Muerte y redención, parteII

- ¡Anakin!

Padmé se incorporó de repente. El corazón le latía acelerado y sufría un dolor visceral atravesándole el pecho. Algo le había ocurrido a su marido. Anakin estaba en peligro; podía sentirlo, sufría... Sin un momento de vacilación, alcanzó la capa que descansaba a los pies de la cama y se dirigió hasta la puerta. No importaba cómo; debía ir a ayudarlo.

Obi-Wan se sorprendió al verla. Parecía que el jedi había estado sumido en la meditación hasta su llegada. Pero se levantó inmediatamente.

- Padmé, ¿qué ocurre?

- Anakin – dijo sin detenerse –. Está en peligro. Tengo que ir a ayudarle.

- ¿Qué? – el jedi la miró como si estuviera loca –. Padmé, no puedes hac... – pero ella había salido por la puerta. Obi-Wan corrió hasta alcanzarla, tratando de encontrar un modo para detenerla –. ¡Padmé! Se lo que estás sufriendo, pero piensa en tus hijos... ¡No debes ponerlos en peligro!

Padmé se detuvo y se giró hacía él enojada, pero el enfado sólo enmascaraba una profunda desesperación.

- Estoy pensando en ellos – replicó –. Se merecen conocer a su padre. Y yo no pienso quedarme quieta mientras lo matan.

Obi-Wan abrió y cerró la boca varias veces, no sabiendo muy bien como responder a eso. Al fin dijo:

- Ni siquiera sabes donde esta. Y aunque lo supieras... él está luchando contra el emperador... ¿qué crees que podrías hacer para ayudarlo?

- ¡No lo entiendes! – Padmé tuvo que contenerse para no echar a llorar –. Lo he sentido... Se que está en peligro... Se está muriendo, Obi-Wan.

El jedi apoyó una mano en su hombro, tratando de calmarla.

- Padmé, a veces, el miedo nos hace sentir sensaciones que no son reales, sólo nuestros propios miedos materializados. Pero no debemos dejarnos llevar por ellos; de lo contrario, ganarían, y entonces...

- ¡No es eso! – lo interrumpió ella –. No se cómo explicarlo... De pronto lo he sentido, un dolor muy potente en el pecho, como si alguien me estrechará con fuerza el corazón. Se que Anakin está malherido. ¡Tienes que creerme! – exclamó con desesperación.

Obi-Wan frunció el entrecejo, asimilando la información.

- Por como lo describes, eso se asemeja al vínculo existente entre maestros y padawan. Ambos pueden sentir cuando el otro se encuentra en peligro, o incluso recibir un eco de sus emociones si estas son muy intensas. Pero es un tipo de vínculo que tarda años en forjarse, y es extraordinariamente vital que ambos tengan una fuerte sensibilidad a la fuerza. De otro modo es imposible.

- Entonces, ¿qué es lo que tratas de decir? – inquirió Padmé, consciente de que había algo más tras sus palabras.

Si fuera tan imposible como decía, Obi-Wan no se habría molestado en explicarlo. El jedi le sonrió, tan satisfecho de su inteligencia como siempre. Pero fue una sonrisa breve.

- Bueno... habría una posibilidad, aunque inaudita – ella lo miró confusa –. Tus hijos – explicó –. Estás en constante simbiosis con ellos; lo compartís todo. Si el emperador puso tanto empeño en conseguirlos como me has explicado, es muy probable que ellos hayan heredado las capacidades de su padre en la fuerza, y también sería posible, debido al lazo que los une, que hubieran formado ya una unión con él, a pesar de ser sólo unas criaturas. En cuyo caso el lazo se extendería a ti, al menos, durante el tiempo que siguieran en tu vientre. Pero nada es más que mera hipótesis – advirtió con voz grave –. Si realmente fuera cierto... su sensibilidad a la fuerza debería ser mayor a la de cualquiera que yo haya conocido.

Padmé suspiró profundamente.

- No se nada de la fuerza, Obi-Wan. Tal vez sea como dices o tal vez no. Pero se que Anakin me necesita. Debo ir a ayudarlo – concluyó, casi como una súplica.

Finalmente el jedi asintió. Si por remota casualidad tenía razón en sus deducciones, si sus recientes sospechas se confirmaban... Entonces Vader era aún más importante de lo que pensaban.

- Iré contigo – afirmó.

La nave que el Senador Organa le había ofrecido, en caso de emergencia, era pequeña, pero bastaría para conducir a dos pasajeros y aun herido si fuese necesario. Padmé rezaba porque no lo fuera.

- Introduciré las coordenadas a Corusant – informó Obi-Wan mientras se dirigía al monitor.

- No – rechazó ella –. Anakin no está en Corusant.

- Pero... – el jedi iba a protestar, mas luego pareció arrepentirse –. Está bien – aceptó –. Confiaré en tu instinto.

Ella asintió, agradecida, porque no tenía tiempo para más discusiones, y camino hasta el computador.

- Gracias – dijo.

Instantes después la nave despegaba hacia el hiperespacio, rumbo desconocido.

Padmé se sentó en su asiento, cerrando los ojos, y apretó con fuerza el pedazo de japor que su esposo le había tallado.

Por favor, Anakin, suplicó, resiste. Te quiero. Te necesito.

xXxXxXx

Anakin se retorcía en el suelo, mientras decenas de descargas Sith lo golpeaban. Su maestro sabía que estaba vencido y se regodeaba en su muerte. Era el pago por la traición. Claro que él no se arrepentía; pero sólo podía mirarlo con una oscura mirada empañada por el odio. ¡Y lo odiaba! Incluso en esa situación, no podía pensar en nada salvo en lo mucho que lo odiaba.

Entonces lo percibió; como si las palabras atravesaran un vacío hasta colarse en su mente.

Anakin, resiste. Te quiero. Te necesito.

¡Padmé!

Él recuerdo de ella lo golpeó, creyendo imposible haberla olvidado. Y junto al suyo, el de sus hijos. Anakin reconoció la verdad: absorbido por el odio y sus ansias de venganza, los había olvidado. Ahora jamás volvería a verlos. Nunca volvería a deleitarse con la hermosa sonrisa de su esposa, y jamás conocería el rostro de sus hijos recién nacido.

Lentamente, sintió como la ira se diluía, siendo sustituida por el dolor.

Anakin... Te quiero. Te necesito.

¡Lo necesitaba! De pronto, se hizo consciente del significado total de su fracaso. No sólo no volvería a verlos, sino que los dejaba desprotegidos ante esa bestia inhumana que era el emperador. Obi-Wan no bastaría para protegerlos. Padmé moriría y sus hijos compartirían un destino peor que la muerte. Él les había fallado. Había jurado protegerles y les había fallado.

Palpatine continuaba diciéndole algo mientras lo torturaba, pero él no escuchaba. Tampoco sentía dolor. Nada podía compararse al sufrimiento, a la culpa, que lo desgarraba ahora por su fracaso. Les había fallado.

Ya no sentía odio, ni ira, ni ansias de venganza. Se había equivocado de camino. El lado oscuro era sólo una trampa. Tan centrado en sí mismo, en vengar toso su sufrimiento, se había olvidado de lo más importante: proteger a los que amaba. No era mejor que el emperador.

Se pregunto que tipo de tormentos debería haber sufrido aquel hombre para convertirse en la bestia inhumana que ahora era. Tal vez lo habían sometidos a las mismas torturas que a él. Tal vez la maldad era ya innata en su interior. Lo que sabía seguro, es que de no ser por Padmé, antes o después Vader habría acabado siendo como él.

La ira desapareció por completo. Entendió que ya no odiaba hacia su maestro, tan sólo lo compadecía. Su esposa le había dado una oportunidad, y él la había desperdiciado. Si ya era tarde para sobrevivir, al menos se aseguraría de que ella y sus hijos pudieran estar a salvo el resto de sus días.

Cerrando los ojos y olvidándose de todo a su alrededor, hizo un llamamiento a la fuerza. Pero no a través de las emociones negativas como le habían enseñado, la busco en su propio interior, en aquel lugar resplandeciente y secreto donde siempre lo guiaba cuando era un niño y participaba en las carreras de vainas. Hacía tiempo que se había olvidado de él, que unos instantes atrás hubiera jurado que ya no existía.

Accedió a los más profundo de su mente y su alma, hasta hallar la pequeña luz que ahora lo inundaba todo. Invadido todavía por el amor y la devoción hacía su esposa e hijos, rezó a la fuerza pidiendo que le concediera el poder suficiente para proteger a su familia, aunque después aquello le costara la vida.

Al principio no sintió ningún cambio, pero pronto comprendió que todo había cambiado. Percibía cada invisible movimiento de los insectos en el suelo, cada partícula microscópica que flotaba en el aire; lo que quedaba ante y detrás de él, lo que discurría entre la nada y la vida. Él no había accedido al poder que le brindaba la fuerza, se había hecho uno con ella.

Y la fuerza lo era todo.

Sintió sin necesidad de ver como el emperador dirigía nuevos rayos hacia él, pero, sin siquiera de concentrarse, basto que levantara la mano para desviarlos contra la pared, que estalló en pedazos. Palpatine jamás podría hacerle daño. Sus intentos de doblegar la fuerza a su voluntad a través del odio y la ira antaño le había parecido antaño sorprendentes, pero ahora los consideraba patéticos.

Él no doblegaba a la fuerza. Él era la fuerza. Y la fuerza lo era todo. Eterna, inmutable, poderosa... la fuerza residía en cada minúsculo organismo de vida y descansaba en cada minúscula partícula inanimada. La fuerza era vida, compasión, amor. La fuerza era muerte, ira, odio. La fuerza era equilibrio. La fuerza lo era todo; y él era la fuerza.

Palpatine lo miró con furia, mientras su rostro se descomponía en una mueca.

- ¿Crees que eso me impresiona? Has pagado el precio de tu desobediencia, Lord Vader. Destruido por el poder del lado oscuro que tanto te jactabas de controlar. Y ahora, siervo mío, súplica una muerte piadosa y prepárate para morir.

Pero él no se movió. Se limito a mirarlo con fijeza, como si tratara de determinar que verdades se escondían tras esa máscara podrida de ojos amarillos. Después, lentamente, como el tiempo fuese suyo, se incorporó.

- Mi nombre... – dijo – es Anakin Skywalker.

La respuesta no complació al emperador, cuyo rostro se deformó aún más en una mueca de ira, antes de lanzarse de nuevo contra él.

- Tus débiles habilidades no son nada contra mi – rugió, activando la espada.

Solo que sus ataques ya no eran un problema. Anakin veía los movimientos a cámara lenta, antes de que los realizara, y no tenía ninguna dificultad para detenerlos. Bailó un rato más, acostumbrándose a ese nuevo tipo de lucha, pero pasados unos minutos decidió que ya era suficiente. Tampoco quería arriesgarse.

Palpatine mantenía una respiración agitada y parecía exhausto. Anakin frenó dos estocadas más antes de cortar su espada en dos sin ningún tipo de problema, y con ella su brazo. El emperador cayó de rodillas al suelo, derrotado, con una mueca de total sorpresa y un profundo terror centelleando en sus ojos.

Ankin lo contempló un instante, sopesando sus posibilidades. No podía negar que una parte de él deseaba desesperadamente rebanar su cuello por la mitad de un tajo y librarse por fin de la bestia que había destruido su vida y amenazado la de sus seres queridos. Pero quizá era precisamente ese deseo sin control lo que le frenaba. Se había dado cuenta de las trampas que ocultaba el lado oscuro y había renunciado a él para siempre. No quería arriesgar su decisión por satisfacer la venganza sobre un hombre acabado.

- Desaparece – le dijo –. Eres débil y jamás lograrás vencerme. Márchate lejos y asegúrate de que ni yo ni mi familia volvemos a hablar de ti. De lo contrario – amenazó – te buscaré hasta los confines del universo y te juro que desearas haber muerto este día.

El emperador permaneció en silencio, contemplándolo con incredulidad mientras le daba la espalda. Pero cuando ya se alejaba, un grito de ira estalló de su garganta, y a través del único brazo que aún le quedaba, envió una potente y mortal descarga de energía contra él. Anakin ni siquiera necesito verla, sabía que venía antes incluso de que hubiera terminado de formarla. Elevó la mano y la rechazó, impulsándola hacia su propio creador.

Lo último que vio el emperador antes de carbonizarse, fue su propio rayo de energía aproximándose contra él.

xXxXxXx

La nave salió de la velocidad luz en un punto donde, supuestamente, no debería haber nada. Supuestamente. Por el tamaño podría ser un satélite, pero el esqueleto de metal a medio construir indicaba que estaba diseñado por manos humanas.

- ¿Qué diablos es eso?

Padmé sacudió la cabeza.

- Nunca antes había visto algo semejante. Pero se que Anakin esta allí.

El jedi asintió.

- ¿Tenemos alguna posibilidad de aterrizar?

Padmé mantuvo la nave en orbita alrededor de la estación, como buscando algo.

- Allí –señaló finalmente –. Tiene el sello del imperio, es la corbeta privada del emperador – También había un destacamento de guardias reales –. ¿Crees que podrás con ellos?

Obi-Wan sonrió, agarrando su sable.

- Déjamelo a mi.

Padmé también cogió su propio blaster, enganchándoselo al cinturón.

Si había alguna oportunidad de salvar a Anakin, ambos lo conseguirían.

xXxXxXx

Anakin contempló una vez más la figura carbonizada del emperador. Ya estaba, se había ido; muerto por su propia descarga de energía. Padmé estaba a salvo; sus hijos estarían a salvo. La galaxia entera estaría a salvo.

Junto al alivió de ese pensamiento lo inundó un repentino cansancio. La fuerza lo abandonaba. El poder que hasta entonces había latido en su interior se difuminaba. Ya no era necesario. Y todas las heridas que había sufrido durante la batalla se resentían ahora.

Anakin condujo una mano hasta su abdomen, por donde el láser lo había atravesado, sintiéndose de pronto muy mareado. La visión se le nublaba. Unas voces de fondo le llegaron desde la lejanía, gritos y disparos; y después a alguien pronunció su nombre.

Entonces ya no lo resistió más, y cayó al suelo inconsciente.


Pues hasta aquí llega la segunda parte, intensa, ¿eh? ¿Qué os ha parecido?

Obi-Wan y Padmé llegan a tiempo para salvar a Anni, y este al fin ha conseguido superar su odio y vencer al emperador haciéndose uno con la fuerza. Espero que hayáis quedado satisfechos con la lucha y ningún personaje haya resultado muy OCC.

El próximo capitulo será para el fin de semana que viene, creo, así que espero vuestros comentarios. Por supuesto, agradecer por los comentarios del capitulo anterior a karika-chan (gracias por todos tus reviews, tomodachi, te los agradezco en el alma ^^ Me alegro que hayas disfrutado del fic y espero que sigas leyendo, sayoo!), flordecerezo (muchas gracias! Y hablamos por messenger para resolver tus dudas), Mas (pues ya ves, si que soy mala XD Anakin sobrevivió al anterior capitulo pero en este no lo tengo tan claro... XD Nada tomodachi, toca esperar. Muchas gracias por tu reviews, nos leemos!), kusiki, ireth (pues ya ves que si, un poco cruel... este capi tambien lo he dejado en suspenso, jajja... Pero es Anni no, a él no le puede pasar nada... Gracias por tu reviews, amiga, nos leemos!), MartaQ (jajaja! Todas igual! Quejando porque dejo al probre Anni es suspense... Pues ya ves que con este capi he hecho lo mismo, pero no me mates, que después de todo el sigue siendo Anni... Además, si le paso algo luego tengo que enfrentar la ira de padme, y no es plan... Nos vemos amiga, y gracias por tu reviews, xaooo!), Chiia. Muchas gracias a todas!

Y os dejo ya, que tengo un poco de prisa... Gracias de nuevo y hasta el próximo capitulo...

¿reviews?