Capítulo 10 - ¿Confías en mí?
La luz del sol entraba con todo su esplendor iluminando los cuerpos desnudos de los amantes que aún permanecían entrelazados y profundamente dormidos. El gimoteo de un bebé a lo lejos despertó a la mujer. Aturdida, dirigió su mirada hacia el reloj analógico que estaba ubicado en la mesita de noche. Las 10.05 de la mañana. No era habitual despertarse a estas horas tan tardías pero apenas había logrado dormir la noche anterior. Lo había conseguido tras acudir a la habitación de Daryl y después de que finalmente llegaran al final…
Y todavía estaba en su habitación.
El corazón le latió más fuerte al notar el brazo musculoso de él que aún se aferraba a su cintura, como si temiera perderla. La respiración pausada y ronca del arquero acariciaba la parte posterior de su nuca, su espalda se amoldaba al caliente cuerpo masculino, y él había acomodado una de sus piernas entre las suyas. No recordaba un despertar similar en sus largos años de matrimonio con Ed, ni siquiera en sus primeras noches, ya que su marido había dejado claro de forma despectiva que odiaba tener contacto físico por la noche.
Carol giró un poco el rostro con la intención de verle, pero la postura en la que se encontraban dificultaba mirarle. Por tanto, no se movió y cerró los ojos deleitándose de esa sensación. El murmullo en la parte inferior de la casa le indicaba que algunos miembros de su grupo seguían desayunando. Seguramente serian Eugene y Tara, junto a Maggie y Glenn quienes eran los más remolones y solían levantarse a esas horas. Además, intuía por las voces que escuchaba que Rick junto a Judith aún permanecían en la casa. En ese momento recordó que era un día importante para su residencia en la comunidad, y que seguramente, Rick estaba esperando para encontrarse con ella antes de ir a hablar con Deanna.
Su parte racional le exigía ponerse en pie, ducharse y vestirse para ser esa mujer preocupada por su futuro en Alejandría, pero… en aquel momento todo le daba absolutamente igual. Jamás había actuado de ese modo, la responsabilidad era más importante, pero en ese preciso instante quería dar prioridad a lo que sentía. Ya habría tiempo para la preocupación.
La respiración de Daryl se hizo más ronca, provocando una risita por parte de ella. Con cuidado de no despertarle cambió de postura confrontándole, con lo que su rostro quedó a escasos centímetros del suyo. Apartó con cuidado los cabellos que impedían ver su rostro en su totalidad, pero a pesar de sus delicadas caricias, sus ojos se abrieron lentamente por el toque suave de Carol. Su rostro somnoliento y confuso le hizo sonreír ampliamente.
- Buenos días.
Él pestañeó varias veces por sus palabras aún adormilado, intentando despertarse, y soltó como respuesta un gruñido inteligible que una vez más hizo reír a Carol. Un cosquilleo floreció en él en el instante que su cuerpo desnudo rozó el suyo y sus labios dulces se acercaron dándole un beso de buenos días.
Daryl tuvo que recordar cómo habían llegado a esa situación. Recordó cómo escasas horas atrás Carol había aparecido en su habitación abatida por los recuerdos de su pasado y después había sucedido lo que llevaba días esperando. Habían follado, por fin. Y había sido tan diferente a cualquier experiencia anterior que utilizar el término follar para definir lo que había sucedido estaba fuera de lugar, pero no conocía otro. No podía decir que no hubieran follado, porque técnicamente era la misma situación, pero algo en el ambiente había sido tan diferente e inusual que no sabía explicarlo ni ponerle nombre. Pero fue demasiado bueno.
Pero despertarse con alguien en la cama y que aún estuvieran desnudos, era nuevo para él. No entendía por qué seguían allí, juntos y en la misma cama. Le sorprendía la poca distancia que había en ese momento entre ambos, no estaba acostumbrado a permanecer desnudo –sin que mediase una actividad sexual- cuerpo contra cuerpo, ni a los sentimientos que acompañaban a esa situación.
El acercamiento físico con Carol había evolucionado con el tiempo: al principio solía estremecerse y notaba cierta incomodidad por su contacto, pero aprendió a aceptar las caricias y el trato que ella le proporcionaba. Sin embargo, esta situación era radicalmente diferente. Mostrar su cuerpo desnudo ante ella porque sí le hizo sentir incómodo, aunque en el fondo sabía que era absurdo, cuando horas atrás se había expuesto sin pudor. Pero en sus anteriores experiencias sexuales apenas exhibía su cuerpo más tiempo del necesario, y si podía evitar quitarse la camisa, lo hacía con ella puesta.
Carol notó la incomodidad en su rostro y sintió que su cuerpo se tensaba bajo sus manos. Con brusquedad él se apartó de ella, sentándose al borde de la cama y tapándose con la sábana la parte inferior de su cuerpo, mientras buscaba su ropa. Carol le siguió con la mirada completamente sorprendida por su actitud, al mismo tiempo que se acomodaba en la cama.
- ¿Daryl? – Pronunció su nombre mientras él buscaba los sus pantalones algo ansioso.
- Es tarde – se justificó él, como si fuera la excusa perfecta para salir de allí.
- Aún están desayunando. Podemos quedarnos un rato más en la cama, hasta que se vayan a sus respectivos trabajos – sugirió Carol, pero Daryl respondió a su propuesta con silencio y sin mirarle, subiéndose los pantalones con demasiada rapidez.
Por un instante, aquel silencio lastimó a Carol por creer que no quería estar en esa situación con ella o incluso que se arrepentía de lo sucedido y que no había sido tan satisfactorio como lo había sido para ella, y el alma le cayó a los pies; pero cuando observó la actitud nerviosa de él y su rapidez por vestirse –sobre todo por taparse las marcas en su espalda–, se percató que no se trataba de eso en absoluto. Daryl se avergonzaba de su cuerpo. Ella le conocía muy bien y sabía que era bastante tímido en ese sentido. Recordó la primera vez que le había visto sin camisa en la granja de Hershel, cuando le curó la herida en su costado tras clavarse una flecha buscando a Sophia; y recordó cómo él intentó taparse el cuerpo cuando ella entró en la habitación. Sabía que a pesar de lo poco comunicativo que era, sus marcas en su cuerpo le avergonzaban y le hacían sentir muy inseguro.
- Daryl – le llamó para poder mirarle a los ojos. Un "mmm" cansando e inteligible fue lo único que obtuvo de su boca al mismo tiempo que se ataba el cinturón de los pantalones – Daryl – volvió a pronunciar su nombre pero esta vez de forma más contundente, consiguiendo su objetivo cuando él se giró para mirarla. En ese momento, ella apartó la sabana y sin importarle su desnudez, se levantó caminando hacia él - ¿Estás bien?
La mirada de Daryl se posó en sus ojos como si mirar su cuerpo desnudo le estuviese prohibido. Carol luchaba internamente también con sus propias inseguridades intentándolas dejar a un lado, ya que tampoco se sentía cómoda mostrándose tan expuesta delante de un hombre, el cual además parecía impasible a su desnudez, pero quería demostrarle que no tenía nada de qué avergonzarse.
- No tengas vergüenza conmigo, Daryl.
Sus miradas coincidieron, y Daryl encontró en sus ojos comprensión y ternura. Sabía que ella le conocía demasiado y era consciente de sus inseguridades por mucho que él las quisiera esconder. Por un instante quiso hacer desaparecer esa vergüenza por su cuerpo, pero supo que era inútil. Las pequeñas manos de ella fueron hacia su camisa negra interior, empezando a desabrochar los botones que él ya había abrochado; y él dirigió las suyas sobre éstas en un intento de detenerla.
- ¿Confías en mí? – preguntó Carol mirándole profundamente a los ojos, con la esperanza que la respuesta fuera positiva, ya que en el caso contrario sería la confianza de ella la que se vendría abajo. Lo escuchó respirar fuertemente antes de asentir, aunque con un toque de indecisión - ¿Puedo? – inquirió. Daryl miró su mano que se posaba sobre su pecho durante unos segundos para mirar de nuevo a sus ojos volviendo a asentir.
Sin apartar la mirada de sus ojos azules intensos, dejó que sus dedos siguieran desabrochándole la camisa con suavidad y lentitud, observando cómo sus ojos se oscurecían a medida que dejaba su torso a la vista. La respiración de él se aceleró cuando ella dejó caer la prenda al suelo, y entonces bajó su mirada hacia su tórax para verle. Carol escuchó la respiración nerviosa de él acelerarse cuando tocó su pecho, pero intuía que esta vez no era por un sentimiento sexual. Los miedos de Daryl estaban apoderándose de él. Las manos de ella eran delicadas y suaves, su mirada iba desde su cuerpo a sus ojos, observándole detenidamente para asegurarse que su contacto no seguía haciéndole sentir violento. Bajo su toque lo sintió relajarse levemente y aunque en sus ojos vio confusión e incomprensión por lo que estaba haciendo, vio en el reflejo de ellos que la vergüenza y la incomodidad iban desapareciendo.
- Eres hermoso, Daryl.
Los ojos de él le miraron inquietos sin llegar a creerse las palabras que le estaba dedicando. Nadie antes había considerado que su cuerpo era digno de admirar, más bien todo lo contrario, aunque parecía que Carol sí opinaba así. Pero a pesar de su halago, le costaba aceptarlo.
Carol se inclinó hacia él besando el torso desnudo de él, antes de levantar la mirada hacia sus ojos que le observaban confusos. La calidez en los de la mujer hizo que Daryl empezara a aceptar esas caricias con naturalidad.
- ¿Puedo verte? – inquirió de nuevo, pidiéndole en esta ocasión que se girara para verle la espalda donde estaban la gran mayoría de las marcas de su pasado, y que era la zona más vulnerable para él. El rostro de Daryl se tensó y al verlo, Carol lo rodeó con sus manos enmarcándolo con suavidad para unir sus labios con ternura a los de él. Por un momento, temió que se negara y se fuera, pero entonces empezó a girarse con lentitud, aunque a juzgar por su expresión, parecía sentirse algo estúpido.
Sentía la intensa mirada de Carol en sus cicatrices, que le hacían sentirse tan vulnerable y tan mal al recordar la historia que había tras esas dolorosas marcas. Todas ellas contaban un relato oscuro de su vida y todas hechas por el odio de su padre. Era el recuerdo de éstas lo que más le lastimaba. Le causaba vergüenza que esas marcas representaran su pasado de un niño débil y vulnerable. Por un instante quiso huir de esa situación, vestirse y alejarse de ella, para alejar de él ese sentimiento de vulnerabilidad que sentía, pero entonces ella habló.
– Tu padre era quien debía sentirse avergonzado… no tú. No tienes nada de lo que avergonzarte – Él giró levemente su cabeza al escucharle hablar, sorprendido por su frase. E inexplicablemente, sus palabras habían disminuido la sensación de querer huir.
Carol contempló las marcas que yacían en su cuerpo quedando patente el dolor, que al igual que ella, había pasado. Tocó su espalda repasando su marca que la atravesaba por entero. Aunque lo vio dar un respingo, decidió acercarse a él, rodeando sus brazos por su cintura, abrazándole y sintiendo su cuerpo contra el suyo, dejando caer su cabeza contra él, cerrando los ojos y disfrutando de ese contacto. En ese momento, sintió como las manos de Daryl fueron hacia atrás como si buscaran más contacto con ella. Carol besó su espalda lentamente, mientras las manos de Daryl se quedaron en sus muslos inquieto e indeciso por sus caricias. Pronto él se giró, manteniendo su abrazo.
Él pasó sus manos por su cuerpo desnudo notando las cicatrices que también tenía, al igual que él. A diferencia de los otros dos días en los que ambos habían estado desnudos uno enfrente del otro, la pasión les había nublado y habían sido incapaces de apreciar y admirar al otro detenidamente; pero ahora a pesar de la creciente pasión que poco a poco iba en aumento, aquellos roces tiernos y delicados les permitían explorar los rincones y los secretos más profundos de ambos cuerpos. Sus miradas volvieron a coincidir y Daryl no supo definir lo que vio en ellos. Amor, cariño, comprensión… Se dejaron llevar por los besos, las caricias y la ternura volviendo a suceder de nuevo, él volvió a entrar en ella.
Cuando todo volvió a la calma, se percataron que el silencio inundaba también la casa, Carol se aventuró a suponer que todos se habían ido a sus trabajos habituales, aprovechando la soledad del hogar para salir de la habitación sin miradas indiscretas.
Nervioso, Daryl se paseaba de un lado a otro observando a través de la ventana de Deanna, cómo Rick y ella entablaban conversación. Sabía que ambos se habían percatado de su presencia a las afueras de la casa, pero no le importaba. Necesitaba saber qué iban a decidir respecto a Carol. Finalmente, algunos minutos más tarde, la reunión finalizó y Rick traspasó el umbral de la casa clavando su la mirada en Daryl. Juntos bajaron las escaleras hasta alejarse de la casa, y entonces, el Sheriff empezó a contarle la situación en la que se encontraba Carol.
- Deanna no nos lo pondrá fácil: su idea inicial era echarla sin más, pero al final ha aceptado hacer una votación entre el pueblo de Alejandría – El rostro de Daryl mostró desacuerdo, bufando visiblemente enfadado.
- Y si sale que sí, ¿qué? – Rick reflexionó antes de hablar.
- Entonces tendremos que ir por las malas – sentenció el Sheriff y Daryl negó con la cabeza.
- No me gusta.
- A mí tampoco… pero – el sheriff buscó el contacto visual con él directamente - no voy a permitir que echen a Carol de Alejandría – dijo con contundencia al mismo tiempo que Daryl esbozaba un gesto afirmativo, fijando la mirada en sus ojos.
- ¿Cuándo se hará la votación?
- Mañana – Respondió Rick.
- Retrasaré la salida – El Sheriff asintió recordando que Deanna quería que tanto Aaron y Daryl visitaran un lugar potencialmente peligroso en el mapa.
- Está bien, le diré a Deanna que faltan provisiones y que no os podréis ir mañana, pero está muy interesada que vayáis a esa salida. Cree que allí podría haber algunas respuestas sobre los lobos.
- Buff, es un lugar como otro cualquiera, no entiendo por qué mierda insiste tanto.
- Si su intuición es buena y os encontráis con que es el refugio de los lobos, sería nuestra oportunidad de atacarles, antes que ellos encuentren Alejandría primero. Entiendo que quieras quedarte, pero esa misión puede ser importante para todos – Daryl se mostró muy disconforme, quería quedarse y saber qué iba a pasar con Carol - Daryl – se acercó a él, buscando sus ojos - ¿Confías en mí? – Daryl le observó fijamente. Por unos instantes se miraron entre sí, hasta que él arquero asintió levemente – Te prometo que no voy a permitir que echen a Carol de Alejandría – repitió de nuevo.
- No creo que pase nada por un día más – Rick asintió para finalmente asegurarle que hablaría con Deanna para volver a planear otro día para la salida.
Necesitaba el cinco de corazones. Repasó las cartas una por una buscando la carta que le permitiera terminar la partida. Tras estudiar sus posibilidades, Carol soltó una maldición dándose por vencida. Recogió las cartas para volverlas a repartir de nuevo en una nueva partida del Solitario.
Aquel día, tras desayunar había decidido quedarse en la vivienda en vez de ir casa por casa. Había encontrado en las cartas una buena distracción que le ayudaba a dejar la mente en blanco y le ayudaba a eludir sus responsabilidades. Desde que se había despertado aquella mañana con Daryl a su lado, lo único que había querido hacer era olvidarse de las responsabilidades que esa comunidad le exigía. Incluso de la mayor de todas: conocer a los habitantes de la comunidad para mantener a salvo al grupo en el caso que fuera necesario. Pero tras todo ese tiempo, se había percatado que exceptuando Pete – quien sí era un elemento de conflicto – y seguramente Nicholas, los demás alejandrinos no supondrían un problema para ellos. El único impedimento era que eran demasiado débiles y probablemente si algún día Alejandría fuera atacada, tendrían un problema de seguridad.
Y era lo que debían modificar de aquel lugar si pretendían quedarse. Al principio Carol no había considerado aquella comunidad como un lugar para quedarse durante una larga temporada, pero Judith y Carl, e incluso algunos de su grupo necesitaban cierta estabilidad para recobrar la esperanza y la fe que habían perdido. En el fondo de su ser sabía que ella también necesitaba esa estabilidad – recuperar su fe - pero la sensación de peligro aún formaba parte de su vida, y su desconfianza y la necesidad de permanecer alerta habían amenazado su permanencia en la comunidad. Era la segunda vez que se encontraba en una coyuntura similar y no tenía miedo a enfrentarse a esa posibilidad. Por supuesto, le rompería el corazón tener que abandonar de nuevo a Daryl y a todo su grupo, pero si eso era lo mejor para todos, no tendría más opción que irse... Pero esperaba que finalmente no tuviera que verse de nuevo en esa tesitura y confió en que Rick pudiera convencer a Deanna.
Dejó la mente en blanco al volver a centrarse en las cartas, hasta que un movimiento extraño llamó su atención por la ventana. Vio a Glenn con una bandeja vacía volviendo a su hogar, seguramente era la bandeja de Tyler y Erika que seguirían retenidos hasta que decidieran qué hacer con ellos también.
Los recuerdos del día anterior aparecieron en su mente: Tyler, su primer amor de la adolescencia, a quien había dejado por Ed, había aparecido junto a su hija en la valla de Alejandría con la señal de los Lobos en su cabeza. Aquello había creado un remolino de sentimientos inesperados en ella. Ver a Tyler fue como si su pasado resurgiera de nuevo en su vida: la culpabilidad de seguir con Ed a pesar de que Tyler le ofreció una vida mejor a su lado y que ella rechazó, la abatió fuertemente... aún tenía demasiados remordimientos por eso.
Estamos dando por válida la palabra de una mujer que dejaba que su marido le pegara por su cobardía…
Las palabras de Deanna retumbaban intensamente en su mente desde que ésta las había pronunciado. No era la primera vez que pensaba de sí misma que era una cobarde, muchas veces durante su matrimonio así lo había creído: las innumerables ocasiones que Ed la golpeaba sin que ella opusiera resistencia o las veces que había vuelto con él, con la excusa de que aún podía cambiar.
Por ello, aquel día no quería la compañía de nadie, demasiados sentimientos y remolinos a los que debía afrontar, aunque no le habría importado si la compañía hubiese sido la de Daryl. Sus mejillas se sonrojaron al pensar en lo que había sucedido esa madrugada, por lo satisfactorio que había sido, a pesar de ser su primera vez juntos. La realidad era que aún le sorprendía lo que estaba pasando entre ellos, y le sorprendía aún más que ella pudiera tener una relación con alguien a esas alturas, por no decir con alguien como Daryl. Era lo único que conseguía sacarle de una sonrisa en ese instante y lo único que podía hacerle olvidar todo lo malo que ocurría a su alrededor. Probablemente su relación estaba sirviendo en esos momentos como una vía de escape.
Tras colocar un ocho de picas tras un nueve de corazones, escuchó la puerta abrirse, lo que le obligó a levantar la vista viendo a Daryl entrar malhumorado y más sucio de lo habitual.
- ¿Pero qué te ha pasado? – Dejó las cartas sobre la barra americana acercándose a él, quien había parado sus pasos al escuchar su pregunta.
- Me he caído de la moto – contestó agriamente –, y se ha roto…
- ¡Oh, Dios mío! ¿Estás bien? – Carol repasó con la mirada a Daryl viendo que la parte derecha de su cuerpo estaba más sucio de lo habitual, pero no parecía tener ninguna herida evidente.
- ¡Estoy bien! – Comenzó a caminar nervioso por la sala de estar intentando serenar su mal humor; para ello había ido en busca de Carol, con la intención de que su compañía le calmara los nervios.
- Ve a darte una ducha y te limpiaré la ropa – le dijo pero lejos de hacerle caso, él viró los ojos al cielo – Daryl, estás cubierto de barro.
- Mmm – asintió, aunque ella le conocía demasiado bien para saber que no iba a escucharla.
- Oh, ¡venga ya! Es que voy a tener que arrastrarte a la ducha – dijo con diversión Carol.
- Pff, ¡para!
- Daryl, no puedes ir así por ahí.
Él no pronunció ninguna palabra más, pero se dirigió hacia el cuarto de baño. Carol pensó que había ganado la discusión y que el arquero se metería en la ducha, de modo que volvió a concentrarse en el juego de cartas. Pero nada más lejos de la realidad, ya que a los pocos minutos, lo vio salir del baño casi igual de sucio que antes. Carol entrecerró los ojos mirándole cómo se sentaba en el sofá sin importarle que estuviera manchando todo. Y en ese momento, tuvo una idea.
- ¿Sabes jugar al Póker? – La cabeza de Daryl se giró rápidamente sin entender la pregunta de Carol. En sus manos sujetaban las cartas al mismo tiempo que su rostro mostraba una sonrisa pícara y nada inocente. Supo enseguida que estaba tramando algo.
- ¿Qué? ¿De qué mierda hablas? - farfulló visiblemente confundido por el cambio de conversación.
- Pregunto que si sabes jugar al Póker – repitió con calma observándole con una mirada traviesa como se acercaba a barra americana. Daryl miró las cartas de nuevo y a ella, antes de asentir con la cabeza - Te reto a una partida – Las cejas de él se levantaron con incredulidad al no comprender - Si gano, harás caso a lo que te diga sin rechistar y te meterás en la ducha.
- Buff, ¡venga ya! – Contestó cansado.
- ¿Tienes miedo de perder contra mí, Pookie? – provocó Carol moviendo las cartas entre sus manos barajándolas.
- Buff – soltó Daryl negando con la cabeza pero con una leve sonrisa en su rostro. Se sentía tentado por la proposición de jugar aunque si perdía tendría que darse una ducha - ¿Y si gano yo? – Carol no había pensado en esa posibilidad porque su intención era no perder y que se duchara, aunque tenía pensado algo más que eso.
- Haré lo que tú quieras sin rechistar y no hará falta que te duches, si no quieres claro -Él frunció el ceño sin entender su contestación ni el tono sugerente de su voz al pronunciar esas palabras y Carol se apresuró a aclarar – Ya sabes, quizá me tenga que duchar yo.
Las manos de Carol se fueron a su blusa desabrochando el primer botón de la camisa a sabiendas que su sujetador se mostraba ante él sin pudor. Los ojos de Daryl siguieron sus manos mientras las mejillas de ella se encendieron y entonces el arquero entendió perfectamente su juego. No se trataba de un juego inocente donde ella quería simplemente que se duchara. No había nada inocente tras esa proposición y hasta entonces no había captado sus intenciones.
- Reparte – sentenció finalmente con un movimiento de cabeza hacia Carol, y ésta no pudo evitar soltar una sonrisita al ver que había conseguido que Daryl entrara en el juego.
Carol repartía las cartas con diversión, casi como si aquel pequeño momento le proporcionara libertad. Había aguantado demasiadas pérdidas e incluso se había convencido de que no merecía ser feliz. Se había mantenido en guardia, creando un papel de mujer excepcional… pero ya no podía más. Algo en su interior le pedía divertirse y disfrutar. Necesitaba ser otra vez esa Carol que se burlaba de Daryl con motes cariñosos y con intenciones nada inocentes. Una parte racional de su mente la tildaba de irresponsable y de estar dejándose llevar por ilusiones, pero otra parte irracional le pedía diversión. Ya había sufrido demasiado. Y pensaba aprovechar esos pequeños momentos junto a Daryl para disfrutar y por qué no, ser feliz.
Daryl se sentó enfrente de ella con la mirada fija en sus manos que empezaban a barajar las cartas. Carol empezó a repartir las cartas y empezaron a jugar. Ambos hacía mucho que no jugaban: Daryl en ocasiones había jugado en partidas ilegales donde siempre acababa muy mal y perdiendo el dinero; y Carol, por su parte, había jugado con su padre en su adolescencia – él era un aficionado a los juegos de cartas – y ella había sido una gran jugadora y esperaba que aún retuviera esos trucos de aquella época. Necesitaba ganar a Daryl.
Ambos se metieron en la partida, apostaban con judías, jugaron dos partidas en las que ganaron una cada uno. Y quedaba la partida del desempate. Tras apostar, Daryl presentó sus cartas con una escalera de color, mirando a Carol casi con superioridad como si estuviera seguro de que había ganado. Pero la sonrisa de ella le dio mala espina, y entonces enseñó sus cartas, una escalera Real, dándole la victoria a ella.
- Oh, mierda – farfulló Daryl derrotado, Carol le miraba con una sonrisa de satisfacción al saber que había conseguido lo que quería.
- A la ducha – sentenció con diversión, como si estuviera dando aquella orden a un niño pequeño y particularmente obstinado.
- Esto no acabará así – Daryl era un mal perdedor y haber perdido con Carol no le hacía nada de gracia, pero esperaba poder tener la oportunidad de ganarle de nuevo.
- Estaré encantada de volver a jugar contra ti.
Con bastante fastidio, él se dirigió al baño cumpliendo con la parte de la apuesta. Bufando y con cara de pocos amigos se encerró en él y empezó a quitarse la ropa dejando las prendas esparcidas por el suelo, al mismo tiempo que dejaba correr el agua fría esperando que estuviera lo suficientemente caliente para adentrarse en el ducha.
Su cuerpo fue empapado por el líquido transparente dejando sus cabellos pegados a su rostro. No tenía intención de quedarse demasiado tiempo bajo el agua. Pero cuando dio por finalizada su sesión de ducha, Carol se adentró en el baño sujetando algunas prendas en la mano. A través del cristal, Daryl la observó moverse en el baño dejando la ropa encima de un taburete.
- No pensarás que ibas disfrutar de la ducha tú solo.
Las palabras de Carol hicieron que Daryl le observara con intensidad desde su posición, viendo como las prendas iban cayendo de su cuerpo. A través de la mampara transparente, ambos se admiraron el uno al otro, ella se desnudaba sabiendo que sus ojos no se apartaban de ella. Empezó a quitarse la ropa con lentitud sabiendo que él no quitaba su mirada de ella, la camisa cayó al suelo dejando a la vista la ropa interior de color rosado. Daryl empezaba a estar cada vez más ansioso al ver que ella cada vez tenía menos ropa. Y casi gruñó desesperado que se despojara de la ropa. Carol se sintió más poderosa que nunca mientras se despojaba de la ropa interior, quedándose desnuda. La mujer admiró el cuerpo masculino donde a causa del poco vapor podía verle a la perfección, en especial su excitación que le indicaba cuánto la deseaba. A ella. Ese detalle la enardeció también, y no tardó mucho en notar una cálida humedad entre sus piernas.
A pesar de la excitación, Carol se adentró nerviosa en el interior de la ducha. Mientras se acercaba, Daryl la contempló con intensidad, especialmente sus pechos erguidos. En el momento en que estuvieron casi pegados el uno al otro sus manos fueron en busca de su cuerpo acercándole aún más, amoldándose al suyo, mientras la humedad de sus cuerpos hizo que la excitación fuera en incremento. Sus bocas se encontraron rápidamente, y Daryl le mordió el labio con vehemencia.
La fuerza del beso impulsó a ambos a dar un paso hacia atrás y en esta ocasión, Carol quedó bajo el chorro de agua. Tuvieron que separarse cuando les faltó el aire. Daryl llevó sus labios hacia su cuello, chupando y lamiendo la piel mojada. Las manos de Daryl se movían por el cuerpo de Carol especialmente en las partes sensibles, y ella apretaba en un puño sus cabellos al mismo tiempo que él se dedicaba a besar su clavícula.
- Espera – lo detuvo ella cuando intuyó que estaba entrando en el punto de no retorno – recuerda que tenemos que ducharte primero.
- Esto es más interesante – masculló Daryl provocando una carcajada de ella.
- Lo sé, pero primero la ducha.
Daryl tuvo que aguantar que le enjabonara el cabello, durante más tiempo de lo que esperaba, ya que sus cabellos estaban llenos de barro. Él protestaba de vez en cuando, pero ella se reía por su interés de querer obviar la parte higiénica e ir a lo interesante, como él lo había llamado. Carol empezó por su pecho siguiendo por sus piernas y él no podía evitar ponerse nervioso cada vez que sus manos le acariciaban. E inevitablemente, ella no podía evitar mirar hacia abajo a su miembro que se mostraba cada vez más excitado a cada roce, sobre todo cuando ella se acercaba a su entrepierna, aunque intentaba en lo posible evitar rozarla.
Carol le obligó a girarse hacia la pared, sabiendo que aquélla era la parte de su cuerpo más conflictiva, notando a Daryl tensarse bajo su tacto. Aprovechó para acariciarle la espalda con suavidad intentando que se relajara.
- No voy a hacerte daño. Lo sabes, ¿verdad? – susurró besando la nuca de Daryl haciendo que se estremeciera por ese beso.
Aquella mañana, Daryl se había percatado de la confianza que eso suponía y a pesar de la sensación y la experiencia satisfactoria todavía le costaba mostrarse de esa manera, por mucho que supiera que ella jamás le haría daño. Cuando terminó de enjabonarle, ella se abrazó a él dejando su cuerpo pegado al suyo resbaladizo y acariciando su estómago desde su posición. Sus manos bajaron hasta rodear su miembro que ya estaba bastante erguido, esparciendo el jabón pero aprovechando el movimiento para empezarlo a acariciarlo delicadamente.
Daryl gimió por su contacto mientras observaba desde su posición la mano de ella tocándole a su antojo, y dejó caer la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados.
- ¿Te… te gusta? – preguntó Carol dándole un beso en su hombro mojado al mismo tiempo que seguía acariciando su virilidad y Daryl le respondió con un jadeo cuando ella aceleró los movimientos de su mano. Carol no pudo evitar sonreír por sus gemidos ahogados.
- Para - En esta ocasión Carol entendió que sus palabras no era un intento de parar sus burlas como era habitual en ella, sino una súplica de que detuviera sus caricias. Se mordió el labio y sus manos se separaron de su miembro, subiéndolas por su estómago esparciendo el jabón con suavidad.
Carol se separó un poco, permitiendo que Daryl se girara atrayéndola hacia él y haciendo que sus cuerpos desnudos se rozaran entre sí con el agua cayendo sobre ellos, sus lenguas acariciándose e invadiendo la boca del otro, mezclándose con el agua y la saliva. Las manos de él repasaron su espalda hasta su trasero donde empezó a amasar y a acariciar sus nalgas, y ella se estremeció cuando aquellos grandes dedos palparon ese punto de su intimidad que le creó un placer irresistible en la unión entre sus piernas. Daryl no tuvo compasión cuando sus dedos se adentraron en su intimidad y empezó a moverlos con rapidez haciéndole jadear contra sus labios. Los besos del arquero bajaron por su cuello hasta sus pechos, rodeando con su boca uno de sus erguidos pezones, mientras sus manos seguían trabajando en su interior y ella gemía aferrándose a su pelo empapado. Dos de sus dedos ahondaron en su interior haciéndole gemir más y más fuerte, hasta que ella se quedó débil contra él. Carol se aferró a él y le mordió el lóbulo de la oreja, antes de susurrarle que había traído un preservativo y que lo había dejado fuera. En pocos segundos, Daryl salió de la ducha para encontrar el preservativo, ponérselo y volver a entrar con la protección puesta.
- Leí en el libro… una postura que… si quieres… podríamos intentar...
Daryl asintió con la boca entreabierta, aceptando la propuesta de Carol. Aunque en realidad según su apuesta, él debía hacer lo que ella dijese sin protestar, pero aun así parecía que le pedía permiso. Él no se opuso a sus indicaciones y nada más explicarle con palabras temblorosas lo que quería hacer, la ayudó a subirse en sus caderas con su espalda contra la pared, mientras él comenzaba a adentrarse en ella.
Los movimientos fueron lentos al inicio adaptándose a la posición que ninguno de los dos había experimentado previamente. Ambos intentaron acelerar los movimientos, sobre todo Carol quien se movía sobre él agarrándose en su cuello. Pero lo cierto es que era una posición algo incómoda para ambos, a pesar de que la disfrutaban, Carol propuso cambiar de postura al poco tiempo, que también había sido sacada del libro que estaba leyendo. Carol de pie contra la pared y dándole la espalda a Daryl, pero completamente pegada a su torso, mientras él la penetraba por detrás. Aquella postura les proporcionaba muchísima proximidad de manera que se podían besar, acariciar sin temor al mismo tiempo que él seguía moviéndose dentro de ella.
- ¿Esto también lo has leído en el Kama Sutra ése? – Le preguntó Daryl entre jadeos besando su cuello, y ella giró el rostro mirando sus ojos azules, asintiendo - Necesito leer… ese jodido libro – Carol se rió por su comentario.
Los movimientos de ambos se aceleraron, las manos de Daryl se aferraban a su cintura fuertemente, chocando sus caderas contra las suyas. Carol dejó caer su cabeza hacia atrás contra su hombro gimiendo fuertemente, al mismo tiempo que sus manos se apoyaban contra la pared. Las manos del arquero subieron a sus pechos amasándolos, acariciando sus pezones con sus dedos tirando un poco de ellos.
Ella buscó su mano posándola encima de la suya y llevándola a su intimidad y él entendió el mensaje, de modo que empezó a acariciar con destreza aquel punto tan sensible, haciendo que Carol llegara al clímax con vehemencia. Daryl no tardó en seguirle.
Para Carol llevar las riendas era extraño porque siempre había sido al revés, pero era tan liberador. Aún recordaba cuando los primeros contactos sexuales con Ed, ella intentaba ser más abierta sexualmente y buscaba nuevas formas de satisfacerse, pero él le había llamado cosas nada agradables que le habían dejado claro que el sexo sólo sería como Ed Peletier quisiera. Es decir, siempre era lo mismo e igual de insatisfactorio. Pero durante el sexo con Daryl, había descubierto sensaciones que no sabía que existieran.
Minutos después, salieron de la ducha totalmente satisfechos, secando los restos de humedad de ambos cuerpos. Daryl dejó su toalla alrededor de su cadera, sujetándola con un nudo empezando a coger la ropa que estaba esparcida en el suelo.
- Ni hablar, te he traído ropa limpia – Carol señaló las prendas dobladas: una camisa de tirantes verde y unos pantalones oscuros. Él bufó con fastidio – Eh, es casi la misma ropa que llevabas cuando te conocí – Daryl miró la ropa de nuevo y se dio cuenta de que era verdad - Sólo será un día, mañana tendrás tu ropa de siempre otra vez.
- Pff…
- No te quejes, al final eso de la ducha no ha sido tan duro – murmuró Carol abrazándole por su costado dejando caer su rostro por su hombro, con una sonrisa de satisfacción mientras él se dejaba abrazar, mientras él bufó cansado - No sé por qué te molesta tanto ducharte. Casi te tengo que arrastrar como a un niño pequeño que no quiere meterse en la ducha – Ella sonrió pero en ese instante, notó a Daryl ponerse rígido bajo su cuerpo y a través del espejo vio cómo su rostro relajado se transformó a uno tenso.
- ¿Qué pasa, Daryl? ¿He dicho algo que…? – Empezó a preguntar intentando mirar sus ojos, pero él la evitó separándose de ella – Daryl.
- Mi padre nos obligaba a ducharnos… con agua helada. Odiaba cada vez que… pero si no lo hacía… - Sus palabras se quebraron.
A pesar de que ella era la persona con más confianza que tenía del grupo, Daryl jamás hablaba de su pasado, en especial de su padre. Y por ello su confesión dejó a Carol sin palabras, además de la dureza de lo que contaba. Sabía que su infancia había sido dura, muy dura; pero escucharlo de su propia voz, y sentir el dolor que emanaba de ella era aún más doloroso. Sintió sus ojos llenarse de lágrimas por la tristeza, por sentir el dolor que él sentía. Volvió a acercarse a él, enmarcándole su rostro para acercarlo al suyo, con suavidad, le besó en la mejilla.
– Si quieres puedes ducharte conmigo, así será más fácil para ti – Propuso Carol haciendo sonreír levemente a Daryl.
Tras ello, ambos se empezaron a vestir, aunque Carol fue la primera en salir de allí con la ropa sucia de ambos en las manos.
- Por fin te encuentro – Escuchó una voz tras de ella al final del pasillo - ¿Dónde te habías metido? – Carol se giró hacia el sheriff, que estaba sentado en la barra americana. Daba la sensación que llevaba un buen rato esperando.
- Rick… he estado toda la mañana en casa, no me he movido de aquí… - A pesar de que intentó aparentar normalidad, su voz vaciló levemente al comprender que no sabía cuánto tiempo llevaba en la sala esperando y aunque era improbable que hubiera escuchado lo que sucedía en el baño no pudo evitar ponerse nerviosa. Además, sujetaba la ropa de Daryl que pretendía llevar al lavadero y el arquero seguía en el interior del cuarto de baño. Rick incrédulo, entrecerró los ojos.
- Nadie te ha visto ni en el desayuno ni por Alejandría durante toda la mañana.
- Necesitaba salir de aquí – mintió con seguridad – Estuve por los alrededores apenas una hora y volví.
- Sabes que no deberías salir fuera – Le regañó Rick con serenidad aunque bastante extrañado de que le hubiera mentido cuando había afirmado que no había salido de casa –, después de lo sucedido con los lobos.
- Lo sé, no volverá a ocurrir – contestó manteniendo la mentira y caminando hacia el salón para alejarse de la puerta del baño, aunque antes hizo una parada en el lavadero dejando la ropa de Daryl en el cubo de la ropa sucia.
- He hablado con Deanna – Carol le observó cuando él empezó a explicarle lo sucedido en su reunión con la alejandrina, en un momento determinado, vio por el rabillo del ojo cómo Daryl salía del baño a paso rápido, pero al ver a Rick allí se quedó parado - ¿Daryl? ¿Qué haces… aquí?
- Joder, es que no puedo ducharme sin hacer un puto informe – Contestó éste agresivamente, antes de pasar por el lado y salir de la casa. Carol había esperado que Daryl hubiera escuchado su voz y que se esperara a que Rick se fuera para salir pero al parecer, no se había percatado de ello. Rick y Carol intercambiaron las miradas cuando Daryl salió de la casa aún visiblemente alterado.
- Odia ducharse – explicó Carol a Rick, intentando mostrarse lo más normal posible, aun sabiendo que Rick les había visto salir a ambos del baño con apenas 5 minutos de diferencia.
- Ya veo – Inclinó la cabeza.
- Entonces, respecto a la situación con Deanna, ¿qué posibilidades hay? – preguntó ella queriendo volver a centrar la conversación en la reunión entre el Sheriff y la alejandrina.
- No existen posibilidades, Carol. Si por lo que sea la votación de mañana sale que no dejan que te quedes, iremos por las malas – Ella asintió con la cabeza aunque no estaba demasiado convencida – Pero ojalá no tengamos que hacerlo, debemos intentar que esto funcione y si entramos en guerra no ayudará en nada.
- Sé que este lugar no es perfecto, pero entiendo que los demás quieran quedarse. Y sobre todo tú, por Judith y Carl.
- Me cuesta hacerme a la idea que este sitio sea nuestro hogar, un lugar seguro – confesó Rick – Pero a pesar de lo sucedido con Pete y Reg, puede serlo. Quiero luchar por este sitio.
- Han de cambiar algunos hábitos, Rick. Si este sitio es atacado, casi todos morirán.
- Lo sé, pero ocurría lo mismo en la prisión: la gran mayoría de la gente de Woodbury no sabía enfrentarse contra los caminantes.
- Debemos enseñarles, Rick. Los niños tienen que aprender a defenderse- Rick asintió levemente recordando que ella era quien les enseñaba a eso.
- Creo que si ahora planteamos eso a Deanna, nos echaría a todos – soltó con ironía.
- Parece bastante inflexible en sus pensamientos y decisiones – señaló Carol - ¿Qué pasa con Tyler y su hija?
- Tanto Deanna como yo estamos de acuerdo que no podemos dejar a una niña vagando por ahí, se queda. ¿Te parece bien? – Carol asintió levemente - aunque hemos propuesto vigilarle de todas formas: ambos coincidimos que debemos hacerlo por precaución. Espero que lo entiendas, yo me fío de tus palabras, pero Deanna...
- Lo entiendo y me parece bien.
- Iba a decírselo yo a Tyler, pero si quieres puedes comentárselo tú misma.
- Yo se lo comunicaré – El sheriff dio por finalizada la conversación, se quedó mirándole fijamente como intentando explicarse algo pero de pronto, miró hacia algún lugar por detrás de ella y sus ojos se ampliaron reparando en algo de lo que hasta ese momento no se había percatado - ¿Te pasa algo, Rick?
- Emm no, nada; sólo que… nada, una tontería – negó con la cabeza mientras se dirigía hacia la puerta traspasando el umbral de la casa. Parecía algo aturdido, como si hubiera descubierto algo muy impactante.
Minutos después Carol supo qué era lo que acababa de revelarse ante sus ojos. Un envoltorio de un preservativo abierto estaba en medio del pasillo, seguramente cuando había recogido el montón de ropa sucia, el envoltorio había quedado entre las prendas y éste se habría caído; y por desgracia, Rick había permanecido sentado a escasos metros de donde estaba.
Caminó por las calles de Alejandría hacia la casa donde Tyler y su hija estaban 'retenidos' y a partir de ese día sería la suya. Desde la lejanía vio a Glenn en la puerta, pues era el vigilante ese día. Carol se acercó a él asegurándole que ella se quedaría con ellos. Tras subir las cuatro escaleras, llamó a la puerta y esperó a que le dieran el permiso para entrar.
Padre e hija se encontraban en el sofá, leyendo un cuento infantil. Las miradas de ambos se centraron en ella, y Carol pudo ver un atisbo de temor en los ojos de la pequeña. Ella le sonrió queriendo transmitirle confianza y entonces, su expresión cambió a confianza y también esperanza. Carol se sorprendió de que una niña que había vivido en ese mundo tan cruel durante los años anteriores no tuviera ni una pizca de dureza en su mirada. Tampoco lo encontraba en la de Sam, pero él no había presenciado lo que Erika había visto tras los muros.
- Hola, perdona que os moleste pero tengo buenas noticias – explicó con una sonrisa - Han decidido que os podéis quedar.
- ¿De verdad? – La mirada de la niña se iluminó y Carol sintió un afecto inmediato por ella, aunque en el fondo sabía que podría ser un elemento más de dolor en su vida.
- De verdad – respondió, y Erika se levantó y se acercó a ella dándole un pequeño abrazo, haciendo que su corazón volviera a encogerse. ¿Cómo podía ser que siguiera conservando esa inocencia?
- Gracias, señora – Agradeció la pequeña a la mujer quien recibió sus palabras pasando sus manos por su espalda.
- Muchas gracias, Carol – añadió Tyler, observándolas con una sonrisa.
- En realidad, yo no he tenido nada que ver, Rick y Deanna lo han decidido. ¿Queréis ver Alejandría? – propuso ella, a lo que ambos accedieron, sobre todo la pequeña que parecía muy ilusionada por estar en aquella la comunidad.
Minutos más tarde, los dos adultos junto con Erika, paseaban por las amplias calles de Alejandría, y Carol iba indicándole los sitios más característicos de la comunidad. Su paseo les llevó a casa de Jessie. En ese instante, Sam estaba sentado en las escaleras de su casa con una pelota de tenis, tirándola y rebotando para cogerla de nuevo, pero en cuanto los vio aparecer, se levantó rápidamente hacia ellos presentándose a los nuevos vecinos, y le propuso a Erika si quería jugar con él. Ella miró a su padre pidiéndole permiso y este asintió con una sonrisa.
- No te preocupes, estará bien – le aseguró Carol a su amigo de la infancia al verlo inquieto, observando a su hija quien empezaba a jugar con Sam.
-Parece un lugar seguro – comentó el hombre.
- Eso parece. – Tyler asintió rascándose la nuca con impaciencia, y ella recordó que ése era un tic que tenía cada vez que se ponía nervioso – ¿Cómo era vuestro campamento?
- Era muy diferente a esto... En esta ciudad parece que no existan los sin-cerebros, es demasiado idílico – Carol asintió al escuchar sus palabras ya que creía lo mismo –. Aunque... las casas, ¿No te recuerdan a las del barrio residencial de tus padres? – preguntó, haciendo que la mujer inspeccionara las viviendas buscando similitudes. Carol intentó recordar el que un día fue el barrio donde vivió.
- Pues la verdad es que tienes razón, ni siquiera me había fijado – Carol sonrió ampliamente recordando las casas de su vecindad – hacia tanto tiempo que no he ido a ver a mis padres que... casi ni recuerdo como eran – la sonrisa desapareció al recordar que no tenía ningún tipo de relación con sus progenitores desde que se había negado a dejar a Ed.
Tyler asintió recordando la nula relación de Carol con su familia, ya que Ed le había contado que la familia de ella era o quería que estuviera con él. Ahora tras años de diferencia y sabiendo la realidad que se escondía tras el matrimonio de su amigo, podía intuir el por qué y que el trato de Ed hacia ella sería la causa de su distanciamiento.
- Yo la recuerdo perfectamente, me pasaba horas y horas enfrente de tu puerta esperándote cuando quedábamos y me dio tiempo a memorizar toda la estructura de la casa – Carol soltó una carcajada.
- No tardaba tanto – se quejó casi molesta por la insinuación pero con una sonrisa por los recuerdos.
- Oh sí, ya te puedo asegurar que sí – Carol negó con la cabeza sonriendo, centrando la mirada en sus ojos encontrando en ellos mucha melancolía. Se quedaron en silencio cuando esos sentimientos les invadió a ambos – Me encantaría poder volver a atrás, a esa época, aunque eso suponga esperarte horas. Pero solo existíamos tú y yo, Ed no estaba – Carol sintió un nudo en el estómago de arrepentimiento.
- Ty, no... - empezó a decir para que no entrara en ese tema, el cual no le apetecía hablar en ese instante.
- A veces pienso que no... no te he olvidado, Carol – La mujer le miró incrédula ante sus palabras.
- Ha pasado demasiado tiempo – contestó, algo incómoda.
- Ayer me dijiste que fuiste imbécil por no aceptar mi propuesta de irnos juntos. Y ahora que parece que el destino nos ha querido juntar de nuevo, puede ser nuestra última oportunidad de intentarlo – Los ojos de Carol se posaron en los esperanzados de él, y ella volvió a sentirse abrumada por la culpabilidad y remordimientos por hacerle hecho daño– Ed no está, es una oportunidad que Dios nos ha dado – Ella tuvo ganas de preguntarle cómo podía seguir creyendo en Dios después de todo lo que había sucedido en el mundo pero prefirió no entrar en ese debate.
- Ty, me siento muy halagada, pero creo que debemos dejar lo que sucedió entre nosotros en el pasado, tuvimos nuestra oportunidad y la desaprovechamos, la desaproveché. No creas que no me arrepentí por no huir de casa contigo aquella noche, pero... - Enseguida, Carol lamentó las palabras que acababa de pronunciar por ofrecerle falsas esperanzas – lo que pasó, pasó.
- Yo me arrepentí mucho de no obligarte a salir de esa vida aquella noche, cada vez que pensaba que lo tenía delante de mis narices y no lo supe ver: tus dos abortos, las veces que no querías verme cuando iba a tu casa y fui tan tonto de no darme cuenta Los dos nos merecemos esta oportunidad. Dime que no tienes curiosidad por saber cómo hubiera sido lo nuestro – A pesar del dolor que suponía su recuerdo de su pasado, ella sonrió levemente por su última frase. Por supuesto que la había tenido, pero siempre había sido demasiado cobarde o demasiado ilusa al creer que Ed aún podía cambiar.
Estaba tan metida en su conversación con Tyler que no se percató de que Daryl salía del garaje de Aaron y estaba a escasos metros de ellos, acercándose a pasos rápidos aunque deteniéndose un poco al pasar por detrás de Tyler. En ese instante, las miradas de Carol y Daryl se encontraron y ella vio celos e incluso rabia en la de él. Tyler al darse cuenta de que los ojos de ella se clavaban en alguien por detrás de él, giró el rostro curioso queriendo saber quién la estaba distrayendo de la conversación, y pudo ver a un hombre con una la ballesta en sus hombros, apariencia agresiva y mirada poco amigable, que parecía tener bastante interés en lo que ellos estaban hablando.
- Oh, ya lo entiendo – Habló Tyler con mordaz decepción. Carol centró su mirada en él sin comprender aquel comentario.
- ¿Qué? ¿Qué entiendes? - Carol había notado el sarcasmo en su voz, un tono que no soportaba.
- Nada, nada, sólo espero que tengas cuidado – suspiró cansado antes de dar media vuelta y empezar a caminar.
- ¿Qué estás insinuando, Tyler? – inquirió molesta alzando un poco la voz para que su antiguo novio le escuchara, pero no obtuvo más que un leve giro de su cabeza ignorándole.
- ¿Está todo bien? – Preguntó Daryl, quien se había puesto a su lado observando al hombre que se marchaba. Carol le miró y asintió – No me fío de él – sentenció el arquero con gravedad.
Bueno, después de mucho tiempo sin publicar aquí está un nuevo capítulo y espero que la espera haya merecido la pena. Como ven, en este capítulo ha habido un poquito de todo: lemmon, ternura, apuestas jijiji. Solo espero que les haya gustado.
A partir del próximo capítulo se complicara más, que les afectara de lleno a nuestra pareja preferida. Y hasta aquí puedo decir jijiji
Quiero agradecer a todas vosotras que dedicáis un poco de vuestro tiempo a leer, votar y comentar en el fic, me anima mucho. Millones gracias. Y en especial quiero agradecer inmensamente a Valdemar por su gran apoyo y por ayudarme con sus sugerencias y correcciones. Infinitas gracias.
Espero poder publicar muy pronto, y espero no tener este lapsus de inspiración que me impidió escribir durante este mes. Nos leemos muy pronto.
San :)
