colocó el peso de su cuerpo a la derecha, tratando de calcular una postura que le diera la apariencia ideal para no parecer intimidada o por lo menos no tanto como seguramente se veía ahora mismo.

Itachi cambió su posición al mismo tiempo, relajándose sobre la incomodidad de la silla plástica y sus ojos profundos, oscuros cómo el carbón, se dedicaron a pasear por su silueta pequeña con cautela, sin ninguna emoción en particular, brindándole una sonrisa suave que seguramente trataba de calmar sus ansias. No parecía molesto en lo absoluto y eso la relajó un poco.

— ¿Sabes? —La miraba con curiosidad, riendo con sosiego, aunque las comisuras de sus labios le parecieron algo más tensas de lo normal. —Nunca lo había visto antes. —Sus palabras la desconcertaron. —Normalmente cuando ayudas a alguien herido tratas de llevarlo al hospital, no de sacarlo. —Estuvo a punto de trastabillar con sus pies y caer de cara al suelo pero esos orbes negros le pidieron en silencio un momento para hablar y terminó por ceder, tomando asiento de regreso en la camilla blanda de la cual se había estado levantando poco a poco sin percatarse.

—Descuide — Su tono se suavizó, Hinata se avergonzó por adelantarse a los hechos y creer que él podría reclamarle. Estaba demasiado alterada para reaccionar con tranquilidad. —Neji-san me explicó la situación y me recomendó mantener su objetivo. —La mención de su primo le sorprendió. —Ni Naruto-kun, ni Sakura-san saben que él está aquí.

— ¿De verdad?

Pareció vacilar, pero asintió. Probablemente porque aunque todos los involucrados guardaran el secreto tarde o temprano esa información llegaría a ambos. Después de todo, Haruno-san era parte del personal.

—No te preocupes. Aunque no lo parezca Sasuke tiene mucha lealtad. En cuando despertó y supo que te habías desmayado quiso venir a comprobarlo. No lo dijo, pero lo conozco, y sé que en cuanto no pueda más con sus dudas vendrá a verte. —"¿Porque estás aquí?", "¿por qué lo hiciste idiota?", te preguntará. —Añadió. Antes de que pudiera cuestionarlo, continúo con su diálogo, no tenía intenciones de revelarle sus verdaderos motivos para estar ahí con ella. —No te molestes en responderle y…

—Itachi-san. —Interrumpió, con el dolor aprisionado en sus ojos sin vida ni color. Sabía que no era algo que le correspondiera decir, pero no pecaba de ingenua. —No acostumbra decir la verdad. —El hombre se mostró levemente sorprendido. Sin embargo aún una persona como ella tenía su orgullo y éste detestaba que le dirigieran en las conversaciones, pretendiendo que ella no se diera cuenta.

—No. —Respondió. Pero, contrario a todo lo que hubiera imaginado, su semblante se mantenía relajado, sonriéndole bastante divertido. Y aunque la alegría no llegaba también a cubrir sus ojos no estaba pretendiendo nada. —La verdad es algo totalmente subjetivo, que puede ser manipulada a elección. Simplemente para mí, la verdad no existe.

Hinata sonrió.

Entre ambos había un entendimiento que no sabría describir con palabras, a pesar de que su charla podría resultar demasiado hilarante para poder creerla. Quería ayudarlo, sinceramente quería tener la confianza suficiente para que esa persona pudiera desahogarse, pero era plenamente consciente de que no era su deber, ni su obligación. Era un simple sentimiento empático, que ponía a prueba todo razonamiento propio.

Un estruendoso sonido demandó la atención de ambos a los pocos segundos, la puerta había sido abierta con un azote tan fuerte que el marco metálico se tambaleó inestable y el cuadro hecho de madera volvió a cerrarse en rebote después de que el culpable lograra lanzarla y parte de la pobre perilla quedó marcada en la delgada pared.

Gritando su nombre, Naruto hizo una ruidosa aparición.

—Hinata-chan, ¡estás despierta! —Exclamó el rubio con su tono de voz más alto, la pelinegra tuvo una hilarante imagen mental de él usando un megáfono. Se acercó frenético a ella. — ¡Tengo algo realmente genial que…! —Su boca se torció de pronto e hizo una mueca de desagrado, al parecer acababa de notar a su acompañante en la habitación. —Espera, espera… ¿Qué haces aquí Itachi-teme? —Inquirió con un rostro bastante cómico de sospecha, apuntándolo rudamente con el dedo anular en el pecho. El mayor sonreía con calma, tratando en vano de retirarlo. —Dime Hinata-chan, ¿el pervertido éste te hizo algo raro? ¿Te ha tratado mal? ¡Dime la verdad y yo le daré su merecido ´ttebayo!

—No todos somos iguales a ti, Naruto-kun… —Respondió en su defensa.

— ¿Eh? ¿¡Qué dijiste comadreja!? —Itachi esbozó un gesto complacido.

—He dicho que es muy valiente de tu parte defender a una dama con tanta audacia y coraje, ¿no es así, Hinata-san? —Agregó mirándola con complicidad. —No todos somos tan caballerosos como tú. —Era una mentira, una gran mentira y al parecer incluso Naruto era capaz de notarlo, sin embargo el rubio desvió su mirada llena de extrañeza directo a su rostro, dispuesto a poner a prueba dicha teoría. Parecía bastante escéptico pero dispuesto a creerle.

—Claro que sí, Naruto-kun es muy valiente. —Sonrió ella, sintiendo sus mejillas enrojecerse. Por el bien de su salud mental sería mejor balbucearle algunos halagos en vez de enfrentarse a todo un interrogatorio sobre que estaban haciendo. No sabía si soportaría la presión y terminaría por decir algo sobre Sasuke-san.

—Oh, bueno. Gracias dattebayo. —Río avergonzado el chico.

—Eres bastante noble. —Continúo Itachi.

—Además de ser muy amable. —Secundó Hinata. Decidió seguir con el juego un poco más, en realidad no le hacía daño a nadie y no estaba diciendo ninguna mentira pues era lo que en verdad pensaba de su persona especial. Y si tenía la oportunidad de expresarse tan libremente, vaya que lo haría.

—Y fuerte.

—Definitivamente Naruto-kun es el mejor.

Mientras hablaban Hinata pudo escuchar el suave sonido de la puerta, abriéndose nuevamente. De reojo notó a Sakura mirando toda esa extraña escena con una sonrisa medianamente burlona. Suspiró aliviada, pues finalmente sus hermosos ojos verdes brillaban de nuevo, estuvo preocupada de que lo ocurrido con esa persona le afectara demasiado.

Los halagos siguieron de un pelinegro a otro, causando un incremento colosal del sonrojo del chico rubio, quién les sonreía avergonzado. Le resultaba algo muy lindo mirar al rubio siendo cautivado y detenido por unas cuantas palabras y halagos, sin duda tomaría en cuenta el plan más adelante. Y por sus ojos curiosos, podía notar que la joven estudiante también hizo nota mental de aquello.

—Es un idiota —Le masculló con muecas de labios para no ser escuchada, ambas rieron en confabulación.

Quizás lo más sorprendente de todo era ver cómo sin necesidad de palabras tanto ese hombre como ella misma se habían puesto de acuerdo en un sencillo pero efectivo plan para detener cualquier posible arranque de hiperactividad del de ojos azules. Tal vez era más parecida de lo que creía a Itachi Uchiha, pensó con cierta añoranza. En el fondo ambos podrían pasar como mansos corderos, siendo el verdadero lobo de la manada.

—Hina-ta. Hina-ta. —Llamó Naruto, atrayendo su atención por la manera tan curiosa de pronunciar su nombre, los presentes se reían al ver sus gestos de desconcierto. —Oye Hinata, no deberías ignorarme. ¡Me molesta!

—Lo siento. —Musitó con dulzura. Su rostro masculino cambió del aparente enfado a una expresión de picardía, colocándose una mano sobre la barbilla, el rubio volvió a demostrarle su falta de conocimiento respecto al espacio personal al acercarse demasiado a su rostro rojo como tomate.

—Parece que has olvidado por completo como querías llamarnos, Hinata-chan…—Canturreó.

— ¿A-a qué te refieres, Naruto-kun? —Tartamudeó un poco, tratando de alejar su rostro sin que su acción pareciera precipitada. Estaba al borde un colapso nervioso sin procesar la información… Y entonces lo recordó.

—Uzumaki-san y Haruno-san. —Acotó con burla el chico, mirando de soslayo a Sakura.

La pelinegra se sentía realmente apenada de haberse dejado llevar por un momento tan vergonzoso, aunque hubiera sido necesario en esa situación para brindarles un poco de espacio. Había olvidado por completo el supuesto trato cordial y respetuoso que se había propuesto darles. Como pudo se cubrió parcialmente con las sábanas, tratando de ocultar su cara de la vergüenza.

—E-Eso fue… —Exhaló, atragantándose con las palabras. Alzó su rostro, fijando sus ojos en un punto detrás en la pared, imitando a una contemplación fija en él. Era preferible que creyera que lo estaba ignorando cuando llegara a darse cuenta a mirarlo. —Yo solo…

—No tienes por qué disculparte Hinata-san, supongo que solo estabas siendo seria al molestarte. —Acotó la de cabello rosa al verla en apuros, tratando de salvarla. —En realidad puedes hablarnos como desees, no es nada malo. —Sonrió para aliviarla. Pero el chico salió inmediatamente a rebatirla.

—¡Por supuesto que no, yo no soy tan viejo como la abuela para que me hablen así, dattebane! —Exclamó el de ojos azules con entusiasmo, intimidándola.

No supo responder. Una vez más había fallado al imponer su propia voz y se había quedado paralizada ante tal contexto. Itachi, al darse cuenta de ello gesticuló una respuesta que al parecer enfadó al menor y se dedicó a pelear verbalmente con él, desviando su atención. Le fue imposible no notar que tenía un desmedido complejo por proteger. Sin embargo, ella no era nadie para juzgarle. En ese aspecto eran iguales.

Los dos estaban tan entretenidos en la charla que no notaron cuándo Sakura se acercó hasta su sitio para susurrar a su lado.

—Vaya, lo tienes dominado. —Insinuó con una voz demasiado intrigante.

—¡N-No es eso, Sakura-san…!—Balbuceó nerviosa, tratando de negarlo con todo su cuerpo.

Precisamente era lo contrario, ni siquiera había sabido que hacer ante sus reclamos. Su rostro se volvió rápidamente del más profundo rojizo, atrayendo las miradas curiosas de las dos presencias masculinas que discutían. La joven estudiante le sonrió con cariño, colocando una mano sobre su hombro en señal de apoyo, negando con su cabeza. Aparentemente ella creía que había algo que no quería admitir, y si su intuición no le fallaba, estaba relacionada con su descubrimiento sentimental sobre aquella persona especial. Seguramente ella pensara que su vergüenza provenía del amor. —Sakura-san… —Reprochó, mirándola severa.

—Oh, es verdad —Pronunció la de cabello rosa, interrumpiendo su gesto para escapar. —Naruto… Tú dijiste que tenías algo urgente que decirle a Hinata-san…— Por un segundo la sonrisa se borró de su rostro. Antes de que pudiera preguntarle por su abrupto cambio el rubio volvió a la cara alegre e infantil que siempre llevaba como una máscara. Hinata se preocupó. —Deberías hacerlo antes de que vea a su primo.

Hinata se encogió en su lugar ante la mención de Neji. Pensando en el hecho de que él mismo se había ofrecido a llevarla de regreso a su casa en una forzosa aceptación de su parte le resultaba extraño que no estuviera ya esperándola en la puerta con las maletas ya hechas. No era alguien que la arrastraría, era demasiado reservado para armar un escándalo trasladándola en su estado a cualquier lugar pues necesitaría la ayuda de un carro o una ambulancia para moverla sin su consentimiento pero seguía siendo el serio y responsable Neji Hyuuga, el hombre que siempre cumplía con su palabra. Definitivamente no era su estilo, pues no era algo que hiciera por preocupación, sino por precaución consigo mismo. Que su padre supiera de ese incidente atraería consecuencias para ambos. Y Neji siempre evitaba cualquier problema con su padre que su torpeza pudiera ocasionar.

—Hinata-chan…—La mención de su nombre la trajo de regreso al presente. Los ocelos de esa persona especial la miraban fijamente, determinados. No sonreía como siempre. Había un punto que permanecía oculto y se sentía incapaz de descifrar el mensaje. Dentro de su mirada estaba un enigma profundo lleno de deseos y oraciones no contadas, problemas, fracasos y emociones contenidas que algún día terminarían por reventarle el pecho a esa persona.

—¿Quieres caminar?

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La calidez que transmitían sus manos se volvía insignificante ante la aplastante sensación de reconocer que la situación se le había escapado nuevamente de las manos. Era difícil de creer. Había algo muy extraño en su comportamiento y no podía evitar sentir las lágrimas escocer contra sus ojos en un patético gesto de arrepentimiento.

Había aceptado seguirlo sin pensar demasiado en ello, pero ahora, cuando finalmente su mente reaccionaba de ese estado casi catatónico en el que solía dejarla su simple presencia admitía que no fue su mejor idea. No estaba preparada para lo que sea que fuera a decirle, si es que la conversación se trataba de algo importante y la poca información disponible le causaba inseguridad. No sabía cómo lo manejaría si no sabía nada de su entorno.

Ella siempre se estaba dejando llevar ante todo, ante todos. Su única arma hasta ahora había sido el conocimiento y sin ella estaba a punto de romperse. La vida siempre había sido como una rutina hasta ahora. Las dolorosas situaciones impresas de nostalgia grabadas en su alma siempre habían sido porque dejaba a alguien más actuar. Era una táctica sencilla, pero cobarde, pues siempre podía eximirse de las consecuencias si sentía que alguien la había forzado a tomar esa opción cuando las cosas salían mal.

Apretó su mano con fuerza, aumentando el ritmo hasta estar a su paso, llamando la atención de su Sol personal. Esa persona le había dado tanto para salir adelante, la había hecho reír, le había mostrado la manera de ser feliz aún si el mundo le arrastrara, pero sobre todo le había enseñado a salir de su pequeño mundo mental para empezar a vivir de verdad. Con emociones, con sentimientos, sobrellevando el dolor y festejando las pequeñas cosas que dan alegría.

Por eso había dicho que sí sin pensarlo. El día de hoy, tomada y siendo arrastrada segundos antes por Naruto sencillamente decidió que le apetecía avanzar.

—Quiero caminar. —Murmuró tan bajo que era imposible distinguirlo de un suave respirar. Estaba harta de ser arrastrada por todo y por todos en la vida y de seguir buscando culpables de las decisiones y los caminos que tenía que tomar. Adelantó sus pasos, tomando la iniciativa, ella sería su guía, la que tomara una decisión. La responsable por esa noche y la única causa de que se equivocase. Se detuvo, haciendo uso de todas sus fuerzas, sorprendiendo a Naruto y gritando con todas sus fuerzas: — ¡Quiero caminar! Finalmente lo había dicho, esas palabras que siempre había querido decir. —¡P-Puedo hacerlo! —Lo sujetó. — ¡Yo puedo caminar sola!

Y corrió, como si su vida dependiera de ello, llevando a rastras a un sorprendido Naruto, que apenas podía seguirle el paso. Él la miró desconcertado, seguramente preguntándose cuál era la razón para una escena tan sinsentido, pero en un breve cruce de miradas pronto se recuperó de la impresión y le sonrió con gran alegría.

Esa persona la apoyaba.

—¡Claro que puedes hacerlo!

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Las personas que la rodeaban le miraron impresionadas. Ella sonrió con nostalgia, entendiendo su asombro. Quizás ninguno de ellos hasta ahora había pensado demasiado en detalle sobre su historia, pero era real. Había sido una pequeña cobarde que siempre se dejó avasallar por su clan, por las personas que amaba, por desconocidos y por amigos en igual. Si no hubiera conocido nunca a Naruto quizás seguiría de la misma manera, tal vez su matrimonio hubiera acabado de otra manera. Gracias al valor que esa persona le dio había sido capaz de crear tanta felicidad.

—Más que acompañarme por una noche, me había dado una lección que me acompañaría toda la vida. Esta persona para mí ya no es un amor imposible pues tengo a mi esposo, pero admito que los días y el tiempo que me brindó los he guardado en mi corazón como algo irremplazable.

Sasuke aplaudió. Tras ese hermoso gesto sus amigos sonrieron enternecidos, pidiendo con la mirada que continuara. Hinata casi se soltó a llorar de la emoción. Ellos la comprendían, ellos también la apoyaban.

—Vamos a caminar…

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Notas de Kou: Estoy segura de que ya jamás esperaban verme por aquí TwT No hay palabras que describan cuanto lo lamento. No haré promesas esta vez, mi palabra ya no debe valer nada. Lo demostraré con hechos trayendo el próximo capítulo lo más pronto posible.

Espero que les guste. Sé que es bastante diferente, que es corto en comparación con los otros. No saben por cuántos cambios ha pasado. En total deseché aproximadamente 17 mil palabras. Si, en un principio Itachi sería quién sermonearía a Hinata, después fue al revés, luego fue Sakura y se transformó en Hinata regañando a Sakura hasta acabar en esto. De las escenas eliminadas casi todas acabaron en "Noches", un NejiHinaNaru o algo así. Otra parte hacen de prólogo en "Pensé que era amor" y hay algunas otras que guardé para la próxima. Les pondría una sección especial de escenas eliminadas pero podrían estar a futuro, así que sería spoilearlos xD Lo he cortado aquí porque la escena de Naruto y Hinata será larga, bastante larga. No quiero entretenerlos más, que pasen un excelente día/noche y permítanme decirles de nuevo cuánto lo lamento. Saludos a todos TwT