10. Shock

Silencio.

De hecho un silencio cómodo, pero al fin y al cabo el único sonido que repiqueteaba en la oficina de Ginny era el tic-tac del reloj de madera, regalo de su padre, en el escritorio. Fuera, se escuchaban voces dando explicitaciones o nombres de pociones, además de pasos acelerados de un lado a otro y otras frases que se perdían con los demás ruidos.

Habían pasado ya varias horas desde que Harry había entrado a esa oficina, más sin embargo todo el ambiente permanecía idéntico.

De vez en cuando las miradas de ambos se encontraban, pero al momento eran apartadas por una fuerza que se sobreponía a las inmensas ganas que los dos tenían de sostener la mirada y volver a ver a detalle los ojos que tanto conocían.

Harry se llevó las manos al cuello masajeándolo un poco, el cansancio por estar tanto tiempo hacia abajo leyendo comenzó a convertirse en un dolor punzante. Ginny lo observo un poco, mientras fingía leer.

Un golpe en la puerta distrajo a los dos de lo que estaban haciendo. Ginny tomó la varita y mágicamente giro la perilla de la puerta.

-Ginny, lamento la interrupción. Hola Harry.- Jessica entró al despacho con una tabla llena de papeles.- Robert y yo hemos estado revisando los efectos de las pociones que le hemos dado y, ninguna es mortal para el producto.

-Hola, Jessica.

-O sea que el bebé estará bien.- Respondió Ginny aliviada. Una sonrisa no pudo evitar escapar de sus labios.

-Si no lo está, no será error nuestro. Ya hemos limpiado su sangre completamente y puesto una poción protectora en su vientre.- Afirmó Jessica.

-Iré a verla.- Ginny se levantó de su asiento.- ¿Te molesta quedarte aquí?- Harry negó con la cabeza.- No tardaré mucho

* * *

-Sabías que estas involucrando tus sentimientos en este caso.- Dijo Jessica, mirando de reojo a Ginny.

-Si te refieres a Harry,-Ginny habló a la defensiva.- No se porque demonios lo dices, ya que…

-No habló de Harry.- Aclaró Jessica en tono lento.- Bueno, en parte si. Pero me refiero al bebé.

-No me estoy involucrando.- Ginny apenas si pronunció esta frase. Estaba demasiado ida observando sus pies moverse en el piso, dando pasos cortos.

-Claro que lo estas haciendo.- Refutó Jessica, deteniendo la marcha súbitamente.- Y también sabes que no estoy de acuerdo. Te lastimas sola y, Harry cerca no es de mucha ayuda.

-Iré a verlos por mera razón médica.- Ginny trato arduamente de sonar seria y convencida, pero no logró ni convencerse a ella misma.

-Los recuerdos, ese recuerdo en especial va a matarte de dolor.- Jessica trato de persuadirla para no ir al cuarto lleno de bebés.

-No me va a pasar nada.- Ginny volteo hasta tener a Jessica frente a frente. Habló fuerte y claro.

Después de eso no se dijeron nada más. Una vez en el cuarto de la paciente Jessica tomo otra dirección; mientras que Ginny pensaba que tal vez no era muy buena idea el ir a ese lugar.

La paciente estaba profundamente y no considero necesario el despertarla.

* * *

Harry revolvía los libros que había en la mesa. Esto de verdad qué se estaba poniendo difícil, no había rastros, no había nada. Lo qué muchos aurores llamarían el crimen perfecto. Con su experiencia sabía que tal cosa no existía: siempre había un cabo desatado, y eso guiaba a la resolución del misterio.

Pero este caso era complicado, quizá más de lo que él pensó que podía llegar a ser y eso significaba pasar más tiempo con Ginny de lo que él planeaba.

Tocaron la puerta, Harry se levantó para abrirla.

Vaya sorpresita que se llevo al ver a William con una rosa en la mano.

Silencio. Está vez no era un silencio cómodo.

Debes de calmarte, no tienes derecho sobre la vida de Ginny…no son nada

Esta vocecita repiqueteaba en la cabeza de Harry, pero por más que trataba de escucharla, quería hacer un largo interrogatorio al tipo rubio qué tenía enfrente… la primera pregunta sería ¿qué demonios haces aquí con eso en la mano?

-El famoso Harry Potter.- William arrastró las palabras con arrogancia bien disimulada. Harry no la paso por alto.

"El imbécil William Richardson…" Harry contrólate, no pierdas los estribos. Una vocecita en la cabeza de Harry habló tratando de calmarlo.

* * *

Ginny caminaba de regreso a su oficina. Iba un poco inquieta por dos razones: primera no se cercioro del estado de la bruja y su bebé y segundo volvería a estar a solas con Harry.

La primera razón era el corte, la segunda la sangre.

El reloj del hospital marcó las siete de la tarde eso significaba el cambio de turno para las enfermeras.

Demonios. ¿Ya las siete?

Ginny no se la pensó varias veces y aceleró el paso o Hermione la quemaría en la chimenea de la madriguera.

-Sanadora Weasley,- una enfermera se acerco a ella.- la esta esperando una señorita en la cafetería.

Ginny se extraño un poco y movió graciosamente la nariz. De igual manera se apresuro a ir o perdería más tiempo del cumpleaños de su hermano y Hermione no la perdonaría.

* * *

-Buenas tardes.- Harry aún se encontraba en la puerta, bloqueando la entrada.

-¿Y Ginny?- William fórmula la pregunta con una sonrisa de comercial de pasta dental. Harry simplemente hizo una mueca de incertidumbre con la boca.

-No esta aquí, y creo que va a tardar.- Se supone qué te dijo que no tardaría. Harry quería matar a la estúpida vocecita, dentro de su cabeza.- Te recomendaría no esperarla.

Te estas pasando del límite, si Ginny se enterará.

Harry sonrió con amabilidad. Amabilidad fingida pero eso no importaba ya que estaba parado en el mundo de apariencias.

-Creo que de igual manera la esperare.- William y su tonta sonrisa.

¿Porque te pones en este plan? Tú y Ginny no tienen nada que ver. Puede salir con quien ella quiera…

-Si es lo que quieres.- Harry se movió muy poco, dejando un espacio limitado para que William pasara. Claro que puede salir con quien quiera, menos con este modelo de revista mágica barata…

William lo empujo con sutilidad para pasar y se instaló en la mesa.

Harry gruño por lo bajo. ¿Debía sentarse a lado del lugar de Ginny? Vaya que ese tipo era fastidioso.

Será mejor que te vayas y no cometas alguna estupidez…además de que es el cumpleaños de tu mejor amigo deberías ir ya.

Harry se negaba a escuchar a su conciencia. Esperaría a Ginny.

* * *

Una vez en la cafetería, Ginny vio a quien se refería la enfermera o mejor dicho a quienes se refería.

Ginny bufó por lo bajo. En ese momento no estaba para disputas idiotas con Julie y la barbie andante (novia de Harry para su desgracia), Naomi.

Julie se percató de su presencia, así que no pudo fingir no haberlas visto. Se acerco a la mesa con la cabeza en alto y con el paso acelerado, como dice la gente: al mal paso mejor darle prisa.

-Morrinson, ¡que sorpresa!- Lo intento, pero aún así no pudo sonar cordial ni mucho menos amable.

-Buenas tardes, Weasley.- Julie ni siquiera intentó sonar cordial y Naomi ni siquiera se molestó en saludarla.

-¿Qué necesitas?- Ginny movió una silla y se sentó.

-Necesitamos, de hecho.- Naomi habló por primera vez en la conversación.

-¿Qué?- Ginny detestaba el misterio de la visita. Quería que terminara y que fuera rápido.

-¡Por Merlín! Weasley relájate.- Vaya que la desesperación era mutua. Ninguna de las tres ahí sentadas se soportaba.- Mi prima quiere hablar contigo acerca de…

-De Harry.- Naomi interrumpió abruptamente al tiempo que comenzaba a abrir su bolsa.

-¿Acerca de Harry?- Ginny levantó una ceja en forma sarcástica. Debía de verlo venir, la señorita barbie no soportaría que la ex de su novio permaneciera con él más de cinco minutos.

Naomi sacó un cigarro de su bolso. Ginny estaba tan ida pensando que cara pondría Naomi si supiera todas las veces que se había acostado con Harry que ni siquiera lo noto.

-¡Mantente alejada de él!- Naomi habló enojada y a decir verdad, en forma posesiva. Estaba enojada, la pobretona de Weasley tenía la sonrisa más burlona del mundo pintada en la cara y ni parecía escucharla.- ¿Entendiste?

Ginny reacciono y al ver lo que Naomi estaba haciendo enfureció.

-¡¿Qué pasa contigo?!- Ginny le arrebató el cigarro de la boca y lo apago bruscamente.-¿Tienes idea de que pasaría si entra humo a alguna poción?

Naomi rodó los ojos. Julie ahogó una risita, era la única divertida viendo la escena y agregando que sabía legermancia pudo leer la mente de Ginny, prefirió no entrometerse en recuerdos debido a qué quería ver a Harry a la cara sin pensar en... sus momentos con Ginny.

-Weasley ¿qué quieres?- Naomi chasqueó la lengua y sacó una chequera.

Ginny rió por lo bajo. Le divertía la forma en la que Naomi reaccionaba, la inseguridad que llevaba por dentro.

-¿Dinero? ¿Nombre? ¿Fama?- Naomi le extendió a Ginny un cheque en blanco con su firma.

-Ahórratelo Naomi.- Ginny rompió el cheque.- Compra más ropa.- Ginny observo el vestido corto en exceso y se levantó de la mesa.

Naomi abrió los ojos incrédula y volteo a ver a Julie, quien estaba jugando con la cuchara de su café.

* * *

Ginny entró a su despacho aún sonriendo, normalmente ver a Julie o Naomi era fastidioso pero esta vez fue divertido. Sobretodo la parte en que a Naomi casi se le cae la quijada de la sorpresa al ver que ella no tomó su dinero.

William y Harry en esa mesa: sonrisa esfumada.

-Hoy es martes.- William le guiño un ojo.

Ginny tuvo que sujetarse en la puerta para no caerse. Se mordió el labio inferior un poco, estaba nerviosa.

Nunca había sido buena con los nervios, su cabeza daba vueltas y se quedaba trabada. Cuando Harry estaba en su casa desayunando, shock, cuando la salvo del basilisco, shock, cuando la vio con Dean, shock, cuando despertó a su lado sin ropa, shock, cuando William le guiña un ojo con una rosa en la mano, ¡SHOCK!

¿Quedó entendido el estado de shock?

-Ginny, me tengo que ir. Tengo un compromiso.- Harry se levanto de su silla visiblemente tenso por la situación.- Creo que te veo luego.

-Si…yo.- Ginny no sabía que decir.- Yo te veo luego.

Harry salió de la oficina, Ginny sintió como se dilataban todos sus músculos al sentir el aire que provoco su abrigo al pasar cerca de ella.

-William, ¿qué le has dicho exactamente?- El tono de voz de Ginny tenía más preocupación de lo que ella esperaba.

William se acerco a ella hasta estar a pocos centímetros de su cara.

-Hoy es martes y, me gustas.- Ginny lo aventó de un empujón al tiempo que una lechuza entraba por la ventana y aterrizaba atrozmente en la mesa.

Las lechuzas de los Weasley nunca tendrían una aterrizaje sútil. Un vociferador.

-Sal de mi oficina.- Ginny se apresuró a desatar el vociferador de la pata del animal y a tomar su abrigo.

Una vez fuera, Ginny cerro la puerta, esperando fervientemente que los gritos de su futura cuñada no despertaran a todos los pacientes.

-William llevó una hora de retraso. Hablamos después.- Ginny no se esperó a la respuesta y salió corriendo a las chimeneas.

* * *

Siguiente capítulo el cumpleaños de Ron. Harry y Ginny en la madriguera de nuevo… ¿que pasará?

Millones de gracias, no dejen de escribir sus comentarios. Besos.