Bella miró cómo la puerta de entrada de casa se abrió. Tras ella aparecieron Edward y Alice, que acababan de regresar del colegio. La pequeña corrió hacia ella en busca de darle un caluroso saludo, mientras que Edward no dijo absolutamente nada y fue a sentarse al comedor.

—En cuanto pueda nos iremos de aquí, ¿de acuerdo, Bella? No queremos ser demasiada molestia para ti —murmuró el chico, pausado. Bella no contestó; solo suspiró con incomodidad. No quería que se fueran de allí pero tampoco iba a forzarlo a hacerle caso. Lo que debía era demostrarle que detrás de la primera impresión que tuvieron en el bar había más cosas y aquello, por supuesto, era un propósito más que complicado.

—Podéis quedaros el tiempo que queráis. Me gusta estar acompañada —repuso finalmente Bella y, después, abrazó a Alice.

—A nosotros también nos gusta estar aquí, pero considero que es mejor que sigas con tu vida. A fin de cuentas solo somos una carga.

Alice miró hacia su hermano sin entender del todo a lo que se estaba refiriendo. Ella era incapaz de verse a sí misma y a él como una carga. Eran personas. ¿Podrían las personas ser cargas? Una persona era una persona y estaba bien ayudarse mutuamente. Bella los ayudaba porque era lo que tenía que hacer y porque les quería.

—No te entiendo, Edward —intervino la pequeña sin poder evitar morderse la lengua—. La gente que te quiere se preocupa por ti; te ayuda. Bella nos ayuda y es feliz ayudándonos, ¿cierto?

Bella asintió reticente.


—Quiero ir a por mis colores de madera. ¿Me llevas a casa de mamá, Bella? —Bella miró a la pequeña con un debate interno. No le parecía bien que viera a su madre en aquellos momentos pero tampoco quería dejarla sin la mayoría de cosas. Cuando se fueron de allí no pudieron coger toda la ropa y el resto pertenencias. Aquello tampoco estaba bien.

—No quiero que veas a mamá ahora, Alice —repuso Edward, que acababa de salir del cuarto de baño—, y tampoco me apetece verla a mí. Tenemos que ir a por nuestras cosas pero aun así...

—Podéis quedaros el tiempo que queráis —intervino Bella, ansiosa—. Edward, me gusta que estéis aquí conmigo y me hagáis compañía.

El chico le lanzó una mirada abrasadora con sus intimidantes ojos verdes. En aquellos instantes estaba contemplando a un bosque húmedo y bañado de rocío y, sin saber por qué, quiso llorar. Edward, quien pensaba que la gente solo veía en él su aspecto, la miraba con sus ojos verdes como tratando de decirle «No quiero tu misericordia» y Bella tenía ganas de que su marrón fuera tan enigmático como aquel madreselva para contestarle con una mirada que dejara al muchacho sin dudas sobre ella. Aquellas palabras le que dijo en la ducha la terminaron llevando a suponer que tal vez aunque su primera impresión sobre ella estuviera relacionada con el dinero había sido capaz de encontrar algo más. La buscó, estuvo a su lado, y en aquellos instantes, con las cosas tensas por la idea errónea que tenía de que Bella solo lo apreciaba por su físico, quería alejarse de su halo y no ser una molestia.

No quería su misericordia y aquello era sinónimo de no querer su dinero. No busco el dinero de ti porque encontré algo más a parte de tu cartera y ahora estoy herido porque pienso que en cambio tú solo ves en mí mi aspecto. No solo soy guapo, Bella, quiso decirle Edward. Pero aun así no abrió la boca y solo la miró con la madreselva de sus ojos como si tratara de forjar aquel mensaje en la mente de Bella. Y lo extraordinario de aquello era que lo había conseguido.

—Si me das permiso puedo ir yo a por vuestra ropa —musitó Bella, y clavó sus ojos en el suelo. Edward se acercó hacia ella y la estrechó entre sus brazos como si hubiera leído su pena. Pensó durante unos instantes que tal vez le merecía la pena que lo quisiera, aunque fuera solo por su físico. De hecho era la primera vez que su aspecto le daba algo bueno y no tenía por qué renunciar a ello. Quiso ponerse a llorar también, como Bella. Pero ninguno de los dos lo hizo. Alice fijó su vista ellos dos abrazados y se sintió triste, aun sin comprender la escena. Instantes después se separaron y Edward le tendió unas llaves.

—Voy a mandarte a por nuestras cosas para que veas que confío en ti. Sobre esta hora mamá no está, así que supongo que no pasa nada porque vayas a por ellas. Yo me quedaré aquí con Alice haciendo los deberes porque en parte creo que no nos hace bien entrar en esa casa. Espero que lo entiendas. —Bella solo asintió.


Cuando llegó a la casa se encontró con las luces apagadas, así que supuso que no había nadie. Abrió la puerta y se encontró con lo que fue el interior de una casa. Los muebles estaban tirados por el suelo; algunos rotos, otros un poco calcinados. Había prendas de ropa por el suelo y rayas de pintalabios por las paredes. En algunas zonas del suelo había líquido pegajoso con olor a bebida y en otras zonas papeles rotos sin ningún tipo de orden. Olía a cerrado, comida y algo más.

Bella se mantuvo en la entrada sin moverse hasta que escuchó un golpe seco en el piso de arriba. Sus pies temblaron pero no vaciló en entrar. Procuró moverse sin hacer ruido hasta llegar a su destino, donde se encontró con una mujer tirada sobre un colchón roto. Tenía el cabello sucio y castaño claro y la ropa arrugada y sucia, también. Su cara estaba sonrojada por la tristeza e inconsciencia que daba la bebida. Bella tragó saliva y retrocedió.

—El mundo es una canción de la que nos hemos olvidado de la letra —susurró Elisabeth despacio. Entre sus manos sostenía un folio del que estaba leyendo. Después, lo tiró al suelo y se rio derramando lágrimas. Bella supo al instante que lo vio que aquello era una pena demasiado pesada como para afrontarla siendo alguien triste.

Elisabeth se incorporó y fijó la vista en Bella. Fue entonces cuando los ojos marrones de la madre de Edward hicieron lo que le hacía Edward siempre. Le dijeron cosas sin decirlo y las ganas de llorar de Bella se hicieron demasiado fuertes. Estoy triste, quisieron decirle aquellos ojos, he perdido a todo el mundo por estar triste. Pero aun así no puedo evitar actuar de esta forma. Ayúdame.


Perdí el esquema de la historia y no me acuerdo de la mayoría de cosas que tenía planeadas para que pasaran. He tenido que elaborar uno nuevo y la verdad es que no me gusta cómo me ha quedado. Sé que no os merecéis un capítulo tal corto y tan mediocre pero ahora mismo soy incapaz de ofreceros algo mejor. La universidad me consume tantas horas que no os podéis haceros a la idea: lo siento :/

Gracias por los reviwes a Tata XOXO, Danperjaz, Hermi-SsS y Mari. Sois amor (L)

Aprovecho esta nota de autor para decirle a Mari, que el fic A través de ti nació como una idea para una historia larga pero que no voy a desarrollar ahora mismo por falta de tiempo: la universidad no me permite tener mucho ocio. Crónica de estocolmo dejé de actualizarla porque no me gustó cómo me quedó y planeé reescribirla. Estos días veré si la continúo o no.

Ah, y otra cosa. Mari, cielo, ¿por qué no te creas cuenta en la web? Así podrías dejarme los reviews como un usuario y te podría contestar sin la necesidad de usar una nota de autor xD. Sino también puedes agregarme al Facebook, Twitter o mandarme un e-mail. Tienes los links en mi perfil.

¡Nos leemos!