DISCLAIMER: Chris y Tom y los demás personajes se pertenecen a ellos mismos (?) este fic es meramente imaginativo

Aclaraciones: Situado en una realidad alterna donde ambos son modelos profesionales.

Siento que varios de ustedes querrán abandonar el fic después de leer este capi... Es que, no sé… Les pido disculpas por el viernes anterior, estuvo bastante cruel


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X. SEPARACIÓN

Cuando Kat convence al fin a Tom de abrir, Chris se acerca con nerviosismo al pasillo. De inmediato, la joven le lanza una mirada asesina que lo obliga a alejarse a la sala, solo estropearía más las cosas. Una cara temblorosa con lágrimas secas asoma por la pequeña apertura.

—¿Tom? Tranquilo, no dejaré que te pase nada —el castaño se retira de la puerta para dejar entrar a la chica

Kat vuelve a cerrar bajo llave. Claro, no se arriesgará a una inconveniente interrupción de cierta persona, ya hizo suficiente con sus brillantes ideas, por otro lado no puede evitar sentir culpa, parte de lo ocurrido fue de una u otra forma promovido por ella.

El castaño se ha recostado aun desnudo, las transparentes sabanas apenas lo cubren. Se voltea, no quiere que Kat lo vea así tan débil, tan vulnerable, tan sucio. Prefiere dar la espalda mientras la chica se sienta a su lado.

—Prométame que no le dirá a nadie de esto —le implora

—Descuida, no abriré la boca sin tu permiso

—Gracias —se abraza a sí mismo —aunque si los medios van a enterarse tarde o temprano prefiero quedarme aquí hasta que se aburran de la noticia

—Sabes que no puedes encerrarte para siempre

—Prefiero morir aquí antes de ver a ese. . . maldito imbécil vanagloriándose con el escandalo —no es para menos

—No dirá una palabra, de eso me encargo yo y si no quieres verlo, puedes salir e ignorarlo

—Como si fuera tan fácil. . . después de lo que ha hecho —las lágrimas vuelven —fue como si hubiese perdido la razón y solo pensara en penetrarme como una vil bestia, como si violarme le causara placer. . .

—Ha sido culpa mía —la joven acepta —creí vagamente que con el ejercicio avanzarían, pero fue muy drástico porque, técnicamente, asignar una llamada de esa naturaleza es para terapias avanzadas, pero mi obstinación y el poco tiempo que queda me orilló a actuar precipitadamente. Después de todo, la competencia es en dos semanas y. . .

—¡¿En dos semanas?! —Tom gira, pero hace una mueca de dolor. El efecto del analgésico ha desaparecido —Robert no nos dijo

—Tom, calma, no te esfuerces —la chica toma su bolsa buscando algo —lo siento, creí que le había avisado —saca un ungüento

—¿Para qué es eso?

—Me preocupa que la amabilidad de Chris te haya afectado, este ungüento frenará cualquier lesión. Debo revisarte el recto

—No es proctóloga —siente pena —no me sangra

—Antes de ser psicóloga, estudie medicina como parte de mi formación completa —se sienta atrás a inspeccionar —aunque no te sangre, pueden haber desgarres y una infección en esa zona sería fatal. Avísame si te causa molestia

—¿Siempre carga un botiquín? —pregunta porque ha notado que la chica saca unos guantes de látex, varias gazas húmedas y alcohol etílico de un pequeño cubo

—Nunca se sabe

—Cierto. . . Cualquier cosa puede pasar

Entierra las uñas contra las mantas cuando Kat comienza a limpiarle la periferia. Tiene marcas parecidas a raspones, no son grandes pero el alcohol hace que ardan, pero le arde más el recuerdo de quien las hizo.

Las gazas comienzan a mancharse de pequeños coágulos de sangre de fisuras milimétricas en la entrada de Tom, es una suerte que no se hayan roto vasos sanguíneos importantes. Kat suspira agradecida de que la brutalidad del rubio no fuese tan brutal después de todo, sin embargo logró herir la piel, no hay justificaciones.

Un hilo de semen brota de la entrada y el inglés abre los ojos con espanto y vergüenza, pero no puede moverse libremente, eso lo lastimaría más, no haya otra solución más que enterrar su rostro contra la almohada y tragarse el llanto mientras Kat limpia el líquido. Siente tanto asco que apenas puede soportarlo, y toda la culpa es del australiano, ese hijo de perra, lo ha humillado y sobajado como nadie. . .Entonces, ¿por qué quiere verlo?

—Sé que la terapia se fue al traste y no es de mi incumbencia ahora —la joven rompe el silencio —pero, ¿qué harás Tom?

—No puedo quedarme aquí, necesito alejarme de él —sabe que es lo correcto

—¿A dónde irás?

—Donde sea, con tal de quitármelo de la cabeza. . . Se me ocurre regresar a mi país. Sí, creo que sería una buena opción

—Sí, también lo creo —suspira, de cierto modo no quisiera que acabara de esa manera —supongo que le avisaré a Robert que envíe mensaje para descalificarlos de la competencia

—Oh, lo olvidé por completo —pero tomando en cuenta lo acontecido ¿quién diablos piensa en una competencia? Tom, por supuesto, si es por una noble causa —no puedo hacerlo. . . Pero Robert es mi amigo

—Nada de sentirte responsable, tu decisión de entrar o no es imparcial, y nadie, ni siquiera Robert, tiene derecho a reclamar si eliges retirarte —Kat rodea la cama para mirarlo a los ojos — tu bienestar es más importante que la tonta reputación de un empresario terco


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Chris vuelve a golpear con más fuerza la pared negándose a aceptar lo que Kat acaba de informarle: Tom ha decidido marcharse con el único objeto de no volver a verlo. Y golpea con más rabia porque la culpa ha sido suya, y las lágrimas de impotencia comienzan a resbalar. Tom sigue dentro de la habitación vistiéndose y le ha pedido a Kat que lidie con el terco australiano para que no bloquee la salida.

Es cuando las imágenes pasan lento frente a Chris. Observa que Tom sale del cuarto, intenta acercarse pero percibe el rechazo y la interposición de la psicóloga, intenta inútilmente dar explicaciones, pero no funcionan. Persiste en acercarse, pero el inglés es ágil y alcanza a salir del apartamento.

Le duele, a ambos les duele y al escuchar el cerrojo cerrarse, Chris cae derrotado de rodillas en medio de la fría duela. El castaño saliendo del apartamento es la representación que ha salido de su vida. . . Y él se reprocha por no esforzarse lo suficiente por evitar todo este infierno al que los arrastró, por todas las veces que fue un cobarde y un egoísta, por no lograr amar a Tom como se lo merece.

Vuelve la vista y Kat sigue de pie, frente a él, la aparta mientras se dirige corriendo a la puerta, la abre. Nada, el pasillo esta desierto y las lámparas de techo comienzan a apagarse, es un cuadro realmente deprimente, "seguro ya habrá tomado un taxi" imagina. Si es así, entonces no tiene un punto de referencia para salir a buscarlo, ¿no es volver a ser cobarde? Y es cuando decide ser fuerte, por una maldita vez en su miserable vida, para no cometer la estupidez de perder a la persona que ama, así que vuelve firme la mirada a la joven.

—¿A dónde fue?

—Ni el mismo sabe, solo sé que quería salir de aquí lo más pronto posible

—No, Tom nunca es impulsivo, jamás tomaría una decisión a la ligera

—Ésta es una excepción porque irónicamente hubo una razón excepcional

—¿Podría dejar de bombardear con sus rollos psicológicos y responder mi pregunta?

—No puedo decirte Chris, es parte del código terapéutico

—Es una jodida broma ¿no? — está desesperado —escuche, sé que no soy la mejor persona y francamente usted no me agrada, y seguramente también me odia por lo que acabo de hacer. . . Pero déjeme aclararle una cosa: Tom es mi todo, mi vida, mi mundo. . . Lo buscaría hasta los confines del universo, pero si lo dejo ir ahora, encontrarlo será difícil. . . Si el tiempo pasa, él me aborrecerá aún más —cierra los ojos como haciendo plegarias —solo necesito un indicio para orientarme y prometo que serán unos minutos para decirle que mis intenciones nunca fueron herirlo, que no dude ni un segundo cuanto lo amo. . . Aun así si decide dar la vuelta y terminar con lo nuestro. . .

—No lo hará —Kat se cruza de brazos y asiente —no rompería lazos contigo de forma tan despectiva, a pesar de todo, es compresivo —mirada seria —pero grábate en esa maceta que tienes por cabeza que el perdón no vendrá tan fácil

—Entonces, dígame dónde encontrarlo

—No soy yo la indicada para hacerlo, recuerda que la confidencialidad de mi conversación con Tom es regida por un código que debo obedecer —la joven toma su chaqueta y se dirige a la puerta. Antes de abrir, vuelve sus ojos al australiano —oh, cierto, creo que olvide mi libreta por accidente en el cuarto, pero mi bolso está a reventar y no puedo llevármela. Guárdala por mí, no la hojees demasiado, las últimas páginas guardan muchos secretos

Le guiña el ojo y la puerta se cierra. El rubio en seguida corre a buscar la libreta. Tal vez Kat no se lo dijo verbalmente, pero leerlo no va contra las reglas, eso no importa si ahí está escrita su primera pista para buscar al inglés.


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Una sencilla limusina atraviesa media Nueva York intentando evadir el insoportable tráfico, entre tantos repiqueteos de las bocinas, pero las calles están atascadas como siempre, ¡ya qué! Necesita ahorrar antes de jubilarse, aunque este empleo le sienta bien, pero debe admitir que ya es mayor para este trabajo.

Aunque no puede decir lo mismo del copiloto, se ve muy tenso y nervioso. A comparación de otros pasajes, éste hombre realmente no pinta bien, su expresión es parecida a la de un fugitivo o mercenario buscado por la ley, pero esa ropa elegante no es propia de sujetos así y vaya que él, un simple chofer, ha conocido y transportado gente del mundo negro, quienes por cierto son muy amables. . . En tanto no les contradigas.

—Ehh. . . perdone que me entrometa señor, pero —conversar aminorará la espera al destino —¿se encuentra bien?

—Sí, estoy bien, solo conduzca

—Con este embotellamiento dudo que avancemos si quiera diez metros, incluso si está el verde

—¿No hay calles alternativas?

—A menos que los oficiales hayan dado permiso de circular en sentido contrario, me temo que seguiremos enfrascados, ¿tiene mucha prisa?

—Pues, un poco. La verdad, bastante

—Si gusta, puede bajarse aquí. Caminando llegaría más rápido

—Con este aguacero torrencial, me ahogaría antes —ambos ríen —he sido un poco grosero, me llamo. . .

—Tom Hiddleston —el anciano asiente, con una sonrisa por el retrovisor —modelo profesional hace tiempo, he visto su trabajo señor y es excelente. Es un placer conocerlo

—El placer es mío, ¿cómo supo. . .?

—Es modelo señor Hiddleston, la fama lo persigue, incluso a personas de mi edad llegan noticias de toda celebridad que ponga un pie en Nueva York, aunque entiendo que su conocida modestia lo mantenga humilde de corazón —los ojos cansados vuelven a mirarlo —lo que no entiendo señor es porque un hombre tan ocupado como usted, pide servicio de limusina a las 2:00 de la madrugada

—Negocios mi amigo —mentir le pesa —así son las finanzas

—Lo son para el señor Downey Jr., su manager, pero usted no está involucrado en ellas —parece que ese completo extraño sabe leer la mente —lo que se proponga señor Hiddleston medítelo con cuidado, y disculpe mi intromisión, pero viajar al otro lado del mundo no es tener cautela

—De acuerdo, me atrapó —los autos han comenzado a avanzar —debo ir al aeropuerto por razones personales

Resulta una completa ironía que ese chofer sepa mucho de su vida con tan solo haberlo visto una vez. Pareciera como si lo conociese de años, le sorprende. Al menos han cruzado buena parte del camino, casi llegan. Las luces de noche nunca dejarán de gustarle, son magníficas. . . Un momento, toda esa iluminación le hace prestar atención en el rostro del hombre mayor, esas facciones acabadas con el tiempo, esos ojos risueños, esa sonrisa conciliadora.

No es la primera vez que ve esa cara.

"¡Por supuesto! El chofer del edificio es él, nuest. . . Bueno, ahora será solo chofer de Chris" deduce. Nunca se tomó la molestia de dirigirle la palabra, o más bien, Chris y sus atenciones en el auto le impedían conversar con él. A decir verdad, solo le veía el rostro cuando les abría la puerta, porque dentro de la limusina la ventana negra para intercomunicar la parte delantera y trasera estaba, usualmente, cerrada para evitar que el anciano les viera hacer. . . Demostrarse afecto.

Ahora es distinto, ese afecto está marchito y con el paso de los segundos y los metros conducidos, va pudriéndose. Tom lo sabe, puede sentirlo con amargura y dolor.

Pero ese hombre, esa sencillez y amistad incondicional que le está demostrando, le dicen que no ha decaído del todo y siga adelante. Ya entiende que ese chofer conoce su relación. . .su antigua relación con el australiano, y esas razones personales son obvias. Por eso le ha dicho que lo piense dos veces, porque huir no es la manera apropiada de resolver sus conflictos. Debe aceptar que no puede irse sin antes enfrentar a Chris. . . Pero el daño es grave.

—Hemos llegado señor —comenta estacionando la limusina frente a la entrada principal del aeropuerto —¿lo ayudo con su equipaje? —Tom ríe bajándose del auto

—Una billetera no es equipaje —le dice por la ventana —ehh. . . Discúlpeme, soy un maleducado ¿cuál era su nombre? —el anciano sonríe y baja de la maquina

—Alfred Pennyworth para servirlo señor —hace una reverencia —extrañaremos su presencia por el vecindario

—Alfred, es un gusto —le estrecha la mano —no tuve tiempo suficiente para ver que es una gran persona

—Usted también lo es —Alfred lo encamina a la entrada

—Te pido que cuides de. . . —sobre todas las cosas, lo sigue amando

—Entiendo señor Hiddleston. No se apure, veré que no cometa tonterías —el chofer saca un sobre de su saco —el boleto que ordenó, tómelo. . . Le deseo un buen vuelo. Recuerde señor Hiddleston que las salidas de emergencia son fáciles de encontrar —es una metáfora —por eso se obstruyen rápido, pero las salidas escondidas solo unos cuantos las ven. Le recomiendo la segunda opción, en caso de requerirla

—Gracias Alfred

La limusina se aleja y el aire frio desordena el cabello de Tom, mientras decide entrar o no.

No es fácil lidiar con ese sentimiento tan contradictorio, es como una maldición amar y odiar a una persona con quien ha vivido los días más felices y tristes de su vida, maldice la vez que sus ojos verdes cruzaron con los zafiro, en otra realidad paralela no sufriría como ahora. . . porque le sorprende lo que una sola persona puede provocarle, tiene la capacidad de animarlo y decepcionarlo, sonreírle y despreciarle, regalarle un San Valentín y un Halloween, compartir y ser egoísta, amarlo y odiarlo. Sobretodo amarlo.

Es tarde, seguramente Chris estará buscándolo por doquier, su celular no para de sonar, sin embargo no contesta y prefiere apagarlo. La lluvia sigue, cierra su paraguas y se recarga en un muro de mármol, esa parte de la ciudad no es muy bulliciosa, aspira profundamente y se relaja.

Con las últimas imágenes que recuerda, sonríe tontamente. De verdad se cuestiona si tendrá los cojones para subir a ese avión, más vale que apresure y acomode sus pocas pertenencias porque falta menos de media hora para el despegue. . . ¿Cómo desaparecer sin sentir un vacío? No hay en el mundo un lugar que se compare donde ha vivido estos años, ni tampoco personas iguales a él.

Su moral le grita que arregle la documentación y se vaya, pero cuando las emociones ciegan su razón, es incapaz de tener juicio crítico, y tiene la esperanza de verlo frente a él, a unos peldaños abajo, pidiéndole que regrese. . . No lo haría, porque Hemsworth nunca se tragaría su orgullo.

Basta de rodeos, si en cinco minutos no encuentra una buena razón para quedarse, partirá.


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Queda un minuto. . .Nadie aparece, mejor dicho, Chris no aparece. Sus ánimos no decaen aun.

30 segundos. . . "Esto es masoquismo" piensa, ¿qué quiere probar de todos modos? Nada ha cambiado, lo sigue amando a pesar de todo.

—10. . . 9. . . 8. . . 7. . . —Tom comienza la cuenta regresiva en voz alta, las aceras están desiertas —6. . . 5. . . 4. . . 3. . . —cierra los ojos, no desea ver el triste cuadro de la realidad —2. . . 1. . .

"Olvídalo Tom, jamás volverá por ti" y siente una opresión en el pecho. Prolongó tanto como pudo esa espera ficticia, estar de pie ahí solo le causará más dolor. Saca el boleto y mira su reloj para comprobar el tiempo del vuelo. Le quedan veinte minutos para abordar, resuelve renunciar a sus ilusiones. Jala la puerta de cristal.

—¡TOM! — con medio cuerpo dentro del edificio, escucha claramente un grito —¡TOM! —no se ha dado vuelta, pero esa voz la conoce

Es Chris que ha llegado a buscarlo.


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Por si quedaron dudas, Alfred Pennyworth es el mayordomo de Bruce Wayne (en Batman), me pareció que su carácter era el perfecto para confortar a Tom

Muchísimas gracias por seguir el fic, dejar reviews, los favs, los followers, todo!

Son una bellezas jaja, bueno espero que no se arranquen el cabello por el sig. viernes jeje

Nos vemos n.n