—¿Me prometes una cosa?

Unos asustadizos ojos no dejaron de mirarla y tímidamente, casi de forma imperceptible, movió su cabeza de arriba a abajo.

Sintió como su corazón se rompía ante semejante escena y no pudo evitar echarle una rápida mirada a su compañero, que fue correspondida.

—¿Crees que podrás?— inquirió Chat echándole rápidos vistazos a la puerta cerrada.

—Sí— afirmó segura. No dejaría que nada le pasara a ese niño— Vete tú, yo me encargo.

Reparó en el ceño fruncido de su semblante. Bueno, más bien se lo imaginó por como la observaba porque realmente no podía verlo. El pasamontañas le cubría totalmente el rostro, solamente dejando ver sus impresionante ojos verdes. El verdadero dueño se encontraba a unos pocos metros de ellos, en ropa interior, totalmente noqueado y amordazado.

—No me g...

—Chat, por favor, lo hemos hablado— lo calló cuando vio que empezaba a replicar. Su preocupación le conmovía y la apreciaba, de verdad, pero no era momento de vacilación, pues la vida de todos pendía de un hilo— Ya está el plan empezado, ahora no podemos echarnos atrás. Sal y ve con los demás. Yo dejaré el niño a salvo ahora y terminaremos esto.

Por un par de segundos, el héroe no respondió. La miró fijamente, con su mente a toda leche, hasta que finalmente suspiró.

—Ten mucho cuidado, ¿vale?— le pidió, de forma innecesaria y absolutamente egoísta— No te esfuerces mucho.

Aunque ahora transformada, tenía el brazo bien sujeto y le era imposible moverlo, aún seguía inquieto por ello. Era algo superior a sus fuerzas.

—Tranquilo, soy LadyBug, podré con ello. Sobretodo si tengo a mi fiel compañero a mi lado— sonrió con confianza, mirando al pequeño.

Cuando Chat Noir vio que el niño era capaz de corresponderle la sonrisa tenuemente, supo lo que estaba intentando, y se sintió como un idiota. Pues claro que podría. Ella era la poderosa heroína de París, quién se había enfrentado a cientos de akumas siempre saliendo victoriosa.

Un puñado de humano no sería nada para ellos.

O eso se esforzada por creer.

Inspirando profundamente, Chat Noir se inclinó para revolverle el pelo cariñosamente al pequeño.

—Pronto estarás con tu mamá, ¿vale? Te lo prometo.

El niño asintió, aceptando sus palabras, y cuando se quiso dar cuenta se había girado hasta la heroína y sus labios habían hecho contacto con la frente de ella. A pesar de la tela que se imponía en medio, fue capaz de notar la calidez del chico y eso consiguió hacer que su corazón aumentara de velocidad. Chat Noir creyó oírla jadear suavemente, pero no tenía tiempo de averiguarlo.

—Nos vemos luego— susurró.

—Bien...

Y Chat Noir desapareció por la puerta, obligándose a no mirar atrás.

—¿Dónde va?— se oyó la trémula voz de Étienne.

—A rescatar a todos. A poner a tu mamá y a los demás a salvo— respondió la chica reponiéndose. Se giró al pequeño y se lo encontró mirando el lugar por donde había desaparecido anteriormente Chat con sus ojos acuosos.

—Quiero ver a mi mamá...

—Y lo harás— le aseguró la heroína—Pero antes tenemos que sacarte de aquí.

El niño asintió, y ver la seguridad y confianza que tenía él en ella, consiguió darle el chute de energía que necesitaba.

Porque era por cosas como esas, que ella estaría dispuesta a cualquier cosas por ayudarlos.

·

—Piénsalo, en media hora. En tan solo media hora, estaremos jodidamente lejos de aquí y no podrán pararnos.

—No veo el momento. Estoy harto de estar rodeado de esta mierda.

Las carcajadas resonaron por todo el lugar y Chat fue capaz de captar como todo el mundo se estremeció. Impuso un semblante sereno, como si no le importara lo que escuchaba, y se obligó a retener las ganas de darle un puñetazo a ambos para que se callaran.

Se centró entonces para despejarse, en los otros dos componentes de la banda, buscando cualquier punto débil. Uno de ello, estaba frente a los rehenes pistola en mano, mirándolos fijamente e intimidándolos para que no hicieran ningún movimiento o ruido. Por otro lado, el jefe se encontraba en una de las ventanas y no dejaba de mirar al exterior mientras mascullabas cosas en voz baja que no era capaz de descifrar.

El héroe inspiró con fuerzas. Ahora mismo las cosas estaban "tranquilas". Lo único que debía hacer era controlarlo todo hasta que su lady llegara después de dejar al niño a salvo.

Inconscientemente, su mirada se desvió por un momento hasta la devastada madre que no había dejado de sollozar y llamar a su pequeño en todo momento. Quería acercarse a ella y decirle que no le pasará a nada, que estará bien, pero también sabía que no sería un buen movimiento porque con ello destaparía todo.

Así que se guardó todos los malos sentimientos y apartó la mirada. Durante un instante, recorrió todo el lugar y se preguntó quién de las chicas que había ahí sería la amiga de Selene. ¿La rubia? ¿La de las mechas rosas? ¿O la del tatuaje en el cuello? Sí, parecía ser esta última. Porque no dejaba de lanzar rápidas miradas al pasillo, donde sabía que se encontraba la habitación en la Marinette y Selene estaban "encerradas".

—Maldición.

El murmullo del jefe puso a todos en alerta.

—¿Qué pasa?— preguntó uno de los que no dejaba de cuchichear.

—Hay mucho movimiento en el exterior— respondió escuetamente este. Chat podía notar su mandíbula tensa por la rigidez en la voz— No me gusta. ¿Qué mierda están haciendo?

—¿No crees que estarán ultimando nuestras exigencias?— habló su compañero.

El jefe no respondió pero Chat llegó a captar como se llevó las manos a la cinturilla, cerca de donde descansaba su arma.

Sintió su corazón aumentar de velocidad.

Estaba seguro que su lady lo había conseguido. Ahora tan solo quedaba esperar...

Sí, por fin.

—Deberíamos salir— opinó el primero en hablar.

—¿Para qué mierda quieres hacer eso?— inquirió el otro echándole una mala mirada.

—Ya sabes, asegurarnos de que están haciéndolo bien.

El encapuchado número dos soltó una carcajada.

—¿Y no crees que esto no es suficiente aliciente?— señaló con burla a los ciudadanos.

—Sí, bueno...

—Es fácil, tío, no creo que vayan a cagarla mucho— continuó como si no lo hubiera escuchado— Nos dan lo que queremos, ellos salen vivos. ¿Que ellos intentan hacer algo? Bueno, lástima, no volverán a ver la luz de día.

Un jadeo generalizado se escuchó por la habitación y junto a ello, varios sollozos y lamentaciones.

—¡Cállense, joder!— espetó el jefe sin mirarlos si quiera— ¡Quiero jodido silencio ahora!

El pedido fue acatado con rapidez y no se escuchó ni una mosca. Era tal, que el joven fue capaz de captar sus propios latidos, que iban a gran velocidad desde que toda esta locura comenzó.

El jefe permaneció en silencio, sin dejar de mirar al exterior, y a Chat le entró curiosidad por saber lo que estaba viendo o qué era lo que pensaba. ¿De verdad creía que iba a salirse con la suya?

—No me gusta nada.

—¿Qué propone, jefe?— se escuchó por primera la voz del tercer miembro. Había apartado la mirada de los ciudadanos y parecía asegurarse de que su arma estuviera cargada.

—Podríamos lanzarle un mensaje.

¿Un mensaje?

Eso no se escuchaba para nada bien.

El jefe se separó de la ventana y su mirada recorrió el lugar, como si estuviera considerando las opciones. Cuando el héroe advirtió que esta se detuvo en una mujer, sintió todos sus vellos ponerse de punta.

—Cogedla a ella— señaló, casi se diría que con diversión.

La mujer en cuestión al verse señalada, sacudió frenéticamente la cabeza mientras no dejaba de balbucear. El silencio y tensión de la habitación por parte de los demás casi se podía cortar con un cuchillo.

El par de encapuchados hicieron lo ordenado sin titubear y cada uno de un brazo, la alzaron. La mujer apenas se pudo mantener en pie por lo mucho que le temblaban las piernas.

Chat Noir sintió su cuerpo tensarse y debió apretar los puños con fuerzas para no correr a ayudarla.

—¿Qué piensas hacer?— puso en voz alta sus pensamientos el tercer integrante, el armado, mirando la escena casi con desinterés.

El jefe le lanzó una rápida mirada y sonrió.

—Impedir que no haya ningún jodido juego ni imprevisto en nuestra contra.

—¿Qu-qué...? ¿Qué qué-queréis de mi?— chilló la mujer temblando como un cervatillo.

—¿De ti especialmente?— comentó hastiado el jefe— Nada. Pero tú nos puedes servir igual de bien que otro de aquí. La suerte se ha echado... y tú has sido la elegida.

—N-no. No, no, no, n-no...

Un grito generalizado se escuchó en la habitación cuando de su espalda sacó la pistola y con ella apuntó a la mujer. Los civiles que rodeaban la escena se deslizaron por el suelo, alejándose lo más posible, mientras no dejaban de gimotear y balbucear. La mujer, por otro lado, parecía una estatua viviente de lo paralizada que se había quedado.

Casi igual al chico.

Inconsciente dio un paso hacia delante, escuchando sus propios latidos, aunque nadie se dio cuenta de ello.

A la mierda se iba el plan que había ideado con LadyBag, si la vida de un civil inocente estaba en inminente peligro. Intentaría hacer lo posible para salvarla, y si quedaba descubierto, se dedicaría a improvisar hasta que llegara el momento, como siempre había hecho.

Porque confiaba en su lady con los ojos cerrados y sabía que ella, a pesar de todo, estaría cuidándole las espaldas.

—¿Qué pasa si te hacemos una pequeña herida? Somos buenos y tampoco queremos hacer una masacre— se regodeó el jefe en el terror que desprendía la gente, especialmente la mujer— Tan solo un balazo en el brazo y esos cabrones de ahí fuera verán que vamos jodidamente en serio.

—Señor, ¿y si termina muriendo desangrada aquí de tanto esperar?— preguntó con "interés" uno de los que la tenía apresada, el cual se carcajeó con satisfacción cuando escuchó gritar y pedir clemencia a la mujer— Intenta que no sea muy grave.

—No, no, por f-favor, s-s-señor, n-no m-me ha-haga daño...— gimoteaba la pobre mujer, que estaba en pie gracias a los dos hombres que la sostenían.

—¿No?— no podía verse, pero en su voz se entreveía la sonrisa que surcaba sus labio— Como dije ha sido el azar, pero sino es así, puedo buscar a otro. ¿Por qué no me buscas al mocoso, entonces?

Chat escuchó a lo lejos el grito de la madre, llamando a su pequeño, poniéndose ella en su lugar, pero en ningún momento apartó la mirada de su jefe. Este se notaba que estaba disfrutando demasiado del sufrimiento que estaba causando en los civiles inocente y una rabia empezó a brotar en su interior.

Ese hombres jamás volvería a hacer algo como esto, jamás jugaría de esta manera con la vida de la gente.

Por encima de su cadáver si era necesario.

—Eh, tú, idiota— tarde se dio cuenta de que el jefe se estaba dirigiendo a él, o a su supuesto él, y su oscura mirada parecía estar traladrándolo— ¿Qué cojones te pasa, capullo? Te he dicho que vayas a por el niñato.

Sin embargo, Chat Noir no se movió del sitio.

En la mirada del hombro apareció un destello de furia y olvidándose momentáneamente de su "plan", lo que él quería, se giró a encararlo.

—¿Qué mierda haces? ¿Te estás echando atrás como una nenaza? ¡Haz lo que te ordeno, YA!

No supo que fue realmente lo que le hizo revelarse. En su mente pidió perdón a su lady por salirse de esa manera de lo acordado, pero estaba harto de ser un espectador silencioso. Necesitaba acabar con aquella situación ya o la vena de la sien le estallaría en cualquier momento.

Era Chat Noir, héroe parisino, y jodidamente nadie podría contra él.

—Creo que ya ha llegado un buen momento para mostrar mis cartas— pronunció lentamente, degustando las palabras.

Obtuvo la reacción que esperaba: los cuatro enmascarados se centraron en él. Aunque los demás civiles también lo miraban como si la aparición de un ángel se tratase, él no apartó la mirada del jefe. Por el rabillo del ojo advirtió como el hombre armado apuntaba su arma hacia él, pero se obligó a permanecer tranquilo.

Un paso en falso y sería un tiroteo, y una de esas balas podía darle a alguien.

—¿Quién mierda eres? ¿Qué has hecho con nuestro jodido compañero?— espetó entre dientes el hombre— ¡Quítate la maldita máscara!

Chat Noir alzó las manos, en un gesto aparentemente inocente, pero que culminó con que el pasamontañas desapareciera, dejando así ver su rostro con el antifaz en él.

Entonces, todo pasó muy rápido.

Chat llegó a captar maldiciones, gritos y lágrimas, mientras el mundo parecía moverse a gran velocidad. El jefe dirigió su arma hacia él, mientras gritaba algo que no llegó a entender, y los hombres soltaron a la mujer, que cayó como un saco roto, para encararse a él. No pudo ver la reacción del ya armado.

En ese momento, un humo tupido empezó a salir por los conductos de ventilación, y se escuchó el sonido de un disparo.

Y de otro, y otro, y otro.


Creo que lentamente voy a ir desapareciendo... no vaya a ser que me de a mi una (?) Aunque estoy segura que más de uno de ustedes le gustaría que fuera así... D:

Como dije, estamos en el final de la historia, y creo que le quedan dos capítulos más, a lo sumo, depende de como me salga el último.

En fin, la cosa se pone chunga. ¿Cómo creéis que terminará todo?