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Queriendo evitar las presentaciones con la madre de Damon hasta que fuera inevitable, Rosalie se fue de regreso a Withmore antes de que despertara la mujer, quien por sus horarios solía levantarse a las 5 de la mañana. Damon no lo dijo, pero agradeció que la rubia no quisiera conocer a su madre, pues este tampoco quería que Lily comenzara a hacer preguntas sobre ellos que el chico no sabía responder ni quería hacerlo.

-Buenos días, hijo –saludó con una amplia sonrisa Lily a Damon cuando este entró en la cocina-. He preparado tu desayuno favorito.

-Genial, gracias.

-He hecho de más por si la chica que estuvo contigo anoche se quedaba a desayunar. Pero veo que ya se ha ido…

-Ah… Sí, no se ha quedado a dormir –dijo Damon sintiéndose incómodo por el hecho de que su madre le hubiera oído tener sexo con alguien.

-Lástima. Me hubiera gustado conocerla.

Sin querer hablar más del tema, Damon fue a sentarse y comenzó a comer en silencio. Su madre pilló la indirecta, se sirvió una taza de té y se sentó a su lado para leer el periódico local.

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Poco antes del mediodía, Sheila y Caroline se presentaron en casa Salvatore para saludar a Lily. En el caso de Caroline, era por mera educación porque solo iba a dejar a Sheila allí porque iba al pueblo a hacer un par de compras.

-¿Qué tal la universidad, Sheila? –preguntó educadamente Lily-. Tengo entendido que resulta ser toda una gran experiencia.

-Pues estás en lo cierto –confirmó esta-. Es un mundo nuevo. Una experiencia completamente distinta al instituto y a todo lo que haya vivido antes.

"Y también conoces personas muy interesantes. Como Rosalie, ¿a que sí, Damon?

A la vampira de ojos azules no se le escapó esa mirada de advertencia que le lanzó su hijo a la joven Bennett. Lily supuso así que esa tal Rosalie era la chica que estuvo con Damon la pasado noche. Algo que no mujer no tardó en intentar descubrir cuando Sheila se despidió de ellos pasado un rato, pues se trataba de una visita breve.

-¿Quién es esa tal Rosalie que ha mencionado la joven Sheila?

-Es la compañera de habitación de las chicas en la universidad –quiso quitarle importancia Damon.

-Por la forma en que hablaba de ella Sheila, parecía ser algo más.

-A Sheila siempre le han fascinado los vampiros, ya lo sabes.

-Así que la chica es vampira, ¿eh? Vaya, pensé que en este pueblo ya no quedábamos muchos…

-Rosalie no es como nosotros. No del todo.

-¿Qué quieres decir?

Damon se regañó así mismo por haber entrado en el juego de su madre, quien siempre hallaba el modo de hacerle hablar aunque este no quisiera.

Sabiendo que su madre no pararía hasta que le contara algo, el chico de ojos azules le contó lo que recientemente había descubierto, que existía otra especie de vampiros y que Rosalie era una de ellos. Por suerte para él, Lily quedó tan sorprendida por ese dato que no le preguntó sobre su relación con la chica.

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Cuando Damon se reunió más tarde con Rosalie, se percató de un pequeño gran detalle:

-¿Son imaginaciones mías o tus ojos ahora son castaños?

-¿Qué…?

La rubia fue rápidamente a mirarse al espejo que había junto a su ropero y quedó muy sorprendida con lo que vio.

-Así era cómo los tenía cuando era humana… ¿Será por haber bebido tu sangre?

-Es probable. Tus ojos cambian según tu dieta –coincidió Damon en su suposición-. Me gustan más con este color.

-¿Por el color o porque ha sido "obra" tuya?

-Ambas cosas.

El comentario de Damon y, sobre todo, su cara de orgullo al decirlo, hicieron sonreír a la vampira.

-Así que vives con tu madre –comentó ella picándole para cambiar de tema.
-Técnicamente, ella vive conmigo –puntualizó Damon-. Eventualmente. Pero, hey, ¿no eras tú la que vivía con sus padres y hermanos?
-Porque nos hacíamos pasar por adolescentes.
-Claro... En realidad, mi madre... Esto le está costando, ¿sabes? Encontrar su sitio y descubrir quién es sin estar sometida por un hombre al que ama.
-A ti te pasa como a ella. Sin la parte del maltrato, claro. Todavía no sabes quién eres sin Elena.
-Bueno, tú estás huyendo de tu novio...
-No estoy huyendo. Solo necesito recordar quién soy. Descubrirlo, en realidad.

-De acuerdo, pues en ese caso… ¿Qué tal si ambos dejamos de intentar actuar como siempre hemos hecho y empezamos a actuar como el cuerpo nos lo pida?

-Me apetece ir de acampada –dijo ella repentinamente lo primero que se le pasó por la cabeza al oír lo que propuso Damon.

-Vale… -murmuró él no muy convencido.

-Odio la idea de acampar en medio del bosque, en una tienda diminuta y sin nada de tecnología para pasar el rato, pero es algo que nunca he hecho.

-Hace tiempo que no voy de acampada y tampoco me hace mucha gracia. Pero podríamos probar.

-Genial, se lo propondré a las chicas.

-Creía que seríamos tú y yo solos –dijo Damon sin tratar de ocultar su decepción.

-Será más divertido ir con amigos.

-Está bien… Pero procura que no sea un día de luna llena, no me apetece estar al borde de la muerte por culpa del veneno de hombre lobo. Otra vez.

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Sheila estaba entusiasmada por la acampada porque nunca lo había hecho antes. Por su parte, Caroline no estaba tan convencida, pero la ilusión de Sheila se le contagió y acabó animándose ella también.

Los cuatro se adentraron en el bosque que rodeaba Mystic Falls y montaron tiendas de campaña en un claro del mismo, alrededor de una pequeña hoguera.

-Uy, hace más frío del que creía… -se quejó Sheila abrazándose aún más a su manta.

Posiblemente Rosalie era la única que no sentía frío de los cuatro, pues su piel era aún más fría pero, pese a ello, se abrazó a Damon por instinto, quien la rodeó con sus fuertes brazos y la apretó más contra su cuerpo e hizo que su manta cubriera a ambos.

-¿Estás bien así? –le preguntó ella en un susurro-. Porque si te doy frío, yo…

-Frío no es precisamente lo que siento cuando te tengo tan cerca –se le insinuó Damon en un ronco gruñido.

-Eres de lo que no hay –sonrió divertida la rubia, apretándose más al vampiro queriendo sentir el calor que desprendía su cuerpo.

Intentando seguir todos los tópicos de una excursión en el bosque, Sheila insistió en que todos contasen historias de miedo alrededor de la hoguera después de la cena. Caroline, haciendo uso de su instinto maternal, le advirtió que ella era muy sensible con esos asuntos y que podrían provocarle pesadillas. Pero Sheila quiso demostrar que era toda una adulta y que no tenía miedo de nada, así que todos contaron sus historias. En el caso de Damon, a quien no se le ocurrió ninguna inventada, contó algo que le sucedió de verdad pero cambió solo los nombres. En esa historia, él era el monstruo al que todos temían y odiaban.

Como Caroline había predicho, Sheila acabó teniendo pesadilla. La joven tenía una tienda campaña para ella sola, pero tenía tanto miedo del viento, de la oscuridad y de todo en general que se fue a la tienda de Caroline para que la acogiera.

-Te lo advertí, She –le dijo la rubia mientras la abrazaba de forma maternal para calmar sus miedos.

-Lo sé, debí hacerte caso… -murmuró esta abrazándose a su madrina con fuerza-. No se lo digas a Damon, por fa. Él siempre me trata como una niña pequeña, no quiero darle más motivos para ello.

-De acuerdo, esto quedará entre nosotras. Además, creo que tu querido padrino tiene suficiente distracción esta noche…

-¿Crees que Rosalie y él están…?

-Ir con tu pareja de acampada y no tener sexo es casi un insulto al concepto acampar.

-Genial, Car. Ya sí que no podré dormir en toda la noche… -se quejó Sheila tapándose la cabeza con la almohada no fuera a ser que les oyese.

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Tras haber pasado todo un fin de semana de acampada, Damon regresó al fin a casa, solo, encontrándose con su madre practicando con el piano.

-¿Qué tal la acampada con las chicas? –le preguntó la mujer dejando de tocar al verle llegar.

-Bien, Sheila se lo ha pasado en grande. Aunque no paraba de bostezar. Será por las pesadillas. Se empeñó en que contásemos historias de miedo y me da que no ha dormido en todo el fin de semana.

-Tú tampoco parece que hayas dormido mucho últimamente –comentó su madre-. ¿Has visto las ojeras que tienes?

Lily no era tonta, sabía que Damon estaba saliendo con esa tal Rosalie, pero, por mucho que intentase sacar el tema, su hijo no quería hablar de ello.

-Tienes razón, iré a echarme un rato –respondió él evasivo, dirigiéndose hacia las escaleras.