Kaleido star – cap11
En el ojo de la Tormenta
Sora aún no salía del choque emocional en el que se encontraba, tantos problemas que ahora tenía que acarrear y por sobre todo, su sueño, debía defenderlo hasta el punto de llegar a sacrificar su vida.
―Mi vida. ¿Vale un sueño? ―pensó en voz alta, no podía dejar de pensar en todas las recomendaciones de Fool y no creía que ahora sí tendría que hacer.
―Para que no estés entrenando con el francés o con el ruso en este momento me llama la atención, Sora ―Aquella era la voz directa de Layla Hamilton, su más grande ídolo.
«¿Ella habrá tenido estos problemas?», se preguntaba el pequeño ángel con estupor, debía decidirse y lo que necesitaba era tiempo, el que ya no tenía.
Su mirada nerviosa y el nerviosismo contenido gracias a la inquisitiva mirada de la rubia de ojos azules no ayudaban mucho
―Etto…
Layla sonrió como nunca antes.
―Sora, a veces, la respuesta está en tu corazón ―espetó divertida―. No siempre el amor va acompañado del trabajo ―musitó manteniendo aquel extraño estado de ánimo que siempre la acompañaba cuando estaba con Sora.
Ella sólo se limitó a observarla confundida. ¿Le había dicho amor?―. Pero señorita Layla, yo no...
―Sora, se supone que HOY tienes ensayo ―Ken la cortó ingresando por la puerta de salida del gimnasio―. De seguro no querrás enfadar a los 'trapecistas' ―masculló esto último con recelo, algo que ni la misma Layla había prestado atención. ¿Y quién lo haría?
―Lo siento Ken, pero hoy no asistiré a la práctica, tengo que consultar algo muy importante con la señorita Layla.
Quizá aquel comentario emocionó al corazón del joven técnico y quizá eso le aseguraba que a Sora no le interesaba ninguno de los dos 'trapecistas'. Quizá.
―Entonces podemos irnos a dar una vuelta Sora. ―Apremió Layla―. No queremos más interrupciones. ―Y la carita emocionada de Sora la contagió de un ligero toque de complicidad.
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Saliendo a las simpáticas calles de Cape Mary, ambas muchachas disfrutaron de unos deliciosos helados en cono, caminaron por el boulevard y terminaron sentándose sobre la arena admirando la vasta capa marina que iba hasta más allá del horizonte.
Y así, llegando la tarde y a pocas horas de la siguiente función, Layla decidió que era hora de recibir algunas explicaciones―. Tenemos poco tiempo Sora y no creo que puedas quedarte mucho ―sentenció percatándose de la hora en sí.
Aquello fue como una pregunta clave en pleno interrogatorio―. ¿Cómo lo sabe?, ¿Se lo dijo Fool?, ¿Pero...puede verlo de nuevo? ―Comenzó a preguntar sumamente nerviosa la acróbata japonesa.
Layla la miró confundida―. ¿De qué hablas Sora? ―Y aquí se centró el meollo del asunto.
―Así que se trata de eso... ―musitó Layla meditando la situación actual de su joven prospecto, a pesar de que se lo haya contado, no le entraba en la cabeza al cien por cien.
Sora era un ovillo sobre la arena―. Si debo ir a Rusia, supongo que tendré que hablar con el joven Álvaro e ir con él, pero de seguro el joven León no lo tomará bien, así que... ―Ella era un manojo de sentimientos encontrados. Y Layla comprendió.
―No te preocupes Sora, de seguro él entenderá ―espetó segura de sus palabras. No por gusto Sora era la engreída del ex Dios de la Muerte. Recargado.
―Pero, el escenario, la función, no puedo dejar la función, el público... ―exclamaba Sora claramente preocupada.
―El público entenderá si se trata de ti, además, solo queda esta semana.
Aunque aquello era cierto, las entradas estaban vendidas para otra semana más―. Ya es hora que May haga prueba de sus atributos. ¿No lo crees? ―Indagó Layla, después de todo, aquella acróbata china era de armas tomar.
Y eso atacó a Sora como un puñal.
―Eso es lo que May no quiere, o mejor dicho, no lo tomará bien, ella creerá que elegí a...
―No se trata de May, se trata de ti, de tu futuro, de tu sueño, nuestro sueño Sora, ¿O acaso no quieres ser una estrella mundial afamada por todos?
Sora asentía con la cabeza―. Y he encontrado un nuevo sueño señorita Layla ―exclamó determinada―. Quiero crear un escenario sin competencia a donde sea que vaya.
Layla sonrió maravillada, Sora estaba madurando―. Sé que lo lograrás. ―Acarició su cabeza con ternura―. Y el hecho que a May no le guste que trabajes con otros, no justifica que TÚ tengas que hacerle caso, TÚ eres TÚ, ella es ella. ―Entonces decidió presionar un poquito más ― Hasta podría pensar que NO tienes el coraje para esto, Sora.
«Coraje».
―¡Por supuesto que Sí señorita Layla! ―exclamó reincorporándose súbitamente―. ¡Mi sueño es crear un escenario sin competencias y lucharé por él! ―Y así como subió, decayó como una gota de lluvia―. Pero no quiero defraudar a nadie en el camino ―Y suspiró.
―Lo harías si continúas así Sora, no es bueno ni para ti ni para los demás que te refugies en 'excusas' para evitar luchar contra los problemas, es así como yo lo veo Sora ―comentó Layla reincorporándose para iniciar la marcha de regreso al circo.
Sora meditó cada una de las palabras dichas por su ídolo, meditó y meditó hasta que le tocó la hora de iniciar la obra, nadie le dijo nada, tampoco León o Álvaro, ni siquiera Kalos, quien ya estaba enterado por la misma Layla.
El pequeño ángel partiría a un nuevo horizonte.
Y sólo bastaba que diera la noticia por su propia boca.
¿Pero era realmente cierta esta probabilidad?
Tras la función, Sora se enclaustró en su pequeño departamento y continuó meditando, no podía hacer las cosas a la ligera, no cuando tenía que sacrificar más que su propia estabilidad y la de otros con ella.
―Se supone que hoy estás meditando, algo que jamás en tu vida has hecho Sora ―comentaba Fool sumamente intrigado. «¿Será que quiere premeditar todo? Eso sí que asusta». Fool tentaría a la suerte―. ¿No quieres unos masajitos en la espalda So...? ―Un fuerte almohadazo lo terminó por plantar en el piso mientras Sora se encaminaba a la cocina por un helado.
―Eres un pervertido Fool.
El espíritu del escenario se quejaba inútilmente mientras Sora pasaba de largo―. Arg...Sora... ―Y en la puerta se originaron golpes pausados.
―Sora, ¿Estás bien mi ángel? ―Esa voz no podía ser de otro que Álvaro Kornikof―. ¿Sora?
Desde la cocina, Sora se entumeció y no dijo nada, Fool la miraba extrañado, aunque no objetó, ante el insistente llamado, Sora se aventuró a entre abrir la puerta y asomarse.
―Joven Álvaro, no pasa nada, solo estoy cansada ―espetó cordialmente, pero el otro no parecía nada convencido.
―El hablar sola no implica que estés bien, hay alguien más contigo ―inquirió con la mirada felina. Aquello había tomado por sorpresa a la acróbata, el ruso era perspicaz.
«¿Pero cómo sabe?»
―Vivo al lado ―espetó firme. Casi como si le hubiese leído la mente.
―¿Nani? ―Su grito pudo haberse escuchado hasta la china, era evidente y hasta estúpido que a estas alturas Sora no supiera en dónde dormía el ruso y menos, qué tan cerca estaba de ella. Pero Sora...era Sora
―¿A que no lo habías notado? ―ronroneó el ruso con claras intenciones de entrar. Si la puerta estuviera libre de la presión del cuerpo de Sora.
Dejando a un lado aquello, Sora prefirió mantener su momento de paz por lo menos hasta la mañana en que daría la noticia―. No tiene sentido joven Álvaro, solo tengo ganas de meditar y estar un rato sola. ―Se excusó soltando algunas risotadas, que por desgracia, el ruso conocía muy bien. Su mirada fija se centraba en ella.
«¿Qué hice ahora?», se preguntaba él tratando de soportar aquel ataque directo.
Ella no había planificado nada extravagante, solo lo había ignorarlo cuando le ofreció atención absoluta y para colmo, lo rechazó y NO satisfecha con ello, menospreció algunas atenciones que él le había ofrecido sin siquiera darse cuenta.
―Al menos, me ofrecerás una taza de café ―inquirió el ruso desviando la mirada.
―¿Café? ―repitió Sora haciendo memoria―. Se me acabó esta mañana y...
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De ese modo, terminaron tomando café en la pieza de Álvaro, pero éste no accedió a moverse hasta no revisar la pieza de Sora antes. Y Fool, se mostraba más que nervioso con su presencia durante el cateo del ruso.
―¿Y de qué se trataba tu meditación? ―inquirió Álvaro ya más cómodo con la seguridad que le brindaba a Sora en su pieza. Según él.
―Tenías razón, nos tocó la obra más difícil ―musitó ella resuelta bebiendo un sorbo de su taza de café aún humeante.
―Tu actitud confiada me da asco ―espetó acusándola con la mirada.
Ella no pudo evitar escupir el café que aún no pasaba y bañar con él al ruso. Ella no pudo evitar gritar por el pánico.
―¡Diablos, debería ser YO quien grite Sora! ―espetó dejando a un lado su taza para ir por una toalla.
―Lo siento joven Álvaro, no quise, es que...
Luego del incidente, y con Sora más...bueno, una vez que Álvaro se hubiese cambiado, reiniciaron la conversación.
―¿Tienes algún problema con la obra que nos tocó? ―inquiría Álvaro mucho más intrigado que antes.
Sora solo suspiró y decidió dar su veredicto―. La obra será Ángeles y Demonios, Joven Álvaro. ―exclamó preocupada.
Los ojos de Álvaro titilaron con un brillo que ella jamás había visto en nadie―. Esa obra. ―Algo comenzó a surgir a la vida en su mirada―. Haremos esa obra Sora ―musitó emocionado, aunque no duró mucho―. Me imagino que ya sabes qué clase de entrenamiento deberemos llevar ―Y ella asintió.
―Algo te molesta ―Corroboró él.
Sora asintió con la cabeza―. No quiero dejar la obra de lado.
Y Álvaro sonrió triunfal.
―Dudo mucho que lo hagas Sora, eso puede remediarse―. Después de todo, él tenía una misión en especial y acababa de cumplirla.
―Terminaremos esta semana y luego se las apañarán ellos. ¿Qué dices? ―La cara de Sora no expresaba conformidad.
―Bien, dejamos a todos sin descanso interdiario y adelantamos las funciones de la semana entrante para no perjudicar a tu 'sobrevalorado' público ―incluyó comillas con los dedos.
Aquello sorprendió en mucho a Sora, no pensaba que él fuera capaz de sugerir algo así, después de todo, él respetaba como mandamiento aquellos días de descanso.
―¡Entonces podríamos preguntarle al jefe y luego hablar con los demás y...!
«Tiempo al tiempo. ¿Eh? », pensaba Álvaro escuchando todo el mundo de fantasía planteado por su pequeño ángel. «Quizá si vale la pena hacer de idiota de vez en cuando».
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La mañana llegaba con una brisa fresca y además con una noticia en especial―. Chicos, ya que la mayoría se ha reunido, quiero que sepan esto que es muy importante para mí y sé que para todos ustedes también ―exclamaba Sora sumida en los nervios, claro, Álvaro no perdería el tiempo.
―En una semana partiremos a Rusia. ¿Alguien que no sea inepto se apunta? ―Una vez más, el ruso Álvaro Kornikof ponía a prueba el autocontrol del elenco.
―Esta es tu oportunidad Ken ―le susurraba Mía al deprimido muchacho.
«Ahora sí que la pierdo, hasta él obtuvo una colonia y no un globo terráqueo como yo», se repetía a sí mismo anonadado.
―¿Te irás a Rusia? ―May estaba confundida o bien, esperaba haber escuchado mal―. ¡No puedes irte, no ahora! ―exclamó enfurecida.
Sora mantenía un semblante triste.
―Sólo serán por dos meses, además, necesito entrenar ―Alguien más interrumpió.
―¿Y las funciones? ―Inquiría un acróbata algo perturbado.
―¿Sí, qué pasará con la obra? ―inquirían otros más.
Sora exhaló aire más nerviosa y exclamó―. Pues, si pudiéramos omitir los días de descanso y colmar la semana con funciones, entonces la semana que vendría ya tendrían vacaciones hasta la siguiente obra sin perjudicar al público.
Muchos sonrieron y se codearon―. ¿Entonces podremos recibir extra?
―Sí. ―Kalos parecía un muerto en vida, sabía cómo manejar a la mayor parte del elenco. Aunque esa gracia costara un extra.
―¿Te irás con él? ―León Oswald acababa de llegar y escuchar parte de la noticia en pleno gimnasio no era precisamente agradable.
A Sora esa pregunta no le parecía coherente―. En realidad, iré con una pequeña parte del elenco, pero cuando la obra termine y...
―NO. ―Él era contundente y eso lo hacía difícil para ella. Álvaro observaba extrañado.
―Te entrenaré yo, dudo que él pueda hacerlo mejor ―continuó imperativo, él era el único capaz, el único que podría encaminarla como un verdadero ángel.
―Debo ir a Rusia, joven León ―musitó más que convencida―. Pero solo iré a entrenar para la obra del Festival Fantasía, me encontraré con algunos de ustedes en tres semanas más y el joven Yuri irá también porque sabe ruso; aunque quizá no pueda entrenar con ustedes, pero nos veremos todos los días y veremos nuevos lugares, ah, May podríamos patinar… ―Los ánimos cambiaban recapitulando aquello, casi sería como cuando entrenó con Layla en el gran cañón. Y May ya no se sentía tan 'desechada'.
―¿Entonces, no nos dejarás Sora? ―indagó ansiosa.
―Eres ridícula Sora, porque al irte con ése ruso, no te querré jamás como compañera ―inquirió el ex Dios de la Muerte exacerbado y temeroso de perderla.
Simples palabras para Álvaro. Mortales puñales para Sora.
Una amenaza para no dejarla ir.
Una que podría cambiar los giros del destino.
Las puertas habían sido abiertas, pero solo unos cuantos cruzarían el umbral y serían capaces de enfrentarse a sus destinos.
«No te querré jamás como compañera»
Lamento haber tardado muuuuuuucho, pero una crisis me llevó a otra y pues… para remate, perdí mi disco, el usb, y casi todo…
En fin, para variar, soy una escritora un tanto problemática, gracias de todos modos por su paciencia, espero que aun continúen por aquí, prometo terminar Ángeles & Demonios antes de fin de año.
¡Gracias por sus cometarios, me alegraron mucho!
Nos leemos y cuídense!
