Los personajes de esta historia pertenecen a la historia de Sakura Card Captors de las Maravillosas CLAMP.

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SECRETOS

Tomoeda, Japón.

La pequeña ciudad aún se encontraba sumida en las sombras de la noche, y entre las sombras de la ciudad se puede distinguir a una joven de cabellos negros plomizos y mirada amatista.

—Deja de reírte y respóndeme. —Visiblemente alterada, exigía la amatista.

—Por favor, ¿qué hay que decir? Según vi, tuviste lo que anhelabas, ¿no es así? En la tarde te vi en compañía de Li y, que yo recuerde, tu deseabas eso, ¿no es así? —Burlona, contestaba su interlocutora que se encontraba entre las sombras.

—Te equivocas, yo no quería a Shaoran, yo no quería que Sakura muriera, mucho menos que Eriol me odiara. Yo no deseaba nada de esto. —Al borde de las lágrimas, Tomoyo intentaba con todas sus fuerzas contenerlas.

— ¿No? Qué hipócrita eres, ¿o acaso no recuerdas todas esas veces en que tu amiga te dejó por estar derramando miel con Li? ¿No recuerdas cómo tú veías todo ese amor y tú solo tenías cartas y llamadas del inglés? Si vas a mentirte, hazlo frente a alguien que no te conozca como yo. —Sarcástica y tajante, la chica comenzó a exasperarse.

—Tú no entien… —Un dedo frío se posó en sus fríos y temblorosos labios, no permitiéndole terminar.

—Ni se te ocurra decir que no te entiendo o que no sé nada, porque yo estuve ahí todas las veces que llorabas deseando lo que la castaña tenía. Y no te culpo, ¿quién podría hacerlo? Digo, ella tenía una familia unida que la llenaba de amor, ¿y tú? Una madre que solo vive para los negocios. Ella tenía un novio que dejo todo en Hong Kong, para estar a su lado haciéndola sentir el ser más preciado del universo entero, ¿y qué tenías tú? Un pseudo novio que solo te llamaba y escribía de vez en cuando, y que no tuvo las agallas de dejar su comodidad en Londres por venir a verte, a todo esto suma que incluso tu madre tenia preferencias hacia ella, y a demás recordemos la magia, hecho que jamás se te dio ¿cierto?. Ahora vuelve a intentar decirme que no te entiendo, que no sé nada; anda, dímelo. —Ya molesta, exigía la chica que, aunque sumida en las sombras, era fácil ver que estaba alterada.

—Pe… Pe… Pero yo no deseaba que ella muriera. Era como mi hermana… y yo… lo que hice... no tiene perdón porque, al final…

—Al final tú utilizaste lo que te di, ¿no es cierto?

—Sí, lo hice.

—Funcionó, ¿no es cierto? Digo, por algo Li ahora está contigo. Dime algo, ¿él sabe lo que usaste?

—No, no tiene ni idea, no he tenido el valor de confesárselo, si lo hago me va a odiar, y yo ahora no podría lidiar con su odio. —Llorando, la amatista trataba aún de contenerse.

—Entonces Li no tiene ni idea de qué demonios le diste para que hiciera lo que hizo, eso me parece bien. De todas maneras, lo hecho está hecho y ya no hay vuelta atrás, aprende a vivir con lo que tienes. —La extraña mira fijamente a la amatista que no para de llorar.

—Eriol me odia; Shaoran, cuando sepa lo que realmente pasó, también me va a odiar. Y estoy segura de que Sakura, donde quiera que esté, se fue odiándome. —Dejándose caer de rodillas, Tomoyo no dejaba de llorar.

—Déjate de lloriqueos bobos, ¿quieres? Tú, en el fondo de tu corazón, sabes que deseabas lo que pasó, así que ahora intenta conquistar a Li y sé feliz mientras puedan. Y deja de buscarme, sino Li se enterará de lo que pasó, ¿entiendes?

—Yo…

—Mira, en términos que tu pequeño cerebro entienda, si Li se entera, te odiará y te quedarás sola, cosa que dudo que desees. ¿Por qué no mejor ves el lado positivo de esto y empiezas a enamorar a Li y trata de ser feliz?

La chica se acercaba lentamente a la amatista que, aún con sus nublados ojos, fue capaz de ver cómo el viento ondeaba esa larga y ondulada cabellera que solo era retenida por una boina negra. La chica, a través de su ojo azul y su ojo negro, no dejaba ver más que desdén y fastidio. El look totalmente gótico de la chica sólo la hacía ver dulcemente siniestra.

—Tenía tiempo que no te veía, Mar. —Secando sus lágrimas, la amatista le dedicó una mirada confusa a su interlocutora.

—Y esta será la última, Srta. Tomoyo. —Mar, de un salto, desapareció de la vista de la amatista, que siguió limpiándose las lágrimas y comenzó a caminar a su casa.

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Mansión Hiragizawa.

Eriol se encontraba en la habitación de Sakura disfrutando de un delicioso desayuno en la cama, mientras miraba lo animada que estaba la castaña, aun después de la agitada cena que tuvieron la noche anterior. Eriol no pudo evitar sonreír al recordar a Nakuru hostigando a Sakura hasta que esta aceptó ir a comprar todo un guardarropa nuevo, o a Ariel con sus tontas e inoportunas preguntas sobre sus hábitos y rutinas cuando vivía en Japón.

— ¿En qué piensas, Eriol? —Curiosa, preguntó la castaña dejando de lado un plato de fruta.

—En la cena de anoche, y que en los siguientes días Nakuru arrasará las tiendas, y contigo. —Sonriente, el inglés acarició el rostro de Sakura que, ante ese tierno contacto, se sonrojó.

—Eriol, ¿cuáles son los planes para el día de hoy? Yo me siento mucho mejor y me gustaría tener un poco de actividad. —Aún sonrojada, preguntaba la castaña mientas jugaba con su cabello.

—Pues, pequeña Sakura, ¿qué te parece si el resto de esta semana te repones? Pero, para que no te aburras, practicaremos magia, y a partir del lunes comenzarás a tomar clases con un tutor para que cuando regresemos a Japón estés al día. —Serio, contestaba el inglés.

— ¿Y qué hay de tu investigación?, ¿cuándo nos dirás a papá y a mí sobre ella?

— ¿Te parece bien esta tarde? Después del té hablamos de eso, pero, por el momento, concentrémonos en terminar este delicioso desayuno.

Ambos se sonrieron y continuaron desayunando entre sutiles e inocentes roces de manos y uno que otro besito inocente.

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Biblioteca de Eriol Hiragizawa.

Contemplando su teléfono móvil indeciso se encontraba Yukito. Era tal su ensimismamiento que no se percató cuando el profesor Kinomoto llegó y lo observó por algunos minutos.

— ¿Por qué lo piensas tanto? Llámale o lo tendremos destrozando Londres con el fin de encontrarte. —Sonriente, el profesor se acercó hasta tocar su hombro mientras Yukito lo veía asombrado.

— Es que… no lo he llamado desde que llegué, y estoy seguro que está histérico y a punto de dejarlo todo por venir a buscarme, y eso es lo que más me preocupa. No sé si él resista el venir a buscarme.

—Creó que mi hijo, después de dejar salir toda su frustración, te escuchará y esperará a que regresen a Japón. Además, sé que le dará mucho gusto saber que su hermana regresa a casa. —Al escuchar esas palabras, Yukito lo miró atónito—. No, no he hablado con él. Planeaba hacerlo esta noche, pero veo que mejor hablas tú con él y así estoy seguro se calmará. Bien, te dejo para que tengas privacidad. —El profesor salió de la biblioteca dejando a Yukito con la boca abierta sosteniendo su celular.

Al estar completamente solo, Yukito sonrió, dio un largo suspiro y comenzó a marcar un número aún sonriente. Aguardó hasta que del otro lado se escuchó que contestaban.

— ¡YUKI! —Escuchó que una voz varonil gritaba aliviado.

—Touya, ¿cómo estás? Me alegra escucharte…

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Tomoeda, Japón.

Shaoran, entre las sombras, no podía encontrar la paz, algo le gritaba que las cosas no estaban bien, que algo no estaba viendo, pero, por más que pensara, no encontraba lo que buscaba. Se mantuvo recostado en la cama mirando el techo hasta que unos tímidos toques llamaron su atención.

—Pase, por favor. —Dicho esto, se levantó de la cama mientras una tímida y frágil amatista entraba.

— ¿Qué pasa, Tomoyo?, ¿tampoco puedes dormir? ¿Quieres que conversemos un poco? —El ambarino no podía evitar preocuparse al ver la mirada vacía de la amatista.

—Shaoran, yo… yo no sé qué me pasa, solo sé que me siento muy sola y que me estoy muriendo de vergüenza y dolor por lo que ha pasado, ha sido demasiado para mí. Por favor, por lo que más quieras, cuando descubras toda la verdad, prométeme que no me dejarás sola. —Llorando y dejándose caer en los brazos de un consternado ambarino.

—To… To… To… Tomoyo, ¿qué quieres decir? ¿Qué te pasa? —Tratando de consolar a la amatista, Shaoran acariciaba su cabello mientras ella lloraba desconsolada.

—So… Solo pro… prométemelo, yo necesito escucharte decir eso. —Era una súplica ahogada en llanto.

—Te lo prometo, pero por favor, cálmate. —Casi al borde de un colapso, el ambarino contestó a la súplica.

—Gracias. —Fue la única respuesta que recibió de la amatista, que aún lloraba y no dejaba de sentirse culpable por ocultar tantas cosas al ambarino, que acariciaba sus cabellos, pero era más su miedo a estar sola, además de esa angustia al sentir que realmente ella esta más cerca de lo que todos querían ver.

Ambos se sumieron en un silencio que solo era interrumpido por los susurros del llanto de Tomoyo, mientras Shaoran contemplaba nuevamente el techo de su habitación y no dejaba de preocuparse por toda esa angustia que su corazón no paraba de sentir.

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Ciudad de Hong Kong.

Un bellísimo amanecer fue la vista que, al bajar de su avión, Ariel vio, pero aún más hermosa le pareció la chica que lo estaba esperando en un Ferrari descapotable rojo. El joven ya, con una sonrisa en sus labios, bajó la escalinata y se subió de un salto al coche.

—Creí que llegabas ayer. —Con desdén, decía la chica al volante del Ferrari.

—Surgió un imprevisto, preciosa, pero ahora dime, ¿me extrañaste? —Coqueto, preguntó Ariel.

—Pues digamos que tu llamada me ha tenido intrigada. ¿Por fin me dirás por qué necesitas entrar a casa de los Li? —Curiosa preguntaba la chica tratando de esconder su sonrojo.

—Quizás cuando termine de averiguar lo que vine a buscar te lo diga, mi bella Mei Ling. —Sentenciaba mientras acercaba su rostro y posaba un inocente beso en la mejilla de la chica, que se puso como tomate.

—Bien, belleza, vayamos a tu casa, quiero conocer a mis suegros. —Coquetamente, Ariel miró cómo esas palabras consternaron tanto a la chica que, al arrancar, ambos terminaron golpeándose. Después del brusco movimiento, el auto siguió su camino fuera del aeropuerto hacia la mansión Li.

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El tiempo comenzó a correr. En Londres, Eriol y Sakura seguían adelante con sus planes: ella recibía las visitas de su institutriz, que estaba con ella cuatro horas al día, después pasaba tiempo con Eriol, Kerberos y Yue practicando su magia. En sus ratos libres era acorralada por Nakuru para ir de compras, para, según la misma Nakuru, no saturarla.

Aunque eran pocas las veces al día que podía estar con Eriol a solas, eran esos pequeños momentos los que la hacían sentir una paz que aún no podían explicar ninguno de los dos. La castaña se olvidó de redecorar su habitación, ya que, al restablecerse completamente, ambos se mudaron a la habitación de Eriol, que era mucho más grande y acogedora según la propia Sakura.

Inmediatamente Kerberos, al enterarse, dio el grito en el cielo, e intentó dormir con ellos, pero Sakura se lo prohibió, y por eso el guardián miraba con cierto recelo a Eriol, ya que, para él, eso era insano para la castaña. Pero, contrario a lo que él pudiera pensar, ella dormía en paz en los brazos de Eriol, y las imágenes de ese fatídico día se iban viendo cada vez más lejanas.

La relación de Sakura con Kaho y su padre era de lo más estrecha, ya que su profesora era alguien muy querido por ella y el que ahora hiciera feliz a su padre hizo que su cariño por ella creciera, y no podía esperar a que su hermano compartiera toda esa alegría a su lado. Cada día faltaba menos para volver a abrazar a su hermano.

Pero eso también significaba estar frente a las dos personas en las que alguna vez confió ciegamente y que ahora solo eran extraños por los que solo sentía un profundo rencor. Personas que, con Eriol y sus detalles, mantenía de cierta manera a raya, conteniendo toda esa negatividad que nació el día en se quitó la venda de los ojos.

Por su parte, Yukito, después de esa primera llamada, fue víctima de un constante monitoreo por parte de Touya que, ya fuera por llamadas, videollamadas o mensajes, no dejaba a Yukito ni a sol ni a sombra.

Nakuru, sin embargo, era un huracán de emociones, ya que Ariel no la había llamado desde que viajó a Hong Kong. Si no había salido en un vuelo a buscarlo, era por Sakura y en firme propósito de hacer que su amo la convirtiera en su esposa, plan que, según ella, iba viento en popa.

Espinel mantenía a raya a Kero, que no dejaba de seguir a su dueña y amiga por toda la casa, incluso al pobre Espi le tocó ser guardián de la puerta de la habitación de su amo, ya que Kerberos intentó colarse a ella más de una vez.

Kaho y el profesor Kinomoto veían felices a la inusual familia que se había reunido ahí. Se complacían al ver a Sakura tan recuperada y llena de ánimo, aunque ambos sabían que la verdadera prueba sería cuando ella estuviera en Japón, pero confiaban ciegamente en el lazo que se había desarrollado entre ella y Eriol.

Por su parte, Ariel estaba concentrado en su investigación en la mansión Li. Su tiempo libre era para comunicarse psíquicamente con Sakura y bombardearla con preguntas acerca de su cotidianidad y contarle acerca de algunos detalles de su día, ya que no revelaría nada a Eriol ni a Sakura hasta estar frente a ellos, ya que su investigación había dado datos totalmente inesperados.

Mientras tanto, en Japón, Tomoyo y Shaoran seguían viviendo bajo el mismo techo y se habían vuelto amigos cercanos. Lo ocurrido el día que Sakura los encontró no se volvió a repetir.

Su vida estudiantil continuó de cierta manera normal, ya que había cosas que los hacía sentir culpables, como la butaca vacía de Sakura, o los lugares donde Sakura convivió con ellos los hacía sentir miserables y sus compañeros de clase no ayudaban.

Toda la preparatoria Seijo rumoraba del intenso amor de Shaoran y Tomoyo, incluso sus compañeros de clase comenzaron a relegarlos aparentemente sin motivo alguno, ya que todos en Tomoeda creían que Sakura estaba en América estudiando.

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Tomoeda, Japón. Un mes después.

Era un lunes precioso. Toda la ciudad de Tomoeda se sentía extrañamente en paz y había cierto aroma en el aire que hacía sentir a los residentes una inmensa nostalgia, pero a su vez los llenaba de esperanza.

—Bien, señorita, eso sería todo, con este pase puede ingresar a su aula —decía una mujer mayor que, sonriente, veía salir de la oficina a la nueva alumna.

La chica siguió su camino y se encontró con el titular de la clase que le pidió esperar unos minutos afuera.

— ¿Estás segura de esto? Sabes que pudimos haber esperado hasta mañana y que ese sujeto nos acompañara —interrogaba una preocupada voz a la chica.

—No te preocupes, para eso los traje a ustedes dos. Además, él aún tenia cosas que hacer, y esto es algo que necesito hacer por mí misma —contestaba la chica.

—Además, con la magia que estamos utilizando somos indetectables para los humanos que no hayan tenido contacto con la magia —intervenía otra voz tensa.

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Mientras, en el salón de Tomoyo y Shaoran.

—Bien, chicos, ya que tengo su atención, hagan el favor de pasar sus tareas al frente. —Solicitaba el tutor de la clase.

—Shaoran, ¿no sientes algo raro el día de hoy? —Acongojada, preguntaba la amatista.

—La verdad, Tomoyo, desde que desperté tengo una opresión en el pecho que con el pasar de las horas se acrecienta. —Serio y consternado contestó el ambarino.

—Bien, clase, permítanme recordarles que están iniciando la recta final de este recorrido, así que sean consientes y piensen en su futuro. —Hablaba el titular mientras se ponía de pie y quedaba al centro del salón—. Bien, permítanme ahora presentarles a una nueva alumna que hoy se integra a nuestra clase, bueno más bien regresa. Pasa, por favor.

Al abrirse la puerta y ver pasar a la nueva alumna, distintas emociones pasaron por los rostros de los alumnos, pero, sin duda alguna, los más impresionados eran la amatista y el ambarino, que cerraba sus manos en puños, furioso.

— ¡¿QUÉ CLASE DE BROMA ES ESTA?! —gritó Shaoran haciendo que todos los presentes se giraran a verlo, pero la chica nueva solo miró hacia afuera y suspiró.

—Encantada de conocerlos, mi nombre es Sakura Kinomoto. —Segura, la castaña hizo una reverencia que inmediatamente hizo que sus compañeros giraran su atención a verla, y muchos se levantaron de sus asientos para darle un abrazo a la amiga, que volvía a estar con ellos, muchos lloraban sin saber por que, pero estaban seguros de que el que Sakura estuviera en casa era porque estar agradecidos.

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Notas de la autora:

Editado 30 nov. 2016