Capítulo 10

Poco más de una semana había pasado desde aquel domingo familiar, días que habían pasado para Candy sin ver ni una sola vez a Terry, ¿el castigo lo excluía acaso de las clases y todo contacto social? Pese a que sabía que representaba una traición el ansiar ver al castaño, la rubia no podía engañarse y pretender que poco le importaba la suerte de aquel chico que en un principio creyó engreído. Pese a las circunstancias, también sentíase emocionada ante la noticia del Festival que sería celebrado el mismo mes de su cumpleaños pero fue entonces cuando surgió una duda más en ella, ¿cuándo sería el cumpleaños de aquel chico? Y, la más importante, ¿tendría con quién festejar aquella fecha? La respuesta obvia para ella era con su familia pero algo en su interior le advertía que tal vez él estaría solo.

-Paty – habló Candy a su amiga una vez que las clases finalizaron - ¿Cuándo se está en el cuarto de meditación por castigo, se excluye también de clases?

La chica reflexionó la pregunta.

-Sólo sé que se te excluye de actividades extra escolares – respondió ella – Pero hasta donde sé siempre les permiten estar en clases, ¿por qué lo preguntas?

Candy negó con la cabeza.

-Por ningún motivo, sólo deseaba estar informada en caso de ser castigada – respondió risueña

-¡Candy! – le riñó Paty

La rubia encogióse de hombros.

-Debo irme, te veré en el desayuno – dijo, alejándose

-¡Candy, espera! ¿A dónde vas?

La aludida sólo sacudió una mano, alejándose de donde se hallaba.

-Perdona Paty – pensaba Candy – Pero debo saber qué ha pasado con Terry

-Paty – llamó Anthony en compañía de sus primos - ¿Has visto a Candy?

Paty, al percatarse de la presencia de Stear, sonrojóse con intensidad.

-Creo que le gustas – murmuró Archie a su hermano quien se sonrojó de igual forma

-¿Quieres dejar de decir tonterías? – le riñó el mayor

-¿Paty? – insistió Anthony sonriente ante la reacción de la chica y su primo

-Oh, bueno, verás… Hace poco estaba aquí pero me dijo que tenía que irse y nos veríamos en el desayuno

-¿Irse? ¿A dónde? – preguntó Anthony extrañado

-No me dijo, sólo se fue – respondió ella, tratando de disimular su sonrojo

-¿Hacia dónde se fue?

-Hacia allá – señaló Paty el lugar

-Sera mejor que la busque antes de que se meta en un lío – murmuró, dispuesto a buscar a su amada

-¡Anthony! – aquella voz irritó tanto al aludido como a los hermanos Cornwell - ¡Me da tanto gusto haberte encontrado!

La pelirroja tomó del brazo a Anthony.

-Eliza – suspiró resignado el rubio

-Desayunarás conmigo, ¿cierto?

Los hermanos intercambiaron risas burlonas.

-Por supuesto – respondió no muy convencido de ello

La chica, rebosante de alegría, se aferró fuertemente al brazo de éste, iniciando la caminata hacia el comedor.

-Paty – habló Archie - ¿Por qué no nos acompañas a mí y a mi hermano?

Los colores subieron al rostro de la chica.

-¡No es posible! – respondió impulsivamente

Stear propició un codazo a su hermano al ver la risilla de éste.

-Insistimos, Paty – habló el moreno – Sería un placer si nos acompañas

No esperando respuesta por parte de la chica, ofreció galantemente su brazo para escoltarla al comedor.

-Gra… gracias – murmuró sonrojada

-No te angusties, hermanito – murmuró Stear a Archie – Muy pronto llegará tu dama a este colegio

La sonrisa huyó del rostro de Archie para ser reemplazada por molestia, ¡esa chiquilla le irritaba profundamente!

Anthony, fingiendo prestar atención a las palabras de Eliza, trataba de adivinar qué era lo que pretendía Candy, ¿le estaría ocultando algo?


Mientras todo esto sucedía, Candy corría a través de los árboles en dirección al cuarto de meditación donde estaba segura que Terry estaría. Habiendo llegado finalmente al edificio, posó su vista en la habitación buscado, sonriendo triunfante al ver la ventana abierta. Inspirando hondo, inició la escala hacia la habitación. Una vez en el techo, se aferró cuidadosamente a las paredes para asomarse por la ventana en donde divisó a Terry recostado en su cama en medio de la oscuridad de su habitación, ¿estaría enfermo acaso? Agradeciendo su condición, ingresó a la habitación.

-Terry… murmuró sin saber si era preferible despertarlo o no – Terry, ¿te encuentras bien?

El chico abrió sus ojos ante el susurrar de la chica.

-Vete de aquí – farfullo con voz ronca

La chica no entendió el por qué de su tono.

-Sólo quería saber si te encontrabas bien – dijo ella, acercándose un poco más

-Estoy bien, gracias, ¡ahora largo!

Candy sintió deseos de llorar ante la actitud de Terry pero se negaba a alejarse.

-¡No me iré de aquí hasta saber por qué no has asistido a clases! – habló con puños cerrados

El corazón de Terry se encogió al intuir que la había lastimado pero no podía permitirse el que ella lo viese en el estado en que se encontraba.

-No es asunto tuyo, vete antes de que alguien te escuche – dijo casi en súplica

-Terry – se acercó un poco más – Confía en mí

El problema no se trataba de confianza, se trataba de protección. Sabía que el corazón de la chica era demasiado noble y bondadoso como para exponerlo a la cruda realidad de él.

El aire se tensó al escucharse el tintineo de unas llaves que indicaban que alguien estaba a punto de abrir la puerta. Candy sólo atinó a ocultarse en el armario y rogar por no ser descubierta y traer más problemas a Terry por su imprudencia. El padre Kleid hizo acto de presencia con un cesto entre sus manos, inspeccionando con la mirada la habitación.

-Por desgracia no podemos matarte de hambre – murmuró, dejando la cesta con comida en el suelo y a su vez sonriendo – Espero y puedas levantarte por tu comida

Los deseos de derramar lágrimas aumentaron en Candy al escuchar la crueldad de aquel hombre que decía profesar la palabra de Dios.

El hombre se acercó hasta donde Terry.

-Los bastardos como tú no merecen el premio de la vida – murmuró

-Creo que no soy el único bastardo presente – respondió Terry

El hombre se incorporó, descargando su manaza sobre la espalda de Terry quien reaccionó con un arqueamiento de espalda.

-Dentro de unos días aumentarán el número de azotes – comentó satisfecho – ¡Feliz cumpleaños por adelantado!

Habiendo dicho estas últimas palabras, salió el hombre, echando llave nuevamente a la cerradura.

No fue hasta que escuchó los pasos alejarse que Candy salió con lágrimas en los ojos, arrodillándose a un lado de Terry quien se negaba a dar la cara, permitiendo así que ella viese las recientes marcas de azotes en su espalda.

Candy llevó una mano vacilante a sus labios, sollozando al tratar de imaginar el dolor en Terry.

-¿Por qué lloras, pecosa? – preguntó él con el corazón encogido – Sanarán estas heridas

-¿Y las heridas en tu corazón? – preguntó entre sollozos

-¿A caso no es ese encargo de tu Dios? – preguntó sarcástico

-¿Crees en Él, Terry?

-Solía creer en Él – respondió casi para sí

Por más que tratara de imaginarlo, Candy jamás podría entender por todo el dolor por el que estaba pasando Terry. Sin titubear, desprendió de su cuello la cruz que la señorita Pony le había obsequiado al ser adoptada por los Legan pues sabía que no era ella quien más la necesitaba sino él.

-Terry, mírame por favor – suplicó, tomando la mano de él

El sentir la cálida mano de ella estrechar la suya, giró su rostro hasta toparse con la mirada verduna. Una calidez mayor le embargó al ver que ella le sonreía cálidamente.

-Esto es para ti – dijo ella, depositando el crucifijo en mano de éste

Terry observó la cruz que destellaba un brillo que proporcionaba paz a su alma. Solía renegar de su carencia de fe pero era ahora que caía en la cuenta de que, muy en el fondo, no era deseo suyo el perder aquella inocencia que antaño le hacía creer en firme.

"Recuerda mi niño, la cruz sin inocencia es sólo hierro"

Aquella frase la había escuchado hacía mucho tiempo por parte de su madre.

Apretando los labios para contener las lágrimas, aferró aquel crucifijo que había traído paz a la tempestad desatada en su interior.

-Gracias, Candy – agradeció de corazón, haciendo un intento de sonreír

La carga en su dolido corazón se hizo más ligera al no sentirse tan sólo como creía.

Enjugándose el rostro, Candy aproximó la cesta con alimentos.

-Debes comer algo – dijo ella, sacando los alimentos proporcionados

-No tengo hambre – dijo él, volviendo a su actitud melancólica

-No digas tonterías, ¡pensé que era un mounstruo lo que rugía!

El comentario causó gracia al castaño quien dejó escuchar su risa.

-Además, tienes que estar fuerte y sana para el festival de Mayo

-¿Por qué habría de interesarme un tonto festival?

-Es en ese mes mi cumpleaños, ¡qué mejor razón que esa!

-¿En verdad? – posó su vista en el suelo – Eso explica por qué florece la alegría cuando uno está cerca de ti, pecosa

La rubia se ruborizó ligeramente ante el comentario de Terry.

-¿Cuándo es tu cumpleaños? – preguntó para cambiar el rumbo de la conversación

-Intenta adivinar – respondió él

-Al menos una pista – dijo ella

El chico meditó.

-De acuerdo, te daré una pista – acordó – Nací un día antes del día en que se estrenó Romeo y Julieta de William Shakespeare

-Eso no es justo, ¡ignoro ese detalle! – protestó ella

Terry sonrió.

-Tendrás algo en qué pensar – agregó

La chica refunfuñó, acercando la comida a labios del castaño quien lo tomó de buen gusto, agradeciendo la ayuda de Candy para poder comer. La verdad era que no había probado bocado en días a causa de sus heridas que le impedían siquiera moverse.


El desayuno se llevaba tranquilamente en el comedor. Anthony, tratando de encontrar sentido a la plática de Eliza quien no paraba de parlotear. Stear y Paty, intercambiando de vez en cuando tímidos comentarios que eran abruptamente irrumpidos por los sonrojos. Archie, farfullando molesto al recordar que Annie Britter se cambiaría muy pronto a San Pablo. No obstante, toda esta tranquilidad se vino abajo al notar la hermana Gray que la estudiante Candice White Andrew estaba ausente.

-¿Quiere alguien informarme en dónde está la señorita Candice? – preguntó a los estudiantes

Todos intercambiaron miradas nerviosas.

-Es costumbre de ella la falta de modales – respondió Eliza

-Señorita O'Brien, es usted compañera de Candice, ¿sabe acerca de su paradero?

La aludida se puso nerviosa al no saber qué responder.

-No… no lo sé, hermana Gray – respondió insegura

-Espero por su propio bien que esté diciendo la verdad – amenazó la mujer severamente, alejándose del lugar


-Será mejor que regrese al comedor – dijo Candy en cuanto se aseguró de haber hecho probar a Terry hasta el último bocado de la cesta

-Gracias por todo, Candy – dijo honestamente

Ella le sonrió, colgándose a la ventana.

-No tienes por qué agradecer, volveré en la noche para curar tus heridas – dijo, saliendo del lugar

-Estaré esperándote – murmuró en cuanto la vio salir

Candy, escuchando la campana que alertaba a los estudiantes del inicio de las clases luego el desayuno, corrió hasta el saló, rogando que las hermanas no hubiesen notado su ausencia. Respirando aliviada de haber llegado puntual a la clase, tomó su asiento tratando de recobrar el aliento.

-¡Candy! – Paty se acercó en seguida - ¿En dónde has estado? ¡La hermana Gray te ha estado buscando!

¡La hermana Gray! Candy necesitaba de un milagro para no ser retada por la monja.

-Estoy metida en un lío – murmuró Candy horrorizada

La mujer, como siendo invocada por las estudiantes, hizo acto de presencia, posando su severa mirada en la desaparecida estudiante.

-Candice White Andrew, haga el favor de acompañarme a la oficina

-Sí, hermana Gray – dijo Candy, poniéndose en pie

-Buena suerte, huérfana – murmuró Eliza con una sonrisa

Candy le dedicó una mirada hostil, limitándose a seguir a la mujer.

-Dígame, señorita Candice, ¿en dónde estuvo durante el desayuno?

La chica no sabía cómo zafarse del problema.

-Lo siento, hermana Gray pero me sentía algo indispuesta y decidí ir a caminar un poco para tomar algo de aire fresco – se excusó

La mujer le escudriñó con la mirada.

-Dudo mucho de su explicación – dijo la hermana – Y la ausencia repentina amerita castigos, señorita Andrew, así que me veré en la necesidad de cancelar su participación en el festival de Mayo

-¿Qué? Pero…

-No podemos permitir que los estudiantes hagan lo que se les venga en gana, ¡eso desataría el caos en esta Institución!

No queriendo desatar más la rabia de la mujer, Candy prefirió no protestar, especialmente porque no deseaba ser recluida y abandonar a Terry en el estado en que se encontraba.

-Entiendo, lamento mi falta – se disculpó, tratando de contener la ira de la monja

-Es un consuelo el ver al menos que existe algo de educación en usted, puede retirarse

Haciendo una leve reverencia, salió de la oficina entre suspiros, ¡suspendida de la primera actividad que realizaría en el colegio! Sin más que decir, regresó al aula.

-¿Qué te ha dicho la hermana Gray? – preguntó Paty apenas tuvo la oportunidad de hablar con su amiga

-Me han suspendido del festival de Mayo – respondió Candy apagadamente

-¿Suspendido? Oh, Candy… lo siento en verdad

-No importa, Paty, fue culpa mía al ausentarme sin aviso alguno – respondió Candy

-¿Por qué tuviste que ausentarte, Candy? – preguntó consternada

La chica pensó en Terry y el diálogo que presenció estando oculta en el armario.

-No puedo decírtelo, Paty – respondió ensimismada en sus pensamientos

Paty posó una mano sobre el hombro de Candy, mirándola consternada.

-Candy, eres mi amiga y no quisiera que te metieses en más líos – dijo la de gafas

Candy le sonrió.

-No debes preocuparte, Paty – dijo – No he hecho nada malo o algo de lo que deba avergonzarme, es sólo que no puedo decirlo por respeto a otra persona

-Comprendo, Candy, lo siento

-No te disculpes, Paty – la chica recordó la fecha que dio como pista Terry - ¡Es verdad! Paty, ¿sabes cuándo fue el estreno de la obra Romeo y Julieta?

-¿Romeo y Julieta? – la chica se ajustó la gafas, tratando de hacer memoria – Veamos, déjame recordar… ¡Lo recuerdo! Fue en el año de 1595 un 29 de enero, aunque no podría estar realmente segura del año puesto que varias obras de él fueron publicadas cerca de la misma fecha

-¡Vaya! Es asombroso que tengas muchos conocimientos, Paty – admitió Cady, reteniendo la fecha

-Agradezco tu cumplido, Candy pero, ¿por qué la pregunta?

-Es un reto que me han puesto – explicó – Un reto para poder descifrar una fecha importante

-Ya veo

Las clases pasaron rápidamente, llegando la hora de cenar y, pasada la cena, llegó la hora de dormir más no para Candy quien salió con lo necesario hacia la habitación donde se hallaba Terry, dispuesta a sanarlo tanto física como espiritualmente.

-¿Terry? ¿Estás despierto? – preguntó la chica en cuanto ingresó a la habitación

La joven guardó silencio al verle dormir pacíficamente con un libro en su mano. Con el cuidado de no importunarlo, retiró el libro de entre sus manos, leyendo las letras en la portada.

"Romeo y Julieta"

William Shakespeare

-Debe agradarle mucho este libro – se dijo al recordar la fecha de publicación de dicho libro

Hojeó curiosamente el libro, encontrándose con la sorpresa de que gran parte de éste se hallaba subrayado en rojo. No pudiendo contenerse, leyó el primer subrayado escogido al azar.

*Romeo.- ¡Oh, ella les enseña a las antorchas a brillar! Parece estar pendiendo sobre la mejilla de la noche como una rica joya en la oreja de etíope… ¡Una belleza demasiado delicada para usar, demasiado adorable para ser terrenal!

Candy recordó inmediatamente aquellas líneas escritas en la hoja que se encontró la otra noche, ¿Terry la había escrito? Sus mejillas se tiñeron de rojo al recordar sus deseos "Ojalá puedan estar juntos" ¡Había deseado sin saber que tanto él como ella estuviesen juntos! Sacudiendo su cabeza, depositó el libro sobre la mesilla al tiempo que Terry abría los ojos.

-¿Candy? – preguntó confuso

-Lo siento, no quise despertarte – murmuró ella, acercándose en seguida

-No lo sientas, temía que no regresarías

-Podré no ser una dama pero siempre cumplo con mis promesas – respondió, vertiendo agua en el trasto que había traído consigo

-¿A qué te refieres con dama? – preguntó sin apartar la mirada de ella

Candy enjugó los paños sobre el agua, exprimiéndolos y descubriendo la espalda del chico para iniciar el proceso de curación.

-Una persona hermosa, frágil y graciosa – explicaba al tiempo que limpiaba cuidadosamente las heridas – Una mujer siempre bien arreglada y de piel tersa, con manos perfectamente cuidadas

Terry se apoyó sobre un brazo, tomando la mano humedecida de Candy.

-Eres hermosa – murmuró, acariciando con el pulgar la palma de Candy a lo que en seguida ella retiró las manos para observarlas con detenimiento

-No digas tonterías, Terry – dijo mientras sentía lo rasposo de sus manos – Nunca tendré las manos de una dama

-No necesitas de una cara o piel bonita – explicó Terry – Una verdadera dama es aquella que conoce el verdadero trabajo; aquella que, sin importar su posición social, trata a todos como humanos y no como títulos de nobleza, ¿lo entiendes?

La chica le miró no muy convencida.

-Candice White Andrew, eres una valerosa dama para mí – dijo firmemente sin despegar sus pupilas azuladas de las de ella

La chica nuevamente sintió el rubor subir a sus mejillas.

-Gracias, Terry – dijo, volteando el rostro hacia la pileta con agua

Tal vez humildad no era el segundo nombre del castaño pero, cuando se trataba de Candy, podía sentirse el hombre más humilde de corazón porque ella lo impulsaba a serlo a diferencia de su padre que lo orillaba a tomar el papel de un Duque que cree estar por encima de todos, ¿compartiría algún día su padre la misma filosofía que él?

-28 de enero – dijo ella repentinamente

-¿Eh?

-Tu cumpleaños es el día 28 de enero – reiteró ella

Terry sonrió. No pensaba que ella en verdad se aferraría a saber aquella fecha.

-Estás en lo correcto, pecosa – aceptó él

Ella sonrió triunfal.

-Tal parece que los dos estaremos destinados a festejar nuestros cumpleaños cumpliendo un castigo – agregó Candy

-¿A qué te refieres?

-La hermana Gray me ha suspendido del festival – explicó ella

-¿Te…? Candy, lo siento… Fue culpa mía el que te hayan suspendido

-No te sientas tan importante, señor Terrence – dijo bromeando – Recuerda que fui yo quien tomó la decisión de venir y permanecer aquí

-No es justo el que te hayan privado del evento – farfulló él – Pero no te preocupes, pecosa, encontraré la forma de retribuirte esto

Candy dejó escapar una risilla.

-Estaré esperándolo – dijo ella

Continuará…


*Diálogo tomo del Acto I, Escena V del libro Romeo y Julieta de William Shakespeare