El resto ya se lo saben…

Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi


Capítulo 9

-Ukyo Kuonji-

-¡Qué demonios haces!- le grito abriendo la ventana en un rápido movimiento.

Sonríe animado, es evidente que para él esto es una travesura.

-¿Puedo pasar?- se gira quedando en cuclillas frente a mí.

-¿Cómo sabías donde encontrarme?

-Tengo una compañía de seguridad Akane, sé cómo seguir a la gente sin ser visto.

-¿Me seguiste?

-Prefiero no responder a lo obvio ¿Me dejas pasar?

-Pues no, buenas noches señor Saotome- le digo tomando el cristal de la ventana para cerrarlo pero cuando lo hago escucho su voz en mi oído justo tras de mí.

-Entonces si no me dejas pasar tendré que entrar a la fuerza- me susurra y yo me giro aterrada.

-¡Sal ahora mismo!

-¿Señorita Tendo?- me mira extrañado -¿Es acaso su actitud mal humorada por causa de mi atrevimiento de venir a visitarla tan tarde para darle una sorpresa?

-¡Vete!- le grito seriamente.

La verdad es que por dentro me alegra mucho que esté ahí pero mi lado racional está ganando la batalla y quiero que se largue, que me deje en paz. ¿Qué más quiere de mí? Me siento como una idiota porque hace menos de 24 horas estaba dispuesta a entregarme a él y ahora parece que no soporto su presencia.

Me mira con el entrecejo fruncido y se acerca colocando ambas manos en mis brazos.

-¿Qué ha pasado?- pregunta -¿qué te hice para que ahora me trates así?

-Déjame, ya te he pedido que te marches- no puedo enfrentarlo, giro el rostro un poco de lado.

-¡Dímelo!- me exige en un grito que me hace pegar un brinco -¡Qué ha sucedido! ¿Fue ese prometido tuyo?

-Me haces daño- no miento, me está apretujando los brazos con los dedos. ¿Se está dando cuenta?

-No te entiendo, ayer estabas muy dispuesta a dejar que te cogiera, incluso a sabiendas de que yo no solo quería hacerlo así, sino que quiero darte todo de mí, mi alma, mi corazón, mi razón… ¿y ahora? ¿Qué ha sucedido Akane?

Me tiembla el cuerpo, estoy a punto de quebrar en llanto por sus tratos, así que levanto la cara que me arde del coraje y le grito fuerte y claro lo que mi cabeza me dicta -¡Estoy celosa! ¿Sí? ¡No soporto que otra te este mimando y peor aún no soporto que te portes así de cariñoso con otra que no sea yo!

La sangre me hierve por debajo de la piel, estoy furiosa más por mi confesión porque es algo que ni yo sabía llevaba guardada en el fondo de mi razón.

Estoy furiosa por su silencio.

Por su cara de sorpresa.

Por su distanciamiento.

Porque parece como si lo que le he dicho fuese veneno puro del cual tiene que alejarse.

Es curioso, las lágrimas que se apresuraban por salir han detenido su curso y ahora estoy en paz conmigo. Me dejo caer al suelo y alzo las manos para cubrirme el rostro.

Silencio aún.

Silencio todavía.

Y de pronto una carcajada que parece romper el orden natural de la escena.

-¡Celos!- me dice de frente, se ha sentado justo delante de mí con las piernas cruzadas. Trata de sacarme de mi escondite tomando con delicadeza mis manos para verme el rostro. -¿Celos?- pregunta dulce mostrando una sonrisa triunfante.

Yo me estoy mordiendo el labio para no decir nada, lo veo con vergüenza.

-¿Celos?- vuelve a cuestionar y yo asiento bajando la vista en el proceso.

Me alza el rostro con cuidado tomando mi barbilla con una mano.

-¿De qué? ¿Acaso no te he dicho ya que solo tú me interesas?- su voz es suave, tranquilizadora, todo lo opuesto a los gritos de antes.

Yo lo miro directo a los ojos. ¿He dicho ya que adoro el azul de sus ojos? Es dueño de la mirada más hermosa que jamás haya visto. Es un placer perderme ahí y descubrir nuevas tramas de color dentro de sus iris.

-¿Por qué estás aquí y no en el departamento de tu prometido?- me pregunta con curiosidad.

-Decisión propia.

-Mmm… ya veo. ¿Puedo hacerte compañía?

-¿Qué es lo que necesitas de mí con urgencia tal que te trae a estas horas de la mañana a mi casa?

-Después de anoche no puedo dormir si no te tengo cerca.

-Anoche- respondo como si me hablara de otra época distante.

-Estabas en mis brazos.

-Ranma, no creo que tenga mucha importancia ya.

-Se equivoca señorita Tendo, para mí sí lo es. Te dije que no sé qué tan capaz sea de controlar mis actos pero dormir anoche contigo fue simplemente mejor que el sexo- ríe.

-Solo por qué piensas que me harás daño, ¿no?

-Es porque estás comprometida, tú misma lo has dicho. No quiero ser un conflicto mayor de lo que ya debo ser y sobre todo no quiero arrastrarte a mi venganza.

-¿Sigues con esa idea?

-Sí- desvía la mirada.

-Entiendo.

Ambos nos quedamos en silencio un momento, mirando cualquier cosa menos al otro.

-¿Puedo saber ya de que te has sentido celosa? ¿Qué falta cometí para hacerte sentir así?- me pregunta de repente acariciando con timidez las yemas de mis dedos.

-No, es demasiado vergonzoso.

-Anda dime, me pides confianza y tú ya no quieres darme la tuya.

-Eso era antes.

-Antes… ¿en la mañana? ¿ayer? ¿hace un par de horas?

-Déjalo ya.

-Adivinaré entonces- se acomoda hacia atrás y apoya ambas manos sobre el suelo. Seguimos ahí, en el piso, cruzados de piernas, en la obscuridad de la madrugada –mmm… aunque creo saber exactamente el motivo.

-Te he dicho que lo dejes ya, haz de cuenta que no he dicho nada.

-Si algo he aprendido de las mujeres es que todo lo que digan cuando están molestas es la inversa de lo que sienten.

-Seguro debes haber estado con muchas mujeres para llegar a tal teoría entonces.

-Algunas, no puedo quejarme.

Me quedo en silencio y el vuelve a reír.

-Me encanta que te pongas celosa, eso demuestra que me quieres.

-Yo no dije tal cosa, que me gustas tal vez, pero el cariño es otro tema muy diferente.

-Tienes toda la razón, por eso mismo no te he cogido ya aquí y no sabes las ganas que te tengo en este instante- suelta las últimas palabras pausadamente con voz ronca, acercándose a mí acariciando mis piernas.

-Pues hazlo, cógeme y acabemos con esto.

Me jala de un tobillo y en un movimiento rápido ya lo tengo encima de mí, yo he quedado horizontal con la espalda sobre el suelo.

-Eso no es lo que quieres realmente- me dice acercando su boca a mi cuello pero sin tocarlo, siento su aliento sobre mi piel y arde. Cierro los ojos porque es placentero y excitante.

-Te dije que eso es lo que quiero- se me ahoga la voz al final, está muy cerca, demasiado. Puedo sentir el peso de su cuerpo sobre mí.

-No, no lo es. ¿Qué chiste tendría un simple acoston que aplaque este calor que sentimos si en cambio esperamos lo suficiente para arder y consumirnos en pasión?

Trago saliva, sigo con los ojos cerrados. Él no dice nada, solo se mueve pausada y calculadoramente sobre mí sin tocarme.

-Señorita Tendo creo que la he dejado muda y eso es difícil en usted.

No puedo evitarlo, una risita tonta sale de mis labios y abro los ojos. Ahora me está mirando fascinado.

-Eres tan hermosa.

Yo me sonrojo.

-Pareces una diosa.

-¿Parezco?

-Una diosa con pechos planos, por cierto.

-Jajaja ¿qué clase de cumplido es ese?

-A mi me encantan, son perfectos y seguro deben ser deliciosos- dice esto último tomando con una mano uno de mis senos.

Abro los ojos sorprendida y él solo ríe, una risa ligera y breve. Luego quita la mano y pasa el dorso sobre mi mejilla.

-¿Tiene fiebre señorita Tendo?- pregunta divertido y yo niego aceleradamente con la cabeza.

-Es tarde- susurro.

-Sí, lo es- responde en un susurro también.

-Debería dormir.

-Sí, debería.

Sigue mirándome, me siento vulnerable. Me come con la vista.

-Bueno…- trato de hablar con dificultades de por medio, él sigue encima de mí sin intenciones de moverse –creo que mejor te vas.

-Aún no hemos aclarado lo de tus celos.

-Por favor- le ruego –olvida que te lo he dicho.

-¿Olvidarlo? Pero si me fascina escuchar esa clase de palabras. Aunque también otros sonidos que pudieran salir de esta deliciosa boca me provocarían más- toca con las yemas de los dedos mis labios entre abiertos y es que la respiración se me ha ido.

-Por favor- le vuelvo a rogar, pero esta vez mi suplica es distinta.

En un acto reflejo alzo las caderas.

-No señorita Tendo, le he dicho que hoy solo quiero pasar la noche admirándola o charlando, si lo prefiere.

-Entonces dime qué relación tienes con la sous chef Kuonji.

Ladea la cabeza y me mira a los ojos con interrogación, alza un poco el torso para despegarse de mí y apoya ambas manos a mis lados para levantarse.

-¿Ukyo?

-¡Aja!

-¿De ella estas celosa?

-¿Qué creías?

-Pues que te habías molestado que no te había llamado en todo el día y que luego nos topamos en la entrada, pensé…

-¿Qué?

-¿Qué te había molestado que había tenido tiempo para alguien más y no para llamarte?

-¿Te parece eso peor que la forma como te manoseabas con la sous chef?

-Es que no ha sido una manoseada, solo nos estábamos saludando. La conozco desde que éramos dos infantes que apenas nos poníamos en pie. Además es la mejor amiga de Ranko.

-Y eso te da derecho a ser tan cariñoso, ya entiendo.

Pongo las manos sobre su pecho y lo empujo para quitarlo de encima, se mueve de mala gana y me levanto del suelo.

-Akane, no es lo que piensas.

-¿Entonces? Solo amigos ¿no?

-Solo somos amigos- sonríe desde el suelo y luego agacha la cabeza lanzando un suspiro –y… ex prometidos.

Me cruzo de brazos –deja de burlarte de mí ¿quieres?

-Es verdad- levanta la vista serio y yo me siento a su lado –mi padre era fanático de estar comprometiéndome a cambio de favores.

-¿Cuántas prometidas tienes?

-Oficialmente solo una, mi difunta esposa- toma una de mis manos y acaricia mis dedos –extra oficial supongo que más de una, Ukyo es de la que yo me enteré. Pero es que ella fue mi primera prometida, solo que a mi madre no le parecía adecuada para mí. Su familia no proviene de artistas marciales.

-Sí solo has conocido a dos prometidas ¿Por qué dices que tu padre era fanático de comprometerte?- me muerdo los labios, imagino que se sentirá pésimo si le cuento que su padre también pensaba comprometerlo conmigo.

-Por lo que la gente me ha contado y las anécdotas de mi madre- sonríe de medio lado, parece que el recuerdo le es divertido y me tranquiliza saber que no se toma el tema muy enserio.

Suspira y se detiene a analizarme -Es por ella que estabas celosa- afirma más que preguntarme –no tienes de que preocuparte Akane, de verdad nadie me interesa más que tú y cuando yo me propongo un objetivo no hay nada que me detenga.

-Puedo saber porque, si te llevas tan bien con Ukyo, no hiciste hasta lo imposible por casarte con ella.

-Lo sé, lo admito.

Me deja perpleja su respuesta, esperaba algo tipo "porque es como mi hermana"

-Ukyo y yo nos conocemos de siempre, bueno… desde que tengo memoria. Conocimos a su familia en China y cuando volvimos con mi madre coincidimos a una aldea de distancia- sonríe mirando al frente, juega con los pedacitos de alfombra entre los dedos y yo me acomodo mejor para escuchar la historia.

-Cuando mi madre rompió el compromiso con su padre quedaron en buena relación, de hecho a su padre tampoco le entusiasmaba mucho el que su hija terminara casada con un salvaje violento como yo.

Siempre nos metíamos en líos, Ukyo siempre fue ruda, jugaba como un niño. Pero cuando empezamos a crecer y yo me enteré de mi verdadero compromiso estaba tan molesto que le pedí ayuda.

-¿Qué clase de ayuda?

-Bueno, yo no quería que cosas como mi primer beso o la primera vez que estuviese con una mujer fueran con una completa extraña. Hasta entonces Kaori era solo eso para mí, ni siquiera sabía su nombre.

-Entonces…

-Si la pregunta que te estás imaginando es sí Ukyo fue la primera en todo para mí no te torturaré más. La respuesta es sí.

-Y ella no… ¿no quiso jamás más? ¿Tú no quisiste más de ella tampoco?

-Nuestra relación fue complicada. Yo la amo pero no de esa forma pasional como se ama a una mujer, sabe demasiado de mí, es como mi mejor amigo. Incluso más que Ryoga.

-¿Ella sabe lo de tu venganza?

-Sí, lo sabe.

-¿Por eso trabaja con el socio de mi padre? ¿Para acercarse a mi familia?

-Eso no, es tema independiente. Sabe lo que ocurrió pero no sabe quién es el dueño.

-¿Y jamás ha querido averiguarlo? Me parece demasiado simple para creerlo.

-No es simple, es solo un trato que tenemos ella y yo. Solo se involucra en lo que yo le cuento y no llega más allá. Lo mismo va para mí.

-Disculpa que lo pregunte pero, me parece muy curioso que justo que has llegado tú ella acabe de trasladarse.

-¿Por qué quieres buscar donde no hay nada? Es una mera coincidencia, ella es la mejor Chef de Hong Kong y quiso probar suerte en Japón. Su ex novio es conocido del chef que la trajo al país.

-Creer en tu historia, en todo lo que me cuentas supone un acto enorme de fe.

-¿Y no la tienes?

-No sé si deba tenerla- me levanto, todo el cuerpo me duele por la tensión –será mejor que te vayas, mañana tengo trabajo y ya son casi las 3 de la mañana.

-Deja que me quede- me pide aún sentado en el piso.

-¿Pretendes dormir conmigo?

-¿No puedo?

-No te entiendo.

-Creo que ya te has dado cuenta que soy un ser complicado, no soy un príncipe que ha venido a rescatarte.

-Jajaja ¿quién te dijo que yo necesitaba ser rescatada?

-Tú.

-¡Jamás!

-No con palabras, sino tu actitud. Te dije que el día que nos topamos fuera del restaurante yo los estaba en realidad vigilando de lejos. Pensé que eras demasiado bonita y seguramente una tonta por estar con el idiota de Ryugen, pero cuando vi la mirada triste que llevabas después de tomar esa fotografía con la mesera me di cuenta que no estabas con él por gusto propio.

Después me entere que les habían comprometido, creí que esa clase de cosas ya no le pasaban a la gente de forma común, que solo a mí me había pasado esa mala jugada del destino.

-¿Tu compromiso fue una mala jugada?

-Al principio, cuando no la conocía.

-Yo…- me quedo callada, no sé si debería preguntarle esto que taladra mis pensamientos y mi corazón por igual.

-Anda, pregunta lo que quieras, te dije que me interesas y no quiero tenerte en penumbras.

-¿La amabas?

Yo sigo de pie y su prolongado silencio me obliga a sentarme en la orilla de la cama. Él se levanta y se sienta junto a mí, luego me abraza de lado pasando un brazo alrededor del mío, presionándome contra su pecho.

-Sí- responde y su voz hace eco sobre mi cabeza, ha pegado su mentón por encima de mí y siento un tierno beso en el límite de mi frente con el cuero cabelludo –sí la llegue a amar, pero aún así no había sentido jamás esto que siento cuando te tengo cerca.

-¿Qué es lo que sientes?- pregunto de forma consentida, me gusta ser mimada así. Shinnosuke raras veces me abraza.

-Jajaja no, no voy a inflar más su ego señorita Tendo- ríe apresándome más contra él –además creo que esta charla se debe terminar ¿no tenía sueño?

-¿Quién le ha dicho que podrá quedarse aquí en mi cama señor Saotome?

-¿Se está vengando?

-Yo no soy de esa clase de personas.

-¿Quiéres que duerma en la sala? ¿Cómo un matrimonio que ha peleado?

-No, tampoco. Si viviera sola tal vez pero como vive también aquí mi hermana no me gustaría que te viera y llamara a la policía.

-No quiero irme- se levanta y se coloca frente a mí.

-No dije que tenías que irte- espero a que se acerque más y lo detengo poniendo uno de mis pies sobre su abdomen –puedes dormir ahí.

Sigue mi mirada que lo lleva hasta la alfombra que esta junto a mi cama.

-¿Estas segura? Espero que al menos tenga derecho a una almohada y cobija.

-Por supuesto, me escandalizo con la clase de persona que cree soy señor Saotome. Soy una buena anfitriona.

Estiro el brazo por detrás de mi espalda para alcanzar una de las almohadas que tengo.

-Aquí tiene señor Saotome- le doy la almohada y en respuesta se quita mi pie de encima, se acerca rápidamente tomándome por la cintura. Me acerca más a él y me besa en los labios.

Yo cierro los ojos y envuelvo con mis brazos su cuello. Sus labios se abren, forzando a los míos a hacer lo mismo y nuestras lenguas se entretejen. Muevo mis manos para introducir mis dedos entre su cabello, me aprisiona más a su pecho sin soltar su agarre de mi cintura. Necesito aire, pero me es vital seguir con este beso, mucho más que el aire mismo.

-¿Tienes idea de lo que provocas en mí?- pregunta cuando nos separamos para respirar un poco sin alejarnos –Te deseo.

-Y yo quiero ser tuya.

Sonríe sin abrir los ojos, se ve tan apuesto –a pesar de todo lo malo que represento para ti, eso me hace desearte aún más.

-No me tengas lástima.

-No es así, en dado caso tengo lástima por mí, me dejaras con el corazón destrozado si continuó encaprichado contigo.

-Pensé que siempre conseguías lo que querías.

-Sí, siempre. Pero contigo me siento distinto, te he contado mucho de mí ya.

-Sé muy poco de ti.

-Sabes demasiado- me corrige y medito un poco si será verdad.

-La que va a perder más aquí, si permito que algo pase, soy yo. Si te doy fe ciega y confianza.

-Piénsalo entonces- me vuelve a besar, igual de apasionadamente pero más breve –di que no deseas estar conmigo y yo me iré- me aprisiona de nuevo con el beso.

-No…- hago una pausa para atormentarlo y sonrío maliciosa sin dejar de besarlo –no deseo no estar contigo.

-Mi Akane- me abraza con más fuerza y me tumba sobre la cama.

En un acto natural abro las piernas para que pueda acomodarse mejor en el medio de mi ser, alzo una de las dos piernas para enroscarla tras una de sus rodillas y con la otra acerco su cadera a la mía.

-No, basta- me dice tomando mis manos de su cuello y alzándolas por sobre mi cabeza mirándome con seriedad a los ojos –esto no puede pasar, no así, no aquí.

-Te deseo- le digo y me sorprendo de mi franqueza.

-Yo más, créeme- sonríe para calmarme y baja la vista hasta sus partes.

Yo enfoco mis ojos por igual y me suelto a reír al comprobar que esta tan excitado como yo.

-¿Y entonces? ¿Cuál es la espera?- pregunto sin comprender nada, que hombre más recatado. Tal vez soy una pervertida.

-Te he dicho que todo a su tiempo. Vales más para mí que esto.

-No te entiendo.

-No lo hagas, solo quiero que sientas lo mismo que yo.

-¿Crees que no lo hago?

-Espera entonces, valdrá la pena.

-Ahora me siento como la pervertida- me muevo para zafarme de su cuerpo y logro colocarme de rodillas sobre la cama en una esquina apartada de él.

Me mira sorprendido y seguramente con algo de compasión, luego se acerca a mí y coloca su cabeza sobre mi regazo.

-Yo soy mucho más pervertido.

-Sí, seguro lo estas demostrando tan bien como yo- digo irónica y él me ignora acercando su rostro a mi vientre, luego se gira y pega su nariz a mi cuerpo lo escucho inhalar y yo me río -¿qué haces?

-Hueles delicioso.

-Anda ya, ve a dormir- lo empujo con suficiente fuerza para tirarlo de la cama.

El ríe, feliz y contento, como un niño travieso que ha sido cachado en el acto de su travesura. Mientras yo me meto bajo las cobijas y me acomodo para verlo hacer lo mismo en el suelo, a mi lado.

-Tal vez debería poner una barrera de cosas para protegerme de ti- me dice cruzando los brazos por debajo de la almohada de lado mientras me ve con ojos simpáticos.

-¡Ay pero que gracioso! Sube de una buena vez antes de que me arrepienta- le digo abriendo las cobijas de mi cama.

Se levanta de un solo salto y entra abrazándome la cadera.

-Descansa- me susurra al oído.

-Hasta dentro de unas horas- cierro los ojos tratando de conciliar el sueño.

-Señorita Tendo- me llama y vuelvo a abrir los ojos -¿sabe preparar omelettes?

-Señor Saotome ya le he dicho que se arrima a la peor cocinera del mundo.

-Está bien, entonces tendré que enseñarte.

-Imposible, he tomado miles de cursos y no consigo siquiera no quemar el agua.

-No hay imposibles, el que estemos aquí charlando es prueba de ello ¿no cree?

Sonrió ligeramente –descansa- y cierro los ojos.

Puedo escuchar su respiración, sus movimientos para acomodarse a dormir. Adoro el aroma que despide, una mezcla entre cuero e incienso. Me pregunto ¿qué colonia usara? Huele delicioso.

-¿De verdad pensabas matarme?- pregunto dormitando

-Sí.

-¿Y entonces?

-Te vi y supe que te amaba.

Sonrió.

-Borre esa sonrisa de su rostro señorita Tendo.

Me río.

-Duerme ya, es una orden.

-No puedes ordenarme nada.

-Puedo persuadirte de aceptar.

-No, mejor no- bostezo.

-Estas cansada- me besa con dulzura la sien.

-Aja- murmuro y ya, me escabullo a un mundo de ensueño en donde Saotome y yo estamos haciendo el amor toda la noche.


Por la mañana Saotome no solo me prepara el desayuno, sino que prepara el baño y elije la ropa que cree me haría ver perfecta.

Me ayuda a subir las maletas, que tengo en la planta baja, a mi habitación y yo le agradezco que no pregunte nada respecto a estas.

Luego me lleva a la oficina y me promete ser mi acompañante por la tarde para comprar, por fin, un automóvil. He dejado la camioneta de Shinnosuke en su departamento.

-Ten un buen día Akane- me dice justo antes de besarme.

Estamos frente al edificio donde está mi oficina y no me importa si alguien llega a vernos, le correspondo el beso y sonrío cuando comienza a besarme la mandíbula y luego el cuello.

-¿Quiéres cenar esta noche en mi casa?

-Me encantaría.

-Entonces paso por ti en la tarde e iremos a comprar todo para que te cocine ¿Te gustaría eso?

-Sí- vuelvo a besarlo –ten buen día.

Baja rápidamente y me abre la puerta. Me da un breve y casto beso.

Cuando entro al edificio la recepcionista me mira con sorpresa.

-Buenos días- le digo y continúo mi camino como si nada.

-Buenos días señorita Tendo- responde con algo de duda en su tono de voz.

Creo que llegados a este punto no me importan los escándalos.

Llevo un rato trabajando con lo del artículo de la revista, he pedido que me envíen directamente los cambios y creo que en esta ocasión no hay nada que no le parezca a Shinnosuke.

-Akane- es la voz de Hitomi desde la puerta de mi oficina, estoy tan concentrada que no me doy cuenta siquiera de que había entrado.

-¡Ah! Hitomi ¿qué sucede?

-Es tu padre- me mira asustada y yo siento que la sangre se me va a los pies, me levanto de mi asiento y me acerco a ella.

-¿Está bien? ¿Qué ocurre?

-Esta al teléfono- me dice aún con el terror dibujado en su rostro.

-¿Le ha pasado algo?

-No, pero esta… muy molesto, me ha gritado incluso.

-¿Mi padre? ¿Estás segura?

Ahora soy yo la que tiene cara de sorpresa. Me giro y regreso a mi teléfono de escritorio, antes de levantar el auricular Hitomi sale disparada de mi oficina rumbo a su lugar.

-Listo Hitomi- le digo por teléfono y escucho el silencio de la llamada que me está pasando ahora.

-¡Estás demente!- es la voz de mi padre a decibeles que no le reconozco.

-Hola a ti también papá- le señalo calmadamente.

-¿Porqué no me habías informado que el Caballo Salvaje participará en la exhibición? ¿Acaso no te importa la reputación de tu prometido? ¿La reputación de esta empresa?

-Si me importa papá- le interrumpo.

-¿Entonces?

-Papá- comienzo a hablar y tomo aire, debo ser valiente –hay algo que planeaba decirte en persona pero dadas las circunstancias no me queda otra opción.

-¿Qué ocurre Akane?

-Voy a romper el compromiso con Shinnosuke.

-¡Akane! ¿Pero qué tontería estás diciendo?

-No es ninguna tontería, es mi vida de la que estamos hablando y él y yo ya no somos un equipo, ya no siento nada por él y es probable que él tampoco sienta ya nada por mí.

-¿Qué ha ocurrido?

-Nada- miento.

-Akane- se detiene y suspira, creo que esta tratando de no explotar -piensa antes de actuar, por favor. ¿Quieres que regrese a Japón?

-No, papá por favor, no es necesario. Solo… solo te pido tu comprensión, que entiendas esto desde el punto de vista de mi padre y no del hombre de negocios.

-Es que ustedes dos son perfectos. ¿Por qué no puedes verlo? ¿Te ha hecho algo Shinnosuke para que cambies de opinion?

-Éramos papá, éramos perfectos. Ahora perseguimos sueños distintos, nos ocultamos cosas- me muerdo el labio, era tan cierto esto que le decía a mi padre.

-¿Está saliendo con alguien?

-No papá.

-¿Entonces? De verdad no me explico, hace unas semanas estabas muy contenta planeando su boda.

-No estaba contenta, solo planeaba algo que era inevitable. El distanciamiento me ha hecho ver que no somos el uno para el otro.

-Hablas de necedades, estas nerviosa.

-¡No papá! ¡No son necedades! ¿Por qué te niegas a entenderme? Hace meses que comencé a dudarlo y ahora es más claro para mí que Shinnosuke y yo no tenemos un futuro juntos.

-El único futuro seguro que tienes es a su lado Akane.

-¿Porqué dices algo así papá?

-Porque…

-¿Papá?

-Porque la mitad de las acciones de la compañía están a su nombre.

El aire escapa de mis pulmones, el pánico se apodera de mí. Siento que no respiro, que no logro mantenerme en pie, que caigo. De pronto siento un golpe bajo mis rodillas.

-¡Akane!- es la voz de Hitomi que entra corriendo a mi oficina, yo estoy en el suelo y me siento cansada. Cierro los ojos y ya no escucho nada o a nadie.


Yo sé, el panorama se ve fatal para todos pero les prometo que todo en esta historia tiene un porque y lo que sucede es una pieza clave para el desarrollo de la misma.

Para aquellos que sientan que Ukyo solo fue utilizada, tranquilos ya tendrémos su versión de la historia.