Capítulo beteado por Pulpi Mortensen, Beta EFF.
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Los personajes no me pertenecen, tan solo la trama es mía.
Aviso por contenido sexual.
Nuestras miradas cayeron sobre Emmett, quien nos observaba con una mirada socarrona en el rostro que advertía lo mucho que le estaba divirtiendo la situación. Rodando los ojos ante su tonta broma rodeé nuevamente el cuello de Edward continuando el beso fogoso que recién habíamos comenzado antes de haber sido interrumpidos. Mordisqueé su labio inferior con la intención de que olvidara la presencia del moreno. Un gemido ronco de satisfacción fue el preludio de una pasión y una fiereza recién despertada. Sus manos rápidamente bajaron por mi cuerpo queriendo abarcarme en su totalidad, sentía sus caricias por todas partes. Y me removía inquieta contra su cuerpo semidesnudo.
—Edward, tenemos que irnos —sugirió Emmett desde la puerta intentando borrar la sonrisa de su rostro.
El cobrizo se separó de mí despacio, parecía que estaba haciendo un esfuerzo muy grande... Una mueca de disgusto se pintó en su rostro.
—¿No quieres venir a la isla? —cuestionó un Edward más sereno. Ahí fue cuando entendí el apuro que se traían estos chicos.
—No, gracias por la invitación —denegué enseguida, ni loca me bajaría del barco.
—Venga, Isabella, la pasaremos muy bien, te lo prometo —afirmó muy seguro mirándome con esos ojos entre sus pestañas dejándome sin aliento aunque me tentaba volví a rechazarlo.
—¿Te vas a ir así? —cuestioné recorriendo con mi dedo índice su torso de forma juguetona hasta llegar al comienzo de su bóxer y tocar sinuosamente su longitud. La imagen ante mis ojos era sumamente erótica. Era imposible no tener la respiración entrecortada por la falta de aire. Le miré entre mis pestañas viendo como sus ojos se habían oscurecido y todo en él gritaba lo ansioso que se encontraba porque continuara lo que había comenzado.
Interné mi mano en su bóxer tomando su erección en mis manos, la deslizaba de arriba abajo. Se sentía tan grande y dura. Tan delicada al mismo tiempo. Cerré los ojos dejándome llevar por la pasión que brotaba desde lo más profundo de mí ser. Pude notar como su punta se humedecía por mis caricias. La morbosa curiosidad de ver más allá de mi mente me pudo, deslicé el bóxer hasta el punto que no me molestara. Mis labios se secaron, su masculinidad era magnifica. La recorrí con mis manos apreciando su recorrido, me mordí el labio mientras aumentaba la presión sobre su miembro al mismo tiempo que subía la velocidad. Ver como tenía las sábanas apretadas por la pasión, luchando por un control que no poseía. Pronto la tentación fue más que mi voluntad así que me incliné a lamer su punta sin dejar de recorrer su longitud. La recorrí con mucha delicadeza y cuidado queriendo impregnarme de su olor y sabor. Deseando hacerla mía en un sentido un tanto ilógico. Con mi lengua jugueteé, explorando, golpeando y lamiendo esa deliciosa, dura y tierna carne. La fui introduciendo poco a poco en mi cavidad hasta abarcarla como pude en mi interior. Entrelacé mis manos sobre su pubis dejando mis manos allí mientras degustaba su masculinidad. Inesperadamente, sentí sus dedos jugando con mis labios íntimos, extendiendo la humedad que se encontraba en ellos hasta llegar a mi clítoris y masajearlo despacio ocasionando que ansiara mucho más de lo que me estaba ofreciendo. Además, logrando que mis lamidas sobre su falo fueran frenéticas por el increíble ardor que me poseía. Un dedo suyo pronto se internó en mi interior consiguiendo que gimiera contra su miembro y me moviera incesantemente contra las caricias tórridas que me estaba practicando. Desenredé mis manos y las alcé hasta su pecho, allí las paseé con lentitud para inesperadamente pellizcar sus pezones de forma un tanto ruda y dolorosa ocasionando que un gruñido de satisfacción junto con un gemido fuera su respuesta junto a la notable hinchazón de su miembro lo que me advertía de lo cerca que se encontraba de su cumbre de placer. Incrementé mis lamidas en su sexo a la vez que me frotaba contra sus manos con mayor ahínco. Me encontraba tan cerca del cielo que sólo pude volver a pellizcarle para propiciar mi estallido de felicidad junto al de él.
Pronto sentí como me alzaba y me acostaba con cuidado en la cama. Me encontraba agotada, realmente había sido un buen orgasmo. Sonriendo como tonta dirigí mi mirada hacia él que también tenía una victoriosa sonrisa en su cara. Enseguida se inclinó hacia mí ofreciéndome un beso suave y delicado donde sólo eran labios reconociéndose y acariciándose.
—Volveré, Isabella, y continuaremos nuestra fiesta —afirmó socarronamente antes de dejar un suave pellizco sobre mi pezón ocasionando que gimiera en bajo y provocando que recordara lo ocurrido anteriormente lo cual me hizo sonreír diabólicamente.
Lo observé salir por la puerta mientras apretujaba las sábanas contra mi cuerpo desnudo, justo antes de voltearme hacia el otro lado.
Pero un soplo de aire repentino me impidió conciliar el sueño nuevamente. Un tanto perezosa me volteé buscando al causante de esa sensación. Una sonrisa espectacular en el rostro del moreno fue lo que encontré, el cual se inclinó hacia mi cuello suspirando en éste antes de musitar con voz ronca—: Fue tan caliente verte entregada a él… Sabes, me moría por ser yo quien te comía mientras tú saciabas tu apetito de él. No sabes lo que me haces, cariño. Me trastornas hasta un punto que es incomprensible. Dios sabe el sacrificio que tuve que hacer para no saltar sobre ti y degustarte tal y como deseaba. —Gemí bajito al escuchar la vehemencia con la hablaba y supe que la situación tarde o más temprano estallaría, pues yo lo deseaba con todo mi ser pero no sabía cómo podía estar preparada para algo así. Me costaba concebir la idea de que era eso lo que quería a pesar de que mi mente me gritaba que esta elección era un error y que me estaba comportando como una vil zorra. Pero lejos de todos esos conceptos morales estaba el placer y bienestar que me hacían sentir. Sentirte deseada y apreciada como mujer, de algún modo rebuscado me sentía bella. E incomprensiblemente anhelaba sentir todo esto.
—Emmett —le llamé implorándole que me dejara acostumbrarme a la idea. El conflicto interno no me permitía decidir. Sabía lo que quería, los deseaba a ambos juntos, eso lo tenía muy claro pero me costaba enormemente dejarme llevar por la idea.
—No digas nada cariño, esperaremos. Tan solo quería que fueras consiente de lo que provocas —musitó sobre mis labios para luego besarme despacio e intenso provocando que mi cuerpo se sensibilizara por su cercanía. Pero del mismo modo en que apareció en la habitación, se escabulló dejándome con una sonrisa boba en el rostro.
Cerré los ojos brevemente, me sentía realmente agotada, necesitaba dormir un par de horas más. Mi cuerpo lo pedía a gritos.
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Una hora después me sentía más reparada y dispuesta a comenzar el día. Me coloqué unas braguitas junto con una blusa blanca que se encontraba junto a la cama, la cual supuse que sería de alguno de los chicos. Caminé hacia la cocina para prepararme algo para desayunar, me moría por saciar mi hambre. Estos hombres cansan a cualquiera.
Encendí la radio que se encontraba en la sala y le subí el volumen. Me encantaba empezar el día con música, eso me animaba mucho. Moviendo mis caderas al ritmo de la melodía me dirigí a prepararme un zumo de naranja, me apetecía algo fresquito. «Eso con un sándwich de pavo estaría genial para mí», pensaba internamente mientras preparaba todo. Estaba ensimismada en la tarea cuando un ruido sordo y totalmente inesperado me alertó. Sorprendida me volteé encontrándome con ese hombre, el que tanto temor me infundía. Alucinando, debido a que se haya atrevido a entrar en un camarote ajeno. Su mirada obscena me recorría de arriba abajo provocando un asco infinito en todo mi ser. Por el solo hecho de que estuviera contemplando de ese modo tan enfermo causaba una sensación de grima que ocasionó que quedase paralizada por un momento. Pero al instante reaccioné al ver que me encontraba acorralada en un espacio reducido por este individuo. De inmediato rodeé la mesa poniendo distancia entre nosotros, intentando alejarme todo lo posible de este ser inmundo que pretendía ocasionarme daño. No había que ser muy inteligente para darse cuenta de cuáles eran sus intenciones. Había aprovechado que estaba desprotegida porque los chicos habían abandonado el barco para ir a explorar la isla. Dios sabe cuándo regresarían y mientras yo aquí…
Con el miedo corriendo por mis venas, no sabiendo cómo actuar para quitármelo de encima. Podía leer la determinación en su mirada, estaba dispuesto a usar la fuerza si fuera necesario. Notaba como mis piernas se tambaleaban del pánico que sentía. Como quisiera que esto fuera una pesadilla y estar en estos momentos entre los brazos de mis chicos.
—Hola, mi reina, que bueno que nos hemos quedado solitos para poder pasarla bien —dijo en un tono de voz que lo único que me inspiraba era repulsión hacia su persona. El solo hecho de que afirmara que entre él y yo podría pasar algo, me enfermaba de sobremanera. ¿En qué cabeza podría caber que yo quisiera algo con él? Se veía tan frío y ermitaño que lo único que podía ansiar es que desapareciera de mi vista, más siendo consciente de lo que me contó Emmett.
—Señor, no entiendo que hace aquí, pero le agradecería que se marchara —intenté decir segura aunque podría asegurar que todo se salió por la borda.
—Que bien educadita que te tienen esos insulsos, pero yo te puedo dar más de lo que ellos juntos harían —afirmó el muy cínico. ¿Qué se pensaba el idiota, que me acostaría con el primero que se apareciera por la puerta?
—No me interesa y le agradecería que abandone este camarote —comenté seria intentando mantener la poca calma que tenía y siendo educada, de esta forma se consiguen más las cosas aunque por dentro me encontrara histérica.
—No, mi vida, de aquí no me voy a ir hasta que no consiga lo que he venido a buscar —sentenció dejándome pálida al instante. Mi corazón latía frenético contra mi pecho, llevé mi mano allí en un intento inútil por controlarlo.
El chico comenzó a avanzar hacia mí pero no permití que se acercara a mi persona, dejando siempre la mesa como obstáculo entre ambos aunque era consciente de que esto no dudaría por siempre, que en algún momento buscaría un modo de acorralarme y lo peor era que no había escapatoria. Pues correr hacia la puerta de la entrada era mi sentencia de muerte… Me dejaría a su merced aunque me costara aceptarlo era más rápido que yo y tal vez la haya cerrado con llave lo que lo empeoraba todo. Los nervios me embargaban, no entendía que coño había hecho yo para merecerme todo esto y entonces toda la culpa que llevaba en mí salió a flote.
«Casarte por mero interés… engañar a una persona inocente… hacerle creer que le amabas», gritaba mi conciencia lastimándome del modo más cruel y bizarro. Mis ojos pronto se inundaron debido al daño interno que sentía, y para mi desgracia él aprovechó mi momento de debilidad para atraparme, pero la pena que me embargaba no me daba cabida a reaccionar. Tampoco era como si fuera a servir para algo.
En mi mente había una gran disputa entre si esto era lo que merecía o no. Yo no quería, era lo único que prevalecía. Fue en ese instante en que realmente abrí los ojos visualizando lo que estaba ocurriendo. El tipo estaba sobre mí manoseándome y besuqueando mi cuello… enseguida comencé a removerme y golpearle para que se me quitara de encima, pero era imposible. Parecía una pared no se movía ni un milímetro, la desesperación me embargaba ocasionando que derramara lágrimas de impotencia… Como había sido tan idiota para dejar que me cogiera. Haciendo todo lo posible por deshacerme de él, comencé a gritar llamando a los chicos, dejándome la garganta en que alguien me escuchara y viniera a rescatarme. El tipo debía de tener más de un aruñón, pero no me soltaba aunque le era imposible avanzar, eso no quitaba el asco y la repulsión que sentía hacia él. De pronto, un fuerte golpe en la puerta nos sobresaltó, produciendo en mí un alivio infinito que nadie sería capaz de medir. Al momento sentí como lo arrancaban de encima, más yo no podía dejar de llorar desconsoladamente. Creo que nada podría reconfortar la enorme pena que me albergaba. Había estado a punto de ser violada. Casi alguien me fuerza a… Mis sollozos debían de ser bastante audibles, pero era incontrolable todo lo que en estos momentos sentía. Angustiada buscaba tapar mi cuerpo, mi cara… Sentía una pena… una vergüenza… ¿Cómo las cosas pudieron llegar a estos extremos? Sentí como era arropada con una manta y me tomaban en brazos acomodándome en un regazo pero no era capaz de abrir los ojos para averiguar de quien se trataba, aunque podía asegurar que era Edward. Su mano estaba metida en mis cabellos dándole un ligero masaje a mi cuero cabelludo, dándome una calma que parecía tan ajena después de tanto miedo. Sin pretenderlo, recosté mi cabeza contra su hombro buscando la protección y el consuelo en sus manos.
—Estoy aquí, Isabella, nada te va a pasar —musitó en mi oído mientras frotaba mis brazos por encima de la manta en signo de apoyo. No sé cuánto tiempo pasó, sólo sé que permanecí allí sobre sus piernas con los ojos cerrados queriendo borrar esos amargos recuerdos que venían a mi mente para causarme daño.
Parpadeé lentamente antes de atreverme a abrir los ojos débilmente. Lo primero que visualicé fue a Emmett sentado en una silla opuesta a donde nos encontrábamos nosotros. Sus ojos se encontraban cerrado pero sus expresiones faciales, un tanto demacradas eran un indicio de que no dormía. Parecía preocupado por algún motivo. Un tanto contrariada me giré hacia Edward mirándole a la cara y percibiendo que él mantenía la misma expresión que el moreno. Un poco anonadada por el descubrimiento. ¿Esto era normal? Sus ceños fruncidos en señal de encontrarse pensativos. No entendía qué era lo que estaba pasando en estos momentos y no podía dejar de girar mi cabeza de uno a otro. En ese momento, llegaron a mi mente todas aquellas ocasiones en las que los veía mirarse de un modo que pareciera que estuviesen llevando a cabo una conversación, pero eso era realmente imposible. Inesperadamente, sentí como Edward tomaba mi mano y la apretaba levemente produciendo que levantara la cabeza sorprendida encontrándome al frente con una mirada azul transparente que parecía muy mortificada. No dudaba que el motivo era lo ocurrido el día de hoy. Tenía una gran necesidad por ir a su lado y abrazarle, decirle que nada era su responsabilidad. Yo vi en muchas ocasiones como me observaba y no les comenté nada, ni siquiera lo que ocurrió ese día en el sauna. Si alguien tiene la culpa, sin duda soy yo.
Pero por mucho que quisiera ir a su lado, no me sentía con fuerzas para ponerme en pie. Sólo pude quedarme allí mirándole fijamente intentando plasmar una sonrisa que nunca llegó. Me sentía como anestesiada, él solamente se limitó a negar con la cabeza y levantarse dirigiéndose hacia la cocina. Pronto regresó con una bandeja donde había un trozo de biscocho junto con una taza de leche con cacao. Sin preguntarme si quería me ofreció la taza y yo la tomé impregnándome del olor y el calor que desprendía. Me la bebí despacio mientras observaba sus gestos. Eran tan atentos conmigo, como quisiera tenerlos a ambos abrazados a mí en este momento.
—Emmett, quiero acostarme —pedí alzando los brazos para que me tomara. Él asintió rápidamente y me tomó en brazos con cuidado.
Pronto me acomodaron en la cama donde pasé la noche con Emmett, sentí que se iban a retirar cuando murmuré con pena—: Duerman conmigo, por favor.
Un intenso rubor cubrió mis mejillas mientras esperaba sus respuestas.
Vaya vaya... como está el asunto.
¿Qué dicen?
Besos, que lo disfruten.
