Unos minutos después, Takashima termino de explicarles todo a los dos chicos.
Akashi: ¿Guardianes…? No… eso es solo un cuento… ya dígame que está pasando, Takashima-sama… —estaba muy enfadado y alterado, pero respetaba y apreciaba mucho al chaman como para levantarle la voz o gritarle, por lo que decidió tranquilizarse, y seguir escuchándolo.
Takashima: Sabes que yo jamás te mentiría… lo que te he dicho es la verdad, ellos son lo que hemos estado esperando, nos protegerán, y salvaran… —Intentaba explicárselo lo mejor que podía, pero sabía muy bien que luego de que ocurriera esa terrible tragedia diez años atrás, Akashi había dejado de creer en la leyenda.
Naruko, Imaizumi, Onoda, y Manami, sabían que el peli rojo solo les iba a creer si le mostraban que de verdad eran los guardianes. Se aceraron a él, y mostraron sus poderes; Naruko cubrió su cuerpo de fuego, Imaizumi creo una bola de agua con sus manos, Onoda hizo crecer plantas a su alrededor, y Manami se elevó unos centímetros en el aire.
Akashi: No… puede ser… es imposible… —al verlos, abrió los ojos completamente sorprendido, y recordó lo que alguien le dijo una vez, hace mucho tiempo.
«Tal vez ahora parezca solo una historia para niños, pero sé que un día los guardianes de los cuatro elementos vendrán… Seijuro, nada es imposible si crees en ello»
Akashi: Es real…
Al ver la expresión del peli rojo, deshizo su transformación, dejando de ser un perro y pasando a ser un chico de cabello castaño y ojos casi del mismo color.
Furihata: Eso fue… increíble, así que si era real… —él también había dejado de creer en la leyenda, hasta ahora.
Masaomi: ¡Por supuesto que es real! Más les vale que se disculpen con los guardianes y la gente, por haber armado semejante escándalo…
Furihata: Realmente lo sentimos mucho… —miro hacia abajo avergonzado y arrepentido.
Akashi: Me disculpo —dijo acercándose a los cuatro—. Pero no me arrepiento, estaba protegiendo a la aldea, eso es lo más importante para mí, y estoy seguro de que cualquiera habría hecho lo mismo en mi lugar.
Naruko: ¡Casi me matas! Pero… está bien, no importa… yo también haría cualquier cosa con tal de proteger a los que amo.
Imaizumi: Si… también yo.
Onoda: Y tu padre también intento atacarnos cuando nos vio la primera vez…
Masaomi: De nuevo lo siento…
Manami: Padre e hijo son tal para cual… —pensó.
Akashi: Tranquilos, todo está bien, pueden regresar a sus casas… y lamento el malentendido —se acercó a la gente, y les hablo en voz alta. Al escucharlo, muchos suspiraron aliviados, otros sonrieron y comenzaron a irse tranquilamente.
Kuroko y los demás, se acercaron a él para explicarle con más detalle lo que había pasado.
Kuroko: Akashi-kun, nosotros estuvimos vigilándolos desde que llegaron a la isla…
Kise: ¡Podemos confiar en ellos! Son buenas personas…
Midorima: Obtuvieron sus poderes en la cueva.
Akashi: ¿La cueva? ¿Y por qué entraron?
Onoda: E-Estábamos perdidos… solo queríamos regresar a la playa.
Akashi: Ya veo… bien, me llamo Akashi Seijuro, y pertenezco a la familia de los leones.
Furihata: Yo soy Furihata Kouki, y… pertenezco a la familia de los perros… chihuahuas.
Naruko: Si, lo sabemos —respondió frunciendo el ceño y desviando la mirada. Le guardaba rencor al peli rojo por haber intentado matarlo, e iba a seguir haciéndolo por un largo tiempo. No perdonaba fácilmente.
Onoda: Soy Onoda Sakamichi, y ellos son Naruko Shoukichi, Imaizumi Shunzuke, su novio, y Manami Sangaku, mi novio.
Akashi: Bienvenidos… guardianes.
Imaizumi: Gracias…
Onoda: Gracias… espero que podamos llevarnos bien… —sonrió.
Manami: S-Si, gra-gracias…
Masaomi: Ahora que por fin se aclaró todo, vengan conmigo… —se dio la vuelta, camino hacia la salida, y los cuatro lo siguieron, sin saber a dónde iban. Caminaron a través de la aldea durante unos minutos, para finalmente, detenerse frente a una cabaña.
Masaomi: Esta será su casa a partir de ahora, sé que no es para nada como lo que acostumbran, pero… esperamos que se sientan cómodos.
Subieron unos tres escalones, y entraron, observando todo con detalle. Era pequeña, tenía dos habitaciones, y un baño.
Manami: Wow… —observo el lugar con asombro.
Naruko: No está mal…
Masaomi: Por hoy, descansen, mañana les explicaremos bien cómo funciona todo aquí.
Imaizumi: Esta bien, no se preocupe…
Onoda: Muchas gracias…
Una vez que Masaomi termino de hablar, salió del lugar, dejándolos solos. Rápidamente, estos comenzaron a explorar su nueva y pequeña «casa».
Onoda: ¿Camas matrimoniales?
Manami: Supongo que tendremos que dormir juntos a partir de ahora, Sakamichi-kun… —le sonrió, y este se sonrojo.
En la otra habitación…
Naruko: ¿U-Una sola cama? ¿Por qué una?
Imaizumi: Eso es obvio, ¿No? —Sonrió, acercándose lentamente.
Naruko: Imaizumi…
Imaizumi: ¿Listo para recuperar el tiempo perdido?
Naruko: E-Espera…
Imaizumi lo tomo de la cintura, y se besaron hasta caer sobre la cama. Naruko, aunque lo negara, después de lo que había pasado, también necesitaba estar con su novio. Lo mismo ocurría con Onoda y Manami.
Mientras tanto en otra parte, los «milagros», y otros, estaban reunidos en la casa de Akashi.
Akashi: Kouki y yo también estábamos en el bosque, si me hubieran informado sobre ellos apenas los vieron, nos habríamos ahorrado lo que paso hace un rato.
Furihata: Cierto, tendrían que habernos avisado…
Midorima: Ustedes estaban en medio de una cacería, y nuestra prioridad en ese momento era vigilarlos y ver si podíamos confiar o no en ellos.
Kuroko: Y después, lo más importante fue llevarlos con Takashima-sama lo más rápido posible…
Akashi: Entiendo, buen trabajo chicos.
Kise: ¡Gracias Akashicchi!
Kasamatsu: Solo hacíamos nuestro deber.
Murasakibara: Aka-chin, ¿Cuánta carne pudieron conseguir? —Pregunto cambiando de tema, mientras comía lo que había sobrado de la celebración.
Midorima: ¿Es que tu solo piensas en comida? Estamos hablando de algo importante, cabeza hueca —dijo rodando los ojos y frunciendo el ceño.
El peli lila lo ignoro, y siguió comiendo.
Himuro: ¡Hey, cuidado con lo que dices! —Frunció el ceño enojado. Sabía que a Murasakibara no le importaba para nada lo que dijeran sobre él; pero no podía quedarse callado si insultaban a su novio. Especialmente si se trataba de Midorima.
Takao: ¡No le grites a Shin-chan! —No podía evitar enojarse si se metían con el peli verde.
Kagami: ¡Y tú no le hables así a mi hermano! —A pesar de no tener la misma sangre, él y Himuro se consideraban hermanos.
Aomine: No te metas, Bakagami…
Kagami: ¡¿Qué dijiste?!
Kise: No discutan, chicos…
Kuroko: Cállate, Kise-kun.
Kise: ¡Que malo!
Sakurai: O-Oigan…
Kasamatsu: Ya paren, idiotas…
Sakurai: ¡Lo siento!
Akashi: Respondiendo a tu pregunta, Atsushi… si, pudimos conseguir carne, pero fue difícil —suspiro, volviendo al tema anterior. Ya estaba acostumbrado a las peleas ridículas de sus amigos.
Furihata: Ellos… están cazando a todos los animales.
Aomine: Esos bastardos… —apretó los puños de las manos con furia.
Kise: ¿Y-Y si se acaban todos? ¿Qué haremos?
Kagami: No pueden acabarse, ¿O sí?
Akashi: Claro que no.
Momoi: Lamento cambiar de tema, pero… —todos voltearon a verla— hay algo que no les he dicho… no quería hacerlo frente a los guardianes…
Akashi: ¿De qué hablas, Momoi?
Momoi: Después de que las otras sirenas y yo, dejáramos a los cuatro en la playa… volví al día siguiente, al lugar en el que cayo su avion…
Midorima: ¿Y?
Kasamatsu: ¿Volviste? ¿Para qué?
Momoi: Quería… ver el avión, pero no pude encontrarla.
Midorima: ¡¿Qué?!
Kagami: Es imposible, una cosa enorme como esa no puede desaparecer así como así… y más si está en el mar.
Himuro: Taiga tiene razón, es imposible que haya desaparecido…
Kise: Tal vez… sus partes fueron arrastradas por la corriente, y ahora estén esparcidas por todo el océano…
Aomine: Si, seguro fue eso. No te compliques tanto, Satsuki…
Momoi: No, su peso es demasiado grande… y en todo caso, las sirenas la habrían visto.
Furihata: Las sirenas pueden hablar con las criaturas marinas, ¿No? ¿Les has preguntado a los peces? ¿O a los delfines?
Kuroko: O a las tortugas marinas, también…
Momoi: Si, y Riko-chan me ha ayudado. Incluso les preguntamos a los tiburones, calamares y pulpos… con lo gruñones que son…
Takao: ¿Y qué te han dicho?
Momoi: Ninguno ha visto nada…
Midorima: Saben lo que eso significa, ¿Verdad?
Kasamatsu: Si…
Akashi: Ellos la tienen.
Sakurai: Y… ¿Pa-Para que querrían un avión que exploto y se hundió en el océano?
Kagami: Y como hicieron para llevarse semejante cosa…
Aomine: Quien sabe, con todas las cosas raras que tienen, no es imposible.
Momoi: Pero entonces, ¿Por qué nadie en el océano vio nada? ¡Ni siquiera los peces!
Midorima: Todo esto es demasiado raro…
Akashi: Mantendremos esto en secreto. De mi padre, Takashima-sama, y los guardianes, ¿Queda claro?
Momoi: Si, es mejor que no lo sepan, al menos por ahora…
Kuroko: Akashi-kun, aunque se los ocultemos, sabes que tarde o temprano lo descubrirán.
Akashi: Es una orden, Tetsuya, no me contradigas.
Kuroko: No lo hago, solo digo la verdad.
Midorima: Akashi y Momoi tienen razón, Kuroko, es lo mejor.
Kise: Chicos, será mejor que vayamos a descansar, más tarde tenemos que hacer guardia…
Kagami: Gracias Kise, hiciste que recordara lo que quería olvidar…
Aomine: Cállate Bakagami, de todos modos Masaomi nos lo iba a recordar.
Akashi: ¿Mi padre les ha dado tres días de guardia?
Himuro: Iba a darnos una semana, pero Takashima-sama lo convenció de que solo sean tres días…
Kuroko: Es injusto, solo hacíamos nuestro trabajo.
Takao: ¡Sí! ¡Y es gracias a nosotros que los guardianes están en la aldea!
Midorima: Si no íbamos, seguramente ellos se los hubieran llevado.
Kasamatsu: A mí no me importa, Masaomi hace bien en castigarnos, no teníamos que salir de la aldea.
Aomine: ¡¿Sigues con eso?! ¡Pedazo de imbécil, lo hicimos por el bien de la aldea! —Se levantó del sofá en el que estaba sentado, y se paró frente al otro, que hizo exactamente lo mismo.
Kasamatsu: ¡Tú eres el imbécil! Tenemos que respetar y cumplir las reglas.
Aomine: ¡Las reglas son lo que menos importa cuando se trata de proteger a nuestra gente!
Kagami: Déjalo, Aomine, es un idiota…
Kasamatsu: El idiota eres tú.
Kagami: ¡¿Quieres te mate?!
Aomine: El que lo va a matar voy a ser yo si me sigue provocando.
Kise: ¡Aominecchi ya basta! ¡Y tú también, Kasamatsu-sempai!
Kuroko: Kagami-kun, por favor… —ambos donceles, se pusieron en medio para que no comenzara una pelea.
Kasamatsu: No te metas en lo que no te importa, Kise.
Akashi: ¡Es suficiente! ¿Qué les he dicho sobre pelearnos entre nosotros? ¡A quienes tenemos que matar son a ellos!
Ninguno dijo nada. Solo se quedaron en silencio, y evitaron mirarse.
Akashi: Más les vale no volver a discutir, ¿Quedo claro? Vayan a descansar, mañana hablare con mi padre sobre los tres días de guardia.
Después de escucharlo, se retiraron todos de la habitación, quedando solos, Akashi y Furihata.
El castaño no sabía que decir. Estar a solas con Akashi siempre lo ponía muy nervioso, esperaba que el otro no se diera cuenta, pero sus reacciones eran bastante obvias.
Akashi: Kouki… —lo llamo de repente, rompiendo el silencio.
Furihata: ¿S-Si?
Akashi: El otro día… antes de que saliéramos a cazar, tuve una visión.
Furihata: ¿Qué? ¿Y por qué no dijiste nada?
Akashi: Porque mis visiones no son exactas, no diré nada hasta estar seguro…
Furihata: ¿Estar seguro… de qué? ¿Qué viste?
Akashi: Hay un traidor entre nosotros… o al menos, así lo interprete.
Furihata: ¡¿Qué?! ¡¿U-Un traidor?! Es-Es imposible, ¿Quién…?
Akashi: No lo sé, como dije, mis visiones no son exactas, puede que lo haya mal interpretado… o puede que no.
Furihata: ¿Por qué alguien nos traicionaría después de todo lo que paso? Me cuesta mucho creerlo…
Akashi: A mí también, pero hay que estar atentos a todo, y lo más importante… no decírselo a NADIE, ¿Me prometes que no lo harás?
Furihata: P-Por supuesto…
Akashi: Bien. Es tarde, te acompañare a tu casa, tu madre debe estar esperándote.
Furihata: Sa-Sabes que no es necesario que me acompañes… —dijo sonrojándose levemente.
Akashi: Y tú sabes que lo haré de todos modos —le dedico una pequeña sonrisa, y el otro se sonrojo aún más—. Vamos, antes de que se haga más tarde.
Furihata: S-Si… —se levantaron, y salieron del lugar.
Al día siguiente, Naruko e Imaizumi, despertaron sintiendo los rayos del sol en sus rostros.
Imaizumi: Buenos días… —ambos, cubiertos solamente por las sabanas, se sentaron, y se miraron con una sonrisa.
Naruko: Buenos días…
Imaizumi: Lo de anoche fue increíble, ¿No?
Naruko: Si, pervertido… —respondió sonrojándose, pero manteniendo su sonrisa. Realmente lo amaba.
De pronto escucharon que llamaban a la puerta.
Onoda: Naruko-kun, Imaizumi-kun, ya levántense y vayan a darse un baño, nosotros ya lo hemos hecho.
Manami: Revisen el armario, nos han dejado ropa. Es rara, pero supongo que tendremos que acostumbrarnos a vestir asi…
Naruko: ¿Ropa? —Se levantó de la cama, y camino hacia el armario, (estaba desnudo, pero no le importaba, el único que podía verlo asi era Imaizumi, además, estaba la puerta cerrada) lo abrió, y comprobó que lo que dijo Manami era cierto, el armario estaba lleno de ropa de hombre, igual a la que usaban todos en la aldea— Imaizumi, ven a ver esto.
Se levantó de la cama, y se acercó de la misma forma— Nos veremos raros usando eso, muy raros.
Naruko: Querrás decir ridículos…
Onoda: Pues tendrán que acostumbrarse, porque es lo que usaremos a partir de ahora —dijo del otro lado de la puerta.
Naruko: ¿Están usando esto? Jajaja, deben lucir ridículos…
Manami: Cállate, ustedes también deberán ponérselos.
Onoda: No tenemos opción, así visten aquí… además, es lo que hay.
Naruko: Está bien, ya entendí, ya entendí…
Imaizumi: Eh… chicos, Naruko y yo estamos desnudos, asi que… no podremos salir de la habitación y entrar al baño si ustedes estan ahí…
Manami: E-Es verdad, volvamos a la habitación, Sakamichi-kun.
Onoda: No, Masaomi dijo ayer que nos explicaría como funciona todo aquí, quiero hablar con él, vamos…
Naruko: Hey, ¿No deberían esperarnos? También queremos saberlo.
Onoda: Ustedes vayan a bañarse, después se los contaremos.
Naruko: Bien…
Imaizumi: No se preocupen chicos, está bien… vayan.
Onoda: Ok, adiós.
Manami: Nos vemos luego…
Manami y Onoda salieron de la cabaña, y Naruko e Imaizumi, aprovecharon para salir y entrar al baño.
A medida que caminaban recorriendo la aldea, todas las personas que pasaban cerca o los que hacían su trabajo, los saludaban con una sonrisa y les decían «Buenos días». Les incomodaba un poco, ya que eran tratados como si fueran de la realeza, pero mientras más observaban a la gente, más se sorprendían. Veían a hombres transformarse en caballos, mujeres transformándose en vacas, cabras, ovejas, y niños, en pequeños pollitos amarillos, mientras corrían y jugaban.
Onoda: Wow… esto es como estar viviendo en un anime.
Manami: Es increíble…
Midorima: Pronto se acostumbraran a esto —el peli verde llego junto a Kise, Takao y Himuro.
Kise: ¡Buenos días! ¿Cómo pasaron la noche?
Manami: De maravilla, ¿Cierto Sakamichi-kun?
Onoda: ¡Ma-Manami-kun! —Le reclamo, sonrojándose.
Kise: Ohh… ya veo… —sonrió, entendiendo perfectamente lo que Manami había dicho.
Himuro: Veo que se han puesto la ropa que usamos nosotros, se ven muy bien…
Onoda: Si, es linda, pero… hay que admitir que es muy rara, sin ofender…
Manami: Cierto.
Takao: Jajaja, no se preocupen, como dijo Shin-chan, pronto se acostumbraran a todo…
Onoda: Si… —sonrió.
Kise: ¿Dónde están Imaizumicchi y Narukocchi?
Onoda: Dándose un baño, más tarde vendrán, si es que no se pierden… Naruko-kun tiene un pésimo sentido de orientación, y al parecer, Imaizumi-kun también…
Midorima: Si se pierden, cualquier aldeano les dirá a donde ir.
Onoda: ¿Y Masaomi? Dijo que nos explicaría como funciona todo, pero hasta ahora no lo hemos visto…
Himuro: Está ocupado, tiene muchas cosas que hacer, pero nosotros les explicaremos, ¿Qué es lo que quieren saber?
Manami: ¿Dónde se come aquí? La cabaña que nos dieron no tiene cocina…
Onoda: ¿Cocina? Manami-kun, ¿Qué estás diciendo? Aquí no hay gas, ni electricidad.
Midorima: Compartimos la comida, por lo que desayunamos y cenamos todos juntos en cualquiera de los comedores.
Manami: ¿Comedores…?
Himuro: Si, por eso tenemos cocineros, pero algunas personas prefieren preparar su propia comida en su cabaña, la mayoría son familias que tienen niños, bebes, o ancianos que viven solos.
Onoda: ¿La comparten? ¿Enserio? ¿Nadie… pelea por tener más?
Manami: ¿No tienen alguna clase de «dinero»?
Kise: No, nuestros ancestros nos enseñaron que tenemos que compartir y nunca pelear entre nosotros.
Midorima: No vendemos ni compramos nada, pero si una persona tiene algo de valor, puede cambiárselo a otra por algo que sea igual de importante.
Takao: La guerra nos ha unido más…
Onoda: Wow, me sorprende que sean tan pacíficos, pero me gusta…
Manami: Y eso del «intercambio» también es genial.
Kise: Por cierto, hay una cosa a la que nunca se acostumbraran…
Takao miro al rubio, e inmediatamente entendió a qué se refería— Es verdad…
Himuro: Ni siquiera nosotros podemos acostumbrarnos…
Manami: ¿De qué hablan?
Midorima: De Kuroko…
Onoda: ¿El chico de cabello celeste? ¿Qué pasa con él?
Himuro: Pues…
Takao: Kuroko-chan tiene poca presencia, y que sea callado lo hace aun peor…
Onoda: Si, me he dado cuenta de eso, pero… ¿Qué tiene de malo?
Kise: Nada, pero… les recomiendo que tengan cuidado, si no quieren morir del susto…
Himuro: Aparece sin avisar, y habla repentinamente, asustándote. Hasta Takashima-sama se asustó una vez…
Midorima: Yo nunca me he asustado.
Takao: Claro que si, Shin-chan, como aquella vez cuando…
Midorima: ¡Bakao! Cállate.
Onoda: ¿L-Lo dices enserio?
Manami: Que miedo…
Kise: Puede que esté detrás de nosotros en este momento…
Todos sintieron escalofríos. Se dieron la vuelta, y… nada. Suspiraron aliviados, pero…
Kuroko: Estoy aquí.
Onoda: ¡Aaaahhh!
Manami: ¡AAAAhhhh!
Gritaron asustados, y volvieron a darse la vuelta.
Kise: ¡Kurokocchi, no hagas eso!
Takao: ¡¿Lo ven?!
Onoda: Te-Tenían razón…
Kuroko: Eso fue muy cruel.
Himuro: Pues es la verdad, Kuroko, ¿Por qué no avisas?
Kise: No creo que Kurokocchi se divierta asustándonos, ¿O sí?
Kuroko: …
Kise: ¡¿Kurokocchi?!
Midorima: Yo no me asuste.
Takao: Claro que si, Shin-chan, te vi…
Midorima: Que no.
Takao: Que si…
Midorima: Que no.
Takao: Que sí.
Midorima: Que no.
Takao: Que no.
Midorima: Que sí.
Takao: ¡Jajaja! ¡Dijiste que sí!
Midorima: ¡Cla-claro que no! ¡Y-Y ya basta, Bakao! —Dijo sonrojado. Odiaba cuando el peli negro hacia eso.
Takao: ¡Jajaja! —No podía evitarlo, le encantaba molestarlo y ver como se enojaba y se ponía rojo. Era una de las cosas que más amaba de él.
Onoda: Bueno, y… ¿Qué hacemos ahora?
Manami: ¿Dónde están los demás?
Himuro: En el comedor, desayunando… ¿Tienen hambre?
Onoda: No mucho, comí demasiado ayer…
Manami: Si, yo también…
Onoda: ¿El chamán está ahí? Quiero preguntarle algunas cosas…
Kise: ¡Sí! Le gusta desayunar con los aldeanos…
Midorima: Bien, vamos. Nosotros tampoco hemos desayunado aun.
Se dieron la vuelta, y caminaron hacia el lugar donde los demás los esperaban.
