"Contigo no quiero París, ni Santiago, ni Roma. Contigo prefiero quedarme en casa, tomarte de las manos y guiarte a donde jamás has viajado; ida sin retorno, amor con insomnio, cafés de madrugada y sexo por placer.
Contigo hasta enloquecer..."
Malaci (Cafeína para dos)
Perfume
POV Bella
Después de nuestra muy rara cena nos dispusimos a subir a arreglarnos para dormir y yo me sentía más que nerviosa al saber que pasaría la noche otra vez junto a él. Me metí al baño a cambiarme y de nuevo y para mi buena estrella no contaba con la ropa adecuada para dormir. Al igual que cuando llegué con Renee y Charlie a New York solo contaba con unos camisones bastante atrevidos y para nada dignos de usar con un hombre como Edward Cullen. Ya era suficiente tener que soportar tenerlo así de cerca y después del momento íntimo de nuestro casi beso.
Salí aún sin decidirme con el mismo vestido y me miró incrédulo por mi persistencia al usar lo mismo.
-¿Por qué no te has cambiado?-.
-Es que, no sé qué… No es nada-.
-Ok, me meteré a duchar para dormir-.
-Está bien-.
Camino tranquilamente hacía la habitación contigua y cerró la puerta para comenzar su baño. Cerré los ojos aún indecisa de mi laudo mientras tomaba la seda de la tela entre mis manos apuñándola suavemente.
-Vamos Isabella, no puedes dormir en vestido ni mucho menos en traje de trabajo- me dije para mí misma.
Me comencé a desnudar lentamente hasta quedar en ropa interior y baje por mis brazos la suave tela que cubriría mi cuerpo. Era un camisón tipo baby doll color negro con encaje con detalles rosas al borde de la tela y me quedaba un poco arriba de mis muslos. Solté mi cabello y lo cepille en silencio enfrente del gran espejo del tocador que tenía varios cajones. Escuche como la llave del agua se cerraba y rogaba al cielo que no se le ocurriera salir solamente en toalla y me desmayara de la impresión.
-Por favor no salgas así, por favor, por favor- imploré internamente.
La puerta se abrió lentamente y como gloria divina y caído del cielo salió con el cabello húmedo y con unos pantalones totalmente informarles pero sin camisa. Al parecer no había notado que me encontraba sentada en el pequeño banquito del mueble y yo entre abrí los labios por verlo así de sexi. Afortunadamente no me vio y paso de largo mientras se metía a la cama y se acomodaba perezosamente. Cuando se percató de mi presencia sonrió seductoramente y paso sus gruesos brazos por detrás de su nuca.
-¿Te quedarás toda la noche en el tocador?- preguntó divertido.
-No- dije nerviosa- solo cepillo mi cabello-.
-Me parece que está noche dormiré plácidamente por fin en una cama digna-.
-Sí, es bastante cansado viajar-.
Me debatí internamente entre pararme o no ya que me ponía el pulso por los cielos del solo pensar que él me podría ver con semejante conjunto nocturno.
-No seas cobarde- pensé y decidida me paré rumbo a la cama.
Suspiré casi audible y mis piernas avanzaron los metros para entrar al lecho. Sus ojos se abrieron al completo, justo como Jacob lo había hecho la noche en que me había visto en ropa similar. Noté como su respiración se agitó ante el espectáculo que le brindaba y la manera casi morbosa en que mordía sus labios. No pude evitar excitarme. Si excitarme con una maldita mirada suya. Sus ojos verdes me envolvían al completo y yo no pude evitar mirarlo a la cara con cada paso que daba. Su cuerpo era una lujuriosa invitación que decía:
"Ven Isabella, piérdete conmigo en el paraíso. Piérdete conmigo en esta cama y hagamos que nuestros cuerpos se derrochen el uno en el otro; sin saber dónde es el principio o el final".
No era un problema poder sentarme en sus piernas y comenzar a besar su cuello mientras mis manos pudieran estar enredando entre los dedos sus cabellos cobrizos. Pero mi muy estúpida cordura me hacía querer tenerlo más cerca de mí… Dentro de mí inclusive.
Sonreí estúpidamente al verlo tan concentrado en mí andar y metí mis piernas dentro de las sábanas para cobijarme y evitar que mis estúpidos impulsos me llevaran por la borda. Si estaba en mis manos evitarlo, lo haría a toda costa.
Sentí como su cuerpo se giraba hacía mí, dejando su pecho muy cerca de mí espalda a pesar de estar situados en una cama tamaño King Size y mi piel se erizo al completo por su cercanía.
-Mierda, mierda, mierda-.
Creí sentir su aliento cerca de mi cuello, pude jurar sentir también el superficial calor de una mano dispuesta a tocar un cuerpo pero sin atreverse. Me sentía más que nerviosa y la presión de la cama se movió un poco más a mi derecha. Me voltee lentamente para verle y noté que me daba la espalda mientras un brazo se situaba bajo su oído derecho.
-Buena noche Bella- dijo muy bajo.
-Buena noche- contesté con los ojos abiertos al completo.
Ya ni siquiera me sentía segura de sus palabras ¿por qué se comportaba tan frío conmigo? Claro que sabía la respuesta: le había pedido espacio y él se lo había tomado muy enserio. ¡Bravo! ¿Y ahora qué haría? Simple: mantenerme alejada del pecado y al margen sin dar mi brazo a torcer en ningún momento, evitar cualquier tipo de tentación y seguir por la senda recta.
-Genial- masculló mi yo interno.
-¿Qué quieres que haga?- le pregunte.
-Háblale, no sé agradécele la cena por lo mínimo-.
-Es cierto, no se lo agradecí-.
- Imbécil-.
-¿Pero cómo se lo hago saber?- le pregunté a mi gnosis.
-Ya te estoy ayudando demasiado ¡no me dejes el trabajo sucio a mí!-.
-Si vas a dar un consejo hazlo al completo; no por partes-.
-Mira querida, solo soy tu conciencia. Si haces alguna estupidez tú y yo hablaremos seriamente y sabes en que terminara todo entre las dos. Así que déjate de ser una niñata y encárate con el Adonis que tienes a tu derecha-.
-Gracias conciencia, si eso me dice ahora que estás de mi lado no me imagino que pasará cuando estés en mi contra-.
Después de conversar como loca con mi yo interno decidí hablarle a pesar de que me había indicado que ya dormiría.
-¿Edward?- pregunte muy bajito pero no me respondió.
-¿Edward?- volví insistir más audible y no obtuve ninguna respuesta.
-Mierda…-.
-Pensé que ya habías dormido- contestó al fin sorprendiendo por su voz aterciopelada en la obscuridad. Sentí que comenzaba a sudar frío por la palabra que había dicho y su sorda risa se comenzó a escuchar.
-Pensé que tú ya te encontrabas dormido-.
-No del todo, pero creí escucharte aunque no estaba completamente seguro por eso no te conteste rápidamente-.
-Entiendo-.
-¿Qué ocurre?-.
-La verdad es que…-.
-¿Sí?- preguntó volteándose hacía mí y la luna alumbró su cuerpo musculoso.
Respira, respira, respira.
-La… Verdad es que… No tuve la cortesía de agradecerte la cena y las atenciones que estás… teniendo conmigo-.
Su cuerpo se acercó más al mío a pesar de que nos quedaba un gran espacio en la cama.
-No es nada, ya te lo dije- y volvió a avanzar.
-Ammm… Yo… es que… jamás… esté… Yo jamás había recibido tantas atenciones más que de mis padres-.
-¿A sí?- pregunto seductoramente.
-Si-i-.
-Debió ser duro… Para ti- y mientras hablaba su cuerpo se acercaba unos centímetros más.
-No demasiado porque los Black no me dejaron sola en ningún momento-.
Su cuerpo dejó de avanzar lo que me sorprendió realmente y justamente cuando había dicho el apellido Black.
-¿Black?- preguntó con el ceño fruncido por la palabra como tratando de recordar algo que no conseguía dispersar en su mente.
-Sí, ¿ocurre algo malo con el apellido?-.
-No- contestó bruscamente- deberías dormir ya- continuo enojado.
-Está bien- dije totalmente desconcertada por su contestación.
Quise poder decirle algo más pero su cara yacía girada al lado derecho de la habitación. Sin pensarlo más mire la luna por la venta y mis parpados comenzaron a pesarme al punto de quedarme dormida sin saber nada más de mí.
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Eran alrededor de las 7:00 am cuando un pequeño rayito de sol me dio en la cara acrecentando el calor que irradiaba. Traté por todos los medios de estirarme por completo pero no pude.
-¿Qué diablos?-.
Dos gruesos brazos me apretaban fuertemente de la cintura y su cara se mantenía cerca muy cerca de mi oído. Sentí que el calor me golpeaba fuertemente el cuerpo y no por el solo si no por la cercanía de Edward Cullen.
Trate de moverme más hacía el lado izquierdo pero solo conseguí apretarme más a él ¿de verdad estaba inconsciente? Volví intentar moverme empujando su cuerpo hacía su lado y gloriosamente logré que unos de sus brazos me soltaran para quedar boca arriba. Menuda suerte la mía ¿por qué? ¿Por qué mierdas me pasaban estás cosas? Sentí que la conciencia se ría fuertemente de mí.
-Disfrútalo Bella, mira como está- espeto burlona.
-Cállate imbécil- le dije.
Estaba arrepentida… Que digo arrepentida, estaba arrepentidísima y pagando el precio de mis estupideces ya que con la maniobra que había logrado al liberarme de un brazo su cuerpo me dejaba un espectáculo más que penoso para mí, incómodo a más no dar.
Una tremenda erección de tamaño colosal se asomaba por sus pantalones quienes traicioneros se jugaban contra su miembro provocando que la rigidez no disminuyera en lo más mínimo.
-¡Ay Bella! ¿Dónde te viniste a meter?- pensé con remordimiento.
No pude dejar de mirar embobada por el espectáculo y pase saliva ruidosamente. Sentí como la sangre se me fue hasta los talones cuando lo oí suspirar pensando que se encontraba despierto ya.
-Bella…- suspiro.
-¿Qué?-.
-Bee-lla-a- volvió a decir y a suspirar.
¿Qué mierda? ¿Edward Cullen estaba teniendo un sueño erótico conmigo? No, no, no esto era una locura y los oídos me empezaron a doler por el aturdimiento de los golpeteos de mi corazón. Quise salir de la maldita situación en la que me encontraba y de un golpe tiré y me caí de bruces de la cama liberándome gustosa de su musculoso cuerpo.
-¡Auch!- dije muy bajito y pude ver como Edward tomaba mi almohada y la acomodaba debajo de su cuerpo y aferrándose a ella como si fuera otro cuerpo el que estuviera presente.
Me quedé mirándolo unos minutos y después de lo ocurrido me olvide de todo mientras me perdía en su rostro al dormir. Sus facciones eran dulces como las de un chico de buenos sentimientos y así dormido no parecía el hombre prepotente que era con sus empleados, no había nada del tipo sin escrúpulos que se accionaba por el día y se dormía por las noches. Él no era el mismo mientras dormitaba, la dulzura de un pasado perdido volvía en la inconsciencia de un sueño dejado atrás al amanecer. Mis pensamientos eran interrumpidos cuando el teléfono de la entrada de la casa sonaba anunciando que alguien en la puerta tocaba.
Salí disparada para evitar que se despertara por el ruido. Baje a la entrada y por medio de la cámara pude ver que Alice, la secretaria se encontraba afuera con un atuendo bastante provocativo mientras en las manos sostenía una pequeña cantidad de carpetas como las que Edward tenía en su escritorio. Sin pensarlo ni responderle di acceso a la entrada para que ella pasara y dejara de hacer tanto ruido. A la entrada de la casa volvió a tocar pero esta vez con su puño y sin pensarlo me digne a abrirle.
-Hola Eddy…- dijo sonriente y su felicidad se esfumó cuando me vio en el portal de la casa.
-Hola- conteste sonriente moviendo la mano.
-¿¡Tú que haces aquí!?- preguntó furiosa entrando de golpe a la casa.
-Aaa claro, puedes pasar- dije cerrando la puerta a su espalda.
-¿Dónde está Edward?- exigió.
-Está dormido- dije enojada por su actitud.
-¿Dormido? ¿Estaba contigo? ¿Mientras dormías así?- y su pequeña cara mostró rabia.
¡Mierda! Había olvidado mi atuendo y no era de esperarse que la gente pensara que él y yo habíamos pasado la noche teniendo sexo salvajemente. Reí al pensar en la palabra que le había asignado a la situación mientras Alice me decapitaba mentalmente.
-Bueno- dije- al fin y al cabo que eso a usted no le incumbe en lo más mínimo- espeté cruzándome de brazos.
-Tú no deberías estar aquí ¡debiste quedarte en un hotel!-.
-¿A qué has venido realmente?-.
-Eso a ti no te importa-.
-Te preguntó solamente solo porque te vi que traías unas carpetas iguales a las que Edward tiene en el escritorio-.
-¿Le dices Edward? A él no le gusta que lo tuteen-.
-Lo dudo porque él mismo me lo pidió-.
Su cara se llenó de asombro porque aparentemente a ella no se le tenía permitido.
-¿Me vas a entregar las carpetas?-.
-¡No!-.
-¿Entonces?-.
-Quiero hablar con Edward primero-.
-No creo que lo logres ya que como te repito está dormido- dije cruzándome de brazos y alzando una ceja.
-No me importa lo esperaré- contestó acomodándose el escote.
-¿Qué haces aquí?- preguntó una voz varonil y acto seguido las dos volteamos escaleras arriba.
Edward Cullen con el torso desnudo y el cabello seximente alborotado a los lados y con sus manos sostenía una camiseta blanca. Se la coloco hábilmente mientras el ceño se fruncía por la molestia. Alice se quedó embobada mientras yo la miraba y sus gestos y miradas me ponían más que furiosa ¿qué mierdas le veía?
-Te hice una pregunta Alice ¿qué haces aquí?-.
Me giré para ver a reacción de la secretaria y no pude evitar sentir pena por ella.
-Vine a verte… Para darte esto- dijo alzando con la mano las carpetas.
-¿Qué es eso?- preguntó Edward bajando por la escalera.
-Son las… carpetas que dejó sin firmar señor-.
-Te he dicho que las cosas del trabajo son de allá, no vengas a importunarme cuando no te eh llamado-.
-Sí-.
-¿Está todo bien?- pregunté.
-Sí, Bella. Si me permites hablaré con Alice en mi despacho. Si quieres comenzar a desayunar adelante- me invito.
-Gracias- contesté y vi como la pequeña secretaria me miraba con odio.
-Alice ¿me puedes acompañar a mi oficina por favor?-.
-Por supuesto señor Cullen- y con las carpetas al frente caminó rumbo a la puerta que Edward le abría.
Con las dos manos cerró fuertemente el despacho y suspire curiosa queriendo saber lo que detrás de a puerta ocurría.
Sabía de nuevo que escuchar conversaciones ajenas era de muy mal gusto y sobre todo irrespetuoso pero ya increíblemente me estaba importando muy poco. Acomode mi cabello detrás de mí oído y lo pegue a la puerta esperando a escuchar algo.
-¿Qué haces aquí?- preguntó Edward furioso.
-Vine a verte-.
-¿Para qué?-.
-Edward…-.
-Te hice una pregunta Alice, no me colmes la paciencia-.
-Es que… Hace tiempo que no me buscas-.
-No tengo por qué buscarte-.
-Dijiste que volveríamos a salir juntos-.
-Mira, sé a la perfección que hubo entre los dos pero eso no te da el más mínimo derecho de venir a buscarme y preguntar por mí como si fuéramos algo-.
-¿Y no lo somos?-.
Noté que Edward se quedaba en silencio y más que evidente era que la estaba despreciando.
-Hicimos el…-.
-Sh shh shh- dijo en un tono despectivo- no lo digas, sabes que lo detesto-.
Un par de tacones sonaron en dirección contraria a la puerta y supuse que se aproximaba a Edward.
-Alice, por favor-.
-¿Por qué no quieres que esté contigo?-.
-No me interesa-.
-¡Pero si ella! ¿Verdad?-.
-¿De qué mierda hablas?- contestó con la voz temblorosa.
-De esa flacucha que has traído contigo, de esa cualquiera que ha dormido contigo y que evidentemente te has follado-.
Fruncí el ceño a más no dar y quise entrar de golpe a la habitación para poder arrastrar a la idiota esa. ¿Con qué derecho venía a insultarme cuando yo me encontraba libre de cualquier acusación suya? Ya me encontraba al borde del homicidio pero me recordé a mí misma tranquilizarme y disponerme a escuchar lo que la imbécil esa decía de mí.
-No sé de qué hablas- espeto Edward.
-Vamos, no te hagas el inocente conmigo. Cuando me quedaba por las noches jamás me dejaste dormir contigo y a esta ¿por qué si?- exigió levantando la voz.
-Yo no tengo porque darte ninguna explicación de ningún tipo, así que si vienes en ese plan estúpido de celos te invito a que te retires y renuncies a la empresa porque la señorita Swan no se irá-.
-Toma esa idiota- dije por lo bajo.
-¡No puedes!-.
-¡Ja! No me retes Alice, soy el dueño y puedo disponer de los empleados cuando se me plazca-.
-¡Vete al demonio!- y pude escuchar como sus tacones se acercaban a la puerta y salí despavorida hacía el balcón que daba a la calle.
Me voltee para simular que tenía algún tiempo ahí y nuestras miradas se encontraron por una milésima de segundo en donde el odio la consumía por dentro.
-Lo lamento- espetó y salió golpeando la puerta principal.
Suspiré ruidosamente por la furia que destilaba su cuerpo y noté que Edward me miraba recargado desde el marco de la puerta con una sonrisa mientras cruzaba sus brazos.
-Pensé que estabas desayunando-.
-Aaa sí, es que… Decidí esperarte-.
Alzó la ceja incrédulo y yo solté el aire por la boca.
-¿Qué tiene de raro?-.
-Nada, dime ¿qué te apetece desayunar?- pregunto.
-Sorpréndeme, tú eres el chef de la casa ¿lo recuerdas?-.
Sonrió.
-Sí, veremos que podemos llegas a hacer ¿vienes?-.
Camine junto a él rumbo a la cocina mientras mis manos se movían nerviosamente frente a mí. Me sentía aturdida por la información que había adquirido referente a la secretaria y mi socio. Estaba más que claro que Edward mantenía una relación casual con mujeres de su trabajo y no pude evitar erizarme del nerviosismo por mi propia conclusión ¿y si yo caía también? No me podía ni imaginar lo que ese conllevaría ya que; al grado que veía las cosas me estaba sintiendo atraída por ese hombre y para mi falta de experiencia yo era un blanco fácil.
-¿Quieres algo en especial? ¿Te apetecen unos huevos fritos?-.
-Suena delicioso-.
Sonrió como usualmente lo hacía pero sentía que jugaba a algo que no lograba entender en lo más mínimo. ¿Por qué conmigo era amable y servicial mientras que con sus demás empleados era déspota y calculador? ¿Por qué? No tenía sentido, bueno no al menos para mí. Técnicamente trabajaba para él y según mi teoría formaba parte del grupo de empleados que constituían la empresa así que; como yo sabía no debía tener ningún tipo de ventaja al ser tratada con tanta amabilidad como él lo hacía conmigo.
Simplemente no cuadraba.
La mantequilla resbaló por el sartén que se calentaba en la estufa y al derretirse vertió un par de huevos y los comenzó a mezclar mientras agregaba sal y unas especias que no conocía. Cuando se terminó de cocer el lugar se impregno deliciosamente que no pude evitar pasar saliva.
-¿Quieres sacar el jugo que hay en la nevera?-
-Claro- dije caminando hacia ella y lo serví en dos vasos de cristal fino.
Noté como sus manos se movían ágilmente partiendo pequeños trozos de fruta variada. Manzanas, papaya y un poco de melón. Más que un rico ejecutivo parecía un chef profesional, sacó de una pequeña vitrina una ollita a presión y coloco agua dentro de ella. Lo hacía con tanta agilidad y rapidez que me maree de solo verlo. En menos de 10 minutos tenía un festín de desayuno de frutas, huevos, tostadas, jugo y café.
-¡A desayunar!-.
-¡Vaya! Sí que eres veloz y que festín me has preparado-.
-Te dije que sabía lo que hacía o ¿no?-.
-Me sorprendes-.
-Es… Lo que me pediste- y me guiñó un ojo.
Tomó la bandeja y nos dirigimos al balcón que daba la vista a la torre para desayunar. Una fría brisa me golpeo el cuerpo que hizo que me recordara que iba en una ligera pijama y me estremecí por la corriente de aire.
-¿Tienes frío?-.
-Algo- confesé titiritando.
-Permíteme- dijo y se paró del lugar dejándome sola.
Vislumbre que se encamino escaleras arriba y lo perdí de vista por unos minutos ¿qué rayos hacía en la recamara? Al poco tiempo bajó con una prenda en las manos y mi cabeza hizo un sordo clic al deducir que traía algo para que el frío no me molestara más.
-Toma, espero te sirva-.
-Gracias- conteste sonriente por su caballerosidad.
Metí mis manos por las mangas y noté que la prenda me quedaba enorme ¿acaso era suya? Me estiré para ver desde una perspectiva diferente y noté que era una camisa suya. Me puse roja al darme cuenta y él se río de mi cara al notarlo.
-¿Por qué me das tu camisa?-.
-No quise meter mano en tus cosas personales, además fue lo único que encontré al alcance-.
-Gracias pero…-.
-Sí no te hubieras puesto mi camisa estarías más que congelada aquí afuera-.
Tenía razón y por más que lo quisiera debía aceptarlo antes de que Edward echara mano en mis pertenencias personales ¿qué hubiese pasado al darse cuenta del tipo de camisones que me había regalado Rose? ¡Agg! Ni pensarlo. Bien pensado Cullen, bien pensado.
-Dime algo-.
-Claro-.
-¿Por qué no hay empleados en la casa?-.
-¿Por qué preguntas eso?-.
-Es que supuse como eres un hombre millonario que acostumbrado a gustos refinados tendrías empleados ayudando en tu casa pero hasta ahora no me eh topado ninguno-.
-Eso es simple… Porque no los hay-.
-¿Eh?-.
-Así es, pero no me gusta tener gente en casa. En la casa de mis padres tenía muchas atenciones al punto de hostigarme y cansarme así que cuando estuve solo por fin lo agradecí. Solo tengo empleados que hacen limpieza pero no cocinan ni están aquí. No me gusta-.
-Eso es comprensible pero inusual-.
-Lo sé, la gente cree que soy un niñato mimado pero no lo soy-.
-Yo…-.
-Sí sé que lo pensaste de mí y no te preocupes lo entiendo-.
Asentí avergonzada y él suspiro.
-Bueno, comencemos a comer ¿te parece?-.
-Muero de hambre- dije sonriente.
-Igual yo-.
El desayuno transcurrió sin ninguna otra anormalidad y como supuse todo estaba más que delicioso. Después de un rato de silencio él hablo rompiendo el esquema.
-Lo lamento de verdad-.
-¿A qué te refieres?-.
-Lo que mi secretaria hizo, no sé porque se comporta así- dijo como si de verdad fuese mentira.
-Claro que lo sabes- pensé.
-¿Qué ocurrió en el despacho?-.
Su mirada se turbo por mi pregunta y bebió de su café.
-Asuntos… Del trabajo-.
-¿Seguro?-.
-Sí ¿por qué?-.
-Te noté molesto al salir-.
-Es que, disculpa mis palabras pero a veces ella se quiere meter en asuntos que no le confieren-.
-Pero debería, ya que me dijiste que es del trabajo- espeté tratando de sacarle la verdad con un poco de presión.
-Sí y no. Sí es del trabajo le importa pero no al punto de armarme un escándalo en mi casa y a las 7:00 am ¿no crees que puede esperar?-.
-Sí, supongo que si- y volví a probar otro bocado.
-Bueno es tarde, me iré a duchar para ir al trabajo-.
-Ok- contesté y se paró de la silla para dejarme sola mientras bebía de mi jugo.
Suspire profundamente mientras el perfume de su camisa me envolvía. Tomé la esquina del cuello y lo pegué contra mi nariz. El olor varonil me inundó los sentidos y mi mente se llenó de sus recuerdos, de su figura, la manera en que me mantuvo cerca de su cuerpo y la notable erección que su sexo me regalaba… Su lívido nocturno alimentaba el mío de una manera descomunal a pesar de jamás haberlo tenido cerca (íntimamente más que el despertar de este día) pero las ansías se inflamaban al punto de querer tocarlo más. Decida me encamine aferrándome con los brazos envueltos en mi contorno y subí las escaleras para ir a bañarme y prepararme para mi primer día de trabajo.
Cuando entre a la habitación pude escuchar la caída del agua y deduje que aún se encontraba en la ducha. Me acosté en el lugar que él había ocupado y como una maldita enferma pervertida olí la almohada donde estaba su cabeza para llenar mis pulmones de Edward Cullen.
Olía deliciosamente a él y aspire más el perfume por la nariz para llenarme más.
-Rumju- carraspeo y mi cuerpo se quedó helado mientras le daba la espalda.
-¿Qué haces?- preguntó sonriente.
-Ehhh emm yo…- titubee nerviosa.
Se paseó de la entrada del baño hasta el centro de la cama y yo me paré rápidamente acomodándome el cabello.
-¿Por qué hueles la almohada?-.
-No la olía-.
-¿Ah sí?-.
-Sí-ii- dije nerviosa.
Se acercó lentamente a mí y su aliento fresco me golpeo el rostro mientras yo cerraba los ojos.
-¿Acaso te gusta?-.
-¿Qué-ee?-.
-Mi perfume, mi olor ¿te gusta?- ronroneó.
Suspiré sordamente y respire su aliento que me embriago dulcemente.
-Contéstame Isabella- y acaricio mi nombre con pasión.
Sus labios estuvieran a punto de tocar los míos cuando de nuevo y alabado al cielo su celular comenzó a sonar.
-Merda!- maldijo en italiano y se separó rápidamente de mí.
Suspiré agitada por el casi beso y me metí corriendo al baño escuchando como Edward contestaba violentamente el teléfono.
Me metí al agua para bajar la excitación de su acercamiento y logré despejar mi mente un poco.
-¿Por qué otra vez? ¡No!-.
-¿Bella?- preguntó con la voz al otro lado de la puerta.
-¿Si?-.
-El chofer llamó para decirnos que en media hora llegará por nosotros ¿de acuerdo?-.
-Ok- grité.
Me enjabone la cara rápidamente y enjuague mi cabello. Al terminar me enrede en una toalla y salí con la mente perdida en ese acercamiento. Salí de la habitación mientras caminaba con la vista en el piso.
-Wow- dijo su voz sorprendida.
-¿Qué?-.
¡Demonios! Había salido sin darme cuenta de que mi cuerpo estaba enredado en una sola y corta toalla de dejaba al descubierto mis piernas y parte de mi pecho.
-¡Mierda!- grité mientras él reía fuertemente por mi expresión.
Tomé mi ropa y me metí corriendo al baño donde al cerrar la puerta me deslice por ella hasta llegar al piso. ¿Por qué estaba tan torpe? Esto no me gustaba en lo más mínimo, yo era despistada pero no al punto de rayar en la estupidez. Me cambie rápidamente y me maquille naturalmente como acostumbraba hacerlo y salí de la habitación sin dejar de mirar el piso.
-¿Lista?- dijo amortiguando su risa y solo asentí.
Al bajar a la planta principal me abrió la puerta para salir a recibir al chofer.
-Bonjour Mademoiselle Swan! (¡Buen día señorita Swan!)- saludó alegremente el chofer y a pesar de la manera amable en que lo hizo yo desconocía su nombre.
-Bonjour- contesté.
-Prenez-nous au Armando de bureau (Armando, llévanos a la oficina)- dijo en un tono molesto a lo que el empleado se limitó a asentir y me abrió la puerta del auto.
Edward entró detrás de mí y en todo el camino estuvo callado mirando por la ventana perdido en sus pensamientos.
Al llegar el mismo protocolo que me había recibido el primer día me recibió solo que esta vez caminaba detrás de Edward y con la vista baja. La chica de le entrada me asesino mentalmente mientras refunfuñaba en francés. Al salir del elevador me encontré con mi buen "amiga" Alice quien trabajaba en un enorme papeleo que llenaba los lados de su escritorio.
-Buen día señor Cullen- saludó sin levantar la vista y yo me quedé anonadada por la actitud de la secretaría mientras Edward la ignoraba y pasaba por su lado sin mirarla.
Entramos en la conocida oficina mientras él se encaminaba a su escritorio y se sentaba haciendo su saco hacía atrás para tomar unos papeles. Noté que sobre la mesa había un florero de fino cristal y dentro contenía rosas rojas. Me encamine junto a él y a pesar de no conocerlo tanto supuse que estaba más que molesto.
-¿Dónde trabajaré yo?- pregunte tímida.
-Aquí conmigo-.
-Está bien- suspire resignada y cruce mis piernas para acercarme más al escritorio.
Me quedé con las manos cruzadas frente a mí. Me sentí como idiota al no poder tener algo en que trabajar y el reloj de péndulo que tenía detrás comenzó a parecerme incómodo.
-¿Qué haré?- pregunté con timidez mientras él no me dirigía la vista.
Suspiró profundamente y me miró por fin.
-Aquí están los papeles del primer trimestre de ventas. Quiero una balanceo general y hojas de trabajos ¿de acuerdo?-.
Asentí solamente y nos pusimos a trabajar.
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Era hora de comida, eso lo supuse ya que estómago comenzó a gruñir pero no me atreví a decir nada.
El teléfono de oficina comenzó a sonar.
-¿Qué ocurre?-.
-Disculpe que lo moleste señor, pero el señor Harris está afuera y quiere verlo-.
-¿Qué quiere?-.
-No lo sé señor, solo me dijo que tenía que tenía que hablar con él-.
-Hazlo pasar-.
-Enseguida- y colgó.
Noté como su mirada se crispaba y comenzó a hablar en italiano tan bajito como solamente para él.
-Idiota, io so quello che stai arrivando (Idiota sé a lo que vienes)-.
Lo miré incrédula y decidí mejor bajar mis vista a mis papeles tratando de ignorar mi hambre.
-Bonjour belle américaine! (¡Buen día bella americana!)- gritó Jasper abriendo la puerta de par en par mientras Alice avergonzada la cerraba y Edward apretaba el bolígrafo fuertemente.
Me sorprendí por su tono de voz mientras me limitaba a sonreír.
-¿Qué ocurre Harris?- preguntó Edward secamente a lo que su socio se río.
-Tranquilo Cullen, vine a ver cómo van los negocios-.
-Van bien ¿es todo?-.
-¡Ja! No cambias Edward, vine también a ver a la señorita Swan-.
-¿A mí?- pregunte tontamente.
-Sí- contestó sonriente y Cullen crispo los ojos de la rabia.
-¿Por qué?- me atreví a preguntar.
-¿No te has dado cuenta de qué hora es? Se te ha pasado el tiempo para almorzar y la linda Alice me comentó que no habían salido ni habían pedido nada-.
-¿Ahora mi secretaria te rinde cuentas de lo que hacemos o no?- preguntó furioso.
-Yo le pregunté y la verdad me parece una grosería que no le hayas ofrecido un almuerzo o por lo menos la hubieses dejado salir a comer algo-.
Estaba agradecida con Harris por su intervención, la verdad es que moría de hambre. Edward lo miró con fiereza y Jasper lo miró con una sonrisa a manera de reto. ¿Por qué se veían con odio?
-La charla- pensé.
-Señorita Swan ¿tiene hambre?-.
-La verdad… Sí-.
-¿Quisiera que la llevara a algún lugar?- preguntó Harris.
Edward me miró como esperando mi respuesta y no pude evitar sentirme intimidada.
-¿Haría eso por mí?- pregunté.
-Con seguridad señorita-.
-¿Edward?-.
-Por mí puede irse- contestó con fiereza y enojo al darse cuenta de que había aceptado la invitación y se sentó de nuevo en la silla sin dirigirme la palabra.
-¿No vas a comer?-.
-No- contestó secamente.
-Déjalo Isabella, esta amargado- dijo burlonamente a lo que Edward gruñó rabioso.
-¿Nos vamos?- pregunto tendiéndome la mano.
Me mordí los labios insegura y lo tomé de la mano.
-Vuelvo en un hora- anuncié a lo que Edward asintió sin mirarme.
Salí de la oficina del brazo de Harris y noté como la secretaría me miraba sorprendida pero a la vez feliz. Jasper abrió las puertas del elevador mientras que antes de cerrarse se escuchó un estruendo de vidrio que se rompe en la pared y provenía de la oficina. Me asuste por el ruido y quise salir del elevador pero mi acompañante me lo impidió anteponiendo su mano y apretó el botón que daba el lobby para después dedicarme una sonrisa.
Salimos de la empresa y sentía como la mirada de alguien desde una ventana me seguía. Alcé la vista tratando de encontrarme con los ojos de la persona que me espiaba pero no lo logre. Jasper abrió la puerta del copiloto para dejarme entrar y después entro en su respectivo asiento. Mi mente recordó el estruendo del vidrió y quise convencerme de que todo estaba bien.
-¿A dónde vamos?- pregunté tratando de despejar mi mente.
-Tranquila, conozco un buen lugar- espetó sonriente.
Minutos más tarde llegamos a un fino restaurant y Jasper me escoltó del brazo hasta la entrada.
-Salut, table pour deux s'il vous plaît (Hola, mesa para dos por favor)- dijo Jasper.
-Bien sûr, vous avez une réservation? (Por supuesto ¿tiene reservación?)-.
-Si, au nom de Jasper Harris (Si, a nombre de Jasper Harris)-.
-Seigneur Harris de cours suivez-moi s'il vous plait (Señor Harris, por supuesto sigame por favor) .
Seguimos al camarero hasta la mesa que nos había asignado pero ¿acaso había hecho una reservación?
-Gracias- dije después de acomodarme en el asiento.
-¿Qué quieres comer?-.
-Primero que nada ¿no es un poco costoso el lugar?-.
-Lo es, uno de los mejores- dijo sonriente.
-¿Qué no era un simple almuerzo?-.
-¿Por qué? ¿Quieres que te lleve a Roma?- pregunto coquetamente y me turbe por su pregunta.
-No-.
-Disfrútalo Bella, esta vez yo invito-.
Me molesto su respuesta estúpida ya que era perfectamente capaz de pagarle la cena yo.
-No es el dinero, es el lugar-.
-¿No te gusta?-.
-Es ostentoso para un almuerzo; lo repito-.
-Pero pues quise que conocieras un poco Francia y eso no tiene nada de malo-.
Suspiré resignada y comencé a ver el menú. Al final ordenamos nuestros platillos y pedimos un buen vino blanco.
La plática fue bastante inusual ya que me preguntaba cosas muy personales y la mayoría de las veces no le contestaba. Así como también intento acercarse a mí y yo me separaba sutilmente de él. Al final se dio por vencido y no lo intentó más.
-Dígame señorita Swan ¿piensa quedarse en Francia?-.
-Después del trabajo que tengo que cumplir aquí no lo sé, no le he pensado aún-.
-Si lo decide yo podría ayudarla a buscar hospedaje y salir un par de veces para conocer París-.
-Gracias- contesté incómoda y él se sonrió.
Minutos después mire mi reloj de pulsera y noté que ya casi había transcurrido la hora de la comida.
-Tenemos que irnos ya-.
-Sí, pagaré la cuenta y nos marcharemos. No quiero que Cullen se enoje- dijo burlonamente y yo negué con la cabeza.
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Al estar en el pasillo de la oficina Alice nos vio entrar y saludo a todos menos a mí. Como siempre.
-Buena tarde señor Harris-.
-Hola linda ¿está Cullen?-.
-Me temó que no señor, salió furioso del lugar que se iría a casa temprano porque no se encontraba bien-.
-¿Edward yéndose temprano? ¡Qué raro!-.
Ignoré el comentario de Jasper y me dirigí hacía la secretaria.
-Sabes ¿dónde está?- pregunte con un tono de alarma en la voz.
-Supongo que en su casa- contestó con indiferencia y comencé a caminar hacía la oficina.
Cuando entre me asuste a más no dar ya que vi el fino florero convertido en pequeños pedazos de cristal regados cerca de la pared. Evidentemente los habían lanzado con fuerza. Jasper se río por un chiste internamente y dijo algo que no entendí.
-Je suis dans le jeu Cullen (Estoy en el juego Cullen)- y volvió a reír ya que al parecer el motivo del por qué Edward había actuado violentamente le divirtió.
-¿Puedes llevarme a casa?-.
-No te preocupes él está bien-.
-Aun así quiero asegurarme-.
Refunfuño internamente y asintió.
Salimos disparados del lugar y de nuevo dimos marcha a la residencia dónde me hospedaba.
-Gracias Jasper, si quieres puedes retirarte- dije al llegar al lugar.
-¿Segura?-.
-Sí-.
-Si me necesitas te dejo mi número telefónico ¿ok?-.
-Gracias- contesté tomando una pequeña tarjeta de sus manos.
-Hasta pronto señorita Swan- dijo besando mi mano y se retiró sonriente.
Suspiré profundamente cerrando los ojos y abrí la puerta principal para entrar a la casa y buscarlo con la mirada.
No lo vi.
-¿Edward?-.
¿Dónde estaba?
-¿Edward?- insistí y nada.
Comencé a caminar rápidamente preocupada y entre a su despacho pero no lo encontré. Fui a la cocina, al balcón pero nada. Subí los escalones presurosamente y entre a la habitación.
Lo vi.
Estaba de espalda viendo por la ventana y mi corazón volvió a latir aliviado. No traía puesto el saco de oficina y en su mano izquierda tenía un vaso de whisky y en la derecha una prenda de color negro. ¿Qué era? ¿Y por qué estaba así?
-¿Edward estás bien?- pregunte caminando hacia él y se volteó.
Me miró fijamente mientras bebía de su trago y pude notar como apretaba con fuerza la prenda negra de su mano. Mi boca se abrió al notar que era un camisón mío; uno de los más cortos y extravagantes y el mismo que había usado una noche anterior. ¿Qué diablos hacía él con mi ropa? Me acerqué un poco más y noté como el aire se llenaba de vainilla con fresas. ¿Acaso también había usado mi perfume en la habitación? ¿Por qué y para qué? ¿Había vertido un poco en la prenda y la olía? ¿La olía de la misma forma que me pilló oliendo la suya?
Mi cabeza se mareo por tanta pregunta y pasé ruidosamente saliva.
-¿Qué haces con mi ropa y perfume?- pregunté sin aliento.
-¿Qué haces tú con Jasper Harris dejándole besar tu mano?- preguntó con la mirada inyectada en furia al decir su nombre.
Mi corazón latió frenético.
Hola a todos, pues espero que les haya gustado el capítulo de hoy. Pues ya se ve que Edward está más molesto por la cercanía de Jasper. ¿Ustedes que opinan?
Dejen sus hipótesis:
¿Qué creen que pase después de que Bella encontró a Edward con su camisón?
No olviden sus Reviewsy si es la primera vez que me lees dale Favorite/Followpara seguir leyendo esta historia de Con sed de amor.
Nos leemos pronto, adiós :)!
