Buenas tardes. Me tardé más de lo que esperaba, pero he terminado el capítulo y ahora se los traigo.

Resumen: Por supuesto que no esperaba más. Sabía que no le iba a dar lo que necesitaba, tenía después de todo un corazón negro. Sexo tal vez, pero hasta ahí. Y no le importaba, a final de cuentas. Pero, ¿Y si comenzaba a importarle?

Pareja: ZoroxRobin

Advertencias: Lime, lemon, no muy desarrollados o por lo menos esa ha sido mi intención. Tal vez lenguaje altisonante en algún capítulo.

Disc: One Piece no es de mi propiedad, sino del mangaka Eiichiro Oda. Escribo este fic sin fines de lucro, únicamente como entretenimiento mío y de quien se tome la molestia de leer.

Black, Black Heart

Capítulo 9: Search for pleasure, search for pain

Los miembros de la tripulación Mugiwara se quedaron dormidos hasta la tarde, pues tanto viaje les resultó cansado, y más con el frío que hacía en ese lugar. Luffy se despertó un par de veces porque tenía hambre, pero desistió de despertar a Sanji para que lo alimentara porque sabía que lo agarraría a patadas y de todas formas no obtendría su preciada comida.

Cuando todos despertaron tuvieron un desayuno vespertino y más tarde, a las 9 más o menos, un almuerzo-cena.

La única que no despertó durante todo el día fue Robin, pero esto no alarmó a Chopper porque sabía que era ella quien debía dormir más, así que el responsable reno se contentó con monitorearla un poco y luego irse de la enfermería, para no perturbar su sueño. Nami se ofreció a asearla un poco y vieron si podían darle de comer de alguna forma pero se dieron por vencidos después de un rato, lo que ella realmente necesitaba era dormir y ya Chopper le había administrado suero la noche anterior, de modo que concluyeron que por el momento eso estaba bien.

Debido a los recientes acontecimientos la tripulación no tuvo problema alguno en volver a dormir a la hora adecuada, de modo que a eso de la media noche ya todo era quietud dentro del Thousand Sunny.

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Robin abrió sus ojos celestes, tratando de reconectar todo lo que había en su cabeza revuelto hasta ese momento en que volvió a tener consciencia de lo que le rodeaba. Todo le era borroso al principio pero después de un par de minutos sus ojos pudieron percibir las formas de lo que había a su alrededor. Había muy poca luz de modo que por instinto estiró su mano a un lado hasta que tocó una lámpara, y la encendió.

Sintió una gigantesca e inexplicable sacudida de alegría al percatarse de que estaba en la enfermería del Thousand Sunny. Estaba en casa. Se incorporó y se percató que la habían vestido con unos cómodos pantalones y una blusa. Se paró y caminó hasta la mesa donde Chopper tenía un cuaderno de apuntes. Los abrió y los leyó sin mucho detenimiento y comprendió, realmente conmovida, los grandes esfuerzos que había hecho el pequeño solo para conseguir estabilizarla.

En pocos segundos recordó todo lo ocurrido cuando Red la secuestró, y también pudo recordar, como en escenas entrecortadas, cómo Zoro peleó contra él, las voces de algunos de sus compañeros y un largo trayecto en una especie de vehículo, así como las constantes revisiones que Chopper había efectuado en ella.

En un perchero le habían dejado una gruesa chamarra y una nota, seguro por si, como había ocurrido, se despertaba durante la noche.

Robin: procura descansar y mantenerte dentro de la enfermería, pero si necesitas salir por algo ponte la chamarra. Si despiertas con hambre, dice Sanji que lo llames y el estará listo para prepararte lo que quieras. Si te sientes mal también puedes llamarme. Trata de dormir, por lo menos hasta mañana porque realmente lo necesitas. Atte. Chopper.

Sonriendo ampliamente, Robin se imaginó al renito sentado escribiendo la nota, y detrás de él, a Sanji gritando "Mellorine". Después de pensarlo un poco, tomó la chamarra y salió de la enfermería. Afuera hacía bastante frío y ya debía ser muy tarde.

Siguiendo su instinto, cosa que casi nunca, o más bien nunca hacía, Robin dejó que sus pasos la guiaran. Anduvo por el barco, sintiéndose contenta de estar de regreso y más segura que nunca de que mientras tuviera a sus amigos nada malo podía sucederle. Estaba tan hundida en sus propios pensamientos que sin darse cuenta había terminado recorriendo todo el Sunny. Cuando reaccionó, ya había llegado al cuarto de Zoro.

Con un poco de indecisión, abrió la puerta y se adentró a paso lento, tratando de no hacer el más mínimo ruido. El espadachín dormía, como era su costumbre, profundamente. Ella se acercó y lo observó unos segundos. Pasó los dedos por su rostro. Luego bajó hasta su hombro, donde vio las vendas resultado del enfrentamiento con Red. Sonrió agradeciéndolo mentalmente y tan despacio como se había acercado a él, se retiró. Volvió hacia la puerta, pero cuando puso la mano en la cerradura para abrirla, una mano más fuerte y grande se posó sobre la suya y el sujeto firmemente.

-¿No deberías estar durmiendo?- le preguntó con un susurro escalofriante, mientras sentía que su cuerpo cálido se acercaba al de ella. Robin asintió. Luego, sin que él le soltara la mano, se dio la vuelta, recargando su espalda contra la puerta. Zoro apoyó su otra mano cerca de su cabeza, terminando entonces de arrinconarla- ¿Se puede saber qué haces aquí?

Robin no contestó. En cambio, levantó su brazo, pasando su mano lentamente por el pecho del espadachín para finalmente pasarlo por detrás de su cuello. El peliverde, sorprendido, le soltó la otra mano, de modo que Robin la juntó con la otra, para terminar de abrazarlo así. Luego se acercó un poco y depositó en sus labios un beso delicado, único, desprovisto de pasión pero con una completa ternura.

Zoro tenía el ceño fruncido cuando Robin se separó de él, y la arqueóloga no supo identificar si era por enojo o molestia, pero no tardó en darse cuenta de que era más bien de confusión, pues fue entonces él quien le buscó los labios y le dio también un suave beso. Pero pronto ambos comenzaron a alargar el beso, a hacerlo más intimo y más intenso, en pocos segundos la ternura evolucionó de nuevo en pasión mientras ellos exploraban sus bocas y se dejaban llevar por esa sensación tan placentera.

Robin empujo a Zoro hasta que consiguió que se sentara en la orilla de la cama y luego ella se sentó a horcajadas sobre él mientras seguían besándose. El peliverde no tardó en comprender lo que ella quería, pero se alarmó al recordar que Chopper había dicho que debía descansar.

Sin embargo le pareció todo menos que ella necesitara descanso, y todos sus sentidos se nublaron con sus actos, de modo de manera irresponsable e inconsciente le permitió continuar. Robin le quitó la camisa y luego ella misma se quitó la chamarra y la blusa que traía puestas ante los ojos de Zoro, que se deleitó con la vista del generoso cuerpo de su nakama. La abrazó hasta que sus pieles se tocaron y se dio la vuelta, dejándola de espaldas en la cama para comenzar a besar todo su cuerpo, subiendo de nuevo hacia su boca, para volverla a besar y luego seguir con su juego. Le quito los pantalones y comenzó a acariciar sus piernas besando de vez en cuando la parte interna de sus muslos. Robin sentía que iba a explotar, de modo que cuando el volvió a buscar su boca para besarla, lo recibió con un beso de lo más salvaje y sujetándole con fuerza la cabeza para que no se alejaran.

El beso duró ahora varios minutos, y de alguna forma lograron respirar sin separarse, en pequeñas pausas donde sus labios permanecían firmemente sujetos, entrelazados. Robin le hizo dar la vuelta y se puso por encima de el. Le quitó los pantalones y luego escaló por su pecho marcado hasta volver a su cuello. Ascendió y le besó de nuevo, solo un instante.

-Le tenía miedo…a tus besos, Zoro…- le murmuró en el oído mientras lamía su oreja y jugaba pasando los labios por sus pendientes, y con sus manos no dejaba de acariciar su fuerte pecho- sabía que si los probaba una vez…me volverá adicta…

Y siguió besándolo, y en medio de esos besos fue él nuevamente quien tomó el control. Entonces la sujetó por las muñecas y luego de forcejear un poco consiguió ponerla boca abajo. Se acercó a ella y besó su cuello mientras sus manos acariciaban sus piernas y ascendían poco a poco para delinear con la yema de los dedos su trasero suave y su espalda. Daba pequeños mordiscos en su nuca y en sus hombros, y luego siguió dando ese mismo trato a sus orejas.

-Tal vez….esta es la mejor forma de evitarlo- continuó lamiendo su cuello- porque seguramente sigues sin querer que te bese y no garantizo contenerme si sigues provocándome así. Seguro todo ha sido un error, como la vez anterior, ¿No es cierto?

Estaba siendo cruel, lo sabía al sentir a Robin revolverse debajo de él, pero en el fondo deseaba que ella le diera la razón para terminar con aquello de una vez por todas.

Pasó sus manos por debajo del cuerpo de la morena y acarició su estómago y continuó bajando mientras la sentía respirar con dificultad. Seguía besando y mordisqueando su espalda y su cuello y poco a poco había conseguido colocarse entre sus piernas.

-No…

Zoro detuvo su tortura y levantó un poco la cabeza.

-¿Qué dices?

-Quiero…quiero tus besos. Te necesito, de verdad… te necesito.

Zoro se levantó un poco, quedando erguido sobre sus rodillas, estaba completamente sorprendido. ¿Ella hablaba en serio? Como pudo, Robin se dio la vuelta y se irguió hasta él, abrazándole de nuevo y buscando sus labios una vez más, confirmándole con sus acciones lo que había dicho antes. Se separaron un poco. Sus labios se rozaban ligeramente mientras se veían a los ojos. Robin entrecerró los suyos.

-Tómame.

Zoro se tensó ante la súplica.

-Tómame…has lo que quieras conmigo, necesito que me hagas el amor, por favor…

Por toda contestación, Zoro la tomó entre sus brazos y la fue recostando de nuevo, lentamente, hasta que quedó sobre ella. La acarició para relajarla un poco, pues temblaba como si fuera a echarse a llorar. Nunca, ni siquiera el día que había roto su "trato", la había sentido tan insegura y temerosa. Eso lo forzó a ser lo más delicado que pudiera. Le abrió las piernas con cuidado, tratando de distraerla con besos, y lentamente comenzó a penetrarla despacio, hasta llegar a lo más profundo que podía y descansar allí. Siguió con un beso igualmente profundo, donde su lengua invadió la garganta de la morena que sentía que se estaba ahogando. Sin dejar el beso, salió un poco de su interior y luego volvió a entrar. Siguió haciéndolo lentamente, deleitándose con los gemidos y los suspiros que ella ahogaba en el interior de su boca, y la danza de sus lenguas al ritmo de las embestidas, y la sensación de su piel que se rozaba con la de él y se erizaba a cada momento.

Sintió las uñas de la morena clavarse en su espalda, anunciando un orgasmo intenso que ella no resistió más, se aferró a él con fuerza tomando el control del beso y comiéndose su boca con salvajismo, bajando poco a poco la intensidad evidenciando que se calmaba un poco, sin que él saliera en un instante de su interior.

Entonces el espadachín siguió con ese vaivén que los estaba volviendo locos a los dos mientras bajaba los labios por su cuello y sus senos, los cuales besó con lentitud sin dejar de moverse dentro de ella. Tan lento, tan profundo. Todo lo que él podía desear estaba ocurriendo en ese momento, la arqueóloga era suya y ya no había forma de negarlo porque ella así lo había decidido.

¿Y si todo era una trampa? ¿Y si de nuevo estaba cayendo en las garras de esa mujer? ¿Y si todo acababa después de eso? Decidió que no le importaba en lo más mínimo. Si se estaba quemando, si estaba aceptando tomar el veneno que le pondría fin a su existencia… entonces lo estaba haciendo, y con todo el gusto del mundo.

Se detuvo un momento. Separó su rostro del de Robin y la miró directamente a los ojos. Se apoyaba en un brazo para no apoyar todo su peso sobre ella, y con la otra mano le acaricio el rostro.

-Si estamos cayendo en un vicio…y si tú eres una droga… entonces no me importaría morir ahora mismo de una sobredosis.

Robin abrió mucho los ojos debido a la sorpresa pero no le dio tiempo a contestar porque en seguida atrapó sus labios mientras aumentaba el ritmo de las estocadas. Robin se aferro a la espalda de Zoro con las uñas y con la otra mano apretó fuertemente una sábana.

Incluso la invasión dentro de sus labios era demasiado maravillosa, por sí sola pudo haberle provocado un orgasmo, pero estar unida de esa forma con el espadachín, con sus labios, sus besos, su cuerpo sobre ella, su aroma, sus ojos, todo se mezcló dentro de su mente y una sensación excesivamente placentera se apoderó de su cuerpo en una intensa culminación que superó por creces a cualquiera de las que hubiera sentido hasta ese momento, en el instante en que Zoro se terminó dentro de ella. El orgasmo de su compañero trajo el suyo y sus labios deseosos de gritar seguían atrapados con los de él. Se mordieron con fuerza uno al otro ante la imposibilidad de liberar todos los sonidos que querían dejar salir.

Finalmente Zoro salió de su interior y se movió para quitarse de encima. Se quedó recostado de lado, observándola mientras se recuperaba, acariciando suavemente su piel y disfrutando de ver como se enchinaba automáticamente bajo su contacto, sintiéndose orgulloso de ser el hombre que era capaz de sacar todas esas sensaciones y reacciones de la fría arqueóloga.

Su encuentro no terminó allí. Tan pronto como pudo regularizar su respiración fue Robin quien tomó el control y de nuevo se fue sobre él.

La noche se sintió demasiado breve para ambos. Se olvidaron de todo e hicieron el amor tanto como sus fuerzas se lo permitieron.

Casi amanecía cuando Robin permanecía despierta observando a Zoro. Éste ya estaba profundamente dormido, y ella misma pasaba momentos de sueño y vigilia intercalados. En los sueños veía a Zoro besándola y poseyéndola una y otra vez, y en la vigilia lo observaba descansar como un guerrero exhausto. Le encantaba sentir en sus dedos el tacto de su piel, en partes lisa y en otras, rugosa por las cicatrices, y ver como su frente se arrugaba cuando sus caricias o sus besos robados causaban una sensación placentera en él.

Suspiró. Comenzaba a clarear, así que por última vez se acerco y besó a Zoro suavemente.

Se levantó de la cama y como muchas otras veces lo había hecho se vistió. Salió del cuarto del peliverde y fue al suyo a buscar una toalla y ropa limpia. Tomó una ducha larga, tratando de disipar un poco su mente en esos momentos tan agobiada por la noche que acababa de pasar con Zoro y por las decisiones que en tan poco tiempo había tomado. Finalmente cuando se hubo vestido, regresó a la enfermería, sabiendo que seguramente Chopper aún no la daba de alta.

Se recostó y se tapó, el frío seguía siendo violento a pesar de que la noche había terminado. Se quedó dormida.

Sus parpados se abrieron cuando se sintió observada, y lo primero que vio frente a ella fue a Chopper. Le sonrió.

-¡Robin! ¡Despertaste!

Ella sonrió también.

-Creo que todo está bien, Doctor-san.

Chopper comenzó a bailar al sentirse halagado por ella pero casi enseguida se puso bastante serio.

-Robin, tengo que hablar contigo sobre tu estado actual. Dime, ¿qué tanto sabes de lo que pasó cuando te secuestraron?

-Sé que me drogaron y que me sometieron a pruebas y análisis, pero hay cosas que se encuentran muy borrosas en mi mente ahora.

-Bien, verás, Robin, conocimos a la doctora que te estuvo atendiendo y ella me explicó en qué consistía la droga que te administraron.

Robin se levanto y se recargó contra la cabecera de la camilla. Chopper estaba sentado cerca de ella. Se deslizó hasta su mesa y tomó su libreta, y comenzó a hojear.

-En realidad fue un poco difícil, pero conseguí estabilizar tu cuerpo. Estabas muy debilitada, sin embargo hiciste muchas cosas que me sorprende que hayas logrado aún estando drogada. Pararte y caminar por ejemplo, los efectos son demasiado fuertes, no se suponía que siquiera pudieras levantarte de la cama. Y el hecho de que tú misma vencieras a Red…- Chopper levanto la vista hacia ella, como si esperara que Robin le diera una explicación a aquello. La morena adivinó que Zoro ya le había informado de aquella escena al médico, de modo que trató de recordar lo que sintió, si eso le servía de algo.

-Bueno, no sé exactamente qué pasó entonces. Estaba muy enojada y no dejaba de oír los disparos de Red y las espadas de Zoro, y las paredes cayendo… sólo quería que todo terminara y dejar de escucharlo insultándome. Fue entonces que me levanté y lo ataqué.

-Ya veo. Robin, ayer le dije a Zoro algo que siempre he creído que es verdad. Un cuerpo como el del ser humano es increíble. Tienes mecanismos de defensa que funcionan en el momento en que menos te lo esperas. Pero en tu caso, puede ser algo más lo que está influyendo en la manera en que todo se activa.

-Te refieres a que estoy embarazada, ¿No?

Chopper se quedó mudo e inmóvil, sin embargo no mostró sorpresa. Estuvo un par de segundos así, se levantó y dejó el cuaderno de regreso en el escritorio.

-Exactamente- confirmó cuando regresó para entregarle unas anotaciones que estaba haciendo- yo mismo te hice las pruebas solo para confirmarlo, porque Liena san ya me lo había dicho.

Robin levanto la vista hacia él, frunciendo el ceño, pero sin levantar demasiado la voz.

-Le pedí que no se lo dijera a nadie.

-Eso me dijo ella- explicó el renito, sonriendo- pero estuvo bien que lo hiciera. De otro modo, al momento de administrarte los medicamentos pude haberte dado algo que te hiciera daño. Tardé bastante en ajustar fórmulas, pero todo salió bien al final. Y no te preocupes, nadie más que yo lo sabe aún.

Robin sonrió y se volvió a recostar. Se mantuvo con la mirada en el techo mientras ambos guardaban completo silencio, y finalmente se decidió a preguntar:

-¿Hay alguna forma de saber hace cuanto que lo estoy?

Chopper miro de nuevo su cuaderno e hizo unos cálculos.

-Un mes y medio, más o menos. No se va a notar en un buen tiempo ya que eres mamá primeriza.

Robin se puso la mano en la frente mientras echaba un poco la cabeza hacia atrás. Eso era prácticamente el tiempo que llevaba con ese "trato" con Zoro. Entre todos los pensamientos que se cruzaron en su interior, una pregunta se le escapó de los labios.

-¿Qué debo hacer ahora?

Chopper pensó que la pregunta era para él.

-Guardar bastante reposo y tomar algunos medicamentos que prepararé para ti, por una semana más o menos. Y a partir de allí, los cuidados correspondientes al embarazo.

Robin sonrió. Chopper comenzó a chocar sus pezuñas una contra la otra hasta que ella le dirigió de nuevo la vista.

-¿Piensas decírselo a los demás? ¿O vas a esperar?

-Prefiero decírselos hoy mismo.

Justo entonces se escucharon unos toques en la puerta. Chopper se asomó.

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Nami y Sanji fueron los primeros en levantarse para comprobar el estado de la arqueóloga. Al tocar a la enfermería, Chopper se asomó para atenderlos, pero les pidió que esperaran un rato. Con el paso de los minutos fueron llegando los demás, Luffy llegó con Ussop, luego Franky y Brook, y por ultimo un no evidentemente preocupado Zoro.

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-Solo diles que estoy bien- pidió Robin- y diles que quiero hablar con ellos. Los alcanzaré en la cocina.

Chopper asintió y salió de la enfermería a enfrentar las pregunts de sus nakama. Como cabía esperar la cascada de cuestionamientos le cayó encima. Finalmente cuando vieron que no pensaba hablar hasta que se calmaran, poco a poco fueron dejándolo tranquilo.

-Ya ha despertado- sonrió- quiere hablar con nosotros, vamos a la cocina a esperarla.

Los Mugiwara siguieron a Chopper hasta la cocina, preguntandose entre ellos qué era lo que Robin quería decirles, tan importante que no pudieran simplemente hablarlo en el pasillo.

Se sentaron todos mientras Sanji preparaba café. A los cinco minutos de estar esperando, la hermosa arqueóloga se asomó por la puerta. Se veía mucho mejor que el día anterior. Lucía preciosa, como siempre, con su sonrisa indescifrable a prueba de todo.

-Buenos días- saludó sin cambiar su expresión, obteniendo como respuesta un saludo unificado de parte de sus nakama. Se sentó a la mesa y casi en seguida una taza de café caliente apareció frente a ella. Vlteó y miró a Sanji, que le sonreía con preocupación. Le agradeció y e dio un sorbo a su café mientras el rubio les servía a los demás, menos a Zoro, que ya había pescado una botella de sake.

-Robin…¿qué era lo que querías hablar con nosotros? Quiero decir…estamos muy felices de que ya estés bien, y que estés con nosotros pero… es un poco inquietante.

Robin dejó la taza sobre la mesa y cruzó las manos. Luego les echó una mirada a todos sus compañeros, y su mirada en algun momento cruzo con la de Zoro. Pretendió que no había pasado y luego se concentró en lo que quería decir.

-Primero quiero agradecerles. Mi…comportamiento del otro día provocó que me secuestraran, debí ser más precavida. Gracias por ayudarme, realmente no se que hubiera pasado de seguir allí.

-No tienes que agradecernos por eso, Robin- contestó Luffy, sonriendo ampliamente- eres nuestra nakama, siempre que estes en peligro te vamos a salvar.

Robin sonrió aún más que el mismo Luffy al escuchar sus palabras, agradeciendo de nuevo. Su mirada se ensombreció un poco.

-Yo tengo un pasado con Red…el hombre que me secuestró. Fuimos pareja hace mucho tiempo- apretó los puños- él me traicionó. Lo…lo siento, no puedo darles detalles.

-Está bien, Robin chwan...- dijo Sanji, tratando de tranquilizarla- una dama tan hermosa como tú no tiene pasado.

Robin aguardó un momento, pues no había terminado. Los demás esperaron atentos.

Ese día Zoro también tenía algo que decir. Había tomado la decisión de decirles a todos lo que sentía por la arqueóloga. Aún si ella no lo había querido aceptar, tenía que saber que él hablaba totalmente en serio y que luego de lo ocurrido la noche anterior no iba a darse por vencido fácilmente. Sin embargo, al ver la cara que ponía la arqueóloga al hablar supo que algo realmente serio ocurría.

-Yo…mientras estuve allí, me dijeron algo realmente importante. Es algo que cambiará mi vida por completo a partir de ahora- la atención de los demás aumentó, y nadie se atrevió a decir nada- estoy embarazada. Doctor san me lo ha confirmado.

Todos voltearon a ver a Chopper.

-Soy un profesional- se defendió el renito- no se los iba a decir sin permiso de Robin.

El shock se hizo presente entre ellos, nadie supo cómo reaccionar. Sanji se veía algo molesto, por su parte, Nami volteó a ver a Zoro con odio. Luffy, Franky, Ussop y Brook simplemente se quedaron viéndola. Zoro apretó sus puños bajo la mesa.

-Perdón si soy brusco o maleducado- se disculpó Franky – pero creo que es algo que todos queremos saber. ¿Se puede saber quién es el padre, Robin?

Robin bajó la mirada.

-El padre de mi hijo debe estar ahora mismo ahogándose de sake en algun bar, lejos de aquí- contestó la arqueóloga, mientras levantaba la mirada con una sonrisa fingida, pretendiendo con esto tranquilizar a sus amigos mientras Zoro apretaba con fuerza la botella a la que le acababa de dar un trago- pero no importa, en realidad. La verdad es que ni siquiera recuerdo su nombre.

Casi se sintió orgullosa por su forma de mentir, pero no pudo evitar que le doliera el corazón al ver la cara de sus amigos al escuchar esto. Era como si ella misma estuviera admitiendo lo que Red había dicho tantas veces, que ella era una cualquiera, tanto que iba a tener un niño sin saber quién era el padre.

Pero claro que sabía quién era el padre. Porque el padre de su hijo era el único hombre a quien se había entregado desde que había salido de Arabastra, y al único de quien se había realmente enamorado desde…quizás desde siempre. Pero era algo que ella no podía arriesgarse a admitir. Porque un hombre como Zoro…así como era, simplemente no podía amarla igual. Y ahora, esperando un hijo, menos.

-Eso no importa en lo absoluto- repuso Nami al ver que sus compañeros se sentían confundidos por la respuesta de la arqueóloga- ese bebé seguramente será precioso, Robin, y nosotros lo amaremos tal y como te amamos a ti, ¿No es cierto, chicos?

En ese momento todo volvió a su sitio. Los demás se pusieron muy felices, y comenzaron a felicitar a la aqueóloga por el futuro nacimiento de su hijo, confirmando entonces lo dicho por Nami.

-Sin embargo no puedo quedarme aquí.

Todo se detuvo, de nuevo. Robin bajó la mirada, evadiendo la mirada de sus amigos.

-Aún puedo defenderme si es necesario pelear- continuó ella- sin embargo en un par de meses mi estado se va a volver algo delicado. Ya de por sí el gobierno va tras de mi, aun mas si llegan a enterarse de que estoy embarazada, Red me hizo ver eso. No puedo permitir que ustedes corran ese riesgo. No quiero que carguen conmigo en este estado y que tengan que defenderme cuando no pueda hacerlo por mi misma, así que quizás lo mejor para todos es que yo me quede aquí o en alguna otra isla, y…

Luffy golpeó sus manos sobre la mesa y se puso de pie, interrumpiendo a la arqueóloga.

-¡Basta de decir semejantes tonterías, Robin! ¡Nunca vamos a dejarte sola, entiéndelo!- todos miraron a Luffy asombrados por la molestia que el joven capitán mostraba, a pesar de ser el único presente que hasta el momento no había mostrado tener ni idea de lo que estaba pasando allí-, ¡Además, no me puedes quitar a mi nuevo nakama cuando ni siquiera ha nacido!

Al escuchar estas ultimas palabras Robin comprendió que no era la solución. Ni para ayudar a sus amigos, ni para alejarse de Zoro ni para absolutamente nada.

Se fueron sobre ella, para abrazarla, en cuanto vieron que estaba a punto de llorar. El embarazo ya la estaba poniendo sensible.

Zoro se contuvo. No dijo nada, ni la abrazó.

Sanji preparó un banquete especial para celebrar a su futuro nuevo nakama, y se la pasaron casi todo el día platicando de todo lo que iba a pasar a partir de aquél momento, cómo se iban a repartir las ocupaciones de Robin cuando ella no pudiera hacerlas, cómo le iban a ayudar a cuidarse durante el embarazo. Nami comenzó a hacer una lista de las cosas que tenían que comprar, tratándose de Robin y del bebé no le importaba hacer gastos. Por su parte, Franky y Ussop comenzaron a hacer un plan para hacer una pequeña habitación para el bebé.

Quizás era muy pronto para hacer todos esos planes, pero estaban todos tan contentos que no importó ni eso ni el frío y todo el día fue de fiesta.

Robin se retiró a dormir temprano pues aún estaba cansada. Todavía quedaba por lo menos una semana en la que iban a estar n la isla y ella y Nami irían durante la mañana a hacer algunas compras, por que realmente sentía que le hacia falta salir y dar una vuelta.

Estaba a punto de cambiarse de ropa cuando escuchó su puerta abrirse. Se dio la vuelta para mirar de reojo y asegurarse de que era Zoro quien entraba a su cuarto, luego volvió a voltearse y se quitó el sueter para dblarlo y guardarlo y comenzar a buscar un pijama para el frío.

-¿Porqué no me lo dijiste?

-¿Qué cosa, Zoro?- preguntó ella sin inmutarse.

-¿Porqué no me dijiste que estabas embarazada?

Robin no contestó y siguió buscando entre sus cosas. Zoro se adelantó y le sujetó la muñeca para jalarla, por lo que Robin volteó y lo miró, de nuevo, con una de esas miradas capaces de helarle a cualquiera la sangre. Sacudió la mano para que le soltara.

-No era tu asunto.

-¡¿Qué no era mi asunto?! ¡Tengo todo el derecho de saber! ¡Podría ser mi hijo!

-No lo es. El padre podría ser cualquiera.

-¡Deja de decir eso! ¡Tú no eres esa clase de mujer Robin!

-¿Cómo lo sabes?- preguntó ella, mirándolo con desafío. Zoro volvió a sujetarla con fuerza y la besó. Aquello fue parecido a lo ocurrido cuando había vencido a Red. Ella no se oponía pero tampoco le correspondió. Se separó al percatarse de eso, pero no la soltó aún cuando ella comenzó a forcejear.

-Si piensas violarme hazlo rápido y vete. Tengo que dormir.

Zoro la soltó lentamente. Por primera vez en todo esto, se miraron a los ojos sin mediar palabra. Ella respiró profundamente y siguió con su cometido. Se quito la blusa y la cambió por la camisa de su pijama y lo mismo hizo con el pantalón. Francamente no le importaba si él la veía desnuda.

-¿Cómo sabes que yo no soy el padre del hijo que esperas? Llevamos semanas acostándonos.

Robin se encogió de hombros y se metió en la cama, dándole la espalda.

-Lo mismo que con cualquiera, Zoro. Haciendo cuentas, no, no creo que tú seas el padre.

Zoro se molestó aún más.

-¿Y qué hay de lo de anoche? ¿Ya lo olvidaste?

Robin se sonrió. Contuvo los deseos de llorar y trató de que su voz sonara lo más tranquila posible cuando le contestó.

-Tú y yo…no somos amantes, ¿Recuerdas? Sin embargo no soy una malagradecida. Me salvaste, así que te pagué con lo único que tengo que a ti te puede interesar…- sintió su corazón encogiéndose, contrayéndose y provocándole un dolor extraño en el pecho, y un vacío en el estómago muy fuerte- también fue mi manera de despedirme, pues no podemos seguir con esto, está claro que desde un principio estaba destinado a fracasar. Sé que será difícil seguir siendo amigos. Pero nunca dejaremos de ser nakama, y te trataré siempre como tal. De ti espero lo mismo.

Zoro miro un momento a Robin, que le daba la espalda. Cerró los ojos, respiró profundamente y finalmente salió de allí. Era suficiente. Había comprobado que era verdad… ella no lo amaba y no tenía corazón, era la única respuesta lógica que Zoro le encontraba a todo aquello.

Robin por su parte, cuando sintió la puerta cerrarse, volteó la cabeza sobre la almohada y dejó salir un llanto casi incontrolable, las lagrimas no se detenían y todo su cuerpo se estremecía y temblaba. Contrajo sus rodillas contra su pecho y se abrazó en esa posición, y siguió hasta que ya no pudo más y se quedó profundamente dormida.

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Zoro se subió a la torre de vigía, pues le tocaba la guardia. Vio cuando todos fueron saliendo poco a poco de la cocina y se fueron a dormir. Se quedó allí, mirando hacia afuera, completamente desmoralizado.

Después de mucho rato, alguien entró allí pero no le dio importancia. Podría ser cualquiera, le diría algo y se iria, y él estaría solo de nuevo, era lo que realmente necesitaba. Lo siguiente que sucedió no lo esperaba, pues sintió un fuerte golpe en un costado y se estrelló contra una pared. Cayó al suelo, adolorido, y se levantó con lentitud. Identifico en seuiga la fuente del golpe.

-¡¿Se puede saber qué te pasa, maldito cocinero?!

-¡Eso mismo te pregunto yo, marimo hijo de puta!

Zoro esquivo un nuevo golpe del rubio y se puso en guardia con sus espadas.

-¿Cómo pudiste hacerle esto a Robin? ¡Bastardo desgraciado, hijo de perra!

-¡Cálmate de una vez, cocinero!

-¡Por supuesto que no! ¿Cómo es posible que hayas embarazado a Robin y ahora no quieres responder?

A todo esto, no dejaba de lanzarle patadas que el espadachín esquivaba con trabajo. Finalmente se hartó y le hizo una zancadilla para que perdiera el equilibrio. Lo aplastó contra el suelo y le dejó una espada en el cuello para evitar que se moviera.

-No debí apoyarte tanto. Debí saber que al final lo ibas a arruinar, estúpido.

-¿Desde cuando lo sabes?

Sanji se zafó y le dio un empujón al espadachín, pero no trató de golpearlo más. Se sentó a un lado de él y miró hacia el suelo.

-Desde siempre. Al principio no supe como tomarlo pero los vi a ambos tan tranquilos y felices que pensé que todo estaba bien. Cuando me percaté de que tenían problemas fue cuando decidí ayudar. La noche que te ofrecí café, ¿recuerdas? También me las arreglé para evitar que los demás supieran hasta que ustedes decidieran hacerlo público.

Zoro se quedo pensativo un momento.

-Entonces deberías saber ya porqué ha ocurrido esto. Ya sabes que ella me rechazó, y también lo hizo ahora que ha regresado. Hoy mismo ella me dijo que no puedo ser el padre de su hijo porque se ha acostado con otros hombres.

Sanji ya estaba más tranquilo, pero aun así necesitó un cigarrillo para reponerse.

-¿De verdad crees todo eso, marimo? Tu y yo sabemos que Robin chwan no es ese tipo de mujer.

-Tratándose de ella…ya no sé que creer.

Continuará…

Espero que les haya gustado el capítulo, fue un poco difícil de escribir pero estoy satisfecha con el resultado. Muchas gracias a todos por sus reviews hasta ahora. Espero que sigan apoyándome y me hagan llegar sus opiniones, si tienen alguna sugerencia también será muy bienvenida.

Hasta pronto

Aoshika October