Disclaimer: Los personajes fueron creados por la maravillosa Stephenie Meyer, simplemente estoy jugando con ellos. La historia es una locura de mi extraña imaginación. Prohíbo la reproducción parcial o total de mis historias sin mi consentimiento. Di NO al plagio.

CAPÍTULO 9

Tomé asiento en uno de los bancos de la cocina, Kata estaba ahí haciendo la cena del día, tomando en cuenta de que Edward estaba trabajando con la producción de su reciente película estaba siendo un día tedioso. Sin querer deje salir un bostezo de mi boca y Kata se dio cuenta de ello.

—Ve a descansar por un momento, te avisaré cuando termine la cena —ella me propuso.

—Puedo aguantar —aseguré, podía aguantar un rato más despierta.

No paso mucho tiempo cuando Kata sacó la carne del horno, la ayudé a servirlo en la sencilla vajilla que encontré aunque batallé un poco para que ella me lo permitiera. Se tomaba su trabajo muy en serio.

Me acompañó en la cena y después se retiró a recoger todo en la cocina. Me sentía cansada porque por la tarde estuve ayudándola a limpiar la casa. Claire nos había acompañado también, por lo que en ese tiempo descubrí que ella y Victoria no se llevaban bien porque su hermana había intentado seducir a Seth, su novio. No conocía a la pelirroja pero la impresión que me había dado fue suficiente para no dudar de las palabras de Claire.

Cuando me sentí realmente indispuesta para seguir despierta, me despedí de la señora y subí a mi habitación. Milagrosamente la piyama azul no me intimó esta vez.

Y con eso, mi segundo día en Los Ángeles había finalizado.

El martes por la mañana estaba un poco más preparada para mi segundo día de clases, eso no significaba que estuviera emocionada por ello.

—¡Buenos días! —saludé entrando en la cocina.

Me sorprendió ver a Edward despierto, la noche anterior había caído rendida que ignoré la hora de su llegada.

—Buenos días —me respondió distraídamente.

Él estaba mirando un par de huevos con una expresión insegura.

—¿Edward, qué estás haciendo? —curioseé.

—Bueno, Kata descansa los martes. Estoy intentando hacer nuestro desayuno pero... temo que el arte culinario no es lo mío —me reveló.

Tuve que reírme de su rostro.

—Está bien, déjamelo a mí —ofrecí quitándole los huevos de su mano.

—Ayer no tuve la oportunidad de preguntarte cómo te fue en tu primer día de clases.

Bufé al recordar a Victoria, aún sentía que no me merecí sus palabras.

—Bien, supongo.

—Me contaron lo de Victoria —confesó, lo miré de forma interrogativa—. Los chismes se corren muy rápido.

Me estaba dando cuenta de ello.

—Hablaré con ella —prometió.

Le serví su desayuno y luego el mío.

—No tienes que hacerlo —aclaré rápidamente—, aunque la verdad no comprendo porque me trató así.

—Está celosa, ella es una chica popular en la universidad y ayer le robaste toda la atención —explicó con media sonrisa, me ruboricé incomoda.

Pareció que iba a añadir algo más pero en cambio guardo silencio y se concentró en su desayuno.

—Hay algo más —insinué y su mirada me lo confirmó—. ¡Dime!

—Existe la posibilidad de que le guste —confesó sin mirarme.

Lo miré con la boca abierta. Todas las piezas encajaron de repente, ¿cómo no lo vi antes? Me había topado con otra fan. Lo único que me faltaba para hacer mi vida genial.

—¿Por qué no me sorprende? —inquirí después de un momento.

—Créeme, para mí también es incómodo —expresó haciendo una mueca—, siempre que me ve parece que quiere abalanzarse sobre mí.

No dijo nada más y tampoco era como si quisiera más detalles sobre él y la relación que tenía con Victoria.

Mi primera clase del día fue tranquila, apenas estaba acostumbrándome a mis compañeros y su forma de trabajar. Antes de que la segunda clase terminará la mayoría parecía soñoliento pero apenas terminó la hora salieron como pudieron dejando el aula vacía en solo segundos.

Me llevé una sorpresa al encontrarme con Edward apoyando en la pared cercana de la puerta con un aire despreocupado.

—¿Qué ocurre? —pregunté.

Me sentí interesada en porque estaba ahí cuando su siguiente clase empezaba dentro de diez minutos y eso sería en el otro lado de la universidad.

—Te demoraste un poco, deja te ayudo —dijo mientras con sus manos libres tomaba mis libros.

Apostaba a que su comportamiento digno de un caballero era solo por actuación.

Con el paso de los días me logré acostumbrar al anillo que adornaba a mi dedo, había momentos en que su brillo me parecía intenso y otros en que se sentía demasiado pesado, aun así nunca dejaba de ser hermoso. Edward tenía un buen gusto.

—Supongo que me acompañarás a mi próxima clase —supuse—, y me parece que no quieres decirme porque estás aquí así que… ¿qué tal tu película? —cuestioné después de empezar a caminar por el pasillo.

—Tienes toda la razón, eres buena. dentro de algunas semanas grabaremos la última escena y después repetiremos unas cuantas —me contó con una sonrisa satisfecha—, ¿quisieras acompañarme al set?

Oh, ¿eso era realmente posible? Tenía que investigar sobre esa película que estaba rodando pero la idea de estar en un set me entusiasmó.

—¿Me estás preguntando o invitando? —cuestioné, sonreí cuando él lo hizo.

—¿Acaso no es lo mismo? —preguntó con diversión, negué—. Ambos, en verdad me gustaría que estuvieras ahí, conmigo.

Me pregunté si sus palabras tenían una connotación diferente, intenté borrar ese pensamiento y le resté importancia a sus palabras. Él solo está actuando educada y amablemente al invitarme.

—Entonces tal vez pueda hacerte un lugar en mi apretadísima agenda —jugué con mi respuesta.

Por segunda vez, lo escuché reír. Su risa seguía pareciéndome melodiosa como la primera vez.

—Y dices que el engreído y odioso soy yo —se burló de mí haciendo que lo mirara mal.

Eso sólo aumento su diversión.

—Lo sigues siendo —aseguré, juguetonamente.

—¡Hey! —gritaron a nuestras espaldas, al voltearnos nos encontramos con Claire—. Bella, Edward ¿Qué tal? —saludó con tenue sonrisa para ambos.

—Claire, todo perfecto, gracias —respondí.

—Bueno chicas, las dejo solas —Edward me paso mis libros y se despidió brevemente de ambas.

Terminé mi recorrido en compañía de Claire hasta mi siguiente aula. Ella y yo compartíamos la clase de arte, la cual era opcional y yo apestaba en ella. Ése día el profesor nos habló del arte en las variadas culturas del país y nos ordenó hacer un proyecto donde la reflejáramos. Sonaba difícil para mí pero Claire aceptó hacer equipo conmigo, al parecer ella era buena en lo manual y artístico.

Al concluir nuestras clases coincidimos en el estacionamiento y caminamos hasta su auto.

—Bella, quiero pedirte disculpas por lo de Victoria —empezó—, ella es un poco amargada y ambiciosa pero estoy segura que no te mereces nada de lo que dijo.

—No tienes por qué disculparte en su nombre —puntualicé—, pero no te preocupes por ello.

Después de despedirme de ella me dirigí al Volvo de Edward, él estaba esperándome con varias de sus admiradoras. Cuando ellas se fueron salimos del estacionamiento para dirigirnos a un restaurante.

—¿Qué opinas de comer fuera? —cuestionó.

—¿Kata no se enojará? —le pregunté con preocupación.

La señora me agradaba, trabajaba duro y su comida era excelente.

—Está avisada, no te preocupes —respondió.

El lugar tenía un aspecto moderno pero el interior era informal y juvenil. Edward trató de mantener una conversación conmigo pero sentirme observada no le fue de gran ayuda y él se dio cuenta de ello.

—¿Quieres que nos vayamos? —dudé en que responder pensando que podría enojarse.

Pero no lo fue, fue comprensivo y pidió todo para llevar. Nunca pensé que diría que Edward era comprensivo pero lo fue.

Dos semanas después, en un domingo me levanté con más energía de lo normal. Por supuesto había dormido tres horas más de lo común, eran casi las diez de la mañana cuando bajé a la cocina por algo para desayunar. Kata me extendió sus brazos para darme un abrazo cuando entré.

—Buenos días, Kata —saludé—, ¿puedo ayudarte en algo?

—Estoy bien, siéntate.

La obedecí y me senté al lado de Edward quien me observaba con una gran sonrisa. Eso me olió a peligro.

—¿Para mí no hay abrazo? —me preguntó con exceso dramatismo.

No pude ignorar que su cabello estaba mojado y tenía una playera blanca que marcaba sus brazos. ¡Bella deja de pensar así!

Me centré de nuevo a la realidad y lo miré con la ceja alzada cuando me abrió sus brazos.

—Para ti siempre tendré un abrazo —respondí con fingida dulzura—, pero no hoy.

Lo empujé suavemente para que se comportará.

—No eres divertida.

—¿Qué les preparo para desayunar, chicos? —Kata intervino con dulzura aunque también parecía estar divirtiéndose con nosotros.

Antes de que consiguiera decir alguna palabra Edward me detuvo.

—En realidad me gustaría llevar a Bella a recorrer la ciudad —él comentó—, claro, si tú quieres —me miró con expectativa.

Su intención me tomó desprevenida pero logré asentir con la cabeza. Sí, estaba entusiasmada por conocer otro lugar que no fuera la Universidad, obviamente.

—¿Entonces, tampoco comerán aquí? —Edward negó con esa típica sonrisa con la que se salvaba de ser reprendido.

—No —respondió—, por lo que puedes irte a casa temprano —añadió y eso pareció agradarle a Kata—. ¿Nos vamos, Bella?

Me levanté y me despedí de ella con brevedad.

—Adiós chicos, diviértanse.

Después de prepararme tomé mi bolso y me encontré con Edward en la entrada.

—¿Por qué no me avisaste que íbamos a salir? —pregunté, no le estaba reprochando porque no me parecía una mala idea salir.

—Era una sorpresa —se excusó—, además necesitamos un descanso —respondió sonriente.

Él tenía razón, nos lo merecíamos. Le sonreí y le dejé llevarme a su restaurante favorito. Me sorprendió gratamente que se ubicará en un lugar poco concurrido y era un establecimiento sencillo. Olía a mantequilla y pan tostado. Era perfecto.

—Creo que es la primera vez que visitamos un restaurante de este tipo —comenté.

—He visto lo incomoda que te ponen los otros restaurantes —me dirigió a una mesa libre y llamó a uno de los meseros—. ¿Esto te gusta más, cierto?

Asentí sin pensar en negarlo.

—Es lindo de tu parte pensar en mi comodidad —murmuré con un tanto de burla mientras en secreto me sentía conmovida por ello.

—Yo soy lindo —se encogió de hombros, reí sarcásticamente—. Si lo soy.

El mesero se acercó a nosotros y nos dio nuestras cartas.

—Claro, amor —respondí al ver que nuestro mesero no estaba lo suficientemente lejos de nuestra mesa.

Decir la palabra 'amor fue difícil tomando en cuenta de que era la primera vez que se la decía, pude notar su sorpresa al escucharme y observar cómo fue sustituida por su sonrisa torcida. Mecánicamente recordé la primera vez que me él me la dijo, él tuvo una mejor reacción.

Ordenamos y continuamos con nuestra conversación cuando el mesero se fue.

—¿Has hablado con tus padres? —me preguntó.

—Me he mensajeado con ellos un par de veces —reconocí.

No había hablado por teléfono con ellos, en realidad, raramente hablamos por teléfono.

Cuando llegó nuestro desayuno estaba muy hambrienta, olía realmente rico.

—Será mejor que te des prisa para que empiece nuestra diversión —me sugirió, asentí.

—¿En dónde iremos?

—Es una sorpresa —respondió, evitando mi pregunta.

—Eres misterioso —solté.

Me dio una mirada intensa que me hizo sentir nerviosa. ¿Tenía algo en la cara? ¿Había dicho algo malo?

—Bella, yo... —su teléfono sonó y con un gruñido respondió.

Respiré profundamente cuando se levantó para responder.

Estaba muy mal que me pusiera nerviosa por esa mirada que a veces me dirigía, sentía que él me estaba ocultando algo importante y esperaba que no fuera nada malo. Últimamente había dejado de verlo como una persona egocéntrica y un actorcito. Ahora sólo era Edward, un hombre misterioso y considerado.

Cuando regresó a nuestra mesa se dedicó a terminar de comer para que nos fuéramos del restaurante. Cuando lo hicimos nos adentramos a su automóvil.

—Me llamó mi representante, Garrett —me anunció con seriedad.

Era frustrante verlo un instante feliz y al otro tan serio.

—¿Ocurrió algo malo?

—Es trabajo, trabajo por el cual te llevaré al centro comercial —hice una mueca.

—Odio ir de compras —me quejé.

—Sólo será por unas horas —trató de convencerme—, necesitas un vestido —no me gustaba por donde se dirigía nuestra conversación—. El próximo domingo habrá una entrega de premios, estoy invitado y como mi prometida...

—Sí, me sé el discurso. Vamos antes de que arrepienta —me rendí.

—La mayoría de las mujeres aman los centros comerciales, tu eres rara —lo miré amenazadoramente.

—Gracias, la manera de decirme que soy especial me conmueve —mencioné.

Llegamos al centro comercial y ahí me encontré con gente empujándonos hasta formar un círculo a nuestro alrededor. Me acerqué más a Edward para sentirme protegida de las cámaras. Tomó de mi mano hasta que entramos en la tienda de ropa más cercana y elegante del lugar. El lugar era tan grande que Alice la amaría con total seguridad.

—Iré a ver ropa para mí, escoge lo que te gusté —me sonrió abiertamente antes de desaparecer de mi vista.

Necesitaba ayuda, normalmente Alice elegía la ropa para mí. Tomé mi celular y la llamé.

—¡Esa tienda es tan genial y enorme! —mi amiga chilló al descolgar.

— ¿Cómo lo…? —lo pensé por un segundo—. ¿Televisión en vivo?

—No, Bells, eso no existe actualmente, pero en su lugar hay Vines —reí sin poderlo evitar.

—Hola Alie, necesito tu ayuda, hay una entrega de premios en la que iré —expliqué.

—Creí que no viviría para escuchar que me lo pidieras —bromeó—. Para empezar creo que necesitas algo de un color brillante, como por ejemplo un plateado y que tenga movimiento propio, ¿comprendes?

—Creo que comprendo —respondí, insegura —. ¿Cómo estás?

Observé muchos vestidos plateados, dorados y bronce, había con corsé, rectos, circulares, con tirantes y un sinfín de vestidos. Oh, me iba a dar algo.

—Bien, nada fuera de lo común —comentó tranquilamente—. ¡Te tengo una buena noticia!

—¿Cuál? —pregunté, había encontrado el vestido indicado porque realmente me gustó y había de mi talla.

—Te iré a visitar pronto —me quedé callada de la sorpresa—, y ese vestido me gusta.

—¿Qué? —chillé entusiasmada—. No me lo tomes a mal pero es una gran sorpresa.

—Te veré pronto... ¡Y a esa tienda!

—Yo también te quiero —murmuré con sarcasmo—. ¿Cuándo vendrás?

—Pronto. uh, uh me tengo que ir, adiós —dijo sin más.

—No seas tramposa. Adiós —me despedí.

El vestido era muy lindo, como si estuviera hecho para mí. Definitivamente el indicado. Me vestí de nuevo y salí del probador, me probé unos zapatos con tacón bajo y observé algunos accesorios aunque únicamente escogí unos aretes largos.

—¿Lista?

—Sí, Edward —le contesté.

Salimos del establecimiento tomados de la mano. Poco a poco todo eso de fingir ser una pareja me estaba pareciendo normal y natural, no es que creyera que era real pero se sentía bien. Tal vez enamorarse de Edward Cullen no fuera una locura, aunque no sería mi caso, éramos tan diferentes y después de lo de Jacob no me emocionaba estar en una relación.

—¿Eliges dónde comer? —me propuso, ayudándome con mis bolsas.

—¡Sí! —acepté— ¿eres vegetariano? —negó confundido, aunque ese dato ya lo sabía—. Yo tampoco, sólo pregunté. ¿Qué tal sushi? —sugerí.

—Me encanta el sushi.

Edward fue muy caballeroso en dejarme elegir por los dos, platicamos por un buen rato de cosas comunes en el que descubrí que su abuelo paterno le había enseñado a tocar el piano y que pensaba en su abuelo materno como un hombre manipulador, también comento que desde que se mudó el vínculo con sus padres cambió.

—¿Tienes planeado algún día dejar tu carrera de actor? —pregunté por curiosidad.

—Si te digo que sí, ¿no se lo venderás a los medios? —le regalé una sonrisa brillante.

—Pues…, no lo sé —intenté seguirle el juego.

—Cuando reciba mi título de doctor —confesó orgullosamente. En un principio no le creí.

—Pensé que querías dedicarte a esto por más tiempo. Me da gusto que tengas un plan —le dije.

—Bueno, ésta cara bonita desaparecerá algún día —me reí cuando señaló su rostro con suficiencia.

—Oh, eres un hombre modesto —señalé con media sonrisa.

—¿Vamos por un helado? —invitó.

Tomamos nuestras compras y nos dirigimos hacia el estacionamiento. Manejó a su forma y con varios regaños histéricos por mi parte. Llegamos a una pequeña heladería y él se ofreció a comprar el helado para que yo no saliera del auto. Regresó después un rato con un bote de helado de chocolate y un par de cucharas.

—¿A dónde vamos? —investigué cuando empezó a manejar.

—Es una sorpresa —la chispa curiosa en mí se encendió.

Miré por un par de minutos nuestro camino pero no reconocí hacia donde nos dirigíamos. Terminé viéndolo manejar y mirarlo seriamente cuando me sentía en peligro.

—Llegamos —me anunció deteniendo el auto y ayudándome a bajar.

Me había llevado a un lindo parque, caminamos hasta una banca vacía y nos sentamos enfrente de grandes y frondosos árboles.

—Me encanta venir aquí, rara vez hay reporteros.

Eso me hizo sentir cómoda, parecía un parque familiar y me gustaba.

—¿Cuándo te acostumbraste a los reporteros y a tus admiradoras? —cuestioné llevándome una cucharada a mi boca.

—Realmente…, no lo sé —comenzó a reír—, no me he acostumbrado del todo pero lo escondo bien.

—¿Entonces actúas? es decir que sí te pones nervioso con ellos —cuestioné.

—En un principio fue por ellos, ahora es por otra razón.

—¿Y… puedo saber cuál es esa razón? —intenté conseguir información.

—No —me sonrió.

Lo vi tomar un poco de helado con su dedo y me lo untó en la nariz. Me quejé porque estaba demasiado frío para mi gusto. Tomé una porción de helado y se lo embarré en su nariz.

—Oh, eres como una niña —se burló de mí chillido.

—Tu empezaste —me defendí tomando una servilleta y limpiando su nariz.

Se quedó callado y luego él me limpió la nariz, sonreí por su caballerosidad. De nuevo puso esa mirada y me sentí avergonzada.

—La razón de mi nerviosismo es causado por una chica de ojos color chocolates, terca, enojona pero preciosa —mi sonrisa desapareció—; tú eres la razón —murmuró.

En mi interior empezó a elevarse mi nerviosismo y mi corazón empezó a latir velozmente, podría jurar que hasta Edward los podía escuchar sus latidos. ¿Acaso estaba en un sueño? como aquella vez que soñé que iba de compras y compraba absolutamente toda la tienda, por supuesto algo que nunca pasaría. Edward no me había dicho eso a mí, ¿cierto?

Quería decir algo, pero era absolutamente imposible, si no era un sueño y era real. ¿Qué era él para mí aparte de ser mi razón de nerviosismo cada que nos acercábamos de más? Intenté buscar mis respuestas al ver que su rostro se acercó al mío y lo comprobé al hacer desaparecer el espacio entre los dos; entre nuestros labios.

Locura. Era una locura sentir tan pronto lo que fuera que estaba sintiendo por él. Pero, ¡oh dios!, tan sólo era una humana que reaccionaba automáticamente y ese beso me hacía reaccionar muy automáticamente.

El aire me empezó a faltar por lo que tuve que separarme de él, mi confusión y nerviosismo desapareció con mi voz, tan sólo lo miré. Edward también me miraba fijamente pero con sorpresa, como si tampoco entendiera lo acababa de suceder.

Si de algo estaba segura era que lo anterior había ocurrido. Había sido real.

Entonces esbocé una tímida sonrisa antes de acercarme de nuevo y besarlo, dejándome llevar por el momento. Nuestro momento.

Díganme, ¿cómo les ha parecido?