Criaturas, me disculpo enormemente por la descomunal tardanza. Estaba totalmente bloqueada, ahora sí no me salía escribir nada, pero hoy ya estoy aquí y espero no volver a lo mismo, me gusta escribir para ustedes y leer sus lindos comentarios, me motivan mucho, en serio. Me gusta mucho saber que alguien espera leer más de mi historia y les agradezco con todo mi corazón.
Por cierto chicas y chicos quisiera comentarles que fui a ver la peli de Boruto XD repórtense los camaradas que igual pudieron verla en el cine o/ créanlo, ¡sigo llorando! DIOS, me encantó, es hermosa, y no conforme con una fui TRES veces a verla de lo mucho que me gustó :'3 (y lloré las tres veces :v) y justo después de verla me llegaron varias ideas, creo que ayudó ver a Sasuke y joder, estuvo muy buena, terminé irremediablemente más enamorada de ese niño y su relación con Sasuke, es hermoso y perfecto y tierno y lo amo y y #LegalicenALosDeDoce :v :v Ok Ok sólo les quería comentar algo de mi fangirleada, tenía que hacerlo HAHA.
Bueno criaturas lindísimas, espero me disculpen y disfruten de este capi, los dejo leer.
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Disclaimer. El mundo y los personajes de Naruto son de la autoría y propiedad de Masashi Kishimoto.
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Capítulo 10
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El sonido de la puerta de entrada siendo abierta llegó hasta sus sentidos y giró su rubia cabeza hacia dicho lugar.
Tras un par de segundos volvió su vista hacia Hinata, la muchacha había puesto una expresión de auténtica pesadumbre, parecía realmente asustada y aquello le hizo estremecerse y retroceder unos centímetros, observó sus ojos perla desorbitados mirando en la misma dirección donde segundos atrás él lo hizo. Estaba demasiado asustada de que Boruto lo viese y ocurriera lo de la última vez, saltaba a la vista, su preocupación era tan desbordante que su misma conciencia se ocupó de volverle a recordar que era un auténtico bastardo; él ni siquiera se había parado a pensar en ello.
La frenética respiración de la joven se dejó escuchar aún más, Naruto debía marcharse.
El rubio pensó inmediatamente en que debía idear algo rápido, evitar a toda costa que el niño se viera envuelto como pasó la última vez, si quería que Hinata lo perdonara más bien debía dejar de actuar estúpidamente.
Podía tomarla y salir de ahí para que pudiera continuar en su intento de perdón, no tardarían más de un segundo en desaparecer; en sus estúpidos adentros creyó que eso era "un buen plan", otra vez sin considerar el estado o los sentimientos de su esposa.
Lentamente acercó su mano a la chica dispuesto a llevarla con él.
Su extremidad quedaría al aire y su boca abierta y muda ante las palabras de su mujer.
—Ve-vete…— salió automáticamente de ella.
El Uzumaki no pudo ocultar su desconcierto.
Una especie de instinto que le dio una muy fuerte bofetada le hizo hablar, tener un rayo de lucidez en medio de toda la zozobra a la que Naruto la había sometido. Seguía temblando y seguía sintiéndose absolutamente alterada, pero Boruto estaba ahí, se había prometido no flaquear y ser fuerte, luchar, proteger a su hijo.
Deseaba con todas sus fuerzas que Naruto tuviera una pizca de misericordia, un poco de razonamiento, no podían hacerle eso a su hijo otra vez, no podía permitir que la viese vencida de nuevo, que Naruto lo confundiera y plantara la tristeza en su carita, no después de que Sasuke borrara aquello de su rostro.
No tenía idea de por qué había regresado tan pronto de su entrenamiento pero ya poco importaba, estaba ahí y debía levantarse, sacar fuerzas de donde pudiera, Boruto no podía verse mezclado, su corazoncito se rompería quizá definitivamente. En esa situación no podía quedarse tirada como una estúpida, dejar que Naruto les hiciera daño otra vez; su adorado pequeño era lo que debía proteger en ese momento.
Levantó la mirada hacia su esposo que lucía cada vez más sorprendido.
—Por favor Naruto... s-solo vete — su voz sonó agotada pero al mismo tiempo severa y decidida.
El pecho le dolía como los mil demonios, pero si tenía que ser fuerte en algún momento de su vida, ése era sin dudas el más oportuno.
Trató de secar su cara tremendamente mojada con parte de sus brazos y el delantal, hizo ejercicios de respiración silenciosa y disimuladamente para calmar un poco su nerviosismo y trató de ver a Naruto lo más seria posible.
El rubio se encontraba pasmado, nunca imaginó que le llegaría a molestar el hecho de que fuera tratado y se sintiera como si fuese un invasor, una persona indeseada que haría un bien al irse de su propio hogar.
Apretó los puños y chasqueó mientras seguía mirando los ojos luna de su esposa; si ocurría todo aquello era simplemente por su misma asquerosa culpa. Entrecerró los ojos sin apartar la vista de ella, Hinata trató con todas sus fuerzas de no desviar la mirada hacia otro lugar, le dolía mantener dicho contacto pero tenía que hacerle entender que lo mejor era que se marchara.
Naruto seguía sumido en su sorpresa y desconcierto por la severidad que la chica le demostró con su mirar. Como un gran estúpido tenía la boca entreabierta y expresión patética.
Lo que le pedía la joven era lo correcto, él sabía que había sido algo muy estúpido presentarse así como así, sin meditarlo, sin saber siquiera qué decirle.
Agachó la mirada.
Él sabía que la chica estaba en todo su derecho de pedirle que se fuera. Sintió frustración, sabía a la perfección que debía marcharse pero su impulso y su absurda necesidad de calmar un poco su atormentada consciencia lo hizo actuar a base de estupidez pura.
Con la mandíbula tensa, y el entrecejo arrugado se acercó a ella para tomarla con ímpetu por las muñecas y hablar con insistencia, era su último recurso en ese momento.
—No me iré sin que antes me prometas que lo pensarás y hablaremos. Por favor Hinata...
Se acercó descaradamente a su rostro, la miraba con sus zafiros desbordantes de desesperación.
Ella no supo qué hacer, forcejeó ante su agarre, sintió sus dedos enterrarse bruscamente en sus muñecas y uno de sus ojos tembló por el dolor, le dirigió una mirada preocupada al pensar que no se iría y ante el hecho de que le estaba haciendo daño. Asustada lo miró con súplica otra vez, sintió los pasos de su hijo que ya había entrado en la casa, estaba segura de que si veía a Naruto sería un completo desastre que después ella no tendría idea de cómo remediar.
Para hacer que se fuera pensó en pedirle que ambos salieran de ahí, el pequeño se preocuparía por no encontrarla allí, pero era preferible, prefería mil veces eso a hacerle daño con su imagen rota.
Sin embargo no quería hablar, no quería estar con él y escuchar disculpas que sólo le dolían y le enfurecían, palabras irracionales y punzocortantes, no estaba preparada para eso, solo quería que desapareciera, su única salida era acceder a hablar después con él. Cerró los ojos y volteó la cara hacia otro lugar.
—E-está bien...
La miró por un segundo y maldijo en sus adentros, acto seguido el rubio desapareció, sabía que Boruto llegaba y que Hinata estaba desesperada porque no lo viera, lo menos que podía hacer era largarse…
Hinata quedó sola en la cocina. Sintió que volvía a respirar después de percatarse que efectivamente el rubio había desaparecido, tras segundos de inhalar y exhalar profundamente quiso levantarse pero las piernas flaquearon irremediablemente, el piso parecía tener mantequilla, su mirada desorbitada recorrió el lugar como si no lo conociese, no sabía a ciencia cierta su aspecto en ese momento pero no le cabía duda de que se vería horrible, Naruto ya no estaba pero debía verse más compuesta a como diera lugar, su pequeño no debía notar ni sospechar nada.
Quitó los guantes que le tapaban las manos y hundió las uñas de dos de sus dedos en el corte que momentos atrás se había hecho accidentalmente, aquello provocó que la poca sangre coagulada se fragmentara y diera paso a un chorro de fresco líquido carmesí; una manera fácil de reaccionar era con el dolor así que recurrió a tal acción. Uno de sus ojos se cerró con dolor y su cuerpo reaccionó un poco ante la estimulante sensación aflictiva.
Una vez entrando a la casa Boruto lo condujo al interior, brincoteaba emocionado muy sumido en su felicidad, aún no se creía que Sasuke-sama hubiese aceptado la invitación. Caminó y volteó hacia él, quiso dirigirle algunas palabras al joven, ¿pero qué le diría? Se mordió los labios para no reír.
Sasuke miró a su alrededor de forma casi curiosa, hacía mucho tiempo que no entraba en esa casa, años. Inspeccionó indiferentemente el lugar, después de apartar la mirada de una de las paredes en seguida se percató de que había dos personas allí, el inconfundible chakra de Naruto acababa de desaparecer apenas unos segundos atrás, su mirada se dirigió inmediatamente al lugar de donde lo había percibido y su ceño se frunció, una sensación molesta lo atacó de un momento para otro. Algo le decía que no todo era tan normal en esa casa como podía percibirse a simple vista.
Los segundos pasaron, ambos siguieron adentrándose en la casa y el niño llamó a su madre con un suave grito.
—¡Kaa-chan!
La mujer no respondió a su llamado y el niño se dirigió a la cocina suponiendo que su madre estaría en dicho lugar, sin borrar la sonrisa de su rostro continuó llamándola despreocupadamente.
—¡Kaa-chaaan!
Su ceño se frunció aún más después de deducir en milésimas de segundos lo que pasaba; sólo había una presencia ahí, era la Hyuga y por la condición de su flujo de chakra parecía que acababa de pasarla muy mal.
El niño lo condujo amablemente hasta el comedor, lugar donde habría de actuar por mero impulso, otra vez.
La chica intentó levantarse desesperadamente, sus dedos manchados en sangre daban una escena bastante desconcertante de ella, se limpió frenéticamente las manos, al escucharlo llamarla quiso ponerse de pie pero no pudo, el dolor y el terror la embargaron a ver la pequeña cabellera rubia ingresar lenta y distraídamente a la cocina.
—Kaa-chan ya estamos aq...
Segundos antes de que el rubio pudiera girar la mirada y observar a su madre bañada en llanto, pálida, con las manos levemente manchadas de sangre y tirada en el suelo Sasuke lo hizo caer en un genjutsu; al instante el rubio quedó desmayado entre los brazos del pelinegro, que desde el comedor en menos de un parpadeo llegó a él para sostenerlo y evitar que se golpeara contra el piso.
El silencio se volvió a apoderar de la casa Uzumaki.
Totalmente desconcertada vio caer a su pequeño en la inconciencia, con ojos muy abiertos desvío la atención del pequeño hacia la persona que lo sostenía, apenas podía creer que lo que tenía frente a ella estaba ocurriendo realmente y no era ningún tipo de ilusión absurda.
Sasuke se le quedó mirando fijamente, la chica estaba destruida, con los ojos hinchados, la cara mojada, pálida y con las manos ensangrentadas, la miró de los pies a la cabeza; un escalofrío le recorrió al verla en esa posición, en ese estado, temblaba como un cachorro indefenso y asustado. Definitivamente no supo si quedarse había sido la peor jodida idea de su vida… u otra cosa.
Se le quedó mirando completamente incrédula, el joven chasqueó.
La chica estaba estupefacta, no sabía si aquello era una alucinación de lo desesperada que se encontraba o realmente tenía a Sasuke Uchiha frente a ella. Llevó una de sus manos a la altura de su pecho y trató de espabilar.
Aunque anteriormente luchó por reaccionar, había vuelto a caer en el letargo, Uchiha se encontraba ahí, sosteniendo a su hijo desmayado, mirándola con el entrecejo arrugado y los labios fruncidos.
El pelinegro no sabía qué clase de expresión poner, la escena era de lo más patosa y estúpida, no sabía qué hacía ahí, por qué estaba en la puerta de la cocina de esa casa sosteniendo a un rubio inconsciente y mirando a una muchacha que estaba hecha un desastre de una forma que no podía descifrar ni él mismo.
Una especie de incomodidad quiso abrirse paso dentro de él, sus miradas estaban en contacto ininterrumpido, la mujer no reaccionaba y él no tenía ni una maldita idea de qué hacer, supuso que podría desaparecer e irse de esa escena surrealista, pero se detuvo por mero orgullo ¿por qué pensaba en huir cada que se veía envuelto en algo con la Hyuga y su hijo? Quiso responderse que la razón era el evitarse molestias, pero no, él era Sasuke Uchiha, joder, él no huía de nada. Se obligó a sí mismo a quedarse, a no dejar atisbo para que la mujer notara que se sentía tan desubicado como ella y estúpidamente molesto.
Era como una especie de ilusión, una especie de visión donde él intervenía de una forma desconcertante para salvarlos nuevamente… Su boca se abrió evidenciado su tremenda extrañeza, sus cejas mostraron el masivo desconcierto y su intermitente consciencia parecía aproximarse a un punto más o menos estable.
Tras verla tan sólo unos pocos segundos, antes de que hiciera caer al niño en el genjutsu, supo que la mujer estaba totalmente descompuesta, tanto era la desesperación reflejada en su rostro que pensó por obviedad que, primeramente, no quería ser vista por su hijo y que al mocoso le afectaría en demasía si la llegaba a ver así.
Él mismo odiaba ver tristeza en el rostro de su madre cuando ella aún vivía, simplemente por muy bastardo que fuese... no podía permitir aquello.
"Tsk" otra vez se remontaba a recuerdos innecesarios y otra vez se justificaba en sus adentros.
El mirarla más maltrecha que nunca le hizo experimentar en el fondo de su pecho una profunda molestia que llegó a incomodarlo, mirarla tan… vulnerable le hizo sentir un enfado desmesurado hacia el rubio mayor, jamás se imaginó que ese estúpido podía llegar a provocar algo como eso en una mujer. Le molestaba ese hecho, que ella permitiera aquello, le molestaba que estuviera tan afectada por el rubio.
Ella no decía ni una palabra, su cara era totalmente un caos, fastidiado chasqueó sin perder el contacto con los ojos perlados.
Aunque en sus adentro supiera que no le molestaba mirar directamente esos descompuestos y cristalinos ojos, no podían quedarse todo el día mirándose con cara de estúpidos.
—Tsk… tu hijo pidió que me quedara a comer, Hyuga—explicó.
Era más que evidente que la mujer deseaba saber por qué se encontraba ahí.
La observó removerse muy incómoda. A él también le incomodaba esa situación, quería irse, pero tampoco se movía de su lugar.
Hinata sintió un calor inconcebible subir a sus mejillas de una forma violenta, se avergonzó tanto que creyó que lloraría nuevamente, quiso enterrarse y salir sólo hasta que pasara mucho tiempo, estaba frente a Sasuke Uchiha, estaba hecha un desastre frente a él.
Iba reaccionando poco a poco y mientras más lucidez llegaba a ella, más deseaba no reaccionar, principalmente por la vergüenza que estaba sintiendo.
Supo que había hecho caer a Boruto en un genjutsu para que no la viera de esa forma, su corazón se saltó un latido ante tal muestra de gentileza, una vez más la había ayudado.
Completamente roja y sacando fuerza de su mirada demandante se intentó poner de pie pero no lo logró, se removió en su lugar, aun no quería hablar pero la situación la obligaba a hacerlo. No podían quedarse así por más tiempo, se desmayaría del bochorno.
—U-Uchiha-san... yo... —miró el piso y juntó sus manos nerviosamente.
Hizo una pausa de segundos que parecieron eternos y siguió hablando.
—Q-qué vergüenza.
Sasuke se quedó en el mismo sitio aún con Boruto inconsciente, no despegaba su mirada analítica de la joven, su voz nerviosa casi le hizo bufar.
—Si-siento m-mucho recibirlo bajo estas condiciones, por favor... disculpe.
Rápidamente limpió su rostro y se dirigió a rastras hacia su hijo. Sasuke arrugó nerviosamente uno de sus ojos al observarla hacer dicha acción.
La chica quedó sobre sus rodillas frente a él, acarició temblorosa una de las mejillas del pequeño, se sintió increíblemente aliviada de que no la viera en esa condición tan deplorable. Las lágrimas que no pudo contener por el alivio brotaron de ella, agachó su rostro y pegó la frente a la de su hijo.
El joven pelinegro sintió un tic aún más agresivo por tal escena. Tenía a pocos centímetros de distancia a la joven Hyuga sollozando. Definitivamente no tenía idea de qué hacía envuelto en eso. Irritado miró hacia un costado.
Hinata levantó la mirada hacia el Uchiha, sin poder ocultar su inmensa gratitud y su palpable alivio lo miró con ojos llorosos.
—Y-yo... no sé cómo agradecerle lo que a-acaba de hacer…—era inútil tratar de controlar su tartamudeo. Sentía mucha vergüenza y a la vez tranquilidad.
Se miraron una vez más en silencio, se percató de su ceño fruncido y carraspeó mientras seguía sonrojada. Se aproximó y tomó con sumo cuidado a su hijo de los brazos de Sasuke, no quería incomodarlo más.
El sonido del agua burbujeando y las manecillas del reloj se apoderaron del ambiente.
Ninguno decía nada, Sasuke no dejaba de mirarla sin saber exactamente qué sentir; molestia, incomodidad, fastidio, desdén, sorpresa. Su disputa fue interrumpida por su calma y tartamuda voz.
—P-pero... cómo supo...
—A cualquiera le hubiera afectado ver a su madre en ese estado—le dijo sin que pudiera terminar.
A ambos le sorprendió escuchar eso, Sasuke se sobresaltó al volver a analizar lo que acababa de decir, se enfureció y trató de respirar para no destruir la casa con su chakra, ¿qué clase de puñeteras reacciones eran esas?
Ella se quedó callada, agachó la mirada y contempló a su hijo dormido, sosteniéndolo como si fuera un bebé se afianzó a él y dejó escapar otro par de lágrimas. Ni toda la vida iba a alcanzarle para darle las gracias al Uchiha, él era tan gentil…
Ninguno supo cuánto tiempo más quedaron en silencio hasta que la chica decidió levantar.
Con su hijo en brazos hizo el esfuerzo por quedar satisfactoriamente de pie, pero sus piernas temblaban. El joven notó aquello y rodó los ojos, ya había actuado como un imbécil, la pobre mujer Hyuga se veía agotada y...
Sin pensarlo más la tomó por los codos y la ayudó a ascender al mismo tiempo que él lo hacía. Manteniendo siempre su aparente indiferencia la soltó.
Hinata sólo se conmovía cada vez más con las acciones del pelinegro. Sintió un tremendo rayo de esperanza golpearla. Tener ahí a Uchiha era tan desconcertante como fortuito.
Ambos ya estaban de pie, el vapor con olor a alimento ya impregnaba la cocina.
Sasuke le dio la espalda dispuesto a irse, no iba a quedarse por más tiempo en esa situación, ya era demasiado, pero Hinata notó sus intenciones, ágilmente tomó a Boruto con un solo brazo y con su otra extremidad lo sostuvo por la manga de sus ropas.
Detuvo sus pasos, su expresión de hielo se contrajo apenas un poco ante lo dicho.
—P-por favor... quédese.
Las palabras salieron desde lo más profundo de su corazón. La había salvado de una situación que ni él se imaginaba, había ayudado tanto a Boruto, a ella. Había pasado de ser el amigo de su esposo a una persona que los ayudó y seguía ayudando tremendamente, desinteresadamente, lo menos que podía hacer era esforzarse por dejar de lado ese momento vergonzoso y agradecerle por todo lo que hacía con un gesto tan llano como invitarlo a comer con ellos, estaba segura de que Boruto estaría feliz, debía mantenerse tranquila y por una razón su presencia no le permitía derrumbarse otra vez, su ceño fruncido la mantenía en la realidad y deseaba que estuviera ahí, sólo por un momento.
Sasuke se paralizó al girarse y mirar la escena de ella cargando a su hijo, pidiéndole que se quedara, sus ojos brillaban por el llanto, sus mejillas rojas contrastaban, el niño rubio ajeno a todo eso… Un leve escalofrío le recorrió aunque su piel no hiciera contacto con la suya, sus puños se cerraron con fuerza, estuvo a punto de mandar a la mierda todas esas sensaciones y deshacerse de su agarre violentamente, estaba cansado de sentir estupideces, no podía permitirse eso, sin embargo se detuvo abrupto al escucharla.
—S-sé que no es la mejor situación n-ni el mejor momento... pero por favor U-Uchiha-san... quédese…— dijo lo último casi en un lamento.
El Uchiha calló y escuchó su voz melancólica, sintió impulsos de irse pero finalmente se quedó parado.
La mujer sintió tristeza al no escucharlo decir nada, miró su espalda insistentemente sintiendo angustia de pronto, no podía obligarlo a que se quedara pero no quería verlo partir.
Sin ser consciente pensó en voz alta.
—Significaría mucho para para Boru-chan… y...
Se detuvo y tomó consciencia justo cuando iba a mencionar que para ella también, seguramente lo tomaría como un exceso de confianza absurdo, no quería molestarlo y causarle más incomodidad así que simplemente esperó y soltó lentamente su brazo.
El pelinegro rodó los ojos al darse cuenta que su oración inconclusa le provocó una especie de insatisfacción, dejó salir el aire de sus pulmones sin emitir sonido alguno y cerró los ojos ¿Desde cuándo le importaba aquello? No lo supo... simplemente se quedó. Porque muy en el fondo, la imagen de ella rota, desesperada por proteger a su hijo lograba darle frio.
Ambos se mantuvieron en un silencio expectante. Sasuke estaba sumido en sus preguntas, debía admitir que el hecho de haber presenciado aquello le enfurecía, sobre todo darse cuenta de que Naruto podía llegar a ser un malnacido. Muchas cosas se abrían paso en sus pensamientos aunque no lo deseara. Deseaba mantenerse indiferente hacia lo que acababa de ocurrir, ajeno a lo que pasara con ese niño y esa mujer, pero sabía que no era así, maldita sea, no era así.
Su estúpida "curiosidad" ganaba ante cualquier acto racional que pudiera cometer, sentía irritación por ese hecho, todo era una tonta pérdida de tiempo, se repetía lo mismo una y otra vez.
Hinata esperó, de pronto Sasuke se giró sin reflejar nada en su rostro, la miró y bufó y se cruzó de Brazos.
Hinata entendió eso como una respuesta afirmativa y una pequeña sonrisa se formó en su rostro.
—¿P-podría despertar a Boruto? —preguntó avergonzada.
Él alzó una ceja y la miró de arriba abajo deteniéndose en sus manos que aún seguían con rastros de sangre seca.
Ella se sonrojó de nuevo y salió de ella.
—D-debo de verme horrible cierto…
Por una razón esa preocupación y vergüenza casi le hizo sonreír, pero se contuvo. En vez de eso rodó los ojos. ¿Qué mierda le estaba pasdo a Sasuke Uchiha?
—Iré a lavarme…
Hinata se dirigió al sofá y recostó al pequeño rubio. Posteriormente se volvió hacia el pelinegro que seguía parado cerca del comedor, juntó sus manos y decidió ser lo más amable posible, haría lo más cómoda posible su estancia en esa casa, juntó sus manos frente a ella y habló.
—Por favor, Uchiha-san, siéntase como en casa—reverenció y le sonrió amablemente—le ruego espere unos minutos, ya vuelvo.
Se excusó y rápidamente se dirigió a la planta alta, corrió escalera arriba nerviosa, no quería hacer esperar a su invitado, se enjuagaría las manos y la cara, una vez en el baño se miró y arrugó el entrecejo, se veía realmente horrible… Sintió tristeza por un momento pero se recuperó, enjabonó sus manos y luego su cara, volvió a mirarse mientras secaba su rostro. El enrojecimiento y la hinchazón bajaron considerablemente debido al agua fría, suspiró y amarró su cabello en una coleta alta, cambió su delantal y bajó. Quería por ese momento olvidar lo que había vivido con Naruto frente a ella, quería olvidarse de lo que había pasado, pretender que todo estaba en orden, por ella, por su hijo.
Pasaron unos minutos y él observó al rubio sumido en la inconsciencia, se sentó en uno de los sillones de la sala de estar, miró el piso abstraído, aún se preguntaba qué hacía ahí, cómo y por qué había terminado ayudando a ese mocoso y a su madre. Entrelazó las manos apoyando los codos en sus rodillas. Se sentía idiota.
Los pasos de la chica llegaron hasta él, giró su rostro y miró al niño, en segundos, el rubio se levantó como si nada hubiera pasado, como si jamás hubiera estado bajo un genjutsu, las habilidades de Sasuke habían crecido considerablemente, podía hacer caer a cualquiera en un estado de inconsciencia y no lo sabrían debido a que podía anular a voluntad cualquier tipo de daño o estrés mental.
Se desubicó un poco por estar sentado en el sofá, según él recoradaba se encontraba en la cocina. Suponiendo que era su imaginación jugándole una mala pasada se encogió de hombros y miró a Sasuke que se encontraba sentado justo a un lado de él, se le veía bastate abstraído así que habló un tanto nervioso, la emoción de tenerlo ahí no podía pasarse.
—¿Uchiha-sama?
Sasuke lo miró de reojo y luego miró a la chica, se veía mucho más compuesta que hacía apenas un momento, se veía diferente y en sus facciones apenas se asomó el asombro.
Hinata sonrió como pudo, levemente.
—¡Kaa-chan! Uchiha-sama va a acompañarnos a almorzar ¿No es genial?
Hinata miró a su hijo y suspiró, trató de fingir que no había pasado nada anteriormente y actuó como si ése momento fuera lo que originalmente debió pasar antes de que Naruto…. Sacudió la cabeza y su hijo la miró extrañado, Sasuke notó que estaba luchando por actuar normalmente, incómodo arrugó el entrecejo, en serio… ¿qué demonios hacía metido en eso?
La joven espabiló y reverenció, si quería olvidarse de todo debía de hacer un esfuerzo aún más grande, si quería agradecerle realmente al joven Uchiha lo mejor que podía hacer era demostrarle que no tiraría a la basura lo que había hecho por ambos.
Miró a Sasuke y sintió nuevamente ese agradecimiento que de alguna forma le daba fuerza. Sonrió al incorporarse y habló.
—Bienvenido Uchiha-san, es un gusto que aceptara acompañarnos.
Boruto sonrió al darse cuenta de que su kaa-chan no se había molestado por no haberla consultado antes de llevar invitados, aunque ahora que lo pensaba, no estaba totalmente seguro, al mirar las facciones de su madre con más detenimiento detectó algo raro, no quería ni pensar que estaba molesta así que algo ansioso habló.
—Kaa-chan... no estás molesta porque invité a Uchiha-sama a almorzar… ¿cierto?
Hinata sonrió y negó con la cabeza pero Boruto seguía nervioso por aquella situación.
—De ninguna manera, cariño, es un placer tener a Uchiha-san aquí.
Con la mirada llena de agradecimiento sonrió melancólicamente y reverenció nuevamente, a Sasuke le invadió una sensación extraña, su mirar lleno de agradecimiento le descolocó, en su mirada se leía un inmenso "Gracias por estar aquí", que jamás se esperó. Incómodo y algo molesto volvió la vista al frente.
—Sólo esperen un poco, llegaron un poco temprano así que la comida aún no está lista pero en seguida terminaré.
El pequeño rubio rascó su cabeza con incomodidad mientras sonreía, sin darse cuenta por poco arruina precisamente lo que el Uchiha quería evitar.
—Jeje, lo sentimos Kaa-chan es sólo que venimos del hos...
Se detuvo en seco al percatarse de que Sasuke le dirigió una mirada llena de irritación, al mirarlo supo en seguida que su madre no tenía por qué enterarse de su lesión en el entrenamiento, hundió la cabeza entre sus hombros y sonrió nervioso hacia el joven pelinegro, como excusándose por haber hablado de más.
—Eh... Del hos...
La chica lo miró extrañada mientras se percataba de las extrañas miradas que intercambiaba con el hombre, algo dentro de ella quiso sollozar, se alegró inmensamente de que su hijo tenía ese grado de complicidad con alguien de su mismo género.
—D-del hos... tigamiento que nos provocó el entrenamiento, allá afuera hace mucho calor ¿cierto Uchiha-sama?
Se rascó la cabeza y nuevamente intercambió miradas con el Uchiha, éste simplemente cerró los ojos y bufó, menos mal que el mocoso había captado la indirecta.
La chica se excusó sonriendo divertida por presenciar aquella tierna escena. Era extremadamente raro que Uchiha estuviera en una escena como esa, pero eso sólo le hacía reforzar su confianza y agradecimiento hacia el hombre. Al dirigirse a la cocina escuchó el entusiasmo de su hijo al hablar, su alegría palpable en cada una de sus palabras.
Con el corazón encogido siguió cocinando. Quería olvidarse de Naruto.
El Niño estaba más hablador que de costumbre, un tanto irritado escuchaba cada una de sus afirmaciones.
Admitía qué estaba agotando su paciencia, aunque alguna de las cosas que decía algunas veces lograba captar su atención.
—Uchiha-sama los senseis de la academia son demasiado blandos.
Mecía sus pies y miraba el techo distraídamente.
—Sería genial que fueran como usted, aunque claro, ¡nadie puede ser tan fuerte como Uchiha-sama!
Sonriéndo radiante seguía hablando por primera vez más extrovertido con el joven, le prestaba atención, justo como hacia su madre y eso sacaba de él su lado hablador, al pequeño rubio, como cualquier niño, le agradaba demasiado que le prestaran atención.
Sentado junto al niño, inconscientemente desviaba la mirada de vez en vez hacia la cocina, donde la mujer abstraída y ágilmente se movía de un lado a otro. Su expresión melancólica lo hacía sentir una especie de molestia, sin embargo descartaba ipso facto ese tipo de sentimiento de su ser, no tenía por qué inmiscuirse en los asuntos del dobe y su esposa.
Volviendo la mirada hacia el Niño que continuaba hablando con expresión soñadora continuó en sus pensamientos.
Una vez tuvo todo listo suspiró y quitó su delantal, por su increíble amabilidad y sus acciones la presencia del hombre pelinegro le daba un poco de tranquilidad, su hijo definitivamente alejaba todos esos malos pensamientos pero él, llevaba consigo un aura de fortaleza que jamás había presenciado, era intimidante pero reconfortante.
Al poner la mesa y llevar cada uno de los platillos al comedor miraba a su hijo sonreír como mucho tiempo atrás no lo hacía, el Uchiha callaba, asentía o abría la boca de vez en vez. Era distante pero educado con su hijo, sonrió.
Sasuke se percató de que miraba hacia ellos y giró la vista sin pensárselo dos veces, su mirada hizo contacto con la de ella, no sabía a ciencia cierta qué había en esos ojos perlas, pero no lo averiguaría, no le interesaba, joder.
Se reprendió mentalmente y fijó su atención al mocoso nuevamente.
Hinata terminó y llamó a los dos hombres.
—Boru-chan, Uchiha-san, todo está listo.
—Hmp
Boruto se puso rojo al notar que el Uchiha había soltado un bufido de burla por aquel apelativo. Agachando la cabeza protestó en voz baja.
—Kaa-chan...
Hinata sonrió divertida al notar que se había avergonzado por eso, saltaba a la vista que su hijo tenía en muy alta estima a Sasuke Uchiha.
El joven se levantó del sofá, desabrochó el cuello se su capa negra y se encaminó al comedor.
Boruto lo imitó y ambos se sentaron.
Sasuke miró la mesa frente a él con algo de curiosidad, había platillos variados y un gran centro de onigiris, cada uno de los platillos llevaba una considerable cantidad de tomates, eso lo sorprendió y fue lo que más llamó su atención. Extrañado miró a la chica ¿acaso ella sabía que…?
Hinata observó su capa en el sofá y fue a por ella, la tomó y la colgó cerca de la puerta de entrada, el joven se preguntó el porqué de dicha acción, esa chica era demasiado servicial.
Tras unos segundos la necesidad biológica de comer le hizo volver la vista a la comida, tenía un aroma agradable que despertó por razones obvias su apetito, no recordaba la última vez que había tenido una comida decente. Tampoco recordaba la última vez que algo le provocó ganas de comer.
Su aparente impávido ser miró fijamente la mesa y nuevamente la molestia lo atacó.
Pasó su vista desde la joven que había salvado de un desastre con su hijo hasta el niño que feliz miraba su comida y a él repetidas veces... Una sensación rara lo atacó, estar en aquella mesa, con esas dos personas le hizo sentir por primera vez compañía, que tenía una comida decente con compañía...
Se quedó paralizado por unos segundos, esas dos personas frente a él, le estaban causando serios problemas mentales, era un hecho.
Hinata miró a su hijo emocionado, radiante, ella se sintió más tranquila aunque no menos melancólica. Posó su vista en el joven pelinegro que la miraba directamente de nuevo, respingó un poco y volvió a enfocarse en su hijo.
El momento que habían pasado minutos antes le hizo sentirse algo abochornada. Justificaba que por esa razón, se sentía nerviosa de su mirada en ese momento.
Todos habían comenzado a comer pero Uchiha seguía sumido en sus pensamientos, Hinata se puso nerviosa al notarlo, quizá había cocinado algo que no le gustaba al Uchiha, de un momento a otro se sintió mal por ese hecho. Mientras su hijo mecía las piernas sobre la silla y degustaba bocados de onigiri, carne, sopa y jugo ella se aventuró a preguntar.
—U-Uchiha-san ¿l-le desagrada alguna cosa?
Sasuke salió de sus pensamientos y negó levemente. Aún se preguntaba sobre ella, Naruto y aquella situación absurda que lograba ocupar un lugar en sus pensamientos.
Distante, tomó sus palillos y comenzó con su comida, tomó muchos onigiris y poco menos de lo demás. Un tanto resignado y harto de pensar demasiado, se dispuso a comer.
Al dar el primer bocado, el mismo sabor de la vez pasada inundó sus sentidos. Eran onigiris con relleno de tomate y repollo, casual y estúpidamente la comida de su preferencia. El mismo pensamiento de cuando el rubio le ofreció dicha comida ocupó su mente por un segundo, toda esa mesa parecía puesta totalmente a su gusto. Sacudió esa estúpida idea de su mente, quedó quieto por un segundo disfrutando de aquel sabor muy agradable y siguió comiendo como si nada.
La chica quedó completamente complacida de observar que Uchiha no había despreciado nada de su comida; al contrario, parecía gustarle, ella tomó pequeñas porciones, mientras veía a su hijo.
Boruto se sentía muy feliz, por primera vez sentía gran emoción al comer, el adoraba la comida de su madre pero tener a Sasuke-sama en la misma mesa, le hacía tremendamente feliz. Significaba una experiencia totalmente emocionante.
Observo a ambos adultos callados y su curiosidad infantil despertó.
—Kaa-chan ¿cómo se conocieron Uhiha-sama y tú?
Sasuke dejó de masticar y en su mirar se notó la molestia, esa era una pregunta que los mocosos hacían normalmente a sus padres.
Recuperó su temple y le restó importancia, por mera curiosidad no dijo nada, quería saber qué recuerdos tenía la mujer sobre ello (si es que existían). Sintiendo un tic en el ojo por la incómoda atmósfera, levantó la vista a la joven, ella estaba callada, con la cabeza gacha y otra vez con ese irritante arrebol en la cara.
Lo que había escuchado definitivamente la puso nerviosa y a la vez triste.
Boruto jamás había tenido la oportunidad de preguntarle eso compartiendo la mesa con su padre. Pero el hecho de haberle cuestionado sobre Uchiha...
Ella notó su molestia, no sabía qué contestar.
Nerviosa se removió en su lugar.
Intentando controlar su sonrojo, se dispuso a dejar de pensar en que esa pregunta había sido hecha con la intención de saber acerca de un romance, no era así, Boruto aún era inocente y simplemente quería saber cómo se conocían...
—Bueno... Uchiha-san...
—Sasuke.
El joven la interrumpió como si nada, en esa mesa, en esa situación se sentía como un intruso cuando se referían a él como Uchiha, se sentía indeseado y eso le fastidiaba, fueron ellos quienes insistieron en que se quedara, era un tanto absurdo que siguieran llamándolo de esa forma, normalmente le daba lo mismo las formalidades pero comenzaban a cansarle.
Hinata sonrió y asintió hacia él a modo de agradecimiento por haber dado esa autorización. Y por sobre todo porque eso demostraba que los consideraba para dirigirse a él más familiaridad
—Sasuke-san—dijo con mal disimulada alegría.
El joven notó aquello pero no dijo nada, tomó algo de líquido y siguió "concentrado" en su comida.
La joven siguió hablando.
—Bueno... Sasuke-san...
Miro el plato de su comida y jugó con los palillos, los recuerdos comenzaron a llegar a ella.
—Cuando tenía 5 años, los clanes tuvieron una reunión muy importante en los territorios Uchiha, mi padre estaba en un salón con el líder del clan Uchiha, el padre de Sasuke-san.
Hizo una pausa, observó a su hijo muy atento a sus palabras mientras movía su boquita evidenciando su masticar. Sonrió y miró a Uchiha que continuaba ingiriendo los alimentos a ojos cerrados.
—Las mujeres no suelen acompañar en las reuniones así que mi madre cuidaba de mí; caminábamos por uno de los jardines de los territorios. Recuerdo las flores, sus aromas, mi madre adoraba las flores.
Sasuke levantó la vista hacia ella, esta vez fijó más su atención en ella, casi tan insistentemente como el niño que estaba sentado a su lado.
—En ese mismo lugar había una mujer muy bella sentada al pie de un árbol con un pequeño niño, la mujer estaba tarareando una melodía muy hermosa, la misma que mi madre solía tararear. Mi madre me llevo hacia ellos, esa mujer fue muy amable conmigo, era una gran amiga de mi madre.
Sasuke dejó de masticar.
—Tomamos asiento con ellos, tomó mi mano y después, puso a su hijo frente a mí, pelinegro, con ojos alegres. Ese niño era... Sasuke-san.
Saliendo de su relato, pudo notar la expresión del joven, no sabía si estaba molesto, desconcertado o ambas cosas, sabía que no debía hablar más de eso y cortó su historia.
—C-creo que ese fue el momento cuando conocí a Sasuke-san.
—¿Así que son amigos desde pequeños kaa-chan?
—En realidad... Nunca volví a hablar con Sasuke-san después de eso— sonrió amablemente y siguió comiendo.
Todos quedaron en silencio, en el interior del pequeño nacían muchas preguntas. Pero se encogió de hombros y siguió con su comida. Los adultos eran extraños.
El joven arrugó un tanto el entrecejo, no recordaba que ese hubiera sido el momento exacto de conocerse, era bastante normal que los clanes se reunieran pero ese momento, por una razón no estaba entre sus memorias. No recordaba que su madre tarareara una canción, pero cuando la chica mencionó aquello algo dentro de él se alteró.
Aún más extrañado siguió degustando la comida.
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La ingesta de alimentos continuo con "normalidad" el pequeño seguía contándole a Sasuke mil y un cosas que no le parecían sobre la academia, decía que tardaban demasiado en enseñarles las cosas importantes, que todo era demasiado sencillo.
El pequeño presumía de su talento sin darse cuenta, le recordaba un poco a él cuando era más joven. El pelinegro le prestaba parcial atención, entre todos los estúpidos pensamientos, las sensaciones, el sabor de la comida. Sin duda era de los días más extraños de toda su jodida y asquerosa vida.
Observo que la muchacha apenas comió, seguía pálida y eso le hizo chasquear.
Hinata sonreía, no tenía idea de por qué lo hacía, estaba seguro de que su día iba fatal pero sonreía. Sin duda alguna esa muchacha era extremadamente rara.
Lo observó comer como seguramente nadie nunca lo había hecho, llevaba ya más de 5 onigiris, había casi terminado con su sopa y carne. Y aún no daba señales de estar lleno o al menos satisfecho, aquello le hizo feliz, por primera vez en mucho tiempo la comida se acabaría. Pues había alguien que por fin los acompañaba en la mesa...
Sin darse cuenta sonrió aún más, no era consciente de que Las acciones del joven lograban alejar de una manera increíblemente efectiva el dolor y la angustia.
Todos terminaron, los platos quedaron vacíos y las raciones estaban agotadas, Boruto se dio cuenta de que por primera vez no había comida sobrante. Hinata siempre cocinaba raciones para tres personas con la esperanza de que cierto rubio apareciera.
Al pequeño le recorrió la felicidad, su madre sonreía, Uchiha se veía no tan de mal humor y él, se sentía más que afortunado.
—Gracias por la comida— Habló Sasuke a la vez que se levantaba.
Boruto lo imitó y se sintió angustiado, no quería que se fuera.
Hinata asintió amable, aunque la seriedad se apoderó de su rostro ante la obviedad de que el joven se retiraría. Al igual que su hijo no quería que se retirara tan prontamente.
Pasó un momento y sacudió la cabeza, por supuesto que no podía quedarse ahí todo el día…
Estiro los brazos para recoger los trastos utilizados, en consecuencia las mangas largas de sus ropas se recogieron, dejando a la vista sus muñecas.
Sasuke observó distraídamente sus acciones, fijó la vista en sus manos, y ocurrió. Seriamente observo sus muy amoratadas muñecas. Algo dentro de él se retorció. Después de mirar sus muñecas observó severamente a la joven, ella se dio cuenta de las marcas en sus manos, su frente se arrugo con angustia, corrió a la cocina antes de que su hijo notara esas terribles marcas y para evitar la mirada del pelinegro.
El Uchiha cerró los puños involuntariamente, sabía que Naruto era un idiota pero nunca imaginó que sería capaz de aquello.
Boruto junto sus manitas frente a él, ajeno a todo lo que ocurría entre su maestro y su madre habló.
—S-Sasuke-sama, ¿tiene que irse ya?
La infantil voz acaparó su atención. El joven no dijo nada simplemente siguió en sus pensamientos mirando hacia donde la chica había huído.
Se repetía que no le interesaba, pero ver aquellas marcas le dijo que la situación de aquellas dos personas con el rubio no era la mejor ni de lo más normal.
Apretó los puños y se enfureció ¿por qué se entrometía tanto en aquello?
Sintió vergüenza, el hecho de que Sasuke viera una evidencia así, no le causaba comodidad alguna. Se sentía idiota y una mujer inútil, despreciada.
Se dio un momento para no descontrolarse nuevamente y volvió al comedor.
El joven pelinegro seguía parado, su hijo revoloteaba a su alrededor pidiéndole que no se marchara. A su hijo le agradaba demasiado Sasuke Uchiha.
Se encamino con la mirada gacha a su hijo y lo tomó de la mano.
—Sasuke-san seguramente tiene otras cosas que hacer Boru-chan. No puede quedarse todo el día aquí.
Explico amable al pequeño.
—Pero Kaa-chan... —Dijo triste el menor.
—Mañana entrenarán nuevamente, Boruto.
Uchiha se les quedó mirando a ambos, el niño lo miraba como cachorro moribundo, ella evitaba hacer contacto con sus ojos, sabía que estaba huyendo de su mirar y afiló la vista. La observó tomar su mano contraria a la altura de las muñecas, frunció el ceño y les dio la espalda.
—Nos vemos.
Fue lo único que pronuncio el joven antes de tomar su capa, y salir de aquella casa.
Boruto bajo el ánimo un poco, pero no dejó que eso le afectara sonrió ampliamente hacia la puerta y con voz alegre y un suspiro giró hacia su madre.
—Sasuke-sama es increíble...
La mujer asintió dándole la razón, se sentía exactamente igual que su pequeño respecto al joven, sabía que era una persona increíble, por sus acciones, por su ayuda, por su amabilidad, por su discreción y ser tan reservado, por no cuestionarla acerca de esas horribles marcas.
Suspiró, sí… Sasuke Uchiha era increíble.
Caminaba rápidamente por el sendero, mientras más se alejaba más molesto se sentía, había sido un día estúpido, una situación absurda. Recordaba cada detalle de lo que había pasado con el niño y con esa chica, se había sentido incómodo, estúpido, extrañado, eran demasiado cosas absurdas las que sentía.
Con los puños apretados seguía con su andar, golpeaba árboles de vez en vez, haciéndolos temblar y haciendo volar a las aves posadas en sus ramas.
De algún modo debía sacar su frustración, se decía que no le interesaba lo que pasara con esa chica, no le importaba para nada.
—Mierda…—pronunció entre dientes, no podía sacarse de la maldita cabeza esas marcas. Lo único que podía hacer era repetirse que no le interesaba, no le importaba, no le incumbía.
Un hormigueo de pura molestia le recorría todo el cuerpo.
El joven iba tan concentrado en su irritación que no notó que se dirigía muy molesto y a pasos rápidos hacia la oficina de Naruto Uzumaki…
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N/A. He vuelto con este capi que espero les haya gustado, les dos miles y miles de gracias por su paciencia. Sé que no hay excusa para dejarlos y AH! Como siempre desde el fondo de mi kokoro les agradezco su apoyo, esta historia no sería nada sin su apoyo mis queridos. Espero en verdad lo hayan disfrutado, cada vez se pone más intenso XD nuestro sensual Uchiha cada vez se va metiendo más en esto y a que no saben lo que les tengo para el próximo capi, les doy el beneficio de la duda. ;D esto es como otra pequeñísima ración de SH. Espero les haya gustado.
Pd. Amo a Boruto. :p
Hasta pronto y nos leemos, sus reviews me hacen taaaaan feliz, me inspiran y me hacen regresar, son increíbles.
