Capitulo 10.
—La siguiente semana será mi cumpleaños— dio a saber Haruna a su hermano mayor con una inmensa sonrisa, una que delataría a quien la viese de ser una chica muy consentida, apegada a ese sujeto que la acompañaba por las calles de regreso a su hogar luego de una cansada jornada de estudio. Aquel día sus padres habían tenido que atender a sus negocios de lleno por lo que al mayor le fue encomendada la tarea de ir por ella hasta sus clases de piano. Midorima la miró con cierta incredulidad plasmada en sus verdes ojos pues no se suponía que debiera estarle recordando una fecha que siempre mantenía agendada debido a motivos especiales, después de todo el nacimiento de su hermanita había sido algo que cambió su vida por completo y que su aniversario resultaba tan importante como asegurarse de que la joven llevara consigo su objeto de la suerte todos los días o de siempre ir vestida de acuerdo a la ocasión, ya fuese arropada en invierno o casual en días calurosos.
—Ya lo sé
—¿Me harás un obsequio?
—Por supuesto
—¿Qué me vas a regalar?
—Es una sorpresa, en serio
—¿Lo harás a mano como la última vez o será que ésta vez lo comprarás?
—Si te lo dijera arruinaría la sorpresa, ¿no crees?
—Me haré la sorprendida el día de mi cumpleaños si me lo dices ahora
—Muy graciosa— replicó acomodándose los anteojos sin alterar su tono de voz serio, tal que ensanchó la sonrisa animada de la joven peliverde a su lado quien sostenía la pequeña pieza de domino como si fuera algo precioso, aunque no tan obsesiva como hacía Midorima con el pequeño panda de peluche
—Oh, ¡ya sé! Tengo ganas de salir a pasear, hace mucho que no salimos juntos. Te propongo algo, vamos a pasear el día de mi cumpleaños y ya no te preocupas por comprarme o hacerme nada, así tendrás más tiempo para pensar en un modo de conquistar al chico que te guiñó el ojo la otra vez
—Haruna... no digas cosas innecesarias— espetó con un ligero tono de molestia
—Solo bromeo— se apresuró en decir con delicadeza, sin llegar a perturbar el ambiente cálido entre los dos —Sé que ahora tú mente está ocupada en los chicos que se te confesaron. ¿Cómo va? ¿Te decidiste por uno al fin?
—Haruna... deja de entrometerte en mis asuntos
Aunque el acento de Shintaro fuera natural y casi tranquilo, lo cierto era que no deseaba pensar en ellos mientras compartía tiempo con la menor; quería desconectarse de aquellos besos y secuencias que lograban embobarlo casi a todas horas mientras el sentimiento de despecho se agolpaba en sus ideas. Habia comprobado que tanto Akashi como Takao lograron marcar su vida de manera importante, podía estar seguro de que anhelaba sus presencias lo suficiente para creer que su corazón estaría dividido hasta que no comprobara si lo que sentía por alguno de ellos era amor y no un capricho de la mente para disipar la «soledad amorosa» que relacionaba a como alguna vez encontró de referencia un libro en linea sobre la mecánica de las relaciones.
Luego de la última llamada de Akashi los encuentros con él se habían reducido a llamadas sorpresivas y visitas cortas, mientras que Takao se la pasaba enviándole mensajes con todo lo que hacía durante los días que no podían verse, notándolo un tanto más insistente y ya no se reía como solía hacer en su cara. Shintaro se preguntaba si llegaría a solucionar el cambio que su indecisión había causado en ellos.
Ambos hermanos cruzaron la calle a punto de marcar el alto para los transeúntes a paso rápido como en una espontanea carrera, de aquellas que la pequeña solía disfrutar cuando sólo tenía seis años y a la que le fue inevitable no le trajera recuerdos cuando caminaron tomados de la mano hasta la otra avenida; Midorima solía comportarse bastante sobre-protector con cualquier agitación que sucediera durante el transcurso del día y, en cierta manera, para Haruna aquello significaba mucho. Plasmó una sonrisa conmovida en sus labios al mirar a su hermano y éste se acomodó los lentes tratando de fingir que no disfrutaba de recibir tales gestos, sabiendo perfectamente de que acarreaban una inmensidad de posibilidades negativas
—¿Y qué opinas de mi propuesta, hermano?
—Desiste. No conseguirás nada de mi hasta el día de tu cumpleaños—.
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Un beso fue arrebatado de sus labios, entre la oscuridad y el silencio absoluto de la habitación en la que ambos estaban era sencillo percibir las respiraciones ahora agitadas y el choque constante de aquellas bocas que parecían no querer apartarse. Para suerte del peliverde aquel día no había nadie en casa y por más excusas que tratase de usar en contra de Akashi sabía muy bien que éste no cedería, no ahora. Un beso profundo dio paso a otro más ambicioso, el cual lo llevó a recostarse en la cama como tantas veces ya había hecho, sin embargo ésta vez el contacto lograba que su mente se tornara en blanco y su cuerpo nada más se enfocara a sentir; mucho más cuando los miembros erectos se rozaron entre sí. Se miraron directo a los ojos donde las emociones del momento eran transparentes como el agua, mostrándose una pregunta en el rostro claramente excitado de Seijurou con respecto a realizar lo que continuaba y Midorima se encontró turbado por aceptar progresar en esta situación. Por supuesto, Akashi no había planeado llegar tan lejos cuando se besaron por primera vez esa noche pero ahora sentía necesario dar el siguiente paso en lo que era ya ésta una fogosa relación
—¿Quieres hacerlo ahora, Akashi?— cuestionó Midorima evidentemente nervioso, si bien conocía de lo que el sexo se trataba y poseía técnica con relación a ello nunca se habría imaginado en tener intimidad con tremenda figura de hombre. Akashi Seijurou representaba más que un físico atractivo y una increíble belleza varonil
—No llegaremos más lejos si tú no lo quieres, pero...— el pelirrojo alcanzó su boca una vez más, tan impaciente como necesitado de más atención —... déjame sentirte un poco más, Shintaro
Sus labios se unieron con suavidad pero, al acercarse, Akashi había permitido que sus caderas crearan fricción y con ello un gemido fuera arrancado de sus gargantas, el placer momentáneo hizo que naciera la urgencia por tocarse así que Shintaro se permitió mover sus manos libremente por la espalda y cadera del pelirrojo, notando cuánto le molestaba sentir la tela rasposa de la camisa que Akashi llevaba encima. En cambio los dedos del más bajo se aventuraron por el pecho y abdomen de su compañero, recorriendo de arriba hacia abajo luego de pasar hacia su cadera, explorando con real placer mientras buscaba una oportunidad de adentrar las manos bajo las ropas para sentir finalmente la deseada piel. Era tan perfecto, todo resultaba tan perfecto que Akashi creía no necesitar preocuparse más por Takao o por el hecho de que Midorima aún no había elegido a ninguno de los dos pues el que Shintaro accediera a profundizar más su relación era algo positivo, una victoria más para él. Estaba disfrutando tanto del calor de aquel cuerpo entregándose a sus demandas que cuando una vibración -seguida de un tono de celular- los interrumpió, terminó aplicando más fuerza de la necesaria en la mordida que ejecutó en el labio inferior del peliverde. Midorima le dedicó una mirada, como esperando su aprobación para contestar aquella llamada y aunque esto hizo que una sonrisa se asomara por el rostro del pelirrojo, al final esto le causaba bastante enojo
—No te preocupes por mi. Responde— asintió y se hizo a un lado para que Midorima pudiese levantarse y tomar el móvil sin molestarse en verificar el remitente; ambos sabían de quién se trataba
—¿Si?
—Hola Shin-chan...
—Creí que llamarías exactamente a las nueve
—Me desocupé más temprano
—Ya veo...
Hubo un corto silencio por parte de ambos lados, Midorima se sentía incomodo de proceder a la platica ya que a sus espaldas se encontraba Akashi aguardando por él, aunque más le incomodaba estar sopesando en la idea de que Takao pudiese sospechar que estaba con Akashi en ese preciso momento
—Mañana, ¿estarás ocupado? Muy pronto será el cumpleaños de tu hermanita, ¿cierto? Me preguntaba si podría ir contigo a comprar su regalo... yo también tenía pensado conseguirle uno pronto, así que...
—No será un problema supongo, de todos modos planeaba ir a comprarlo durante esta semana
—¿En serio? Jaja... me alegra mucho escuchar eso... entonces, ¿te veo mañana en el lugar de siempre?
—De acuerdo— Midorima estuvo a punto de colgar cuando la voz del pelinegro lo hizo detenerse
—Ah, espera, Shin-chan...
—¿Qué?
—... y-yo...— de nuevo silencio, uno muy prolongado, tanto que Midorima sintió a sus sentidos alebrestarse a pesar de que en apariencia se mantenía inmóvil, esperando —Te quiero, Shin-chan... buenas noches
Y así terminó la llamada, con Midorima rígido como piedra, después de todo era la primera vez que Takao le decía algo así y de esa manera. Bajó de su oreja el aparato y se quedó pasmado en su sitio sin más hasta que fue la voz de Akashi quien rompió con el silencio
—Es verdad, en este mes la pequeña Haruna-chan cumple catorce años. Lo había olvidado por completo
—¿Lo escuchaste?— cuestionó Shintaro acomodándose los gafas, un escalofrío había recorrido su espalda en el momento que Akashi le había insinuado saber que se había tratado de una llamada de Takao pese a que se esforzó mucho en evitarlo
—Como era de esperarse— respondió en acento pedante, altanero, pues era imposible que no escuchara la conversación encontrándose tan cerca de Midorima pero pronto guió la platica al tema inicial —¿Le organizarán una fiesta?
—Planeamos hacerlo, aunque no será una celebración costosa, sólo lo suficiente para que pueda invitar a sus amigos. ¿Te gustaría venir?
—No, lo lamento, no creo encontrarme libre para el día exacto de su cumpleaños. Tal vez en otra ocasión pueda tomarme un tiempo y traerle su regalo personalmente
—Entiendo...— asintió con cierta decepción en su voz pues no pretendía hacer que él y Takao se encontrasen nuevamente, quién sabe la clase de encuentro hubieran tenido entre ellos para que una sola llamada creara tanta tensión en el ambiente
—Aunque te agradezco la oferta, Shintaro. Me complace que te preocupes por mi
—No estoy preocupado
—Sabes que no puedes engañarme
—No trato de hacerlo— se excusó casi de forma automática, empujándose los lentes por enésima vez durante ese día. No se agregó nada más mientras la quietud hacía eco en el ambiente hasta que una mano pálida lo atrajo del rostro y lo llevó de vuelta a los labios que habían esperado tortuosos segundos por estar unidos con los suyos. Aquella era la oportunidad de Seijurou para poseerlo todo solamente para él así que no la desperdiciaría en una platica corriente; lo llevó a la cama de nuevo pero esta vez él también se recostó sobre las mantas, quedando a la par uno a lado del otro para que pudieran besarse y sus manos se exploraran cuanto quisieran en ese lapso. Akashi se iría muy pronto a su mansión y, por un breve instante, Midorima deseó con todas sus fuerzas que el pelirrojo se quedara toda la noche allí con él.
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Como habían acordado, Midorima y Takao se encontraron a mitad del centro comercial, quince minutos tarde por parte del pelinegro quien como saludo le dio un corto y casi tímido beso en los labios logrando que este se llevara las replicas que el más alto planeaba escupir por su falta de atención en el tiempo. No hubieron conversaciones largas, más bien, ambos parecían evitar que una palabra mal dicha los llevara a terminar en la situación del día anterior aunque para ambos fuera inevitable saber todo lo que se convencían por negar. Takao sabía muy bien que Shin-chan había estado en los brazos de Akashi cuando decidió hacerle una llamada, de hecho había sido a causa de que lo sabía el que lo hubiera llamado con tanto desespero; quiso interrumpirles en lo que pudieron haber hecho estando a solas pero, en el fondo, Takao aún quería creer que su llamada había sido un impulso normal de alguien que sólo desea escuchar la voz de su amado. Surcaron por distintas tiendas de regalos, bisuterías y demás artículos femeninos pero nada parecía convencer al exigente peliverde en las opciones de compra, al levantar en sus manos cualquier objeto lucía como todo un critico profesional de calidad, mayoritariamente ahora que se trataba de comprarle algo a su joven hermanita y Takao no evitaba reírse por lo enfocado que se mostraba en adquirir alguna cosa que resultara de uso natural y no fuese un adorno inservible pese a que gastaba una fortuna en artículos que no valían lo que pagaba para sí mismo.
Aunque Takao insistió en que le dijera lo que a su hermana le gustaba, Midorima se negó a corresponder como camarada y en cambio se limitó a regañarle por no tener una idea concreta en sus compras pese a que el pelinegro fue quien pidió que invadieran las tiendas para ello. Como fuera, tras una larga caminata entre las apretadas multitudes, la compra de Takao fue hecha en una tienda de discos originales por el que tuvo que pagar una fortuna. Sin embargo no continuaron su camino enseguida, permanecieron entre la concurrencia un poco más a causa de que Midorima no llegaba a decidirse entre dos artículos de belleza que habían captado su atención. En ese momento en que Midorima lucía tan concentrado y sereno, Takao poco pudo mantenerse al margen de su necesidad por admirarle, sin duda adoraba con locura a ese extraño sujeto de cabellera verde y anteojos de anciano, deseaba firmemente ser el único e indispensable en su vida. ¿Akashi sentiría lo mismo? Se rió por haber perturbado sus pensamientos y el momento en sí con el recuerdo de aquel pelirrojo, a fin de cuentas ahora mismo era Takao quien acompañaba a Shin-chan, no era Akashi sino él y lo aprovecharía todo lo que pudiera ya que, de algún modo, lo estaban compartiendo. Y porque Akashi sería generoso de no venir a interrumpir -como hacía Takao- en cualquier movimiento que realizara para mantener los ojos esmeraldas fijos en su figura.
El atardecer fue recibido por un quejido nada placentero mientras los muchachos caminaban de regreso a sus hogares por avenidas menos turbulentas, compras en mano y cuerpos agotados de tanto sostener y empujar multitudes reunidas.
—Creí que moriría en ese lugar. Estoy tan cansado
Midorima guardaba silencio con la mirada perdida en la distancia, como si estuviera pensando y esto a Takao lo hizo sentirse inseguro
—Shin-chan...— llamó acentuando dulzura y lo tomó de la mano logrando que se sobresaltara y le mirara con cierta sorpresa pero también vergüenza. Takao observó con atención cómo Midorima se llevaba una mano a los lentes y la sostenía sobre los trozos de piel que lentamente quedaban teñidos de rojo, lo vio tragar saliva con fuerza, lo sintió temblar al afianzar el contacto, pequeñas acciones de Midorima que enserio hacían a Takao derretirse, como le gustaba ese hombre —Quisiera descansar de la caminata un momento así que, ¿podemos ir a esas bancas de allá?
Takao señaló con el brazo extendido a un pequeño parque ubicado a dos cuadras de donde ellos yacían. El sitio se veía tranquilo y no había nadie a los alrededores, fue un detalle que no pasó desapercibido para el peliverde.
Cuando tomaron asiento Takao dejó caer todo su peso en el respaldo liberando un fuerte suspiro de cansancio acompañado por diversas quejas a las que Midorima ya se había acostumbrado pero esta vez sintió que algo hacía falta, sentía todo tan callado. Usualmente era Takao quien creaba ruido cada vez que se quedaban quietos o caminaban por lo tanto sintió vacío que el pelinegro no dijese nada más en breve
—¿Tienes sed?— se atrevió a cuestionar ganándose la sorpresa de su compañero
—¿eh? No, estoy bien
—Ya veo... ¿hay algo que tengas que decirme sobre la escuela o algo?
—Pues... no en realidad
Sin querer Midorima terminó tensando los dedos sobre el contorno de sus anteojos debido a las increíblemente cortas respuestas
—¿No hay nada que te haya estado molestando últimamente?
—No, para nada
Al fin Midorima chasqueó la lengua con hastío, sintiéndose un estúpido por intentar escuchar la voz de Takao; no estaba acostumbrado a que estuviera en silencio, simplemente. Fue un impulso que el pelinegro no tardó en comprender, mismo entendimiento que le inspiró una sonrisa maliciosa
—Shin-chan, ¿será que... ?
—¿Qué cosa?
—¿... quieres escucharme hablar?— el de lentes desvió la mirada —¿Es eso? Es eso, ¿verdad? Jajajaja enserio eres un completo inexperto para darte entender jajajaja siempre estás callándome pero ahora resulta que quieres oírme jajaja
—¡Oye... !
—¡Perdón, perdón! Pero de verdad eso me parece lindo
Las manos de Takao se posaron deliberadamente en ambas mejillas de Midorima, paralizandolo mientras el más bajo se aproximaba a él, cegado por el sentimiento de pertenencia, vencido por el deseo de besar a quien ama solamente porque si
—Shin-chan...— susurró a pocos centímetros de los labios contrarios, embelesado
—Takao...— dijo Midorima en respuesta desistiendo de mantener su espacio personal, no podría negarse a los deseos espontáneos de Takao, dejaría que ese hombre lo besara. De pronto, la atmósfera se quebró con un tono de aviso conocido, proveniente del celular del lanzador estrella de Shutoku, oírlo había provocado que Takao se tensara y apartara con el sentimiento latente de la ira creciendo rápidamente en su interior y haciéndole daño. Midorima levantó a la altura de sus ojos el aparato, puso toda su atención en la iluminada pantalla y leyó el mensaje recibido en silencio
—Es Akashi, ¿no es cierto?— cuestionó Takao sin mirar a su compañero quien al instante se encontró bastante confundido por la ponzoñosa pregunta. Takao se veía molesto, incluso más de lo que se apreciaba normalmente, ¿tanto era su odio por Akashi Seijurou?
—No, es un mensaje de Haruna. Me pregunta por qué estoy tardando tanto— aseguró luego de revisar una vez más la pantalla, como tratando de minimizar la tensión que comenzaba a adueñarse del aire. No estaba mintiendo y esto causó que una nueva ráfaga de frías emociones dejaran helado al joven Ojos de halcón, a penas librándose de la paralisis con una risa nada placentera que emitió desde sus cuerdas vocales. Y él que pensó que Akashi estaría pendiente de evitarles pasarla bien lo mas posible. De pronto se sentía como si fuera una de sus marionetas, manipulando los hilos de sus más lastimeros pensamientos a la distancia para que no olvidara que Shin-chan todavía no era suyo del todo y no podía bajar la guardia ni un pequeño instante estando a su lado pese a que realmente dejaba que él mismo accionara en su contra
—Es verdad, significo tan poca cosa para él que no se preocupa en lo que pueda y no hacer estando contigo— se dejó reír con cólera, al fin enloqueciendo por la presión de un amor dividido que ya no creía aguantar por mucho tiempo más —Era de esperarse, después de todo sigue siendo absoluto, ¿no?
—Takao— le llamó Midorima un tanto preocupado, considerando que de verdad su compañero podría estar perdiendo la cordura frente a sus ojos pero Takao asintió indicando que lo escuchaba. No perdería el juicio. No aún.
—Perdona, Shin-chan. Estoy bien, descuida... no se trata de nada grave— dijo y se recostó sobre el hombro del peliverde, agotado de tanto suponer, imaginar o pensar. Arrinconándose a ese único espacio del mundo que podría sanarlo a él y su cabeza
—Takao...
—Abrázame, Shin-chan
Midorima no pudo hacer más que obedecer. Estrechó el pequeño cuerpo de Takao con el suyo y disfrutó de éste mientras el otro chico dormitaba; la noche los alcanzaría en cualquier momento pero para ellos en ese instante nada importaba.
Continuara...
