MIEDO

No lo entendía. No quería perder el trabajo por nada del mundo, pero mi cuerpo hacía caso omiso a mis deseos. Había pasado apenas una semana desde el día que perdí la batalla contra mi cuerpo, otra vez. Desde entonces, había miradas y provocaciones discretas, besos demasiado subidos de tono y también palabras con doble sentido entre Edward y yo. No le había dejado pasar a "última base" aún. Hacía pocos meses que nos conocíamos y no confiaba plenamente en él. Sabía que lo que hacíamos no era suficiente para él, para mí tampoco lo era, pero de momento no estaba preparada psicológicamente para seguir. No sabía si alguna vez lo estaría.

- Ha habido un avance en la compra de Lex Corporation, esta misma tarde será mía – repuso Edward un jueves por la mañana en su oficina. Me alegraba por él, había estado trabajando mucho para conseguirlo.

- Eso es genial – contesté sonriendo. Como de costumbre, le dejé el café al lado de su ordenador.

Antes de que pudiera irme, Edward me cogió por la cintura y me atrajo hacia él. Me besó y mordió el cuello sensualmente, mi cuerpo respondió al instante y se pegó a él. Noté un placentero cosquilleo en mi centro. Lo deseaba muchísimo.

- Mañana Carlisle organiza una fiesta para celebrar la nueva adquisición. Están invitados casi todos los empleados de Cullen COOP, y obviamente, tú también – susurró mientras seguía besando mi cuello-. Quiero que seas mi acompañante – concluyó dejándome pasmada. Me puse tensa, Edward lo notó, paró de besarme y me miró. ¿Quería que le acompañara? Pero podían descubrirnos, ¿no?

- Cuando Esme no podía, Allyson era la que acompañaba a mi padre a actos como el de mañana, no sospecharán nada – dijo leyéndome el pensamiento.

- Bien – respondí. Nadie sabía lo que pasaba entre él y yo, ni siquiera Alice. Lo había estado ocultando lo máximo posible. Sabía lo que pensarían todos si alguna vez se enteraban y no estaba preparada para eso, no me gustaba para nada ser el centro de atención. Además, no podría soportar que alguien pensara que había conseguido el trabajo porque estaba liada con el jefe.

- Liam y yo pasaremos a recogerte a las siete y media- susurró contra mi oreja. Estábamos muy cerca, no podía pensar con claridad.

- ¿Sabes mi nueva dirección? Quiero decir, ahora vivo con mi mejor amiga- dije totalmente excitada por sus besos.

- No te preocupes por eso – respondió, noté su sonrisa en mi cuello. Me recompuse y me alejé de él como pude. ¿Cómo sabía mi nueva dirección?

- ¿Me estás espiando o algo por el estilo? – pregunté, ligeramente enfadada. Edward no era un acosador, ¿no? Sus ojos eran sigilosos. Había poco menos de un metro de distancia entre nosotros y ansiaba tocarlo. Se pasó la mano por su alborotado pelo.

- Claro que no, la empresa tiene información de cada empleado- dijo. Tonta, Bella. No tenía por qué preocuparme.

-o-

Edward me dejó salir antes del trabajo y llegué a casa a las seis y media, Alice estaba haciendo la cena. Me saludó contenta y me preguntó si prefería carne o pescado, no se acordaba de la celebración. Cuando se lo recordé, dejó lo que estaba haciendo y corrió hacia mi habitación, abrió el armario y lanzó a la cama todos los vestidos que tenía. No eran demasiados.

- El azul o el negro te quedarían genial- supuso sujetando los vestidos uno en cada mano y observándolos de arriba abajo.

El vestido azul era de cóctel, me llegaba hasta las rodillas, era elegante y tenía tirantes decorados con pequeñas piedras brillantes. Alice me lo compró hacía un par de meses, de rebajas. El negro, en cambio, era un poco más largo que el otro, tenía escote palabra de honor y un cinturón plateado. Era mucho más elegante que el azul. Me probé los dos y me gustó mucho más como me quedaba el negro. Alice coincidió conmigo y acabé poniéndome ese.

Me maquillé un poco más que de costumbre, Alice me dejó unos tacones de casi quince centímetros negros (iba a caerme con eso, estaba segura) y me planchó el pelo.

Me puse nerviosa, en pocos minutos vería al adonis griego que tenía como jefe, seguramente trajeado y subido a un Lamborghini Gallardo negro. Noté como mis piernas flaqueaban. No sabía si sería capaz de soportarlo sin tirarme encima de él.

- ¿A qué hora es la fiesta? ¿Quieres que te lleve? – preguntó Alice, en el sofá, dando un último toque a mi maquillaje. Mierda.

- Eh… No hace falta – susurré. Mi cabeza iba a cien por hora, tenía que encontrar una excusa y rápido. Ella dejó de maquillarme y me miró extrañada, sabía perfectamente que estaba escondiendo algo-. Edward está al caer, me dijo que vendría a las siete y media- me rendí. Había ocultado expresamente que vendría con chófer y cochazo.

La cara de Alice pasó de extrañada a sorprendida y por último a ilusionada. Se tapó la boca con las dos manos y abrió los ojos, yo sonreí al ver su exagerada expresión. Podía decir perfectamente que lo acompañaría porque era simplemente su secretaria, pero era Alice, no podía mentir.

- ¿¡Estás saliendo con el mismísimo Edward Cullen?! – gritó, aún muy ilusionada. Me abrazó antes de poder articular palabra. Madre mía, cuanta energía tenía.

- No estoy saliendo con él – Alice se quedó quieta de golpe, haciendo un mohín. Era adorable cuando se ponía así-. Es verdad que no puedo quitarle las manos de encima y viceversa, pero no es mi novio. No sé lo que somos, ni me lo he llegado a plantear – expliqué mirando al suelo, avergonzada. ¿Yo saliendo con Edward Cullen? En mis sueños, quizás.

- Espera, espera… ¿¡Me estás diciendo que el soltero más cotizado del país está encaprichado contigo?!- gritó otra vez Alice-. Cuéntamelo todo- espetó remarcando la última palabra.

Le expliqué lo del avión, lo de Irina, lo del beso en el ascensor y la extraña relación de toqueteos que teníamos desde que habíamos vuelto del viaje. Ella no paraba de sonreír. Cómo la quería.

- O sea, aún no… - susurró con un poco de esperanza. Sacudí la cabeza dejando claro que aún no me había acostado con él.

- ¿Por qué? – preguntó. Ella más que nadie sabía que ese era un tema delicado.

- Sabes perfectamente porqué- respondí, mirándola a los ojos.

- Vale, me callo. Pero que sepas que me alegro muchísimo por ti – cambió de tema y me abrazó con cariño.

- No quiero ilusionarme demasiado, para él las mujeres son de usar y tirar. Ni siquiera sé por qué le estoy siguiendo el juego – confesé. Vale, acababa de mentir, estaba tremendamente ilusionada, le seguía el juego porque no podía parar y sabía que todo esto acabaría muy mal. .

Antes de que Alice pudiera contestar, mi móvil vibró. Era un mensaje de Edward, me decía que ya estaba abajo. Mi corazón empezó a acelerarse sin ningún otro remedio, me puse nerviosa de pies a cabeza y sonreí como una tonta. Le respondí rápidamente diciéndole que ahora bajaba. ¿Ya eran las siete y media? Miré la hora en el móvil, sí que lo eran. Bien, era puntual.

- ¿Soy yo o ese chico te tiene calada hasta el fondo?- preguntó Alice sacándome de mis pensamientos. ¿Tanto se me notaba?

- No digas tonterías – susurré aceleradamente, cogiendo el bolso plateado que Alice me había dejado para la fiesta ya que conjuntaba con el elegante cinturón del vestido.

- Que tengas una buena noche, ligona – se despidió con una sonrisa pícara en el umbral de la puerta y me abrazó otra vez.

Efectivamente, como había predicho, al salir a la calle vi un Lamborghini Gallardo negro esperándome. Lo que no había predicho para nada es que apoyado al coche estuviera mi tremendo jefe con un traje azul oscuro luciendo la sonrisa torcida que tan loca me volvía. Tardé mucho en reaccionar, parecía que me hubieran pegado al suelo. El torrente de emociones que sentí fue inexplicable, me invadía un deseo inhumano. Este hombre no podía ser de este planeta. Para mi sorpresa, a medida que iba avanzando lentamente para no matarme con los tacones, vi que él también me observaba con deseo, me miró discretamente de arriba a abajo y pude leer en su rostro que estaba gratamente sorprendido. Mi ego se infló por unos instantes. Al llegar, nos saludamos con dos simples "Hola" y me dio un casto beso en la mejilla. Las mariposas de mi estómago no tardaron en hacer acto de presencia.

- Estás impresionante – soltó, al fin, después de mirarnos durante algunos segundos.

- Gracias – noté como mis mejillas se sonrojaban-. Yo podría decir lo mismo de ti- añadí. La camisa de debajo de su traje era blanca y la corbata era del mismo color que el conjunto, estaba para comérselo.

- Es Christian Dior – dijo sonriendo, supongo que había notado que me lo estaba comiendo con los ojos ya que no paraba de mirarlo de arriba a abajo. Espera, ¿había dicho Christian Dior? Claro, no podía conformarse con un traje de ochenta dólares. Tenía que llevar uno que costase no sé cuántos miles, sino no sería el Edward Cullen que conocía.

Entramos en el coche sin apenas rozarnos y Liam arrancó sin más preámbulos. No tenía ni idea de a dónde íbamos, quizás otra vez a casa de los Cullen como en la fiesta que celebraban cada verano en su casa. A medida que nos acercábamos a nuestro destino me di cuenta de que no era así, íbamos a otro sitio.

Edward, muy caballerosamente, me tendió la mano y me ayudó a salir del vehículo cuando llegamos. Como de costumbre, tuve una fuerte descarga eléctrica.

De repente, Edward maldijo por lo bajo y no supe el motivo hasta que me fijé en lo que teníamos delante; había paparazzi lanzándonos flashes. La repentina atención me abrumó. Yo no pertenecía a este mundo.

- No les hagas caso – me susurró él, situó su mano derecha en mi espalda y empezamos a andar.- No les mires- insistió. Hice caso, miré al suelo, me dejé guiar e intenté no pensar en el hecho de que estaba a punto de entrar en pánico. Esto no podía estar pasando.

Cuando entramos en lo que supuse que era el local dónde celebraríamos la compra, me calmé. De repente, era como si el encuentro con los paparazzi no se hubiese producido. El local estaba, como siempre, decorado exquisitamente. Edward quitó la mano de mi espalda y encorvó el brazo, quería que se lo cogiera. Así lo hice. Después de traspasar como cinco puertas, llegamos a una especie de sala gigante llena de gente, con un montón de mesas y sillas muy bien colocadas y una banda de músicos que tocaban para alegrar un poco el ambiente.

- ¡Bella!- gritó una voz conocida detrás de mí, Allyson.

Solté el brazo de Edward, me giré y la abracé. Estaba estupenda, había recuperado la figura. Por una desconocida razón, Edward se quedó a mi lado durante toda la conversación que tuve con mi amiga, pero eso sí, saludó a mucha gente que se le acercó, parecían todos muy importantes por las pintas que llevaban y por cómo se comportaban. Le prometí a Allyson que después de saludar a Carlisle la buscaría y cogí otra vez el brazo de Edward, dispuesta a ir dónde me llevase. Ella no se sorprendió cuando vio nuestro contacto, seguramente creía que era totalmente normal teniendo en cuenta que era su secretaria.

Edward me llevó hasta su familia, estaban todos: Carlisle, Esme, Rosalie, Jasper y Emmett. Me alegré mucho de ver a Carlisle otra vez. Edward me los presentó a todos. Esme y Emmett fueron muy cálidos y Rosalie y Jasper fueron amables, aunque no tanto como los dos anteriores.

Estaba disfrutando de la celebración; la comida era deliciosa, había buena música y además era genial pasar un rato con Allyson. Como esperaba, Edward dio un inspirador discurso justo antes de empezar a cenar. Estábamos todos separados por mesas redondas de seis, a mí me colocaron con Allyson, Tyler y cuatro empleados más que había visto por la empresa pero cuyos nombres no conocía. Cuando acabamos de cenar, algunos se animaron a bailar por parejas lentamente al ritmo de la canción que tocaba la banda en el escenario. Yo me quedé en la silla hablando con Ally.

- ¿Eres Isabella Swan, verdad? – preguntó uno de los chicos que estaba en nuestra mesa.- Soy Riley Biers, de la tercera planta- dijo acercando su mano. Era pelirrojo, delgado y bastante atractivo.

- Sí, soy yo, puedes llamarme Bella – él sonrió. - Encantada, Riley- dije educadamente, estrechándole la mano.

- ¿Qué dices? ¿Te gustaría bailar un rato conmigo? – preguntó de repente. A Allyson, que estaba en el medio, se le escapó una risita.

- Oh… Lo siento, Riley, pero soy demasiado patosa para bailar – contesté sin pensar bien lo que decía. ¿Por qué diablos estaba nerviosa?

- Srta. Swan, ¿puede venir un momento?- preguntó una voz aterciopelada detrás de mí. Intenté no sonreír pero no pude contenerme.

- Por supuesto, Sr. Cullen – contesté levantándome-. Lo siento, Ally, ahora vuelvo- le dije. Ella sonrió y me dijo que no me preocupara, que el trabajo era lo primero.

Salimos de la sala llena de gente y me guió hacia otra mucho más pequeña y acogedora. Era como una especie de despacho, pero con sofá y televisión. ¿Dónde estábamos?

- ¿Podemos estar aquí? – pregunté, tocando la mesa que había en el centro. Edward sonrió, me estaba perdiendo algo.

- Este local es de la familia, lo utilizamos muchas veces. Este despacho era de mi padre, ahora es mío, estamos totalmente a salvo – me explicó. Se alejó de mi lado, fue hacia la puerta, y la cerró con llave. Oh, oh…

- Te necesito- susurró cuando llegó hasta mi lado otra vez, al lado del sofá. Mierda.

Ni siquiera pude pararle. De repente, su boca estuvo encima de la mía. Ese beso fue un beso de total necesidad, podía sentirlo. Mi cuerpo reaccionó como siempre a su tacto y se puso manos a la obra. Me apreté más a él, le cogí el pelo, le toqué la espalda, el pecho y le besé en el cuello. Él gimió y yo no pude resistirme e hice lo mismo. Estaba siendo todo muy erótico y no podía parar. Él bajó su mano, la posicionó encima de mi culo y apretó, mi centro reaccionó. Estaba muy excitada. Noté su gran erección contra mi barriga, estaba muy duro. Sus manos dejaron mi culo, subieron otra vez e hicieron un recorrido por mi espalda, estaba intentando quitarme el vestido. Joder. Encontró la pequeña cremallera y empezó a bajarla. Yo intenté alejarme de él, pero él seguía besándome y bajando lentamente la cremallera.

No, no, no… Esto no estaba bien. No sé cómo lo hice pero después de intentarlo un par de veces más, conseguí que me quitara las manos de encima. Nuestras respiraciones eran entrecortadas, mi corazón iba a cien y sus ojos estaban llenos de deseo, nunca los había visto así.

- No puedo – solté, buscando aire-. Aún no, no estoy preparada – susurré aún con la respiración alterada. Sus ojos eran interrogatorios. Quise llorar.

- ¿Eres virgen? – preguntó sin más dilación.

- No, no es eso – respondí mirando al suelo, no podía mirarlo a la cara ya que estaba luchando contra mis ganas de llorar y él podría notarlo.

- ¿Qué ocurre? – no sabía si estaba loca pero parecía preocupado.

Alzó su mano derecha, dispuesto a acariciar mi mejilla pero cuando estaba a dos centímetros de mi rostro y ya empezaba a notar mariposas revoloteando, la dejó caer. Se veía desde lejos que no sabía qué hacer, no sabía cómo manejar la situación.

- Deberíamos volver, seguro que se preguntan dónde estamos – susurré, era una cobarde. Volví a subir la cremallera de mi vestido como pude.

- Sí, claro – asintió, pasándose la mano por su pelo cobrizo. Estaba claramente frustrado. ¿Por qué era todo tan difícil?

No me tocó durante el recorrido de vuelta a la otra sala. La había cagado, ¿nuestra relación sería como en el principio? ¿Habría una inmensa tensión sexual pero sólo hablaríamos cuando nuestro trabajo lo requiriera? Era idiota, tenía que superar mis malditos miedos de una vez. ¡Edward Cullen no era como James Witherdale!

El viaje de vuelta fue incómodo. Después de volver a la gran sala, Edward me dijo que lo mejor era que volviese a casa. Estuve de acuerdo, al fin y al cabo, muchos invitados ya empezaban a marcharse. Me despedí de Allyson y Riley y volví al coche con Edward. Gracias a Dios no había paparazzi a la salida.

- Nos vemos el lunes, feliz fin de semana – dije despidiéndome educadamente cuando llegamos a la puerta de mi casa.

- Igualmente – contestó Edward sin mirarme. Vale, había metido la pata hasta el fondo.

Mientras andaba de vuelta a casa, sentí la necesidad de quitarme los dolorosos tacones de los pies. Pero no lo hice, estaba a pocos metros de la puerta, no valía la pena. Noté la presencia del Lamborghini detrás de mí, ¿estaban esperando a que entrara? Cuando llegué a la puerta, cogí las llaves del bolso y discretamente me giré, el vehículo aún estaba ahí.

Al entrar al ascensor, las lágrimas que tanto había intentado reprimir salieron. Empecé a sollozar sin control. Sentía presión y dolor en el pecho, no podía más. Al entrar en mi casa, busqué desesperadamente a Alice con la mirada, necesitaba explicárselo todo. No la vi en el salón, pero sabía que mis sollozos le harían saber que había llegado.

- ¡Bella! – la voz de Alice me hizo levantarme del sofá y limpiarme las lágrimas de las mejillas. Me miró alarmada y vino corriendo, detrás de ella apareció alguien más pero no pude ver quien era ya que Alice me abrazó fuerte y mis lágrimas volvieron a salir, nublándome la visión.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó la voz alarmada de… ¿Jacob?

Dejé de abrazar a Alice y me limpié las lágrimas otra vez, Jake estaba delante de mí, mirándome asustado. ¿Qué hacía él aquí? No podía concentrarme en él en ese preciso momento. Estaba destrozada, me dolía el pecho y la cabeza.

Jake y Alice se miraron, sin saber qué hacer, ambos estaban alarmados y asustados.

- Necesito una aspirina – fue lo primero que se me ocurrió decir. El dolor de cabeza era terrible. Fui hacia la cocina, y los dos me siguieron.

- ¿Qué te ha pasado? – preguntó Alice cuando acabé de tomarme el medicamento.

- Necesito… – suspiré. – Necesito desahogarme primero – susurré con voz ronca.

Ella asintió. Fui hacia el sofá mientras mis dos mejores amigos me pisaban los talones.

- Qué haces aquí, ¿Jake? – pregunté justo después de sentarme, realmente tenía mucha curiosidad.

- Me quedo en Nueva York durante, por lo menos, unos meses. Ahora trabajo aquí- respondió pasando el brazo por mis hombros. Me estaba intentando consolar.

- Estupendo – dije después de un largo silencio. Estaba abrumada y sorprendida a la vez pero no sabía cómo reaccionar.

Pasaron un par de minutos. Alice estaba a mi derecha abrazándome y Jake a mi izquierda.

Los sollozos empezaron a salir de nuevo. ¿Qué me pasaba? Tenía que superarlo ya. Quería explicárselo todo a Alice pero quería también estar sola y llorar todo lo que tenía que llorar. Ellos me consolaron sin ni siquiera saber qué me pasaba.

Después de media hora, creí que era el momento de explicarlo. Además, estaría bien escuchar la opinión de alguien que no fuera Alice.


¡Holaa de nuevo! Espero que os haya gustado. Este capítulo ha sido el más difícil que he escrito hasta ahora, no sabía como expresar todo lo que quería decir... Pero creo que me ha salido bastante bien xd Además, es mucho más largo que los últimos que he escrito. El próximo capítulo empezará desde dónde he dejado este, ya tengo ganas de continuar escribiendo ;)

Nos leemos pronto xx