Disclaimer: si leen algo y les parece familiar, no es mío (y).


Ignatia tuvo que quedarse unos minutos frente a la Madriguera, admirando su innegable majestuosidad.

La gente podría decir lo que quisiera, que era un edificio poco ortodoxo y para nada armónico, pero eso no quitaba el hecho de que la construcción era una obra de arte en sí misma y, a esa hora del día, con la luz de sol abandonando ya definitivamente la tarde, se veía como una gran e iluminada torre de castillo, salida de un cuento de hadas.

De hecho, no sólo estuvo parada un par de minutos junto a la cerca de madera que delimitaba la propiedad, sino que luego, cuando caminó un poco hacia la puerta trasera, se sentó junto a las malezas, para admirar desde más cerca, y desde un punto más cerca del suelo, tamaña creación mágica.

Y fue así como la encontró Charlie, que la miró por un minuto viéndose divertido, antes de sentarse en el suelo a su lado.

Ignatia tuvo que reprimir un escalofrío cuando el calor corporal de Charlie llegó fuerte y claro hasta su costado izquierdo. Charlie era una presencia tan grande que era imposible pasarlo por alto, sin importar cual fuera la ocasión.

-Llevabas un par de minutos de atraso y salí a buscarte. No eres de las que llega tarde, al menos no a esta hora del día -Charlie sonrió al decir eso último e Ignatia se rió en voz baja. Odiaba levantarse temprano, por lo que solía llegar siempre tarde a la primera clase del día cuando estaba en Hogwarts, generalmente de un humor digno de una troll en su segundo día del ciclo menstrual.

-Había olvidado cómo se veía la Madriguera de noche. Llena de vida, aunque esté todo quieto y en silencio.

-Te ves hermosa.

Y empezamos con los mini-infartos.

Ignatia tuvo que frenar una risita de ratón intoxicado que se abrió paso por su garganta, a la vez que rezaba mentalmente para que Charlie no notara cómo el color subía a sus mejillas. ¿Cómo diantres lograba Charlie hacerla sentir como una quinceañera, cuando ninguno de los miles de productos que alguna vez había usado y que prometían volverla más joven lo habían logrado?

-Y me gusta cómo te sonrojas, deja de intentar esconderlo. Bienvenida nuevamente a la Madriguera -le dijo antes de acercarse más a ella y besarla suavemente en la mejilla -vamos adentro, se enfriará tu chocolate.

Charlie se puso de pie de un salto y le ofreció una mano y una sonrisa digna aplausos, logrando que Ignatia hiciera de todo menos comenzar a ponerse de pie. ¿Cómo podría, si su cerebro acababa de quedar en OFF?

El maldito pelirrojo era irresistible para sus sentidos, debía irse con cuidado.

Ignatia tomó su mano y se sintió ser empujada hasta quedar vertical, quedando de todos modos varios centímetros más abajo que Charlie.

Ella era, aunque hubiese pasado gran parte de su infancia y adolescencia negándolo, bastante baja. Medía un metro y cincuenta y seis centímetros en un mal día, cincuenta y siete en uno bueno. Y Charlie no lograba más que marcar y remarcar su poca estatura, con su maravilloso metro-ochenta de sensualidad y sus muchos celestiales centímetros de espalda, hombros y brazos...

Okay, Ignatia se iba a parar ahí, antes de que se pusiera a regar las plantas de jardín trasero con su propia saliva.

Llegaron a la puerta trasera de la Madriguera, a la puerta que daba a la cocina y que ella ya había utilizado en varias ocasiones hace ya muchos años, y antes de que pudiese siquiera prepararse, fue atacada por una sobre-emocionada Señora Weasley, que la abrazó por cerca de un minuto completo, con una sonrisa tan enorme como radiante.

Charlie logró recatarla de los brazos de su madre, pero si hubiese sido por Ignatia, bien podría haberla dejado ahí. La señora Weasley se veía contenta y ella estaba feliz si ella lo estaba.

La Señora Weasley era de aquellas personas que la gente quería y necesitaba ver feliz. Porque era buena gente, buena bruja, buena madre, una persona ejemplar y muy sacrificada e Ignatia simplemente la amaba. Agradecía el que la hubiese invitado a la boda de Bill, aunque hubiese recibido una Maldición Imperdonable en el proceso. Había extrañado a los Weasley mucho más de lo que hubiese pensado jamás que lo haría.

Y qué diantres, no pensaba volver a alejarse...al menos no por un buen tiempo.


-A ver...déjenme ver si entiendo bien...Quien-no-debe-ser-nombrado quiere matar a Harry Potter a toda costa...A Harry, que es el mejor amigo de Ron, y como un octavo pelirrojo para usted, Señora Weasley -la señora Weasley que estaba justo en frente de ella, sentada junto a Charlie, asintió, viéndose muy seria -Y Harry Potter estaba el día de la boda, porque es como de la familia, pero estaba disfrazado de un primo Weasley, por eso no lo vi...y contaban con tanta seguridad aquella noche porque, más o menos, esperaban ser atacados, tal como sucedió...mataron al Ministro y ahora el Ministerio está a cargo de Pius Thicknesse, que no es más que un títere de Quien-ya-ustedes-saben...y además, ese día, atacaron las casas de otros miembros de...el grupo que está a favor de Harry, simpatizantes de la Orden del Fénix, Orden en la cual participó mi padre durante la Primera Guerra, hasta que fue asesinado -más asentimientos -. Y Quien-no-debe-ser-nombrado quiere matar a Harry y a todo quien se ponga por delante, no sólo porque casi muere por su culpa hace dieciséis años, sino porque Sybill Trelawney, profesora loca de adivinación, hizo hace años una profecía que decía que Harry sería el único con el poder especial para derrotarlo...Y mientras tanto intenta agarrar a Harry para asesinarlo, quiere establecer un nuevo régimen en el mundo, donde los nacidos de muggle son la máxima escoria y pretende cazar a los niños de "sangre sucia" tomando el poder de Hogwarts, después de haber asesinado al Profesor Dumbledore, y obligando a todos los chicos a asistir obligatoriamente y a rendirse bajo su nuevo mandato...Ah, sí, y Sirius Black está vivo, es aliado y se transforma en perro ¿Entendí todo claramente?

Charlie se rió y se rascó la parte trasera de la cabeza.

-Eh, sí...ese es un muy buen resumen de la situación.

-Vaya...

-Sé que es mucha información...

-No, Charlie, mucha información es saber que a Sirius Black le va el estilo perrito...todo esto es...Merlín, podrías escribir un libro con todo eso. Unos siete libros. Dame un segundo.

Ignatia dejó caer la cabeza hasta la mesa, apoyando la frente en la fría superficie de madera, para poder pensar mejor. Siempre podía pensar mejor en esa posición. Dejó las manos por encima de su cabeza, aun sujetando la taza tibia de chocolate caliente que tenía sobre la mesa.

Qué tremenda historia le acababan de contar. No le gustaría a ella estar en el pellejo de Harry Potter.

Para ella, Harry siempre había sido un chico que había logrado una hazaña increíble, impensable para un bebé de un año. Un chiquillo milagroso. Pero el trasfondo de toda la historia...era enorme. Había quedado huérfano y, encima, por culpa de una profecía hecha por un profeta de bastante dudable reputación, debía enfrentar la responsabilidad de eliminar al mago tenebroso más grande de todos los tiempos.

¿En qué estaba Harry Potter en ese momento? ¿Estaba ya poniendo en marcha lo que sea que debía hacer para eliminar a Quien-no-debe-ser-nombrado? ¿Estaba recién haciendo planificaciones? ¿O estaba todavía juntando el valor para emprender la misión?

Si fuera ella, estaría pegada entre las últimas dos opciones, definitivamente.

Ignatia levantó la cabeza justo para ver cómo Charlie y la Señora Weasley intercambiaban una mirada preocupada, antes de fijar sus ojos, marrón profundo y azul brillante, en ella aparentemente preocupados por su reacción o estado mental después de la bomba que le acababan de soltar.

-¿Dónde está Harry en estos momentos?

La pregunta los tomó por sorpresa, como si esperaran que su primera reacción fuese gritarles "¡lunáticos!" y marcharse indignada (no sin antes tomarse hasta la última gota de su taza de chocolate) y no hacer una pregunta con voz tranquila, tal como había hecho.

Era una pregunta totalmente válida, en la más humilde opinión de Ignatia.

-Umh -comenzó Charlie aclarándose la garganta -, no estamos al cien por ciento seguros. Sabemos que hasta ayer estaba en una propiedad que se utilizó un tiempo como sede de la Orden, pero no sabemos cuánto tiempo pretende quedarse ahí.

-¿Por qué? ¿Cuál es su plan?

La expresión de Charlie se volvió sombría.

-Derrotar a Vold...a Quien-ustedes-ya-saben -si Charlie se había corregido por su beneficio o por el de su madre, Ignatia no estaba segura -. Albus Dumbledore le dejó una misión, que no ha querido compartir con nadie más que con Ron y con Hermione Granger, una gran amiga de ambos. Y los tres pretenden llevar la misión hasta el final.

Ignatia fijó los ojos en la madre de los Weasley, intentando evaluar su reacción a toda la situación. Tenía la mirada perdida en un punto aleatorio de la mesa, se había puesto un poco pálida y sus manos, aún sobre la mesa, a cada lado de su propia taza de chocolate caliente, estaban cerradas en puños apretados.

Ignatia se estiró por sobre la mesa, hasta tomar una de sus manos y darle un firme apretón. La Señora Weasley la miró algo sobresaltada, pero no se alejó de su agarre.

-Lo siento mucho, Molly -era primera vez en su vida que la llamaba por su nombre, pero necesitaba que el mensaje llegara a ella, la mujer detrás del "Señora Weasley" y el "mamá". Una mujer que tenía un marido trabajando para el enemigo, una mujer que tenía a su única hija casi partiendo a Hogwarts, directamente a las garras de mortífagos, una mujer que tenía a un hijo y a un prácticamente-hijo planificando, en alguna parte del mundo, para derrotar al mago tenebroso más poderoso y peligroso de todos los tiempos. Una mujer que, encima de todo, tenía tiempo para planificar bodas y preparar chocolate caliente -. Todo saldrá bien eventualmente, ya lo verás. Sólo es cosa de tiempo. Sólo hay que darle buen uso al tiempo, mientras las cosas suceden a su propio ritmo.

Ignatia le envió una sonrisa que esperaba que fuera tranquilizadora y se alegró al ver como las facciones de la Señora Weasley se relajaban alrededor de sus ojos y sus labios, antes de que le devolviera una sonrisa débil, pero sonrisa al fin y al cabo. Notó también que se le humedecieron los ojos, por lo que no intentó retenerla cuando se puso de pie con un breve "ya vuelvo, iré a ver cómo esta Ginny".

La mujer no quería llorar frente a su hijo, ni ante una invitada. Ignatia lo entendía y le iba a conceder ese escape con todo gusto.

La mano de Ignatia, que había quedado abierta sobre la mesa, fue reclamada por otra mano, mucho más grande que la suya, más cálida, más fuerte y más todo.

Ignatia buscó los ojos de Charlie, que parecían querer ver hasta su mismísima alma, de la forma en que la estaba mirando.

-Gracias -le dijo sencillamente Charlie, con una expresión rara en el rostro que Ignatia no fue capaz de leer. Y no estaba segura de querer hacerlo, de todas formas.

Era una expresión seria. Solemne. No a lo que ella estuviese acostumbrada.

Ignatia decidió que era un buen momento para recuperar su mano, antes de que el calor de la palma de Charlie se extendiera más allá de su brazo, como lo estaban haciendo varios escalofríos que ya recorrían su cuerpo de ida y vuelta, en todas direcciones.

-Bueno -dijo Ingnatia, intentando aclarar su voz -, ¿está viva aún esta Orden del Fénix? ¿Quién la lidera? Me gustaría ayudar. Mi padre fue miembro y yo no puedo pensar en mejor forma de ayudar a la causa. Después de todo, si pude enfrentarme a mortífagos parada sobre tacones de medio metro de altura, puedo hacerlo perfectamente en mis zapatillas, en cualquier otro día.

Charlie pareció encantado con lo que acababa de salir de su boca y, de hecho, se quedó pegado mirándole la boca por unos segundos, para el eterna intranquilidad de Ignatia que tuvo que concentrarse y pensar en la jaula sucia de Mr. Darcy para evitar sonrojarse como loca.

Sonriéndole, Charlie se puso de pie y tomó las tazas de ambos, antes de acercarse a la cocinilla y rellenarlas con oh, glorioso, chocolate líquido y calientito.

Cuando volvió para entregarle la taza, esta vez llena, Ignatia sintió que estaba en alguna versión personal de su paraíso. Chocolate caliente, una chimenea encendida, un pelirrojo sensual y despampanante ofreciéndole dicho chocolate...algo debía haber hecho bien en su vida pasada, definitivamente.

Charlie no rodeó nuevamente la mesa hasta su silla, como había esperado que hiciera, sino que se sentó justo a su lado, girando levemente la silla para quedar mirándola de frente, a la vez que dejaba su propio chocolate sobre la mesa.

Ignatia se giró hacia él también, alzando una ceja en pregunta. ¿Pensaba él que podía presionarla invadiendo su espacio personal? Porque si así era, tenía razón, lo estaba consiguiendo completamente.

Charlie, al parecer, decidió ignorar su ceja interrogante y sólo le sonrió antes de responder a sus preguntas.

-La Orden del Fénix aún existe, aunque la organización ha flaqueado un poco después de la muerte de Albus a fines de junio. Hasta el mes pasado, las misiones eran lideradas principalmente por Kingsley Shacklebolt y Alastor Moody, pero perdimos a Alastor mientras intentaban sacar a Harry de la casa de sus tíos muggle. Así que eso deja, más o menos, a Kingsley a cargo de liderar la Orden. En sí, más que miembros, hay... participantes. En los viejos tiempos, existía una lista de miembros oficiales, sumado a algunos adeptos. Ahora, durante la segunda formación de la Orden, se ha priorizado más la realización de misiones, el actuar y proteger a Harry, antes de dedicarnos a ser una organización tan elaborada.

Eso tenía sentido.

-Entiendo. Bueno, los tiempos cambian, las medidas también, es de esperar que la Orden actual no sea igual que la antigua. De todas formas me gustaría participar. No sé si seré la más brillante de los miembros de la Orden, porque Merlín sabe que ya me han rechazado suficientes veces desde la Oficina de Aurores, pero algo puedo hacer para ayudar.

-Estarían todos muy encantados de...momento, ¿dijiste Oficina de Aurores?

Ah, diablos. ¿Por qué tenía que abrir la bocota? Ahora tendrían que discutir sobre su larga lista de fracasos y no era exactamente un tema de conversación que Ignatia quisiera tratar en una cita con Charlie, aunque no fuera una cita-cita.

-Eh, bueno sí...intenté postular un par de veces, me rechazaron en cada una de ellas.

-¿Qué? ¿Por qué?

Y, bendito fuera su corazón, Charlie se veía indignado y enfadado. Iba a defender su honor de Damisela rechazada por la malvada Oficina de Aurores. Era su propio caballero pelirrojo de armadura de piel de dragón, en su algo retorcido cuento de hadas personal.

Con el riesgo de que a la Señora Weasley le diera un infarto, quizá sí lo besara en la cocina de su propia casa, en la mitad de su cita-no-cita.

-Algo así como que no cumplía el perfil para entrar a sus filas. No es que me importe mucho ya, quizá trabajar atrapando magos oscuros no era el trabajo para mí. Quería hacerlo por mi papá. Es una tontera, pero quería que, muerto o no, se sintiera orgulloso -la expresión de Charlie se suavizó al escuchar sus palabras e Ignatia decidió que era el momento de cambiar el tema -. Tengo mi librería y me encanta mi trabajo, y después de todo lo que me acaban de contar, mucho mejor si no trabajo para el Ministerio, ¿no?

Charlie la miró y pareció querer memorizarla para pintarle un maldito retrato con todo lo que se demoró en recorrer su cara, antes de suspirar y recuperar la taza de chocolate que había dejado abandonada sobre la mesa.

Sopló el vapor que salía de la taza, mirando lejos, hacia la puerta de la cocina, antes de tomar un sorbo y aclararse la garganta.

-Bueno, si lo pones así... -¿Sí ponía así qué? ¿Sus labios? ¿Estaban hablando de sus labios soplando sobre la taza, ¿no? Besando suavemente el borde de cerámica de la tacita. Estúpida tacita... -Iggy, ¿me estás escuchando?

-Ah, ¿qué?

Cómo quedar como una completa tarada en tu primera cita no-cita, por Ignatia Selene Fenwick. Y le salía natural, sin esfuerzos.

Que Merlín la matara y la sacara de su miseria.

-Te estaba diciendo que si lo pones así, tienes razón, es mejor que no te hayan dado el puesto, porque ahora estarías atrapada en una Oficina en la que no quieres estar -repitió Charlie, mirándola divertido -Pero yo te he visto usar esa varita, Iggy, y aunque preferiría que no hubiese hecho falta que te defendieras de maldiciones oscuras, estás más que capacitada para cumplir el perfil de Auror. Al menos, en mi opinión tienes todas las cualidades importantes. Quizá buscan distintas cualidades, ahora que el Ministerio tiene nueva cabeza.

Bueno...Chico Weasley estaba sumando puntos como loco y pareciera que ni siquiera estaba intentándolo.

-Um, gracias Charlie.

-No hay nada que agradecer -respondió Charlie, sus ojos adquiriendo repentinamente un brillo travieso que hizo que las tripas de Ignatia comenzaran a bailar breakdance -, podría pasarme la tarde hablando de tus cualidades. Tienes muchas buenas cualidades.

Bueno, alabados fueran todos lo santos, dos podían jugar aquel juego. Y ese juego en particular le estaba gustando mucho a Ignatia.

-¿Ah, sí?

-Sip. Algunas me gustan mucho.

La voz de Charlie era ronca e Ignatia tuvo que tragarse el "oh, por Dios" que quería salir de su boca y concentrarse en usar la boca de mejor manera. Jugar canasta con la abuela, había dicho Eva. No precisamente, pero Ignatia sí iba a jugar sus cartas.

-¿Cómo cuales, por ejemplo?

-Bueno, me gusta el sentido del humor algo enfermizo que tienes -comenzó Charlie, sonriendo ante el evidente esfuerzo que estaba haciendo Ignatia para mantener intacta su sonrisa y no arrugar el ceño y golpear a Charlie en la frente -me gusta como arrugas la nariz cuando algo no te gusta. Me dan ganas de besar esa puntita respingona tan sexy.

Ah, por ahí iba mejor.

-Um...¿qué otra...cualidad mía te gusta?

Charlie se acercó a ella, inundando su metro cuadrado con su presencia, con su aroma a tarde de verano, con sus ojos azul brillante.

-Me gusta que seas bajita...hace que encajemos a la perfección, sobre todo cuando enganchas las piernas alrededor de mi cintura.

Santísimo Merlín, ampárame.

-Me gusta... -prosiguió Charlie sin darle tregua, sus ojos desviándose por un momento hasta los labios de Ignatia (y dándole un infarto en el proceso), antes de volver a mirarla directamente a los ojos -...me gusta el aroma a flores y fruta que tiene tu cabello, me hace pensar que estoy en un paraíso, uno que es sólo mío. Me gusta cómo te sientes entre mis brazos, como fuego puro, me gusta como reaccionas cuando tengo las manos sobre tu cuerpo.

Y qué carajo, que alguien se atreviera a culparla, Ignatia decidió que era el momento de mostrarle, nuevamente y en vivo y en directo, como reaccionaba ella, cuando sus manos la tocaban.

De alguna forma, dentro del segundo y medio que siguió a esa última parte del espectacular discurso de Charlie, Ignatia se encontró sentada sobre su regazo, siendo besada cómo sólo había sido besada antes una vez en su vida y olvidándose por completo que estaba en la casa de la familia de Weasley, en la mitad de una cocina perfectamente iluminada, con la puerta descaradamente abierta.

Nada de eso parecía tener importancia, no ahora que volvía a sentir los labios de Charlie Weasley sobre los suyos, sus dientes envolviendo su labio inferior, su lengua invadiéndola sin piedad. Sus manos ásperas desatando una avalancha de escalofríos, acariciando su nuca, sus hombros, su espalda, su cintura, sus caderas...ejerciendo su fuerza en ella en forma de apretones sobre su piel más que dispuesta.

Algo en él...hacía que le importara todo un carajo. Era emocionante. Era excitante. Era...

-¡Oh! ¡Oh, perdón, perdón!

Ignatia dio tal salto fuera del regazo de Charlie que estaba segura de que, de haber estado participando en alguna competencia olímpica, le habrían dado un diez unánime por el aterrizaje perfecto.

No tan perfecto quizá, si Charlie había tenido que usar sus reflejos de buscador de antaño para sujetarla por la espalda antes de que terminara sobre su trasero en la mitad de la cocina.

Ignatia miró sobresaltada hacia la puerta de la cocina que daba al interior de la casa, a la sala de estar, justo para ver a una Ginny en pijama y roja como tomate girarse y abandonar a toda velocidad la cocina con un débil "¡volveré luego!".

Ahg, ¿qué era lo que tenía el mundo en su contra?

Ignatia se giró a ver a Charlie, dispuesta a golpearlo si se atrevía a reírse.

-¿Qué es lo que pasa contigo?

Charlie comenzó a reírse e Ignatia estuvo más que lista para darle un buen aletazo en ese espectacular cabello pelirrojo que tenía. Para su desgracia, los reflejos y velocidad de buscador de los viejos tiempos hicieron aparición por segunda vez en menos de dos minutos y estuvo de pie y sosteniéndola contra su pecho antes de que ella pudiese ni siquiera alzar la mano completamente.

-¿Que qué pasa conmigo? Contigo, querrás decir. Por segunda vez en menos de cuarenta y ocho horas, me ha atacado sin piedad, señorita Fenwick.

Ignatia estaba bastante segura de que se veía de lo más ridícula con la boca abierta después de que el tarado se atreviera a decir eso.

-¿Qué te he atacado? -para el desmayo de Ignatia, su voz sonaba una octava más alta de lo habitual.

-Atacado, precisamente -terminó de decir Charlie, antes de darle un beso de dos milisegundos de duración en la punta de la nariz.

Ignatia gimió rendida y escondió la cara en su pecho, sintiendo el retumbar tanto de su corazón, como de su risa. Le gustaba como se sentía su risa, cuando ella tenía un oído apoyado en él.

-Tenemos un problema, Charlie. Es la segunda adolescente que hacemos que corra despavorida en la dirección contraria a la nuestra. Somos pésima influencia en las nuevas generaciones.

Y ahí estaba nuevamente. El retumbar. Su corazón. Su risa.


¡Hola! Acá, reportándome, para que no den aviso a la policía por mi presunta muerte. Ya sé que pasaron ERAS desde la última actualización de esta historia, pero el tiempo se me hace más escaso de lo que pensé que sería! Ahora estoy aprovechando de avanzar las historias sólo porque no tengo tantos turnos extra y pretendo aprovechar hasta el último segundo de mis días libres ajajaja

¿Qué les pareció este capítulo? Estoy pensando que el siguiente se desarrollará en Iggy Books nuevamente, y sucederá algo que sacará por completo a Iggy de su zona de confort y no de la mejor forma necesariamente... les juro que haré LO POSIBLE para actualizar sin que pase mucho tiempo. Ahora son tres los fics de HP que debo actualizar, porque al parecer les gustó la idea de "Bajo la piel" y me tienen entusiasmada con continuar esa historia (:

Ya, no me alargo más. Gracias por leer, por seguir conmigo después de tanto tiempo, por la paciencia y la buena onda. Besos y abrazos para todos!