Disclaimer: Pokémon no me pertenece es propiedad de Satoshi Tajiri .

Notas de autor: Joder, después de mucho tiempo al fin pude escribir algo t.t

La universidad me tiene un poco -demasiado- ocupada por lo que mis actualizaciones serán demasiado lentas, pero terminaré todos mis pendientes antes de acabar el año ònó sí o si.

Advertencias: Posible OoC. Mucho amor gay, más no lo suficiente.

Alerta roja: Si vienes a joder porque no te gusta el yaoi considera que lanzaré una maldición sobre ti.

Gracias.


Steven se estiró lo más que pudo, aquella mañana algo se sentía completamente diferente haciéndolo sonreír, había una paz en el ambiente que lograba penetrar cada uno de sus sistemas provocándole una sensación de felicidad que durante mucho tiempo había añorado. Dándose la vuelta, se encontró con el rostro durmiente de Ruby que estaba adornado con unas ojeras poco envidiables; lo que no le sorprendía dado que estuvieron hablando toda la noche de sí mismos, contestando las preguntas que el otro tenía.

Había descubierto muchas cosas, unas habían sido obvias para él cuando lo conoció; pero ahora estaban más claras que el agua del mar de Algaria.

Ruby había tenido una infancia difícil en Johto, después del incidente de su infancia su padre lo había dejado por lo que abandonó cualquier cosa relacionada con las batallas y se concentró en los concursos y todo lo que fuera bonito y brillante, las marcas en su frente era un recordatorio constante del porque no debía desviarse de su objetivo.

«Es como si hubiera una parte de mi que no puedo controlar» le había explicado sin dirigirle la mirada. «Me asusta, pero es algo que no puedo cambiar».

Lo había abrazado inconscientemente, porque él entendía aquello. Esconder una parte de ti mismo por temor a herir a alguien más, de fingir con una mirada tranquila que nada te importaba aún si se estuviera perdiendo lo que más amabas. Steven lo había comprendido en el mismo instante en que había visto a Celebi cuando abrió los ojos, pero había callado la verdad incluso del mismo chico que lo había salvado.

Se lo había confesado aquella noche, en medio de los rayos de luz de luna le había contado su más grande secreto: había muerto, y fue sólo gracias a Celebi que la realidad había cambiado trayéndolo a la vida. Ruby al inicio no le había creído, por supuesto, sin embargo después le contó el plan de su padre -donde el mismo se ofreció como sacrificio- lo vio derramar lágrimas de la más pura frustración mientras lo llamaba idiota temerario; Steven había sonreído cálidamente mientras lo apretaba contra él con más fuerza.

—Solamente tú podrías haberme pedido detenerme— murmuró acariciando mechones de pelo negro con cariño. Nadie iba a detenerlo, no podían vencer su determinación como aquel par de ojos rojos; si él lo hubiera pedido...

Steven sacudió la cabeza despacio, aquel chico sería su perdición tarde o temprano. Incluso en ese momento donde se sentía la persona más feliz del mundo, tan sólo imaginar que podría perderlo le producía un dolor en el pecho que le impedía moverse; porque sin esperarlo siquiera Ruby se había convertido en la persona más importante para él.

El moreno se estiró entre las sábanas y cuando abrió los párpados se encontró con los ojos azules más lindos que había podido ver en toda su vida.

—Buenos dias— suspiró incapaz de detenerse a sí mismo y Steven le sonrió depositando un beso en su frente a modo de respuesta, Ruby enrojeció desviando la mirada—, mi corazón no resistirá esto siempre.

—¿Planeas muchas mañanas iguales?— Preguntó el campeón ocultando su sorpresa a lo que el moreno le sonrió coquetamente.

—También puedes estar sin ropa si lo prefieres.

El adolescente se rió esquivando la almohada que el peliplateado arrojó en su dirección, casi de inmediato sus risas llenaron la habitación antes de que Steven jalara a Ruby para acomodarlo en su regazo y besarlo tiernamente.

Aquella noche no sólo habían desnudado sus más oscuros secretos, sino también habían logrado convertirse en una parte del otro y eso era algo que no cambiaría.

—Haz superado al maestro— Steven dijo cuando el beso se volvió más intenso—, ¿debería darte un certificado de graduación?

Ruby enrojeció, más no se acobardó levantando una de sus cejas.

—Es usted un pervertido señor Stone— lo regañó señalándolo con uno de sus dedos, más Steven roló los ojos volviendo a cubrirlos a ambos con la sábana.

—Es mejor dormir otra vez, tu cerebro sigue apagado— dijo el mayor con burla, a lo que Ruby hizo un puchero.

—Sólo si prometes besarme al despertar.

—Hecho.


A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario es, como han dicho otras autoras:"como manosearme la teta y salir corriendo."

Hayden