Capítulo 10
¡Las casualidades no existen!
-¿Hermione?- preguntó un pelirrojo algo cansado y de mal humor.
-¿Si?- contestó la castaña mientras miraba unos vestidos.
-¿Qué te piensas comprar todo el centro comercial?. Tenemos aquí desde por la mañana, y me dijiste que sólo necesitabas comprar unas cosas, y ya me quiero ir, estas bolsas pensan, tengo hambre, y esta noche, va a ser una noche ajetreada, asi que por favor¡PUEDES AVANZAR QUE NO TENGO TODO EL DÍA!.
-Si, cálmate.- dijo algo sobresaltada.- Contra, si que pierdes la paciencia rápido, ya nos vamos, dejame pagar este vestido, y nos vamos a comer, a ver si cambias de humor.
-¿Qué pierdo la paciencia rápido?, la perdí hace tres horas cuando entramos por primera vez a esta tienda, duras una hora y media mirando vestidos y midientelos, para luego no comprar ninguno, y cuando por fin nos vamos¡te pones a mirar más vestidos!. Y todavía tiene el descaro de decirme que pierdo la paciencia fácilmente!.
Draco viró como Mariangel le había indicado, sabía que algo tramaba, ella no se iba a quedar así, no claro que no. Ginny era su amiga, su mejor amiga, habían pasado por muchas cosas juntas, incluso cuando todos pensaban mal de ella, ella siguió firme con su amistad, y cuando Mariangel se fue a Italia, a completar su carrera, nunca la sintió lejos, porque estaba muy cerquita de ella, en su corazón.
-Mariangel, sé que estás enojada, pero eso te hace mucho daño en tu estado, así que sácate lo que tengas en mente, y vamos a otro restaurante, sabes que no puedes saltarte comidas.- expresó el rubio con sutileza.
-¿Enojada?. No, estoy indignada, siento que esa bajeza que acaba de hacer Harry me la han hecho a mi. Ginny es mi mejor amiga, y me siento mal, al ver como ella ha idealizado al rajado ese, y él la traiciona a pasos de su boda. Hoy, justamente hoy, que es la última cena oficial antes de la boda.
-Si, yo lo sé. Potter tiene que arreglar sus prioridades, porque Cho es...- pero se rectificó, el viejo Draco, era él que hablaba mal de las mujeres, este no.- Cho no es una buena mujer para él.
-Exactamente.
-Mariangel¿adónde nos dirigimos?.- preguntó confundido.
-Dobla aquí, ya verás.- Al ex mortífago no le hacía nada de gracia, el no saber donde dirigirse, pero cuando dobló y vió a donde se dirigían se calmó. Entraron al centro comercial, Draco imaginó que ya se había calmado, y que iban a comer allí y quizás comprar cosas de sus bebés. Pero que equivocado estaba, parecía que no la conociese...
-Ya nos vamos- dijo la castaña que salía con su vestido en una bolsa doblado.
-¡Por fin!. Te digo, nunca, nunca, N-U-N-C-A vuelvo a salir contigo "a comprar unas cosas" ¿oíste?, mejor que me avada kedavren...- exclamó Ron enojado.
-¿Qué te avada qué...?
-¡Que me hechen una maldición!- dijo como si fuera obvio.
-Bueno vamos a ir a comer.
-¡La segunda cosa buena que dices en este día!- exclamó.
-¿Y cuál fue la primera?- preguntó confundida.
-Cuando dijiste "Nos vamos".- Los dos se encaminaron hacía el área de comida.
-Mariangel, el área de comer está para ese lado, si es lo que estás buscando.- dijo el rubio confundido.
-Sí, yo sé, pero no vamos a ir al área de comer, sino, que quiero comprarte un traje de gala... Ésta noche vamos a salir, y quiero que te veas lo mejor posible.- dijo mientras caminaba para el sitio que estaba buscando.
-Primero ¿A dónde vamos a ir ésta noche?. Segundo¿Desde cuándo acá una mujer le compra algo a Draco Malfoy?. Y tercero, yo siempre me veo bien...- dijo sonriendole a la morena.
-Adónde vamos, ya lo sabrás a su tiempo, y como quieras, si el gran descendiente de la dinastía de sangre limpias desea comprarse su traje de gala, no hay problema y en lo de que siempre te ves, bien, bueno, no puedo llevarte la contraria.- dijo pícaronamente.
Entraron a una tienda muggle de trajes de gala, a Draco no le hizo mucha gracia, pero ¿quién le dice que no, a esa mujer tan testaruda?. Se midió un par, hasta que Mariangel dijo que el último era el mejor. En ese momento Ron y Hermione terminaban de comer, y se dirigían hacía la sálida cuando, Hermione dijo:
-Esperame, Ron no te vayas a enojar pero necesito comprarme unos aretes, para el vestido, es algo rápido, rápido.- Casi suplicando.
-Está bien.- El pelirrojo ya no gruñía tanto, porque había comido, y eso era que lo tenía en parte de mal humor, pero que conste que no le hacía nada de gracia, volver a sumergirse otra vez en las tiendas, cuando estaba a un paso de la puerta. Entraron a una joyería, llamada Esquivel.
-Bueno Draco, ya compramos el traje.- dijo Mariangel saliendo, mientras él cargaba con este.
-¿Y tú no vas a comprarte un vestido?- preguntó.
-No, yo ya tengo uno. Lo que si necesito son unos zapatos y unos aretes que le convinen.
-Bueno, pues caminemos. Que yo conozco una buena joyería.- Caminaron un poco, y se encontraron con la joyería, que estaba al lado de una tienda de zapatos. -Mira Mariangel, este es Esquivel.- Cuando iban a entrar, Mariangel vió en la vitrina los más hermosos zapatos del mundo. Y se fue tan rápido como una barriga de nueve meses le permitió.
-¡Mujeres!- Exclamó Draco, y la siguió. Se acercó a un señor, que parecía ser el dueño, un hombre canoso, y de baja estatura, pero que se veía que en sus días había sido muy guapo, Mariangel le pidió que le buscara el zapato de la vitrina en su medida. Mientras esperaban, los dos se sentaron en unos asientos, que les hacían darle la espalda a la puerta. El señor volvió con los zapatos.
-Bueno aquí están los zapatos que pidió. -dijo entregándoselos.- ¿Necesita ayuda?.
-No, gracias.- dijo de inmediato Draco. -Yo la ayudo.
-Draco...-susurró la morena. El hombre desapareció inmediatamente, por unas cortinas, sólo se le volvió a ver al salir minutos después, al parecer a atender un cliente. El rubio le midió los zapatos, y le quedaban perfectos. -¡Draco me pateó¡Me pateó!.
-¿De verdad?. -Se arrodilló otra vez, y pusó las manos en su vientre.-No siento nada.
-Espera, que se movió por acá.
-¡Se movió¡Se movió!-. A Draco casi se le aguaron los ojos. Lleno de emoción abrazó a Mariangel.
-¿Draco?. ¿Estás...estás llorando?.- dijo Mariangel que no lo podía creer.
-¡Pues claro que no!.
-Pasen por acá y enseguida les traigo sus zapatos.- decía el señor.
-¿Draco?.-dijo una voz detrás de ellos. Los dos dejaron de abrazarse para ver quién llamaba al rubio.
Eran... Eran Ron y Hermione.
