Disclaimer: Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajime Isayama.
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LONELY HEARTS CLUB.
By: Maka Kagamine.
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Told myself that you were right for me,
But felt so lonely in your company.
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But that was love and it's an ache
I still remember.
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SOMEBODY THAT I USED TO KNOW.
—Gotye ft Kimbra—
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Capítulo nueve.
( • ̀ω•́ )✧
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Armin, entonces, sollozó con más fuerza. Se llevó las manos al pecho, justo a la altura del corazón y aplastó la caja con el anillo ahí, como si buscara atesorar su contenido de alguna manera. Las lágrimas caían por su rostro como si fuera una cascada interminable, provocándome una sensación en la barriga.
No era dolor, pero podía compararse con la incomodidad. No sabía qué pasaba por la mente de Armin en ese momento, pero parecía haber una guerra interminable dentro de él.
—Yo... yo, en serio —murmuró, entre sollozos—, lo lamento tanto, Eren. La-lamento haberte lastimado —él jadeó e intentó borrar las lágrimas de su rostro, pero resultaba imposible porque tras cada palabra que soltaba sus mejillas se empapaban más y más—. Sé que... sé que quizá no me creas... pero siempre... siempre he querido decírtelo: de verdad lo lamento. Lamento haberte herido, lamento haberte engañado; lo lamento por todo.
Y lloré tan pronto las palabras abandonaron su boca. Lloré por todo. Lloré por lo que decía. Lloré porque él hablaba en serio. Lloré por él. Lloré por ese adiós que estaba diciéndole.
—Yo también lo lamento, Armin —murmuré, sonriendo en su dirección. La dulce mueca en mi rostro le hizo jadear con más fuerza y aferrarse al anillo—. Lamento que todo termine aquí. Lamento no haber tenido el valor para dejarte ir antes; lamento no haber sido suficiente para ti... Lamento no haberte amado lo suficiente —dije, sincero, sintiéndome cada vez más libre e impidiendo que él dijera algo más. Algo como "no fuiste tú, se trató de mí... sólo de mí", porque sabía que no era así—. Pero ahora ya no importará más. Ahora ya no vas a estar ahí para tirarme, Armin. Tu recuerdo ya no me causará dolor ni me hará llorar.
Las piernas le fallaron porque la situación parecía ser demasiada para él, para su cuerpo y mente. Se tambaleó hacia atrás sólo para caer sentado en el sofá de tres plazas que había a su espalda. Ese mismo sofá donde solíamos pasar horas sentados, dándonos besos interminables y esas caricias sobrecogedoras que tanto me gustaban.
Las memorias volvieron a mi cerebro, se quedaron ahí y, más que provocar ganas de llorar en mí, me hicieron sonreír. Sonreí porque caí en cuenta de que por fin dejaba de doler.
Recordarlo y verlo ya no me hacía daño.
—Siempre voy a recordarte, Armin. Siempre. Fuiste mi primer amor, después de todo.
El jadeó y sollozó con más ímpetu.
—Y tú el mío, Eren —Armin asintió más para sí, y enterró su rostro lloroso entre sus manos. La caja resbaló de sus dedos, chocó contra el suelo y el anillo rodó bajo algún sofá.
Me limpié algunas lágrimas y miré en su dirección lamentando hacerle sentir mal, pero tampoco podía evitarlo. Ambos debíamos llorar, debíamos sacarlo todo para ser libres. Ya no le guardaba odio ni tampoco rencor, sólo quería que Armin fuera feliz. Olvidaría todo lo malo y me quedaría sólo con lo bueno, las memorias felices que pasé a su lado y solamente eso.
Jamás iba a olvidarle; no podía simplemente fingir que no le conocía, porque había pasado tantas cosas a su lado; bueno o malo, no importaba, porque el amor es así. Sin embargo, Armin, esa persona que había amado con todo el corazón, en ese momento se convirtió en alguien que solía conocer.
Se convirtió en alguien que vería en la calle y le saludaría de lejos, con una sonrisa y un movimiento de manos. Tan sólo como viejos amigos.
Como viejos conocidos.
—Adiós, Armin —sonreí y le revolví el cabello, como lo hacía cuando aun nos amábamos—. Adiós para siempre.
Él me miró fijamente, los ojos azules llenos de millones de lágrimas estancadas y sentimientos. Lo entendió en ese momento, Armin lo captó todo porque siempre había sido muy inteligente. Supo que todo aquello era importante, supo que todas esas lágrimas derramadas y esas palabras que no se quedaron guardadas nos ayudarían: a él, para olvidar que alguna vez me lastimó; a mí, para seguir adelante. Se limpió la cara y mientras se levantaba del viejo sofá, me regaló una sonrisa.
Era una de esas sonrisas que siempre lograban remover mi interior, con un aleteó cómico en la barriga y un hormigueo en los labios, porque me urgía besarlo. Pero no hubo ninguna sensación en mí tras ver la mueca tierna en su rostro. Sólo pude sonreír también y levantar una mano, en una muda despedida.
Esa despedida que ambos necesitábamos.
—Adiós, Eren.
Le miré desaparecer tras la puerta llevándose todo con él. Se fue con el revoloteo incómodo que se formaba en la boca de mi estómago, con esa opresión que sentía en el corazón cada pensaba en él. Se llevó la angustia, la desesperación y esa sensación de ahogamiento que, día tras día, tan sólo con recordar los momentos felices a su lado, parecía aplastarme.
Ya no hubo más de eso para mí. El ambiente dejó de parecerme pesado e incluso podía respirar con facilidad.
Acababa de decirle adiós para siempre al hombre que me había enseñado a amar; a dar todo de ti, sin esperar nada a cambio. Acababa de despedir de mi vida a ese chico que me brindó su compañía durante ocho años; y no me arrepentía de todo lo que viví a su lado. Porque, pese a todo, había disfrutado esa relación que tuve con él. Con altas y bajas. Con discusiones y reconciliaciones. Con risas y lágrimas. Con verdades y mentiras.
Y, aunque las lágrimas seguían derramándose por mi rostro, ya no dolía más. El palpitar de mi corazón era tranquilo, las hormigas desaparecieron de mi interior y todo pareció volver a la normalidad.
Fue entonces que lo comprendí.
Armin ya no iba a dañarme más.
Su recuerdo ya jamás volvería a tirarme.
Por fin, por fin la mención de su nombre ya no me afectaría.
Por fin era libre...
Y me reí, y lloré. Reí porque los sentimientos se mezclaron dentro de mí, y lloré porque ya no sufriría más, porque, aún sin esperarlo, Armin había aparecido ahí y me dio ese empujón que necesitaba para dejarlo ir, porque era mi manera de despedirme de él para siempre.
Sollocé con fuerza mientras me ponía una mano en el rostro y me dejaba caer en mi sofá favorito, porque mis piernas no podían soportarme durante más tiempo. Pero no dejé de sonreír; la sonrisa jamás desapareció. Ni siquiera lo hizo cuando volví a soltar un sollozo y Levi salía de la cocina, para pararse frente a mí. Nunca supe cuánto había escuchado de la conversación, pero él estaba ahí, dispuesto a ayudarme, a darme un abrazo y a llorar conmigo si era necesario.
—Eren... —le escuché susurrar.
—Yo... lo hice, capitán —confesé, sonriendo y sintiendo un montonal de lágrimas saladas bañando mis labios—. Le dije adiós, adiós para siempre y —hice una pausa para poder jadear— ya no duele más. No más.
—Pero estás llorando.
Y ante su obvia observación, me reí de nuevo mientras asentía.
—Lo sé, y me siento realmente estúpido por eso —dije, pasándome una mano por el rostro, limpiando cada lágrima—. Pero es mi forma de despedirme; sé que, apartir de ahora, ya no volverá a doler. Jamás. Esta es la ultima vez que lloraré por Armin, Riv.
Fue ahí cuando me digné a mirarlo. Los ojos de Levi brillaban porque había una mezcla de diversos sentimientos en ellos, eran tantos que en realidad no pude reconocerlos todos. Sin embargo, él terminó por relajar el gesto luego de unos segundos, una sonrisa leve se apoderó de sus labios al mismo tiempo que se acercaba a mí totalmente. Después, en completo silencio, me abrazó.
Lloré de nuevo, con más fuerza. Mi frente se enterró en su estómago —porque él seguía parado—, mientras el llanto escurría otra vez. Mis dedos se aferraron a su espalda, arrugando su camiseta preferida, cada vez que un jadeo escapaba de mi boca.
—No lo entiendo muy bien, pero sabes que estoy aquí, Eren —susurró, perdiendo sus dedos en mi cabello—. Llora, Titán. Llora todo lo que quieras.
Y se lo agradecí en silencio. Le di gracias por todo. Por quedarse a mi lado, por no quejarse, por aguantar mis sollozos, por limpiar mis lágrimas. Por jamás abandonarme, por volverse esa chispa que siempre me iluminaba aun en mis momentos más oscuros. Por ser la persona más importante en mi vida.
(...)
En realidad, fue unos meses después cuando reparé que Levi significaba más que mi mejor amigo. Él no sólo era la persona más importante en mi mundo. El capitán se había vuelto ya mi universo entero...
(...)
Fue medio año después, a finales de marzo, cuando noté que Levi ya era algo más para mí.
Era hasta extraño porque hasta ese momento no había reparado en lo mucho que necesitaba su presencia a mi lado. A veces, mientras trabajaba, me encontraba a mí mismo escribiéndole mensajes o llamándole sólo para tener su respuesta. Me gustaba la manera tan brusca con la que solía contestar, porque a él le enojaba que le molestara en horario de trabajo. Al final, yo le pedía una disculpa y él me respondía que sólo me perdonaría si le invitaba a comer; siempre al Colosal, siempre hamburguesa con queso y papas fritas.
También aprovechaba cada oportunidad que tenía para pasar tiempo junto a él. En ocasiones, mientras veíamos alguna mala película por la televisión, solía recostar mi cabeza sobre su regazo sólo para que sus dedos se perdieran en mi cabello y sus ojos, brillantes como nunca, capturaban los míos como si nada más existiera en ese momento. Olvidábamos la mala película, olvidábamos las palomitas y las cervezas, olvidábamos hablar incluso. Porque, entre nosotros, las palabras solían sobrar con frecuencia.
El silencio, y nuestros ojos haciendo contacto, era la mejor manera de comunicarnos.
Aun teníamos sexo con frecuencia, pero esa parte de nuestra relación también había cambiado. Se suponía que los sentimientos amorosos entre nosotros no podían surgir porque éramos mejores amigos. Compartíamos tiempo desde niños, pasamos juntos la adolescencia y llegamos a la edad adulta, y jamás —jamás— nos habíamos visto de otra manera que no fuera amigos.
Sin embargo, algo había pasado conmigo. Porque, mientras teníamos sexo, no podía evitar perderme en ese maravilloso mar verde que eran sus ojos; se cubrían de placer —y de algún sentimiento— y relucían infinitamente, como un cielo nocturno despejado, lleno de estrellas. Mas allá del placer carnal, mi cuerpo se llenaba de otra cosa. Era algún tipo de júbilo que no podía controlar, mi corazón palpitaba más rápido de lo acostumbrado y las ganas de besarlo con urgencia se apoderaban de mí.
No sabía exactamente qué era o qué significaba todo aquello. Jamás me había sentido igual, ni siquiera estando con Armin. Me resultaba tan extraño que, en realidad, prefería ignorar todo impulso. Quería abrazarlo siempre, quería despertar a su lado siempre, quería besarlo siempre. Quería decirle lo importante que era para mí siempre.
Levi lo era todo en mi vida. Era risas y lágrimas. Era paz y tormenta. Era luz y oscuridad. Era dibujos animados y películas. Era música y libros. Era críticas y aplausos. Era dulce y amargo. Era obsesiones y desinfectante en gel.
Era mi corazón y sus latidos.
Era mis mejillas y sus sonrojos.
Era mi cerebro y su consciencia.
Era lo que Armin nunca fue.
Era lo que siempre necesité.
(...)
Y fue exactamente el treinta de marzo de ese mismo año cuando la realidad me golpeó. Fue como una cachetada seca y sin aviso que se estampó en mi mente. Pero no dolió, sino que se sintió bien; se sintió cómodo. Como si de verdad hubiera necesitado de aquello.
Me dejó con una cálida sensación que se arrastró por cada pequeño recoveco de mi cuerpo. Me dejó con una sonrisa estúpida cada vez que pensaba en él. Me dejó con ganas de tenerlo a mi lado para siempre, para nunca más dejarlo ir.
Me hizo entender que todo había valido la pena. El dolor, el sufrimiento, las lágrimas, el adiós eran sólo parte del camino que me guiaría a mi verdadera felicidad. Esa que siempre había esperado por mí, y que todo el tiempo había estado parada a mi lado, en silencio.
Todo, absolutamente todo había valido la pena.
(...)
—Mueve el culo, Jaeger. No tengo todo el puto día.
Levi gruñó, realmente lo hizo. Usó esa voz que lograba ponerme los pelos de punta nada más de escucharlo. Por eso, apresuré mis pasos y bajé la escalera lo más rápido que pude. Sabía lo mucho que Levi odiaba la impuntualidad —y de hecho llevábamos más de cinco minutos de atraso—, así que no me quedó de otra más que apurarme en serio.
Salté los dos últimos escalones y, aun intentando tranquilizar mi respiración —porque había corrido por toda mi habitación buscando algo de ropa decente—, me paré frente a él. Levi pareció analizarme de los pies a la cabeza —incluso puedo jurar que se sonrojó—, antes de levantar una ceja cuando se fijo en el desbarajuste que era mi cabello.
—En serio, ¿no puedes ni peinarte de manera decente, pequeña mierda? —escupió, mientras se estiraba lo suficiente como para poder acomodar mi cabello. Pero bueno, era salvaje y nunca se dejaba acomodar.
Su cercanía me erizó, pero no en el mal sentido. De hecho me gustó. Me gustó perderme en su aroma, me gustó sentirlo tan cerca cada vez más. Todo me mareó por un segundo, su olor a menta se clavó en mi nariz y creí sentirme feliz, en casa. Como si nada más pudiera hacerme sentir más alegre ese día.
Ante el pensamiento me sonrojé y, por más que quise, no pude desviar la mirada de él. Me gustaba repasar mis ojos por su rostro, mirando la manera tan cómica en que su ceño fruncía porque no podía acomodar mi cabello. Recordando exactamente dónde estaba ese lunar que me volvía loco. Observando ese par de orbes verdes, tan oscuros como un día nublado, que muchos confundían su color. Saboreando sus labios sonrosados y carnosos, que me pedían a gritos que los besara hasta dejarlos hinchados, y...
—¿Qué pasa?
Parpadeé.
—¿Huh? —y con el sonrojo aún en mis mejillas, intenté hacerme el desentendido. No estaba seguro de decirle que su cercanía me ponía de esa manera; no ni cuando yo mismo sabía qué me pasaba en realidad— Ah, nada, nada. No te preocupes.
Pero Levi no se dio por vencido tan fácil. Lo conocía tan bien, demasiado. Así que sabía exactamente qué significaba esa mirada que estaba dedicándome. Era algo así como "no puedes mentirme, pequeña mierda". Y me rendí, Levi siempre lograba que me rindiera ante él.
—Só-sólo pensaba, capitán —mentí, usando lo primero que se me vino a la mente. Sabía que no debía usarlo (porque era un tema delicado para él), pero era necesario desviar su atención a otra cosa—. Pensaba en cómo fingir sorpresa porque, ya sabes, mi fiesta de cumpleaños súper-secreta ya no lo es tanto.
Y supe que lo había logrado cuando Levi chasqueó la lengua y desvió la mirada hacia la pared más cercana, sintiéndose repentinamente culpable. Bueno, en parte lo era. Ese día era mi cumpleaños y se suponía que Mikasa había planeado una fiesta sorpresa para mí —lo hizo durante tres meses porque quería que todo saliera perfecto—, pero a mi amigo se le había ido la lengua y me terminó contando sobre eso.
—Perdón... —susurró, como niño regañado— Fue un accidente, no quería hacerlo; simplemente salió de mi boca.
Reí, reí porque me había resultado bastante tierno y cómico escucharlo hablar así, pero nunca se lo había mencionado.
—Lo sé, lo sé. Agradece que tomé actuación en la secundaria, sino sí terminaría haciendo el ridículo y se vería demasiado falso.
Él bufó, pero luego terminó por sonreír.
—¿Listo para irnos, titán? —preguntó, al finalizar de enviar parte de mi cabello hacia atrás, pero algunos mechones rebeldes regresaron a mi frente, frustrando su intento de peinarme.
Sonreí.
—Listo, capitán.
(...)
—¡Felicidades, Eren!
Fue el grito que resonó por toda la casa Ackerman, nada más Levi abrió la puerta. Mi intento de actuación funcionó, realmente parecí sorprendido —al menos eso había dicho Levi— cuando noté toda la gente que estaba arremolinada en la sala. Kenny, Mikasa e Isabel estaban ahí. También Reiner y Bert, Sasha y Connie —amigos de la secundaria—, Marco y Thomas, incluso Annie e Historia con Ymir habían llegado tan sólo para estar ese día conmigo.
Aunque no fue tan sorpresa, me sentí de verdad feliz y eso no lo pude evitar. Solté una carcajada encantada que contagió a todos los presentes. Uno a uno se abalanzaron sobre mí —como si no me hubieran visto en mucho tiempo— y me felicitaron con emoción.
—Oh, wow, realmente no puedo creer que estés cumpliendo años, Eren —chilló Sasha, con ese acento tan pueblerino suyo, mientras se colgaba de mi cuello. Tenía las mejillas llenas de rastros de comida y galletas—. ¡Felicidades, grandote!
Me reí con ganas y puse mis manos tras su espalda para poder sostenerla mejor. Lo cierto era que hacía mucho que no convivía con ella, no desde que se había ido para estudiar gastronomía y abrir su propio restaurante. Esa mujer tenía una obsesión con la comida, pero era realmente divertida y la quería muchísimo.
—Gracias, Sash.
—Atrás, mujer —ese era Reiner, que se había acercado y ahora daba pequeñas palmadas en la espalda de Sasha para intentar bajarle la emoción—. No eres la única que quiere felicitar a Eren. Ahora suéltalo y corre a la cocina, escuché que Isabel preparó uno de esos pasteles rellenos que son deliciosos.
No hizo falta más, los ojos de Sasha brillaron antes de salir corriendo rumbo a la cocina, esperando encontrarse con ese pastel.
—Esa Sasha no ha cambiado, ¿eh? —dije, cuando la serie de risas que había invadido la estancia se apagaron. Reiner asintió y sonrió con ganas antes de abrazarme.
—Diablos, Eren. ¡Felicidades, amigo! Parece que fue ayer cuando estudiábamos la preparatoria —rememoró, dando un apretón amistoso a mi mano y separándose un poco cuando otra chica se nos acercó.
Reconocí al instante ese cabello rubio, esos ojos azules y esa cara tan angelical que podía conquistar a cualquier persona tan sólo con mirarla fijamente. Era Historia, la gemela de Armin. No pude sino más que sonreír en su dirección y abrir los brazos hacia ella.
—¡Feliz cumpleaños, Eren!
Contrario a lo que había pensado, abrazar a Historia no había sido incómodo. De hecho, aún la seguía considerado parte de mi familia, siempre lo sería. Había sido de gran apoyo en ese tiempo. Adoraba a Tori, nunca nadie podía cambiar eso.
—Gracias, Tori. Muchas gracias por todo —sonreí y besé su mejilla. Ella rió con ganas mientras negaba con la cabeza.
—Sabes que no tienes que agradecer, Eren. Yo te quiero muchísimo, sabes que siempre vas a contar conmigo.
Asentí, dejando que ella me diera un ruidoso beso en la mejilla.
Y así, todos me felicitaron. Incluso mis padres y Hanji que aunque no habían podido venir a celebrar conmigo, tuve una plática con ellos en Skype. Hubo lágrimas de mi madre, una orgullosa sonrisa de mi padre y las sin iguales bromas de Hanji.
Ese día, sin duda alguna, se había convertido en uno de los mejores; fue el día que me marcó para siempre, por eso lo recordaba con claridad. Recordaba las risas, los aplausos, la comida deliciosa preparada por Sasha, los regalos, la música elegida por Connie y las pláticas ruidosas. A Mikasa viéndose demasiado cercana con Annie, a Reiner y Bert hablando con Marco y Thomas. Y a Isabel dándole un té de hierbas a Kenny.
Y sobretodo, recordaba justo el momento en que todos nos sentamos en la mesa para partir el pastel delicioso preparado por Mikasa e Isabel. Todavía podía escuchar los aplausos escandalosos y las risas de todos cuando empezaron a cantar «feliz cumpleaños», mientras Mikasa acomodaba la tarta de frutas frente a mí, con tres curiosas velas de colores que me hicieron soltar una carcajada.
El flash de alguna cámara fotográfica me cegó por unos segundos, justo en el momento en que apagué las velas, pero ni siquiera eso fue suficiente para borrar la sonrisa de mi rostro.
—Dale una mordida, titán —dijo Levi, pintando una pequeñísima sonrisa. Hice una mueca para él y negué.
Negué porque sabía exactamente qué cosa estaba planeando.
—Olvídalo —reí, escuchando los abucheos de Connie y Reiner por no atreverme—. Sé lo que planeas, lo haces todos los años.
Levi resopló.
—No lo haré esta vez, lo prometo.
—Vamos, Eren —Isabel se carcajeó como niña pequeña, mientras palmeaba mis hombros—. Hazlo, te prometo que no dejaré que hermano mayor te empujé al pastel.
No quise hacerlo, pero terminé rindiéndome cuando todos, Kenny incluido, se pusieron a darme ánimos, mientras Bell sujetaba las manos de Riv para evitar que me llenara la cara de merengue.
—Bien, bien. Lo haré, lo haré —dije, con una sonrisa y alzando los brazos en señal del rendición.
Cuando se ponían así, simplemente no podía decirles que no.
Fue cuando abrí la boca y me acerqué lentamente que sucedió. Levi aplastó mi cara contra la tarta, provocando que todo mi rostro terminara lleno de colores; rojo, por la mermelada de fresa y blanco y verde por el merengue. Las carcajadas de todos no se hicieron esperar; el comedor se llenó de risas y aplausos de nuevo, junto con los míos.
No estaba enojado. No podía estarlo. Es más, toda esa sana convivencia realmente me hacía feliz.
Pero sí, iba a vengarme.
Aún con las risas resonando de fondo, busqué el rostro de mi mejor amigo entre la gente. Riv me miraba con una sonrisa malvada en el rostro y con una ceja levantada, como si estuviera diciéndome: "realmente caíste, pequeña mierda".
—¿Sabes una cosa, capitán? —empecé, levantándome de mi lugar y caminando lentamente hacia él. La sonrisa se borró de su rostro y se echó para atrás cuando supo que yo estaba planeando algo—. Aún no me das mi abrazo de cumpleaños.
Levi se horrorizó. Las risas a mi espalda aumentaron.
—No. Te lo advierto, Eren. No, no —jadeó, tras cada paso que daba hacia él—. Voy a arrestarte, puedo hacerlo. Lo sabes.
Encogí los hombros.
—Tomo el riesgo, entonces.
Levi, entonces, salió corriendo escaleras arriba. Solté una carcajada y no dudé en seguirlo para cobrar mi venganza. Mi mejor amigo corrió por el pasillo del piso de arriba y giró a la derecha, rumbo a la que solía ser su habitación y que, aun de vez en cuando, todavía usaba cuando se quedaba en casa de Kenny.
Suerte que llegué segundos antes de que él cerrara la puerta, porque así podía tenerlo a mi merced entera. Riv jadeó dramáticamente cuando cerré la puerta tras mi espalda y sonreía de la mejor forma malvada que conocía.
—No te atrevas —amenazó, caminando hacia atrás.
Sonreí.
—Es mi venganza, capitán.
Y sin más, me abalancé sobre él mientras soltaba una risotada como si fuera un niño pequeño. Levi cayó sobre la suave cama llevándome con él, provocando más risas de mi parte y una sonrisa divertida de la suya. Pero su gesto se transformó en terror absoluto cuando pasé mis dedos sobre mis mejillas aún manchadas de merengue de limón, antes de acercarlos muy lentamente a su rostro.
Lo manché, y no sentí remordimiento.
—No me arrepiento de nada —solté, entre risas que muy pronto se le contagiaron.
—Pendejo —rió.
No supe que me llevó a hacerlo, pero antes de darme cuenta las risas ya habían parado. Sólo estábamos nosotros dos, manchados de merengue blanco, mirándonos fijamente como si nada más existiera. Nos hundimos en nuestro propio mundo, y quizá fue por eso que terminamos besándonos; fue tierno nada más. Un contacto de labios que no necesitó lenguas, ni caricias.
Supe entonces, en medio de ese beso con sabor a merengue de limón y fresa, que ya no había vuelta atrás.
Estaba enamorado de mi mejor amigo.
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Continuará…
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N/A: Jajajaja, llegamos a lo bueno, a lo que estaban esperando… A Eren aceptando lo que siente por su capitán❤ , jajajaja. Me encanta escribir cosas melosas, no lo oculto i/v/i (?).
En fin, muchísimas gracias los reviews. Ya estamos a un pequeño paso de los 190 ; A ;. Muchas gracias a todas esas personitas adorables que leen y dejan su comentario, en serio, no sé qué haría sin ustedes, afasada ❤. Les prometo que muy, muy pronto tendrán un lemmon bien, bien tierno; de esos que tanto me gusta escribir❤ (¿en seriooo?).
So, preciosidades, es todo lo que tengo por comentar hoy u/u. Espero que pasen un día mega-genial❤.
Oh, y recuerden dejar un review. Son mi alimento de cada día :).
Lyne Diamond*
¿Review? *-*
