La Habitación Del Tiempo
Lo último que se pudo escuchar de exterior fue el clack de la puerta que formó un eco un toda la habitación. De pronto, el ambiente en aquella habitación se intensificó al grado de sentía como su calor corporal de ambos se intensificaba a cada segundo.
Con la mirada perdida en vacío existencial, ambos se dieron una mirada cómplice para tratar de comprender si estaba bien lo que estaban haciendo.
—Bueno, aquí es —se detuvo el hombre para observar la reacción de la ángel— La habitación del tiempo.
Su acompañante quedó en silencio por un corto lapso, que más para ella fueron eternos; por más que trataba de comprender del como ha llegado hasta aquí no podía.
Sí algo ya era claro, era que había roto varias reglas fundamentales de los ángeles. En estos momentos ya no podía echarse para atrás sólo tenía que enfrentar la situación a como de lugar.
—Es interesante este lugar, será un buen sitio para entrenar sin ninguna interrupción — contestó de una manera apasiguadora.
—Bueno tal vez no solo sepa pero, en esta habitación la temperatura cambia drásticamente — comentó el azabache observándola fijamente.
—Ya veo. Por mí no hay problema, puedo soportar altas temperaturas ya sean baja ó altas — soltó una pequeña carcajada por el comentario el saiyajin.
El hombre sólo se limitó a sonreírle, a él le agrada ver a la gente sonriente, pero ella era un cazo especial su sonrisa delataba lo más bello del mundo.
Caminaron unos cuantos pasos, para detenerse justo al borde de los primeros escalones que conducían a la arena de entrenamiento.
—Por allá está el baño —Señalo hacia su derecha, para caminar en dirección contraria. — Y aquí es donde se almacena toda la comida.
—Ya veo. Después de todo no tiene por qué preocuparse por la comida — dijo con un tono divertido.
El saiyajin soltó una pequeña carcajada por el comentario.
—Sí, tal vez tengas razón.
Su miradas se cruzaron.
Nuevamente la electricidad recorrió su piel. Los latidos acelerados. El silencio provocó que el hombre se acercara a ella.
Al tenerlo tan cerca sentía algo muy profundo que en esos momentos no tenía explicación, el latir de su corazón latía tan lento como el tacto de sus manos.
Al primer contacto con las manos del hombre una descarga eléctrica salió expulsada de sus dedos índices llegando hasta su cabeza, si tenía en cuenta que el tiempo en esta habitación corría de una manera tan lenta, quería congelar el tiempo en esos momentos.
Nada importaba; nada más que lo que sentía ellos dos. La confusión embargo la mente de los dos, sus sentimientos eran tan confusos que las sensaciones eran muy diferentes.
Por parte del saiyayin, el poder respirar ese aroma tan embriagante y dulce era imposible no poder la razón y dejarse llevar por sus emociones.
Llevo su mano que aún tenía libre hasta el cabello de su acompañante que no opuso resistencia, noto como bajo la guardia al estar cerca de ella.
—"Que son todas estas sensaciones" —Se preguntó el hombre sin dejar de verla a los ojos.
Todas las emociones de la ángel se volvían en una sola; una sensación bastante calurosa y agradable. El sentir la respiración del hombre era tan reconfortante, que juraba sentir que dejaba de ser de una simple asistente a pasar a ser mujer; una mujer que por primera vez está experimentando el amor.
—Eh, yo… lo siento —Se disculpó el azabache, dando medio paso hacia atrás.
La reacción del hombre la tomó desprevenida, pero aunque fuera difícil de aceptar estába más que agradecida que no pasará a mayores.
—No se preocupe —dijo intentando tranquilizar al hombre.
—Bueno, qué te parece sí comenzamos con el entrenamiento —mencionó Goku embozado una sonrisa.
—Me parece una buena idea —contempló la sonrisa de azabache que le hacía sentir un cosquilleo por dentro.
Caminaron con toda tranquilidad sin hacer mención a alguna palabra, el silencio era tan conmovedor que querían permanecer así por toda la eternidad; el sólo escuchar la respiración del otro, era tan aposiguador como estar en lo más profundo de una cascada.
—Bueno quiero decirle que antes de empezar, haremos un entrenamiento diferente —rompió el silencio la joven angelical.
—¿Algo diferente? —preguntó el hombre intrigado.
—Sí — contestó—. En estos últimos entrenamientos me he dado cuenta que al momento de atacar usted piensa antes de atacar, y eso inútiles sus ataques.
—Sí, Whiss ya me había dicho algo similar sobre eso —confesó—. ¿Y qué pretendes hacer?.
—Lo que pretengo hacer es, el que usted domine sus sentidos a la perfección estos meses de entrenamiento.
—Ya veo. Pero no es nada fácil de dominar, lo he intentado en otras ocasiones y siempre termino por agotarme —dijo un poco apenado mientras se sobaba su cabeza.
La ángel solo le respondió con una delicada sonrisa, que de alguna manera alegro al saiyajín.
—Bien entonces lo que haremos será lo siguiente — desapareció de su vista para posicionarse detrás de él—. Quiero que busque la paz interior dentro de sí, y que empieza a sentir todo el poder que desprende al moverse. Y cuando esté listo solo piense en mí y en los movimientos que realice.
Escuchó fuerte y claro la dulce voz de la ángel, que lo hizo perder la cordura por unos momentos.
—Sí —respondió después de salir del trance en el que se encontraba.
Sin perder un minuto, se apartó de la ángel, para después sentarse y cruzarse de piernas, relajó profundamente sus músculos como su respiración.
Un silencio sepulcral inundó la zona en donde se encontraban, sus sentidos empezaron a sentir el poco movimiento que había en la habitación. Y el primer sonido se hizo presente, el sonido que provocaban los tacones de la joven angelical sonaron con un eco profundo.
—Listo —preguntó la ángel con su vista puesta en el hombre.
Sin hacer mención a una respuesta el azabache se puso de pie, dio sus primeros pasos sin hacer necesidad de abrir sus ojos, ya que sus sentidos estaban al cien. Podía sentir el poco aire sofocante golpeando su rostro, al igual que la presencia de la joven que se movía por todo el lugar.
Y el primer golpe se soltó, el sonido veloz del centro de la ángel iba en dirección del saiyajín que apenas tuvo tiempo para esquivarlo rozando por su frente.
Su maestra sonrió alegremente al notar el progreso tan rápido de su alumno, aunque no he tenido muchos alumnos en toda su existencia hasta hace apenas algunos años, él era el mejor de todos.
—Nada mal —lo felicito sin detener sus ataques.
Los ataques provientes de la joven sonaba por toda la habitación en donde algunos alcanzaban a rozarlo, y en donde otros los recibía sin poder defenderse.
—"Sera mejor subir el nivel, quiero ver hasta dónde puedes llegar" —se preguntó la peliblanca.
Antes de que el saiyajín pudiera reaccionar, recibía una cantidad considerable de golpes por parte de la ángel que aunque quería ser considerado con él, sabía que no podrá hacerlo; por lo poco que sabía de él, era que siempre sufría algún daño este podía superar sus límites y ese era su objetivo.
—Creo que por hoy podemos dejar hasta aquí el entrenamiento —se detuvo dándole espació para respirar.
—Eso no es justo Marcarita, nunca me mencionaste que me iba a atacar —refunfuñó el azabache que se sobaba su nuca.
La ángel sonrió divertidamente por las incidencias que se le ocurría al saiyajín; sin duda con él se podía divertir en todo momento, y podía actuar libremente.
—Vamos no se ponga así, usted sabía perfectamente que este era un entrenamiento en donde tenía que usar sus sentidos al máximo —contestó con una media sonrisa de lado.
—Es verdad —río por debajo fijando sus ojos con los de su compañera.
En ese preciso momento, la mirada de ambos consumía todo a su alrededor, un cosquilleo recorrió por la piel del saiyajín quien se mantenía estático quedó petrificado sentía como su ser se consumía con una sola mirada de la ángel.
Por otra parte, Marcarita noto como la mirada del hombre estaba puesta en ella, esto era algo que la ponía nerviosa aunque no lo demostrará; en esos momentos agracedia por ser parte de la raza de los ángeles, ya que si no fuera por ello, en estos momentos ya hubiera caído en las redes del azabache.
Un silencio sepulcral inundó la zona en donde se encontraban; como romper aquel silencio que era tan reconfortante para ambos, pero aunque no querían tenían que hacerlo.
Pero el silencio sería interrumpido por el estómago del azabache que sonó como si una bestia viviera en él. Aquel estrundo hizo volver a la realidad a la asistente del dios de la detracción Vermoud.
Parpadeó un par de veces, para después desapartar la vista del hombre.
—Supongo que se debe estar muriendo de hambre ¿Cierto? —cuestionó la ángel.
Gokū solo se limitó a sonreír divertidamente, llevando una mano hacia su nuca.
—Sí —contestó—. Bueno es que hay algo que quisiera preguntarte —balbuceo nerviosamente.
—¿Que ocurre? —preguntó con curiosidad, aunque algo en su interior sabía que lo que le fuera a preguntar tenía mucho que ver con ella.
—Bueno, es que… quisiera saber si me podías cocinar un poco de comida —río—. Lo que pasa es que no se hacer ese tipo de cosas.
Las palabras de Goku resonaron en la cabeza de la ángel que hizo que se perdiera en sus pensamientos por un pequeño lapso.
—Claro, por mí no hay problema —contestó intentando ocultar sus nerviosismo, si era verdad lo que le acaba de pedir; cocinar ella, ella nunca tuvo la necesidad de hacer esas cosas ya que para eso, su dios destructor recurría a los mejores planetas del onceavo universo.
—Que bien —festejo diversamente dejándose llevar por sus emociones, y fue y abrazo delicadamente a su maestra que quedó estupefacta por su acción—. Gracias.
Sin hacer mención a alguna palabra sintió como los brazos del hombre la rodeaban, el calor que transmitía era tan reconfortante que aunque le dolía admitirlo no quería romper aquel abrazo. Dentro de sus pensamientos pensó en convertir los segundos en una eternidad y estar con él z en un abrazo que decía más que mil palabras para ella.
—Lo siento —dijo desapartandose de ella, notó cómo está no respondía lo que pensó que tal vez su abrazo la incómodo más de lo que creía.
—No se preocupe —contestó de una manera neutral—. Pero mejor sígame, le tendré lista su comida en unos momentos.
—Sí —contempló cómo la mujer se alejaba de él, eso lo hizo sentir un poco culpable, tal vez la incómodo más de lo que debía; si de algo estaba claro, era que los dioses no estaban muy acostumbrados a los afectos amorosos.
Fin Del Capítulo.
¡Hola! Ha pasado mucho tiempo desde que actualize por última vez está historia, y si que la he descuidado mucho y no pienso que eso vuelva a pasar y pienso retornar el tiempo perdedido en esta historia como en mi otras historias, aunque puede que haiga semanas en donde no actualize pero de que sus actualizaciones serán más seguidas tenga lo por seguro, espero que entiendan.
