¡Hola!
ayer me fui al teatro, y volvi a las cinco de la mañana. ahora son las doce y media del mediodia. estoy muerta.
Duque Astaroth: me alegra que te haya encantado. Si llego a hacer Hilson, digamos que el no se dio cuenta de que le gustaba. Y no creo que sea traumático, en el mundo donde vivimos, tener dos papás. Y la verdad, con la vida que tuvo Chris, eso seria normal. Y tengo una idea para el fanfic… Hameron?... no, espera…. House con Cameron… mejor Cameron con House… no se de donde saque la idea. Menos mal que no te importa que gas hago con las parejas, porque si hago gas metano ¡a la mierda! Y ahí si, ya seguiste el fic hasta la muerte, literalmente.
Myhouse… in the middle of the street (en realidad es "our House" pero soy algo egocéntrica y no le presto mi casa a nadie… ¿y a quien se le ocurre poner una casa en medio de la calle?): el vestido rosa APESTA. Y la verdad, son mas chismosos que los alumnos del colegio de Hogwarts
Una ultima cosa. El otro día se me perdió el mp3 mientras fui a comprar… y ahí tenia escrito el fic hasta el capitulo 15… lo tenia igual escrito en la compu de mi amiga, pero hasta el 13 nomas… lo malo es que el mp3 era un recuerdo de graduación del secundario…..
Perdón por lo corto del capitulo, pero lo voy a compensar.
Capitulo diez
Acorralados
"[…] Antes de acostarse, el hombre […] miró a la nena, que dormía profundamente a la luz de la luna […] Y, por primera vez en muchos años, el viejo se sintió verdaderamente acompañado.
Johana Spiry
Heidi
Christine abrió los ojos ys e sentó en el sillón, bostezando y desperezándose. La sala estaba a oscuras porque los postigos de las ventanas estaban herméticamente cerrados. No podía darse el lujo de mantenerlas abiertas porque eso sería lo mismo que meter la mano en la jaula de los leones, previamente embadurnada de carne picada.
Se levanto y consulto el reloj luminoso que tenía en la mochila. Eran las once y diez. Se dirigió al dormitorio de House y golpeó la puerta.
— ¿Doc?
No contesto. Volvió a golpear. No obtuvo respuesta. Giro la perilla de la puerta y entro en puntas de pie. También allí reinaba la oscuridad, pero podía distinguirlo. Encendió la luz. House estaba durmiendo. Solo era un bulto bajo las mantas y solo sobresalía una mata de cabello gris.
— Doc, levántese.
Un ronquido fue la respuesta. Christine sonrió, se arrodillo en la cama y lo sacudió con ambas manos:
—¡Doc, resucite de una buena vez!
House se dio vuelta, mas dormido que despierto.
—¿Qué? —gruño, mientras se tapaba los ojos con una mano.
— Tiene que levantarse.
—¿Qué hora es?
— Las once y cuarto. ¿Usted no será vampiro, verdad?
House hizo ademán de morderla. Christine se rió y volvió a la cocina. Tenía muchas ganas de cocinar torta fritas, una comida que su mama solía cocinar. Se trepo a la mesada para alcanzar el aparador (con su metro sesenta y cinco, no podía llegar hasta allí sin subirse a algo) y sacó un paquete de harina y aceite. Luego revisó la heladera (no había mucho que ver: el arroz a la valenciana de la noche anterior, sopa en lata, una caja de leche, manteca y media botella de Coca Cola) Sacó la manteca y comenzó a preparar la masa. Veinte minutos después, el olor a torta frita inundo la cocina. Las sacó de la sartén y ya estaba por preparar otra tanda cuando House apareció detrás de ella.
— ¿Eso es el desayuno? — miro con asco la fuente.
— Es una comida típica de mi país —explicó Christine—. Espere a que se enfríe antes de comer.
— Esta bien pero, si resulta ser horrible, despertaras la ira del vampiro.
—¿Y quien es el vampiro? —le siguió el juego ella.
House puso cara terrorífica.
— Yo soy el vampiro. Mi nombre es Drácula, el vampiro más temido de Pennsylvania…
— Creo que es Transylvania, Doc.
—¡Ese es un maldito impostor! Yo soy el verdadero y tendrás que someterte a mí.
—¿Y si me niego?
— Te comeré el cerebro.
— Los vampiros chupan sangre, no comen cerebros — corrigió Christine, entre risas.
— Eso fue lo que dije.
— No es cierto. Y usted se parece más bien al abuelo de Drácula.
House tomó un puñado de harina del paquete y se la arrojó a la cara de Christine.
—¿Ah, sí? — dijo ella, con la cara empolvada de blanco —. Muy gracioso — agarró una cantidad de fécula y se lo arrojó.
Se desato una batalla campal. Se corrieron por toda la casa, como dos niños, durante diez minutos.
—¡No dispare, me rindo! —dijo la niña, escondida detrás del sillón. House, detrás de la pared de la cocina, observó el polvoriento desastre.
— Eso lo limpiarás tú, mocosa del demonio — dijo, sacudiendo una torta frita para comérsela. Entre los dos, atacaron la fuente hasta que quedo limpia.
— Ya me voy a trabajar. Que esté limpio todo cuando regrese — tomó su bolso y se dirigió a la puerta cuando Christine lo detuvo.
—¿Qué pasa?
Sin poder contenerse, se acercó a él, se puso en puntas de pie y lo besó en la mejilla. Era la primera vez que lo hacía.
— Que tenga un buen día, Doc.
House la miró, anonadado, y luego se marchó.
Ambos ignoraban la catástrofe, que ya se había desatado.
House aparcó su auto en el estacionamiento del hospital. Se sentía raro. Ese momento que estuvieron jugando juntos y luego ese beso lo habían hecho sentir… bien..
Entró al hospital, todavía algo confuso, firmó el parte de entrada en la recepción y entró a su despacho. Lo que vio lo despejo por completo. No solo estaba allí su equipo, sino también su amigo, la directora y su ex mujer. Todos lo estaban mirando como esperando a ver cuál era su primer movimiento.
— Tres hombres, tres mujeres, planeando una cita y a mí me dejan afuera — les dijo, mientras se sentaba detrás de su escritorio—. Por lo menos compartan. Somos colegas.
—¿Se siente mejor de la laringitis? — le preguntó Cameron con una sonrisa tensa.
— Mucho mejor. Nada mejor que un prostíbulo para aliviarme.
— Entonces podemos ir al casino el viernes — lo invitó Wilson, con un tono extraño —. Quién sabe si ganamos y nos vamos a Miami.
— Ehh… no puedo ir — carraspeó fuertemente— Tengo otros planes…
—¿Qué, secuestrar más niños? —Foreman lo miraba con odio.
—¿De qué diablos hablas? —preguntó House.
—¡No sea hipócrita! —saltó Cuddy.
— Ya sabemos todo —dijo Chase.
— No nos mientas mas, Greg —dijo Stacy con frialdad.
— He hecho tantas cosas. No se que me hablan —House sintió un nudo en el estomago al imaginarse de que hablaban. Mejor dicho, de quien hablaban.
—¡De que has secuestrado a una menor! —gritó Wilson, pegándole un puñetazo al escritorio.
—¿Qué? —House se levantó de golpe.
—¡Y encima te haces el sorprendido! ¡Te escuche anoche, en tu casa, hablando con ella!
—¿Me has estado espiando? ¿Y qué es esto, una corte marcial?
—¡Si, admítelo, admítelo, que has secuestrado a una niña de unos trece o catorce años!
— Catorce años —se le escapo.
Stacy ocultó la cara con las manos; Cuddy quedó boquiabierta y Foreman cerró con llave la puerta del despacho y bajó las persianas.
—¿Lo ven? —exclamo Wilson —. ¡Se los dije!
— De aquí no se va —Foreman se guardó la llave en el bolsillo de su bata —, hasta que nos explique todo.
House no sabía qué hacer. Estaba acorralado. Habían descubierto a Christine, pero habían confundido las cosas. Si decía que Wilson tenía razón, iría a la cárcel y la niña terminaría a manos de la SIMA otra vez; si decía la verdad, no le creerían y lo mandarían a un psiquiátrico. Pero no eligió ninguna de esas opciones y prefirió mentir, como lo hacía siempre:
— Son una manada de idiotas, todos ustedes. Yo no secuestre a nadie. Ella escapo de su casa, donde la maltrataban. Yo la encontré casi muerta el día del granizo y se está recuperando en mi casa. Eso es todo. No tienen que…
— No te creo —lo interrumpió Stacy—. Según lo que oí, ella escapó de Atlanta ¿Cómo pudo atravesar las fronteras sin que la policía la vea?
— Ella no es de Atlanta. Allí hay un internado donde su familia la quiere encerrar. Ella es de… Trenton.
—¿Quién es Raymond? —preguntó Wilson.
— Ehh… su padrastro —mintió—. La vivía golpeando y también... abusaba de ella —hizo una pausa dramática—. A su madre le importa un rábano lo que le pase a su hija.
— Y si no le interesa ¿Por qué mandaron a la policía a buscarla? especuló Foreman.
— Chris tiene amigos, vecinos, va a la escuela… si no la ven por una semana, sospecharán y harían la denuncia y sus padres estarían en graves problemas —se arrepintió de haber mencionado el nombre de la niña, pero no importaba ¿Cuántas chicas llamadas así habrían desparramadas por el mundo?
—¿Y por que ella no llamo a la policía? —preguntó Chase.
— Tenía miedo de que no le creyeran.
—¿Y por qué no nos contó nada?
— Perdón, no sabía que tenía que contarles todo sobre mi vida ¿De verdad creían de que yo era un secuestrador?
Todos intentaron esquivar su mirada.
— Aun no sabemos qué pensar —dijo Stacy.
—¿No me creen? Mañana mismo la voy a traer —se arrepintió de haber dicho eso, pero a todos les pareció buena idea.
— Si no apareces aquí mañana, te denunciaremos —dijo Cuddy.
— Tráela para que podamos aclarar todo esto —Stacy lo miró extrañada y le paso la mano por la cabeza
—¿Esto es harina?
Christine estaba hundida en el sillón, mirando MTV. Se sentía completamente agotada. Le había llevado bastante tiempo limpiar toda la casa (incluida la bañera, el interior del ropero y las ventanas). Gracias a eso, toda la casa olía a lima limón. Christine miró en derredor suyo y se dio cuenta que hacía tiempo que no pensaba en nada que tuviese que ver con la SIMA. Pero extrañaba a Aarón, así que lo llamó.
— Podrías haber esperado a que te llamara — gruñó el hombre—. Es muy peligroso.
— Solo quería saber que sucedía. Pensé que algo te había pasado.
La niña, aunque no lo veía, podría jurar que Aarón había sonreído.
— Nos estamos organizando —respondió—. Ya sumamos más de treinta personas y necesitamos más. No será inconveniente, ya que Phoenix arruinó la vida de mucha gente y serian capaces de dar la vida por vengarse.
—¿Y consiguieron las armas necesarias?
— Absolutamente todo. Solo nos falta más gente y que nuestro infiltrado nos de la señal. Cuando eso suceda, te llamare. ¿Y como estas tu?
— Me siento prisionera y tengo muchísimas ganas de sentarme bajo un árbol a orillas de un lago y tocar la guitarra, como una hippie.
— Juro que dentro de poco lo harás. Mientras tanto, tendrás que aguantarte.
— Lo haré. Nos vemos.
— Nos vemos.
Bueno, por lo menos hay avance, pensó Christine, con una ligera sonrisa. El gran día se acercaba cada vez más. Y al fin seria libre para siempre. Para siempre…
—¡Christine!
La niña pegó un salto del sillón. Había estado tan sumergida en si misma que no había oído cuando House había llegado.
— Hola, Doc — saludó ella, jadeando, con una mano apoyada en su pecho—. No lo oí entrar.
— Ya me lo imaginaba — se sentó al lado de ella. Se lo veía extraño, como si estuviera preocupado.
—¿Le sucede algo, Doc? ¿Se le complico algún paciente?
— Ojala hubiera sido eso —le contó todo lo que había sucedido esa mañana.
Christine se quedó sin voz. La libertad que tanto anhelaba, ahora se veía bastante lejos.
—¿Y quieren que vaya mañana para explicar todo?
House asintió.
—¿Y si abren la boca y termino el resto de mi vida conectada con electrodos?
— Eso no sucederá. Además, ya les advertí sobre aflojar la lengua. Ni siquiera lo comentaran entre ellos mismos.
Eso la tranquilizo, pero solo un poco.
—¿Usted los conoce bien, no?
House sonrió débilmente:
— Cameron es demasiado sentimental, te caerá bien; Chase es un tonto, como un supermodelo australiano rubio; Foreman es un ex convicto que odia a la policía y te defenderá de ellos — Christine sonrió—. Ese es mi equipo. Luego esta Wilson, el metrosexual que nos espió; Cuddy, la directora, es una bruja mezquina amargada y que sospecho que es travesti; y Stacy, otra bruja.
Christine se removió incomoda en el sofá. Estaba muerta de miedo. No quería ni pensar en presentarse en el hospital. Pero entendía en la situación en la que House se encontraba y sintió culpa. Una terrible y dolorosa culpa que le revolvía el estomago.
—Iré — dijo—, no importa lo que pase.
House le desordenó el cabello:
—Esa es la consigna de un valiente, mocosa.
