Et voilà, se terminó la historia. Espero que os haya gustado leerlo. Con que sea sólo la mitad de lo que yo disfruté escribiéndo, ya me parece bien.

Ahora me he quedado sin ideas, pero cuando se me ocurra algo, amenazo con seguir publicando.

Capítulo X- ¡Todo controlado!

El verano había sido complicado, con la mudanza, el trabajo y las clases de preparación al parto. Habían encontrado una preciosa casa en el mejor barrio residencial, suficiente para albergar a una familia numerosa. Sus vecinos eran Ángela y Hodgins, en realidad ellos eran quienes les habían localizado la propiedad. Booth no estaba muy conforme, porque aquello excedía mucho de sus posibilidades, pero la Dra. Brennan era una autora millonaria en ventas (y beneficios) y la inversión inmobiliaria era una buena opción. Parker disfrutaba de verano en Hawaii con su madre, pero la primera semana de septiembre estaría de vuelta para empezar en el colegio de nuevo y para conocer su nueva casa y a sus hermanitas, cuyo nacimiento era inminente.

La segunda quincena de agosto estaba resultando muy calurosa. No era fácil para una embarazada, con todas las molestias propias de un estado de gestación tan avanzado. Pero por fin todo estaba terminado, la casa amueblada a su gusto, la habitación de Parker dispuesta y también la de las niñas.

Temperance había dormido bien, pero se despertó sintiendo una presión extraña en la parte baja del vientre. No era dolor, pero tampoco era normal, si es que algo podía ser "normal" a estas alturas. Aunque en los embarazos de gemelos se suele adelantar el parto, estas gemelas se encontraban a gusto donde estaban, por lo visto, y no daban señales de querer aparecer en el mundo antes de lo previsto.

Aún no eran las siete, pero se levantó para ver si se normalizaba. Por la ventana podía ver, en el jardín, los columpios y el tobogán que Seeley había estado montando el día anterior. Estaba ilusionado como un niño pequeño. Le miró dormir y sintió ternura por este hombre que tanto la estaba cuidando... hasta extremos exasperantes. No había padre más entregado en las clases prenatales que Seeley Booth. Todas las lecturas recomendadas se las llevaba aprendidas para la siguiente sesión, sabía al dedillo cómo tendría que desarrollarse todo el proceso. "¡Todo controlado!" se había convertido en su lema.

Ya habían decidido que, si todo iba bien, quería un parto natural. Sí a la anestesia epidural, para qué sufrir inútilmente, no a la episiotomía de no ser estrictamente necesaria, no quería cortes y puntos si lo podía evitar... Todo lo material estaba también preparado. El equipaje de ella y de las niñas llevaba dos semanas en el maletero del coche, y cada noche al acostarse dejaban la ropa preparada por si tenían que salir precipitadamente hacia el hospital no tener que ponerse a decidir y buscar qué ropa llevar.

Decidió darse una ducha para ver si se relajaba porque lejos de disminuir, la presión aumentaba. Cuando ya estaba desnuda, un dolor agudo la hizo doblarse. Caramba, esto sí era una contracción. Esperó a que pasara, aguantando la respiración. Ya lo estoy haciendo mal, pensó, en lugar de respirar acompasadamente, dejo de respirar... Bien, parece que todo estaba en marcha. Se metió en la ducha, de todas maneras. Según lo que habían aprendido, en un parto primerizo la primera fase puede durar horas y es mejor tomárselo con calma. Escuchó el carillón del reloj de la sala, las siete en punto. Habría que esperar a ver el intervalo entre las contracciones. Cuando fueran cada diez minutos, era tiempo de ir al hospital. Daba tiempo de sobra porque estaba muy cerca de la nueva casa.

Se lavó el pelo y dejó el agua correr un buen rato, eso la tranquilizaba. De pronto, otra contracción la hizo doblarse de nuevo. Ésta era más fuerte y, caramba, sólo habían pasado unos minutos desde la anterior, ni siquiera creía que llegaran a diez. Se dispuso a salir de la ducha para vestirse y despertar a Booth cuando de pronto sintió que algo viscoso y caliente le corría entre las piernas. No, no podía ser... había hecho pis antes de entrar a la ducha. Y era mucho líquido. Dios mío, pensó, he roto aguas... De pronto le dio la risa, viendo como el líquido corría hacia el desagüe. "Bien, niñas, nos estamos portado muy bien... de momento no hemos manchado nada... A ver si lo seguimos haciendo igual de bien ¿de acuerdo?" Se limpió con agua, se secó y se vistió.

- "Seeley, Seely... Booth... despierta. Tenemos que ir la hospital"

Booth se estaba haciendo el remolón cuando ella empezó la frase... pero al oír lo de "hospital" se sentó en la cama como un resorte, los ojos abiertos como platos.

- ¿Estás bien, qué pasa?

- "Pasa que vamos a tener dos hijas ¿recuerdas? Y parece ser que las vamos a tener hoy, ahora mismo, ¡YAaaaauu!". Al tiempo que lo decía, otra fuerte contracción la sacudió, y se echó en la cama, de lado y encogida. Booth entró en pánico

- "¿Eso ha sido una contracción?"

- "No, es que me da la risa", Temperance apenas se atrevía a respirar todavía... "Espabila, que sólo han pasado cinco minutos desde la anterior... Y ya he roto aguas"

- ¿La anterior? ¿Ya has tenido más? ¿Y has roto aguas?. ¡No puedes haber roto aguas! ¡Eso quiere decir que el parto ya está adelantado...! Booth se movía por la habitación sin coordinar muy bien lo que hacía. Se puso la camisa, cogió de la mesilla de noche el móvil y su cartera, y lo metió en los bolsillos del pecho. Cogió las llaves del coche y se acercó a ella, ayudándola a levantarse.

- ¡Venga, vamos, no hay tiempo que perder! Al mismo tiempo, la empujaba por el brazo hacia la puerta. Ya bajaban la escalera cuado Temperance, en vista de que él no se daba cuenta, le tuvo que advertir que sería mejor que se pusiera los pantalones, y se calzara. El Sr. "Todo Controlado" se disponía a llevarla al hospital en camisa, calzoncillos y descalzo.

Por el camino, Huesos sintió dos contracciones más, bastante fuertes. Booth estaba histérico. Se saltó dos semáforos y destrozó los límites de velocidad

- "No te preocupes, Huesos, está todo controlado"

- "¡AAAAy, como me vuelvas a decir que está todo controlado te machaco la cabeza!"

- "¡Ves, eso también nos lo advirtieron, que durante el parto tendrás ataques de furia y de odio hacia mí porque me haces responsable de lo que te está pasando... pero es normal, está todo controlado..." Temperance le dio una colleja

- "¡Que te calles, que no quiero oírte más, me estás poniendo más nerviosa!".

Al subir al coche, Huesos había llamado al hospital para decir que estarían allí en unos minutos, y que las contracciones eran ya bastante seguidas y fuertes. Le dijeron que su doctora acababa de llegar, iniciaba su turno, así que no habría motivo de preocupación.

Cuando llegaron al hospital (y todo el mundo se enteró, por el espantoso chirrido de los frenos del coche) un enfermero esperaba con la silla de ruedas preparada. Booth le tiró a otro que pasaba por allí las llaves del coche, no pensaba separarse de ella ni para aparcar. A Temperance ya le costaba moverse, la presión era muy fuerte y apenas podía caminar. Ya instalada, con mucha incomodidad, en la silla, se dirigieron a la sala de reconocimiento

La doctora Lewis salió a recibirles, alegremente e intentando tranquilizarles.

- "Veamos si esto va adelante o es una falsa alarma de padres primerizos"

- "Doctora, recuerde, quiero la epidural. Ya he tenido una muestra de los dolores y prefiero prescindir de ellos, gracias". La enfermera la estaba ayudando a desvestirse y la puso una bata del hospital. De pronto, acabando de echarse en la camilla con mucha dificultad, tuvo otra contracción. La doctora, en cuanto la examinó, inició con celeridad el proceso.

- "¡A la sala de partos!" le dijo a la enfermera. "Está completamente dilatada, si esperamos un poco más la primera niña nace aquí mismo... Dra. Brennan ya es tarde para la epidural, el parto está en curso, y bien adelantado"

- "Siento que tengo que empujar..." Temperance sentía el instinto natural de ayudar al bebé a salir, empujando con todas sus fuerzas. Ya llegaban a la sala de partos.

- "Sólo un poco más, sólo un poco más"

Booth, a todo esto, se había quedado con la boca abierta y sin decir palabra desde que la doctora se había hecho cargo. La seguridad de la mujer le daba un poco de confianza, pero cada nueva contracción parecía doler más que la anterior y él se sentía impotente, sólo agarrando la mano de su amor. La última vez, ella casi le parte la mano al apretar.

Ya instalados en el paritorio, la doctora se colocó en su lugar, con su ayudante detrás. Dos equipos pediátricos estaban también esperando para hacerse cargo de las niñas. Con la siguiente contracción, la doctora la autorizó a empujar, tan fuerte como pudiera. La cabeza de la primera niña ya se veía.

- "Bien, todo está bien, bien colocada. Cuando se recupere, tome aire y ¡otra vez!" Temperance empujó con todas sus fuerzas. Booth sudaba a chorros, las piernas le temblaban

- "Venga nena, tú puedes... No sabía qué decir más cuando con otro empujón, la cabeza de la niña salió del todo, y casi inmediatamente sus hombros, y con ayuda de la doctora, el resto del cuerpo. La doctora se la dio a la enfermera que la cogió con una toalla. Le pinzaron el cordón y le ofrecieron a Booth que lo cortara. Booth cortó el cordón de su primera hija, y acto seguido, se cayó redondo.

- "Bien, esto sigue..." la doctora maniobraba para ayudar a la segunda niña a colocarse. "Está bien, ya se ha encajado también, va rápido" Temperance miraba a su hija, que había empezado a llorar con voz potente. La enfermera aspiró a la niña las flemas y mucosas, le limpió un poquito la cara y se la puso encima del pecho. Temperance no pudo menos que llorar de alegría. Tenía una cara redonda, con nariz chata y ojos hinchados y apretados, la cabeza pelona, estaba toda roja... y era la niña más preciosa del mundo. Booth se recuperaba de su desvanecimiento, ayudado por una enfermera. Cuando vio a la niña encima de su madre, casi se desmaya otra vez. Ahora él también lloraba.

- "¿Tan fea te parece?" Huesos no podía evitar tomarle el pelo. Un hombre tan curtido como él, hecho una Magdalena. Él apenas podía hablar.

- "¿Fea? Es lo más bonito del mundo. Es hasta más guapa que su madre..."

Otra contracción le recordó a Huesos que su trabajo no había terminado todavía. Empujó con todas sus fuerzas, y como antes, la niña coronó para acto seguido, en otro par de empujones, salir tan limpiamente como su hermana.

- "Y aquí está la segunda pequeña Booth", la doctora se reía con satisfacción. Pocas veces un parto de gemelos, y de una primeriza, se había resuelto de manera tan natural y rápida. Y que nacieran dos niñas de semejante tamaño, más raro todavía. Eran grandísimas, eran grandes incluso para haber sido un bebé único.

Esta vez, Booth no se desmayó al cortar el cordón de su segunda hija, y pudo contemplar como le sacaban los fluidos de sus vías respiratorias, no sin protestas por parte de la niña.

Cuando le colocaron a la madre la segunda niña unos momentos sobre el pecho pudieron advertir que la ciencia no engaña. Gemelas idénticas. La misma cara redonda, la naricilla... pero más cara de cabreo. No paraba de llorar, y con un apreciable nivel de decibelios para salir de un ser tan pequeñito. Su hermana se contagió y le hacía los coros mientras la pediatra la iba examinando y haciendo las primeras pruebas

- "No se preocupen, es bueno que lloren, ayuda a despejar por completo sus vías respiratorias"

Aún tenían que esperar la expulsión de la placenta y comprobar que todo seguía su curso correcto, que el útero no sangraba y se empezaba a contraer espontáneamente. La placenta era enorme, porque era única para las dos niñas. Mientras continuaban su trabajo, médicos y enfermeras hacían sus tradicionales apuestas...

- "Apuesto por 3 Kilos 100 gramos la primera y 3 kilos 60 gramos ésta". Los doctores y enfermeras solían apostarse un desayuno calculando el peso de los bebés que traían al mundo

- "Pues yo... 3 kilos 50 gramos", le dijo la enfermera pediátrica. "Y la primera... 3 kilos 80 gramos. ¡Son enormes!" Cada uno iba diciendo el peso por el que apostaba, hasta que, ya limpias, el pesabebés lo hizo oficial: 3 kilos 90 la primera niña y tres kilos sesenta la segunda... Sorensen, la joven doctora en prácticas del primer equipo pediátrico acertó de pleno. Había demostrado tener ojo "clínico" para los pesos. Los del equipo de obstetricia les debían un desayuno a los pediatras.

Ahora las niñas ya estaban en sus cunitas, pero continuaban llorando. La jefa de pediatría le dijo a la enfermera que las pusiera en la misma cuna. El efecto fue inmediato, ambas dejaron de llorar

- "Creemos que los gemelos se echan de menos, el estar juntas les da seguridad y les calma. El parto es un gran trauma para los bebés, cambian de ambiente, de mundo... y éstas dos han estado juntas hasta ahora... la pérdida de contacto físico entre ellas tiene que ser gradual".

Los resultados de las primeras pruebas confirmaron que las niñas eran sanas y despiertas. Sólo quedaba subir a la habitación y muy pronto intentar que comenzaran a mamar...

A las diez de la mañana ya estaban instaladas en una preciosa habitación de la clínica

- "A partir de ahora, lo de ponerlas al pecho y demás es lo más fácil", decía Booth, ya recuperado totalmente. "Lo hemos visto en las clases... Está todo controlado"

Temperance le acertó de pleno en la cabeza con la almohada

Booth se dedicó un rato a sacar fotos a sus niñas con el teléfono, para después hacer un envío masivo. Llamó a Parker, que estuvo hablando también con Huesos. Llamó a Ángela, que dejó todo lo que tenía entre manos y se dirigió hacia la clínica, acompañada de Cam.

En un momento de relajación, Seeley Booth se acercó a su Huesos y la besó en los labios, el beso más dulce que nunca le hubiera dado.

- "Gracias, gracias por hacerme le hombre más feliz del mundo..." Ella se rió bajito. "Eres una mujer extraordinaria, eres... una diosa".

- "Amén, Seeley. Ya te lo recordaré cuando se te olvide"

Fin

Gracias por todos los comentarios tan bonitos que habéis enviado. Creo que no se merecen, sois muy amables.

Paz