Marinette y Adrien pasaron todo el día junto a sus amigos en la piscina. Apenas se separaban y eso hacía que los demás hicieran bromas al respecto, al menos hasta que Adrien desviaba el tema o decía alguna cosa para que dejasen de molestar a Marinette. Al ver sus constantes sonrojos y la manera en que parecía querer desaparecer de la faz de la Tierra, Adrien se sintió aún peor consigo mismo. Al fin y al cabo, ella había sufrido el doble que él durante aquellos años, todos conocían sus sentimientos y él había sido el único que los había ignorado. Le había esperado y esperado hasta que, al final, él se había dado cuenta de su estupidez y había ido a por ella.

Por eso, para compensar su ceguera, Adrien se aseguró de hacer reír a Marinette siempre que pudo. Quiso que disfrutara todo lo posible en la piscina y por eso tomó la iniciativa en varios juegos y carreras. Kim e Iván se apuntaron de inmediato, pero Marinette declinó la oferta. Aquel día, ella prefería observar y estudiar bien el cuerpo de Adrien. Además, le apetecía quedarse con las chicas y contarles las novedades de su recién estrenado noviazgo con Adrien.

Él se despidió de ella con un beso que causó furor entre sus amigos y se lanzó al agua de cabeza, dejando a Marinette anclada en el sitio y con las piernas temblando. Las chicas se reunieron entonces en torno a ella, incluidas Chloe y Sabrina, que dejaron a Max y Nathaniel charlando sobre sus carreras profesionales.

―Bueno, chica―Alya sonrió con cierta maldad; Marinette conocía muy bien esa sonrisa y ese tono de voz: eran sus armas para sacar información de hasta debajo de las piedras―, ya puedes ir contándonos cómo es Adrien en la cama.

―¿¡QUÉ!? ―exclamó Marinette, atragantándose con su propia saliva― ¡No nos hemos acostado!

―Oh, venga ya―intervino Chloe con un gesto de desdén―. Si Adrikins fuera mi novio, te aseguro que lo primero que haría sería…

―Cállate, Chloe―espetó Alix―. No queremos saber lo que harías con Adrien. Es el novio de Marinette, no el tuyo.

―Es igual, somos amigos de la infancia.

Rose rodó los ojos, como casi todas las demás y se inclinó hacia Marinette con la emoción brillando en sus ojos azules.

―¿A dónde fuisteis anoche?

Ante el recuerdo del picnic en la playa, su primer beso a las afueras de la fiesta y su primera noche juntos, Marinette no pudo evitar dibujar una sonrisa de oreja a oreja.

―Pues, se me declaró en la fiesta y luego me llevó a hacer un picnic en la playa.

―Qué bonito―suspiró Rose, tan enamoradiza como siempre.

―¿Y qué me dices de cuando te besa? ―inquirió Alya, disfrutando de lo lindo de la situación.

―Dios, es…―Marinette se interrumpió― No sé cómo explicarlo. Es mejor aún de lo que había soñado. Cuando me besa, es como si dejara de existir el mundo.

―Vamos, que se te mojan las bragas―concluyó Alix, ganándose una mirada reprobadora de Sabrina, una asqueada de Chloe y las risas de las demás chicas.

Marinette se llevó las manos a la cara para ocultarse.

―Es que es muy intenso…―se excusó.

―No te preocupes, Marinette―dijo entonces Alya, conciliadora, poniéndole una mano sobre un hombro―. Es lógico que te sientas abrumada. Llevas muchos años deseando que pasara esto.

―Sí, pero…―la sonrisa de Marinette se borró y la sustituyó una expresión de concentración― Creí que me daría vergüenza cada vez que me besara y, sin embargo, solo quiero más. Y, sinceramente―suspiró, alzando los ojos para verle llegar el último en la última carrera porque Kim le había tirado del pie hacia atrás―, tengo miedo de que se aburra. Tengo miedo de que esto no sea real, ¿entendéis?

»Adrien no deja de repetirme que me quiere, que no dude de sus sentimientos. Pero yo solo puedo prepararme mentalmente para el momento en que se dé cuenta de que yo no soy la mejor opción para él…

―Bueno, eso es verdad―apostilló Chloe.

―¡Vale ya, Bourgeois! ―estalló Alya, enfadada― Si solo vas a criticar, mejor lárgate.

―No, Alya, tiene razón―dijo Marinette―. Por una vez, Chloe sabe mejor lo que le conviene a Adrien.

―No seas absurda, Marinette Dupain-Cheng―replicó Alya, poniéndose en pie y plantándose frente a su mejor amiga con los brazos en jarra―. Eres la chica más valiente, sincera y amable que he conocido en mi vida. Tienes un corazón de oro y Adrien lo sabe. Así que, deja de infravalorarte y disfruta, tu sueño se ha hecho realidad.

Marinette se mordió el labio inferior, emocionada, para contener las lágrimas. Los últimos días estaban siendo un vaivén de emociones y saber que tenía a Alya y las chicas apoyándola y dándole ánimos le bastaba para sacar fuerzas de flaqueza. Por otra parte, Alya tenía razón en una cosa: ella estaba disfrutando de sus momentos a solas con Adrien y eso incluía aquel que su mejor amiga había interrumpido. Por un momento, pensó en contárselo, pero eso era algo que no quería que Chloe supiera, de modo que se mordió la lengua y se prometió a sí misma contárselo cuando el viaje acabara.

Aunque sabía que, cuando regresasen a París y cada uno retomara sus vidas, Marinette volvería a recibir las visitas nocturnas de cierto héroe vestido de gato y eso solo podía significar una cosa: dolor. Estaba enamorada de Adrien, siempre lo había estado por mucho que ella se lo negara. Pero no podía negar que las visitas de Chat Noir y sus constantes flirteos habían conseguido que se olvidara de Adrien durante un rato, el suficiente para que ella pensara que estaba empezando a sentir algo por el héroe oscuro. Y era cierto, a Marinette le gustaba Chat, pero su amor por Adrien era mil veces superior y debía dejárselo claro a Chat Noir antes de que las cosas se complicaran aún más.

Y de la misma forma que existía Chat, existía ella: Ladybug. Marinette no quería ocultarle nada a Adrien. Durante aquellos tres días, apenas había hablado con Tikki, puesto que casi siempre había estado acompañada en la habitación. Su pequeña kwami roja no había dicho nada sobre que no debía contarle nada a Adrien, porque se suponía que no debía ni planteárselo siquiera.

Reponiéndose de la emoción, Marinette asintió esbozando una tímida sonrisa.

―Gracias, Alya―murmuró.

En ese momento, escuchó un chapoteo en el agua y vio a Adrien salir de la piscina. Enseguida, Marinette olvidó todas sus preocupaciones y se quedó embobada viendo cómo el agua chorreaba por sus brazos y su pecho y se perdía por debajo del bañador.

―Ve a por él, chica―dijo Alya a su lado en voz baja.

Marinette sacudió la cabeza y echó la vista atrás, hacia sus amigas. Todas asintieron sin dejar de sonreír, de modo que se puso en pie y caminó en su dirección con una toalla en la mano. En cuanto la vio llegar, Adrien le guiñó un ojo y le sonrió.

―Gracias―susurró él mientras cogía la toalla que Marinette le tendía.

―¿Cómo han ido las carreras?

―He perdido―Adrien se encogió de hombros al tiempo que se secaba―. Kim es un tramposo e Iván cubre más distancia que yo en una brazada, así que…

Marinette rio por lo bajo.

―Eso es porque Alix no estaba con él para pararle los pies―observó, refiriéndose a Kim.

―Cierto―Adrien dio un paso hacia ella, con el pelo rubio pegado a las sienes y la boca entreabierta para poder respirar mejor; la sola visión de su lengua acariciando el interior de su boca hizo que a Marinette también le supusiera un esfuerzo respirar a un ritmo normal―. Oye, ¿no te habrán sometido a un tercer grado, no?

―¿Las chicas? ―Adrien asintió, serio― Bueno, ya sabes cómo son… Querían saberlo todo.

Adrien sonrió levemente.

―Espero que no les hayas contado lo de hace un rato.

―No, por Dios―los dos se echaron a reír a la vez.

―Mejor―Adrien volvió dar otro paso hacia ella y rodeó su cintura con el brazo, atrayéndola hacia su cuerpo húmedo―, porque no quiero que nadie sepa lo mucho que me gusta escuchar mi nombre mientras te…

―Adrien, para―Marinette se apresuró para ponerle una mano en la boca, roja como un tomate―. No te entiendo. Esta mañana no querías continuar con el juego y hace un rato, sí. Y ahora me sueltas todo eso y…

La mirada de Adrien pareció dudar. Marinette le quitó la mano de la boca tras recibir un beso en la palma.

―Perdona―murmuró Adrien con el corazón acelerado―. Soy una contradicción andante, lo siento.

Marinette, enternecida, volvió a sonreír y le acarició la mejilla con los dedos.

―Está bien. Supongo que tendremos que acostumbrarnos a tenernos el uno a otro, ¿no?

―Sí―asintió Adrien, volviendo a ser el chico dulce que era la mayoría del tiempo―. Y también tengo que aprender a morderme la lengua cuando estamos con más gente. No quiero que te dé una combustión―bromeó, haciendo sonrojar a Marinette de nuevo.

―No te soporto cuando te pones así―farfulló Marinette, arrancándole la toalla de las manos.

Adrien soltó una carcajada. Marinette sabía que estaba disfrutando de lo lindo mientras que ella se moría de la vergüenza. Aquella situación tenía que cambiar. Marinette sacó fuerzas de flaqueza y le puso las dos manos en el pecho a Adrien. Al notar su contacto, él paró de reír y la miró, confuso y divertido al mismo tiempo.

―¿Sabes una cosa, Adrien? ―murmuró Marinette, melosa, al tiempo que caminaba hacia adelante y obligaba a Adrien a ir hacia atrás― Siempre cometes un mismo error.

―¿Ah, sí? ¿Cuál? ―inquirió Adrien, inclinando la cabeza hacia ella, aunque Marinette no se amilanó.

Al contrario, le dedicó una caída de pestañas, una sonrisa coqueta y…

―Que siempre me subestimas―y, sin que él lo viera venir, Marinette le empujó hacia la piscina.

Con una expresión de sorpresa, Adrien cayó al agua y los demás se echaron a reír. Unos segundos después, Adrien sacó la cabeza a la superficie y buscó con la mirada a Marinette, que sonreía, satisfecha, unos pasos alejada del borde de la piscina. El estómago de Adrien dio un vuelco al verla tan segura de sí misma, tan cómoda con él. Si bien era cierto que encontraba adorable esos momentos en los que Marinette se sentía intimidada por él, le gustaba aún más cuando ella dejaba a un lado esa timidez y se mostraba tal y como era. Una chica que tenía recursos para todo.

―Acabas de firmar tu sentencia, princesa―respondió Adrien.

Con rapidez, se acercó al borde de la piscina y subió de un salto. Marinette le vio llegar, empapado de nuevo y supo que tenía todas las de perder. Al menos, se dijo, ella se había vengado por haberla puesto cardíaca sin motivo. Sabía que era inútil, que acabaría en el agua con él, pero el instinto le pudo y echó a correr por el recinto. La gente se los quedó mirando y rio con cada movimiento que hacía Marinette para esquivar a Adrien.

Tras un par de vueltas siendo el espectáculo de los residentes del hotel, Adrien atrapó a Marinette por las piernas y se la subió al hombro, igual que hizo el día anterior. En cuanto se vio bocabajo, Marinette se rindió y se preparó para verse sumergida en el agua. Efectivamente, unos segundos después, su cuerpo y el de Adrien impactaban contra la piscina.

Adrien la soltó entonces y la deslizó por su pecho hasta tener su cara frente a él. Sin esperar a que Marinette se repusiera, le cogió el rostro con las manos y la besó bajo el agua. Marinette le respondió, hasta que ya no pudo más y se separó para subir a la superficie de la mano de Adrien. En cuanto salieron, recibieron un aplauso de los presentes y ellos se echaron a reír.