Entro de puntitas porque se que van a matarme... no tengo excusa, bueno si, pero no creo que sea valida... despues de varios jalones de orejas, finalmente me puse a escribir y aqui traigo otro adelanto, espero les guste y prometo no tardarme tanto en actualizar... promesita...

Saludos y besos a mis hermanitas Ines y Ceci que junto conmigo van a cumplir años el proximo mes... ahi les ando escribiendo algo para regalarles... lo subiere a tiempo, promesa...

Disclaimer: Nada es mio, solo la historia... lo demas es de la Señora Rowling...

Vivan los Sly!

Enjoy!

RECUPERANDO LA CONSCIENCIA

Theo se puso de pie, caminando hacia la pequeña ventanita que se encontraba justo debajo del incómodo catre que le habían dado para que durmiera. Se froto las manitas una contra la otra, tratando de darse calor, pero no fue mucho lo que logro. A pesar de que afuera podría sentirse la temperatura más que agradable, dentro de la mazmorra donde estaba encerrado, el frio era glacial.

Con un salto se bajó del catre, metiéndose en el pequeño cuarto de baño, que más que ser un inodoro era una infecta letrina, e hizo sus necesidades con rapidez, tratando de no agarrar frio cuando se bajó los pantalones. Con una mueca de asco volvió a subírselos, una vez que hubo terminado, tratando de obviar el hecho de que estaban asquerosos pues hacía varios días ya que no se los cambiaba, y estos estaban cubiertos de mugre, lodo y sangre seca.

Reprimió un sollozo cuando la imagen de su madre, cubierta de sangre, llego nuevamente frente a sus ojos. El dolor y el miedo de nunca volver a ver a su madre le estremecían completamente, haciéndole sentir más perdido y solo que nunca. Sufría día y noche pensando que nunca volvería a ver su rostro, a escuchar su voz contarle un cuento, riéndose de sus bromas o cantándole una canción, a sentir sus manos sobre su cabello, acariciando su espalda o limpiándole el rostro, su bella sonrisa, la caricia cálida y tierna de su magia.

Se mordió los labios, probando su sangre cuando la piel se rompió bajo la presión de los dientes. El corazón le dio un vuelco cuando sintió la calidez acariciando su pecho, sonrió entre lágrimas que no se había dado cuenta que estaba derramando, mientras la calma lentamente se filtraba por cada poro de su cuerpo.

"Pronto estarás a salvo" le dijo una voz.

Theo sonrió, sentándose contra la pared.

"Lo sé" en su mente contestó…

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Cuando Altaír recupero la consciencia lo primero que sintió fue un intenso dolor recorrerle el cuerpo por entero. Quiso moverse pero el hechizo que se lo impediría se activó, dejándola paralizada. Sabía que podía romperlo fácilmente, pero también sabía que si lo tenía encima era por algo. Intento mover su mano derecha lentamente, buscando sentirse poco a poco, pero solo sintió un hormigueo ligero. Se tragó el miedo que le subió por la garganta, mientras abría los ojos y buscaba frenéticamente a su alrededor. Se concentró con dificultad, ya que aún se encontraba ligeramente drogada por las pociones, por lo que solamente atino a mandar una ligera oleada de magia, que a pesar de la baja intensidad, fue capaz de lamer las paredes y hacer saltar la alarma de la habitación.

Cinco segundos después, un hervidero de medibrujas y sanadores entraron en tropel, corriendo a su alrededor, lanzando hechizos a diestra y siniestra. Altaír quiso hablar pero el hechizo se lo impedía, y aunque quiso vencer a la inconsciencia, esta se la trago rápidamente a pesar de sus esfuerzos por permanecer despierta. Lo último que vio antes de que todo se volviera negro, fue a sus dos hombres, rubio y moreno, parados fuera de la habitación, mirándola fijamente.

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Cuando volvió a recuperar la consciencia, fue solamente porque el profundo dolor que sintió en su corazón le hizo insoportable seguir durmiendo. Las oleadas de tristeza y desesperanza le llegaron de lleno, lamiendo cada centímetro de su cuerpo, dejándola aterrada y adolorida. Se concentró con todas sus fuerzas en buscar la causa de esos sentimientos, descubriéndolos en el acto, arrancándole un grito ahogado. Su Theo, su precioso niño, estaba sufriendo. Lo sintió llorar con tanta desesperanza que ella a su vez quiso ponerse a llorar y gemir como una niña pequeña.

Se concentró en mandar sentimientos de aliento hacia su hijo con lo último de energía que tenía, y lo escucho contestar dentro de su cabeza antes de perder nuevamente el conocimiento…

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La tercera vez que despertó, sintió la caricia de algo tibio sobre sus labios, y la humedad sobre su rostro y cabellos la hizo parpadear, para encontrar a centímetros de su rostro los ojos más hermosos que hubiera visto jamás.

-Draco…-

La sonrisa cegadora que el rubio le lanzo podría haber iluminado el lado oscuro de la luna. Trato de sonreírle de vuelta, pero hasta eso le dolió. Solamente lo miró fijamente mientras Draco le besaba los labios, la frente, los ojos, sonriendo como un loco.

-¿Que… que paso…?-

Draco hizo una mueca mientras le contaba los detalles. El corazón dejo de latirle durante algunos segundos, saltándose latidos cuando Draco le dijo que Theo había sido secuestrado. Ella sabía que su hijo estaba relativamente bien, pero los brazos le dolían por tenerlo de regreso. Frunciendo el ceño, le dirigió una mirada llena de determinación.

-Quiero ver a Harry-

Draco tenso la mandíbula, mientras los huesos crujían, pero no dijo nada. Él se había dado cuenta de lo que hace mucho había venido pasando, pero no se había percatado en que momento la había perdido completamente. Había sabido desde el principio que nunca seria suya completamente, pero había aprendido a vivir con el fantasma de Theodore entre ellos, fantasma que se había ido desvaneciendo lentamente. Lo que no contaba es que había sido otro el que lo había desvanecido.

También sabía que, aunque Altaír era tan astuta o más que cualquier Slytherin, era terriblemente obtusa igual que un Gryffindor cuando no quería ver lo evidente, por lo que seguramente aún no se había dado cuenta de lo que para cualquiera ya era evidente.

Pero entonces Draco, como un buen Slytherin, decidió quedarse callado. Ella era su esposa, era la mujer que amaba y la madre de sus dos hijos, y del tercero que venía en camino. Iba a hablar cuando Susan Mcmillan irrumpió en la habitación.

-Altaír… ¡Me da mucho gusto verte despierta!-

-Su… Susan… gra…cias…-

-Por poco te perdemos mujer, llegaste prácticamente muerta al hospital. Si no hubiera sido por una inesperada sorpresa, no sé qué hubiéramos hecho…-

-¿Sor… sorpresa? ¿De qué hablas…?-

-En primer lugar llegaste apenas con vida, de hecho, si no hubiera sido por Harry hubieras muerto, él te proporciono la chispa mágica para que sobrevivieras el trayecto hasta acá, pero prácticamente llegaste con el alma saliéndose por la boca… ya no tenías ningún halito de vida dentro de ti y sin embargo… había una pequeñísima chispa de vida que nos permitió traerte de vuelta…-

-¿Cómo? No te entiendo…-

-Altaír… estas embarazada…-

Altaír abrió la boca grandemente, pero ningún sonido salió de ella. Clavo sus ojos grises en los mercurio que la miraban fijamente, chispeando de alegría por la noticia. Sonrió lentamente mientras la idea iba entrando con lentitud en su cerebro, calmando sus miedos y dolores. Su mano fue a su vientre con algo de dificultad, acariciándolo con suavidad y sintiendo los calambres que la magia de su hijo no nato le enviaban. La vista se le empaño cuando las lágrimas brotaron de sus ojos, cayendo por sus mejillas mientras sollozaba de felicidad. Draco le sonrió mientras tomaba sus manos entre las suyas, besándolas con devoción.

De pronto, la felicidad por la noticia perdió su brillo, y la sonrisa enorme que adornaba sus facciones se desvaneció, al recordar a su pequeño Theo, en manos de algún loco desequilibrado, sediento de venganza y muerte.

La puerta se abrió justo cuando pensaba en Harry, dejando ver al mago moreno de pie debajo del dintel, mirándola con ansiedad. Se acercó a ella con lentitud, alzando la mano para tocarla, chispas plateadas brillando entre ellos cuando sus manos hicieron contacto. Altaír abrió los ojos grandemente cuando los pensamientos de Harry fluyeron hacia su cabeza como un rio fluyendo hacia el mar. La preocupación, el miedo, el dolor, la desesperanza, la alegría y el amor se vertieron sobre ella como una cascada, dejándola aterida y en shock, el medidor de sus latidos volviéndose loco y estallando a su lado, seguido por las máquinas y esferas a su alrededor.

Draco salto hacia atrás, saliendo de la trayectoria de las mini explosiones, mientras sus ojos se abrían con asombro. Susan Mcmillan blandió su varita con precisión, moviéndola de un lado al otro, mientras buscaba apagar los pequeños incendios que habían comenzado en los aparatos.

Sobre carga de magia dijo, con una mirada de disculpa.

Celos, dijo la mirada de Draco.

En los ojos de Altaír y Harry, solo se leyó entendimiento.

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Astoria se miró en el espejo, sus ojos azules aterrados le regresaron la mirada.

"¿Qué hemos hecho?" Se preguntó.

El Profeta descansaba descartado sobre la mesita ratona en su habitación, las palabras impresas clavadas en su mente como estacas.

"Heroína de guerra atacada"

"Atentado termina con su vida"

La fotografía de Altaír, tomada días atrás saliendo de Sortilegios Weasley con sus dos hijos, impresa sobre la página, la había horrorizado al comprender que las palabras de su hermana no habían sido delirios de venganza. Ella lo había hecho realidad.

Se dejó caer en el sillón completamente asqueada. Eso no era lo que ella quería. Si, la odiaba por haberle quitado a Draco, pero hasta algunos días atrás no había aceptado para ella misma que los ojos del rubio siempre habían brillado para Altaír, e hiciera lo que hiciera, siempre seria así.

No había querido aceptarlo antes y la había sentenciado a muerte cuando sus deseos no habían sido esos, no quería matarla en realidad, solo habían sido palabras de una mujer despechada, solo eso. Solo unas palabras habían bastado para sentenciarla a muerte, y su hermana lo había creído a pies juntillas.

Y ahora Altaír estaba muerta y su hijo en manos de quien sabe quién sádico vengativo…

Se imaginó lo que harían con la criatura y la bilis se le disparo por la garganta, dejándola apenas llegar al excusado para vaciar prácticamente todo lo que traía en el intestino, mientras sus ojos derramaban lágrimas de culpa.

Nunca había sido ni remotamente valiente pero aceptaba que tenía que ponerle un freno a la actitud criminal que su hermana estaba mostrando… y a la insana locura que había visto brillar en la profundidad de sus ojos verdes. Se enjuago la boca con lentitud, y mientras se miraba en el espejo, buscando en sus ojos el valor necesario para hablar con Daphne, se preguntó cuándo se había vuelto tan despreciable que ni siquiera le había importado condenar a muerte a una persona.

Negó con la cabeza, dándose vuelta y parándose en seco cuando vio la silueta recortándose en el dintel de la puerta.

Daphne Greengrass la miraba fijamente. Sus ojos verdes, antaño pozos de dulzura únicamente para ella, se habían convertido en cristales de hielo. Astoria reprimió un estremecimiento de terror cuando, debajo del cristal, el rostro de la muerte le hizo un guiño.

-Lo hice-dijo con una media sonrisa.

Astoria se clavó las uñas en las palmas de las manos hasta hacerse sangre, evitando que el gemido de horror saliera de su garganta.

Daphne sonrió aún más…


Bueno... hasta aqui por hoy... prometo, nuevamente, no volver a tardar tanto...

Gracias mil por leer...