Los personajes son creados por la escritora Kyōko Mizuki, uno de los seudónimos de Keiko Nagita, y la mangaka Yumiko Igarashi, seudónimo de Yumiko Fijii, publicado en Japón por Kōdansha Ltd. desde 1975 a 1979.
La mañana siguiente él se despertó temprano y fue a preparar el desayuno, pico algo de frutas, jugo, café y tostadas con mermelada, en la charola de ella iba doble ración de tostadas.
-Candy despierta, ella se tapaba la cara.
-Solo déjame dormir un poco más, por favor.
-Vamos debes alimentarte, anoche no cenamos, hoy tendremos un día largo y pesado por favor levántate preciosa
Perezosamente abrió sus ojos, para luego taparse hasta la cabeza.
-Cambie de opinión, ya no quiero ir, mejor me quedo a descansar mientras tú vas a esa fiesta.
-Mientras ella hablaba él ya se había quitado la ropa y se había metido con ella a la cama.
-Mejor los dos nos quedamos en la cama, ayer ya no puede hacer contigo todo lo que tenía pensado hacer, bien vale la pena que me arrestan unos cuantos días por no asistir a la dichosa fiesta y quedarme contigo al escuchar aquello ella se destapó la cabeza.
-¿De verdad te van arrestar si no te presentas? le preguntaba preocupada.
-Si, te dije que su padre le solapa todos los caprichos a la loca esa, diciendo esto se acercó para besar su cuello, y acariciar sus cabellos.
-Neal, dijiste qué tenías listo el desayuno.
-Ummm esto es más delicioso que lo que traje en esas charolas, sus labios tomaron el lugar de sus manos sobre sus pezones erectos, ella cerraba los ojos al recibir aquellas caricias.
-Deja que me duche Neil.
-Así estas bien,- ni caso hizo a sus protestas, el descendió para saborear su intimidad, ella acariciaba su cabello rindiéndose ante aquella sensación que la hizo suspirar , así pasaron un buen rato, disfrutándose uno al otro, hasta que ambos explotaron en un intenso orgasmo al mismo tiempo.
-¡Candy, eres maravillosa mi amor!... esa boquita tuya me vuelve loco con todo lo que me haces sentir.- le decía el chico, estrechándola a su cuerpo perlado de sudor , igualmente ella se apretaba a él lo más que podía y se recargaba en su pecho, hasta recuperar el aliento.
-Neal, eres increíble, levantaba la cara para mirarlo a los ojos, ¡estoy feliz de tenerte a mi lado!.
-Después de un rato de permanecer abrazados él le dá unas nalgadas y le dice.
-Arriba preciosa, vamos a desayunar lo que traje, más tarde vendrán para mudar nuestras cosas, quiero poner un chófer a tus ordenes, no quiero que andes sola cuando comience a trabajar y quiero solicitar lo antes posible el permiso para casarnos, no creo poder contenerme por mucho tiempo más sin que hagamos el amor como tú y yo deseamos, hacerte mia por completo.
-Si cariño, tomó su cara entre sus manos y depositó un tierno beso en sus labios, claro que yo deseo lo mismo, pero ahora tenemos que decidir si vamos a la fiesta.
-Sí no tienes deseos de asistir no tiene caso.
-¿Y si te arrestan? la cara de Candy se nubló por la preocupación
-No estoy seguro, pero ya estaremos instalados y tú te quedarás en casa segura.
-Neil mejor vamos, no quiero estar sola,- ella le acariciaba los labios que se curvaban en una sonrisa.
-¿Estas segura?. Ella asentía y se abrazaba nuevamente a su pecho.
-Vamos a ducharnos entonces, para irnos a muestra casa, tomamos lo necesario y el resto lo mandamos a buscar luego,- ella asentía y juntos se iban a duchar, después de desayunar abandonaron el departamento, en la mansión dos de las empleadas ayudaban a la rubia con su peinado y el maquillaje aún cuando era temprano ella se sentía nerviosa, cuando terminaron las chicas se mostraban satisfechas con su trabajo la mujer se veía, elegante, sexy y sofisticada, el vestido Negro se ajustaba a su cuerpo resaltando su pequeña cintura y sus atributos, Neil al verla no pudo más que sonreír, su mujer era simplemente hermosa.
Paso las dos horas siguientes explicándole un poco lo de los rangos y poniéndola sobre aviso de como actuaban algunas personas que acostumbraban asistir a esas reuniones, le advirtió que no se separa de él y que no bailara con nadie más que con él, al verla tan hermosa enseguida se arrepintió de haber aceptado la invitación.
El salón estaba lleno de oficiales, empresarios y políticos, al entrar todas las miradas se posaron en ellos, el traje de gala de él le sentaba de maravilla, se veía elegante y gallardo y ella se veía radiante junto a él, más de uno la vio con demasiado interés cosa que puso en alerta al moreno.
Las presentaciones no se hicieron esperar, sus manos siempre unidas dejaba ver el juego de anillos que portaban y más de uno llegó a pensar que eran alianzas de matrimonio y no de compromiso. Bailaron unas cuantas piezas hasta que ella necesito ir al baño, tan solo se tardó unos minutos cuando regresó, divisó a Neil en uno de los balcones del salón tratando de sacarse de encima a la loca que noches antes había estado en el departamento, sin pensarlo camino hasta ellos y escucho lo que Neil le decía.
-Nunca te di pie para que quisieras meterte en mi cama, ¡ni loco me involucraría con alguien como tú!, la mujer trataba de pegarse a él descaradamente, ver aquello hizo que la rubia perdiera la cordura y la tomará del brazo, de un jalón se la quitó de encima.
-¡Ya deja de molestar a Neil, no le interesa acostarse contigo! ¿pero cómo puedes ser tan ofrecida?. Ellie de momento no la reconoció, pero al escucharla hablar si, intentó golpearla pero antes de levantar su mano ya Candy le había propinado una sonora cachetada, lo que llamó la atención de muchos, el padre de la chica enseguida se acercó y queriendo intervenir, quiso humillar Neil y su acompañante.
-¿Por qué traes a esta mujer corriente? Se suponía que vendrías solo, deberías enviar a esta mujerzuela a su casa, antes de que alguno de los dos pudiera responder, de entre la gente se escuchó una fuente voz.
-Más le vale retractarse General, usted no tiene la menor idea de quién es está señorita, Candy se aferraba al brazo de Neil, viendo desafiante al hombre que la había insultado.
-¡Señorita Andrew es un honor contar con su presencia está noche!, tenía entendido que ningún representante de su familia asistiría, esta es una grata sorpresa,- le decía el hombre que había sacado la cara por ella, la rubia le sonreía extrañada.
-Solo vengo acompañando a mi prometido, mi familia no sabe que estoy acá.
-¿Su prometido? Disculpe mi falta de modales…¡Capitan Leagan que gusto verle!, no sabía que vendría con su prima,- el hombre saludaba con un abrazo a Neil.
-Permitame y los presento, se apresuraba el moreno a decir, Candy, el General MacKensie es muy amigo de la tía abuela… General le presentó a mi prometida.
-Si, es un placer volverla a ver, disculpe por favor todo esto, pero es la segunda vez que esta mujer trata de molestar, el General levantaba la mano indicando que no era necesario que le explicara.
Pude darme cuenta de todo y no vi mayor problema, pensé que el Capitan Leagan solo le estaba acompañado, pero en vista de su compromiso, es comprensible su molestia, entonces dirigiéndose al padre de Ellie le dice…
-General por favor, que alguien acompañe a su hija a su casa y luego quiero hablar con usted, Neil viendo la oportunidad decidió hablar con el amigo de la tía abuela.
-General McKensie, disculpe la molestia, nosotros decimos asistir porque teníamos la esperanza de poder hablar con usted.
-Podrían acompañamos a nuestra mesa, mi esposa estará encantanda de conocerlos y mis hijos también,- la esposa del General era una mujer de unos cuarenta y tantos años, sus hijos eran altos y rubios en cuanto vieron a Candy a ambos les brillaron los ojos, cuando su padre presentó a la pareja como prometidos ambos se retiraron a charlar con un grupo de jóvenes que de encontraban solas, la hija era una chica muy joven casi una adolescente, veía a Neil y suspiraba, cosa que hacía sonreír a la rubia.
-¿Y bien…que querían hablar conmigo ustedes dos? La rubia no tenía ni la menor idea de que quería Neil conversar con aquel hombre.
-Queríamos solicitar su ayuda, esto hizo que el hombre se sintiera intrigado.
-Mi ayuda…¿para qué? La esposa y la hija de MacKensie estaban atentas.
-Usted verá, Candy ya tiene varios días en la ciudad, desde que llegó esta en mi casa y pues, entenderá que bueno nosotros tenemos…bueno nosotros queremos casarnos, al fin soltó las palabras que lo habían hecho ponerse nervioso
-Si mal no recuerdo hace unos años ustedes dos casi anunciaron su compromiso ¿no?.
-Si, pero éramos muy jóvenes en ese entonces, mientras Neil hablaba Candy tomaba su mano con fuerza, el día del fallido compromiso había muchos invitados, tal vez este hombre era uno de ellos.
-¿Entonces para que soy útil?, Preguntó el General.
-Necesito se me conceda una licencia para poder casarnos, ambos somos mayores de edad y ya no queremos separarnos, pero temo que no me den el permiso en estas circunstancias.
-De obtener el permiso ¿Para cuándo piensas contraer matrimonio?
-¡Enseguida! contestó la rubia lo que hizo que aquel hombre arqueara una ceja.
-¿Por qué la prisa? preguntó extrañado.
-General no sería honorable explicarle nuestras razones, ahora era él quién aprestaba la mano de Candy
-¿Su familia sabe de esto? Ambos contestaron al mismo tiempo.
-No.
-¿Cuánto tiempo tiene la señorita en su casa Capitán?
-Una semana General, ya nos cambiamos a la que será nuestra residencia mientras estamos en la ciudad.
-¿Usted sabe que no fué correcto lo que hizo al traerla con usted?, Candy enseguida lo defendió.
-Él no me trajo, yo llegué a la ciudad por mis propios medios, aquello no era más que la pura verdad.
-Comprendo, pero usted debió llevarla a un hotel y llamar a su tía, ¿esta de acuerdo?
-Mi tía no se encuentra en el país General, ayer vi a mi hermana y me comentó que se presentó una emergencia y tuvieron que viajar.
-Supongo que otorgar esa licencia es lo menos que puedo hacer por mi buena amiga Elroy, le daría un infarto saber sobre esta situación.
-Créame que de todas maneras pondrá el grito al cielo, Neil sonreía de medio lado al imaginar lo que diría la tía abuela.
-No se hable más, mañana en la tarde pasen por mi oficina a buscar su licencia firmada Capitán, ahora disfrutemos de la fiesta, el General les dedicaba una sonrisa.
-¡Muchas gracias General!, le decía la rubia abrazándolo efusivamente, y besándole en la mejilla, luego se retiraron a bailar
-¿Amor no te parece que la señorita Andrew se parece a la difunta Alice? le preguntaba la esposa al General, él hombre seguía a la pareja con la mirada.
-De no ser una Andrew, pensaría que es ella, pero no lo es,- su esposa le acariciaba la mano.
-Discúlpame cariño no quería que te pusieras triste, es solo que de verdad se parecen.
Continuará…
