En la habitación todo parecía congelado.
Nadie hacia ni un solo movimiento e incluso parecía que no respiraban.
Ni siquiera se sorprendieron cuando Harry y Sirius volvieron a su apariencia real.
Incluso los magos sentían la importancia y la gravedad de ese momento.
Harry miraba a todas esas personas atónito. Nunca había visto a tantas personas que fueran tan hermosas.
Los adultos, todos, poseían una belleza etérea difícil de ignorar, parecían tener un brillo en la piel que los hacían muy llamativos.
Harry en su estupor vagamente pensó que era una suerte que a Remus se le ocurriera hacer un hechizo de expansión en la habitación y de limpieza. Sería una desgracia que personas como esas estuvieran en una habitación tan sucia como lo estaba esa horas antes.
Los jóvenes que acompañaban a los adultos eran de los más guapos que una vez había visto, excepto por algunos magos o brujas.
Harry contó a trece adultos; ocho hombres y siete mujeres. Así como siete jóvenes; cinco hombres y solo dos mujeres.
No entendía por qué había tantas personas ahí. Se suponía que solo conocería a sus padres y hermanos.
Sirius también estaba sorprendido. Todos los magos en realidad.
Él era un hombre bromista, que se tomaba la vida a la ligera e iba por el mundo sin pensar en las consecuencias. Consecuencias que le habían salido muy caras en el pasado. Pero en ciertas ocasiones se veía en la necesidad de ser el hombre serio y responsable, y esta era una de esa ocasiones lo que tenía, sin habla de Remus.
Veía a esas personas y notaba cierto parecido con su cachorro. Sobre todo en los tres hombres que se encontraban en el centro. Harry se parecía al hombre de la izquierda, el de ojos negros; él tenía el mismo cabello que su ahijado, también coincidía en el color de la piel. Pero si lo pensaba bien, el que estaba en medio también tenía rasgos iguales, como eran la forma de los ojos y la nariz. Y por último, estaba el otro hombre, el de la derecha, el color de sus ojos era casi idéntico al igual que su conflección.
Sirius no sabía qué pensar. De un segundo a otro sus ideas habían cambiado radicalmente.
De igual forma, si las cosas se ponían feas, él ya tenía un plan. Tenía en uno de sus bolsillos un traslador con él que se llevaría a Harry muy lejos de esas personas y se encargaría que nunca volvieran a verlo. Aunque le costara la vida, por su cachorro haría lo que fuera.
Aunque sospechaba que no sería suficiente para mantener a esas personas alejadas de Harry por mucho tiempo.
Eventualmente lo volverían a encontrar.
Remus era el más preocupado de todos. Él percibía una energía parecida a la que sintió cuando encontraron a Harry, era casi idéntica; pero había algo que la hacía diferente.
Se lo iba a comunicar a Sirius, pero decidió que era mejor esperar un poco, con lo impulsivo que era su amigo era capáz de llevarse en ese instante a Harry.
Los Dioses no sabían qué sentir.
Ahora que habían encontrado a su pequeño se quedaron paralizados. No sabían cómo iniciar con las explicaciones.
Veían la mirada que tenía su hijo y solo podían ver desconfianza y temor, eso los lastimó más que otra cosa que hayan vivido.
Todos los Dioses se sentían perdidos porque ¿Qué se suponía que debían hacer? Hace 14 años que no veían a su hijo y hermanito.
14 malditos años habían pasado desde que lo perdieron, que no lo tenían en sus vidas.
Miraron a su alrededor, todos estaban callados, mirándose unos a otros para saber quién hablaría primero; pero nadie lo hacía, nadie parecía tener el valor.
Los demás Dioses Podían adivinar cómo se sentían aquellos Tres Dioses mas importantes.
Miedo. Estaban aterrados por la posible reacción de Harrison.
Temían que su hijo los rechazara y los odiara por no estar con él mientras crecía, por dejarlo a su suerte; y aunque sabían que no había sido su culpa aun así temían que eso pasara.
Estaban aterrados que en la vida de Harrison no hubiera un lugar para ellos, que su hijo los rechazara.
Zeus miró a Hades y se sorprendió, lo vio con los ojos brillantes por las lágrimas. Miraba al chico frente a ellos con gran emoción. Claramente reconocía en ese chico a los tres, no había duda que era su hijo.
Poseidon no se encontraba lejos de la situación de Hades. Miraba con detenimiento a Harry, no queriendo perderse ni una sola reacción de su pequeño hijo, temiendo que en cualquier momento fuera a desaparecer para no verlo nunca mas.
Y Zeus, él solo miró al chico; pequeño, de piel pálida, mirada penetrante y al mismo tiempo desafiante; parecía listo para combatir ahí mismo; veía a todos con desconfianza, como una persona que ha sido traicionada muchas veces. Los miraba como si al menor signo de peligro lucharía para salir de ahí con sus amigos.
Zeus veía los ojos verdes de su pequeño, esos ojos que eran inocentes y llenos de alegría, unos ojos que lo hechizaron desde el primer momento que los había visto.
Los otros Dioses tenían los mismos sentimientos, ¿desde cuándo no veían a su hermanito? Ya 14 años desde esa fatídica noche. El momento más doloroso para todos.
Todos tenían los mismos sentimientos: esperanza, angustia, felicidad, miedo y un sin fin de emociones. No era fácil volver a reunirte con una persona que fue la mas importante en tu vida después de 14 años, sentían un nerviosismo gigante y emoción, nada superaba la emoción que sentían por poder tenerlo en sus vidas de nuevo.
Hecate, cansada de que nadie dijera nada, dio un paso en frente e inmediatamente todos voltearon a verla.
Sirius con sorpresa y Harry con cierta molestia que a la Diosa le hizo gracia.
– ¿Señorita Morgana? – el primero en hablar fue Sirius ya que los demás magos se habían quedado boquiabiertos por la belleza de la mujer.
– No, señor Black. Me presento, soy Lady Hecate.
Los Dioses la miraron con enojo, no querían que Harrison pensara que todo el asunto era una broma.
Harry volteo a ver a sus amigos y se sorprendió al verlos en una pose de respeto hacía la mujer. Sabía que debía imitarlos pero por alguna razón estaba molesto con la mujer y algo dentro de él impedía que se rebajara ante ella.
– ¿Lady Hecate? ¿De verdad? – Draco como buen sangre pura había crecido con historias de la Diosa Hecate. Sus padres desde muy pequeño le habían dicho que si algún día tenía el honor de encontrarse frente a la Diosa tenia que mostrar un absoluto respeto. Ella era la creadora de todo lo mágico.
Los demás también habían escuchado historias de la Diosa y estaban de acuerdo en que tenían que adorarla y respetarla por lo que se preocuparon cuando Harry no hizo nada para mostrar respeto. Temían el castigo que recibiría si la Diosa decidiera sentirse ofendida ante su falta de sumisión.
Pero la Diosa nunca haría algo como eso, no quería recibir algún castigo por parte de los padres del chico.
– Así es, señor Malfoy. Ahora, no vinimos a que me conocieran a mí. Les presentaré a las personas que vienen conmigo. – ante eso todos los vieron atentos, esperando – el hombre de en medio es mi señor, Lord Zeus, Rey de los Dioses. El que está a su izquieda es Lord Hades, sí, el Dios del Inframundo; le sigue Lady Hera, Reina de los Dioses. Después están Lady Artemisa y su hermano gemelo Lord Apolo. La Diosa de la Sabiduría, Lady Atenea, Lord Dionisio y Lady Demeter. A la derecha de Lord Zeus se encuentra Lord Poseidon, Lord Hermes y Lady Hestia; después de ella están Lord Ares, Lord Hefesto y Lady Afrodita.
Hecate dejó que los magos asimilaran todo, creía que tardarían algún tiempo para salir se su estupor. Mientras tanto estaba lidiando con la mirada furiosa de los Tres Grandes. Ellos pensaban que se había precipitado con las presentaciones pero ella sabía que había sido lo mejor.
Harry no entendía qué pasaba, ¿qué tenían que ver los Dioses Griegos con el tema de sus padres? Él estaba seguro que nada. Solo se trataba de una broma, una muy mala.
Sin darse cuenta los magos, excepto Harry, se habían arrodillado ante esas personas que resultaron ser de los Dioses mas importantes.
– Me faltaron los jóvenes; el del extremo izquierdo es Percy, hijo de Lord Poseidón. Le siguen Thalia y Jason que son hijos de Lord Zeus y Lord Júpiter respectivamente. Para el que no sepa Júpiter es el nombre Romano de Lord Zeus. Después están Nico y Hazel, hijos de Lord Hades y Lord , Lord también es el nombre Romano de Lord Hades. Sigue Leo que es hijo de Lord Hefesto y por último está Luke, hijo de Hermes. Todos ellos son semidioses. ¿Harían el favor de presentarse?
Los magos salieron de su asombro poco a poco y Sirius comenzó a presentarlos.
– Es un gusto conocerlos y también una sorpresa. Yo soy Sirius Black y el que está a mi lado es Remus Lupin. Le siguen los gemelos Weasley, George y Fred; después esta Neville, Luna, Draco - cuando Sirius mencionó su nombre Draco hizo una inclinación que se ganó miradas apreciativas de varias Diosas que hizo que sonriera arrogante – él es Blaise y este – dijo abrazando a Harry por los hombros y se alegró al no sentir tensión ante su acto – es mi ahijado, Harry Potter.
– Ya nos presentamos – dijo Harry por primera vez y los Dioses casi se derriten de dicha por poder escuchar su voz de nuevo, a ellos les parecía la voz mas hermosa del mundo – ¿Nos dirán qué estamos haciendo aquí? Se suponía que me encontraría con mis padres – Para nadie pasó desapercibida la rabia en la voz de Harry.
– A eso hemos venido nosotros, a encontrarnos con nuestro hijo. Un hijo que se nos fue arrebatado hace 14 años. – dijo Poseidon viéndolo fijamente para que comprendiera que hablaba de él – vinimos a encontrarnos con el joven que cuando era un bebé, un hermoso bebé de cabellos negros, piel pálida y unos hermosos hijos verdes, nos hechizó y nos llenó la vida de alegría – Poseidon dio un paso como queriendo llegar a Harry y abrazarlo, pero no lo hizo, se contuvo.
Todos los Dioses asentían con los ojos brillantes y enfocados en Harry mientras los magos lo veían impactados.
Harry miraba impactado al hombre que tenía enfrente.
Tres de esos Dioses no podían ser sus padres, simplemente no podían.
Él, alguien tan simple y casi sin valor... ¿Hijo de Dioses?
No podía creerlo. Él que siempre había sido superado por muchísimas personas, él al que unos simples muggles daban palizas y lo humillaban constantemente ¿Hijo de Dioses?
No, simplemente no. Debía ser una broma. Sí, eso era, una broma de mal gusto.
Se comenzaba a molestar y negó con la cabeza para no seguir pensando así de él. Sabía que era fuerte y que muchas personas lo querían; pero tantos años con los Dursley lo habían afectado mas de lo que creía.
Zeus, Poseidón y Hades sufrían, veían a su pequeño negar con la cabeza, negar que era su hijo.
Habían estado tan ilusionados que no pararon a pensar que podía haber una posibilidad que su hijo no los quisiera.
Sintieron que su corazón se rompía y que les costaba respirar. En realidad nunca pensaron que su hijo los rechazaría.
¿En verdad era tan malo ser hijo de alguno de ellos? ¿Su pasado los venia a atormentar ahora? ¿Era por eso que su pequeño hijo no los quería? ¿Por todo lo malo que habían hecho? ¿Por esas guerras y matanzas sin sentido?
Sintieron que sus piernas no los podían sostener y un dolor aun mas profundo que el que sintieron cuando Harrison fue secuestrado.
La única tranquila era Hecate, ella podía saber los pensamientos de todos; pero, por supuesto, no dijo nada. Después de todo, las cosas no podían ir tan mal.
