Al fin, después de tanto tiempo :'D

De una vez, quiero darle gracias a todos por su apoyo y por haber esperado tanto. No tengo más qué comentar por falta de ¿inspiración? Bueno, no importa. Mejor lean c:

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De mal en peor.

Las calles ya estaban transitadas a pesar de ser temprano, había tráfico por todos lados; así eran todos los lunes por la mañana. Esa era una de las razones de por qué no le gustaba la ciudad, lo malhumoraba mucho más estar escuchando las bocinas de los demás autos.

Tardó demasiado en llegar a su casa. Con los comandos que tenía instalados en el carro, abrió automáticamente el portón para ingresar; al bajar del vehículo azotó tan fuerte la puerta que no le importó si la dañaba.

Se dirigió directo a su gimnasio personal a paso iracundo, de alguna manera tenía que sacar su enojo y qué mejor que golpear algo: su saco de boxeo. No se cambió de ropa para hacerlo, sólo se quitó la camisa y la lanzó hacia un lugar inespecífico. No se preocupó en ponerse guantes para proteger sus nudillos, y le propinó fuertes puñetazos al saco como si éste tuviera la culpa de todo.

Fue poco el tiempo en que estuvo golpeando el saco, ya que la piel se le había dañado a tal punto de reventarla por la fuerza que estaba empleando. Dejó escapar el aliento que estaba conteniendo y se decidió hacer otro ejercicio: pesas.

Había pasado un poco más de dos horas ejercitándose, lo cual, le había ayudado bastante en todo sentido. Satisfecho, decidió ir a hidratarse. A pesar de haberle hecho el desayuno a ella, no comió pero no tenía apetito.

Gruñó al recordarla, sacudió la cabeza en modo de desaprobación e hizo de lado esos pensamientos.

Subió a su habitación para darse una ducha, pasó un buen tiempo bajo el agua logrando así despejar bien su mente de tanto embrollo. Cerró el grifo, salió de la ducha y jaló la toalla para quitarse el exceso de agua del cabello para luego secarse el resto de su trabajo cuerpo. Arrojó la toalla sobre sus hombros y salió desnudo hacia su cuarto paseándose por todo el lugar para buscar su ropa.

Ya vestido, se dirigió a su oficina y ocupar su computador para escribir todo sobre Corporación Cápsula, los inventos y toda la información que había recolectado desde la última vez que lo había anotado todo.

Por fin había llegado a un acuerdo consigo mismo: aún no entregaría la información. Así no se estaría torturando. Estaba haciendo su trabajo a fin de cuentas y no le mintió en ese sentido a la peli celeste cuando la dejó. Sentía que la estaba usando, aunque ese era el plan en un principio pero también tenía un trabajo y dependía de eso, dio su palabra de cumplimiento por medio de un contrato.

Estaba tan concentrado en escribir correcta y detalladamente cada palabra, era tanta la información que tenía que, había pasado horas de las que no se había dado cuenta. Hasta que su estómago se quejó del hambre, pero, a pesar de eso siguió tecleando.

–¡Hola, Vegeta! –Raditz saludo animado entrando a la habitación. El mencionado pegó un salto por el susto ¿En qué momento había entrado el idiota? Porque no lo había escuchado. El de larga melena se sorprendió por la reacción de su amigo, algo que era muy extraño en él.

–¡Idiota! –exclamó. Llevó una mano hacia su cabeza pasándola por el cabello y volteó a verlo–. Tienes suerte que no tenía cerca la pistola…

–Yo también me alegro de verte. –le contestó con sarcasmo y se adentró a la habitación.

–Hmp –regresó su atención al computador y siguió tecleando. Mientras, Raditz se acercaba y se apoyó en el escritorio a su lado–. ¿Cómo es que entraste sin hacer ruido? –cuestionó sin quitarle la vista a lo que estaba haciendo.

–Uh, dejaste el portón y la puerta principal abierta –respondió como si fuera algo obvio y encogió los hombros. Vegeta se le quedó viendo extraño por alguna razón, por lo que decidió hablar lo primero que se le ocurrió–. No te preocupes, lo cerré todo. –pero, al parecer, no era eso lo que debió responder por el extraño actuar de su amigo.

Vegeta apoyó los codos sobre la mesa, cerró ojos y se tomó de la cabeza por lo que acababa de escuchar ¿Cómo pudo olvidar hacer algo tan sencillo? Esto estaba mal, muy mal. Negaba con la cabeza mientras veía mentalmente las cosas que ha hecho desde que la conoció.

–¡¿Qué demonios te pasa, Vegeta?! Estás actuando muy raro. –reprochó cruzándose de brazos, lo conocía tan bien y sabía que algo le sucedía. Lo vio otra vez negar con la cabeza, sentarse erguido y dejó escapar un suspiro. Por experiencia sabía que no iba a decirle nada. Fue entonces que escuchó el gruñido proveniente del estómago de su colega –. Es pasado de medio día y ¡¿No has comido?! ¡Maldición, algo tienes! No eres de los que soportan hambre. –entrecerró los ojos y lo señalaba acusador con el dedo.

–¡YA CÁLLATE! –le gritó, golpeando el escritorio con sus puños por sentirse expuesto y peor si era frente a él ya que lo conocía muy bien, por eso quería evitar el tema. Se levantó estrepitosamente de su asiento y se quedó ahí mismo parado, tenía las manos empuñadas listo para atacar sin ninguna razón al que tenía a un metro a su derecha, inhaló hondo para relajarse para no cometer tal cosa. En cambio, el otro tipo se asustó por un momento, veía venir el golpe pero jamás llegó; fue entonces cuando se dio cuenta que, fuese lo que fuese le estuviera pasando al de cabello flameado, jamás se enteraría aunque se lo preguntara. No quiso decir nada más para que no lo siguiera interrogando, así que hizo a un lado la silla y dio media vuelta para salir del cuarto, obviamente sabía que lo seguía.

Ninguno habló en trayecto hacia la cocina. Raditz tomó asiento mientras veía al otro moviéndose de un lado a otro rebuscando en los estante, incluso podía sentir la tensión que tenía ¿Era correcto hablar ahora mismo? Se sentía incomodo, pero había venido con tres propósitos del cual uno ya había cumplido.

–Te tengo información –rompió el incomodo silencio. Vegeta por un momento detuvo todo lo que estaba haciendo para enfocar toda su atención en lo que le había dicho; no dijo nada, sólo le dedicó una mirada indicando que hablara –. Encontré varios inventos junto con su descripción y componentes, sólo que no logré guardarlos todos porque la mayoría de archivos fueron movidos con antelación. Al parecer se estaban deshaciendo de la maquina. –informó.

–¿Qué clase de inventos? –cuestionó más que interesado, ya sabía de los más recientes y uno del que lanzarían próximamente. De un momento para otro se animó, como si nada de lo que había olvidado hubiera pasado. Entonces regresó a lo que estaba haciendo pero prestando atención a lo que le decían.

–Son inventos antiguos, de los que ya han lanzado y están en el mercado. No sé si te interesan. –se echó para atrás, llevando sus manos hacia la nuca y cruzo la pierna derecha. Una sonrisa burlona adornaba su rostro ya que, con lo que dijo lo provocaría de cierta manera porque sabía cómo funcionaba todo esto.

–Sabes que cualquier información es útil, idiota –replicó y lo fulminó con la mirada. Gruñó, siempre caía en sus provocaciones, aunque no le molestaban del todo porque se había acostumbrado a ellas–. Ahora dime qué son...

–Sí, hombre, lo sé. No te enojes. Como si no hubiese trabajado contigo antes –habló con sorna y puso los ojos en blanco–. Son un par de maquinas y vehículos, hay uno en particular que no lanzaron a la venta pero lo he visto en alguna parte, es como una moto, no sabría describirla exactamente. –miró hacia el techo tratando de recordar mientras se rascaba el lado izquierdo de la cabeza.

Vegeta terminó de cocinar y sirvió dos platos, no era necesario preguntarle si ya había comido, siempre había "compartido" la comida con Raditz desde que se conocían. Le dejó el plato en frente al igual que el suyo para luego ir al refrigerador para sacar algo de tomar: una cerveza y una soda –¿Qué hay sobre lo demás? –interrogó de una vez cuando se sentó.

–Te enviaré toda la información cuando llegue a casa –habló luego de tragar el bocado de comida. Escuchó su típico gruñido de fastidio por el comentario. Ahora era su turno de cuestionarlo–. Ahora dime ¿Cómo rayos es que conoces a la hija de los Brief? –era inevitable su tono de curiosidad, esa pregunta lo estaba persiguiendo desde que le había comentado de que la mujer lo estaba esperando.

Se congeló en ese instante ¿Cómo explicarle la rara forma en que se conocieron y la extraña relación que tenían?... ¿Relación? ¿Ya lo consideraba como tal?. De acuerdo, no le diría completamente todo y cambiaría unas cuantas cosas.

–¿Y…? –presionó ansioso el de larga melena. Sabía que le respondería tras el suspiro de derrota que dio, por lo que esperó pacientemente.

–Más de un mes, logré acercarme a ella y me tomó la suficiente confianza. –explicó sin muchos detalles. Esperaba que no lo siguiera cuestionando porque se sentía, de cierta manera, incomodo estar hablando de ella.

–¡Vaya! ¿Quién lo imaginaría? –se echó para atrás recostándose en el respaldo de la silla y llevando ambas manos hacia atrás de su cabeza, dejando el plato con poca comida en segundo plano –. Y ¿Por ella fue que desapareciste el fin de semana? –lo vio asentir titubeante. Y ya no decidió hacer más preguntas respecto al tema a pesar de tener tanta curiosidad, había pillado a su amigo en mal momento gracias a su comportamiento por lo que no quiso seguir presionándolo.

El resto del almuerzo fue en silencio, algo que Vegeta agradeció mentalmente. Luego, Raditz se fue, por lo que continuó con lo que le faltaba anotar todo el resto de la tarde.


Su día había empezado maravilloso con ese especial detalle. Era una lástima que no podía compartir con alguien su extrema felicidad pero eso no I le arruinaría su buen humor el día de hoy. Al terminar de comer se quedó un buen rato en la cama, rememorando cada momento con los que había pasado con Vegeta: su compañía, sus conversaciones, las caricias y besos; mordió su labio inferior tras recordar cómo la hacia sentir mujer y… abrió los ojos como plato tras darse cuenta que lo habían hecho sin protección, no usaba las pastillas anticonceptivas desde que terminó con Yamcha. Ambos habían sido irresponsables.

Rodó por la cama para llegar al velador y sacar de la gaveta su agenda personal donde tenía todas las fechas de cuando venía su período, buscó la última e hizo cuentas; conocía el método del calendario y lo tenía memorizado. Veintidós días habían pasado desde su última menstruación, por lo tanto, el tiempo de ovulación ya había pasado y no corría riesgo de quedar embarazada. Se agradeció mentalmente por tener apuntada la última fecha ya que anteriormente se había olvidado de anotar varias de los meses pasados.

Soltó un suspiro de alivio y se relajó de inmediato, dejándose caer de espaldas sobre la amplia colchoneta. De igual manera compraría las Píldoras para más seguridad, prometió mentalmente. Se levantó con buen ánimo y se dirigió a su ducha.

Hoy tenía mucho trabajo en el laboratorio ya que su padre no estaba, debía asumir su lugar de ahora en adelante hasta que regresara. Iba a ser un largo día porque no tendría con quien conversar amenamente… o sea, podía platicar con sus empleados y ayudantes pero no era lo mismo, algunos la evitaban por su mal carácter. Al menos no podía estar de mal humor y nadie podría arruinarle el día.

Ya en el laboratorio, fue a traer los papeles del día anterior sobre los tanques de recuperación ya que contenía las configuraciones para cada componente: la compuerta, los dispensadores de líquidos y el tipo de antibiótico que necesita el paciente.

Los empleados ya empezaban a llegar, saludándola con educación y sorprendidos por verla tan temprano en el lugar.

El tiempo pasó más lento de lo que imaginó, no había hablado mas que sólo para dar indicaciones y órdenes. Almorzó tarde por estar tan ensimismada en su trabajo y porque no estaba su madre como para recordarle. El reloj dio las 4:30 de la tarde, el personal ya comenzaba a retirarse, mientras ella seguía configurando el sistema; dejándolo de lado luego de más de una hora tras no poder ingresar correctamente la codificación para que la compuerta cerrara con tal presión para así asegurar de que no salga ningún fluido a la hora de accionar el tanque. Resignada, se quitó la bata de laboratorio y salió del laboratorio. Sacó su celular para mandar un mensaje, tal como lo hacía hace semanas.

"¿Vendrás hoy?" tecleó con velocidad y mando el texto. A los pocos segundos recibió su respuesta.

"No lo creo, tengo que reponer horas en el trabajo". Le desanimó mucha esa respuesta, no sólo había pasado literalmente sola el día y Vegeta no vendría a visitarla. No le contestó para no molestarlo.

Pero, justamente alguien había tocado el timbre. Por un momento pensó que el mensaje que recibió segundos atrás era sólo una simple broma, por lo que se dirigió rápido a abrir la puerta con emoción, estaba actuando como una adolescente enamorada. Una sonrisa pintaba su rostro y abrió con entusiasmo pero se desvaneció rápidamente al ver a quien no esperaba.

–Yamcha. –se sorprendió de verlo. Venía con ropa casual y sencilla, algo muy inusual en él.

–Hola, Bulma ¿Puedo hablar contigo? Es muy importante para mí, no te quitaré mucho tiempo –pidió sereno. La escucho asentir y lo dejó pasar. En cierta parte extrañaba este lugar, tantos buenos recuerdos que tuvo aquí y con ella. Se quedaron parados en medio del living en vez de tomar asiento ya que era rápido lo que tenía que decirle–. Sé que te estarás preguntando qué hago aquí, por lo que iré directamente al grano –la peli celeste quedó intrigada, podía suponer que había venido a reconciliarse de nuevo; no había dicho ni una palabra desde que él comenzó a hablar–. Tengo muy presente que lo nuestro terminó hace mucho tiempo atrás –la científica rodó los ojos tras escucharlo. El moreno soltó una risilla por la reacción ya que la esperaba desde un principio –. No, Bulma, no estoy pidiéndote que regresemos…

–¿Entonces? –preguntó interesada, no podía pensar en qué otra cosa le pediría ser.

–Eres una persona sumamente importante y especial para mí y no quiero que eso cambien. No te pido que me perdones todo lo que te hice pero… –paró unos segundos para soltar un suspiro intentando relajarse, esperando una buena respuesta para lo que venía a continuación; dejándola ansiosa por su pausa –: quiero que seamos amigos, sólo eso. No soporto la idea de ser unos completos extraños luego de todo lo que vivimos juntos. –al fin lo dijo. Su silencio lo impacientó y su mirada lo descompuso, desde un principio se había mentalizado para un rechazo, pero ¿Para una sonrisa? Y esta no era de burla.

Sus palabras tocaron una pequeña fibra muy dentro de su ser, una de la cual pensó que había muerto el día en que terminaron. Quizá nunca le perdonaría lo que le hizo pero eso estaba en el pasado y ya no importaba, él sólo quiera ser su amigo y no otra cosa como lo pensó ¿Por qué no darle la oportunidad?– Por supuesto, no hay resentimientos. –y con esa simple respuesta vio el brillo de felicidad en sus ojos, y para sorprenderlo más decidió darle un abrazo, el cual le fue correspondido con mayor intensidad.

–¡Me alegra mucho, Bulma! –exclamó con una enorme sonrisa luego del abrazo.

–¿Qué tal si, para celebrar nuestra amistad, brindamos con un poco de vino y pedimos algo para cenar? –le propuso animada.

–Me parece una buena idea.

Al cabo de varios minutos, sirvieron un par de copas y la comida llegó justo a tiempo. Hablaron con normalidad, de varias cosas que habían hecho en los dos últimos años que no habían interactuado, sin tocar temas íntimos y personales.

Pasó un buen rato con Yamcha hasta que se fue.

Sin duda alguna, había sido un buen día en cierta manera.

Había despertado un poco tarde porque se le dificultó dormir a pesar de tener sueño. Sin duda alguna hoy sería un largo y aburrido día.

Hizo la rutina de cada vez antes de ir al laboratorio, sólo que esta vez comió algo más sencillo ya que no estaba su madre para que le cocinara o alguien que le preparará una desayuno sorpresa.

Hoy fue lo mismo que ayer, aunque luego del almuerzo recibió la llamada de su padre preguntando cómo le estaba yendo en el laboratorio para luego hablar con su madre de la deliciosa comida que había probado y planeaba prepararle cuando llegara.

Luego de hablar con sus progenitores, se enfrascó de nuevo con la maldita configuración de la compuerta que aún no lograba ingresar correctamente el código. Sabía que no había escrito un mal número o letra porque lo estaba copiando de las hojas que le había dejado el doctor Brief ¿Por qué no se le ocurrió preguntarle cuando la llamó?. Pasó horas con lo mismo hasta que se hartó, así que mejor fue en busca de sus planos de la cámara de gravedad, y fue cuando se dio cuenta que todos ya se habían ido. Buscó su móvil en el bolsillo de su bata, se sorprendió por la hora.

De nuevo le escribió a Vegeta, preguntándole si hoy sí llegaría, pero no recibió respuesta. Decidida lo llamó, pero el tono indicaba que el celular estaba apagado. Muchos pensamientos pasaron por su alocada cabeza: desde que no tenía batería o aún estaba en el trabajo igual que el día anterior hasta que la estaba evitando. Apartó de su mente esa última idea y mejor se fue a buscar sus planos para seguir entretenida y no estar pensando estupideces; sentía que estaba actuando muy desesperada, como una maldita adolescente hormonal. Él también tiene cosas que hacer. Pero lo único que quería era pasar más tiempo juntos y seguir conociéndolo.

Entonces, regresó a lo que tenía planeado antes de llamarlo. Estaba sola en casa y no tenía con quién distraerse pero si con qué, y así no estaría pensando cosas estúpidas.

Estuvo haciendo más planos, perfeccionando aún más su futuro invento hasta altas horas de la madrugada. Podía sentir la pesadez en sus párpados, esforzándose para mantenerlos abiertos y no tropezar con algo mientras se dirigía a su habitación para por fin descansar. No más entró, se quitó toda la ropa quedando únicamente con la interior y se lanzó de espalda hacia su gran cama, estaba sumamente cansada como para buscar alguna prenda cómoda para cubrirse. Mas no lograba dormir, daba vueltas por toda la colchoneta pero no entendía por qué no estaba cómoda en ningún lugar. La luz del sol ya empezaba a asomarse. Se quitó el sostén en un intento de sentirse más cómoda, se abrazó a una almohada y fue ahí donde se dio cuenta que lo extrañaba, su olor estaba en esa almohada el cual había utilizado hace un par de días. Tan sólo durmieron juntos tres días y ya se había acostumbrado.

Inhaló hondo su aroma, se abrazó más a la almohada pensando que es él, al fin entregándose a los brazos de Morfeo tras ese pensamiento.

Para su desgracia, de nuevo no durmió ya que había olvidado cerrar las cortinas y el sol ya estaba en el ángulo de se colaba toda la luz a su habitación. Puso una almohada sobre su cara para evitar que la luminosidad no la siguiera molestando y seguir con su sueño. Pero su vejiga no estaba de acuerdo con esa idea y no soportaría seguir reteniéndose por más tiempo. Refunfuñando, se levantó para ir al baño y de una vez, se duchó. Una muy inusual ducha corta. Ni si quiera para eso tenía ánimos

Estaba estrujando su cabello para quitarle la mayoría de agua, ya estaba harta del cabello largo. Lo envolvió con la toalla, cuando la lanzó hacia atrás, por accidente la punta le pegó en el ojo derecho. Maldijo en voz alta. Dio un par de pasos para llegar al lavamanos y enjuagarse para así, aliviar el ardor.

Había empezado mal el día y ya sabía como arreglarlo. Los empleados sabían lo que debían hacer, no era tan necesaria su presencia el día de hoy.


Estaba desesperado, el doctor Gero ya había empezado con el recorte de personal para no caer tan rápido. Era cuestión de tiempo para que también lo despidieran.

No entendía por qué Vegeta estaba tardando tanto, ni siquiera un informe había reportado. Intento comunicarse con él casi todo el fin de semana para presionarlo, pero no lo logró ¿Por qué tardaba tanto?.

De repente, Gero llegó a su oficina. Su corazón se aceleró y sudó frío, pensando que venía a decirle lo peor. Su semblante era relajado aunque no lo estaba, a cada paso que daba lo impacientaba mucho más; y se quedó parado frente a él.

–Que tal si te tomas lo que queda del día, Nappa –parpadeo tres veces, procesando bien lo que le había dicho –. A pesar de aún no haber nada que hacer, estás aquí.

–Pero, doctor… –iba replicar que eso no era importante pero lo interrumpió.

–Nada de peros –lo detuvo alzando su mano con la palma abierta como si de un policía fuese, para el momento bajarla y proseguir hablando–. Te lo mereces después de todo. Te llamare si necesito algo. –finalizó con un leve asentimiento se cabeza. Lo vio también asentir dudoso, ordenar su escritorio y apagar la computadora.

–Muchas gracias, señor. Que tenga un buen día. –se despidió, tomó su saco y salió de su oficina.

Al parecer, también le dieron el día a los pocos que quedaban en la empresa ya que todo el lugar estaba muy silencioso y desolado.

Llegó al estacionamiento y se dirigió a su vehículo, subió a su camioneta quedándose un buen tiempo metido, sin encender el motor; pensando en su trabajo y en qué haría si la empresa cerrara. Todo estaba en manos de Vegeta, sin duda estaba decepcionado de él.

Al fin prendió el vehículo y salió del edificio, observando a ambos lados para poder tomar correctamente su camino. Manejando hacia su hogar se encontró con un desvío porque estaban arreglando las calles, ahora tenía que tomar el camino más largo. Esto lo enojó más de lo que estaba.

No era pasado de las 3 pm y ya había tráfico en ésta zona.

Esperando a que el semáforo diera verde y la cola avanzará, dirigió su mirada a un puesto de periódicos y revistas para distraerse; bajó el vidrio y entrecerró los párpados para poder enfocar mejor su vista sobre la portada de una revista en específico. Podía reconocer ese cabello a cualquier distancia, y no estaba en una sola. Le chifló al vendedor del local para que se las pasara y pagárselas. Buscó las páginas donde contenían toda la información que indicaba la portada. No podía creerlo, ahora sí estaba más que furioso.

No se dio cuenta cuándo empezó a circular la fila de autos hasta que escuchó los múltiples bocinazos. Lanzó las revistas al sillón de a alado y aceleró antes de que el semáforo diera rojo de nuevo, maldiciendo todo y a todos.

Y justamente se lo topaba en su camino. Esta era su oportunidad de reclamarle todo.


Sus ojos ardían por estar tanto tiempo frente al monitor y sus muñecas dolían por estar tecleando sin descansar. Eran las siete treinta de la mañana cuando terminó de escribir todo lo que tenía hasta ahora, y aún faltaba. Tomaría un descanso, dormiría unas dos o tres horas antes de continuar. Guardó todo y apagó el computador.

Fue hasta su dormitorio y se vistió con algo cómodo, cerró las cortinas para que la luz no le fuera a molestar más tarde. Deshizo el orden de las almohadas y se recostó. Antes de quedar completamente dormido, la imagen de la peli celeste pasó por su mente.

El vibrador de su celular lo despertó, maldiciendo a quien lo estuviera llamando a solo minutos de haberse dormido. Estiró el brazo hacia el buró buscando el aparato, por reflejo se levantó rápido porque estuvo a punto de votarlo. Ahora que veía el nombre de Raditz, recordó que no le había mandado la información que le comentó ayer.

Antes de contestar se aclaró la garganta

–¿Qué quieres?. –contestó. Frotó su ojo izquierdo con el reverso de su dedo índice y bostezó.

–¿Me harías un favor?. –se escuchó al otro lado de la línea.

–Habla. –pidió seco. Se sentó a la orilla de la cama, esta vez frotándose toda la cara con su mano.

–Al fin me depositaron la plata que me debían, así que ¿Podrías llevarme para retirarlo? Es mucho dinero y no quiero andar por la calle con todo eso. Además, esta vez invitaré yo. –esperaba que con la última proposición aceptara.

–Llego en cuarenta minutos. –escuchó el agradecimiento de su amigo y cortó la llamada. Ya había terminado y no tenía nada que hacer por el momento, así de una vez le pediría que le enviara la información ahí mismo.

Al colgar fue cuando notó la hora, eran casi las dos de la tarde. No durmió en toda la noche y ahora que sí lo hizo sintió que sólo fueron unos cuantos minutos, se sentía cansado. Bostezó. Se levantó y ordenó todo a su alrededor, se duchó y luego se vistió con ropa casual, buscó su billetera y demás cosas; listo para salir.

En el trayecto hacia el apartamento do Raditz, se recordó de ella. Había logrado apartarla de su mente desde ayer ya que estaba muy sumido en lo que estaba haciendo a pesar de haberle mandado un mensaje por la tarde. Suspiró. Ahora se daba cuenta que extrañó no estar por la tarde-noche juntos como solían hacerlo desde hace un tiempo. Sonrío. Quizá vaya a verla hoy luego de esto.

Llegó al edificio donde estaba apartamento un poco antes del tiempo que había dicho. Estacionó su auto y la hizo cápsula. Esta vez si entraría, sólo para asegurar que esta vez sí mande la maldita información. Subió al tercer nivel y se dirigió a la segunda puerta a la derecha y tocó el timbre, a los pocos segundos le abrió la puerta.

–Creí que llamarías para que yo bajara. –comentó sorprendido, se hizo a un lado para dejarlo pasar.

–Envíame todo lo que dijiste ayer, ahora. –exigió autoritario, adentrándose a la vivienda. Lo escuchó gruñir y le dio la espalda para irse a otra habitación. Mientras lo seguía por detrás, veía todo lugar sorprendido ya que estaba limpio y ordenado.

–Sabes como soy, Vegeta: si no me recuerdas, jamás lo haré. –rodó los ojos como si pudiese verlo. Y si no le hubiese recordado en este momento, tampoco lo hubiera hecho más tarde, mañana u otro día. Además, esa información la tenía hace tiempo –cuando le había comentado que logró ingresar a un computador en C.C.– y si se lo comentara recibiría una buen puñetazo, esperaba que no se le saliera ese detalle en alguna plática.

–Tsk –frunció el ceño por la estúpida excusa, estaba muy ocupado como para haberlo hecho y decidió cambiar de tema–. Me sorprende que tengas todo limpio y ordenado. –comentó neutro.

–Ah bueno, sabía que vendrías y quise darte una… sorpresa –dijo en tono coqueto para molestarlo, y volteó a verlo para ver su reacción. Se había dado cuenta que hoy venía con el semblante de siempre y no como lo encontró el día anterior, por lo que decidió fastidiarlo sin preocupación. Y lo había logrado, escuchó insultarlo por su estúpido comentario, y soltó una carcajada. Llegaron a un cuarto donde habían varias computadoras y pantallas, encendió sólo una y se dispuso a buscar la información–. ¿Recuerdas cuando te llamé para que me prestaras tu casa? –escuchó el ajá desganado de su amigo–, la muy perra me dejó plantado ese día con una estúpida excusa. Al día siguiente me llamó para decirme que vendría hasta aquí a mi apartamento por la noche. ¡No sé cómo mierdas consiguió mi dirección!... Bueno, la cosa es que por ella ordené. –hizo un ademán con la mano izquierda al terminar de hablar. No escuchó bien el comentario que le dijo por estar tecleando y procurando no enviarle algún archivo equivocado–. Todo enviado, señor exigente. Ahora vámonos porque muero de hambre. –se levantó y apagó todo.

–Bien. –fue lo único que dijo Vegeta. Ambos salieron del apartamento y bajaron. Arrojó la cápsula de su auto y esperó a que emergiera, Raditz había rodeado el carro para ir del lado del copiloto pero se detuvo de golpe para rebuscar entre los bolsillos vacíos del pantalón.

–Olvide mi celular y la billetera. –comentó, dio la media vuelta, regresando al edificio para traer sus pertenencias faltantes.

Rodó los ojos y negó con la cabeza. Lo esperaría afuera del vehículo, se recostó sobre la puerta de y echó su cabeza hacia atrás, el cielo estaba despejado y fue imposible no pensar en ella debido al color. Sacó su móvil para enviarle un mensaje para avisarle que hoy sí llegaría; abrió el chat de ambos. Pero no logró terminar porque alguien le había dado un puñetazo en el pómulo izquierdo, fue tan fuerte el golpe que hizo que lanzara su celular y él cayera sobre su costado derecho. No sabía qué estaba sucediendo, si lo estaban asaltando o qué, todo había sido en fracción de segundos. Rápida se levantó para enfrentar a quien quiere que fuese. Pero no esperó que fuera Nappa, éste lo tomó por el cuello de la camisa para lanzarlo ahora hacia su auto.

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N/A: espero que no se hayan enredado un poco. Narré todo lo de Bulma en tres días, o sea: lunes, martes y miércoles; y todo lo de Vegeta en lunes y martes ¿me di a entender? :v Jaja, bueno, quise hacerlo así porque se dividirá en dos partes este capítulo, sino jamas lo hubiera terminado xD.

Tuve muchos bloqueos a la hora de escribir, ya lo tenía todo en mi estúpida cabeza pero no sabía como llevarlo a cabo xD. Además, soy esa clase de personas que se distraen con nada, y luego se le olvida lo que estaba haciendo. Soy un caso perdido.

Una chica había me había comentado acerca de Tarble. Bien, Tarble ya no aparece, jamás. Para mí, si alguien lleva más de veinte años desaparecido ya no hay probabilidad que aparezca, jamás he escucha o visto un caso así, si mucho ocho años pero jamás veinte. Mi mente dice que lo secuestraron e hicieron una película snuff con él, Okno xD

Infinitas gracias a todos: los que leen, los que dejan reviews, los que preguntan por mi y si pronto actualizaré. Al principio no creí que alguien fuera a leer mi historia pero me equivoque. Tengo más de 2.2K (2200) views, jamás creí que llegara a tiempo. :'3

Lamento no haber contestado sus reviews y mensajes la vez pasada, esataba tan mal que sólo los leí porque no tenía los suficientes ánimos :c estaba tan devastada. Pero todos los días los leía porque me hacían sentir bien, porque por lo menos alguien estaba dándome apoyo.

Créanme que me gustaría abrazarlas a todas(os) en este momento.

Los invito que me sigan en Facebook, siempre publico más de algo ahí y pueden interactuar conmigo (si lo desean :'v) hay varias novedades, sólo pasen por ahí y verán, en mi biografía está el link, igualmente me pueden buscar como Saiya502. Hubo una chica que me habló por ahí y fue tan ¡Hermoso para mi! :'D me hizo llorar de la felicidad. Es la única que me ha hablado por fb TwT, sabrá que a ella me refiero. C:

Buenooo, me despido. Que tengan un excelente fin de semana. Nos leemos en la próxima. No prometo actualizar rápido, aún tengo un poco de depresión :'v

Bai

27/04/2017