London's marauders
Por: Jesse L Black
Capitulo X: Nightmare
La cómoda habitación de Regulus Black era un paraíso al lado de su pequeña habitación que apenas tenía una cama con un fino colchón, paredes que se descascaraban al tacto con colores sobrios, la ropa toda apilada en un rincón, porque no poseía un armario y una tela que hacía de cortina. Agradecía tener al menos una buena puerta de madera, pero después de ver ésto, 'su lugar' era sólo un espacio más dentro de la vivienda.
Regulus vivía como un rey, no por nada era hijo de la noble y ancestral familia de los Black. Estar sentado en aquella cama gigante, mientras el más grande fumaba en la silla junto al escritorio, le hacía parecer irreal. Se levantó y se dirigió al más alto para tomar el cigarro, estaban de vacaciones y Ain había crecido un par de centímetros, pero no los suficientes para que no se note la diferencia entre Regulus y él.
La noche era bastante fría a pesar de estar en un clima veraniego, además de tener la ventana abierta y las cortinas de seda moviéndose suavemente. Terminaron de fumar y miraron la hora que era, ya pasaba de las once de la noche.
–Es hora que me vaya a mi casa –Regulus arquea una ceja ante esta proposición del muchacho.
–¿Bromeas, cierto? Te quedarás a dormir aquí –dijo el joven y señaló unos pijamas al costado de su cama–. Kreacher te ha preparado eso para que puedas descansar aquí mismo, no desvalorices su esfuerzo.
–¿Dormir? ¿Aquí? –miró todo el cuarto–. ¿Y dónde planeas que duerma? ¿En el suelo?
–No, idiota, en la cama –señala como algo obvio.
–¿Y tú donde vas a dormir? –preguntó, aunque más que nada quiso confirmar lo que temía.
–¡También ahí, hombre! La cama es lo suficientemente grande para los dos –bufó, para ser un Ravenclaw, el chico realmente era un idiota.
–¿Dormir los dos? ¿En la misma cama? –el joven era realmente muy inocente cuando se hablaban de esos temas y Regulus lo había calado hacía muchísimo tiempo.
–No te preocupes, dormiré de ese extremo y tú de aquel otro ¿de acuerdo? –sonrió, intentó ser lo más servicial posible–. Ahora ve a cambiarte, le diré a Kreacher que prepare unas bebidas para la noche, tengo que tomar agua, se me seca la garganta.
–Hm, de acuerdo –buscó entre las cosas que le habían preparado y tomó dos prendas, una playera y un short, para luego ir al baño privado del chico.
Mientras Kilian se preparaba, Kreacher les acercó algo de agua y se retiró; Regulus se quitó la camisa y los pantalones de vestir que llevaba puestos, se puso unos de algodón y se acercó lentamente al espejo. Giró y observó su tatuaje brillar, era mágico, por lo tanto cuando estaba enérgico podía resaltar aún más el color rojo en la piel. Al sentir el sonido de la puerta giró para ver al muchacho con su ancha playera manga larga puesta, que le llegaba hasta los muslos, y unos shorts que no cubrían sus rodillas.
–¿Vas a dormir así? –preguntó el menor, Regulus se miró nuevamente al espejo y asistió.
–Claro, hace mucho calor para una camiseta. ¿Tú vas a dormir así? Puedes quitarte el short, no hace tanto frío –Ain toma una almohada y se la lanza golpeándole la cara.
–¡Déjame en paz!
–De acuerdo, pequeño mocoso. Tú a la izquierda y yo a la derecha –Regulus se quedó de su lado mientras terminaba de sacarse las medias, Ain no las traía puesta desde un comienzo, por lo que directamente se acostó en la cama–. Que tengas buenas noches.
Apagada todas las luces ambos durmieron de espaldas al otro. Regulus permaneció al menos una hora despierto antes que sintiera el respirar pausado y desequilibrado de Ain que demostraba que el muchacho se había quedado profundamente dormido. Giró y le miró, levantándose un poco, sólo la espalda, para poder verle mejor. Con su mano, recorrió suavemente la cara, los dedos apenas le tocaban pero fue suficiente para que moviera su rostro un poco hacia un lado. El impulso le estaba ganando cuando le besó la boca apartando los cabellos de la frente con su mano derecha mientras con la izquierda recorría el pecho y bajaba directamente a las piernas. Entendía un poco lo que su hermano decía sobre el apetito sexual, pero no, no quería, no podía y no debía. Se alejó un poco, solamente un poco; ya las manos no le tocaban, aunque querían deslizarse por esas piernas, pero se tildó, directamente lo observaba desde su lugar.
No pasó ni siquiera dos minutos cuando el chico frunció el ceño y comenzó a moverse, realizando expresiones faciales aterradoras. ¿Pesadilla?
–¿Ain? –Susurró, pero el joven no se despertaba y continuaba frunciendo el ceño–. ¿Ain…estás? –su mano iba a tocarle pero inmediatamente el joven se movió, golpeándola con la mano.
–¡No me toques! –dijo entre sueños, Regulus se sorprendió, sin entender que era lo que le pasaba al chico cuando abriendo los ojos con desesperación comenzó a gritar.
Regulus, probablemente presa del pánico, le tapó la boca y con su mano le aprisionó los brazos y el cuerpo contra él, usando todo de sí para calmar el ataque del chico que gritaba dentro de sus manos con terror, como quien está siendo torturado. Acercó su boca al oído y comenzó a calmarlo, tranquilizarlo con su suave voz, "cálmate, Ain, estás conmigo", repetía una y otra vez, pero la desesperación del joven le impedía poder hablar de corrido.
Estuvieron forcejeando varios minutos, con Regulus usando todo su cuerpo sobre el chico para detenerle, hasta que éste perdió sus energías y relajó su musculatura. La mano del mayor se deslizó al fin y le tomó desde la altura del pecho para abrazarlo contra él.
–¿Qué pasó, Kilian? –habló en el oído, el sollozo le alertó que la pesadilla había sido terrible.
–No me dejes solo, por favor –susurró con un hilo de voz–. No dejes que me lleven nuevamente, no por favor –se notaba que aún estaba dentro de sus sueños a pesar de estar despierto.
–¿Quiénes?
–¡Ellos! Ellos por favor no…–comenzó a llorar, Regulus le dio la vuelta, el chico era demasiado delgado como para que eso fuera físicamente posible, y le miró el rostro.
–¿Quiénes, Kilian?
–El grupo de la muerte –musitó, sus ojos se abrieron al mencionarlos y se abrazó a Regulus llorando–. Por favor, no me dejes solo, no ahora.
–¿Hay algo que no me haz contado? –preguntó, el chico se tensó e inmediatamente se quiso liberar, pero Regulus no se lo permitía y lo aferraba más a su cuerpo.
–¡Déjame, suéltame!
–No lo haré hasta que me digas que es lo que te pasó –el joven le empujó de tal forma que el Black se deslizó sobre la cama y cayó de ella, Ain quedó aterrorizado en la cama, sentándose, y Regulus se levantó de inmediato–. ¿Quiénes son ellos?, ¡el grupo de la muerte!
–No….no puedo –se tapa la boca, Regulus se acerca en la cama y con sus manos se la destapa.
–Si puedes, dímelo. No puedo ayudarte sino me lo dices–le tomó suavemente la mano–. ¿Ves ésto? Este tatuaje, significa que no estarás nunca solo.
–Re-Regulus…–murmuró.
–Es la primera vez que me llamas Regulus desde que te conocí –le toma del rostro y se le acerca–. Eres muy lindo.
–…..te contaré –se apartó suavemente, Regulus se quedó con las ansias del beso en la boca–. Pero debes prometerme, que…..no me juzgarás.
–No lo haré –le tomó de ambas manos–. Lo juro por mi sangre.
–Muéstramelo –el muchacho afirmó, buscó en su cajón una pequeña draga cortando un poco su muñeca y pasándosela al chico que hace lo mismo, juntando ambas lastimaduras pequeñas pero sangrantes para mezclar las sangres.
Era un especie de rito entre los brujos, mezclar la sangre era un compromiso de hermandad y fidelidad, de nunca traición y solía realizarse entre personas que llevaban un acuerdo de sangre. Regulus iba a guardar el secreto con su corazón, con su vida, mientras que Ain iba a contarle todo, a ser un corazón abierto para él. Regulus deslizó su mano ensangrentada hasta la nuca del joven y lo acercó para besarlo. Un beso profundo, no suave y gentil como el de hacía minutos, uno donde su lengua ingresó por la cavidad del chico, abriendo de ese dulce sabor que sólo el pelirrojo podía darle. La sangre goteó por el cuerpo del muchacho más joven, pero no le importó en lo absoluto, le respondió el beso casi con la misma intensidad hasta quedar sin aliento.
–El beso no está dentro del pacto –afirmó Ain, Regulus sonrió.
–No, no está –masculló y buscó algunas telas para las heridas, las cuales encontró fácilmente–. Siempre guardo una daga cerca, por si mi hermano quiere robarme algo en el cuarto.
–Me sorprendió verla, lo admito –el joven recibe los cuidados médicos del chico–. Bien, gracias.
–Por ti, lo que sea…–pasa su mano vendada por las piernas del muchacho y le mira–. Cuéntame.
–Cuando tenía cuatro años, Remus y yo fuimos a un hermoso jardín que quedaba cerca de la casa donde solía vivir. No éramos ricos, pero teníamos dinero suficiente para vivir y darnos pequeños lujos. Mi hermano mayor Constantino trabajaba para la gran empresa que tenía mi padre, todos éramos felices –sonrió y cerró los ojos, tomó la mano de Regulus y la pasó por sus piernas, le encantaba ese tacto.
–¿Y qué sucedió? –se acomodó mejor en la cama y le hizo una señal al muchacho para que se sentara encima de él. Regulus quedó sentado contra la pared y Ain encima de éste, apoyado en los muslos y con la cabeza contra su hombro.
–Remus era muy temerario en ese entonces, se subió en un gran árbol y yo quedé solo abajo, cuando él decidió bajar después de unos minutos…..yo ya no estaba allí –apretó sus labios y cerró los ojos, dos lágrimas saltaron de ellos–. Me dijeron sangre sucia, me hicieron el crucio, me tocaron….
–¿Ellos….? –abrió los ojos sorprendido, apunto de decir algo, pero Ain continuó:
–No, no….–suspiró–. Agradezco a dios que nunca me hicieron 'eso' que te imaginas, pero a ésto se debe mi repudio al contacto demasiado íntimo entre personas, sexualmente hablando –tomó un mechón de cabello de Regulus y le miró–. Mi odio creció tan rápido que sentí que moriría ahogado en él, mi poder se nucleó y fue violento, ellos comenzaron a sangrar, y a gritar, yo estaba realmente furioso. Dijeron que era un demonio, que debían acabar conmigo. Me lanzaron la maldición imperdonable pero no resultó….
–¿Quisieron matarte con esa maldición?
–Aja –susurró–. Rebotó, golpeó las paredes y la destruyó, mis ojos se volvieron rojos y mi odio aumentó. Ellos se deshicieron de mí dejándome tirado en una zanja. Cuando desperté, ya no era el mismo, ya no era el dulce niño de cuatro años, era un monstruo.
–Ain….tú no….
–Soy un monstruo, Regulus –se separa–. Yo…me acerqué a ti por trabajo.
–¿Qué? –preguntó sorprendido, Ain afirmó.
–Nunca quise ser tu amigo, jamás me hubiera interesado en alguien que me tratara como un sangre sucia….–se tapa el rostro–. Pe-pero…..pasó lo de Braison, tú me haz protegido y abrazado, yo no sé….soy un monstruo porque quiero destruirte pero…..pero no puedo hacerlo….
–Ain…–intenta tocarlo
–No, no me toques, sólo te haré más daño, debes alejarte de mí, solo traigo sufrimiento –sollozó, el chico estiró sus manos para acariciarle el cabello–. Lo siento, yo hice que mis padres perdieran todo, mi hermano trabaja como un triste tatuador…..yo soy una deshonra para mi familia…
–Claro que no, enano –susurró con una voz queda y se acercó para abrazarlo–. Sé lo de tu trabajo, lo he sabido desde hace muchísimo tiempo y aun así decidí que quiero estar contigo…..quiero ESTAR contigo ¿entiendes?
–¡Soy un maldito sangre sucia! No quiero arruinar tu vida también –se apartó, no dejándose abrazar y le miró–. Si te juntas conmigo, tu familia, tú…..tú ya no estarás en tu familia.
–¡Mi familia me puede chupar bien el miembro! Yo te quiero a ti.
–¡No! ¡No Regulus! Tú eres lo único que les queda a tus padres para…
–¿¡QUÉ PARTE DE ME IMPORTA UNA MIERDA MI FAMILIA NO ENTIENDES!? –Regulus respiró, pesadamente, mientras miraba los ojos de Ain abrirse, se había convertido–. Me convertí en mi hermano…
–Re….gulus….
–Me he convertido –se mira las manos–. Me convertí…..
–¿Es-estás….bien? –susurró acercándose.
–El amor es lo más fuerte que tienen los seres humanos –levantó la vista–. Y te amo…
–Yo también te amo –le abraza.
En la casa de Remus, él se encontraba acostado en su cama con un Sirius completamente borracho a su lado, ambos habían dormido en la misma pequeña camucha y no había demasiado espacio, sobre todo para el Black, que había crecido mucho en pocos meses. A las siete de la mañana, el mayor se había levantado, traía la ropa de la noche anterior puesta y le dolía muchísimo la cabeza, se encontró sin los zapatos y en cama ajena, giró para ver a Remus en pijama, completamente dormido. Se acomodó y le abrazó por detrás, despertándolo.
–¿Sirius? –Susurró y giró la cabeza–. Veo que te despertaste.
–Hmmm….–se abrazó aún más–. Lo siento, Remus, lo siento tanto.
–¿Por qué?
–Por ser tan estúpido, por no ser lo suficientemente bueno como para amarte como lo mereces, lo siento –bramó, el muchacho sonrió entre sus brazos.
–Eres un idiota….–murmuró–. Anda, levántate, vamos a casa de James.
–¿James?
–Lily me llamó anoche mientras tú dormías, dijo que había sido atacado por Tom –cruzó los brazos–. Este plan no está dando bueno resultados, Sirius. Las serpientes están atacando.
–Ese maldito Riddle, seguramente vio que James estaba solo y lo atacó ¡Sabía que no debíamos confiar en las serpientes!
–Ponte una chaqueta, hace fresco afuera –le indica señalando algo de ropa en una pila, Sirius afirma y decide vestirse lo más abrigado que puede.
Fueron directamente a la casa de James Potter donde ya estaba allí Peter. El joven de lentes estaba realmente asustado y mal, a pesar que Lily lo contuvo toda la noche y luego lo llamó por teléfono al día siguiente, no pudo sino recordar aquel episodio con Riddle y darle nauseas. Les explicó a sus compañeros lo ocurrido, ante la mirada atónita de cada uno de ellos.
–¿Ósea…..ósea….? –Susurró Sirius–. ¿Fuiste el pasivo? JAJAJAJAJAJA.
–¡Ese no es el punto, Sirius! –Gritó James levantándose del asiento, pero el chico no dejó de reír–. ¡Ay, ya cállate! Pareces un nene.
–Ya Sirius, déjalo ya –bufó molesto Remus–. ¿Qué quieres que hagamos? ¿Abortar el plan?
–No, necesitamos tomarnos un descanso del plan, como Riddle nos quiere a los cuatro, si somos amigos o no, no es el problema en realidad. El cree que Lucius te tiene en sus garras, y también piensa que Snape está haciendo el mismo trabajo con nosotros –cruzó los brazos–. Lo mejor será unirnos de a poco. Usaremos este año para tranquilizarnos, socializar y poder infiltrarnos. Por lo que sé, Remus está más adelantado en ello.
–Lucius es un pan comido –sonrió–. Es tan calentón que puedo con él, pero Snape no lo es tanto.
–Snape está enojado porque Lucius puso sus ojos en tu culo, Lupin –Sirius sonaba bastante molesto luego de su ataque de risa–. Es obvio que quiere vengarse de ti.
–Pues no lo hará, entraré tan rápido entre las serpientes que tendrá que tragarse su veneno.
–¡No hables así de Severus! –El silencio reinó, y Sirius se dio cuenta lo que había dicho–. Lo siento, creo que estoy mal de la cabeza.
–¿Haz pensado en estar con Snape, Sirius? –preguntó Peter cuando el silencio se cortó con un hacha.
–¡Claro que n-n…..no…! –no sonaba muy convincente.
–Ejem –interrumpe James–. De acuerdo, ¿cómo va el operativo de Ain?
–Creo que es el que más avanzó de nosotros en poco tiempo, lo llamé para que viniera –mira su celular–. Debería estar aquí –suena instantáneamente el timbre.
–¡Debe ser él! –respondió Sirius y se levantó de la silla para abrir la puerta.
Ain se encontraba allí, con un pulóver, una campera oscura y una enorme bufanda, llevaba unos pantalones de algodón azul y unas zapatillas. Esos días de verano realmente eran helantes. Lo hizo pasar y se reunieron los cinco en la cocina, Ain comenzó a sacarse la ropa de más cuando sintió el calor del hogar en su cuerpo, se deshizo de la bufanda y de la campera oscura.
–Sabes, creo que esa ropa se me hace terriblemente familiar –masculló Sirius cuando el chico se sentó en la silla.
–Claro, son de Regulus.
–¿Regulus te prestó su ropa? –preguntó Lupin.
–Sí, y me beso –dijo como si hablara del clima, lo que produjo una reacción en cadera de sus compañeros.
–¿¡REGULUS TE BESO!? –esta vez todos se levantaron de la silla, con una expresión de sorpresa.
–¡Lo sabía! –Exclamó Remus con una sonrisa–. Sabía que ésto terminaría así, lo sabía.
–¿En serio? Yo creía que tu primo mataría a mi hermano, pero no imaginaba que el 'matar' sería de otra forma, de una más sexual.
–¡No tuve sexo con él! –Gritó el joven–. Sólo me beso y me abrazó, es todo.
–Ja, un Black gentil, ésto debe ser una broma –se burló James, Ain le lanzó una mirada de odio–. Tranquilo, tranquilo colega.
–Ain, Remus nos contó que tienes una historia para nosotros –murmuró Pettigrew, todos le miraron con atención–. ¿Es sobre tu…..secuestro?
–El grupo de la muerte –se toma la cabeza–. No estoy seguro, pero lo más destacable del grupo es un tatuaje en la espalda de una carabela negra con varias serpientes que salen de sus cuencas oculares…..es temible….
–Buscaremos información de eso, mi chicuelo –habló James alzando el puño–. No solamente destrozaremos a las serpientes, le robaremos información….
–El padre de Tom Riddle formaba parte de esa organización –murmuró Remus–. Y tengo la sospecha que el padre de Braison y Lucius también…
–¿De qué se encargaba el club de la muerte? –preguntó Peter.
–Ellos….ellos secuestraban niños con dones mágicos, niños hijos de muggles, y los torturaban hasta volverlos locos e imposibilitarlos en la magia o matarlos –Remus miró a su primo–. Ain era un niño hijo de muggles, ellos le odiaba, no lo sé ¿cómo podían odiar a un niño de cuatro años? –se tapa el rostro.
–En un descuido que le podía pasar a cualquiera, me secuestraron y torturaron con el maleficio crucio –a James se le heló la sangre–. Luego, cuando vieron que no podían hacer nada más conmigo, me echaron a la calle.
–Cuéntales todo –inquirió Remus una vez que bajó sus manos, Ain iba a protestar, pero no pudo.
–Me enojé, usé mi poder para lastimarlo, poder mental.
–¿Poder mental?
–Es un poder donde no se usan varitas, Sirius –comunicó Remus–. Muy pocas personas pueden hacerlo, Ain es una de ella, usó uno de sus poderes para provocar heridas cortantes. Los delincuentes pensaron que el muchacho acabaría con ellos y decidieron atacarlo con la peor de las maldiciones, pero ésta rebotó.
–Decidieron desecharme porque se dieron cuenta que no podían acabar conmigo –mira hacia otro lado–. Esos miserables….
–Los encontraremos, Ain –sonrió Sirius y se levantó–. Acabaremos con ellos, usaremos este año para entrar en los archivos de las serpientes. Somos los merodeadores de Londres y lo haremos.
–Gra….gracias….
Y así pasó el año, donde los muchachos utilizaban sus ratos libres para escabullirse entre sus compañeros y lograr hacerse de información. La relación de los cuatro había vuelto a la normalidad, Tom creyó que la guerra estaba perdida, pero al observar el reciente interés de Remus y Sirius por sus compañeros, creyó que su plan había comenzado.
James también manifestaba deseos de querer tener una charla con él y se había aproximado más al final del año, durante las fiestas; mientras que Regulus y Ain comenzaron una relación más cercana (aun más), a pesar que el joven le rehuía bastante a ello e intentaba pasar el menor tiempo posible con su amigo.
Se había ido el año, en el cual, las hojas del otoño comenzaron a caer el suelo, la nieve decoró los jardines. Sirius cumplió 17 años, luego fue Regulus (el prefecto de Slytherin) quien cumplió 16, Remus, James y Peter también cumplieron los 17 años en los meses de Marzo y abril y por último, Ain cumplió 14.
–¿Quieres? –preguntó Regulus mientras le extendía un cigarro, Ain llevaba una hora dando vueltas en el cuarto, usualmente se quedaba a dormir allí, dado que su casa pequeña tenía habitaciones tan apretadas que le producía claustrofobia. El muchacho ya se había puesto ropa de cama, pero debido al reciente calor de Abril (primavera), solamente usaba sus bóxers.
–No gracias, estoy pensando –murmuró el más joven, Regulus dejó el cigarro.
–¿En qué? –preguntó.
–En que ya es hora –respiró, y le miró, Ain llevaba una camiseta larga que cubría hasta la mitad de sus muslos, y unos bóxers negros.
–¿Hora de qué? –preguntó.
–De lo que te prometí hace meses –Regulus abrió sus ojos sorprendido.
–No tienes que hacerlo sino quieres….
–Si quiero…..–miró hacia la ventana y sonrió–. Claro que quiero.
–….entonces….–se notó algo nervioso, ambos lo estaban–. Ven, dame un beso.
A diferencia de Regulus, quien parecía frío y sin sentimientos, Ain había demostrado ser completamente diferente, apasionado, errático, tan irracional que se cuestionaban que sea un Ravenclaw. El beso fue el más apasionado que tuvo, aún más de lo que pudiera desear, aún más de lo que era sencillamente legal.
Hace unos meses, ellos habían ido a una plaza, Ain se sentó en una hamaca mientras Regulus le empujaba, parecía un niño nuevamente cuando sintió el viento en su rostro.
–Quiero…hacer el amor –susurró Regulus, inmediatamente la hamaca se detuvo por fuerza mayor de Ain, quien giró la cabeza.
–¡¿Qué?!
–Quiero hacerte el amor –caminó hasta la hamaca contigua y se sentó allí, al revés de Ain, con la mirada hacia el lado opuesto–. Quiero saber que se siente hacerlo con la persona que amas, quiero no tener que arrepentirme de ello.
–…..Yo….–miró hacia otro lado–. No sé qué decir…
–Dime que tú también lo quieres….–le miró–. Dímelo.
–Aun no, Regulus –bajó la mirada–. Tengo trece años.
–Lo sé, lo siento….
–Pero…..–antes que el chico se levante de la hamaca, Ain interrumpió–. Cuando esté listo serás el primero en saberlo.
Y ese era el momento preciso. Aquel, a poco tiempo después de cumplir catorce años. Las manos se deslizaron por su espalda mientras Regulus se encontraba debajo, los labios y las lenguas entrelazados, las pieles frotándose y las miradas devorándose.
Gimoteó, gimoteó cuando sintió la mano del más joven entrar por sus pantalones y masajear su miembro que comenzaba a endurecerse. Le había podido preguntar a su hermano como debía ser la primera vez, que tenía que hacer, a lo que el más grande de los Black se río de él y le comentó, principalmente, el buen uso del lubricante. Pensó que dado a la dureza y a la estreches de la zona donde debía meterla, era la mejor opción usar ayuda externa, sobre todo en la primera vez.
Los roles cambiaron. Regulus se inclinó y se puso encima mientras le quitaba el bóxer al muchacho, aun con miedo pero intentando elaborar absolutamente todo para que su pasado no volviera. Ain se quitó aquel recuerdo y lo guardó, no quería entrar en pánico en pleno acto sexual con la persona que decía amar.
Los dedos del pelirrojo se enterraron en la cabellera negra mientras la boca del mayor atacaba su cuello, los dedos se deslizaron por las nalgas desnudas hasta encontrar el lugar, el punto justo. Estiró su mano y abrió el cajón de dónde sacó un frasquito que utilizó para lubricar, era frío, lo que tensó el cuerpo del más joven y apretó sus dientes al sentir unos dedos entrar en él.
–Tranquilo, intentaré no ser brusco –murmuró, sabía que tenía que ser extremadamente cuidadoso.
El sexo es una expresión del deseo, pero él no quería desearlo, él quería amarlo. Tal vez sonaría hasta cursi pero era así. Se embadurnó el miembro duro, rígido, con la misma sustancia y alzó las piernas, tirando de ellas, haciendo que Ain se mueva en la cama. El joven era realmente delgado y aun llevaba la playera encima. Le miró a los ojos buscando una afirmación y comenzó a entrar muy lentamente, aunque la estrechez le pedía que fuera un poco más despacio; no podía con su instinto y sin quererlo le metió todo dentro, haciendo que el joven arañara su espalda por el dolor ocasionado y apretara los dientes con más fuerza.
–Lo….l-lo siento –susurró, unas lágrimas cayeron del rostro de Kilian, que fueron lamidas por Regulus.
–S-Sigue,….n-no im-po-ta….–aun apretando sus dientes pudo hablar.
Regulus no estaba convencido de las palabras pero comenzó a moverse, al principio de forma lenta pero fue aumentando la velocidad. Su cama se movía frenéticamente golpeando la madera contra la pared, mientras los gemidos aumentaban en velocidad y ritmo. Sus caderas golpearon y un sonido húmedo se escuchaba en cada embestida.
Golpe, golpe, golpe. Aumentó la velocidad y el sonido era aún más fuerte, comenzó a lamerle la cara, los labios, besar su boca, recorrer con sus manos las caderas, los muslos, las piernas, la cintura, el pecho, el cabello largo que tanto amaba.
Se movió más, más, se llevó una pierna en el hombro y continuó con el golpeteo, el miembro del más joven comenzó a endurecerse y tuvo que atenderlo con su mano, jalándolo y produciendo aún más placer.
Sacó su miembro y le dio la vuelta para dejarlo boca abajo, el chico, algo agotado, se levantó un poco y Regulus lo volvió a penetrar, montándose detrás mientras con su mano le jalaba el pene, esta vez la cama se movió más fuerte hacia los lados, golpeando nuevamente la pared con más fuerza, pareciera que se caería de los crujidos que producía.
–Aaaah…..aaah…no-no pu-puedo ma-más….salte….saltee….–avisó Ain, estaba por llegar al orgasmo y sentía en su interior que el miembro duro de Regulus comenzaba a flaquear.
Black no lo hizo, esperó a que el chico se viniera en su mano para luego estallar dentro de él, llenándole, sintiendo latir su miembro dentro y las paredes apretarlo. Cerró sus ojos y cayó rendido sobre el joven que también se desplomó por el peso. Sus pieles estaban sudorosas, lo podía sentir aun por encima de aquella playera mojada levemente. Se quedó un rato más pero logró salir con suavidad del interior comenzando a brotar de allí, el líquido blanco.
–Estúpido –masculló Ain–. Te viniste dentro….–cerró los ojos.
–No quedarás embarazado, idiota….–respiró agitadamente y se acostó boca arriba al lado de él.
–Doy gracias que no soy mujer –murmuró. Regulus sonrió y se quedó dormido.
La humedad, el calor, todo desapareció. Cuando Regulus se despertó, creyó que había sido un sueño. Giró la cabeza pero no encontró a nadie, se levantó, su cuerpo aún estaba exhausto por la noche anterior y pudo ver su semen en la cama. No había sido un sueño.
Giró para todos lados sin encontrar rastros de la ropa o las cosas de Ain, ¿se había ido? Sólo pudo ver una nota allí, la tomó.
Regulus. Debo enfrentar mi destino. Lo siento mucho…Kilian Howell.
¿Qué demonios era eso? ¿Qué quiso decir con 'enfrentar mi destino'? Los ojos de Regulus se abrieron, pensaron que sería una broma. Nunca creyó, que ese año, no volvió a ver al chico.
Continuará.
Primero y antes que nada, lamento haber adelantado el tiempo tan rápidamente, pero necesitaba hacerlo, igual durante los siguientes capítulos se dirá que fue lo que pasó en aquellos momentos. Y así se fue Ain para volver en un año jajajaja, bueno, le rompieron el corazón a Regulus creo yo, aunque Ain salió peor porque le rompieron el culo (que mal sonó eso), igual todo tiene una explicación y lo veremos un poco más adelante cuando Kilian vuelva XD. Los que leen mi fic me conocen que amo el mpreg XD pero tranquilos, este fic no tiene, aunque se mencionan posibles métodos de pociones para procrear, pero dudo que lo utilicen ¡Dejen coment!
