Hola pues... este capitulo ya lo tenia en el celular pero por problemas técnicos se me hizo un poco difícil continuar pero bien ya esta aquí... les anuncio que habrá muerte de un personaje en los próximos capítulos puesto que no voy a alargarlo mas, quizás unos tres o cuatro capítulos mas porque mi cerebro me mata con otras historias que traigo en mente.
Lamento la tardanza Melody, espero que te guste.
Si a alguien le interesa saber del progreso de las historias o solo quiere hablar les dejo mi face: Bjlauri Writher. En cuanto al proyecto que tenia con Lu... bueno ahora que se nos han complicado las cosas pues creo que se retrasará mas de lo planeado. Los amo lectores. Sus comentarios son mi gasolina.
Plan cero
¿Quién iba a pensar que después de tantos eventos traumáticos a Rachel le dolería ver una escena así? Antes que la pareja se diera cuenta que ella estaba observando, se dio la vuelta en dirección contraria, rumbo a la Galería del Silencio; el corazón le latía a mil por hora y por un segundo pensó que se le saldría del pecho. ¿Por qué de pronto se sentía traicionada?, ¿Por qué de pronto ver a Richard junto a Kory le había hecho sufrir de esa manera?, ¿Por qué…?, ¿sería que sentía algo por el muchacho?, ¿él se habría enamorado al fin de la bella chica pelirroja?, de todas maneras no es como que Rachel le hubiera dado muchas oportunidades al muchacho.
Al abrir las pesadas puertas de la Galería, un aroma peculiar llenó sus fosas nasales; el olor a pintura fresca y humedad. El doctor Stone estaba remodelando el lugar. Cerró las puertas tras de sí. La oscuridad se rompía solo por los pequeños tragaluces del techo y Rachel podía observar que los trabajadores habían dejado allí todas todos los contenedores de pintura, brochas, espátulas y demás material de trabajo; todos los cuadros que el doctor Ariel mantenía en resguardo estaban fuera de su sitio. El lugar se estaba restaurando precisamente en honor aquel medico de quien pronto seria su aniversario luctuoso, recordaba vagamente el comentario de su madre respecto al asunto pero dadas las circunstancias no le había prestado mayor atención.
Su mirada se fijó en el frente, tratando de olvidar el daño emocional que había recibido segundos antes. Caminó hacia el frente, una pequeña construcción a medio terminar llamó su atención y entonces cayó en la cuenta que era un altar, seguramente allí pondrían el retrato a escala del doctor Ariel; tuvo que sortear una escalera a medio cubrir de un plástico transparente y algunas manchas secas de pintura para observarlo más de cerca.
- Valla, valla, valla, pero si es la palomita de papa. – la voz resonó con eco en toda la galería. A Rachel le pareció una broma de mal gusto al grado de que un escalofrío le recorriera la espalda. Se giró dubitativa.
- Has sido una niña muy mala princesa. Mereces que alguien te castigue. – dio dos pasos al frente al tiempo que Rachel daba dos hacia atrás chocando con el altar.
-Tenía razón, eras tú. Maldito bastardo. – Karl se sorprendió ante el comentario pero pronto se recuperó.
- Ya veo. La chica rubia te lo dijo… ¿Cómo se llama?, ahh si… Tara Markov. Es bonita, buen cuerpo, buenas caderas. –
- ¡Cerdo! – le interrumpió ella. Él le daba asco, era un maldito asesino y violador.
- Pequeña… nunca imaginé que estuvieras celosa, está bien; comprendo. Además Rachel querida… no podría desear a nadie más que a ti… ¿sabes porque? – Karl se le quedó mirando por unos segundos antes de echar a correr hacia ella.
Por un segundo Rachel no supo cómo reaccionar pero su instinto de huida lo hizo por ella, pronto se vió corriendo hacia el lado izquierdo; había pocos instrumentos que podría utilizar para defenderse, Karl le dio alcance antes si quiera de poder decidir con que atacarlo. Él estaba sobre Rachel mientras ella intentaba liberarse; a diferencia de la Rachel temerosa de hace años ésta le gustaba aún más; la combativa y sensual pero no importaba mucho porque estaba a punto de cobrarle la osadía de hace meses.
- No quieras hacerte la valiente princesa, tu y yo tenemos una cuenta pendiente. –
¿Vas a matarme Karl?, sabes… eres una basura insignificante al lado de mi padre. – Karl estuvo a punto de golpearla por la estupidez de retarle y quería ponerla en su lugar por herir asi a su ego pero el ruido de un par de zapatos chocando contra el asfalto; seguro los trabajadores habían salido solo a tomar sus alimentos.
Karl levantó a Rachel de un tirón y la empujó, trastabilló pero no perdió el equilibrio, Karl se escondió entre la oscuridad que generaban las esquinas de la galería para no ser visto; estaba segura que allí no solo había oscuridad sino algo más que los trabajadores aún no habían descubierto. Sin saberlo su plan ya había comenzado.
- ¿Señorita? – uno de los trabajadores por fin había entrado a la galería y la había descubierto ahí parada como una tonta, Rachel se disculpó con ellos y salió esperando que nadie notara su extraño estado anímico y había funcionado. Desde entonces no había vuelto a pisar la clínica, no había vuelto a ver a Richard, al doctor Stone, Mark o si quiera había mencionado la clínica; la primera parte del plan estaba marchando bien a pesar de todo.
Rachel salió de sus cavilaciones cuando el timbre de la chicharra había sonado por fin, si, se había pasado la mayor parte de la clase de química orgánica pensando en el posible escondite de Karl y cómo hacerlo salir a él y a su padre, como guiarlos a una trampa; pero por el momento solo debía pensar en cómo resolver la tarea que el profesor había dejado y de la cual no tenía la más mínima idea porque no había puesto atención, valla chica.
Nadie le hablaba en la universidad pero todos sabían quién era ella gracias a los periódicos, gracias a los comentarios de pasillo; todos volteaban a verla cuando cruzaba por un pasillo u otro, cuando iba a la biblioteca y se quedaba ahí por horas, sola. Nadie se atrevía a hablar con ella, ¿Por qué? Quizás porque metió a su padre a la cárcel, mató a un hombre y fue… bueno… nada fácil; al menos esos eran los rumores pero nada de eso le importaba, ¿Por qué le iban a importar los rumores de una vida que era la suya?; no, simplemente ella era otra persona.
Cuando terminó de recoger sus cosas, se colgó el bolso al hombro (su madre había dicho que un bolso era mejor que una mochila, ella no estaba de acuerdo) y salió del salón de clases. Hacía pocos días que habían comenzado las clases y ya se había posicionado en el primer lugar de la clase y también la más popular por los hechos del pasado, su pasado. No tener amigos en la universidad era algo bueno pensaba Rachel de vez en cuando ya que nadie le preguntaba nada y no tenía que dar respuestas estúpidas o poco inteligentes para los poco crédulos.
Su teléfono comenzó a vibrar dentro del bolso, al revisar el número se dio cuenta que decía PRIVADO. Inmediatamente se le hizo un nudo en el estómago y volvió a su mente el recuerdo de aquella vez en que él había llamada a la casa; dudó en contestar pero al final se armó de valor y respondió. Nadie contestó al otro lado pero supo que era su padre, terminó colgando. Él la estaba vigilando, lo presentía y si había llamado estaba totalmente segura que se encontraba a pocos metros o se encontraba en una posición sencilla de identificar.
Por instinto miró a su alrededor, la puerta de acceso estaba a unos diez metros de distancia; era el lugar más obvio pero estaba equivocada respecto a la ubicación de su padre. Sacudió la cabeza para sacarse cualquier conjetura y alertar a su cerebro para un acto de escape como lo había hecho con Karl en la galería pero todo seguía normal. Ya más resignada, caminó hacia la salida. En su campo de visión, apareció un muchacho vestido con unos jeans negros ajustados y una bonita camisa blanca con los primeros dos botones desabrochados; reconoció a Richard de inmediato.
- Hola Rachel – Saludó cortésmente.
- Hola. ¿Qué haces aquí? – Rachel no podía negar que se alegraba de ver al muchacho pero no como para olvidar aquella escena
- Pensé que… es decir, no te he visto en la clínica. Yo… quisiera invitarte a comer. – él se mostraba un poco nervioso.
- No creo que sea una buena idea. –
- Solo te estoy invitando a comer, no quiero que malinterpretes mis intenciones – se apresuró a disipar cualquier cosa que la chica estuviera pensando… o no.
Rachel rió por lo bajo, él le agradaba pero ya tenía pareja ¿no?, porque se molestaba en buscarla, ¿es que estaba engañando a la dulce Kory? Eso le dolía, era como una autoflagelación mental. Rachel volvió a negar de la misma manera en que él la invitaba, ya de por si era demasiado incomodo que todos se le quedaran viendo al interactuar con un hombre y un hombre como él.
- Por favor, solo quiero platicar contigo –
- Está bien pero que sea breve – al final había cedido. Una invitación a comer no le haría daño a nadie ¿no?
Richard estaba más que feliz, por fin después de días de no verla en la clínica podría darle la buena noticia. Cuando Rachel subió en la parte delantera de la camioneta de Richard pudo escuchar algunos de los murmullos más cercanos pero decidió ignorarlos como lo venía haciendo desde que todo mundo supiera que una celebridad de periódico estudiaba en su escuela. Lo que pasó desapercibido para todo mundo fue un disparo de una cámara fotográfica que provenía de uno de los edificios cercanos a la entrada; la fotografía marcaba registraba el número de placa de la camioneta, el momento justo en que Rachel se subía a ella y a los dos muchachos platicando. Un recurso realmente invaluable.
Cerca del campus había muy buenos restaurantes, claro que Rachel nunca iba porque estaba enfocada en sus estudios y su madre poco tiempo tenia para para salir, la única comida que había probado en toda su vida había sido el de las chicas del servicio y el de la clínica; ahora sonaba bastante bueno salir de la rutina pero a Rachel no le quedaba algo muy claro.
- ¿Cómo supiste la hora que salgo de la universidad? –
- Cielos, me descubriste. Bien… yo hable con tu madre antes de venir, me dijo a qué hora salías y le pregunte si podía pasar por ti. Ella accedió –
- ¿Mi madre ahora es tu cómplice? – Richard en verdad parecía estar apenado por el hecho de no haberle preguntado a ella primero si deseaba salir con él pero la chica no había aparecido por la clínica así que ante situaciones desesperadas, actos desesperados.
- No, lo siento; se que debí haberte preguntado primero. –
Rachel le dedicó una tierna sonrisa demostrándole que no estaba molesta sino sorprendida y quizás agradecida por haber sido él el que pensara en ella aunque ya tuviera a esa persona especial. Richard entró a un estacionamiento ubicado en el sótano, tuvieron que subir unas escaleras para ocupar sus respectivos lugares en un amplio jardín con sombrillas. Rachel no había visto nunca este sitio y le agradaba mucho.
- Señor Richard, señorita. Bienvenidos – saludó cortésmente uno de los meseros, Richard le pidió una mesa para dos cerca del estanque.
Para ser una ciudad y este un restaurante con jardín y un estanque; estaba bien distribuido y muy conocido al parecer por personas como Richard. El mesero los guió justo a donde Richard le había pedido, ambos tomaron asiento, Richard se veía un poco nervioso y ansioso al mismo tiempo, ¿Qué querría decirle en este instante?, tal vez quería oficialmente que se enterara de su noviazgo con Kory, decirle que ella ya no le interesaba pero si era así no le veía el motivo de llevarla a comer o quizás él era de los tipos caballerosos a los que les gustaba ser cordiales hasta el último momento o…
- Rachel… -
- ¿Si? –
- Pues… mi padre acaba de cerrar un negocio y para celebrarlo va a dar una fiesta y… quería saber si… ¿quieres ser mi pareja? – el mesero se había acercado a llevarles una jarra de agua de cortesía y para levantar la orden de alimentos.
- ¿Entonces? –
- Kory se ve mejor con vestido –
- Quizás pero no la invité a ella sino a ti. – Richard tomó su mano, la calidez que él le transmitía le hacía sentir confortable, deseaba que eso no desapareciera nunca. – Ella no me interesa Rachel, lo sabes. –
- Lo voy a pensar –
- Vamos Rachel, la fiesta es mañana en la noche – los ojos de Richard le suplicaban que aceptara, ¿Cómo podía negarse ante esos ojos azules tan llenos de brillo? – Dáme una noche al menos para probarte lo mucho que me importas… por favor.
- Solo una noche – inconscientemente Rachel le dio un pequeño apretón a la mano de Richard, claro que el hecho no pasó desapercibido para él sin embargo le hizo creer a ella que sí.
La comida estuvo muy agradable, sin contratiempos y por primera vez toda su aburrida y traumática vida olvidó todo, todo lo que sentía estando cerca de un hombre y justamente estando cerca de él es que se sentía una nueva persona, se sentía mujer. Si, le debía mucho a él y al doctor Stone pero también le debía mucho a Mark al que por cierto no había visto desde la última vez.
Richard la dejó en su casa con la promesa de regresar al día siguiente a las seis de la tarde. Prácticamente estaba esperando el día de mañana, lo ansiaba. Rachel se despidió de él con la mano.
