Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a chels926, yo solo la traduzco.


BACK ACROSS THE POND

Capitulo diezValioso

El último semestre de mi tiempo en la universidad iba a ser un infierno – que yo supiera. Habían pasado dos meses desde el comienzo de las clases y mis cuatro clases de finanzas y la clase de contabilidad ya me estaban pateando el trasero. Entre manejar mi carga de cursos, seguir trabajando en la cafetería tres tardes a la semana y buscar un trabajo a tiempo completo, estaba sobrepasada la mayoría del tiempo. Estaba constantemente ocupada con una cosa u otra y a veces me sentía como si me estuviera quedando sin energía.

Sin embargo, me recordaba constantemente a mí misma que todo merecería la pena. Faltaban poco más de dos meses para la graduación. Entonces las clases habrían acabado, mi búsqueda de trabajo, con suerte, habría terminado y mi trabajo a tiempo parcial en la cafetería se convertiría en un trabajo a tiempo completo en alguna parte de Londres, esperaba.

La búsqueda de trabajo había sido la parte más enervante. Había empezado a buscar trabajos en otoño, enviando mi currículo a diferentes páginas web de empleo y haciendo solicitudes a través de varias páginas web de las propias compañías. Sin embargo, ninguno de esos lugares respondieron. Así que al empezar el semestre, di un paso adelante, intentando conseguirme una entrevista en alguna parte. Algunos de mis profesores de finanzas me dieron direcciones de correo electrónico de asociados que ellos conocían y que trabajaban en Londres, y todavía tenía algunos de los amigos de Edward con los que había contactado para pedirles ayuda.

Para cuando Marzo llegó, tenía oficialmente cuatro entrevistas programadas en Londres para la siguiente semana en mis vacaciones de primavera. Había estado practicando mis habilidades para entrevistas con mi compañera de piso, Courtney, durante las dos semanas pasadas y esperaba estar lo suficientemente lista, o al menos tan lista como se podría esperar de alguien.

Finalmente, mi última clase del viernes anterior a las vacaciones de primavera terminó y, aunque estaba entusiasmada por volver a Londres, también estaba ridículamente nerviosa, porque, aunque iba a ver a Edward durante una semana completa, este viaje determinaría mi futuro. Necesitaba tener éxito en, al menos una, de esas entrevistas.

Tenía mi maleta completamente hecha y mi tarjeta de embarque en la mano mientras Courtney me llevaba al aeropuerto ese viernes por la tarde. "Gracias por traerme al aeropuerto," le dije cuando me dejó en la puerta. "Realmente lo aprecio."

"No hay problema," me aseguró. "Espero que lo pases bien en Londres la semana que viene. Dile hola a Edward de mi parte y buena suerte con esas entrevistas. Te irá genial, lo sabes."

"Gracias," dije, dándole un abrazo de despedida. "Diviértete en México. No hagas tonterías. Normalmente eso requiere que limites el tequila que tomas."

"Lo intentaré con todas mis fuerzas," contestó Courtney con una risita. "Bueno, es mejor que te vayas. Hazme saber si necesitas que te recoja del aeropuerto. Volvemos el sábado, así que estaré aquí el domingo si me necesitas."

"Sí, ya veré," le dije, todavía insegura de si necesitaría que me recogiera ella o mis padres. Lo dejé pasar, decidiendo que lo vería más tarde. "¡Gracias de nuevo, te veo luego!"

Courtney volvió a subir al coche y se alejó mientras yo rodaba mi maleta en la terminal del aeropuerto para facturar mi bolsa y coger mi vuelo. Sentía que me estaba convirtiendo en una profesional del viaje internacional.

Estaba demasiado nerviosa para dormir en el vuelo de la noche, pensando demasiado en mis inminentes entrevistas como para relajarme completamente. En su lugar, vi numerosas películas, contando las horas que faltaban hasta que llegáramos a Londres.

Una vez que finalmente llegué al Reino Unido, pasé por la monótona rutina de inmigración, equipaje y aduanas a la que me había acostumbrado en los dos años pasados. Entré en la terminal de llegadas de Heathrow ansiosa, impaciente por reunirme finalmente con Edward. Mis ojos escanearon la multitud que esperaba, buscando el pelo broncíneo único que delataría su posición. Tras solo un par de segundos, le vi, hacia el frente de la multitud con una enorme y preciosa sonrisa en la cara y una única rosa en la mano.

Caminé fluidamente hasta él, rodando la maleta detrás de mí y le abracé antes de besarle. Mis labios se movieron en sincronización con los suyos mientras saboreaba su sabor único, café y menta, que había extrañado tanto desde la última vez que le besé a principios de Enero. Era una de las peores cosas de estar tan lejos el uno del otro. Podíamos hablar todo lo que quisiéramos con la tecnología moderna pero, el aspecto físico de nuestra relación estaba constantemente hambriento. Gracias a Dios, este terrible tipo de anorexia terminaría en solo unos pocos meses más.

"Está tan bien estar aquí," le dije una vez que nos alejamos a regañadientes, sintiendo en mis labios un cosquilleo delicioso. "Te he echado de menos. ¿Esto es para mí?" Miré la rosa que tenía en la mano y casi me derrito. Edward era el perfecto romántico.

"Lo es. Y no tiene espinas, así que no tienes que preocuparte por pincharte un dedo," dijo Edward, dándomela. "Yo también te he echado de menos, mucho. Trae, déjame coger tu equipaje." Me quitó el asa de la maleta y la acercó a él. "Y, ¿qué tal ha ido tu vuelo?" preguntó mientras nos dirigíamos del aeropuerto hasta la parada de metro cercana.

Mientras íbamos al piso de Edward en Londres, le hablé de las entrevistas que tenía planeadas para esta semana y otras cosas que quería hacer antes de irme otra vez el domingo siguiente. Edward me habló de algunos de sus planes para la semana y luego empezamos a hablar sobre otras cosas al azar el resto del viaje. Se sentía tan bien estar cerca de él de nuevo y poder hablar con él frente a frente sin preocuparnos de micrófonos o servicios móviles. Me estaba poniendo más impaciente porque Mayo llegara ya.

Finalmente llegamos al piso de Edward y Edward subió mi maleta el piso de escaleras mientras yo le seguía. "Me alegro de que no te importen las sorpresas," dijo, poniendo mi maleta en el suelo y rodándola hasta la puerta. Le miré inquisitivamente mientras él sacaba la llave y quitaba el cerrojo a la puerta antes de abrirla. "Después de ti," dijo, haciéndome un gesto para que entrara antes que él.

"¿Hay una sorpresa?" empecé a preguntar mientras entraba en el piso y paré cuando vi lo que era realmente mi sorpresa. Salté arriba y abajo un segundo y sonreí de oreja a oreja. "¡Oh Dios mío!"

Todos mis amigos que no había visto en persona desde el pasado Mayo estaban esperando en el piso de Edward – Alice, Jasper, Rosalie, Emmett, incluso Carlisle y Esme. Un gran cartel que decía 'Bienvenida de nuevo Bella' colgaba en la zona de la sala de estar y había incluso globos y comida y bebidas. "¡Sorpresa!" me dijo Alice. "¡Bienvenida de nuevo!"

Fui al grupo, dándoles a todos abrazos y diciéndoles lo bueno que era finalmente verlos de nuevo. Todos me preguntaron como estaba, como había ido mi vuelo, lo entusiasmada que estaba de estar de vuelta aquí, y ellos me dijeron lo bueno que era verme y que definitivamente teníamos que salir más durante la semana. Como era cerca de la hora de la comida y yo no había comido muy bien en el avión, tomé rápidamente la comida que habían traído para la fiesta y me senté en el sofá, escuchando novedades de las vidas de mis amigos.

Alice y Jasper estaban viviendo juntos oficialmente en un piso cerca de Paddington. Alice todavía tenía hasta Junio antes de terminar su licenciado en Historia del Arte. Jasper ya se había graduado en Oxford el año pasado pero había vuelto a Londres y estaba trabajando en su posgrado en Filosofía en su camino de convertirse finalmente en profesor. Los dos parecían estar bien y eran muy felices juntos.

Rosalie y Emmett ya llevaban casados un año y unos meses y los dos parecían supremamente felices también. Rose estaba trabajando en una gran compañía de electrónica, usando su graduado en Ciencias Tecnológicas al máximo. Decía que no era algo que quisiera hacer el resto de su vida pero, como todavía era joven y no tenía familia, era algo que hacer para pasar el rato y ganar algo de dinero. Emmett todavía estaba trabajando en el club, Equinox, pero había vuelto a la universidad para trabajar en un licenciado en administración de empresas como me había dicho que haría hace mucho tiempo.

En cuanto a Esme y Carlisle, estaban básicamente igual que la última vez que los había visto. Esme todavía trabajaba como diseñadora de interiores y Carlisle era médico de cabecera en uno de los hospitales de Londres. La única diferencia era que ahora tenían el nido completamente vacío oficialmente, ya que ninguno de sus hijos vivían ya en casa. Era raro tener toda la casa para ellos solos, dijeron, pero en general lo disfrutaban bastante. Con eso, Alice y Edward se estremecieron para diversión del resto de nosotros.

Realmente no quería que se fueran pero, tras un par de horas, todos dieron razones para irse, una de ellas era que estaban seguros de que estaba cansada y quería descansar. Eso era cierto, pero podía descansar más tarde. De cualquier manera, se marcharon y, me di cuenta de que uno de los beneficios de que se fueran era que me quedaba completamente sola con Edward por primera vez desde mi llegada. Tras una buena cantidad de tiempo poniéndonos un poco más íntimos de lo que habíamos podido previamente, deshice mi maleta y me acomodé y luego Edward y yo dimos un largo paseo por el Támesis, aprovechándonos de frío pero seco día que hacía.

Aunque ya no era nueva en Londres, todavía amaba esta ciudad tanto como cuando llegué por primera vez. Me gustaba todo de ella, la cultura, la arquitectura, la mezcla de modernidad e historia. Había algunas similitudes con Seattle, pero las diferencias eran bastante notables. Por ejemplo, mientras que se podía ver la Torre de Londres al otro lado del río, lo único del siglo doce que se podía ver en Seattle sería posiblemente la tierra en la que hubiera vivido alguna tribu Nativa Americana. No era lo mismo.

El domingo, Edward y yo nos aprovechamos de uno de los últimos días completos que podíamos pasar juntos sin que él tuviera que trabajar. Salimos a comer, dimos una vuelta por las tiendas de Covent Garden y volvimos a los Jardines Queen Mary en Regent's Park que tenían un significado especial, eran el hermoso lugar en que Edward había declarado sus sentimientos por mí y el lugar de nuestro primer beso.

"Es tan hermoso ahora como lo era aquel Agosto," comenté mientras nos sentábamos en uno de los bancos cercanos, viendo los patos del estanque. Edward envolvió su brazo alrededor de mi hombro y me acurruqué contra él, descansando mi cabeza en su hombro.

"Que mal que no haga el mismo calor," contestó, probablemente preocupado por mi propio bienestar. Me había estado preguntando por ello todo el día.

Le quité importancia. "No me importa el frío," le dije. "Y, además, no es como si fuera Enero y estuviera helando. No voy a coger hipotermia." Recoloqué mis brazos, metiendo mis frías manos en uno de los bolsillos del abrigo de Edward. "Además, este lugar es mi favorito en todo el mundo."

"¿De verdad? ¿Y eso por qué?" preguntó Edward.

"Por ti," respondí. "Por cierto, ¿te he dado alguna vez las gracias por eso?"

"¿Por qué tienes que darme las gracias?" preguntó con curiosidad.

"Por ser lo bastante atrevido como para decirme lo que sentías por mí," le dije. "Probablemente yo no habría tenido el valor de decir nada y, si tú no lo hubieras dicho, bueno, probablemente no estaríamos juntos ahora mismo, sentados casi en el mismo lugar, mucho más enamorados de lo que podríamos haber imaginado." Giré la cabeza y miré a Edward a los ojos. "Le doy gracias a Dios cada día por ti y por habernos unido. Tú has cambiado mi vida para siempre."

"Igual que tú has cambiado la mía," contestó Edward. "Nunca creí siquiera merecer a alguien tan increíble como tú." Mis cejas se arrugaron, preguntándome porqué él pensaría que no me merece. "No, lo digo en serio. Eres amable, considerada, divertida, inteligente, extremadamente preciosa y me amas por quién soy y no intentas cambiarme. Mucha gente nunca consigue el paquete completo, pero tú eres el paquete completo, Bella."

Sonreí. "Entonces creo que hacemos una pareja bastante buena, siendo dos paquetes completos juntos." Me encogí de hombros. "Eres perfecto y te amo. No haría nada para cambiarte. Tú eres el Edward Cullen del que me enamoré y si cambias, lo que es posible que pase mientras crecemos, entonces cambiaremos juntos. Yo siempre seré lo que más necesites, te lo prometo."

Edward sonrió ampliamente. "Te amo, ¿lo sabes?"

Asentí. "Nunca he tenido duda de ello."

Me sonrió, su mirada fue a mis labios mientras yo me los lamía en anticipación. Me incliné más cerca de él, siendo inconscientemente atraída a sus labios mientras él bajaba su cabeza hacia la mía. Igual que con todos los besos, la descarga eléctrica que me atravesó fue una de pasión, amor y alivio por estar en casa. Edward era mucho más que mi novio – era mi hogar.

Pasé mis dedos por su sedoso pelo, arrastrando las uñas por su cuero cabelludo dulcemente mientras un suspiro escapaba de sus labios. Usé la oportunidad para profundizar ligeramente el beso, acercándole más a mí en un movimiento atrevido. Edward se movió, levantándome sin esfuerzo a su regazo. Nos separamos, sonriendo, y le besé en la barbilla. Él besó mi nariz como respuesta y yo reí, acercándome a él cuando él se inclinó hacia atrás para mirar los patos de nuevo.

- . - . - . - . -

El lunes por la mañana, tenía mi primera entrevista a las nueve en punto, así que me levanté pronto con Edward, asegurándome de tener tiempo suficiente para vestirme y prepararme, coger el metro hasta la City y encontrar el edificio correcto.

Me maquillé prudentemente y me hice una coleta baja. Me puse la camisa de botones blanca con la falda y chaqueta negras, mirándome en el espejo del baño. Pero, aunque el atuendo se veía perfecto cuando me lo probaba en Seattle, esta mañana no parecía funcionar. Tiré de las solapas de la chaqueta, la abotoné y luego la desabotoné una vez más. Gemí. Tenía otras camisas, pero este era el único traje que había traído.

"¿Qué va mal, amor?" preguntó Edward, poniéndose detrás de mí en el baño y colocando sus manos en mis hombros.

"Me veo horrible," contesté, todavía jugueteando con la chaqueta.

Edward frunció el ceño. "No, no te ves horrible," discrepó. "Te ves profesional y aún así ridículamente atractiva en ese traje. Por supuesto, te ves ridículamente atractiva con cualquier cosa que te pongas, así que eso no es sorprendente."

Sonreí un poco. "Gracias," dije, sintiéndome al menos un poco mejor. Tomé una respiración profunda, intentando calmar mis nervios. En realidad no funcionó. "Oh, creo que voy a ponerme enferma..."

"No estés nerviosa," me dijo Edward, todavía detrás de mí, mirándome a través del espejo. "Si estás muy nerviosa, los entrevistadores lo sabrán. Lo que necesitas que confianza que enmascare tus nervios. Así que, repite conmigo."

Le miré de forma rara, pero asentí.

"Estoy cualificada para esta posición," empezó.

"Estoy cualificada para esta posición," repetí.

"Tendré éxito con este trabajo."

"Tendré éxito con este trabajo."

"Y seré una empleada valiosa para la compañía," terminó Edward.

"Y seré una empleada valiosa para la compañía," seguí.

Edward sonrió. "Ahora repítelo de nuevo."

"Estoy cualificada para esta posición, tendré éxito en este trabajo y seré una empleada valiosa para la compañía," dije en voz alta, repitiéndolo unas veces más para que se quedara mejor.

"¿Te sientes mejor?" preguntó Edward.

Asentí. "Sí, un poquito, pero es suficiente," contesté, sorprendida porque la sensación enferma de mi estómago se hubiera ido. "Gracias."

"Para eso estoy aquí," me dijo. "Bueno, tengo que irme. No puedo llegar tarde esta mañana." Agarró ligeramente mis hombros y me dio la vuelta de manera que ahora estuviera frente a él. "No te estreses. Estarás brillante. Lo sé."

Le sonreí. "Eres dulce." Me estiré y le besé castamente en los labios. "¿Está bien si te llamo cuando termine? Voy a encontrarme con Alice para comer, pero quiero sacármelo después, igualmente si ha ido de forma horrible o muy bien."

"Por supuesto," contestó Edward. "Estaré esperando tu llamada. Te irá maravillosamente. Te amo."

"Yo también te amo," le dije. "Gracias."

Edward se fue al trabajo y yo pasé unos minutos más asegurándome de que me veía tan perfecta como podía conseguir y que tenía todo lo que necesitaba en mi bolso y mi portafolio – un mapa de Londres, copias extra de mi currículo, papel y boli, e incluso una lista escrita de preguntas que hacerle al entrevistador por si me quedo en blanco.

Cogí el metro hasta la City de Londres con el resto de trabajadores. Había pensado en practicar mis respuestas de la entrevista en mi cabeza durante el viaje, pero decidí que eso solo me haría asustarme demasiado. En su lugar, me puse los auriculares y escuché música en el viaje, intentando pensar en cualquier cosa excepto lo que iba a hacer pronto.

Probablemente me veía ridícula, arreglada como los demás de la zona pero con mi mapa como una turista, pero llegué al edificio correcto. De hecho, estaba allí con más de veinte minutos de adelanto. Aún así, imaginé que era mejor llegar pronto que llegar tarde, así que me acerqué al escritorio en el vestíbulo y le dije al hombre que me esperaban para una entrevista y quién me esperaba. Me dieron un pase de visitante y, unos minutos más tarde, alguien bajó para acompañarme a donde tenía que ir.

Me sentí mareada por todo. Dar golpecitos con el pie mientras esperaba que me llamaran, conocer a los entrevistadores y sacudir sus manos y presentarme y luego proceder a responder preguntas difíciles sobre mí misma y el trabajo que solicitaba. Pero, a pesar de mi sensación interna de inquietud, estaba bastante segura de que no lo mostré. Mi voz se mantuvo calmada pero fuerte y conseguí no juguetear nerviosamente con mis dedos mientras hablaba. Encima de todo, sabía que no había destrozado la entrevista y me fui con la esperanza de recibir una llamada y finalmente una oferta de trabajo.

Este proceso se repitió tres veces más durante la semana, cada una sobre lo mismo. Había diferencias en las técnicas de entrevistar. A veces tenía una entrevista con solo una persona, a veces tenía una entrevista con tres personas a la vez y, a veces, tenía dos entrevistas seguidas con dos personas de la compañía por separado. Gracias a Dios, cuando llegué a la cuarta entrevista, ya no estaba tan nerviosa. La mayoría de las preguntas eran similares y se había convertido en una rutina responder cuales eran mis mayores virtudes y debilidades.

Cuando todas las entrevistas terminaron, tuve unos maravillosos días que pasé con Edward, llenando mi necesidad de tiempo de calidad a solas con él. Salimos a cenar, a bailar, fuimos al cine, nos quedamos en casa y vimos la televisión y pedimos comida. Me deleité en nuestro tiempo juntos, sabiendo que pronto tendría que marcharme y pasar sin ello otros cuantos meses. Pero también sabía que cuanto antes me fuera, más pronto podría terminar la escuela y más pronto podría volver, la próxima vez para siempre.

Y eso es lo que le recordé a Edward mientras me acompañaba al aeropuerto el domingo por la mañana para verme marchar por lo que, con suerte, sería la última vez. "Solo piensa, la próxima vez que te vea en un aeropuerto, ¡estaré volviendo para quedarme!" exclamé feliz, tomando sus manos en las mías. "Me alegro tanto de que hayamos llegado tan lejos."

"Estoy completamente de acuerdo," contestó Edward. "Gracias por no rendirte conmigo. Sé que esto no ha sido fácil para ti."

Sacudí la cabeza. "No, pero tampoco lo ha sido para ti. Debería ser yo quien te diera las gracias por esperarme. Significa mucho para mí." Sonreí satisfecha. "Podemos simplemente agradecernos el uno al otro. Ha sido un gran esfuerzo para los dos para llegar tan lejos."

Edward y yo dejamos para el último momento la despedida, solo unos minutos más, y luego le besé y prometí llamarle cuando aterrizara en Seattle. Como siempre, era duro dejarle, y algunas lágrimas escaparon de mis ojos mientras esperaba en línea en el puesto de seguridad, pero le vería de nuevo. Como Edward y yo habíamos comprobado, la larga distancia no es rival para el amor verdadero.

- . - . - . - . -

Estaba en mi clase de Finanzas Internacionales el jueves siguiente cuando mi teléfono vibró en la mesa. Bajé la vista a la pantalla y vi el número internacional. Como había estado esperando una llamada de algunas de las compañías, sabía que no podía ignorar la llamada y dejar que fuera al buzón de voz. Rápidamente, cogí mi teléfono y, en silencio, me puse de pie y salí del aula, abriendo el teléfono tan pronto como la puerta se cerró detrás de mí.

"Isabella Swan," respondí, empezando a caminar de un lado a otro por el pasillo casi vacío.

"Isabella, soy Francis Simmons de Simon and Barnes Enterprises. Espero que sea un momento apropiado para llamar," dijo por el teléfono. "Me gustaría agradecerte una vez más por venir y hablar con nosotros la semana pasada. Fue un placer reunirse contigo."

"También fue un placer reunirse con vosotros," respondí.

"Bueno, llamo con la esperanza de programar otra entrevista. Hemos estudiado tu candidatura al igual que otras y creemos que tienes un enorme potencial. Normalmente, nos gustaría hablar contigo frente a frente para nuestras entrevistas finales pero, dada tu situación y el hecho de que nos reunimos personalmente contigo la semana pasada, creo que podemos programar una entrevista telefónica en su lugar."

"Eso sería genial," le dije. "¿Qué hora sería la mejor?"

"Probablemente sería bastante pronto en tu horario, las ocho o nueve de la mañana," contestó la Sra. Simmons. "Cualquier día de la semana estaría bien."

"Vale. ¿Qué le parece el lunes a las nueve en punto?" pregunté.

Pasé otro par de minutos al teléfono con ella, haciendo la cita y dándole un número de teléfono fijo para no tener que preocuparme por la a-veces-terrible cobertura de mi móvil. Ella me contó rápidamente qué esperar y luego me despedí, colgando y volviendo a clase, sintiéndome entusiasmada y mucho más segura de lo que estaba hacía veinte minutos.

Casualmente, la mañana siguiente recibí una llamada del reclutador de Credit Suisse también, queriendo programar una entrevista similar para la semana siguiente. Imaginando que estaría en casa para usar el teléfono fijo para la entrevista con Simon and Barnes, decidí programar la entrevista unas horas después de la primera el lunes por la mañana y quitarme las dos de en medio. Tenía suerte de que estuvieran dispuestos a entrevistarme a lo que serían cerca de las ocho de la noche en el Huso Horario Greenwich.

Ese fin de semana, me preparé una vez más para las entrevistas y el lunes por la mañana estaba sentada en la oficina de la casa de mis padres, esperando la primera llamada. Las entrevistas en sí no eran tan horribles. Ya había contestado la mayoría de las preguntas sobre mí misma; esta vez querían saber cosas más específicas como lo que pensaba de viajar y el traslado, cuanto esperaba ganar, ese tipo de información. También hicieron más preguntas sobre casos en que tuve que recordar lo que había aprendido en mis clases de finanzas hasta el momento y luego aplicarlo a las situaciones. Cada entrevista tomó aproximadamente una hora y, para cuando las dos terminaron, estaba cansada y decidí saltarme el resto de clases de la tarde.

"No puedo creer que ya te gradúes en la universidad y te mudes," comentó mi madre mientras me sentaba en el sofá en el piso de abajo y ponía los pies en la mesita de café. "Parece que fue ayer cuando te dejaba en la escuela media y me aseguraba de que tuvieras tu comida."

"Lo sé, todavía no me siento tan mayor," le dije. "A veces siento que todavía debería estar en el instituto, asegurándome de que llego antes del toque de queda y siguiendo las reglas de conducir para los novatos. El tiempo ha pasado muy rápido."

"Solo va a peor cuando te haces mayor," contestó Renee. "Solo espera a tener hijos. Un segundo los estás llevando a casa desde el hospital como recién nacidos y en un parpadeo están teniendo entrevistas finales para conseguir trabajos a tiempo completo al otro lado del mundo." Suspiró. "Tu padre y yo estamos muy orgullosos de ti, lo sabes. Has crecido como una joven fuerte, inteligente y encantadora."

Se me formó un nudo en la garganta mientras me ponía un poco emocional por su sinceridad. "Gracias. Pero solo soy así porque tú y papá me criasteis así," le recordé. "Voy a echarte de menos. ¿Prometes visitar?"

Mi madre rió en respuesta. "¡Probablemente estaré de visita más de lo que te gustaría! De echo, tal vez debería mudarme allí contigo. Tu padre puede quedarse aquí con Sophie. Hey, y luego si tienes hijos, ¿adivinas quién puede ser la niñera interna?" bromeó.

Reí. "Puedes mudarte a Londres conmigo si me encuentras un piso bonito en el centro y pagas el alquiler y las facturas para siempre," le dije en broma. "Entonces tendremos un trato."

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No estaba esperando recibir una llamada tan rápido, pero pronto a la mañana siguiente recibí otra llamada internacional a mi móvil y no estaba segura de si era para programar otra entrevista o si era una oferta de trabajo oficial. Para mi gran entusiasmo, fue lo último.

Tras cerca de una hora al teléfono discutiendo los detalles con el reclutador, la llamada finalmente terminó y encendí rápidamente mi ordenador, esperando que Edward ya estuviera en casa y conectado para poder compartir las increíbles noticias. Abrí Skype e hice click en su nombre, esperando mientras el tono de llamada sonaba por los altavoces de mi ordenador mientras llamaba al suyo.

Finalmente, tras un par de minutos, dijo que él había contestado y esperé unos segundos más hasta que el video se cargó, mostrando su hermosa cara. "¿Acabas de llegar a casa?" pregunté, notando que todavía tenía puesta la corbata.

"Sí, acababa de entrar por la puerta cuando he oído mi ordenador sonar," contestó Edward, tirando del nudo soltándola alrededor de su cuello. "¿Qué pasa?"

"¡Tengo trabajo!" exclamé fuerte y entusiasmada, dando palmadas. "¡Hice la entrevista final ayer por conferencia y luego he recibido una llamada esta mañana ofreciéndome oficialmente el trabajo de analista financiero junior!"

"Bella, eso es increíble," contestó Edward con una sonrisa feliz. "¿Qué compañía es?"

"Simon and Barnes Enterprises," le dije. "Tienen servicios de auditoria, impuestos y de asesoría para otras firmas. Son básicamente como KPMG o PricewaterhouseCoopers, pero a una escala más pequeña."

"¿No dijiste que habías recibido otra llamada?" preguntó. "¿Qué ha pasado con ellos?"

"Sí, hice otra entrevista, pero Credit Suisse todavía no me ha contestado," respondí. "Pero he hablado con la reclutadora de Simon y Barnes durante bastante tiempo me dio los detalles de la oferta. Tiene un buen sueldo y una prima al firmar, y tengo dos semanas de vacaciones pagadas al año, un plan de pensiones y otros beneficios que todavía no entiendo completamente. Y hay muchas oportunidades de ascenso. Uno de los últimos analistas financieros junior fue ascendido solo un año después."

"Eso suena genial. Ahora solo tienes que trabajar en conseguir tu permiso," comentó Edward.

Puse cara de inquietud. "Lo sé. Gracias a Dios, empecé con eso en Enero. ¿Sabías que necesito tres meses de extractos bancarios diciendo que tengo más de 2.800 libras británicas en mi cuenta de manera que tu gobierno sepa que puedo mantenerme? ¿Sabes cuánto dinero es eso en dólares americanos? ¡Casi cinco mil dólares! He tenido que tomar prestados cuatro de mis padres para poder tener esos extractos para conseguir mi permiso de grado uno post-estudios o como sea que se llame. Tengo dos meses ahora, así que para principios de Abril debería poder solicitarla. Con suerte no me la denegarán."

"Espero que no," contestó Edward con honestidad. "Supongo que si te la deniegan, siempre podrías venir durante tres meses y quedarte conmigo hasta que finalmente consigas el permiso."

"¿Y vivir de ti todo ese tiempo sin trabajar?" pregunté, sacudiendo la cabeza. "Preferiría no tener que hacer eso. Además, probablemente me aburriría de no hacer nada. Sin ofender, por supuesto."

"No hay ofensa," dijo. "Puedo entenderlo." Vi como Edward giraba sus labios pensando un momento. "O... podríamos casarnos. Puedes conseguir un permiso por matrimonio."

Mis ojos se ensancharon con sorpresa. "Bueno, esa ha sido la proposición más romántica que he oído," le dije sarcásticamente con una risa. "Pero preferiría no tener que casarme para poder vivir en el país, ¿sabes? Pero no nos preocupemos por los y-si todavía. Aún no me la han denegado. Veremos como salen las cosas más tarde. Ya cruzaremos el puente cuando lleguemos a él."

"Está bien. De cualquier manera, quería pedirte matrimonio de una mejor forma," contestó Edward. "Y, ¿has aceptado la oferta de trabajo?"

Por supuesto, no me perdí la primera parte de su respuesta y estaba un poco más que excitada por ello, pero decidí ignorarlo y no decirle nada sobre ello. Obviamente, él no quería darle mucha importancia, ya que había cambiado de tema muy rápido después.

"Um, todavía no," le dije, volviendo a pensar en la oferta de trabajo en lugar de en casarme con Edward. "Me han dado hasta principios de la semana que viene para pensarlo y ver mis opciones, pero no quiero esperar tanto. Creo que voy a esperar hasta el viernes y si todavía no he oído nada de Credit Suisse, aceptaré el trabajo de Simon and Barnes y retiraré mi candidatura del trabajo en Credit Suisse. Quiero decir, si pusiera las dos ofertas juntas y las comparara, creo que querría coger el trabajo de Simon and Barnes. El sueldo es un poco más bajo al año, pero no tendría que trabajar tantas horas y tengo más vacaciones. Es el que más me gusta."

"Eso es fantástico, Bella. Estoy muy entusiasmado por ti," dijo Edward. "Tus sueños se están haciendo realidad."

Asentí con una sonrisa enorme en la cara. "Lo están," respondí. "Bueno, solo quería llamarte y darte las buenas noticias el primero. Ni siquiera se lo he dicho aún a mis padres o Sophie o Courtney. Desearía poder hablar más tiempo, pero tengo clase en," miré al reloj, "mierda, veinte minutos. Voy a llegar tarde, pero tengo que ir. Hablaré contigo luego, ¿vale?"

Edward sonrió. "No deberías llegar tarde a clase. Te amo. Enhorabuena."

"Yo también te amo," dije, soplándole un beso de despedida antes de terminar la llamada y cerrar mi portátil rápidamente para llegar a clase antes de que mi profesor comenzara.

- . - . - . - . -

Los dos meses restantes fueron, apenas podía creerlo, incluso más ocupados que el comienzo del semestre. Aunque mi búsqueda de trabajo había terminado, con gran alivio por mi parte, ahora tenía que preocuparme por conseguir el permiso para poder mudarme y trabajar en el Reino Unido. Simon and Barnes Enterprises dijo que ellos ayudarían con el papeleo e intentarían expedir mi solicitud a través de todo el papeleo burocrático que tendría que pasar, pero todavía tenía que preocuparme por pagar la enormemente cara tasa de solicitud y, lo más importante, tenía que preocuparme porque no me lo denegaran.

Estaba llegando al último momento. Mayo ya había llegado con su aire más cálido pero aún húmedo y me estaba preparando para los exámenes finales, los últimos, y todavía no había recibido la carta de aceptación o denegación del centro de inmigración.

Fue un viernes por la tarde después de haber hecho mi primer examen final. Abrí la puerta de mi apartamento y entré, suspirando exhausta y quitándome la mochila de la espalda y dejándola en el brazo del sofá. Courtney, pude ver, estaba en la cocina, vaciando el lavavajillas.

"¿Qué tal ha ido tu final?" preguntó cuando me vio.

"Ehh. Ha ido bien, supongo," contesté quitándole importancia. "Realmente no consigo hacer que me importe más. Tengo un trabajo. Ya no importa si saco un sobresaliente o un suspenso en esta clase."

"Cierto," respondió Courtney. Miró la mesa de comedor, donde había una pila de sobres y revistas. "Así que, he recogido el correo hoy. Hay una carta del centro de inmigración para ti."

Mi corazón casi dejó de latir. "Oh Dios mío." Me acerqué a la mesa y hojeé los sobres hasta que encontré el correcto, el único importante en el montón. Lo miré en mis manos, tan nerviosa como si ese sobre fuera a decirme si iba a vivir o morir. Miré a Courtney, que se había acercado a mí. "Ábrelo tú." Se lo di.

"¿Estás segura?" preguntó dudosa.

Asentí, poniendo el sobre en sus manos. Ella lo cogió y luego lo abrió, sacando finalmente las hojas de papel blanco dobladas. Esperé impaciente mientras sus ojos escaneaban la página y luego pasaba a la siguiente. Su cara no mostraba emoción, así que no tenía ni idea de si era bueno o malo.

"Bueno, maldición," dijo Courtney suavemente y mi corazón cayó. Con todos los cientos de dólares que había gastado en solicitarlo y me la habían denegado. Sentí las lágrimas empezar a llenar mis ojos. "Supongo que no voy a verte muy a menudo ya que vivirás en Inglaterra."

Jadeé sorprendida, y le quité los papeles de la mano, pasando rápidamente toda la información no importante hasta llegar al punto principal de la carta. Me habían aceptado.

"¡Eres mala!" exclamé, golpeando una vez su brazo. Aún así, no pude quitar la sonrisa de mi cara mientras la felicidad y el alivio llenaban mi corazón. Me quedé ahí, leyendo todo el documento y luego releyéndolo una vez más para asegurarme de que no había malentendido nada.

Pero era cierto – oficialmente, ahora podía vivir y trabajar en el Reino Unido durante dos años completos. Eso me daría al menos tiempo suficiente para empezar a trabajar y luego preocuparme por solicitar el siguiente permiso. Una solicitud de permiso tras otra, parecía que iba a ser. Y probablemente cientos de dólares gastados solo para vivir en Gran Bretaña en lugar de los Estados Unidos. Pero no me importaba. Esos cientos de dólares iban a llevarme a Edward, y él merecía la pena todo eso y más.


Hola!

Aquí está el capítulo 10. La graduación y la vuelta a Londres cada vez están más cerca.

No sé si aclaré esto en A Semester in the Smoke, pero da igual, lo repito de nuevo. La City de Londres es la zona de negocios de la ciudad, por eso no lo he traducido y lo he dejado tal cual.

Por cierto, he cambiado el rating de la historia a M. Tal vez no lo tendría que haber hecho aún, pero es que si no luego se me olvida. Hay quién me preguntó en el cap pasado donde estaba el lemmon, aún faltan bastantes capitulos para eso y solo van a ser dos.

Esta semana no he podido dejar adelanto, lo siento, es que he estado enferma, con gripe, lo que sí tenéis es un adelanto del cap 13 de Lessons in Forbidden Love. El link para el blog está en mi perfil.

Nos vemos el sábado en el próximo capítulo. Muchas gracias por todos vuestros reviews, alertas y favoritos y también a los que solo leeis.

-Bells, :)