Disclaimer: Ningún personaje, marca o editoriales que vean y reconozcan me pertenecen. No soy Stephanie Meyer y bla bla bla…

Aclaración con las edades para que nadie se confunda.

- Jasper: 26 - Edward: 25

- Emmet, Rosalie: 24 - Alice, Bella: 23

Capítulo diez: Instinto maternal.

No importa que tan difícil te sea la vida sin alguien, siempre debes de seguir.

Habían pasado ya varios días desde la tediosa cena y el fin de semana familiar se acercaba. No ocurrieron demasiadas cosas relevantes en la vida de los involucrados.

Rosalie ni se molesto en relocalizar a Emmet, no hablaba con Jasper y envidiaba la supuesta vida de ensueño de Tanya... ya hasta tenía suegros y vaya que eran envidiables en muchos aspectos.

Emmet se indignó por el desinterés de la rubia y se refugiaba en el deporte, no hacía más que entrenar con la pelota y aumentar su masa muscular si es que eso era posible. Hablaba con Edward y le pedía perdón a Alice, a pesar de ya haber sido perdonado.

Alice había salido con John varias veces y se había arreglado con Bella. También tenía un poco de tiempo para sus hermanos y sus padres. Bosquejos y telas inundaban su estudio para convencerse que tenía talento, su colección iba a ser algo impactante, diferente, algo que la representará.

Edward, hablaba con Alice para aminorar su furia y hablaba con Emmet para escuchar insultos hacia Rosalie, además se dedicaba a hacer una mala melodía. Tanya lo visitaba con más frecuencia e insinuaba una vida a futuro que solo lo confundía.

Bella, además de arreglar su malentendido con Alice había recibido varias llamadas de Jacob y por cobardía no se atrevía a contestarlas. El trabajo la dejaba exhausta entre números, llamadas, juntas y escritos.

Jasper, por último se dedicaba a ordenar las cuentas de sus empresas y de la de su hermana, la administración no era muy buena y Rosalie era una descuidada. Pensaba en la pequeña Alice a menudo y recordar el último encuentro hacia que quisiera verla al menos una vez más.

Ninguno la tenía fácil y uno estaba tan confundido como el otro.

Seis almas buscando un destino, buscando encontrarse. Eso los definía muy bien.

. . . . .

Un dolor en el cuello hizo a Bella levantar la vista de los últimos contratos adquiridos con una maquiladora, una fábrica textil y demás involucrados. Era una noche de viernes y el trabajo no acababa, observo el reloj y al ver que eran las tres de la mañana soltó un gruñido.

Tres minutos más tarde sus zapatillas chocaban con el piso de cristalizado del edificio. Alice, como siempre dejo la luz de su estudio prendida así que se dirigió a apagarla.

-La señorita Cullen se encuentra trabajando.- El guardia que se encontraba en la puerta de salida le advirtió.

-Oh.- Eso si que era extraño.- Gracias.

-¿Ali?- Bella asomó la cabeza por el marco de la puerta.- ¿Qué haces aquí?

Alice se sobresaltó al verla.- Eres tú. ¡Me asustaste!-Una risita melodiosa salió de sus labios.- Termino unas cuantas cosas. ¿Tú?

-Igual.- Bella se acercó a ver que hacía.- Es un conjunto genial.

-Gracias.- Alice sonrió y pestañeo varias veces.- No quiero ser la hija de los Cullen, quiero que me conozcan por mí.

-Lo hacen.- Bella le sonrió con cariño.- Pero te estás muriendo de sueño, puedes terminar mañana.

-Está bien.- Alice se levantó y tomo su abrigo.- Pero debemos de ir consiguiendo locaciones para fotos, he tenido algunas ideas.

-Mañana.- Bella soltó un bostezo.- O pasado mañana.

-¿Me acompañarás?-Alice sacó la llave de su estudio y cerró tras ella.

-Es algo familiar.- Bella contestó dudosa.-No se si sea apropiada y tu hermano.

-Emmet te adorará.- Alice se salió por la tangente.- Y eres mi mejor amiga, debes de conocer a mi madre.

-¿A qué hora es?- Si no puedes con el enemigo, únetele.

-Mediodía, John y yo pasaremos por ti a las diez.- Alice se colgó de su brazo y con una seña se despidió del guardia. Bajaron el elevador y compartieron taxi.

Ambas durmieron como nunca ya qué en la semana a penas si conciliaron el sueño.

Y la noche da paso al día, el día a las novedades y las novedades a las aventuras.

Bella se despertó hecha un manojo de nervios que ni siquiera un café cargado logro calmar.

Sabía muy poco de los Cullen como familia y de la parrillada solo sabía que era en una mansión a mitad de un campo de golf, en los Hamptons. Nunca había ni siquiera soñado con ir ahí.

De hecho nunca imagino que Alice fuera millonaria cuando la conoció en Nueva York como su compañera de habitación. Bella era de Forks y Alice una autentica neoyorkina. Ella estudiaba administración y la pequeña, diseño de modas, le pareció graciosa y excéntrica con dinero si, pero no tanto.

¿El resto de la historia?

El último año de universidad Alice le pidió que la apoyara en un 'pequeño proyecto' que tenía en mente ya que era un desastre con los números, Bella acepto y formaron un excelente equipo: una administraba y organizaba mientras que la otra creaba y se hacía espacio en medio de la competencia. Pronto estaban en París por los contactos creados y luego tenían una oficina en una zona prestigiada de Manhattan.

Isabella nunca creyó en el destino hasta que conoció a Alice Cullen. Conocerse cambio su vida y eso no podía ser una casualidad.

El recuerdo hizo sonreír a Bella. Tomó un sorbo de café y se dirigió a su contestadora. Tenía dos mensajes nuevos.

Primer mensaje: ¡Bella! Tengo una beca en el Instituto Saint Charles, Jake vive en Brooklyn y me mudare con él. Quiero verte aunque ese imbécil haya terminado su relación. Te veo el sábado en Central Park a eso de las cinco.

Segundo mensaje: Seth se mudará y quiere verte.

Bella casi salta de felicidad, adoraba al primo de Jacob, Seth Black. Su sola presencia la hacía sonreír y, aunque ya no era un niño, con sus diecisiete años le seguía pareciendo un pequeñuelo.

Su felicidad se ensombreció con el seco tono de voz de Jacob, no se esperaba menos, pero por el momento no quería verle la cara. No después de lo pasado con Jacob.

. . . . .

La inseguridad es tu mejor aliado si quieres que los demás decidan el rumbo de tu vida, y si no lo quieres, es tu peor enemiga ya que no te permite luchar por tus sueños o, te impide verlos.

Edward estaba nervioso, tal vez esto era más de lo que el quería con Tanya. La quería pero no la amaba, o más bien no sabía que era el concepto de la palabra amor.

Tomó las llaves de su Volvo y manejo por las calles de Brooklyn sin rumbo.

Le compró a su madre un ramo de flores en un lugar colorido con un toque campestre y ya llevaba en la cajuela un vino para su padre.

Mientras manejaba pensaba en como había llegado a ese punto, sentirse estancado, sin ninguna meta a corto o largo plazo, había perdido su música y su esencia. Ya no se conocía.

¿Cómo y cuando fue que paso a ser el fantasma de Edward?

Muchos creían que lo tenía todo y más. Era guapo y joven, adinerado y galante, con sus veinticinco años era el mayor de los Cullen, el primogénito y tenía un talento nato con la música desde pequeño, en especial el piano. Había recorrido el mundo y sin embargo se sentía solo.

Termino la carrera de medicina, pero no fue lo suyo y fue cuando vivió en Europa, visitando y estudiando en prestigiosos conservadores de música. Se perfecciono en el piano y violín en Italia, en Inglaterra aprendió de música más bohemia con el teclado y algo de guitarra y en Francia se dedico al piano, al principio en clubs y después de ser descubierto en conciertos extremadamente caros…tuvo tal éxito que tuvo que tener un agente. De ahí en adelante su imagen le era difusa.

Nunca supo como se derrumbo su vida, hasta que era demasiado tarde.

Él no era como Alice, desbordando alegría y con metas bien definidas, hacía lo que quería por instinto. Tampoco era como Emmet, que a pesar de tener una vida algo inmadura estaba basada en su amor al deporte y a las mujeres, se divertía pero ya sentaría cabeza. Como sus padres mucho menos, no creía que el amor que se tenían fuera posible de encontrar…No era como su familia. O al menos así se sentía.

Tanya a veces le sonsacaba sonrisas, pero no dejaba de ser una ilusión de su etapa juvenil, hormonas no sentimiento. La apreciaba y se divertía a su lado, no era feliz pero sus berrinches le hacían reír, su forma de cocinar y decir mucho y nada a la vez.

Pero faltaba algo. Tal vez alguien.

Finalmente dejo de juguetear con los senderos y tomo el camino que unas horas más tarde lo conducirían a la casa de sus padres.

. . . . .

John fue tan puntual como siempre y Alice lo agradeció ya que Bella le dijo que se tendría que ir antes de lo previsto porque se reuniría con un sobrino a eso de las cinco.

No esperaba mucho para esa comida, tan solo ver a sus padres y pasar un rato agradable, no lo veía como lo que era: El anuncio formal de su novio por impulso.

Los errores se pagan caro y si no se pagan, no fueron errores.

Observó a Bella revisar su celular cada tres minutos, para ver la hora. Entendía que fuera incomodo ver a Edward pero para ella también lo era, y no quería ir sola. Era egoísta y lo sabía, pero se lo recompensaría.

-John ¿te gusta el tenis?- Alice rompió el incomodo silencio entre los tres.

-No me considero un buen jugador.- John sonrió algo intimidado.- Pero al parecer tu si lo eres.

John lo adivino por la vestimenta de Alice: Un vestido sport corto color violeta con tirantes cruzados en la espalda, tenía una mascada en el cuello con un estampado colorido y unos delicados tenis planos color blanco. Su vestimenta era impecable aún cuando practicaba deporte.

Bella que no planeaba acercarse a una pelota llevaba un vestido blanco ceñido en la cintura y con caída libre hasta la rodilla, un chaleco rojo y unos zapatos tipo flats del mismo color, su cabello iba recogido en una coleta de lado y tenía muy poco maquillaje.

'Sera un peligro para Tanya'. Alice lo pensó pero no lo dijo.

Generalmente no envidiaba a las personas, pero Bella tenía lo que ella llamaba belleza natural ya que sin un gramo de maquillaje se veía mejor que muchas modelos llenas de productos. Así que con un poco de ayuda era hermosa, solo que no se lo reconocía.

. . . . .

Para satisfacer a la familia se requieren sacrificios, desde usar una corbata hasta conseguir una pareja.

Emmet se termino de arreglar y observo su celular en la mesa de cristal de su recamara.

Una incomoda sensación lo recorrió al pensar que sus hermanos llevaban pareja y el no.

Recorrió su lista de contactos pero nadie le interesaba realmente.

Otro vistazo y sonrió: Jane Volturi era la respuesta a su problema. Su padre era colega del suyo y era bastante atractiva a la vista, reservada y una dama al estilo medieval, cosa que lo aburría mucho.

Estaba decidido ya que no tenía opción. Odiaba a Rosalie y su hermana también, así que su madre igualmente lo haría. Una modelo sería reprochado por su padre porque son demasiado tontas. Una artista bohemia no era su estilo y sería más incomodo. Jane era perfecta para el papel.

Pensó levemente en la menor de los Hale, era guapa y le gustaba su forma de ser, era femenina pero tenía un carácter imponente, si la hubiera conocido bajo otras circunstancias tal vez…pero desafortunadamente para él el hubiera no existe.

. . . . .

A eso de las doce y media todos estaban instalados en la mansión Cullen, a mitad de los Hamptons. Era una casa de color marrón oscuro, la fachada era una verdadera obra de arte arquitectónica. El jardín estaba rodeado de paredes de piedra, tenía bien cuidadas las plantas, árboles y fuentes de piedra. Por dentro tenía numerosas ventanas de cristal que iban del piso al techo, la decoración era modernista en tonos crema y naranjas, las mesas era de distintos tipos de madera, también tenía numerosas lámparas y cuadros, algunos pintados por la misma Esme.

Nadie conoce mejor a alguien, qué una madre a sus hijos.

Esme estaba feliz por Alice, pero preocupada por Edward y Emmet.

John era un buen muchacho, de buena familia y absolutamente encantador. Sin embargo con sus otros dos hijos no era la misma historia, a pesar de que le agradaba Jane no era la clase de persona adecuada para alguien tan activo como Emmet y había algo en Tanya que no podía inspirarle confianza.

Bella por otro lado le agradó desde el momento en que la vio, era la clase de amiga que Alice necesitaba, una real y confiable, no una plástica e interesada. Era sencilla pero elegante, y lo que más le gustaba, era que a pesar de tener un buen salario con su hija no estaba interesada en hacerse millonaria, era más bien centrada. Introvertida sí, pero alegre. Y notaba las miraditas que Edward le enviaba de vez en cuando.

Una vez terminada la comida, tomaron algo de vino blanco con diferentes tipos de postre. Sí, era una parrillada familiar, pero eran los Cullen quienes la organizaron.

Pasados unos minutos se dirigieron al campo de golf que se encontraba a la salida de la casa y doblando a la derecha unos cuantos metros.

Alice jugó unos cuántos hoyos pero se cansó de las burlas de Emmet.

-Pido la revancha por Alice.- Edward salió galante a hacer afán de sus buenas habilidades.

-Te aplastará.- Alice sonrió y Emmet le susurró un 'tramposa'.

Emmet tenía la fuerza pero Edward la puntería y el único que pudo ganarle fue Carlisle, quién tenía además de puntería, basta experiencia.

-¿Mamá no jugarás?- Emmet al ser aplastado quiso desviar el punto de atención.

-No tengo ropa adecuada. Además me gustaría tratar otros asuntos.

Tanya se sintió congelada cuando le dirigió una mirada. Después diviso a Jane, quién observaba el paisaje y finalmente vio a John hablando con Alice y Bella.

-¿Alice?-Esme le hizo una seña con la mano para que se acercará. Una vez que la tuvo cerca preguntó-¿Podemos hablar?

Edward y Emmet se giraron al instante.- Estás en problemas.

-Oh, cierren la boca.- Esme rió con gracia.- Nadie está en problemas.

Alice se relajo y les hizo una mueca a sus hermanos.- Pero Bella…

-Se queda en buenas manos.- Carlisle fue el que respondió esta vez.- Además, estoy muy interesado en saber como fue que la convenciste para seguirte en tu locura.

-¿Bella?- Alice estaba dudosa.

-Despreocúpate.- Bella hablo con tranquilidad, pero por dentro estaba muy nerviosa.

El matrimonio Cullen era imponente en toda la extensión de la palabra.

Esme era impecable desde la raíz de su cabello rojizo hasta la punta de sus zapatos Dior, tenía la sonrisa y el tono de voz más maternal y dulce que había escuchado en su vida, y la envidia la recorrió al ver que tenía a la familia perfecta; no era una mala envidia si no más bien era como su ideal de mujer.

Por el otro lado estaba su esposo, Carlisle, guapísimo y atractivo a pesar de su edad, galante y sobretodo muy sabio, no había platicado mucho con él pero se reflejaba en su mirada su experiencia, aunque a decir verdad, era intimidante su look de cirujano.

Alice finalmente se fue tranquila, su papá la haría sentir en casa.

-¿Y bien?- Esme comenzó a caminar hacia la casa.

-¿A dónde vamos?- Alice sabía que su madre quería saber más de John, pero no estaba segura de querer hablar.

-Al jardín, me gusta hablar ahí. Lo sabes, así que ya dime de una vez. ¿Qué tan serio es ese muchacho?- Esme le sonrió con complicidad.

-¡Mamá!- Alice rió. Le encantaba el carácter de su mamá, tenía autoridad pero seguía siendo su amiga.- Es una historia complicada.

-Tenemos tiempo.- Esme invito a Alice a adentrarse a la casa. Caminaron hasta el jardín y se sentaron en una de las fuentes.

-De hecho Bella se tiene que ir a las cinco y prometí…-Alice quería zafarse del tema, si su madre la escuchaba hablar de Jasper Hale la descubriría y la reprendería por jugar con los sentimientos de John.

-Edward la puede llevar.- Esme habló por hablar. Pudo haber dicho Emmet o tu padre, pero dicen que nada es casualidad.

-¿Edward?-Alice se retorció.-Madre tú no quieres a Edward y Bella respirando el mismo aire, no después de lo que paso. Matarías a Edward si volviera a ser infiel.-Está vez, Alice se congeló.

El problema de hablar mucho es que puedes decir cosas que preferirías no haber dicho.

-Disculpa.- Esme la observó algo aterrada.

-…-Alice se quedó callada. Era preferible no hablar a hundirse más.

-Alice ¿Qué dijiste?- Esme la observó fijamente, su tono de voz fue autoritario y los ojos de Alice le comprobaron lo que había dicho su boca.

-Demonios…

Por un susurro, un grito, un chisme o un descuido…Los padres siempre se enteran de todo y hay cosas que no se pueden pasar por alto.

. . . . .

Para eso de las tres, John tuvo que partir por un negocio que tenía pendiente. Edward y Tanya estaban dentro de la casa ya qué el primero no quería responder nada que tuviera que ver con la relación. Jane estaba tan serena como siempre a lado de Emmet, y por último Carlisle platicaba amablemente con Bella.

-Es bueno que Alice te tenga a su lado.- Carlisle le dedico un sonrisa sincera.- En el ambiente no le puedes dejar a cualquiera tu dinero.

-No se si estoy preparada para tanto dinero.- Bella sonrió de lado, algo insegura.

Se inspiraron confianza al instante, y el carácter introvertido y sereno de ambos al momento hizo cliché.

Un rato más tarde Esme apareció en el campo de golf con una Alice mareada.

Si bien nunca apreció la infidelidad, le alegraba que Edward no estuviera enamorado, al menos no de Tanya. Bella le agradaba, como amiga de su hija y como futura novio de su hijo y las miradas entre ambos le indicaba que no todo estaba perdido.- -¿Nos perdimos de algo?

-Espero que mi papá no haya hecho un interrogatorio.- Alice habló con voz cantarina, pero algo amenazadora.

-Me molestaré en entrevistar a tu prometido, no a tus novios. Si te refieres a John.- Carlisle habló algo tajante.

-A mí tampoco me agrada.- Emmet dejo de hablar con Jane y se involucro.

-Afortunadamente no estoy pidiendo tu opinión.- Alice le habló irritada. Le perdonaba su atracción brutal hacía Rosalie pero no que dejará la venganza.

-Alice…-Bella le dirigió una mirada de advertencia.

-Los celos son naturales entre ustedes.- Esme habló con firmeza.- Pero me ha parecido un muchacho muy agradable.

-Es algo inmaduro y vanidoso.- Carlisle, como cualquier padre lo primero que encontró en el pretendiente de su hija fueron los defectos.

-Sí, está muy mimado.-Emmet sonrió mostrando todos sus dientes.- A mamá le agrada porque esta bueno.

Carlisle rió sonoramente ante la falta de delicadeza de su hijo y Esme se cruzó de brazos indignada.- Me fijo en algo más allá del físico cuando se trata de las parejas de mis hijos.

Bella sonrió de lado. En ese caso existían posibilidades de que no le agradará Tanya. La sonrisa se esfumó cuando su cerebro le recriminó.

Si alguien te importa sentimentalmente quieres, por encima de todo que sea feliz, eso quería para él…pero si no era con ella no se le hacía tan fácil.

-Por eso mismo opino que Jane es perfecta.- Emmet atrajo a Jane de la cintura. Esme sonrió no muy convencida al igual que Carlisle.

-Estoy segurísima.- Alice rodó los ojos.- ¿Bella te parece irnos ya?

-¿Porqué?- Esme habló algo preocupada.

-Mi sobrino llega a la ciudad.- Bella se excusó.

-¡Oh, niños!- Esme habló entusiasmada. Emmet y Alice se vieron furtivamente, no querían discutir el hecho de que Esme quisiera adoptar a media población africana.

-Adolescente más bien.- Bella sonrió ante la ilusión de Esme.

-Luego te le presentaré, mamá.- Alice se apresuro ya que no quería adentrarse en el tema. Tomó su bolso y apresuró a su amiga con la mirada.

-Estaremos encantados.- Esme apretó la mano de su marido esperanzada.

-Adiós, Al.- Emmet le dio un beso en la mejilla a ambas y las acompañó.- Nunca menciones menores enfrente e mi mamá.

-Entendido.- Bella rió ligeramente.- Tú debería traer a alguien menos, perfecta.

-Perfecta no es lo que yo utilizaría.- Alice se cruzó de brazos molesta.- Fría y prepotente. Nunca el tipo de Emmet.

-Jane es anticuada pero no es mala.- Emmet la defendió.- Además su hermano no era para ti.

-Me estoy perdiendo.- Bella posaba sus ojos de Emmet a Alice y viceversa pero no entendía nada.

-¿Ya se van?-Edward habló a sus espaldas con Tanya abrazada a su cintura.

La envidia aparece y desaparece, los celos no. ¿Cómo los diferenciamos? Fácil, si quieres golpearla por ser tan guapa, es envidia; si quieres matarla por la forma en que pasa sus manos por su espalda, son celos.

-Y con retraso.- Bella habló y comenzó a caminar algo más rápido.

No es una muy buena idea correr si tropiezas hasta con el aire. Alice le siguió el paso segura pero de un momento a otro su amiga estaba en el pasto de su jardín.

Bella maldijo por lo bajo y sintió un raspón por debajo de su rodilla izquierda, cuando revisó vio que no lucía bien.

-Edward, tú eres el doctor.- Emmet le sonrió burlón.

Edward se puso de cuclillas y revisó el raspón.- Si no te conociera diría que me estas evitando.- La posición era perfecta para susurrarle al oído y honestamente, no luchó mucho con la tentación.

Bella se sonrojó levemente.- Pues no he sido yo la que se ha pasado todo el día dentro de la casa.- Debía de sobreponerse a la situación. ¡Su novia estaba enfrente!- Estoy bien.

Como pudo se levantó y tanto Emmet como Edward las escoltaron hasta que llegaron al porsche de Alice.

-Recuerda que mi madre quiere conocer a tu hijo.- Emmet bromeó, pero no se dio cuenta del impacto de sus palabras en su hermano.- Adora a los niños.

Alice rio cantarinamente por la mueca de Bella.

-Deberías desinfectarte la herida.- Edward habló algo borde y se fue con Tanya de su mano.

Las malas noticias llegan rápido, pero no se esperaba que además de lidiar con su hermana lidiará con un hijo. El dolor atormenta, pero la duda mata.

¡Capítulo LARGO! No sean tan malos por la tardanza.

Autoritaria, elegante pero con su dulzura de siempre.

A los que dejaron review el capitulo pasado…

¿Les gusto la sorpresa? Espero en verdad que sí, y se hará costumbre. Si se portan bien de premio hay avance;)

Y a los que me dejaron el review pero no tienen cuenta muchas gracias y si me dejan su mail con muchísimo gusto les mando el avance del próximo

Pd. Si no hay reviews dejo la historia.

Pd. #2. Es mentira, pero nunca hacen mal.

Pd. #3. Sean buenos ¿sí?