DEFENSORA DE LA HUMANIDAD

NOTA DEL AUTOR – Una vez más, mi gratitud al misterioso Guest por su nueva review. ¡Gracias!


CAPÍTULO 10 – AMIGOS

Publicado el 12 de mayo de 2019, con una extensión de 3.329 palabras.


–Por cierto, Armin está bien –interrumpió de pronto otra voz, completamente distinta–. Vamos, lo digo por si le interesa a alguien.

Sasha abrió mucho los ojos. "¡Ymir! Casi se me había olvidado… Hace ya un rato que no se le oía."

La pecosa deambulaba no muy lejos, por la calle, dando una vuelta tranquilamente alrededor del Titán Rebelde; con expresión de atenta calma, y las manos sobre las empuñaduras de sus espadas, se aseguraba de que no hubiese más enemigos cerca.

Eren, desde luego, no estaba tan relajado.

–¿Qué coño se supone que significa eso? –replicó el moreno, frustrado, desde la nuca del gigante medio deshecho–. ¡Pues claro que me importa! Armin es mi mejor amigo. ¡Joder! Si creía que lo último que iba a hacer, antes de morir, era sacarle de la boca de ese titán… –Apretó una mano contra su frente; dejó escapar un resoplido–. Mierda, ahora tengo muchas cosas en la cabeza, ¿vale? Todavía estoy intentando hacerme a la idea de que puedo transformarme en un puto titán, aún no recuerdo todo lo que ha pasado…

Entonces se llevó la misma mano al cuello de la camisa, como si buscase algo. "Sigo sin recordar," pareció decir.

–Ymir, creía que ya te habías marchado con los demás –intervino Mikasa, con tono neutro; permanecía al lado de su compañero, sobre el titán caído. Sus ojos negros casi ocultaban el desasosiego de saber que, en circunstancias normales, el muchacho habría muerto (y ella no habría podido hacer nada para evitarlo).

–Bueno, ahí arriba ya empezaba a haber poco sitio para los tres. –La morena pecosa se encogió de hombros–. Además, en cualquier momento vuestro titán se va a venir abajo, cual leña que se desmorona al llevar un rato ardiendo. –Era cierto que, cada vez, había más humo–. No me digáis que no os habíais dado cuenta… –Sonrió con expresión burlona–. Por mí podéis quedaros en lo alto, si queréis. Desde aquí abajo se verá bien el porrazo, ¡va a ser espectacular!

–¿Acaso todo es una broma para ti? –replicó Mikasa, frunciendo apenas el ceño.

De pronto, Ymir dejó de sonreír. –Me parece que sois vosotros, los que no os tomáis esto en serio. No seré yo quien os impida discutir sobre el sentido de la vida, y todo eso, pero quizás sería mejor no hacerlo en mitad de una ciudad infestada de titanes.

Se hizo un silencio tenso; cada vez más incómodo, conforme pasaban los segundos.

Braus tuvo de repente una idea y se fue levantando poco a poco, hasta erguirse en todo su esplendor de quince metros. "Desde aquí arriba, parecen todavía más pequeños…" Comprobó que los demás le observaban, sintiéndose extrañamente complacida por la expectación en sus miradas; y señaló, con un brazo, en una dirección muy concreta.

–Ah, ya veo. –Ymir asintió, aprobadora–. ¡Bien pensado! El Cuartel General, ¿eh? Sí, deberíamos volver…

–Creía que habías dicho que teníamos que salir de la ciudad –refunfuñó el moreno, entrecerrando sus ojos grises.

–Niño, no pongas palabras en mi boca. No dije salir de la ciudad, me refería a evitar las calles. Y en cualquier caso, tanto si nos quedamos en Trost, como si abandonamos el Distrito, te hará falta un nuevo equipo de maniobras. Seguro que en el Cuartel General encontramos alguno de recambio.

–Eren, ¿necesitas que te lleve a caballito? –preguntó de súbito Ackerman–. Puedo hacerlo, si quieres.

Su tono seguía siendo tranquilo y neutro, como antes. "Difícil saber, si lo ha dicho o no en broma…"

Yeager, a juzgar por su expresión (otra vez aquella especie de dignidad ofendida), pareció tomárselo en serio. –No soy un crío, Mikasa –masculló entre dientes apretados, fulminándola con la mirada.

Sasha dejó escapar un hondo suspiro; se pasó una mano por la cara, luchando contra la tentación de volver a discutir con el muchacho. "Ni siquiera sé para qué lo intento… ¡Es como darse cabezazos contra una pared!" Además, Ymir tenía razón. "Si así no vamos a solucionar nada ahora, lo mejor será que nos marchemos de aquí."

Resopló una vez más y se agachó de nuevo; al igual que antes, el chico pareció inquietarse más que la oriental. La joven gigante no dijo nada y se limitó a acercar las manos, formando cuidadosamente un cuenco con ellas, para que su compañero pudiese sentarse resguardado en aquel hueco.

"¡Vamos, Eren!" La de Dauper animó mentalmente al moreno; trató de sonreír (solo un poco). "No te dejaré caer, te lo prometo."

Yeager avanzó lo suficiente para poder tantear una de aquellas manos con su pie; concretamente el izquierdo, el mismo que llevaba descalzo tras perder la bota.

Braus sintió de pronto cosquillas y tuvo que contener la risa; aun así, se le escapó un resoplido por la nariz y no pudo evitar moverse un poco. Eren retiró el pie con rapidez; se veía que no terminaba de fiarse del todo.

"Vamos, hombre." Sasha continuó insistiendo. "Sacaste a Armin de la boca de un titán. ¡No irás a decirme que tienes miedo ahora!" La gigante de quince metros frunció ligeramente el ceño, más seria. "Sabes que no voy a hacerte daño, ¿verdad? O si prefieres…" ¿Por qué tendría que sentirse dolida? Seguramente, lo que fastidiaba al suicida era depender de otros, para algo tan sencillo como desplazarse por la ciudad. "El Cuartel General no está tan lejos, puedes ir caminando y nosotros te cubriremos las espaldas. Aunque tampoco pasaría nada, por dejar que Mikasa te llevara… ¿O te sientes capaz de transformarte otra vez?" Echó un vistazo al Titán Rebelde, ya prácticamente irreconocible. "Porque dudo que te sirva de mucho, volver a meterte ahí dentro."

Yeager seguía sin parecer muy convencido, pero debió valorar sus opciones; al final, eligió la que él consideraba menos mala.

El muchacho asintió silenciosamente, con una mirada de determinación, y fue sentándose con delicadeza, entre las manos de la titán; todavía hubo algún titubeo, mientras cruzaba las piernas, tratando de ponerse cómodo al mismo tiempo que buscaba una postura lo bastante estable.

"Je, puedes estar tranquilo… No creo que vayas a hacerme daño."

Eren se había colocado de tal forma que podía ver lo que tenía enfrente, al igual que ella. Echó la cabeza hacia atrás y la miró con sus ojos grises; una expresión gruñona, con un rastro de aprensión, aunque la confianza iba siendo cada vez mayor.

"¿Sabes? No es tan distinto de llevar en las manos un pajarillo… ¡Un pajarillo muy gordo!" Braus sonrió y juntó un poco más los dedos, acariciando distraídamente con el pulgar los cabellos del moreno; notó que aquel cuerpecillo se tensaba un instante, para enseguida relajarse de nuevo. Su compañero, a pesar de las dudas, le devolvió la sonrisa; quizás algo inquieto, pero sin resentimientos.

Sasha no pudo evitar sentirse contenta… y también, la verdad, un poquito culpable. "Lo siento, Mikasa. Sé que te gustaría ir con él, pero sólo hay sitio para uno." Le dedicó una cauta mirada a su amiga; y no le costó ver, en los bellos rasgos orientales, cierta impaciencia mezclada con resignación. Aquellos ojos negros reflejaban un discreto cansancio, un abatimiento que iba más allá de lo meramente físico. "Ay… Si no fuese porque tengo que sujetar a Eren, te daría un abrazo. O te acariciaría un rato."

De pequeña, había dedicado más tiempo al tiro con arco que a jugar con muñecas; y sin embargo, con la diferencia de tamaño, su compañera tenía algo de adorable que la impulsaba a tomarla en brazos. "Aunque si lo intento ahora, lo mismo me mete un espadazo… ¿Quizás en otro momento?" Le sonrió con timidez (o al menos todo lo tímida que podía ser una titán) y se encogió ligeramente de hombros, tratando de hacerle entender-

"Hey, espera… Se me ha ocurrido una idea. ¿Ymir?"

"Sí. Aquí estoy," contestó mentalmente la morena. "En el mismo sitio en el que estaba antes. ¿Qué necesitas?"

"Bueno, es por Mikasa. No quiero dejarla al margen, ni que se sienta sola… ¿Podrías subirte a uno de mis hombros, como hiciste antes? Y luego la animas a ella, para que se suba al otro."

"¡Vaya! Qué considerada… Vale, allá voy. Procura no soltarme un manotazo por accidente, ¿eh? Que solo soy yo."

Sasha sintió que se le erizaban los pelos de la nuca, al oír el inconfundible sonido de un equipo de maniobras, cada vez más cerca, despertando su instinto de proteger el punto débil destruir la amenaza-

Tuvo que respirar hondo y obligarse a recordar que solo era Ymir.

Notó un pinchazo en el hombro izquierdo, que no le llegó a doler; y por el rabillo del ojo, pudo ver a la sonriente pecosa, colocada una vez más allí, como si no fuese nada.

–Qué. ¿Nos vamos? Ya hemos pasado suficiente tiempo aquí.

Mikasa solo parecía un poquito sorprendida. –¿No le molesta que hagas eso?

–No que yo sepa. Dime, Braus. ¿Te duele que me sujete así con el equipo de maniobras? –La chica titán negó lentamente con la cabeza–. ¿Ves? ¡No pasa nada! Venga, Ackerman. Súbete tú también, que hay sitio en el otro hombro.

La oriental todavía dudó un momento más. –¿Estás segura, Sasha? –Ahora la gigante asintió; la joven de la bufanda le devolvió silenciosamente el gesto, con un tenue brillo de agradecimiento en sus ojos negros.

Mikasa, tranquila y neutra, le dedicó una sutil mirada a Eren; y con la misma gracilidad de siempre, enseguida estuvo subida al hombro derecho.

–¡Bueno! ¿A qué esperamos? –bromeó Ymir–. ¡Arre! Al Cuartel General. ¡Al trote, al trote!

Sasha resopló por la nariz, conteniendo una risilla. Se levantó con cuidado y, sin hacer mucho caso del consejo de su camarada, fue caminando despacio; procurando dar cada paso con calma, para no agitar a sus compañeros.

Y con un pequeño rodeo, dejó atrás el humeante cuerpo del Titán Rebelde; o lo que quedaba de él. Aunque en realidad, aquellos restos no eran más que un cascarón vacío. "Tengo al auténtico Rebelde entre mis manos." La cazadora de Dauper se alegró al pensar en el impetuoso muchacho; a pesar de tantas adversidades, algunas cosas sí habían salido bien.

Yeager, por su parte, miraba al frente pero de vez en cuando también echaba un vistazo a las otras dos soldados, con un algo que quizás era envidia.

–Entonces, ¿de verdad encontraremos en el Cuartel lo que necesitamos? –preguntó, antes de que el silencio se volviese incómodo–. Creía que solo había recambios para el gas y las espadas. En el Ejército siempre han sido muy quisquillosos con los equipos de maniobras, me extraña que tengan ahí para que pueda cogerlos cualquiera que pase.

–Normalmente tendrías razón –contestó Ymir, más seria de lo habitual–. Pero algunos soldados murieron allí dentro. Ellos ya no van a necesitarlos.

Durante unos segundos, nadie dijo nada.

–Va a ser difícil encontrar uno intacto –prosiguió Eren, en voz baja–. Si se los comieron los titanes…

–Bueno, hay uno que seguro que no tiene ese problema –respondió la pecosa, con una sonrisa amarga–. Vamos, al menos su equipo estará intacto. –A continuación añadió unos cuantos gestos, bien explícitos, imitando a alguien que se metía una pistola en la boca y luego apretaba el gatillo; incluso se las apañó para hacer como que se le esparcían los sesos.

El chico se le quedó mirando un momento, callado, incrédulo; después frunció el ceño y volvió la vista al frente, con aire frustrado.

–Puto cobarde –murmuró.

–¡EH! –espetó Ymir, tan de repente que la joven titán casi dio un salto–. ¿¡Pero tú qué te has creído, niñato de mierda!?

Yeager se recuperó con rapidez de su aturdido silencio. –¿¡Y se puede saber a qué coño ha venido eso!? –explotó él, fulminándola con la mirada; más lobo que hombre, enseñando todos los dientes.

La pecosa no dudó en devolverle la sonrisa. –¿Que qué creo? ¡Pues que no todo el mundo reacciona de la misma manera en las mismas circunstancias! Sí, hay gente que decide tomar esa salida cuando la cosa se pone difícil, y eso no te da ningún derecho a juzgarles. ¡Quién sabe! –añadió con sorna–. Quizás sea mejor volarte la tapa de los sesos, en vez de hacer que te maten a ti y a tu equipo entero.

Eren casi comprendió en el acto a qué se refería. –Serás hija de… –Se habría lanzado sobre ella, si la gigante no le hubiese sujetado suavemente con los pulgares–. ¡No fue culpa mía! Thomas avanzó de pronto más de la cuenta, se salió de la formación-

–¡Pues menudo líder estás tú hecho, que ni siquiera puedes controlar a los tuyos! Por otro lado, ¡qué conveniente! Echarle la culpa a un muerto, que ya no está aquí para defenderse…

Llegó un punto en el que el muchacho ya no fue capaz de decir nada; tan solo gruñía como las bestias.

En cuanto a Mikasa… Habría dado menos miedo si hubiese dicho algo. Sus ojos, en cambio, hablaban bastante alto: si las miradas matasen, Ymir habría caído fulminada allí mismo.

La ventaja que tenía Sasha sobre todos ellos, era que ni siquiera necesitaba gritar para llamarle la atención a su compañera.

"Ymir." La potencia de aquel toque mental casi logró que la pecosa se tambaleara. "¿Era realmente necesario? ¿Decir justo eso, justo ahora…?"

Su compañera se volvió airadamente hacia ella; aunque entre el enojo, también había una sombra de remordimiento y culpa. –¿Es que tenemos que tratar al niño entre algodones? ¡No es el único que ha tenido un mal día! Y alguien tiene que decir estas cosas… ¡Nadie más parece dispuesto a hacerlo!

Sasha no dejó de caminar, ni de vigilar por si se acercaban enemigos; pero tuvo que asegurarse de respirar hondo, para no perder la calma. "Estamos en una ciudad llena de titanes, Ymir. Tú misma lo has dicho antes. ¿De verdad es el mejor momento para discutir entre nosotros?"

Por un instante, lo vio todo rojo; tuvo que respirar más hondo. Algo debió de notarse, aquel destello, porque la pecosa de pronto se quedó bastante seria (incluso un poco pálida).

Y sin embargo, Braus no podía enfadarse (no del todo) con su compañera. "Algunas de las cosas que ella dijo antes, sobre quién merecía vivir y quién merecía morir… No lo decía por Eren, tampoco por Armin, en realidad se estaba refiriendo a sí misma. Si el tema del suicidio, por alguna razón, es personal, entonces eso explicaría por qué se ha puesto así ahora. De todas formas, no es excusa… No debió hablarle de esa manera."

La titán, sin darse cuenta, había seguido acariciando al intrépido muchacho; conteniéndole suavemente entre sus dedos, para que no saliese disparado e intentara cargarse a cierta pecosa morena… Lo sorprendente era que, de algún modo, Yeager había conseguido calmarse un poco. "O al menos, no está más furioso todavía. ¿He sido yo quien lo ha hecho, o lo ha logrado él por su propia cuenta?"

Sasha podía sentir aquella tensión, abandonando el cuerpecillo (la vida) que sostenía literalmente en sus manos. Le asustaba y fascinaba, al mismo tiempo, lo fácil que habría sido apretar demasiado accidentalmente… poner fin a todo ese potencial, con tan un solo gesto.

"Quiero creer que, mientras mi instinto más fuerte sea el de protegerle, no habrá problemas." Necesitaba creerlo.

Eren había vuelto a levantar la cabeza y le estaba mirando otra vez, con aquellos ojos tan penetrantes y tan claros; con tal intensidad que, por un momento, la gigante de quince metros tuvo que asegurarse de que continuaba respirando hondo.

Transmitía tantas cosas, aquella mirada: agradecimiento y respeto mutuo, aprecio y también cierto reproche, como dándole a entender que "no hacía falta que me defendieras pero gracias de todas formas".

–Y un cuerno que nadie me dice nunca nada –refunfuñó, con aire obstinado, fijando de nuevo la vista al frente–. Todo el mundo me está diciendo siempre lo que tengo que hacer. Mikasa me lo dice, Armin me lo dice… –volvió a mirar de reojo a la titán–. Ymir y tú también lo estáis haciendo ahora. Vale que somos soldados, se supone que tenemos que seguir las órdenes. Pero aquí todos parecen saber mejor que yo mismo, lo que me conviene…

"No es eso, Eren." Sasha le acarició otra vez los cabellos con el pulgar; el chico no se resistió, ni siquiera se revolvió incómodo. Por un momento, no supo cómo continuar; incluso comunicándose de aquella manera, le costaba encontrar las palabras.

¿Cómo describir, aquel vínculo que ambos compartían? ¿Que se preocupaba de él, simplemente porque eso era lo que habría querido que hiciesen por ella, en una situación así?

"De hecho, los dos estamos en la misma situación." Trató de explicárselo sin pensar demasiado, conforme se le iba ocurriendo. "De pronto hemos descubierto que podemos transformarnos en titanes… Y no sé tú, pero yo al menos tengo la impresión, a veces, de no tener ni idea de lo que estoy haciendo… Aunque al mismo tiempo, es como si otra parte de mí siempre lo hubiera sabido. ¡En fin! Lo que quiero decir es que, bueno… Es normal sentirse asustado, o confundido, por todo esto. ¡Tantas cosas que han cambiado, en tan poco tiempo! Y por muy fuertes que ahora seamos, la muerte podría estar acechando, a la vuelta de cualquier esquina, aguardándonos a nosotros o a nuestros compañeros…" Y ya habían muerto demasiados. Sasha tuvo que respirar hondo, para mantener la calma; no era el momento de perderla. "Eren, con estas habilidades, tú y yo podemos marcar la diferencia. ¿Te das cuenta? ¡Semejante oportunidad no se ha visto en años! Puede que ni siquiera en toda la historia del Reino, de la Humanidad… Y eso es algo que también me aterra. Si se me pasa por alto alguna cosa, si malgasto esa oportunidad… Sé que jamás me lo perdonaría. Así que cuento contigo, Eren. Cuento contigo, para que me avises si ves algo que yo no veo. Para que me lo digas… Igual que yo te diré, no solo lo que quieres, sino lo que necesitas oír. Y espero que tú también hagas lo mismo conmigo, ¿eh? Si se te ocurre cualquier forma de ayudarme…"

El muchacho había ido alzando otra vez lentamente la mirada. Sus ojos grises reflejaban cierta sorpresa, acaso un poco de miedo, como diciendo: "¿Ayudarte yo a ti? ¿De verdad?"

Y en un instante de lucidez, la cazadora intuyó que quizás, lo que asustaba a su compañero, que siempre preferiría que le dejasen en paz (y poder hacer lo que le diese la gana), era la idea de ser él quien tuviese que decirle a otros lo que debían hacer; una responsabilidad que en realidad nunca había pedido, ni querido.

"Y es mejor así, ¿no?" Una parte de Sasha susurraba sibilinamente en su interior; solo lo oía ella. "Teniendo en cuenta el éxito, cuando le ha tocado liderar a él una unidad…" Pero la joven sabía, nada más pensarlo, que no estaba siendo muy justa: había pasado lo mismo con muchos otros, antes y después, al poco de empezar la Batalla de Trost, incluso entre los soldados más veteranos.

"A veces, simplemente, las circunstancias te superan, por mucho que lo intentes. Pero supongo que ahí está el mérito: seguir intentándolo, a pesar de todo… Claro que no todos tenemos una segunda oportunidad, como Eren y yo… No puedo desaprovecharla. Tampoco dejaré que él lo haga."

–Vaya, pues sí que… Sin presiones, ¿eh? –ironizó el Rebelde, que había vuelto a mirar al frente, con aire ausente, la vista perdida en algún punto lejano–. Entonces, qué. ¿Ahora tenemos que salvar el mundo? –Dejó escapar un resoplido, entre incrédulo y atemorizado–. ¿Qué se supone que dice uno, ante algo así?

La gigante no tuvo ocasión de contestar: se le adelantó alguien que ya llevaba un rato (demasiado) sin decir nada.

–Sé que no son imaginaciones mías –afirmó Mikasa, en tono vagamente acusador–. Puedes hablar con Eren, lo estás haciendo de algún modo. ¿No es verdad, Sasha?