No gano nada de dinero por esto, ni tengo el derecho. El derecho le pertenece a JK Rowling... Y a White Squirrel.
Notas del autor: Gracias a todos por sus reviews. Para aquellos que preguntaron, no me he olvidado de Sirius. Desafortunadamente, tendrá que esperar hasta que haya la oportunidad de exponer a Colagusano. Pero Harry conocerá a más personas de su familia en capítulos futuros.
Capítulo 10
Noviembre, 1986
Andrómeda y Edward Tonks llegaron el domingo por la tarde a escoltar a los Granger al Valle de Godric. Ambos notaron que Harry estaba usando una gorra de béisbol que cubría su cabello y la cicatriz en su frente. Incluso en su antigua residencia, muy pocas personas podían reconocer al niño de esa manera por lo que Andi asintió con aprobación mientras les presentaba a su esposo.
Ted era rubio y grande, pero Harry notó que su apariencia no era cercana a la de Vernon Dursley, y su voz era mucho más amable. Ted tomó las manos de todos rápidamente mientras los saludaba. Fue el primer nacido de muggles que conocieron además de Hermione, y como su esposa, sabía moverse en el mundo muggle. Dan y Emma estuvieron bastante impresionados cuando saludó a Harry como a alguien de su familia; considerando como les había ido a los nacidos de muggles durante la guerra, no hubieran estado sorprendidos si hubiera mostrado reverencia ante el Niño que Vivió.
–El auto está en el garaje –dijo Dan mientras los Tonks comenzaban a caminar hacia la esquina.
–Si no les molesta, será mucho más rápido si utilizamos un medio de transporte mágico –dijo Andi. Tomar el autobús no sería más riesgoso que la visita, y sintió que sería mejor librarlos de lo que Ted estimó serían seis horas de viaje en total.
–¿Qué tipo de transporte? –Preguntó Dan, pensando en la red flu y en escobas.
–¿Están utilizando sus talismanes repelentes de encantamientos repelentes? –Dan y Emma asintieron–. Aún no han visto grandes actos mágicos, por lo que será mejor que se preparen pues… utilizaremos el autobús noctámbulo. –Andi se acercó a la calle y sacó su varita de su manga–. Lo único que tienen que hacer es levantar la varita y…
¡BANG!
Detrás de Andi y Ted, apareciendo de la nada y en un chillido, se encontraba un enorme autobús morado de tres plantas. Un momento después, un hombre con uniforme morado salió y habló con ella.
–Bienvenido al autobús noctámbulo, transporte de emergencia para el brujo abandonado. Alargue la varita, suba a bordo y lo llevaremos a donde quiera. Mi nombre es Ernie Prang y estoy a su disposición… ¿cuál es el problema? –Dijo mientras señalaba a la familia, quienes observaban todo con la boca abierta.
–Sr. Prang, ellos son nuestros amigos, la familia Granger –dijo Andi–. Los niños se enteraron que son magos el año pasado y les estoy enseñando el mundo mágico.
–Ah, ya comienzan más temprano. ¿Y a dónde van? –dijo Ernie.
Ella le entregó una bolsa con oro.
–¿Con esto es suficiente para un viaje redondo al Valle de Godric?
–Ciertamente, señora. Todos a bordo pues –los llamó.
Los Granger lucieron menos tranquilos cuando subieron al autobús y notaron que en lugar de asientos normales había sillas de madera que no estaban organizadas. Un grupo de brujas y magos de aspecto desarreglado y con ropa anacrónica se encontraban sentados cerca de la parte trasera.
–Agárrense bien –les advirtió Ted cuando encontraron seis asientos juntos.
–Me pregunto porque… –murmuró Emma sarcásticamente.
–De acuerdo, vámonos Lou –dijo Ernie.
–Mm… –gruñó el conductor y después de otro tremendo ¡BANG! comenzaron su viaje… y en un instante estaban en una ciudad diferente.
La familia Granger fue impulsada hacia atrás por una gran fuerza. Las sillas se movían libremente, aunque nunca se caían. Hubieran cuestionado cómo es que estaban en Londres si no estuvieran ocupados gritando: después de todo, el autobús noctámbulo no sólo iba a un mínimo de cien millas por hora, sino que tampoco permanecía en el camino.
Les tomó cinco minutos y unas cuantas teletransportaciones más para que se dieran cuenta que los obstáculos se movían para evitar al autobús. Les tomó diez minutos más el consolar a Harry y Hermione y asegurarles que no iban a sufrir un accidente fatal. El autobús hizo paradas por todo el país para recoger y dejar a diferentes personas, pero Andi tenía razón de que era el método más rápido ya que llegaron al Valle de Godric en menos de una hora, aunque no estaban seguros de si había valido la pena.
–¿Por qué esta maldita cosa no tiene cinturones de seguridad? –Demandó Dan cuando finalmente se bajaron. Emma ni siquiera hizo el esfuerzo de corregir su vocabulario.
–Oh, no es tan malo –dijo Ernie–. Nadie se ha lastimado en un mes. Gracias por su elección.
Y con un último ¡BANG!, el autobús noctámbulo desapareció.
–Lo siento –dijo Andi bajo las miradas de desaprobación de Dan y Emma–. Es difícil de describir a alguien que nunca lo ha utilizado.
–¿No tienen… mejores medios de transporte? –Preguntó Emma.
–Ninguno rápido. La red flu, trasladores, aparición… todos son iguales. Magia poderosa tiene un precio, y en este case el precio es que son muy incómodos.
Dan aun pensaba que sería más cómodo con cinturones de seguridad, pero se guardó el pensamiento. Hermione continuó pensando sobre las leyes de la magia mientras cruzaba la calle de la mano de su padre, ya algo recuperada del viaje.
El Valle de Godric era un pueblo tranquilo, con los residentes muggle felizmente ignorantes de la enorme cantidad de magia a su alrededor. Una calle de agradables casas de campo los llevó hacia la plaza del pueblo, rodeada de unas cuantas tiendas, la oficina de correos, un pub, y una pequeña iglesia. Y al final de la calle se encontraba una casa que no se veía tan agradable.
–Ese es el lugar que más personas visitan en Halloween –explicó Andi con voz suave–. Ahí fue donde vivieron… donde viviste, Harry.
Emma lo acercó más a ella mientras se acercaban. Para los muggles lucía como un terreno abandonado; pero para aquellos al tanto del mundo mágico, había una casa como las demás, excepto por la sección del segundo piso que había sido destrozada por una terrible explosión y escombros por todo el jardín. Los arbustos claramente no habían sido retocados en cinco años, y una hiedra de color verde oscuro crecía a los lados de la casa. Mientras observaban las ruinas, Andi se acercó y colocó una mano sobre la cerca de metal oxidado. Un letrero salió del suelo, con un mensaje en letras doradas aun visible a pesar de estar rodeado de grafiti.
En este lugar, la noche del 31 de octubre de 1981, Lily y James Potter perdieron la vida. Su hijo, Harry, es el único mago que ha sobrevivido a la maldición asesina. Esta casa, invisible para los muggles, permanece en ruinas como monumento a los Potter y como recordatorio de la violencia que destrozó una familia.
Emma leyó las palabras en voz alta para sus hijos. Su voz titubeó mientras controlaba sus lágrimas. Era menos de un año desde que Harry había llegado a su hogar, pero la realidad de lo que le había ocurrido a su familia biológica la golpeó cuando vio la casa destrozada. Ignorando la maldición asesina, ¿cómo es que había sobrevivido la explosión?
Harry dio un paso adelante y acarició el letrero de madera con sus manos. A Emma le tomó un momento el darse cuenta de que estaba leyendo los mensajes escritos alrededor del epitafio: cinco años de grafiti mágico, palabras sobre palabras sobre palabras que resaltaban por la tinta brillante o se ocultaban detrás de los otros mensajes. Harry estaba leyendo en voz alta, saltándose los nombres difíciles y enfocándose en los mensajes más largos.
Gracias, gracias, Harry Potter.
Adiós, Lily y James. Me gustaría que hubiéramos sido más cercanos – Victoria McKinnon.
Mis bendiciones, Harry Potter, donde sea que estés – Michael Dunbar.
Te fallé, Lily. En verdad lo siento. Juro que te vengaré.
Siempre estaremos en deuda con los Potter. Gracias por todo lo que hicieron por nosotros – Dedalus Diggle.
Descansen en paz, James y Lily. Sólo quisiera poder hacer más por Harry – Remus.
La voz de Harry se rindió y cayó al suelo mientras lloraba y sollozaba de una manera muy similar a un maullido.
Emma se arrodilló a su lado y lo abrazó. Ella también lloraba, pero por una razón diferente: a pesar de todo lo que había escuchado del Niño Que Vivió, las falsedades escritas sobre él en Historia de la Magia Moderna, fue conmovida al notar que finalmente alguien había encontrado las palabras correctas. Alguien en ese terrible mundo mágico finalmente comprendió y recuerda a Lily y a James de manera adecuada en lugar de adular a un infante vanagloriado por sus trágicas circunstancias.
Una gata de cabello largo y de aspecto desaliñado se acercó al par y maulló. Harry levantó la mirada, parpadeando sus lágrimas para poder observarla con atención. Pudo notar que era de edad mayor por la manera en la que caminaba, los dientes amarillentos, el pelaje castaño de aspecto áspero, y el tono gris alrededor de la nariz. La gata lo observó con precaución, como si hubiera sufrido una mala experiencia con él, pero lentamente se acercó hasta llegar a su brazo. Harry levantó su mano y con cuidado la acarició detrás de las orejas, por lo que la gata se acostó y comenzó a ronronear.
Durante varios minutos nadie habló ni supo que hacer, pero finalmente Emma y Harry se pusieron de pie y se dieron la vuelta. Ted y Andy estaban abrazados, y Dan estaba abrazando a Hermione; pero la pequeña se liberó cuando vio las lágrimas en el rostro de su hermano y corrió a abrazarlo.
–¡Oh, Harry! –Lloró. Emma colocó una mano sobre los hombros de ambos para tranquilizarlos.
Harry sopló su nariz unas cuantas veces más.
–Gracias –susurró.
–Vamos, si están listos… –dijo Andi–, el cementerio está por aquí. –Los llevó por un sendero; sólo Harry notó que la gata los estaba siguiendo.
Cuando llegaron a la plaza notaron el obelisco en el centro, un monumento de guerra como los que se encontraban en varias otras aldeas. Pero cuando se acercaron, Ted les explicó:
–Querían mantener la casa como quedó… esa noche, pero algunos de nosotros en Londres queríamos que hubiera un monumento, por lo que cooperamos para pagar la estatua que está aquí. –Y sí, cuando se acercaron, el obelisco se transformó en una estatua de tamaño real de James, Lily, y Harry Potter cuando era un bebé, los tres sonriendo en medio de la plaza. Los Granger soltaron un grito ahogado cuando la vieron; estaba claramente basada en la foto del primer cumpleaños de Harry que él tenía en su mesita de noche.
–Es maravillosa –susurró Emma.
–Lo es –repitió Dan.
–Gracias, Ted –dijo Harry mientras le daba un abrazo con sólo un semblante de nerviosismo.
–Me pregunto –murmuró Dan. Se retiró el talismán para repeler encantamientos repelentes de muggles–. También es un monumento de guerra –dijo con sorpresa–. Tiene nombres y todo.
–¿En verdad? –dijo Hermione tomando el talismán.
Dan estiró la mano para tocar el granito.
–Incluso lo puedes tocar –para el resto parecía que estaba tocando la rodilla de James Potter. Emma comenzó a quitarse su collar para ver la ilusión por sí misma.
–Se transformó en un obelisco –dijo Hermione. Todas las miradas se posaron sobre ella y notaron que utilizaba el talismán de su padre.
–¿Puedes ver el obelisco? –Dijo Andi.
–Ajá, cuando me pongo el collar. Creo que funciona al revés en las personas mágicas.
–¿En verdad? Me lo permites, Emma –Andi tomó el collar de Emma y se lo colocó–. Que interesante. No sabía que hacían eso. Hermione, ¿cómo supiste que los talismanes harían eso?
–No lo sabía… pero tiene sentido.
–Sí, supongo.
Después de que todos tomaron su turno con los collares, y mucho más importante, Harry se tomó su tiempo observando la estatua de los Potter, continuaron su camino hacia el cementerio al lado de la iglesia. Entrando de dos en dos por la reja de entrada, comenzaron a examinar las tumbas.
–¡Miren! –Exclamó Hermione unas cuantas hileras más adelante. Señaló una lápida grande, oscura, y llena de liquen dedicada a Kendra Dumbledore y marcada con las fechas 1851 y 1899. Debajo de la inscripción principal, y en letras más pequeñas, se leía y su hija Ariana con las fechas 1885 y 1899. Hasta abajo había un epitafio: Donde esté tu tesoro, allí está tu corazón.
–La hermana y la madre de Albus Dumbledore, creo –dijo Ted–. Nunca ha hablado mucho de su familia.
Con razón, pensaron todos al notar que su hermana había muerto a los catorce años.
Dan leyó varios nombres mientras continuaban.
–Williams… Knighton… ¿P…? No, dice Peverell.
–¿Peverell? –Dijo Andi–. Esa debe de ser bastante antigua.
Observaron con atención a la lápida agrietada. Era grande, con un símbolo triangular extraño en la parte superior que Harry pensó parecía el ojo de un gato. Cerca de la parte más baja, apenas visible, se encontraba el nombre Ignotus Peverell junto con sus fechas de nacimiento y muerte: 12 de julio de 1214 y 18 de mayo de 1291.
–¿1291? Casi setecientos años de antigüedad. Debe de ser más antigua que la iglesia.
–Este debió de ser su cementerio familiar. Fueron una de las familias nobles. Se rumora que los Potter fueron elegidos como sus sucesores, pero los registros están incompletos… las tumbas más nuevas deben de estar al fondo.
Harry continuó observando junto a los demás con aprensión. Mientras más al fondo, más crecía su anticipación y sus pies parecían no querer continuar, pero Emma tomó su mano y lo guió.
La lápida en la última hilera estaba hecha de mármol y era bastante nueva. También estaba rodeada de flores y de regalos, por lo que se preguntaron cómo no la habían notado antes. Aparentemente, visitas iban ahí más seguido de lo que habían pensado. La dedicatoria en la lápida parecía recién inscrita y fue fácil de leer mientras Harry acariciaba las letras.
JAMES POTTER
27 de MARZO de 1960
31 de OCTUBRE de 1981
LILY POTTER
30 de ENERO de 1960
31 de OCTUBRE de 1981
El último enemigo que será derrotado es la muerte.
–El último enemigo que será derrotado es la muerte… –Repitió Harry con confusión.
–Es de la Biblia, cariño –dijo Emma con gentileza–. Lo podemos buscar después.
Él continuó tocando las letras.
–¿Qué… qué digo? –Preguntó.
–Lo que tú quieras.
Se sentó entre las flores y comenzó a hablar con voz titubeante.
–Ho… hola… Mamá… Hola, papá –dijo sintiéndose un poco incómodo al hablar con el frío mármol; pero para su sorpresa, las palabras salieron naturalmente–. No… no los recuerdo realmente, pero soy Ha… Harry, su hijo. No… pude venir antes porque el tío Vernon y la tía Petunia fueron muy malos y no me dijeron lo que les pasó, y no les gusta la magia. Pero… pero me escapé de ellos –dijo rápidamente mientras se quitaba las lágrimas de sus ojos–. Encontré una… una nueva mamá y un papá, y son muy buenos conmigo. También tengo una hermana, y ella también es bruja… Es como tú, mamá. ¿Hermione? –La llamó.
Hermione dio un paso adelante y se sentó a su lado.
–Erm… Hola, Sr. y Sra. Potter –dijo también con titubeo–. Soy Hermione. Erm… Harry es un gran hermano. Me alegro de que viva con nosotros… ustedes saben, lejos de sus tíos. Vamos a ir a Hogwarts juntos cuando seamos más grandes, pero Harry ya es muy bueno haciendo magia…
Harry levantó la mirada y observó a Emma.
Ella entendió.
–¿Pudieran darnos un tiempo… a solas? –Les dijo a Ted y a Andi. Ambos caminaron hacia la entrada del cementerio.
–Está bien, Harry. Puedes decirles –dijo Emma.
Harry sonrió un poco mientras regresaba su mirada al mármol blanco.
–Adivinen que… –susurró–. Me puedo transformar en gato. La profesora McGonagall también lo puede hacer, pero no sabe cómo puedo yo ya que soy un niño. ¿Conocen a alguien más que pueda hacer eso? –Hubo un silencio incómodo ya que Harry había guardado silencio para esperar una respuesta sin pensarlo–. Y… conocimos a Andy y a Ted. Me agradan, pero no pueden visitar mucho… –Miró a Emma nuevamente.
Emma se arrodilló a su lado para unirse a la conversación y ayudarlo.
–Hola James y Lily –dijo mientras abrazaba a ambos niños–. En verdad amamos a su hijo. No… No sé cómo lo protegieron de Voldemort, pero gracias. Es maravilloso tenerlo en nuestras vidas.
–Y no se preocupen –dijo Dan de pie detrás de ella–. Lo mantendremos a salvo por ustedes y fuera de problemas. Estoy seguro de que será un gran mago cuando crezca.
Con el apoyo de su familia, Harry permaneció ahí por un tiempo y les contó a sus padres biológicos de sus amigos y escuela, y lo que había hecho durante el último año. Supuso que no querrían saber de su tiempo con los Dursley, pero se dio cuenta que tenía bastante que decir desde que los había dejado.
Mientras hablaba, la gata que lo había estado siguiendo caminó hacia él y se sentó como si estuviera cuidándolo. Intercambiaron parpadeos y lo dejó que la acariciara, pero nadie prestó mucha atención.
Cuando sintió que había terminado, a pesar de las lágrimas, Harry estuvo feliz de haber ido. Como había dicho su mamá, sintió que había aprendido más de sus padres, de alguna manera, y más que eso, al ir ahí sintió que su familia estaba un poco más completa. Mientras caminaban a la salida del cementerio, Ted y Andi lideraron el camino, pero fueron interrumpidos.
–Hola –dijo una voz rasposa. Se dieron la vuelta para encontrar a una mujer pequeña y de edad mayor caminando lentamente hacia ellos–. No es muy común ver visitas después de la noche de todos los santos.
Los ojos de Ted y Andi se abrieron ampliamente cuando se dieron cuenta de quién era y de lo que probablemente sabía después de vivir en el Valle de Godric por tanto tiempo. Aunque lo mejor era actuar casual.
–Profesora Bagshot –dijo Andi intentando ocultar sus nervios. Los Tonks habían conocido a Bathilda Bagshot varias veces en funciones del ministerio, pero dudaba que la anciana los reconocería.
Mientras Dan y Emma intercambiaban susurros, la anciana se acercó a los Tonks y los miró a los ojos, aunque apenas y llegaba a la altura de la barbilla de Andi.
–Andrómeda –dijo cuándo pudo verla bien–. Andrómeda Tonks, no hay duda. Tienes los ojos de la familia Black.
Así que sí los recordaba. Esa era su suerte.
–Es bueno verla, profesora –dijo–. Estos son nuestros amigos, la familia Granger. Dan, Emma, quiero presentarles a Bathilda Bagshot, autora de Historia de la Magia.
–¿En verdad? –Gritó Hermione corriendo hacia ella–. ¿Usted lo escribió? Lo hemos leído todo, ¿no es así, papi?
–Erm, sí, así es –dijo Dan. A decir verdad, Hermione los había escuchado leer ciertos pasajes, pero era lo suficiente cierto–. Estamos encantados de conocerla, profesora. –No sabían mucho de la autora, excepto que les sorprendía que seguía con vida. Se veía bastante grande en su fotografía en Historia de la Magia de 1947, tan grande como Dumbledore ahora, quien supuestamente tenía ciento cinco años. Dan y Emma no podían creer que ella tuviera ciento cuarenta o más. Sus ojos se veían cansados y llenos de cataratas, su piel manchada y venosa, casi transparente, y tenía cabello extremadamente delgado; y por cómo estaba actuando, no estaban seguros de que tan lúcida era.
–Son muy amables –dijo mientras se acercaba a ellos. Todos notaron un olor viejo y polvoso proveniente de ella, lo que los distrajo de notar que se dirigía hacia Harry. El pequeño dio un paso atrás.
–Ven aquí, niño, déjame verte –dijo.
–Profesora, en verdad tenemos… –comenzó Andi. Alguien observando con atención a Harry era justo lo que no querían.
Muy tarde.
–Por todos los cielos, es Harry Potter –dijo la anciana, su voz perdiéndose a la mitad.
–Profesora, le dije, esta es la familia Granger –dijo Andi amablemente.
–Pero tiene que ser él. Reconocería los ojos de Lily en cualquier lugar. –Los ojos de Bathilda se tornaron llorosos–. Era una mujer tan buena…
–¿La conoció? –Dijo Harry y rápidamente se cubrió la boca son sus manos.
–Oh, no es necesario que hagas eso pequeño. Conocí bastante bien a tus padres. Tomamos té juntos casi todos los días mientras vivieron aquí. Ambos eran muy buenas personas.
Harry estaba maravillado, tan maravillado como lo había estado cuando Dumbledore le dijo de sus padres por primera vez y le agradaba saber que ellos también habían conocido a la mujer que había escrito el libro que había leído, o por lo menos intentado leer.
–Profesora –Andi tomó cargo de la situación antes de que pudiera decir más–, esperábamos realizar la visita en privado. Apreciaríamos que no le dijera a nadie que Harry estuvo aquí.
–Oh, por supuesto –dijo–. Puedo comprender porque el niño querría mantenerse oculto. Aunque espero que puedan venir un día por una taza de té.
–La próxima vez que estemos de visita nos aseguraremos de hacer el tiempo –dijo Andi después de dirigir una mirada a Dan y Emma–. Tenga un buen día.
–Usted también, madame Tonks. Harry, fue un placer volver a verte.
Bathilda Bagshot caminó lentamente de regreso a su hogar y Andi llamó al autobús noctámbulo de nuevo. Mientras subían, la gata subió junto con ellos.
–Creo que le agradas a la gata, Harry –dijo Emma.
–De acuerdo, vámonos Lou –dijo el Ernie y el autobús inició su trayecto. La gata fue lanzada a la parte de atrás y probablemente perdió una de sus vidas restantes por el miedo. Sin otra solución, saltó sobre Harry y se recostó sobre sus piernas, permaneciendo ahí hasta que estuvieron de vuelta en Crawley. Y sí, siguió a Harry fuera del autobús nuevamente y eventualmente lo intentó seguir hasta la casa.
–¿Nos la podemos quedar? –Preguntó Harry.
–Harry... ya tenemos un gato –dijo Emma medio en broma.
–Pero quiero hablar con ella.
Emma miró a Dan quien sólo sacudió los hombros.
–De acuerdo, puedes traerla dentro para hablar con ella –dijo Dan.
–Gracias, papá. –Harry los empujó para entrar y cambió de forma.
La gata maulló con sorpresa y huyó hasta la esquina del salón.
Harry casi se rio. Gatos y humanos reaccionaban de la misma manera. Harry parpadeó e inclinó su cabeza para indicar su sometimiento, y ella comenzó a acercarse lentamente, maullando para sí misma. Pudo oler y saber más de ella en su forma felina. La gata era claramente hembra, esterilizada, y de unos ocho años de edad. Era una gata ordinaria, confirmó, no una animaga como se imaginó al principio. Había vivido afuera por mucho tiempo, pero tenía el olor de humanos sobre ella, tanto mágicos como muggles. Debía de ser buena recolectando comida de ellos.
El dominio del idioma de una gata doméstica era aún más crudo que el de un animago, pero Harry pudo comprender sus maullidos. Extraño, humano cambió a gato.
Puedo cambiar con magia. Humanos no saben cómo, intentó explicar, pero la gata sólo pareció comprender parcialmente.
Conozco tu olor. El gatito de los sirvientes humanos, dijo cuándo se acercó lo suficiente.
¿Conociste a mis padres anteriores? Maulló con entusiasmo. Harry no recordaba una gata más de lo que recordaba a sus padres, pero sabía que muchos magos tenían felinos.
Sirvientes humanos eran buenos, dijo. Se fueron hace mucho. Hombre malo rompió la casa.
Harry bajó la cabeza.
Mago malo cazó a padres anteriores. Encontré padres nuevos. Padres nuevos son buenos. Pueden ser tus sirvientes humanos. Les pregunto.
La gata pareció entusiasmarse.
Me gustan los sirvientes humanos. Dan comida.
Harry supuso que así era para los gatos domésticos.
¿Cómo te llamas? Le preguntó.
La gata maulló un nombre, pero no lo pudo identificar. Quizás pudiera reconocer su nombre humano, pero no había manera de que ella se lo dijera.
Harry repitió su nombre felino sin éxito.
Te presento a maestra gata cuando visite, dijo, pero la gata no pareció entenderle. Sin ideas sobre cómo continuar la conversación, cambió de vuelta a humano.
–¡Mamá, papá, Hermione! ¿Adivinen qué?
Bajo la recomendación de Hermione, la gata de la familia Potter fue nombrada Rowena y se mudó al hogar de los Granger; y, aunque nunca se volvió amiga de Harry, se llevaban bien. Harry expresó que era mucho más feliz como gata doméstica.
