Tardanza magistral... lo siento por eso, de verdad. Mis vacaciones se interpusieron por un mes, jejeje.

Primero que nada, quiero decirles al pueblo peruano FELICIDADES POR SU PAIS, es un lugar hermoso y la comida es deliciosa. Tienen un excelente sentido del gusto, me encantó el ceviche y todo lo que tuviera ají. Todos deberian probar el sushi acevichado alguna vez. Y Machu Picchu fue impresionante, ya voy a callarme solo queria decirles eso.

Ahora volviendo al jeanmarco:

Este cap fue un verdadero reto, lo he tenido planeado desde que escribi el cap 1. Así que pueden esperar emociones fuertes y descripciones específicas.

23 paginas con más de 8000 palabras, porque les debo por lo menos un cap largo...

ADVERTENCIA: EMOCIONES FUERTES Y DESCRIPCIONES ESPECÍFICAS. No digo más porque es spoiler.


Capítulo 10. El tribunal

Cuando las puertas se abrieron, Erwin Smith entró a la habitación con la postura que utilizaba siempre para esos casos. Aquella que aprendió desde que dio sus primeros pasos, cuando era un niño su padre lo enderezaba para que se parara como si fuera parte de la aristocracia; Erwin tuvo que recordarse a sí mismo de sus enseñanzas en sus años de adolescencia, un porte que ahora, en su vida adulta, no tenía que siquiera pensarlo. Esa postura había llegado a formar parte de él, tanto que no encontraba otra manera de estar de pie.

Firme, con el pecho hacia adelante y su espalda recta, sus brazos a sus lados y mirando al frente. A algunas personas les podía resultar una posición incómoda, pero para Erwin era casi tan natural como respirar. Imponía autoridad, demandaba respeto, incluso muchas personas se sentían intimidadas por él.

Emanaba seguridad y le facilitaba tener el control.

Funcionaba muy bien, no podía negarlo.

Se alejó de Hanji, dejándola en el sitio del tribunal que le correspondía a la Legión. Ella se quedó revisando sus anotaciones, se había fijado en los movimientos de Erwin, pero no dijo nada. Sus soldados confiaban en él, y no podía estar más agradecido por eso.

—Comandante Nile Dok… —saludó al otro líder.

—¿Qué quieres? —El hombre no estaba de buen humor, el rubio podía manejar esa actitud.

—¿Cómo estás? —Fue una pregunta cordial, lo que le seguía a un saludo. A veces solía ser retórica y no se respondía con total honestidad.

—Va a morir, Erwin. —Nile llegó al grano, era de esperarse—. No tengo nada en contra del chico, pero el titán debe morir.

—¿Chico? ¿Te refieres a Jean? —Erwin ignoró el segundo comentario, enfocando su conversación hacia aquello que Nile consideraba un "humano".

—Claro. —La expresión del otro fue de irritación, como si lo que dijera fuera obvio—. ¿Quién más? Se nota que le importa, incluso mis soldados me lo han dicho.

Erwin se quedó en silencio, dejó que el comandante recordara lo que estaba evocando.

—También me han dicho otras cosas —le comentó mirándolo, quizás quería ver alguna reacción que sacaría de Erwin. Se equivocaba, nada saldría del rostro del rubio—, cosas perturbantes. Mis soldados están seguros que los tuyos son unos maniáticos.

—No me gustaría ser partícipe de una conversación donde te dijera lo que mis soldados opinan de los tuyos, viejo amigo. Me temo que terminaríamos insultándonos mutuamente.

—¿Tan mal, eh?

Erwin sonrió en respuesta. Esperó a que el otro hablara de nuevo.

—¿A todos los defiendes con tanta avidez? —Preguntó.

—Por supuesto.

—¿Defiendes su reputación, pero no sus vidas?

La pregunta era capciosa, tenía un objetivo en mente. Estaba pensando en una persona al hacerla, Erwin sabía a quién se refería.

—¿Cuántos años tenemos de conocernos, Nile?

—¿En serio estás preguntándome eso? No te creo, estás probándome. Te sabes todos esos números de memoria.

—Veintidós.

—Tú eres el genio. —No era un cumplido, era algo que él daba por hecho, le gustase o no. El pecho de Nile se expandió cuando inhaló profundamente—. El tiempo pasa rápido —comentó.

—Tienes razón. Hace mucho que no hablamos, me gustaría que tomáramos un trago para charlar una noche.

—¿Sí? Pues esta vez habrá una persona menos en nuestra reunión.

Era el punto que Erwin quería que el otro tocara. Había salido espontáneamente, no había tenido que forzarlo. El dolor estaba fresco y la herida por la pérdida aún no se había cerrado; era la vía perfecta para entrar en los pensamientos de Nile.

—Mike también significó mucho para mí. —La mención del nombre hizo que el pelinegro abriera más los ojos, instantáneamente lo miró a la cara.

—Era un idiota —dijo, las palabras no eran ofensivas con el tono que él usó—. Todos los que te siguen son unos idiotas, y Mike te siguió por mucho tiempo. —Hizo una pausa antes de volver a hablar, su voz sonaba amarga—. Tienes esa habilidad, ¿sabes? No tienes ningún problema para encontrar pobres diablos dispuestos a dar su vida por ti. Eres como un demonio.

Mike Zakarius, Erwin Smith y Nile Dok formaron parte del ciclo ochenta y dos de las Tropas de Reclutamiento. Tres chicos con la energía típica de su juventud, con el deseo de marcar una diferencia y las ganas de lograr cambios dentro de la milicia. Hombres que querían usar sus vidas para servir a otros, que quedaron dentro de la lista de los diez mejores.

Erwin había tomado la decisión de unirse a la Legión de Reconocimiento hacía mucho tiempo, y la posición entre los mejores no cambió sus planes. Mike fue el primer lugar entre los diez, habría sido aceptado sin ninguna duda y se hubiera convertido en el mejor soldado de la Policía Militar. Nada lo hubiera detenido y habría llegado a la cima fácilmente, era demasiado hábil.

"Te seguiré a donde vayas" fueron las palabras que le dijo a Erwin cuando este le informó de su elección.

El rubio no pudo evitar preguntar el por qué.

"Me gusta tu forma de pensar y tus ideas locas. Será una gran aventura acompañarte en lo que decidas. Créeme, tengo un olfato para estas cosas".

Erwin y Mike se unieron a la Legión, Nile Dok fue a la Policía Militar y perdieron el contacto por un tiempo.

Cuando lo recobraron, solían tener reuniones amistosas donde bebían algunos tragos y recordaban el pasado. Hablaban y se actualizaban de sus vidas. En esos bares también conocieron atractivas mujeres, ahí fue cuando Nile conoció a la que ahora era su esposa.

Aun cuando se presentaron candidatas para tomar su apellido Erwin siempre eligió a los titanes.

Y Mike estuvo con él. Desde antes de Levi, de Hanji y de todos sus demás soldados.

Ahora se había convertido en un punto estratégico, una palabra para mencionar y ganar una pizca de confianza de Nile. Usaba el nombre de su amigo más cercano para beneficiarse, como si fuera una carta secreta, un comodín que le sirviera como un arma que usaría para ganar. Mike no era más que una pieza de ajedrez que Erwin explotaría a su favor.

Tal vez en verdad era un demonio.

"Haz lo que tengas que hacer, Erwin. Confío en ti" habrían sido las palabras del alto rubio. Ni siquiera se habría enfadado con él o resentido por no ser más que una clave para un plan. Habría aceptado todo lo que él ideara con un mínimo de preguntas, apenas las suficientes para saber el objetivo que querían lograr.

No sabía si eso era algo que lo hiciera sentir mejor o peor. Simplemente era algo positivo, lo que él sintiera era irrelevante. No cabían sus opiniones personales en algo tan grande como el futuro de la humanidad.

Erwin hizo lo que tenía que hacer, como siempre lo había hecho.

—¿Tus soldados lo echan de menos? —preguntó Nile. Erwin salió de sus pensamientos rápidamente, listo para contestar con algo premeditado.

—Era un hombre respetable, un amigo honesto y un gran modelo a seguir. —Eran palabras ensayadas, no engañaría a Nile con una respuesta tan genérica como esa.

—No me jodas, ¿y tú? ¿Siquiera eres capaz de llorar?

Erwin guardó silencio, Nile no esperaba una respuesta real. Su forma de guardar luto fue algo privado, en su habitación de noche y solo, sintiendo un dolor más fuerte que cuando perdió su brazo derecho.

Nile volvió a hablar.

—Siempre pensé que tú morirías primero, ¿sabes? Todos los que llevan las famosas "alas de libertad" tienen sus días contados.

—¿Yo? —Preguntó con curiosidad, alentando al otro a seguir.

—Claro. Eres bueno, pero no eres Mike. Él era mejor que todos nosotros, hubiera sido el "más fuerte de la humanidad" si no hubieras reclutado a ese enano de los barrios bajos. ¿Cómo se te pudo ocurrir? ¿Y darle una posición privilegiada así nomás? ¿En qué diablos estabas pensan…?

—Creí que hablábamos de Mike —lo interrumpió con calma.

Hablar de Levi no causaría el efecto que Erwin deseaba con esa conversación.

—Claro, Mike… —La mirada de Nile cambió nuevamente—. Se hubiera quedado con nosotros en la Policía Militar, pero tú quisiste tenerlo.

—Cada soldado toma su propia decisión —le informó.

Hubo silencio por un tiempo, Erwin dejó al otro a sus pensamientos. Esperó pacientemente a que volviera a hablar.

—¿Por qué estás tan callado? ¿Estás haciendo eso donde adivinas lo que pienso con mis gestos y movimientos?

Erwin sonrió.

—Adelante, Smith. Obra tu magia conmigo, lee mi mente —lo invitó, haciendo gestos con sus manos en su propia dirección.

Erwin llevaba haciendo esa "magia" desde el momento en que lo saludó.

—Estás asustado —le dijo.

—Obviamente lo estoy, los titanes son una buena razón para asustarse.

El rubio continuó.

—Temes que si perdimos a alguien como Mike, el resto de nosotros no tiene ninguna oportunidad. Temes que Levi por sí solo no sea capaz de detener a ambos titanes si se salen de control. Si no puedes confiar en la Legión para detenerlos ¿en quién puedes confiar? ¿En los guardianes de los muros, las Tropas Estacionarias? Sabes muy bien que los cañones son inútiles, comprobamos eso con las dos brechas en los últimos seis años. ¿La Policía Militar? Son buenos, los mejores de cada ciclo; pero jamás han peleado con un titán de verdad, y tú tampoco lo has hecho. Temes ya que no quieres morir porque tienes personas a las que proteger y también temes que les pase algo si no estás.

—Eso último es lógico.

—Lo es, pero esto también: Mike y yo nos unimos a la Legión de Reconocimiento porque queríamos ver el mundo exterior y creemos en algo que existe más allá de las murallas. Y daré mi otro brazo y todos los miembros que tenga para lograr una victoria. El titán será un aliado invaluable, y vale la pena correr el riesgo de perder el control, con lo que lograremos con él.

—Erwin, yo…

El rubio lo interrumpió, dejaría en claro sus ideales.

—Mike creía en mí, veía el mundo como yo lo hago. Nuestros sueños eran similares y no voy a rendirme. Nuestra posición está en desventaja pero no importa, nada va a derrotarnos, así de fuerte es nuestra voluntad. Las Alas de Libertad son nuestro símbolo por una razón, y soy sincero cuando te digo que estoy seguro que esto va a funcionar.

Tomó aire y agregó suavemente, en un susurro.

—Soy un idealista, ya he escuchado eso antes, he probado el polvo que muerdo cuando me equivoco y créeme, las victorias se cuentan con los dedos pero valen mucho más.

Se quedó en silencio, esperando la reacción del otro.

—Buen discurso, Erwin. Muy bueno. Con razón los convences a todos de seguirte —fue la respuesta de Nile, dicho eso se alejó caminando despacio.

Erwin lo dejó irse.

Se dio la vuelta y caminó hacia el líder que faltaba.

—Comandante Dott Pixis —lo saludó.

—Ni lo intentes, comandante —le respondió el anciano.

—¿Disculpe?

—Sé lo que intentas hacer, hijo. Puedes ser persuasivo cuando lo intentas —dijo y comenzó a reír.

Erwin no lo acompañó, no faltaba demasiado tiempo para el tribunal. Comenzaría en cualquier instante y tenía que convencer al hombre mayor antes de eso.

—Sé lo que vendes, Erwin. —El rubio no pudo evitar sentirte sorprendido por eso, pero dejó al otro hablar—. Y déjame decirte algo, me gusta lo que estás a punto de decirme. Te apoyé con el chico Jaeger, un buen muchacho, te apoyaré con este chico también.

—¿Puedo saber la razón? —Preguntó con auténtica curiosidad.

—Te veo y solo pienso que te pareces a tu padre.

Los pensamientos de Erwin se detuvieron en ese momento, siempre circulaban y aparecían nuevas ideas que tomaba o desechaba. Pero en ese instante su mente quedó en blanco.

—Eres un buen chico —finalizó el anciano mientras le daba una palmada en el hombro.

¿Chico? Hacía muchos años que alguien no se refería a él como un "chico". Ni siquiera él mismo se consideraba uno, después de todo lo que había vivido. Sentía que los años le pesaban en los hombros, y la responsabilidad cansaba su espalda.

No, hacía mucho tiempo que no era un "chico".

—Señor Smith, cuando usted guste podremos empezar con el tribunal. ¿O hay algo más importante en su agenda? —escuchó la grave voz de Dalliz Zacklay provenir de su estrado.

—Por supuesto que no, Generalísimo. —Erwin le dedicó su sonrisa más amable y caminó hacia donde se encontraba Hanji.

—¿Preparaste la tierra? —Susurró su colega, sus ojos brillaban debajo de sus lentes.

—Sí, ahora planta la semilla —le respondió el rubio guiñándole un ojo.

Ella le sonrió ampliamente.

—No pensé que tan pronto estaríamos reuniéndonos para tomar una decisión tan similar —inició el hombre que era el líder de las tres divisiones militares—. Pero henos aquí, comencemos…

Los tres comandantes se sentaron al mismo tiempo, y la persona que cada uno había elegido para acompañarlos se quedó detrás de ellos, con vista al estrado. Hanji asintió con su cabeza en dirección a Erwin, indicándole que estaba lista para hablar.

—Inicia el tribunal para el caso del ex soldado, Marco Bodt —dijo Zacklay, hizo una pausa para que una mujer que estaba cerca de él anotara todo lo que ocurría, para llevar el registro correspondiente—. Tengo entendido que todos hemos leído el reporte del descubrimiento de este titán, por lo que no ahondaremos en eso. ¿Alguna duda?

Nile Dok levantó la mano, y se le dio la palabra.

—El reporte dice que un soldado de la Legión de Reconocimiento descubrió al titán, lo informó a sus líderes y estos al comandante, ¿cierto? —El hombre esperó a que todos asintieran—. Quisiera poner en evidencia que ellos han tenido conocimiento sobre este titán por aproximadamente dos meses sin comunicarlo a nadie fuera de su división militar.

—¿Tiene algo que decir sobre esto, comandante Smith? —Preguntó el Generalísimo.

Nile iba a ser difícil y Erwin lo sabía.

—Mi intención era averiguar sobre el titán, demostrar su inteligencia y facilitar una comunicación de doble vía con él. Todos ustedes son soldados, sabemos perfectamente que un arma no se presenta en el mercado sin haberla probado miles de veces. —Al ver la cara de indignación en el rostro de Nile, Erwin creyó necesario agregar—. No existe un artículo o ley que obligue a informar la presencia de titanes a otras divisiones militares.

—No puedes negar que tus motivos son bastante sospechosos cuando te guardas el secr…

—Comandante Dok —lo interrumpió Zacklay—. Limítense a referirse a mí cuando hablen, cualquier asunto personal puede ser resuelto fuera de esta reunión.

El silencio reinó en la habitación, el Generalísimo se aclaró la garganta.

—Ahora que todo está claro, seguiremos con el caso. Comandante Smith, ¿sería correcto asumir que desea que el chico forme parte de su Legión?

Él había dicho "chico", Erwin no lo corrigió.

—Sí, señor. En estos meses hemos descubierto mucho de él, su velocidad, su fuerza, su regeneración, su capacidad para obedecer órdenes y su delicadeza cuando trata con humanos. Hanji Zoe lo ha apodado "El Titán Gentil" —dijo él señalándola.

—Cedo la palabra a la señorita Zoe —indicó el anciano—. Háblenos más de estos descubrimientos.

—Muchas gracias, su señoría —contestó ella—. Cada una de sus cualidades fue comparada con las de Eren Jaeger convertido en titán. Resultó ser menos veloz, más fuerte y con igual comprensión de nuestra lengua. Además, un talento no visto en Eren, es capaz de hablar con la pronunciación de un niño de cuatro años. ¡Nunca antes hemos escuchado a un titán hablar! Me recuerda al diario de Ilse o a las palabras que Historia reporta que Ymir dijo.

Erwin le dedicó una mirada, se estaba desviando del tema.

—Pero eso no importa ahora —aclaró ella rápidamente, entendiendo la indirecta—. Marco ha estado en contacto con once miembros de nuestra Legión, incluso con los soldados de la Policía Militar que lo capturaron y no le ha hecho daño a un solo humano.

Erwin luchó contra la sonrisa satisfecha que quería escaparse de sus labios.

—Señor —pidió la palabra Nile otra vez.

Zacklay se la otorgó.

—Entiendo todo eso, ¿pero qué han descubierto del origen de este titán? Eso no está especificado en los reportes.

Hanji contestó cuando Erwin se lo indicó con una mirada.

—No está en los reportes porque sólo tenemos hipótesis. Creemos que es de la misma manera de Eren. Un poder latente que es catalizado por el daño a los tejidos, Marco sufrió una herida que le causó la muerte. Parece que sus células necesitaron de ese estrés para producir el efecto de proliferar hasta formar nuevos tejidos en el cuerpo de un titán.

—¿Estás diciéndome que revivió?

—No estamos seguros, habría que definir qué tan muerto estaba cuando fue encontrado. Eso puede preguntársele a Jean Kirschtein, el muchacho que lo identificó.

—¿Qué tan muerto estaba? ¿Es una broma? —Preguntó Nile.

—Es una manera de decirlo —respondió Hanji.

Zacklay dio golpes a su mesa, suficientemente fuertes para llamar la atención de todos.

—No vamos a desviarnos más del tema, evitemos preguntas innecesarias. —Hizo una pausa—. Comandante Pixis, ¿tiene usted algo que decir ante todo esto?

—Claro, estaba esperando a que me dieran la palabra —expresó el anciano de forma solemne, luego sonrió ampliamente y dijo en un tono despreocupado—. ¡Es maravilloso estar enamorado! ¿No lo creen?

Todos guardaron silencio. Antes que alguien hablara, Pixis continuó.

—Tener la suerte de amar a una persona es una dicha increíble, y es todavía mejor cuando se es correspondido. —El Generalísimo abrió la boca pero Pixis habló antes que él—. Ustedes saben a lo que me refiero, ¿no? Después de todo son hombres casados, Nile y Dalliz. Erwin y yo somos más bien lobos solitarios.

Pixis no estaba ebrio, notó Erwin. Tenía un punto y Zacklay lo sabía porque no lo interrumpió, aunque su mirada denotaba la impaciencia que experimentaba frente al anciano que se tardaba en llegar al grano.

—Me he enamorado muchísimas veces, las típicas para un hombre de mi edad. Y en algunas ocasiones, he tenido la bendición de recibir amor del objeto de mi afecto —explicó moviendo sus cejas de arriba para abajo con picardía—. De esa unión fue que conseguí descendencia, dos hermosas princesas que ahora son madres de familia. ¿Quieren ver las fotografías de cuando eran bebés?

—Comandante Pixis… —dijo Zacklay en tono amenazante.

—Las verán otro día, entonces —le respondió mientras las volvía a guardar en su billetera—. Nunca tuve un hijo, aunque tengo nietos no puedo evitar pensar que se parecen más a su padre que a mí. Ellos han colaborado más que yo, de todas formas. Todos aquí sabemos cómo se hacen los niños, ¿verdad?

—Tiene un minuto más, comandante —manifestó el Generalísimo, irritado.

—Por supuesto que lo saben, aquí hasta los chicos se dan cuenta de eso a temprana edad. Niños calenturientos haciendo más niños.

—Si no tiene nada más que decir…

—Nunca tuve un hijo, no es que me haga falta o que quisiera cambiar a una de mis princesas. Pero estoy seguro que, de haber tenido uno, me habría gustado que fuera como Erwin.

El rubio lo miró, no pudo evitar sentirse sorprendido por eso. Todos se quedaron callados, menos Pixis.

—Tiene una mente perspicaz, es soñador sin quitar los pies de la tierra. He hablado en muchas ocasiones con él y estoy seguro de que sus acciones siempre tienen un fin en mente. —Erwin sintió la mirada de todos sobre él, y después el anciano agregó—. Por eso quiero decirle a usted, Generalísimo Dalliz, que si nos cede a Marco Bodt a nosotros, las Tropas Estacionarias lo entregaremos a la Legión de Reconocimiento bajo el mando de Erwin Smith.

Erwin asintió, en agradecimiento a Pixis por su confianza. Era amigo del mayor desde que se convirtió en comandante, siempre lo vio como un veterano y respetable modelo de líder, un hombre con una extravagante personalidad que a la vez era ingenioso y pensaba con sabiduría.

No se detuvo a pensar en que tal vez Dott lo veía a él también como alguien que valiera la pena.

—Muy bien… —dijo Zacklay para reconocer lo que el otro señor había decidido—. Ahora, comandante Dok, es su turno para informarnos lo que solicita que se haga con el joven.

Había dicho "joven", pensó Erwin.

—Bien, en primer lugar me gustaría decir que no acepto lo que el comandante Erwin nos manifiesta. No sería prudente creer todo lo que nos ha dicho. No es que no confíe en él, pero ¿cómo hacerlo? Nos ocultó la verdad todo este tiempo, y eso levanta mis sospechas sobre sus intenciones.

—¿Qué planea hacer con el titán si se le concede el derecho sobre el futuro del caso en cuestión? —Preguntó Zacklay.

—Evidenciar lo que nos ha dicho de sus características. Examinar su cuerpo, probar su capacidad de recibir y transmitir información, evaluar su inteligencia y comprobar su lealtad a la humanidad —dijo y miró a Erwin—. Si Smith ha dicho la verdad y después de unos exhaustivos experimentos podemos demostrarlo; si el titán no presenta una amenaza para ningún ser humano… se lo entregaremos a la Legión de Reconocimiento.

Se hizo el silencio, otra vez.

Erwin miró a Nile y lo vio mover la boca sin formar sonidos. Entendió lo que le estaba diciendo sin hacer ruido.

"Por Mike".

—En caso que el titán sea un peligro en cualquier forma, aún la más mínima muestra de agresividad contra mis hombres… será ejecutado y catalogado como un traidor para la humanidad.

Ni siquiera esa última línea apagó el espíritu de Erwin, luchó por mantener sus labios en una línea recta. No debía mostrar su satisfacción, pero sentía cosquillas en su boca que amenazaban con hacerle sonreír.

—Ya veo —dijo el Generalísimo en respuesta—. Así que comandante Smith, por lo que se ve, usted lleva todas las de ganar. No me queda otra opción más que entregarle el titán a su división militar.

Cuando golpeara con el mallete sobre la madera, la orden estaría dada y no habría vuelta atrás. Los ojos de Erwin miraban el mazo como un hombre sediento mira el agua.

Zacklay lo tomó y lo sostuvo en el aire, dejó de moverse.

—Antes de nada, ¿por qué no está Marco Bodt aquí?

—Usted ordenó que solo nos presentáramos los comandantes y un acompañante por cada uno —le respondió Erwin.

—Pero es ilógico hacer un tribunal sin el objeto que está siendo juzgado —aclaró el Generalísimo—. ¿El chico no tiene nada para decir?

—La decisión es suya y la responsabilidad cae sobre nosotros, su presencia es innecesaria —opinó el rubio.

—Erwin, detente —agregó Nile con la mirada seria.

—Traigan al chico —ordenó el jefe mayor.

—No podemos, señor —le explicó el líder de la Policía Militar con lentitud—. No cabe por la puerta.

—¿Es un titán aún? —Después que Zacklay dijo eso comenzó a ver sus notas, los reportes que le habían entregado, buscando algo que hubiera pasado por alto. No mentían diciendo que Marco había vuelto a ser un humano, pero tampoco especificaban que se había quedado como un titán, era un detalle que Zacklay había asumido al recordar el caso de Eren—. Sáquenlo del cuerpo del gigante y tráiganlo aquí.

Erwin sintió su mandíbula apretarse.

—No ha salido del titán, señor —le explicó.

Zacklay se quedó en silencio. Levantó una ceja y volvió a hablar.

—¿Me está diciendo que todo este tiempo no han visto siquiera al chico? —Preguntó y cuando no le contestaron, se dio cuenta de la respuesta—. ¿Cómo pueden asegurar que es Bodt entonces?

Erwin miró a Hanji y le indicó que hablara. Ella lo hizo rápidamente.

—Su señoría, hemos desarrollado experimentos con él titán. Cumple con el perfil físico del joven Bodt, además de elementos de su personalidad y recuerdos propios del mismo soldado.

—Permítame hacerle otra pregunta, señorita Zoe —comentó el Generalísimo—. ¿Tiene usted alguna evidencia tangible de que el soldado Marco Bodt se encuentra dentro de ese titán?

—No, señor —admitió ella mirando a Erwin—. Pero con lo que tenemos, no son necesarias.

—Esa es su opinión, señorita. Por favor absténgase de darla si no se la he pedido.

Hanji abrió más los ojos, era visible la ira creciendo dentro de ella.

El jefe volvió a hablar.

—Omitir información es lo mismo que engañar, no es una buena carta para jugar, señor Smith. Este tribunal no continuará a menos que Marco Bodt se presente como un humano.

—¡No podemos hacer eso! —Exclamó Hanji para interrumpirlo. Erwin la reprendió con la mirada, así que ella moduló su voz—. Quiero decir, existe la posibilidad de que no haya un humano dentro de él, que su cuerpo haya mutado en esa forma.

—Eso es una locura —opinó Nile.

—No lo es —lo contradijo ella—. Ya ha ocurrido antes con una titán que solía llamarse Emily Springer, la madre de uno de nuestros soldados, Connie Springer. Ella regresó como titán sin contener a un humano en su nuca.

—¿Cómo saben que este caso no es como el de Eren? —Inquirió Dott Pixis.

—Porque la primera vez que Eren se transformó en titán luchó contra varios gigantes hasta desgastarse y expulsar su forma humana. Hemos puesto a Marco a pelear y hacer carreras contra Eren hasta el punto de su cansancio y lo hemos visto regenerarse una y otra vez, hemos estado así durante dos meses y nada. No hay humano, no hay desgaste total, se alimenta con la luz del sol y eso parece bastarle. Ni siquiera necesita agua, aún no sabemos si necesita oxígeno.

—Espero que esté dispuesta a correr el riesgo, me temo que no aceptaré que un titán se enliste como si fuera un soldado —dijo Zacklay.

Había pasado lo que temía, Erwin no dijo nada. Insistir sería inútil.

Pero Hanji aún tenía cosas por decir.

—Si ordena que se fuerce una expulsión podría estar acabando con su vida —declaró ella con preocupación.

—¿Esa es la razón por la que la Legión de Reconocimiento no ha tocado al titán?

—Un titán inteligente es más importante que un soldado —opinó ella con tono peligroso.

—Lo que mi colega quiere decir es que si nos apresuramos con una expulsión podríamos terminar perdiendo tanto al soldado como al titán —explicó Erwin con calma obligada, notó que los presentes comenzaban a ver a Hanji como si fuera menos humana que ellos.

—Hay un límite para lo que está permitido, y el titán lo sobrepasa. Señor Smith, si quiere que su titán tenga una oportunidad, le sugiero que fuerce esa temida expulsión. —No era realmente una sugerencia, notó Erwin.

—No lo haré —expuso Hanji—. No seré quien mate al titán.

—¿Señor Smith? —Preguntó el Generalísimo, haciendo caso omiso de lo que la mujer había dicho.

Sí, al final su oportunidad para salir victoriosos era mínima.

—Hanji Zoe es nuestra experta en titanes, su opinión es la de la Legión de Reconocimiento —dijo Erwin.

El Generalísimo Dalliz Zacklay levantó el mallete y comenzó.

—He tomado mi decisión. —Elevó su voz—. Declaro que el titán conocido como el ex soldado Marco Bodt es un peligro para los humanos y un aliado poco fiable en su forma actual, su existencia es un riesgo que no vale la pena ser tomado y cualquier aporte será menos que el daño que pueda provocar. Por lo tanto es sentenciado a muerte a efectuar al momento de terminada esta sesión.

El golpe que hizo con el mazo en la madera de su estrado retumbó en los oídos de todos los presentes.


La pierna de Jean no había dejado de moverse.

Tenía esa costumbre de moverla hacia arriba y abajo cuando estaba ansioso, pequeños movimientos como convulsiones, una y otra vez. Su rodilla no estaba quieta, su cuerpo le decía que no podía mantenerse en un solo lugar.

Después de su encuentro con los soldados de la Policía Militar, después de ser llamado "asqueroso enfermo" por ellos e irse del calabozo, Jean se había echado a correr; no estaba seguro de cuánto tiempo corrió sin ver atrás. Cuando terminó su recorrido, vio un árbol que golpeó con fuerza numerosas veces, sin sentido alguno. Le gustó la sensación de dolor en su puño, sus nudillos se volvieron rojos e hinchados y sus dedos dolían cuando los extendía. Dejó de golpear el árbol porque su mano dolía demasiado.

¿Y qué hizo? Usó su otro puño para continuar con los ataques al inocente árbol. Un jadeo acompañaba cada golpe, y con él un nuevo dolor.

Se cansó y trajo ambas manos al frente, miró que la mayoría de sus nudillos estaban ensangrentados y dejó caer ambas a sus costados.

Se arrodilló frente al árbol.

Imaginó a Marco.

El dolor no borraba sus espantosas ideas.

No podía pasar por eso otra vez, no podía volver a perderlo.

Escuchó las campanas que anunciaban el final del tribunal.

No quería ir, sabía que eran malas noticias.

O tal vez eran buenas, no podía saberlo. Seguramente estaba exagerando y debía abandonar esa manera tan pesimista de pensar, eso sería lo que Marco le habría dicho que hiciera.

No quería moverse, pero sus piernas obedecieron el llamado de la melodía.

Buenas noticias, ¡cómo deseaba que fueran buenas noticias! Daría una pierna porque así fuera.

Pero no lo eran.

Ni siquiera se lo dijeron, lo supo al ver el rostro de los que salieron.

Dott Pixis y su acompañante.

Nile Dok y su acompañante.

Hanji Zoe tenía una expresión que Jean jamás había visto antes, sus ojos estaban completamente abiertos, y su cabeza estaba agachada, no miraba a nadie y caminaba como una sonámbula. Lucía aterradora.

Aun así, el castaño se sorprendió más cuando vio a Erwin Smith salir de la habitación.

Su postura era la usual, no bajaba la cabeza y miraba al frente, no parecía afectado en lo más mínimo. Lo ocurrido dentro del tribunal no había hecho ningún cambio en él.

Jean se le puso enfrente, como si estuviera exigiendo una explicación, como si él la mereciera y tuvieran que dársela. El alto hombre lo miró por unos segundos, y el castaño no pudo leer nada en su expresión, ni una sola emoción cruzó el semblante del comandante. En su lugar, el rubio miró más allá de él, detrás de Jean.

—Hablemos luego —fue lo único que le dijo. Jean se dio la vuelta y vio al comandante dirigirse hacia Levi, y los dos charlaron con seriedad.

La caravana de personas se dirigía a la salida, ninguno se separaba. En su lugar, se le unían otros.

—¿Qué ocurre? —Le preguntó Sasha—. ¿A dónde van todos?

Jean la miró, la chica lucía confundida. Intentó hablarle, incluso abrió la boca pero ningún sonido salió de él, era como si se hubiera quedado sin voz.

¿Cómo podía decir aquellas palabras?

Los demás se acercaron a él, y Jean seguía mudo.

Armin se llevó una mano a la boca.

—¡No puede ser! —Exclamó, su voz se agudizó mucho. Él tampoco podía creerlo.

Eren y Mikasa lo miraron, y luego se vieron entre ellos.

—¿J-Jean…? —Preguntó Connie, estaba tartamudeando, como si tuviera miedo de la respuesta.

—¿Es una broma, no? —Probó Eren. Era una pregunta estúpida y si Jean hubiera podido hablar, se lo habría dicho.

El comandante terminó de hablar con Levi y se unió a la caravana de gente.

Levi caminó hacia ellos y Eren corrió hacia él.

—¡Sargento! No es… ¿qué van a…? No es posible… p-pero cuando fui yo… se suponía que iba a ser igual… tú lo dijiste —Cada vez la voz del chico era más débil, al final terminó en un susurro. El dolor teñía su cara y su voz, se le dificultaba formar palabras coherentes.

El hombre pelinegro lo miró con simpatía y luego se dirigió a todos.

—Ya no son niños, si los tratáramos como tales los estaríamos insultando. Ahora vengan conmigo. —Dicho eso, se dio la vuelta y se unió al grupo de personas que caminaban en dirección al calabozo.

Jean se sentía entumecido, no tenía idea cómo se seguía moviendo. Sus piernas pesaban y cada paso le acalambraba, miró sus manos y la sangre se había secado, ni siquiera se había molestado en lavárselas.

Cerró los ojos esperando que todo fuera un sueño.

Chocó con la persona que iba delante de él.

—¡Ten cuidado, mocoso! —Le gritó alguien de las Tropas Estacionarias.

Eso le dio a entender que no era una pesadilla, sino que era el infierno, estaba a punto de verlo, y lo sabía.

Quiso llevarse una mano a los ojos para comprobar si estaba llorando, y se dio cuenta que no la podía mover, alguien la tenía. Miró a su derecha y vio a Historia llevándolo de la mano, ella examinaba sus nudillos. La pequeña rubia se dio cuenta de la mirada de él sobre ella y estiró su boca en una sonrisa falsa, era imposible aparentar algún tipo de felicidad en ese momento.

Jean no era tan amable como para fingir algo así.

Dejó que Historia lo llevara de la mano, el calor de otra piel era lo único que lo mantuvo cuerdo.

Imaginó por un momento una mano más grande, incluso un poco más grande que la suya. Dedos más gruesos y largos, con pecas en los nudillos. Le habría gustado entrelazar sus dedos con los de él.

Llegaron a las mazmorras.

Estaba oscuro en comparación con el sol de la tarde, apenas podía ver con las antorchas encendidas. Sus ojos se acostumbraron a la oscuridad.

Escuchó una voz que ya estaba hablando.

—… por todo lo antes expuesto, te sentencio a muerte —dijo Dalliz Zacklay.

Jean no vio la expresión que Marco hizo ante esas palabras.

Soltó la mano de Historia, se acercó entre la multitud, empujando a personas que se interponían en su camino, ignoró las quejas, y ahí lo vio. Marco seguía atado y sin poder moverse, movía los ojos para todos lados. Desde ese ángulo no podía verlo a él.

Quiso llamarlo, pero aún no podía hablar. Parecía que había olvidado como producir sonidos y unir las palabras.

Sentía un vacío en su pecho, un agujero donde la calidez que lo había embargado estos últimos dos meses lo había abandonado, dejando un aire que le congelaba los pulmones al respirar. Sentía el frío llegar hasta sus manos y la punta de sus dedos, como si él fuera el que estaba a punto de morir.

Su Marco iba a ser ejecutado, y no podía hacer nada para evitarlo.

Lo iba a perder otra vez.

Y ahí estaba él, inútilmente congelado. Quería gritarle que se fuera, que aún podría liberarse y huir.

Vio a Nile Dok, que les indicaba a sus soldados que abrieran las dos puertas de barrotes gruesos que no eran más que feos adornos para Marco, que él fácilmente podría romper si así lo quisiera, se doblarían como mantequilla bajo sus dedos.

—¿Qué no me oyeron? ¡Les dije que abrieran las rejas! —Le gritó el líder a su policía militar.

Sus soldados se movían con lentitud, como si sus cuerpos les pesaran.

Tenían miedo.

Era obvio, después de cómo habían tratado al titán.

Dok debió sentirse avergonzado frente al Generalísimo, porque se adelantó a sus hombres y les quitó las llaves.

—Si quieres que algo se haga bien… —murmuró, más para sus soldados que para él.

Abrió la reja.

Se quedó mirando al titán por un momento.

—Sabes que esto no es personal, ¿cierto? —Le preguntó directamente al gigante.

—SÍ —se escuchó la resonante voz en toda la celda.

Jean cerró los ojos, sintió la vibración de la profunda voz en sus huesos, apretó su mandíbula con impotencia, respirar era más difícil. Sintió como si le clavaran una aguja en los ojos, tragó saliva pero no podía atravesar el nudo que no bajaba por su garganta, el mismo que evitaba que pudiera hablar.

Nile Dok pidió un par de cuchillas.

—Tengo una petición más, Generalísimo. —Erwin Smith levantó una mano y habló con firmeza.

Jean quería correr hacia él y golpearlo. No había logrado salvar a Marco, y ni siquiera se mostraba triste o un poco culpable, nada. Las personas que estaban en contra de él solían decir que las vidas de sus soldados le eran indiferentes, y Jean siempre pensó que eran exageraciones; que cuando uno llegaba a una posición de poder se creaba de enemigos y de una reputación de doble cara. No era perfecto, pero no podía ser del todo malo.

Pero quizás sí era cierto lo que decían, ese hombre no era un humano ya. Y Jean lo odiaba, con un sentimiento tan fuerte que lo sentía extraño y ajeno, nunca antes había sentido algo así. No podía pensar con claridad pero estaba seguro que algo dentro de él había cambiado, ya no confiaba en Erwin.

—¿Cuál es su petición, Smith? —Preguntó Zacklay.

—Marco ha estado rodeado de personas que no conoce. Fue aceptado como miembro de la Legión de Reconocimiento, nos gustaría que terminara como tal. Si se va a ir, pedimos que sea con dignidad, como el mártir que lo consideramos, bajo la mano de uno de los nuestros.

¿Qué? ¿Quería que fuera ejecutado por alguien de la Legión?

—Elija a su verdugo en este instante —ordenó el anciano.

—Por supuesto.

Jean sabía a quién elegiría, era obvio para todos.

El experto en matar titanes, el hombre más fuerte de la humanidad.

Todas las personas se dieron la vuelta y miraron a la persona que Erwin se refería.

Levi levantó la cabeza, se miraron con Erwin y asintió como si estuviera aceptando una orden que le estuviera dando mentalmente.

El sargento tenía una mano en el hombro de Eren, quien estaba temblando visiblemente, tenía la mano cerca de su boca y parecía estar a punto de mordérsela. Los ojos del chico estaban enrojecidos y no paraba de moverse. Su rabia era evidente, quizás quería probar si podía evitar lo que estaba a punto de ocurrir.

—No cometas ninguna estupidez —le indicó Levi y se alejó de él.

Eren miró a Jean y la rabia se esfumó de su rostro, como si se estuviera disculpando, el chico agachó su cabeza.

Jean no estaba molesto con él, no era su deber salvar a Marco. A veces Eren era tan narcisista, creía que todo era su culpa. Como si él pudiera salvarlos a todos.

El castaño miró a Levi caminar hacia el centro de la multitud, tomó las cuchillas que le habían ofrecido a Nile y se acercó al titán. Abrió las rejas completamente, se doblaron entre sí y dieron espacio suficiente para que todos los presentes vieran al titán frente a ellos sin ningún tipo de barrera que los dividiera.

—No deberíamos estar pidiendo dignidad, eso es un derecho —dijo mientras cortaba las cuerdas que aprisionaban a Marco.

La multitud exclamó, algunos retrocedieron.

—¡¿Qué estás haciendo?! —Preguntó Nile muy alarmado.

—No va a huir —fue toda la explicación que dio—. Marco, ponte en la posición que te parezca más cómoda.

El titán levantó la parte superior de su cuerpo con ayuda de sus manos, irguió su torso quedándose de piernas cruzadas, el techo era lo suficientemente alto para permitirle estar sentado de esa manera.

Miró a Jean y sus ojos se abrieron más.

El castaño sintió algo que se constreñía dentro de su pecho, un dolor físico que forzaba su rostro a contraerse.

Se sentía tan desolado, era insoportable.

Recordó algo tonto.

Todo este tiempo había querido decirle cómo se sentía cuando salieran de ahí.

Ellos dos y el sentimiento que los unía no saldrían vivos de ese lugar.

Abrió su boca, no le hubiera importado que otros lo escucharan, pero su voz seguía perdida. Se preguntó, por un leve instante, si volvería a hablar de nuevo.

¿Jean Kirschtein incapaz de hablar? Eso debía ser una broma pésima.

Formó las palabras con su boca.

"Te amo".

Marco lo miraba.

Volvió a decirlo.

"Te amo".

Y se lamentó de no haberlo dicho antes. Se lamentó de esperar hasta el último momento cuando el otro no pudiera escuchar su voz, y tuviera que conformarse con leer sus labios desde una distancia que quizás ni siquiera era visible. Y se lamentó de que no habría otra oportunidad, que estaba perdiendo a su mejor amigo y la persona que había llegado a amar demasiado tarde.

No pudo besarlo, ni saber cómo se sentía entrelazar sus manos, o tocar a otro hombre como nunca lo había hecho.

Vio a Marco asentir con su cabeza.

—LO SÉ.

Jean cerró sus ojos con fuerza otra vez, no quería aceptar lo que iba a ocurrir. Se llevó sus manos a los ojos para limpiarlos, y se forzó a sí mismo a mirar.

Marco estaba mirando algo detrás de él, y Jean se volteó para ver.

Eren y Armin habían unido sus manos, el primero temblaba y el segundo tenía los ojos cerrados y los labios fruncidos, ambos lucían inmersos en desesperación y dolor.

La otra mano de Eren sostenía la de Mikasa, y ella tenía su otro brazo alrededor del cuello de Historia, la pequeña rubia abrazaba a la pelinegra con fuerza, con sus puños tomaba la tela de la blanca camisa de la otra chica.

Connie sostenía a Sasha, los hombros de ella hacían pequeñas convulsiones mientras enterraba el rostro en el cuello de Connie, se escuchaban sus sollozos. El chico rapado mordía su labio mientras sus ojos se humedecían.

Todos miraban a Marco, incapaces de ayudar. Sufriendo al ver a su amigo de esta forma.

Cada muerte duele, aun cuando ya se espera. No es fácil despedirse de alguien y no hay forma de acostumbrarse. Pero este caso tenía una connotación diferente, no era similar a las muertes bajo los dientes de los titanes; la horrible sorpresa era morir bajo la mano de otros hombres y prepararse para presenciarlo.

¿Los chicos sentían más dolor a causa de eso? Ciertamente no era algo que lo hiciera menos difícil de sobrellevar.

Mikasa desvió la mirada hacia Jean.

Él no apartó los ojos. Por la expresión de ella, pareció que sabía lo que él sentía.

No lo hizo sentir mejor, se volteó hacia Marco otra vez.

No quiso ver nada más que su rostro, ignoró a Levi con sus cuchillas que caminó hacia atrás del titán, y la emoción en el rostro de varios de los presentes, ignoró el alivio que otros mostraban, y también ignoró el sonido de los cables del equipo de maniobras del sargento que cumplía con la sentencia.

Solo miró el rostro de su mejor amigo.

Y cómo Marco lo miraba a él.

Y cómo el silencio no es lo suficiente para una despedida, pero si hubiese tenido más tiempo y fuera capaz de hablar no habría sabido qué decir. Jamás encontraría la manera adecuada de dejar ir a alguien que debía estar con él, alejarse de quien tanto quería acercar a sus brazos, dar un beso de adiós ni siquiera con un beso real.

La persona que amaba, que fue muy idiota de descubrirlo demasiado tarde.

Por segunda vez, demasiado tarde.

Los ojos de Marco no lo juzgaban, Jean podía ver la ternura en esos oscuros irises que nunca lo habían visto mal. Una pequeña sonrisa en esos labios con colgajos de piel a los lados, amenazadores sin realmente serlo. Se parecía tanto a él que ya no recordaba como lucía de humano, si Marco siempre hubiese parecido titán, no le habría importado.

No era por ser un titán, ni por ser un chico. Ni siquiera era por ser su mejor amigo.

Eres tú, nadie más.

Jean Miró al titán fijamente, sin perderlo de vista por un segundo.

Escuchó un sonido de cortes de espadas.

No escuchó nada más.

Marco se sobresaltó, sus ojos cambiaron. Su mirada dejó de estar sobre Jean, en su lugar lucían infinitos, mirando más allá de lo visible para los humanos. El brillo en ellos se esfumó. La dulzura y honestidad que proyectaban desapareció. El par de ojos lucían diferentes, y a la vez Jean los reconoció. No era la primera vez que miraba ese par de orbes. Ya lo había hecho, pero no eran dos, sino un ojo que lucía perdido en un rostro que le faltaba su mitad, en un cuerpo sin un brazo recostado en una calle de Trost.

No pudo mantenerse de pie. Jean sintió el asfalto impactar contra sus rodillas. Lo único que escuchó fue su propia respiración, jadeante como si estuviera cansado. Su mirada era borrosa, y sus exhalaciones erráticas. Sentía su corazón golpear su pecho con fuerza, una ironía porque lo sentía roto. Cuerpos corrían adelantándolo, pero no podía concentrarse en algo más.

Su cabeza se sentía caliente y pesada, al igual que su cuerpo. Se sintió incapaz de moverse y de pensar. Solo existía para sentir un dolor que regresó con mayor fuerza que la primera vez.

Escuchó sonidos a su alrededor pero no pudo entender lo que decían.

Cuerpos uniformados continuaban moviéndose para todos lados.

No sabía quiénes eran, hasta el emblema de sus trajes le resultaban desconocidos.

Todo su ser daba vueltas, sentía que estaba en otro lugar. Quería dejar de sentir, deseaba dormir o desmayarse para olvidar todo.

Sintió que se movía hacia atrás y adelante repetidas veces.

Tardó un momento en darse cuenta que no se movía por sí solo, alguien lo había tomado por los hombros y lo zarandeaba.

—¡Jean!

Apenas entendió su nombre, sonaba extraño, como si lo acompañara un eco distorsionado.

Parpadeó y sus ojos se aclararon de las lágrimas dentro de ellos, pudo ver frente a él a una chica.

Mikasa.

Continuaba moviéndolo, empujándolo y atrayéndolo hacia ella una y otra vez. Él se fijó en su rostro, la tenía muy cerca, más de lo que alguna vez había estado de ella. Se fijó en sus ojos, eran oscuros y sus párpados eran diferentes, lucían un poco más cerrados que los de las otras chicas. Vagamente recordó que Eren había explicado que Mikasa era mitad japonesa y que su madre tenía los ojos y el cabello igual.

No entendía lo que ella quería, solo sentía que lo movía. Jean quiso decirle que se alejara, que lo dejara solo. No quería tener a nadie cerca, ni siquiera a alguien que le solía gustar.

El castaño bajó la mirada, ignorando a la chica. Vio la bufanda roja colgar de su cuello y bailar en medio de ellos dos, meciéndose con sus movimientos. Le dio ganas de reír, así que Jean sonrió.

Sintió un golpe en su mejilla izquierda, tan fuerte que le giró su cabeza.

—¡Jean! —Escuchó la voz de Mikasa.

Eso aclaró un poco su mente y fue capaz de ponerle atención.

—¿Has escuchado algo de lo que te he dicho? —Preguntó ella rápidamente.

Él solo la miró, como si fuera un animal indefenso y confundido.

—Hombres inútiles… —murmuró ella y lo tomó del cuello de la camisa.

Jean la siguió, se dejó guiar sin oponerse, la miraba conducirlos hacia donde estaba el grupo de personas reunidas que había visto correr antes.

A la espalda del titán estaba un grupo de personas haciendo un semicírculo, rodeándolo con expresiones diferentes, soldados de las tres ramas miraban boquiabiertos en dirección a la nuca del titán.

Levi estaba en la nuca, produciendo un quejido mientras hacía una fuerza de tirar hacia atrás. El sargento estaba lleno de sangre que humeaba, sus brazos, sus piernas y su rostro.

Jean abrió más los ojos.

—¡Quítense todos! —Gritó Hanji mientras apartaba a todos para hacerle espacio en el suelo.

Levi cayó ayudándose con su equipo de maniobras, el impacto de su caída fue amortiguado por los cables, en sus brazos sostenía algo. El pelinegro jadeaba mientras ponía su carga en el suelo.

Por un segundo todos miraron.

Era un humano, podía verse su cráneo y las cuencas donde debería haber ojos. Era una calavera. En el cuello tenía músculos y en el pecho se miraban algunas de sus costillas, abajo los músculos abdominales. No tenía piernas, ni brazos. Sus genitales estaban deformados, no parecía un hombre ni una mujer. Solo un esqueleto con músculos y tendones. Era una imagen grotesca.

Jean escuchó a un soldado vomitar hacia otro lado, también escuchó algunos gritos femeninos de otras soldados.

La gente habló, todos a la vez. Preguntaban qué era aquello, qué iban a hacer ahora, cuáles eran sus órdenes.

Y el mundo volvió al silencio cuando el cuerpo sin piel respiró.

Su pecho se expandió ampliamente en una inspiración y luego exhaló todo ese aire de una sola vez.

Hanji se apresuró a poner dos dedos en un lado del cuello del cuerpo.

—¡Está vivo! —Gritó—. ¡Tiene pulso, Erwin!

Jean miró hacia el comandante, quien se había dado la vuelta para enfrentarse a Zacklay.

—Generalísimo, con su permiso nos gustaría darle atención médica inmediata a Marco Bodt.

El señor tenía los ojos muy abiertos, algo muy extraño en su rostro siempre tan serio e inexpresivo. Ni siquiera habló, Zacklay se limitó a asentir en silencio, no lo podía creer.

—Hanji, vamos —le dijo. Se acercó al resto del cuerpo humeante, lo envolvió con una capa de la Legión de Reconocimiento y lo cargó en brazos hacia la salida.

Las piernas de Jean se movieron automáticamente, corrió detrás del comandante sin entender completamente lo que estaba ocurriendo.

Solo sabía que el cuerpo que Erwin llevaba en brazos estaba vivo y que la Legión se aseguraría de mantenerlo así.


Antes que nada, sé que lo que tienen en la mente es el final, pero aguántenme un segundo.

Entiendo que Dazz fue un personaje fácil de olvidar, lo entiendo perfectamente. Pero si no recuerdan a Mike no los podré perdonar. En mi opinión se debió hacer una mayor mención de su muerte en el manga. Me hubiera gustado saber mas de él que solo su habilidad para olfatear titanes. :(

Ahora que dejé en claro que shippeo el MikexErwin...

¿Leyeron el final de este cap? ¡¿QUÉ PASARÁ AHORA?!