Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. No recibo beneficios con esta historia.
Jamás dejes que las dudas paralicen tus acciones.
Capítulo 10: El acercamiento hacia el final.
Kagome respiró hondo llenándose los pulmones de aire que germinaba de la atmósfera, reafirmó su postura y sostuvo con fuerza ambas tiras de la cargada mochila amarilla para adentrarse de una vez por todas al pozo que comunicaba ambas épocas. Las últimas palabras que su abuelo le había recitado volvían a reaparecer en su mente.
Flash Back
- Yo…- Las palabras de la miko se apagaron, no sabía que responder con exactitud. Su necesidad por regresar se acrecentaba cada vez más. Su cabeza quería trasladarse a cualquier otro momento más feliz para no tener que pensar en ello, para escaparse de la realidad. Y de repente, las palabras salieron de la boca del anciano.
- Sólo las almas completamente puras podrán ser beneficiadas.-
Fin Flash Back
Finalmente pudo divisar el concluyente de su acortado viaje, la tierra, el musgo y los pastizales podían observarse aún más cercanos. Luego del leve aterrizaje en el suelo firme, la joven miko ascendió con dificultad por el viejo y maltratado foso. Se sostuvo del barandal empuñando su equipaje consigo y logró pisar firmemente el pastizal del otro lado. Varias aves revoloteaban sobre su cabeza, chirriando con fuerza ante la llegada del nuevo día. El aire allí, sin duda alguna, era más puro y fresco.
Kagome recorrió el paisaje con la vista sin observar rastro alguno de los chicos y caminó en dirección contraria al pozo, adentrándose en la espesura del bosque.
En medio de su camino se encontró con la esplendorosa y colosal figura del árbol sagrado. Un sinfín de recuerdos plagó su memoria y dentro de los más neurálgicos se encontraba aquel primer recuerdo, la primera vez en que se topó con aquella arboleda y la figura de un joven algo triste reposaba en él. Dormido a causa del conjuro que una sacerdotisa había realizado 50 años atrás.
- Me pregunto como hubiera sido mi vida sin conocer a Inuyasha.- Una amarga sonrisa la envolvió durante algunos instantes y la devolvió al entorno. Se encaminó nuevamente hacia la aldea y sin precaución alguna sus pies colisionaron con las raíces sobresalientes del tronco.
Pero Kagome logró aterrizar sobre un robusto pecho en cuestión de segundos. Alzó la vista y divisó aquella figura masculina tan distinguida para sus ojos. Los rayos de sol colapsaban sobre el rostro de Bankotsu con energía, dejando a relucir su belleza y sus ojos resplandecientes como dos zafiros.
- Lamento no haber llegado a tiempo, aquel detestable hí- La joven sacerdotisa sostuvo sus mejillas con ambas manos y plantó un cálido beso en sus labios.
- Siempre estás allí cuando estoy a punto de caer.- Le respondió felizmente separándose de él para tomar su mano y encaminarse de una vez por todas hacia el pueblo.
El tiempo transcurría lentamente en la choza, incluso para los menos impacientes. El ambiente estaba silencioso y ni siquiera podía oírse a las insignificantes moscas revolotear.
- No crees que se están tardando demasiado?- Inuyasha carraspeó y se volvió hacia el monje con incomodidad.
- Descuida, recuerda que son una joven pareja. El hecho de no verse durante casi dos días les hizo imaginar que fueron miles de años.- Pero lo único que recibió como respuesta de parte suya fue un bufido, para luego desaparecer de la choza totalmente irritado.
- No cree que fue algo directo su excelencia?- Lo interrogó Sango mientras que le quitaba un par de vendajes a Kohaku del brazo derecho.
- Creo que es hora de que Inuyasha confronte a la realidad, y justamente por esa razón no debe rendirse.-
- Vaya, quien diría que Miroku tiene un lado sincero.- Intervino Shippo para luego ser observado con algo de molestia.
La charla no se extendió durante más tiempo al observar la figura de una delgada muchacha de cabellos azabaches con el rostro cansado llegar a la choza.
- Kagome! Te extrañamos mucho, por qué estas tan alterada?- Le mencionó el pequeño zorrito sacudiendo la cabeza.
- Descuida, es solo que había olvidado lo cansador que era llegar hasta aquí caminando.- Le respondió finalmente recordando las veces en que Inuyasha iba por ella y regresaba a la aldea cargada en su espalda. – También los he echado de menos, rendí mis últimos exámenes de maravilla y creo que finalmente podré permanecer durante algunos días más aquí.- Sango miró a su alrededor y se volvió hacia ella.
- En donde está Bankotsu?-
- Oh, recogió algo de troncos para el fuego de la cena y no me dejó llevar mi equipaje a cuestas por lo que se tardó un poco más. Pero él está a solo unos pasos.- La joven miko se volvió hacia atrás para observar la figura del mercenario acercarse. Inmediatamente Miroku, Kohaku y Shippo se pusieron de pie para ayudarlo y salieron de la choza. Kagome miró al interior de la diminuta cabaña y volvió su vista hacia abajo.
- Inuyasha ha estado quejándose por tu tardanza y… supongo que no quiso que lo encuentres para cuando regresaras. Lo siento.- Le dijo la exterminadora como leyendo su mente, observando la expresión de su amiga.
- Ya veo, pero no me sorprende en lo más mínimo. Ya que él…-
- Se siente muy dolido sabes? Me refiero a que a pesar de los errores que cometió, se siente apenado al verte con él.-
La muchacha depositó un semblante triste en su rostro sin poder decir algo más. Corrió las diminutas cortinas que cumplían la función ausente de la puerta de entrada y se alejó de allí a paso ligero. Se sentía apenada por él, no le hizo caso en absoluto a los errores cometidos en el pasado, ni siquiera a lo que diría o estaría imaginando Bankotsu si llegase a enterarse. Corrió en dirección al arroyo y se dedicó a corroborar todos y cada uno de los rincones posibles para un escondite sin obtener éxito. Se dejó caer sobre la fina y humedecida hierba y observó las estrellas sobre su cabeza.
- Eres demasiado insistente.-
La voz de Inuyasha resonó en los tímpanos de la muchacha con gran esplendor. Por primera vez luego de varios días la miró a los ojos. Tenía las mejillas enrojecidas y la respiración agitada a causa de su apuro por llegar, y probablemente era la fija señal de un futuro resfriado. Kagome se puso de pie y acercándose hacia él apretó los puños con fuerza, tratando de recobrar todas las energías perdidas. Un par de lágrimas se formaron en sus ojos y la angustia reprimida salía al exterior.
- Sé lo mucho que lo detestas, sé que es uno de tus más grandes adversarios y que tal vez nunca puedas comprenderlo del todo. Pero no lograrás evitarlo durante toda tu vida y las cosas no cambiarán por más que lo sigas intentando. Lo único que quiero pedirte es que trates de ser justo conmigo y prometas que… continuaremos siendo amigos a pesar de todo.-
Inuyasha la observó con tranquilidad y esbozó una pequeña sonrisa para estrecharla en sus brazos durante un eterno momento. Los efímeros recuerdos reaparecieron para embargar su memoria, desde la primera vez en que pudo percibir su aroma hasta aquel momento. Y ahora, más que nunca, se daba cuenta del amor que había resurgido en él, de los sentimientos más puros que jamás habría sentido en su existencia. También sintió la manera en que los dejó huir y recordó las veces en que lastimó el corazón de aquella muchacha. Y la aparición de Bankotsu, su inoportuna aparición en la vida de todos… y el cambó que ello había generado.
- Creo que realmente lo envidio, ya que no todos tenemos las ideas tan claras desde un principio. Finalmente logré comprender lo sorprendente que es y la manera en que se preocupa por ti. Por eso quiero que seas feliz, sin importar lo que pase.- Le dijo casi en un susurro al oído, secando las lágrimas de su mejilla al mismo tiempo. – Yo ya me había dado por vencido desde el momento en que volvimos a encontrarnos.- Agregó finalmente desprendiéndose de ella, alejándose entre los arbustos. Dejándola completamente desorientada.
Bankotsu se encontraba de pie junto al tronco de un árbol, habiendo escuchado todas y cada una de las palabras recitadas por ellos. Inuyasha se aproximó hacia él y lo observó de soslayo con algo de simpatía, dándole a entender sus palabras acerca de la derrota, apretando sus puños con fuerza.
- Estaré vigilándote para que no cometas ninguna imprudencia con ella.- Le aseveró el hanyou algo alentado. El mercenario simplemente curvó sus labios y exhaló con fuerza para ir por ella y regresar a la aldea.
Ninguno de los dos dijo una palabra al respecto, incluso lo tomó como si no estuviese enterado de charla que habían tenido hacía unos minutos antes. El camino hacia la aldea fue silencioso y la cena se tornó algo similar a aquello, aunque en un par de ocasiones las bromas de Shippo le quitaban lo opaco al ambiente y las risas reaparecían otra vez.
La luna llena alumbraba por completo el rostro de la joven sacerdotisa, quien observaba impactada el cielo. Bankotsu se acercó lentamente y se depositó a su lado con tranquilidad.
- No crees que es algo tarde para estar observando el cielo a estas horas? Sin mencionar que estas demasiado alejada de la aldea.-
- Tenía ganas de caminar un poco, además no siempre puedo observarlas de esta manera. En el lugar de donde vengo las estrellas apenas pueden diferenciarse en el cielo.- El volvió su rostro desilusionado.
- Creo que no podría imaginarlo, debe ser muy solitaria una noche sin estrellas.- Ella asintió levemente y se dejó envolver por los brazos del muchacho. - Lo es.- Le respondió cerrando los ojos, dejando descansar la cabeza en su hombro.
Bankotsu la observó de soslayo y se mordió el labio inferior dudoso, tenía las reprimidas ganas de preguntarle a qué se debía su estado de ánimo, que clase de efecto generó la charla con Inuyasha. Pero no tenía las agallas suficientes, ya que seguramente dejaría las cosas en peores condiciones o simplemente generaría una discusión innecesaria. Suspiró algo cansado, con la mente dándole vueltas y aquel pensamiento carcomiéndole la cabeza.
- Todo está bien, la verdad es que me tranquilizó mucho oír esas palabras de Inuyasha.- Se adelantó ella con una sonrisa colosal en sus labios. El muchacho la observó perplejo, ¿Cómo rayos llegaba a aquellas conclusiones? ¿Que clase de empatía sexto sentido poseía ella? El solo hecho de pensarlo lo hizo estremecerse.
- Yo… no creas que estuve espiando o algo por el estilo es solo que..-
- Lo sé, descuida. De todas maneras no es algo que tuviera razones para ocultarte.- Lo interrumpió cerrando los ojos.
Él se acercó lentamente para sostenerle las mejillas con ambas manos y darles suaves caricias que luego fueron correspondidas. Besó sus labios una y otra vez y se reafirmó por encima de ella para lograr una mejor comodidad. Se deshizo de las prendas de ropa que interferían en su camino y con la yema de su índice delineó un recorrido que comenzaba en sus labios y finalizaba en la parte inferior de su pelvis. Acarició la parte posterior de sus piernas y como una necesidad consistente, las atrajo más hacia sí mismo. Depositó unos cuantos besos húmedos sobre su ombligo, obligándola a redimir varios gemidos y a acariciar su rostro en un ademán de súplicas.
Kagome sostuvo el rostro del muchacho con ambas manos y lo atrajo hacia el suyo. Se deshizo de aquella insufrible armadura que traía consigo usualmente y desabotonó las prendas superiores de su ropa. Con sus suaves y gráciles manos recorrió el pecho del mercenario y besó una y otra vez, de una manera casi insistente, la comisura de sus labios, su mentón, su cuello y su clavícula. Desanudó el lazo que sostenía a la parte inferior de su ropaje y lo despilfarró hacia un lado para que no interfiriera. Lo desprendió de la parte inferior de su vestimenta, mientras que Bankotsu besaba y acariciaba con ímpetu y devoción sus pequeños y magníficos senos.
Impaciente, llevó ambas manos hacia la falda de la muchacha para deshacerse de ella de una vez por todas y embistió con fuerza para adentrarse rápidamente, arrancándole múltiples suspiros y gemidos de dolor. Perdiendo el control completamente, sumidos en su éxtasis de gloria, estremeciéndose sin dejar de aferrarse el uno al otro. Sin duda alguna la había extrañado, había echado de menos el aroma de su piel, su sedoso y ondulado cabello, sus intensos ojos cafés, su sonrisa.
La mañana había recaído rápidamente sobre la aldea y las caras de somnolencia eran más notorias a la luz del Sol, sobretodo en Kagome y Bankotsu. Shippo los observó confundido y saltó sobre el regazo de la muchacha inmediatamente.
- Se ven algo cansados, lograron dormir algo anoche?- Los interrogó el pequeño zorrito rascándose la cabeza, haciendo voltear el rostro del resto hacia ambos. Kagome se sonrojó completamente y se volvió hacia Bankotsu, tratando de encontrar una buena excusa que los justificase.
- Decidimos quedarnos a observar el amanecer, después de todo ninguno logró dormirse.-
- Creo que sé por qué razón no conciliaron el sueño.- Intervino el monje Miroku con una sonrisa reprimida en sus labios, para luego recibir una bofetada colosal de la exterminadora.
- Bien, creo que lo más importante, ahora que estamos todos, es organizarnos. Me refiero al ataque final.- Se aclaró Sango poniéndose firme.
– Es cierto, sabemos bien que el próximo objetivo de Naraku es poseer los fragmentos restantes para terminar de formar la perla. Nosotros debemos encargarnos de arrebatársela antes de que eso llegue a suceder y encargarnos de exterminarlo.- Les explicó Miroku aclarándose la garganta.
- Y que sucederá con los fragmentos que resten?- Dijo Kagome con desesperación refiriéndose a Bankotsu, en ese instante todos pusieron sus ojos sobre él.
- Eso es algo… que aún no sabemos, por ahora debemos preocuparnos en el problema inicial que es derrotar a Naraku.- La respuesta no le generó mucha esperanza a la joven miko, a decir verdad fue algo inconclusa y dubitativa. Fue entonces cuando comprendió que el tiempo era algo de lo que Bankotsu no disponía.
A decir verdad, de lo que ninguno de ellos disponía. Miles de ideas y discusiones se generaron durante toda la mañana y se extendieron hacia la tarde. Luego de que las mentes de todos quedaron totalmente abochornadas a causa de la fatiga, un descanso fue lo más merecido que le pudieron dar a su sano juicio.
La muchacha de cabellos azabaches mantenía su mirada en un punto fijo del horizonte, observando la puesta de sol algo desconcertada y herida. Varias lágrimas se deslizaron por su mejilla, se sentía inútil e incapaz de encontrar la respuesta a aquella primordial complicación, que a fin de cuentas se denominaba realidad. Así es, durante todo ese tiempo ambos supieron que llegaría el momento de la verdad, aquella decisión que los apartaría en cuerpo y espíritu, que los devolvería a sus antiguas labores, tanto en este mundo como en el otro.
- Tan seria?- Las palabras de Bankotsu la hicieron sobresaltarse, se volvió hacia él con los ojos llenos de lágrimas y lo abrazó con efusividad.
Él la estudió detenidamente, como si quisiese grabarse aquel rostro en su memoria. Kagome tenía los ojos llorosos y las sienes enrojecidas, lucía muy demacrada y triste, pero aun así conservaba intacta su belleza. Bankotsu sonrió de soslayo y secó sus lágrimas con ambas manos.
- No quiero verte afligida, por favor. Ya no llores.- Le dijo mientras que la estrechaba en sus brazos, acariciando su suave y delicada cabellera una y otra vez. Ella golpeó insistentemente los puños contra su pecho, como si se tratase de una niña pequeña haciendo un berrinche.
- No quiero tener que oír aquellas palabras otra vez, no quiero que te alejes de mí ni que me des una triste despedida por que me negaré a escucharla!- Vociferó mientras que su vista se volvía borrosa a causa de los sollozos. Bankotsu colocó su dedo pulgar en el mentón de la muchacha obligándola a enfrentarlo y se acercó hacia su oído.
- Yo siempre estaré a tu lado, eso dalo por seguro.-
Uf, creí que iba a seguir escribiendo hasta el lunes! Pero gracias al tiempo extra pude terminar con el capítulo y traérselos (algo atrasado) pero se los traje! Este año me tocaron unos horarios horribles en la escuela así que voy a tener menos tiempo para escribir, pero de todas maneras voy a tratar de subirlos siempre a tiempo a los caps. Se acerca el final dentro de poco, esperemos a ver que pasa :O
Muchas gracias por seguir siempre el fic y las espero la semana que viene!
