Hola de nuevo gente. Sip, ya se que hacía siglos que no publicaba, pero qué puedo decir? Simplemente la inspiración no llegaba. Espero poder actualizar mas seguido en adelante, en serio lo voy a intentar. Les mando un beso y gracias por leer!
9. Abrumada
- Aro quedó muy consternado con las pérdidas que ocasionaste –comenzó Jane como si nada, inspeccionando los alrededores del lugar que Bella había escogido. Se trataba de una casa abandonada a las afueras del pueblo, no muy lejos a donde se habían reunido antes.
- Solicité marcharme formalmente –replicó ella, poniéndose una vez más entre Edward y sus antiguos compañeros de guardia. Había considerado pedirle que se marchara, pero no estaba completamente segura de si ellos tres eran los únicos miembros de los Volturi en el lugar. El riesgo de que deambulara sin protección por esos lugares era simplemente inadmisible.
- Aún no comprendemos tu falta de lealtad –soltó la otra mujer con desdén, su tono duro como el acero.
Bella la miró, pero casi no escuchó lo que decía, todo en lo que podía concentrarse era en la imagen que captaba por el rabillo del ojo. Edward caminaba a su lado con la frente en alto y la boca cerrada. Sintió su pecho estremecerse cuando se permitió concentrarse en el ritmo de los latidos de Edward. Su corazón latía acelerado, desdibujando la fachada que sus facciones intentaban mantener. "Miedo", pensó para sí misma.
Lo había mantenido en la oscuridad por meses y aunque estaba segura de que él sospechaba que algo raro sucedía, no podría haberse imaginado una peor forma para que se enterase de todo. Ahora mismo, mientras se acercaban a la vieja mansión en ruinas, podía verlo en sus ojos. La incertidumbre, la desconfianza, el miedo.
Deseó tomarle la mano, asegurarle que no dejaría que nadie lo lastimara de nuevo, pero aunque lo intentó con todas sus fuerzas, no fue capaz de hacerlo. No temía a los Volturi que debería enfrentar en el caso de que se volvieran en su contra, pero la idea de que Edward se apartara de su lado la torturaba. La idea de ver en sus reacciones el miedo que le provocaba comprenderlo todo.
- No te harán daño –susurró por lo bajo, incluso a pesar de saber que todos podían escucharla sin ningún esfuerzo. Quería darle apoyo, quería tranquilizarlo, y hubiera dado cualquier cosa por lograrlo. Sus ojos se despegaron de la pequeña mujer que caminaba del otro lado de Bella para encontrarse con su mirada por un largo momento.
No había ni una pisca de desconfianza en su mirada. Ni una duda.
- No temo por mí –replicó en voz baja también. Y Bella volvió a respirar cuando sintió como tomaba su mano izquierda y entrelazaba sus dedos. Sintió como sus ojos escocían, faltos de las lágrimas que ese gesto le hubiera provocado de haber sido humana. Sonrió amargamente al notar lo que pensaba.
Caminaban hacia una muerte casi segura, y todo lo que pasaba por su mente era una simple idea… una fugaz imagen de cómo habría salido todo de haber sido humana. De haber podido corresponder a esa muestra de amor con todo su corazón. Por primera vez desde que la habían transformado, deseaba ser humana de nuevo. Solo para él. Solo para entregarle su vida, para envejecer a su lado y morir siendo su mujer.
Su corazón se estremeció cuando lo comprendió. Eso era lo que él merecía. Un hogar cómodo, una familia amorosa, una mujer cálida… una vida. Un futuro. Tuvo que desviar la vista cuando el dolor de esa realidad la embargó, entumeciéndole los músculos.
Como un gesto automático traído de una vida lejana, se limpió el rostro con el dorso de su mano, buscando limpiar una lágrima que nunca lo había mojado. Observó su piel pálida y seca por un momento y tragó en seco al notar su torpeza. Era irónico que todo lo que la había hecho feliz y dichosa una vez, ahora la torturara desde lo mas profundo de su corazón y le impidiera liberar la tristeza de la forma en la que los humanos podían hacerlo. De pronto, llorar se veía como un privilegio. Intentó sacudir esos pensamientos fuera de su cabeza y levantó la vista, irguiéndose para aparentar algo que en ese momento era imposible sentir: seguridad.
A penas unos segundos después, la vieja estructura se alzó ante ellos, imponente a pesar del desgaste evidente de los años de abandono.
- Creo que este será un lugar seguro para hablar –anunció deteniéndose frente a la casa.
- Eleazar, inspecciona los alrededores –ordenó Jane con tono autoritario. El hombre comenzó a moverse de inmediato, rodeando el edificio y dirigiéndose a la parte trasera.
- No hay rastro de nada –susurró del otro lado del terreno. La pequeña balbuceó una escueta respuesta de aprobación-. ¿Desea que inspeccione el interior? –preguntó antes de que pudiera agregar algo mas, otra orden le indicó que debía hacerlo.
Bella sintió el leve apretón en su mano por parte de Edward, pero decidió corresponderlo de la mejor forma en que podía, manteniéndose atenta al peligro.
Luego de entrar, le indicó que se quedara en una pequeña habitación que al parecer alguna vez había servido de almacén en otras épocas. Sólo bastó una mirada de súplica para que Edward accediera. Si lo que ella necesitaba era que él se quedara al margen, soportaría la agonía de no saber lo que sucedía. Confiaba en ella, fuera lo que fuera.
- Bien. Díganme lo que quieren –exigió Bella con la voz monótona y muerta una vez que estuvo sola con los que alguna vez habían sido sus aliados.
- Vinimos a negociar tu regreso –anunció Jane, tan soberbia y altanera como siempre.
- No voy a regresar –anunció segura, aún encarando la pared. Sabía que a cualquier otra persona debía producirle miedo darle la espalda a un vampiro como Jane, pero eso no era un problema para ella. Su poder no le afectaría en ninguna forma y si decidía atacarla, fácilmente podría quitársela de encima. Pero había algo que la carcomía por dentro. Un miedo que crecía a medida que las posibilidades se presentaban en su cabeza.
Apoyó una de sus manos gentilmente en la puerta que tenía en frente y escuchó a Edward ahí adentro por un segundo. Por él era que temía, el solo hecho de perderlo hacía que su corazón se estremeciera. Y por eso la sola presencia del otro vampiro en la habitación hacía que no pudiera respirar correctamente, que no pudiera dejar de sentir ese nudo en la garganta y esa opresión en el pecho.
Tomando un largo suspiro, volteó para mirar a la única persona que podría acabar con todo su futuro, con toda su felicidad. La única persona que podía destruir lo que Edward sentía por ella en un santiamén… Chelsea.
- Sabes que esto no es natural –sentenció su perdición encarnada. Bella solo se estremeció por la verdad que llevaba impresa esa frase. Sabía que eso era cierto, sabía que ese futuro que añoraba con todo su corazón no era mas que un espejismo que desaparecería tarde temprano.
- No sé de qué estás hablando –murmuró sin embargo, negando con la cabeza. Chelsea soltó una breve carcajada a modo de respuesta.
- ¿Crees que no puedo sentirlo? Es repugnante. Jamás pensé que cometieras semejante estupidez. ¿Un humano? Es asqueroso –por una vez, Jane no tenía nada que decir. Había visto como Bella tomaba la mano del humano al caminar, había escuchado las palabras que ella había usado para calmarlo, había percibido las feromonas en el aire… pero había asumido que solo se trataba de una presa más. Un bocadillo que llevaría a la reunión.
- Sabes lo que soy capaz de hacer para protegerlo –replicó ignorando los reproches. Una sonrisa macabra se atravesó por el rostro de la pequeña rubia. El miedo de Bella era su musa, su oportunidad.
- Quizás él ya no quiera que lo protejas –murmuró lentamente y en un tono de voz increíblemente bajo. Todos los ojos de la habitación se fijaron en ella, esperando que continuara.
- ¿De qué estás hablando? –murmuró Eleazar, que acababa de regresar de su inspección de la planta alta. Jane no desvió su atención de Bella, pero la sonrisa que se expandía por su rostro pronto tuvo consecuencias. Dentro de la habitación que estaba a sus espaldas, Edward soltaba un quejido ahogado que hizo que Bella reaccionara de inmediato. Su escudo se alzó en menos de un segundo, haciendo que el ataque se reflejara, esta vez afectando al hombre del trío que parecía salido de una pesadilla.
- ¿Crees que eso es lo peor que podemos hacerle? –susurró la pequeña, dejando que un tono venenoso se filtrara en sus palabras-. Déjame recordarte, querida Bella, que tu escudo no funciona contra todo lo que podemos causarle a tu pequeña… mascota.
Justo lo que Bella temía se iba formando frente a sí, haciendo que le costara no estremecerse.
- No pueden hacerle nada –mintió mas para sí misma que para sus interlocutores. Otra carcajada partió de los labios de Chelsea, que prestaba atención a las palabras de Jane como si su vida dependiera de ello.
- Voy a explicarte lo que pasará –anunció Jane como si no las hubiera escuchado-. Eleazar me ha informado que tu pequeño humano podría sernos de gran utilidad en la guardia. Así que… ¿Qué te parece si él y nosotros tenemos una pequeña charla?
- Nunca –escupió Bella entre dientes.
- Pues bien –la voz subió un tono y sonó mucho mas dura-. Entonces me dejas otra opción. Chelsea… destrúyelos. Los ojos de la vampiresa de cabello como la brea se abrieron y se concentraron en la puerta a espaldas de Bella.
- ¡No! –gritó ésta, subiendo su escudo como si su vida dependiera de ello. Pero era inútil, nada podía hacer sobre los poderes de la morocha de ojos carmesí. Ella podría manipular sus emociones, tanto como las de Edward, sin importar lo mucho que lo amara, sin importar lo mucho que él la quisiera.
- Puedo hacer que deje de amarte, puedo hacer que te olvide… que jamás vuelva a pensar en ti. Puedo hacerte sufrir eternamente con la pérdida del amor que sé que sientes –susurró Chelsea con calma. Mucho mas amenazante de lo que jamás pensó que podría sonar. Bella no respondió, pero la forma en que tragó saliva se correspondía con la nota de miedo en sus facciones.
- Convénselo de unirse a la guardia, Bella. Ambos pueden ser felices ahí. No tienes que pasar por ningún dolor. Él jamás morirá, jamás envejecerá…
Esas dos ultimas palabras quedaron resonando en la cabeza de Bella. El futuro que había imaginado para él. Esa familia, esos hijos, esa felicidad se esfumaba ante sus ojos. Y era su decisión. Ella lo causaría. Ella lo destruiría y lo haría miserable por siempre solo para mantener su propia y egoísta felicidad.
- No… -susurró con la voz quebrada. El sollozo que tanto reprimía se agolpaba en su garganta luchando por salir.
- Pues entonces nos encargaremos de que la vida de ambos sea un infier-
- No… -repitió Bella cortando la frase de Jane. Subió la vista intentando mantener su cabeza erguida a pesar de la derrota-. Tengo una propuesta –anunció.
- No tienes nada que ofrecernos –soltó Chelsea, pero la pequeña levantó una mano en el aire para acallarla.
- ¿Qué es lo que quieres? –preguntó con voz áspera pero curiosa.
- Quiero que lo dejen en paz –una risa fue su respuesta.
- ¿Y qué piensas hacer a cambio? -esta vez Eleazar fue quien habló.
- Iré con ustedes –murmuró.
- Eso lo harás de todos modos –replicó Jane, pero Bella aún no había terminado.
- No es todo. Sé que soy importante para la guardia. Estoy consiente de la rareza de mis facultades. Durante décadas han dependido de mi escudo para mantener a raya los alzamientos.
- ¿Y? –preguntó la morocha, restándole importancia a lo que escuchaba.
- Imagina lo que podría causar si los traicionara. Imagina las posibilidades de que mi escudo se vuelva en su contra, repeliendo sus ataques y volviéndolos contra ustedes mismos.
- Solo estás dándonos muy buenas razones para matarte, Isabella –respondió Jane con tono hastiado. Sonaba aburrida.
- Espera. Si ustedes… si no lo lastiman… si lo dejan en paz –se corrigió rápidamente- Si jamás influyen en su vida de ninguna forma, entonces siempre seré leal. Siempre me tendrán de su lado. Jamás los traicionaré.
Un abismo de silencio siguió a sus palabras. Podía ver a Jane sopesando la posibilidad. Podía ver a Eleazar listo para aceptar, podía ver a Chelsea desconfiando de lo que decía.
- Entiendes que tendrás que probar lo que dices, ¿cierto? Tendrás que remover tu escudo para que Aro pueda comprobar que lo que dices es cierto. Bella asintió con la cabeza una sola vez. Un hilo de esperanza se colaba a través del miedo: Edward podría tener una oportunidad de una vida normal, feliz, próspera.
Era un trato simple: su vida, a cambio de la de Edward. Su condena eterna, a cambio de la felicidad de él.
- Deberás dejarlo cuanto antes –agregó. Bella asintió de nuevo, esta vez cerrando los ojos. El dolor era simplemente insoportable. La certeza de que se acabaría lo único puro que había sentido en toda su existencia, la destrozaba.
- ¿Pueden darme hasta mañana? –preguntó con la voz cortada. Sólo se trataba de una súplica-. Quiero despedirme de él.
- No –sentenció Jane en respuesta, deshaciendo con una sola palabra todas las esperanzas de Bella de prolongar su felicidad por un día más-. No volaremos durante el día. Tienes hasta la media noche. Partimos a la 1 am.
Jane colocó su capucha en su lugar y comenzó a caminar hacia la puerta. Los demás imitaron sus movimientos como muñecos manejados por su titiritero.
- Nos mantendremos cerca –anunció justo antes de salir, sin siquiera voltear la vista-. No intentes nada extraño.
Una de las manos de Bella voló a su pecho, sosteniéndolo al sentir que se caería a pedazos de un momento a otro. Jamás había sentido tanto dolor, tanta desdicha, tanto miedo. Intentó respirar, pero en lugar de eso solo dio la vuelta sobre sus pies y giró el pomo de la puerta que la separaba de Edward. No dijo nada antes de que él saliera de la habitación y la tomara de los hombros.
- ¿Estas bien? –le preguntó desesperado, inspeccionándola mientras hablaba. Bella asintió con la cabeza, pero no logró pronunciar ni una palabra. Todo estaba perdido. Su amor, su compañía, su esperanza. Todo.
Cuando los brazos de Edward la rodearon, estrechándola a su pecho, lo único que logró hacer fue tomar aire, embriagándose de su aroma e intentando grabarlo en su memoria para retener consigo aunque solo fuera un recuerdo de lo que alguna vez habían tenido. Un vago y simple recuerdo de lo mucho que lo había amado. De lo mucho que perdería.
