Espejos del alma
Por Yoali Iizax Luin
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Capítulo 10: ¿Por qué?
Al Norte del gran continente se ubica el reino Narwain, que posee muchas zonas algo desiertas, su riqueza consiste más en un gran número de artesanos que fabricaban telas, joyería, alfarería y otros artículos lujosos. Por el tipo de tierra se dedicaba más a la crianza de ganado, borregos, entre otros. Pero la especie de mejor calidad eran los caballos, hermoso pura sangre, gran tamaño, espléndido pelaje y lo que más impresionaba era su resistencia.
La vida parecía relajada en general, no era mucha la población como lo era en Dhirtya o Sideris, pero no podían quejarse, casi todos los nobles y hombres importantes se habían forjado en los más duros entrenamientos militares y en los negocios.
El rey Clow era un hombre de carácter fuerte, hábil en las artes del combate, las negociaciones y diplomacia, era por ello que a pesar de que su reino no tenía muchas bellezas naturales mantenía a su pueblo tranquilo y estable. Respetado y temido el rey Hiraguizawa no perdía tiempo en cosas infructuosas, si sabía que algo no le beneficiaría simplemente no lo intentaba.
Entre ellas el cuidado de su hijo, siempre a cargo de los mejores maestros en toda clase de conocimientos, con especial énfasis en las habilidades militares.
Por el lecho de Clow habían pasado muchas de mujeres que deseaban más que una noche, querían la corona del reino, y las más osadas el corazón del hombre que lo gobernaba, algo que ni su propio hijo tenía. Se decía que tenía hijos ilegítimos por varios lugares, pero ninguna mujer lo pudo comprobar.
Eriol fue producto de la única relación formal que mantuvo. Dinuviel era el nombre de la madre de Eriol, desgraciadamente ella murió cuando Eriol cumplió apenas 6 años de edad, una mujer que si bien no resaltaba por su belleza física, pues su cuerpo era más bien de una adolescente, poseía una elegancia innata y una inteligencia que lograron atraer al rey mismo.
El príncipe sabía muy poco o nada de ella, la comadrona que le había servido y cuidado cuando era pequeño, salió del reino al morir la reina. Lo poco que sabía era por el cotilleo de las damas mayores, que de vez en cuando la recordaban por su criticada inteligencia y su origen desconocido. Pero ni la encantadora Dinuviel pudo cambiar a su padre, seguía tan rígido como siempre.
Eriol no lo amaba, tampoco lo odiaba, era mucho peor lo que Eriol sentía hacia su padre, era indiferencia. La misma con la que él lo trataba. No se consideraba una víctima de sus padres o del destino, tampoco era un loco soñador de un mundo mejor en el futuro. Se encargaron de criarlo en las rígidas costumbres del reino, para ser pensador, calculador, negociador, en suma un gobernante, incluso las galanterías y coqueterías le parecían un juego y una inversión. Cada guiño que hacía, cada sonrisa en sus labios eran una inversión para obtener algo.
En las oscuras noches de Narwain el joven Hiraguizawa, que el rey pensaba que dormía, el príncipe planeaba algo sin precedentes, algo que su padre jamás podría soñar siquiera organizaba y dirigía su ejército años atrás pequeño y desordenado, ahora era una obra maestra militar. Muy pronto llegaría el día en que le mostraría a su padre a su verdadero hijo.
Planeaba tomar posesión de los cinco reinos, uno a uno, el primero Dhirtya había caído en sus manos en cuestión de horas.
En las afueras de Narwain realizaba la nueva reunión.
- Duque Mondrey, un placer saludarlo – dijo la chica, pero lejos de ser un saludo cordial sonaba como la más pura falsedad.
- Igualmente my lady – él no se quedaba atrás.
Meiling, Eriol y el duque Mondrey se reunían para informarse de lo que pasaba en Dhirtya.
- Señor – reverenció al chico, que contrario a como solía ser en público, estaba muy serio – Dhirtya fue conquistada con éxito Yue, Bugad y Touya están allá. Como lo habíamos previsto parte de la población esta en las orillas del reino, nos llevará un poco de tiempo encontrarlos.
- En parte, es gracias a ti – mencionó Eriol que sonó a los oídos del duque como un elogio.
- Tu traición fue más que útil – enfatizó Meiling, cuyos ojos destellaban fuego vivo.
Mondrey frunció el ceño – no olviden lo que estoy haciendo y lo que espero.
- No te preocupes Mondrey, tendrás lo que mereces – aclaró Eriol.
- Gracias señor.
Ella lo observó con soberbia.
- Quiero que traigas al príncipe Kinomoto lo más pronto posible.
Mondrey pareció sorprendido de la petición.
- Pensé que lo sabía. Sak no estaba en el reino al ser tomado, estaba en Vidya.
Eriol frunció el ceño pareció meditar antes de hablar de nuevo – Cuando regrese a Dhirtya quiero que le comunique a Yue que requiero su presencia lo más pronto posible, ¿entiende?
- Si señor.
Eriol se dio vuelta dispuesto a regresar.
- Una última cosa duque – dijo sin voltear.
- ¿Señor?
- No quiero que regreses aquí.
- Como diga señor – contestó sin entender el motivo, pero no se atrevía a cuestionarlo.
La figura de Eriol y la Mei se perdieron en la oscura noche, mientras Mondrey se apresuraba a obedecer.
- ¿Ahora que reino será? ¿Acaso Vidya? – preguntó Meiling. Sabía que una comenzado todo no había marcha atrás.
- No. Será el más fácil de todos, Amaya. Los Sen son tan desordenados que tardará más en llegar las tropas que en conquistarlo, sus riquezas naturales servirás para motivar al resto del ejército. Después… después vendrá lo interesante.
- Entiendo.
Meiling era una de las más fieles seguidoras de Eriol, su origen hibrido le daba sólo la apariencia de humana, era más peligrosa de lo que parecía.
- ¿Para qué quiere al príncipe Kinomoto? Touya ya esta de nuestro lado – sonrió al recordar al chico.
Eriol sonrió enigmáticamente – la última vez que visite a los Kinomoto pude darme cuenta de algo muy interesante.
- ¿Qué es?
- Todo a su tiempo Mei. Debes aprender a ser paciente, hay cosas que llevan algún tiempo pero con resultados muy satisfactorios.
- Bien.
- Ahora, acompañemos al rey Clow en la cena.
Sí, como su padre Eriol daba algo a cambio de algo más.
Pero hace algunas semanas sin quererlo dio mucho a cambio solo de compañía, algo que lo asombro a él mismo. Tomoyo Daidouji fue la que lo provocó, sin saberlo siquiera, pudo hablar con ella como si fueran viejos amigos.
Al principio se mostró como todo un conquistador, que lejos de atraerla provoco que la chica se alejara, cosa que no le agrado. Luego simplemente dejo su estrategia de lado y ella cambio a una actitud más abierta, fue una experiencia que esperaba poder repetir, después de todo siempre obtenía lo que deseaba y ella no era la excepción.
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Unos días después de la toma del palacio y una vez asegurada la seguridad del ejército,
- Parece que al rey Kinomoto le tienen una gran fidelidad – mencionó Yue.
- No lo merece – Touya parecía muy enojado por las constantes rebeliones de los pobladores de los pueblos cercanos al palacio.
Touya se dio vuelta y camino de regreso al palacio.
- ¿Dónde vas? – preguntó la seca voz de Yue.
- Adentro, mi presencia no es necesaria – respondió sin detener su paso. Yue no dijo más.
A sus pies estaba la puerta del reino, donde ahora se llevaba a cabo una pequeña batalla, un grupo de aldeanos de Dhirtya se había organizado con la idea de recuperar el reino, pero muy fácilmente eran derrotados y tomados como prisioneros. Los más difíciles eran hechiceros encubiertos que daban una buena pelea, pero no eran suficientes.
Trataban de no matarlos, era más útiles vivos.
Se dio tiempo para recorrer el lugar que un día fue su hogar, buscando algo que le diera pistas sobre el paradero de su hermano, el problema era que no sabía nada de él.
Al regresar de la habitación de su hermano que no tenía nada que le diera pistas, encontró la puerta donde se encontraba Tomoyo la vio abierta y sin el guardia que debía estar ahí, escucho sollozos salir del lugar. A grandes zancadas se dirigió y entro a la habitación, al entrar se encontró con Bugad que estaba muy cerca de Tomoyo diciéndole una serie de insinuaciones y propuestas que a cualquiera hubiera enfermado.
Ella estaba casi de rodillas en una de las esquinas de la habitación con Kero en sus manos, llorando en silencio ante la mirada divertida del general. Hacía ya horas que el hombre la molestaba y no pudo aguantar más comenzando a llorar, cosa que atrajo aún más a Bugad, sino fuera por Kero que la protegía, sólo el cielo sabe que hubiera pasado ya.
- ¿Qué crees que haces? - resonó la voz de Touya.
- Amigo, sólo quiero divertirme con esta damita - dijo en modo juguetón Bugad – Regálamela ¿sí? – dijo como pidiendo una paleta.
- Aléjate de ella - ordenó Touya y se acercó, Bugad frunció el ceño - nos servirá.
- Pero...
- No, es mía - dijo en tono autoritario, Bugad sabía que decir eso era un reto a muerte si se atrevía a tocarla.
Y no tenía permitido matarse entre ellos, aún no.
Tomoyo por fin dejo de llorar pero abrazo con más fuerza a Kero.
Bugad sonrió, se acercó a él sonriéndole - cuando menos lo esperes... - le susurró y salió.
El idiota de Bugad había logrado entrar por ser uno de su mismo rango y el soldado que había dejado como vigilante debía obedecerlo.
- ¿Estas bien?
Tomoyo levantó la cabeza, con sus hermosos ojos índigo aún con lágrimas, sólo pudo asintió levemente. La imagen de la chica le provocó furia, no es que no estuviera acostumbrado a ver que las mujeres lloraran, era que por un segundo el llanto silencioso de Tomoyo le recordó a su madre y le partió el alma.
Ella se levantó de la esquina con lentitud aún aferrada a Kero, sus manos temblaban levemente.
Touya tomo su brazo con brusquedad que asustó a Tomoyo, la jaló fuera de la habitación. Ella se dejo guiar estaba muy asustada como para reaccionar.
- ¿Cuál es tu habitación? – se detuvieron en el pasillo.
Kero permaneció quieto con la mirada fija en el sujeto, sin intentar proteger a Tomoyo, algo que ella notaría hasta después.
- ¿Cuál? – insistió asustándola aún más.
- Esa – señaló con su dedo temblando.
La guió hasta la habitación señalada y entraron. Touya observó la habitación, no era tan ostentosa como las otras, tenía sólo lo necesario, sin mucho lujo. Un ropero, una cómoda, una cama con sábanas de satín, una mesa en la que había algunas telas y todo en colores sobrios, una puerta que seguramente daba al cuarto de baño.
Soltó a la chica mientras él abría la puerta del baño y revisaba, al salir se encontró con los ojos curiosos y asustados de Tomoyo.
- Te quedarás aquí, ¿entiendes? – ella asintió por inercia.
Salió de la habitación cerró y susurrando un conjuro encierro, formó un escudo protector a la habitación entera, luego entró de nuevo.
- No te volverá a molestar – al entrar vio Tomoyo estaba sentada en la cama limpiándose las lágrimas.
- Gracias - le escucho decir aún con la mirada baja, él no dijo nada y salió.
Minutos después regreso frente a la puerta de la chica.
- Terada, vigila esta puerta, no permitas que nadie se acerque sin mi consentimiento.
- Sí señor – tenía un buen rango en el ejército, uno de los mejores a pesar de ser sólo un humano, pocos se atreverían a desobedecerlo.
- Y consigue a alguna de las prisioneras para que traiga comida a este lugar.
- Como ordene – era un hombre de estatura media, bastante fiero en batalla.
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Su padre no sólo lo encerró en el palacio, también en un mundo que en realidad era muy diferente a como se lo decían. Era como quitarse de los ojos un velo que distorsionaba todo, no era muy alentador verlo todo, pero era mejor que permanecer en un sueño, en un mundo aparte.
Ahora sabía muchas cosas, lejos de la protección de su padre conocía la verdad. El comienzo de una guerra, en la que se cometían tantas atrocidades, tantas injusticias, asesinatos, tantas cosas que ni siquiera pensó que existían. Había personas que peleaban por el poder por poseer pedazos de tierra, derramar sangre inocente por metales brillante, sacrificar a su familia, su dignidad, su humanidad por un poco de tierra, metales y poder, y lo más importante de todo, su vida.
Vivir en un mundo de color de rosa no era su idea de vivir, pero no pensó que su realidad era más dura que las novelas y la ficción. La realidad supera la fantasía con gran facilidad, hasta hace unos días pensó que eso de la magia era un cuento de niños, sueños locos de mentes creativas con tiempo libre, ahora se enteraba de que había la posibilidad de ser hija de un hechicero.
- ¿Es por eso que haz estado actuando raro? – preguntó al fin, Shaoran sabía todo eso desde antes.
- En parte sí, en ocasiones me gustaría olvidar lo que sé y disfrutar la vida. Ser más libre y encontrar una esposa para vivir en paz en algún lugar del continente. Estoy entre la presión de mi reino, mis padres, yo mismo y la realidad que parece tan pesada – suspiró.
- Te entiendo.
- ¿Y tú? ¿Haz pensado casarte? – Shaoran cambió el tema, era obvio que no quería hablar más del asunto.
- Yo… - lo tomó desprevenido - pues supongo que algún día – se puso rojo.
¿Casarse? Bueno con un hombre se vería demasiado extraño, con una mujer ni loca, primero tendría que solucionar su pequeño secreto y luego lo demás
- ¿Puedo preguntarte algo? – ya que él había sacado el tema.
- ¿Qué? Adelante.
- Lady Haidée, ella… ¿te agrada? – cielos si que le costó preguntar eso, sin que le temblaran los labios.
- Si, bueno es una buena chica. He estado pasando algún tiempo con ella porque precisamente quiero conocerla, si me voy a casar con ella es mejor por lo menos conocerla un poco.
- Ah… - sinceramente no sabía que decir.
- Es agradable, pero…
- ¿Pero? – Sí, gracias a los cielos había un pero, deseo sonreír pero se reprimió.
- Es algo… bueno, no me agrada que todo lo que le digo que haga lo hace. Es decir, es demasiado sumisa, creo que si un día le digo que salte de una montaña, sólo abrirá la boca para preguntarme de cuál.
- Lo que quiero decir, es que me gustaría una mujer como esposa, no una sirvienta.
- "Je, je" – Sonreía internamente. Si señor, ese era SU Shaoran.
- Y ¿haz conocido a alguien así? – cielos se sorprendió por lo fluido de sus palabras pensó que no podría decirlas. Pero su curiosidad se activo.
Shaoran lo observó como si lo viera por primera vez.
- "Ooops, tal vez no debí preguntar" – pensó.
- De hecho…
- ¿Sí?
- Creo que no.
Le dieron ganas de golpearlo, si no tuviera esos grilletes. ¿Cómo que no?
- No, conocí a una niña que… me gustó mucho.
- ¿En serio? – preguntó sorprendido.
- Se llama Zafiro, la conocí en el festival de tu reino. Es una niña muy agradable.
- ¿Niña? – ¿niña?, frunció el ceño.
No era una niña era…
Como decirlo, esta bien, esta bien.
A la madura edad de 16 años, era toda una mujer (desde su punto de vista, por supuesto)
Y le gusto serlo, que era lo peor.
No, lo peor fue sentir todas esas sensaciones cuando bailaron, y cuando la beso por todos lo cielos ¿qué fue eso?
- Tal vez tú la conozcas, Tomoyo no me pudo decir mucho de ella – ignorante de las sensaciones que había despertado en Sak.
- Claro que la conozco ¿por qué no me preguntaste antes? – trató de parecer muy tranquilo.
Shaoran levantó los hombros – mi destino esta sellado, no me conviene ilusionarme.
- La conozco bastante bien.
- ¿En serio?
- Claro. Somos buenos amigos.
- ¿Te habló de mí?
- Por supuesto, me dijo que conoció a un chico algo atolondrado.
- ¿Atolondrado?
- Sí – me dijo que no pudo ganar un muñeco para ella – sonrió ante el recuerdo.
Shaoran enrojeció – fue por su culpa. Su presencia – confeso él - me ponía nervioso.
Sak se sonrojo - ¿ella te gusto mucho? – no pudo evitar preguntárselo.
- Sí, mucho – dijo Shaoran exhalando un suspiro. Más que gustarle, le encanto.
Ah, su corazón saltó de emoción y una agradable sensación de que era correspondida se expandió en su cuerpo. Tuvo que desviar su mirada de la de él porque sentía que si lo veía a los ojos él se daría cuenta.
- ¿Es pariente tuya? – lo despertó de su ensueño
- ¿Ahh? – ese "sí mucho" aún le rondaba en la mente – Sí muy lejana – pocas veces mentía sin que lo descubrieran.
- Por eso sus ojos se parecen tanto – dijo él – tienen el mismo tono de verde - busco su mirada pero Sak la mantenía en un lugar distante – Nunca antes la había visto.
- Es que… bueno ella vive a las orillas del reino y no le gustan las cosas de la nobleza, protocolos y todo eso.
- Si lo pude notar – dijo entristeciendo la mirada, aún tenía muy fresco en la mente el beso que le robo y el otro que correspondió.
- Tal vez algún día te la presente – dijo para llamar su atención y sacar de su cabeza esos recuerdos.
- Eso me gustaría – le sonrió agradecido.
Sak se sonrojo hasta las orejas, tenía que controlarse o terminaría revelándole todo. Y aún no era tiempo.
- Tienes que apresurarte tiene muchos pretendientes.
- ¿En serio? Bueno es natural es una chica excepcional, será afortunado el hombre que se quede con ella.
- ¿Cómo lo sabes si sólo estuviste con ella unas horas?
Shaoran levantó la ceja – no lo sé, sólo lo sé.
Si no fuera porque estaba frente a él hubiera soltado unos grititos de felicidad.
- ¿Viste a Yamazaky en el festival? – cambio el tema sentía que si seguía hablando de eso terminaría rompiendo los grilletes y lanzándose a sus brazos.
- No, esperaba verlo… - siguieron hablando. El clima entre ellos dos se apaciguo, el resto del día se la pasaron recordando sus aventuras con Chiharu, Rika, y Yamazaky y por supuesto Tomoyo, sus travesuras y todo lo que había vivido juntos.
La fuerte luz del sol pronto disminuyo, y las voces de afuera se escuchaban cada vez menos, seguramente aquellos hombres se estaban cansando.
- Debemos escapar – susurró Shaoran al notar como la oscuridad comenzaba incrementarse.
- Pero… pensé que...
- Una vez con el ejército negro no tendremos oportunidad de escapar, es mejor que nuestros reinos se concentren en prepararse para la guerra no en estar buscándonos. Ya llevamos demasiado tiempo.
- Bien.
- Esta misma noche lo haremos… - le explicó el plan a su amigo.
Minutos después eran bajados de nuevo.
Los volvieron a amarrar a unos árboles cercanos y lo de la noche anterior se repitió, con la variante de que la comida esta vez fueros ranas. Sak tuvo que utilizar toda su fuerza de voluntad para no vomitar tratando de sacar de su cabeza todos esos cuentos de ranitas cantantes.
Los hombres no tardaron en dormir, Kurpe era el más inteligente según podían observar, pero también tenía que descansar y dormía no muy lejos de los prisioneros. Sak y Shaoran se hicieron los dormidos, notaron como Tepor bebía y bebía era su turno de vigilarlos pero el alcohol hizo su efecto.
- Es hora – susurró Shaoran a Sak cuando éste por poco caía en los brazos de Morfeo.
Shaoran con todo sigilo comenzó a invocar un hechizo para convertir sus cadenas en unas oxidadas y frágiles, cuando le contó que podía hacer eso Sak no le creyó del todo pero ahora no le quedaba duda.
Cierto eran cadenas muy resistentes, pero pocos metales resisten el destructivo poder del oxigeno, como un hechicero podía ayudarse con los elementos de la naturaleza.
Tardó un poco más en romperlas y luego hacer lo mismo con sus cadenas.
- Listo – susurró al terminar, tenía tenues gotitas de sudor en su frente, se agotaba al utilizar sus poderes, sobre todo por no haber comido bien los últimos días.
Se levantaron en silencio, pero no sería fácil, el lugar tenía muchas hojas secas alrededor, como una alarma natural se activaría sólo con pisarlas.
- Pisa donde yo lo hago – ordenó Li.
Él asintió
Los primeros metros no hubo mucho problema, sólo el temblor en los pies de Sak, pero se conducían muy bien.
A unos diez metros donde el espeso bosque comenzaba, las hojas eran muchas más.
Li se detuvo e invocó sus poderes.
- Viento, ayúdame – señaló hacia el centro del lugar, un suave y cálido viento soplo recorriendo con suavidad las hojas secas con muy poco ruido y haciéndoles un camino despejado unos metros.
- Excelente – susurró Sak, Shaoran debía enseñarle a hacer eso.
Escucho a Shaoran suspirar, se estaba cansando.
Shaoran avanzó, no pensó que utilizar magia con tanta delicadeza lo cansaría tanto, estaba acostumbrado a cantidades grandes en ataques, no pequeños. Siguió caminando con Sak detrás de él.
- ¿Nos siguen?
- No – susurró Sak, a cada momento volteaba con el temor de que los hubieran descubierto, sentía su corazón palpitar con gran fuerza.
De nuevo invoco el poder y quedo más cansado, Sak lo notó por su respiración más agitada.
Ya llevaban un buen tramo, a esa altura ya corrían sobre las hojas, la distancia hacía difícil que los hombres los escucharan.
Pero no contaban con que los delatarían.
Justo cuando Shaoran parecía más cansado, un búho los vio desde el cielo y comenzó a hacer ruidos, luego algunas aves salieron volando, era la voz de alarma que ellos se daban en caso de ver algún peligro.
Al escucharlo no perdieron tiempo y comenzaron a correr a todo lo que daban sus pies, Sak iba siguiendo de cerca de Shaoran por el espeso bosque que a cada momento parecía más y más estrecho, sólo sentían las ramas de los arbustos golpear contra sus cuerpos.
Llevaban apenas unos minutos corriendo cuando sus peores temores se hicieron realidad, el ruido de los animales alertó a sus captores. Y a lo lejos escuchaban como corrían y daban instrucciones.
- Sepárense – se escuchaba la voz de Tepor.
Sak pudo sentir la adrenalina correr por todo su cuerpo, debían apresurarse.
Pero Shaoran no estaba en las mejores condiciones, su velocidad bajo.
- ¿Shaoran estas bien? – corrió a su lado.
- Si.
- Mentiroso – al buscar su rostro lo vio cubierto de sudor y sus pasos se hicieron torpes - Por los cielos – Shaoran comenzó a correr con más dificultad, sin esperar más Sak le tomo un brazo y lo paso por su nuca.
- Vamos, tenemos que salir de aquí – sentía su corazón palpitar muy fuertemente.
Shaoran estaba muy mal, no sabía porqué pero sentía el cuerpo de su amigo calentarse a una velocidad impresionante, tanto que lo asustó mucho.
- Van por allá – escuchó la voz de un hombre que para su sorpresa se escuchaban muy cerca.
Sak sintió su cuerpo bastante pesado, la desesperación lo comenzó a invadir. ¿cómo haría para salir de ese lugar y ayudar a Shaoran?
De pronto dejó de sentir sus pies, los sonidos de los hombres y hasta de los animales desaparecieron, sólo sentía su mente trabajar tratando de encontrar una manera de salir de ese lugar con su amigo. Se estaba desesperando aún más entrando en un estado de estrés extremo.
- No me rendiré – se repetía mentalmente.
Fue cuando de pronto comenzaran a despertarse sus sentidos, sintió las presencias de sus captores acercándose, los estaban rodeando, era como un radar. El sonido regreso a su alrededor y escucho algunos animales correr por donde pasaban. Sintió también que la fuerte presencia de Shaoran que estaba debilitada, era una presencia calida y fuerte a la vez.
Sintió de nuevo todo su cuerpo y como si tomara un segundo aire corrió con todas sus fuerzas, Shaoran estaba casi inconciente, ardía en fiebre y su cuerpo parecía de trapo.
- Todo estará bien – susurró a su amigo.
En su loca carrera y con los sentidos agudizados, esquivaba los lugares donde los esperaban los hombres, pero eran demasiados.
- Allá están – sintió el grito tan cerca, que el corazón le dio un vuelco.
- "Tengo que salir de aquí. Shaoran esta muy mal, debo llevarlo a un lugar donde pueda atenderlo" – pensaba desesperado, pero estaba a la mitad del bosque perseguido por muchos hombres.
De pronto frente a ellos apareció Kurpe con un sable en mano.
- Se equivocan si piensan que es tan fácil huir de nosotros – no parecía preocupado, simplemente hablaba como si estuviera muy seguro de atraparlos de nuevo. Ni siquiera se veía remotamente cansado.
- No – dijo con valor.
- Tu amigo no esta bien ¿Hasta dónde crees que pueda sobrevivir sin atención médica? – sonrió con burla.
- Cállate – no deseaba pensar en nada malo para Shaoran.
Pero tenía algo de razón.
No, tenían con que defenderse o luchar, así que sintiendo que las presencias de los demás estaban aún algo lejos, dejo a Shaoran en el suelo recargado en un árbol y tomo pose de pelea.
- Así que desea pelear majestad, sus deseos son órdenes – dejo su sable a un lado – para estar en las mismas condiciones – su mirada se torno turbia, le agradaba pelear.
Sak estaba muy atento recordando sus lecciones de defensa, el enfrentamiento comenzó.
En un principio le resulto muy fácil a Kurpe, su oponente era torpe, débil y lento. Pero eso causaba más preocupación en Sak que recibió más de diez golpes en menos de diez segundos, Kurpe atacaba más a sus pies y el pecho, Sak estaba más y más desesperado no podía perder, no ahora. Los golpes eran certeros y dejaban un ardor increíble en su cuerpo.
- Sak… - la débil voz de Shaoran la hizo olvidarse de su dolor.
Lo vio observándolo, apenas podía mantener los ojos abiertos, sus hermosos ojos ámbar estaban muy preocupados y tristes.
Un golpe de Kurpe lo trajo de nuevo a pelea, y con horror sintió como los demás hombres se acercaban.
Quedo tirado en el frío suelo con los sentidos al máximo.
- Es el fin, majestad debe regresar con nosotros – Kurpe dejo la pose de pelea y le tendió la mano.
No, no los llevarían.
Shaoran no lo hubiera permitido, él tampoco.
- NO – gritó rechazando su mano y al hacerlo una misteriosa fuerza empujo a Kurpe que quedo tirado a unos metros del lugar.
Sin tiempo a comprender nada, Sak aprovecho y tomo el cuerpo de Shaoran y comenzó a correr.
El cuerpo de su amigo no parecía muy pesado entonces – Sak debemos… regresar… – dijo en un susurró Shaoran.
- Todo estará bien – de verdad deseaba creerlo.
- Quiero regresar… - estaba delirando, que su fiebre aumentaba. ¿Qué le estaba pasando?
Por un segundo paso por su mente la idea de regresar y permitir que llevaran a Shaoran con un médico, pero…
Pisaron un lugar lleno de ramas y hojas, y al hacerlo el suelo se hundió y ambos comenzaron a caer. Era como caer en un abismo, todo absolutamente oscuro, lo único que Sak pudo hacer al sentir aquello, fue aferrar la mano de su amigo.
Tardaron unos segundos antes de sentir el golpe del agua. Lo primero que hizo Sak fue tomar a Shaoran y sacar u cabeza, para su alegría él tosía.
- Vamos – aún con el temor de que los siguieran nado, no se veía absolutamente nada, se guío por sus instintos y minutos después llegaban a una especie de playa, sintió la arena y sonrió, sacó el cuerpo de Shaoran, notó que su corazón latía con debilidad y su cuerpo antes ardiente se enfriaba con rapidez.
Buscó algo a su alrededor a gatas, pero no sentía más que arena, estaba muy cansado y herido. Regreso con el cuerpo de Shaoran que parecía dormido, se acostó a su lado, debía calentarlo a cualquier costo.
Exprimió algunas de sus ropas y comenzó a masajear el cuerpo de Shaoran – estarás bien – repetía una y otra vez. Tardó muchos minutos haciéndolo, rogándole que no se diera por vencido.
El cansancio lo estaba venciendo y lo único que pudo hacer fue abrazarlo y pasar el calor de su cuerpo al de él – todo estará bien – le susurro al oído.
Tardo uno segundos en acomodarse, cuando por fin sintió la poca calidez que aún despedía el cuerpo de Shaoran, sentir su fragancia de cerca, provoco que se sonrojara. Lo que más la sorprendió fue ella misma, su corazón se tranquilizo al mismo tiempo la invadió una calidez muy difícil de describir, el cansancio la obligo a cerrar los ojos.
Sin que se diera cuenta esa calidez nacida desde dentro, comenzó a salir e invadir con delicadeza el cuerpo de su amigo.
No pudo más y se quedo dormido a su lado.
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- Saldremos - ordenó a la chica.
Hacía ya unas horas que la había dejado en su habitación.
Tomoyo sólo asintió.
Sintió un escalofrío al salir de la habitación todo se sentía muy cambiado, los pasillos estaban más oscuros de como los recordaba y los adornos no estaban en sus lugares, todo había sido saqueado. En silencio se dejo guiar por Touya, quien la llevó hasta una de mazmorras del palacio.
Al abrirla sus ojos de la chica se llenaron de lágrimas, en ese horrible lugar tenían al rey, a Yukito y a su madre en pésimas condiciones, se veían cansados, demacrados y débiles.
- Mamá - corrió a abrazarla
- ¡Tomoyo! – se sorprendió la mujer al reconocerla - ¿Estas bien? No sabía que estaba aquí.
- Si madre - miró a los hombres que por un instante se les iluminó los ojos.
- Tomoyo - habló Touya y de inmediato la chica regreso a su lado.
Todos lo vieron con enojo y desconfianza.
- Déjala en paz - gritó Sonomi - no tiene nada que ver con esto.
- Quiero información - se dirigió al rey.
- No – fue la respuesta del rey.
Sin decir nada tomo a una asombrada Tomoyo por el cuello.
- ¿Qué saben de nosotros? - preguntó presionando el delgado cuello de la chica.
Ante el horror de los otros.
- Suéltala – gritó Yukito mientras trataba inútilmente de soltarse.
- No por favor - dijo Sonomi llorando - no le haga daño.
El llanto de la mujer sólo lo hizo enfadarse, dirigió su índice a la mujer pronunció unas palabras y para asombro de todos, Sonomi cerro los ojos y cayo inconciente. Luego hizo lo mismo con Yukito.
- Mamá - dijo en un hilo de voz Tomoyo.
No podía ser capaz de matarla, no a su madre.
El rey se estremeció ante lo que pasaba frente a sus ojos, su hijo, su hijo ¿en qué se había convertido?
- ¿Qué saben? - ahora sacó una espada y la colocó muy cerca de la yugular de la chica, que en silencio derramaba lágrimas.
Impotente, con la mirada en su inconciente madre, tratando de encontrar algún indicio de vida.
- Que el ejército negro quiere la guerra y... - comenzó a decir Fujitaka no permitiría que dañaran a Tomoyo.
El relató se alargó porque la voz del monarca se quebraba, pero se esforzaba en dar algunos detalles. Durante todo ese tiempo Touya mantuvo la espada en el cuello de la chica y todo ese tiempo sin poder evitarlo, ella lloro.
Mientras interrogaba a su padre las lágrimas de la chica caían en la espada y rodaban hasta su mano, eran tan cálidas al principio y luego tan ardientes que tuvo que terminar el interrogatorio y salió empujándola.
Se dirigieron a la habitación, ella iba en silencio sólo hipando en ocasiones. Al entrar
- ¿Por qué? - no se contuvo más - ¿Qué le hiciste a mi madre? - lo enfrentó viéndolo de frente con una incontenible furia en su mirada.
Touya se sorprendió.
Sus ojos, sus hermosos ojos índigo lo veían con desprecio, lo veían con rencor.
- Nada, sólo esta dormida – no pudo evitar desviar su mirada. Los ojos índigo de la chica eran casi intimidantes.
Tomoyo no dejó de llorar, aunque si disminuyo su llanto - ¿Por qué haces esto? - se puso frente a frente a pesar de que le sacaba dos cabezas de estatura.
Él se quedo en silencio, pero ella no estaba dispuesta a permanecer callada.
- Él es tu padre, es tu reino ¿por qué nos traicionaste? – gritó con desesperación.
- No lo traicioné, fue él quien provoco la muerte de mi madre.
- No te creo – su furia comenzó a mermar.
- No lo hagas, él no lo negó. Es capaz de todo con tal de mantener el poder y el reino – ahora era él quien tenía en sus ojos destellos de rencor.
Tomoyo se quedo en silencio unos segundos, su mente trabajo rápido, sería posible que por eso fue lo de la identidad de Sak, por la ambición de su padre.
- No es nuestra tarea juzgar a nuestros padres – dijo casi justificando.
- Él debe pagar lo que hizo, además no lo hago sólo por eso hay otra razón.
- ¿Cuál?
Él no dijo nada y le dio la espalda.
- ¿Qué puede ser tan importante para traicionar a tu familia?
- Mi hermano lo sabrá y se unirá a nosotros.
- No lo hará – dijo ella convencida.
- ¿Cómo puedes saberlo?
- Lo conozco, no es como tú – lo dijo de tal manera que Touya se sintió muy ofendido por primera vez en mucho tiempo.
Touya sonrió - confías demasiado en sus capacidades.
- Él regresará todo a la normalidad - dijo segura. Era notoria la confianza de la chica en el príncipe.
- Eso lo veremos - salió de la habitación.
Pero lo lograría, su hermano quedaría en su bando y si se atrevía a oponerse simplemente lo desaparecería de la faz de la tierra.
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Con un terrible cansancio apenas pudo abrir los ojos, tratando de sentarse, hacía frío en ese lugar.
– Sak – dijo sentándose.
Vio a Sak a su lado, lo reviso y con tranquilidad notó que sólo dormía.
Al observar a su alrededor se encontró con algo muy desconocido, estaba en un lugar oscuro, apenas iluminado por una extraña luz que brotaba de arriba, parecía estar en una clase de cueva, estaban sobre la arena y más allá dentro de la cueva habían árboles, árboles que crecían en la oscuridad.
No eran muy altos, pero sus hojas eran de un verde muy oscuro, tenían lianas y parecían muy viejos. Intentó levantarse pero su cuerpo se negaba a responderle, finalmente tuvo que recostarse, no iría a ninguna parte mientras sus piernas parecieran de gelatina. Trato de recordar lo que había pasado.
Recordaba que estaba entre la conciencia y la inconciencia, escuchaba todo a su alrededor, le pareció ver a Sak pelear con Kurpe, luego sintió caer y agua muy fría rodear su cuerpo, luego una voz que lo llamaba y luego tranquilidad.
- Sak – lo llamó moviendo su cuerpo.
- Cinco minutos más – dijo cerrando los parpados con fuerza y encogiéndose.
- Sak no es juego.
- Ah – abrió los ojos con sueño y cuando por fin vio el rostro de Shaoran se levantó sobresaltado - ¿Qué paso? ¿Dónde estamos? ¿Cómo te sientes? ¿Estas bien?
- Tranquilo – le sonrió – pues las dos primera preguntas no te las puedo contestar pero me siento mejor.
- ¿Qué te paso?
- No lo sé, creo que aún no me acostumbro a usar magia.
- Me diste un buen susto – susurró recordando la noche anterior.
Pronto se sonrojo levemente era cierto se durmió abrazándolo. La parte positiva es que al parecer no lo hizo durante toda la noche ya que hubiera sido el primero en enterarse, seguramente dormido cambio de posición.
¡Que susto!
¡Que mal!
Le había gustado esa sensación de tenerlo entre los brazos.
NO.
Ahora se sentía un pervertido.
- Ahora, me gustaría saber como llegamos aquí – gracias al cielo Shaoran lo saco de sus pensamientos y lo mejor de todo, él estaba bien.
- Cuando huíamos, caímos aquí – observó el lugar – supongo que por allá – señalo el agujero en el techo de la cueva.
- Tenemos que irnos – dijo Shaoran – no sabemos si esos hombres puedan encontrarnos.
- Sí – Ambos se levantaron y dispusieron a entrar a aquel misterioso bosque de árboles singulares.
De pronto, algunas hojas se movieron y escucharon unas risitas.
- ¿Qué fue eso? – preguntó asustado.
- No lo sé.
Se acercaron con sigilo y ocurrió lo mismo, pero ahora eran más las risitas.
- ¿Qué esta pasando? – Ambos se detuvieron.
El silencio fue reemplazado por risitas, y luego por murmullos que parecían provenir de todas partes.
- Esto no es divertido – dijo Sak sintiéndose confundido.
De nuevo las hojas se movían.
- ¿Qué esta pasando? ¿Quiénes son? – preguntó Sak al bosque.
Los murmullos y las risitas cesaron.
- Esto no me gusta nada.
- Tranquilo – dijo Shaoran muy calmado.
De entre los viejos árboles se escucho el ruido de las hojas secas quebrándose al paso de alguien o algo. Ambos tomaron pose de defensa.
Por fin vieron algo peludo salir, era…
- ¿El zorro? – el que Sak cazo y dejó ir.
El animal se acercó a Sak con familiaridad.
- Eres tú – dijo con alegría acariciando al animal – Pero…
- Es un placer saludarles, humanos – una pequeña voz llamó su atención.
De uno de los árboles bajaba un ser diminuto, de apenas unos 5 centímetros de alto. Traía ropa de un monje pero en miniatura, era un pequeño anciano, con larga barba blanca con un pequeño báculo en su mano.
Sak se restregó los ojos, estaba soñando.
- No les haremos daño – dijo el pequeño ser.
Se pellizco, pero no estaba soñando.
Shaoran frunció el ceño.
- ¿Quiénes son? – la pregunta era qué eran.
- Somos habitantes de la tierra – dijo como si fuera lo más normal del mundo
- "las razas" – pensó Sak.
- Geos – dijo Shaoran. Era la primera vez que veía uno de verdad, todos los que había visto eran en dibujos.
- Así es – el hombrecillo parecía muy amable. Demasiado en realidad.
Shaoran sabía que tenían fama de ser agresivos, cuidaban sus tierras posesivamente. Vivían en cuevas, en bosques y casi en cualquier lugar donde había mucha vegetación. Se alimentaban de algunas semillas y hojas, formaban pequeñas comunidades y custodiaban las cuevas. Pocas personas los habían visto y todas referían que no eran de confianza.
- ¿Geos? Los de… - ah, ahora entendía. Se hincó frente al hombrecillo y lo observó de pies a cabeza sin ninguna clase de discreción – son bonitos – dijo como si estuviera frente a una muñeca o juguete – pensé que eran cuentos.
- Sak – lo llamó Shaoran.
- ¿qué pasa?
- Puedes venir un segundo.
- Claro.
El hombrecillo entonces llamó al zorrito y le dijo algo en un idioma extraño. El zorro se marchó después de eso.
- No creo que debamos confiar en ellos – le susurró.
- ¿Por qué?
- Tienen fama de ser agresivos.
- No es así – dijo el hombrecito.
Shaoran desconfió aún más – ¿me escucho?
- Si, no tienen que temer nada. Es cierto que nos hemos comportado agresivos, pero con las personas que quieren hacernos daño. Supongo que le han dicho que lo somos, pero ¿acaso le dieron las razones?
Ante el silencio de ambos el pequeño continúo.
- Señor, algunos de ellos se han atrevido a querernos atrapar para mostrarnos como animales, quieren matarnos para saber como somos por dentro, quieren sacarnos del lugar que por siglos ha sido nuestros hogares – dijo con molestia.
- ¿Les han hecho eso? – preguntó Sak.
- Y más. Pero puedo ver que ustedes son diferentes.
- ¿Por qué somos diferentes? – preguntó Shaoran.
- Su energía – dijo el pequeño ser – es muy especial.
Sak lo observó sorprendido y luego busco la mirada de Shaoran que no la quitaba del pequeño.
- Los humanos dudan de nuestra existencia por que no todos pueden vernos, muchos nos han negado y es como si solos bloquearan su mente para no vernos. Somos seres de la naturaleza y nos ocupamos de cuidar el delicado equilibrio. Los humanos también lo son, pero pasan más tiempo buscando riquezas que ver lo que hay a su alrededor, han llegado al extremo de hacer ciudades y encerrarse en ellas, vivir tras las rocas y pelear por metales, cuando son esos sus intereses no podrán ver más que lo que desean – el pequeño hombre se notaba enojado.
Sak se quedo sin saber que decir.
En ese instante el zorro regreso con una extraña cosa en el hocico. Era un frasquito de cristal.
El anciano se lo entregó a Sak.
- No todos los inventos humanos son inútiles – dijo refiriéndose al hermoso frasquito - Es para tu amigo, le ayudará para recuperarse.
- Gracias – lo recibió Sak ya que Shaoran no se movió.
Ante la desconfiada mirada del chico dijo – sabemos de las propiedades curativas de las plantas y hacemos pócimas, no se preocupes no es veneno. Es sólo una forma de agradecerles – tomo una frutita de uno de los árboles cercanos y se lo entrego.
- ¿agradecernos? – preguntó Sak.
- No lo mataron – dijo el pequeño geo refiriéndose al zorro.
- Claro que no – dijo Sak – es mi amigo ¿no es cierto? – lo acarició y el pequeño animal se dejo.
El anciano le sonrió a Sak – les mostraré el camino para salir de este lugar.
Comenzaron a caminar, fue cuando Shaoran noto de nuevo a muchos seres de tamaño diminuto que los rodeaban, subidos en ramas y asomados entre la hierba, los observaban con curiosidad.
No parecían ser tan malos como los describían.
Caminaron bastante para el gusto de Sak, a través de la oscuridad a cada momento se tropezaba. Pero al fin llegaron a la salida, al principio quedaron deslumbrados por la luz hasta acostumbrarse
Un extenso y hermoso valle se extendía a su alrededor, con menos árboles pero con muchas flores que adornaban la vista.
- Hasta aquí puedo acompañarlos – dijo el hombrecillo.
- Muchas gracias – dijo Sak y acarició al zorro para despedirse.
- Fue un placer, espero que tengan buen viaje.
- Gracias – dijo Shaoran en apenas un susurro.
En anciano sonrió y se marcho de regreso con el zorro a su lado.
- Por fin – dijo contento Sak – regresaremos a casa.
- Sí – Shaoran estaba muy serio - ¿te pareció extraño?
- ¿Qué?
- Los Geo.
- En realidad sí, pero me alegra poderlos ver- no entendía el punto.
- Como sea, es mejor irnos – en algunas cuestiones su amigo era despistado.
- ¿Te vas a tomar el remedio? – le mostró el frasquito.
- NO.
- ¿Por qué?
- No confió en ellos.
- Yo le creo.
- Sak.
- Anda solo inténtalo ¿sí? Tal vez tiene razón y te recuperas.
- No.
- ¿Temes que sea algún veneno? Te demostraré que no – sin previo aviso lo destapo y tomo un pequeño sorbo.
Su rostro de contrajo y permaneció en silencio, muy quieto.
- Sak ¿estas bien? Sak – su inmovilidad lo estaba alarmando.
- Waaaa, esto sabe a los guisados de Nakuru – dijo sacando la lengua.
- Me diste un buen susto – dijo suspirando Shaoran.
- Espera.
- ¿Qué pasa?
- Creo que funciona, me siento mejor – en efecto incluso sus mejillas tomaron color y sus ojos brillaron.
Shaoran lo vio con asombro, para hacer ese tipo de pócimas era necesaria mucha práctica y saber mucho de hierbas.
- Anda Shaoran, tómalo.
- No.
- Ya te demostré que no es veneno.
- Es cierto, pero no quiero.
- No seas niño.
- No lo soy, sólo digo que no me lo tomaré.
- Te sentirás mejor.
- Nooo.
- Encontraré la forma de dártelo.
- Lo dudo.
- Es un reto.
- Lo es.
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Dinuviel - En elfico significa ruiseñor. Es el nombre de la madre de Eriol
Hola
Disculpen la tardanza, pero este capítulo me dio algunas dificultades, creo que con el frío algunas de mis neuronas están congeladas, además de mis dedos.
Gracias a
Celina Sosa
yuuko-hime
HiKaRi-09
juchiz
Por seguir esta historia. Y mil gracias a
Citrikivy
Black Star Dragon Girl
Por incorporarse a la lectura de esta historia.
Y bueno espero que este capítulo les haya gustado.
En el siguiente capítulo, bueno S&S siguen en su viaje y Shaoran le propone a Sak bañarse juntos O.O??? (esa cara pone ella), Touya se dará cuenta de que Tomoyo es más útil de lo que pensaba, sobre todo para él, y habrá una sorpresita, ji ji las verdades continúan saliendo a la luz.
Trataré de actualizar lo más pronto posible.
Saludos
Yoalitzin.
