Konbanwa!!
Otro nuevo capítulo que viene. De nuevo doy las gracias a todos aquellos que me han estado dejando reviews.
Zory, si, tengo un poco de competencia con mini Kudo, pero aún así, espero poder compartir un día si y otro no mini Heiji XDXD Por cierto, el pijo ese de Hakuba ya te lo puedes quedar, lo he hecho salir, porqué me dió pena, el pobre era el único que no podría salir. Por cierto, te dedico este capítulo, en donde salen tus papis XDXD yo tengo mis padres como ellos (no tan exagerado pero más o menos) te aseguro que cada día pasas un motón de lágrimas, pero de risa espero que sea de tu agrado
Y espero también que sea del agrado de todos los lectores.
Se despide
Shihoran
Tengo que dar el aviso de un pequeño erros que cometí. Para los que no se hayan dado cuenta aún. Al escribir el capítulo nueve me fije demasiado en el personaje de Shinichi y subi el capítulo sin que Kaito y Heiji se preocuparan para nada de Aoko y Kazuha. Y terminé el capítulo olvidandome completamente de ese detalle. Una de las lectoras (Naiyara) me hizo fijar en eso en uno de los reviews. Lo más rápido que pude cambié el trozo del capítulo (aunque sigue siendo no demasiado convincente). Para quienes leyeron el capítulo antes del día 10 (supongo que ustedes no se acordarán de ese detalle) les recomiendo que vuelvan a leer la parte en que entran en el almacén abandondo.
Les dejo con el capítulo 10. "Operación: salvar a Ran". Espero que ustedes la salven dejando reviews
Shihoran
- ¿Cómo puede pasar esto
- ¿Cómo puede pasar esto? –oyeron decir a Kazuha.
- ¿Por qué a Ran? –preguntó Aoko.
Las chicas continuaban dejando caer esas lágrimas que tanto dolían.
- No te preocupes, no le pasará nada –dijo Heiji– él no lo permitirá –terminó con una sonrisa.
- Es verdad –añadió Kuroba– Por una sola vez confiemos en ese cabeza de chorlito.
- ¿Cómo que cabeza de chorlito?
- Miyano… –Kuroba forzó una sonrisa al ver a la chica con cara de enfado.
- ¿Qué ocurre? –preguntó Hattori.
- Siento que está sufriendo –dijo ella bajando la cabeza– los dos lo hacen.
- ¿Los dos? –preguntó Kuroba.
La chica afirmó y se giró para ver al inspector Megure como se acercaba a ellos.
- Bien, chicos, vais a contarnos lo que está ocurriendo ahora.
- No lo haremos –dijo una voz detrás de Hattori– por una vez inspector, confíe en que todo se solucionará de una manera u otra.
- Kudo, pero ¿qué dices? –preguntó Kuroba.
- Hay otro encuentro, vámonos, mañana seguiremos con el plan y Vermouth nos vigilará –dijo volviendo a girarse.
- Oye –dijo una voz grave que hizo parar al detective– No voy a permitir que le pase nada a Ran.
- Llevo… –dijo el detective girándose cabizbajo– llevo dos años detrás de ellos… y no he podido hacer nada… solo… solo mirar lo que hacían porque… porque… nadie, nadie me hubiera creído.
- Eso no es cierto, Kudo –le dijo el inspector Megure.
- Si usted supiera las condiciones en las que he estado no diría lo mismo, inspector.
El chico se fue de nuevo a fuera. No sabía lo que ocurría pero no podía estar allí. No quería estar allí. Tan cerca pero sin embargo tan lejos de ella. Kuroba y Hattori se miraron.
- ¿Por qué está así? –preguntó Kazuha.
- ¿Así? –preguntó Mouri.
- Yo también lo estaría –dijo Kuroba– suerte que nosotros solo estuvimos una semana como él.
- Yo me lo pasé en grande, ¿tu no? –le dijo Heiji en voz burleta.
Kuroba hizo una cara extraña.
- Solo recordar lo que nos pasó al medio de la calle me encuentro mal.
- ¿En medio de la calle? –intentó recordar Heiji.
- Sí, ya sabes… –el mago puso una cara en que reflejaba el amor– la nieve nos rodeaba… el beso de estrellas… y eso.
De repente Hattori se puso a toser.
- No me hagas recordar malos momentos, con eso si que iba a matar a Kudo…
- Ya te lo dije que no lo pasé tan bien… –le dijo el ladrón riéndose de su cara– además, esos críos eran insufribles…
- Bueno, dejémonos de cháchara… –dijo Jodie acercándose a ellos– tenemos que continuar pensando un rato en como solucionar el encuentro este… solo para evitar más desastres, digo…
- ¿Y cómo lo vamos a hacer? –preguntó Kuroba– Kudo es quién tiene la mayoría de la información y no creo que esté en condiciones de utilizarla en esos momentos.
- ¿Cómo se le ocurrió soltarle a Ran esas majaderías? –preguntó Heiji de espaldas a la puerta.
- Creo que tú hubieras hecho lo mismo, Hattori –le dijo Kudo entrando de nuevo.
- ¿Qué haces entrando y saliendo tantas veces? –preguntó Kuroba.
- Tengo un mal presentimiento de todo esto –dijo levantando un dedo encima de la puerta– nos están vigilando.
- Menuda cámara –comentó en voz alta Heiji.
- Sí, pero solo sigue mis movimientos, eso es lo peor… fijaos…
Shinichi empezó a moverse por toda la sala y el objetivo de la cámara lo seguía fuera donde fuera.
- Creo que han visto la cámara, Gin.
- Lo sé, Vermouth, el chico hace rato que lo ha descubierto.
Gin estaba mirando lo que parecía una pantalla enorme la cual solo seguía a una sola persona. Sentado en un sofá contemplaba como el detective se movía por todos lados. Vermouth continuaba aún con las manos en los bolsillos mirando con una pequeña sonrisa la pantalla. La puerta de detrás de los dos se abrió y ninguno de los dos tuvo la intención de girarse a mirar a quien entraba.
- La he traído, Gin.
- Bien hecho, Vodka, suéltala.
Vodka tiró al suelo lo que parecía una chica joven de ojos azules. Gin se levantó del sofá y se fue hacia ella sin dejar de mirar la enorme pantalla que se extendía delante de ellos. El rubio cogió a Ran por el pelo y tiró de él para levantarla.
- Me haces daño –se quejó la karateka.
- Siéntate.
Gin la empujó en el sillón y la chica empezó a buscar cualquier salida que hubiera, por mala suerte, la única se encintraba detrás del respaldo del asiento que ocupaba.
- Fíjate bien, Angel. –le dijo Gin señalando a la pantalla.
- Ya lo he visto solo al entrar, no hacía falta que me tiraras del pelo.
- Que lengua que tiene la chica –murmuró Vodka.
Gin sonrió ante tal comentario y cogió la barbilla de la karateka.
- Puede que sería mejor que la paráramos, ¿no? –dijo Gin sonriendo maléficamente.
-Gin, no te pases que… –Vermouth no pudo terminar de decir nada ya que cayó al suelo dormida.
- Bien hecho Vodka –rió el hombre de pelo rubio– ¿Por dónde íbamos?
Los ojos de Ran transmitían miedo, un miedo que nadie podía notar. Gin notó sus temblores asustadizos y eso le hizo hacer la sonrisa mucho más grande mientras se acercaba poco a poco a la muchacha.
El detective del este ya había vuelto a salir de allí, pero esta vez iba acompañado de Shiho, Kuroba, Hattori, Aoko, Akako, Kazuha, Hakuba, Jodie, Akai y Black. El chico notó que algo iba mal. Pero no le hizo caso ya que últimamente solo tenía esa sensación por solo saber en dónde estaba Ran.
- ¿Estás bien, Kudo? –preguntó Hattori quién vio la cara de preocupación de su amigo.
- Sí, ahora tendríamos que volver a la casa y veremos como solucionamos todo.
- Vamos, os llevaremos –dijo Jodie.
- Gracias.
Los chicos se dividieron en tres coches distintos y se retiraron hacia casa del doctor Agasa. Heiji y Kaito que estaban en el mismo coche que Shinichi no hacían más que mirarle. El chico a la segunda mirada que le enviaron prefirió ver el paisaje aunque era peor.
Cuando llegaron en casa del científico, este les estaba esperando en el jardín. Shinichi fue el primero en entrar en la casa y no le dijo nada al científico, cosa que hizo preocuparle mucho más. Heiji y Kaito quienes iban detrás de él suspiraron mientras le veían entrar.
- ¿Qué ha ocurrido? –preguntó el doctor mirando la puerta de su casa.
- Nada anormal, diría yo –le dijo Kuroba.
- ¿Y entonces? –preguntó el doctor Agasa señalando por donde se había ido el detective.
- Por eso mismo. –dijo el mago yendo hacia la puerta.
El doctor no había entendido nada todos le pasaron por el lado saludándole. Mientras Heiji aún estaba plantado en la entrada junto al doctor Agasa. La última en pasar fue Shiho quien se paró al ver que ninguno de los dos reaccionaba aún.
- ¿Qué ocurre? –preguntó mirándolos.
- Nada, nada –dijeron los dos yendo con ella hacia dentro.
Cuando entraron todos estaban asombrados de lo que allí había. Encima de la mesa un montón de hojas que nadie podía saber exactamente lo que eran excepto de la gente que había estado allí des del principio. Kazuha y Aoko miraban a un lado y el otro viendo que la casa era muy pequeña, Shiho se fue directamente al laboratorio encerrándose allí vigilada por la mirada curiosa de Hakuba, Jodie, James y Suichi se sentaron en el sofá recogiendo un poco todo lo que tenían por allí esparcido mientras miraban curiosos a cada uno de los presentes, Heiji y el doctor Agasa se quedaron quietos en la puerta de entrada después de cerrarla mirando la de gente que allí había, Akako miraba a Kaito el cual estaba intentando hablar con Shinichi quien lo ignoraba por completo.
- Kudo, te lo digo en serio, sería mejor que te fueras a la cama a descansar –le dijo su amigo intentando por tercera vez que le mirara a la cara.
Shinichi estaba mirando un pequeño vaso de agua que se había cogido sentado en un taburete.
- Vale, ya me has artado –murmuró Kaito– Shinichi querido, ¿puedes irte a descansar? –dijo con la voz de Ran y poniendo las manos al lado del cuello mientras miraba la nuca de Shinichi con una cara de sentimental.
El detective se giró y le tiró el vaso de agua al mago quien se quejó. Todo el mundo se quedó en silencio mirando al chico mojado y al otro que con una mano apoyada en la frente y la otra con el vaso le miraba con indiferencia.
- ¿Pero qué haces? –se quejó el ladrón.
- Te has pasado –dijo finalmente Shinichi levantándose– ¡Nunca…! –le gritó– ¡Nunca te fíes de ellos, Kuroba! ¡Parecía que lo tenías muy claro por el simple hecho de que mataron a tu padre! ¡Parece ser que eres un simple ladrón que no piensa en como pueden ser a los que persigue! ¡Qué te quede claro…! ¡Qué os quede claro a todos… –dijo girándose a quienes estaban mirándole– ¡No pararan hasta matarnos a los cuatro! ¡Harán lo que sea para que no saquemos todo lo que sabemos de ellos! ¡Y no! –se giró de nuevo al ladrón– ¡No pienso dejar que nada le ocurra! ¡Pero aún así no tenemos ni una MALDITA pista de lo que le pueden estar haciendo! ¡Y te aseguro de que no es nada bueno!
Dejo el vaso, se giró y se fue de la casa del doctor.
- Genial, Kuroba, conseguiste lo que querías –le dijo Akako aplaudiendo ella sola.
- Nadie te ha pedido tu opinión, Koizumi.
- Tiene razón, ahora seguro que no te habla en toda su vida –le dijo Hakuba.
- De hecho ya no lo hacía demasiado –comentó Heiji quien aún miraba la puerta por la que había salido su amigo– ¿verdad, Niño?
- Cállate –le dijo Kuroba de mal humor.
El mago con un abrir y cerrar de ojos se puso ropa seca y se sentó en el sofá. Bajo la atenta observación de todo el mundo.
- Toma, Kaito, esto es tuyo –le dijo Jodie pasándole unos papeles.
- Gracias –le dijo el mago con una sonrisa.
Esa tarde fue una de las más largas para todos. Al poco rato de estar allí vinieron el inspector Megure, con los inspectores Takagi, Sato y Nakamori. Mientras Suichi, Jodie, James, Heiji y Kaito continuaban con su plan del domingo, los inspectores conversaban con el doctor Agasa intentando que el científico les dijera algo de la organización. Aoko y Kazuha se habían dormido en el sofá.
A la mañana siguiente, Yukiko y Yusaku llegaron en la casa del doctor Agasa un poco preocupados. Al verles, tanto Heiji como Kaito se levantaron a saludarles.
- ¿Qué ocurre? –preguntó Heiji.
- ¿Está Shinichi? –preguntó Yusaku mirando a su alrededor.
- No, no le vemos desde ayer, ¿por qué? –preguntó Kaito.
- Ayer vino un poco enfadado a casa, y hoy se ha levantado muy temprano y se ha ido, ha dejado esto. –explicó el padre del detective.
El escritor le pasó la nota al detective del oeste.
Me ha llamado Vermouth, parece tener un tipo de pequeño plan, en que solo debo actuar yo. No os preocupéis, con ella estaré bien. Pero pido por favor…
- … pero pido por favor –leía Heiji en voz alta– que vengáis en la mansión lo más pronto que podáis, parece ser que necesitaremos alguna vía de escape rápida. Shinichi.
- Este tío está majara, te lo aseguro. –comentó Kaito mirando la carta que Hattori le pasaba.
- Entonces ¿a qué esperamos? –preguntó Jodie levantándose– vamos con mi coche.
- De acuerdo –dijo Heiji– vamos Kaito.
- Sí –dijo el mago saliendo detrás de Jodie y Heiji.
Aoko y Kazuha aún estaban dormidas. James estaba sentado en el sofá y se levantó para dejar sentar a los padres de Shinichi. Ellos se lo agradecieron. Agasa llegó al poco rato de comprar con Shiho y Suichi y les contaron todo lo que había pasado.
El joven de ojos azules bajó de un taxi delante de una gran mansión. El taxi se fue lo más rápido que pudo de allí ya que esa casa parecía bastante tenebrosa y solitaria. El joven detective se acercó a la cerca que cerraba toda la mansión. Se fijó en que había pequeños grabados en cada poste de diferentes trabajos y cada una tenía un nombre debajo. Reconoció a uno de los que tenía más cerca: actriz, Chris Venyard. Esto le pareció más bien un pequeño ritual en donde dejan su vida atrás para convertirse en la persona que realmente es. Se fijó que bajo de ese mismo poste había un pequeño garabato con una "V". Le parecía haber visto este signo en algún lugar, pero no se acordaba de donde era. Se puso unos guantes de invierno. Empujó un poco la puerta de hierro silenciosa y entró rápidamente volviendo a cerrarla. Miró a un lado y al otro: Sobretodo sé silencioso y que no te vean. No dejes pistas. Recordó. La verdad es que Vermouth había sido muy misteriosa en ese aspecto. Aún no sabía exactamente porqué quería hacer eso. Él solo sabía que así podría salvar a Ran y si se lo quedaban a él le daba igual mientras pudiera hacer feliz a la joven. Empezó a andar encima del camino de arena que había en medio de un bosque abundante de árboles. Al final de este estaba seguro de que había la gran mansión que se vislumbraba a lo lejos. Cada vez sus pasos se apresuraban mucho más. Tenía unas ganas terribles de llegar hasta Ran, de abrazarla, de volver a verla.
Había llegado a la mansión corriendo. Allí le esperaba la mujer de pelo rubio y largo. La mujer actriz cuando le vio corriendo hacia ella cruzó los brazos.
- Suerte de decirte que seas silencioso –le dijo mirando como el chico le hacía una pequeña sonrisa.
- ¿Por qué me ayudas? –preguntó el joven detective.
- Ahora no hay tiempo que perder –le dijo Venyard– vamos.
El detective del este la siguió adentro de la mansión. Las grandes puertas de roble sobresalían del resto de la casa de paredes negras. Cuando entraron adentro, el chico miró alrededor suyo. Cuadros inmensos de hacia más de un siglo entero, o eso pensó él, colgaban de las paredes negras como el carbón de dentro. Alguien había empezado a pintar una de las paredes de blanco, parecía que estaban por empezar con la fiesta del domingo y querían dar una buena impresión. Aparte de la pintura blanca, justo debajo había pintura roja que bajaba al suelo en forma de charco. El chico pensó que parecía que allí habían matado a alguien. Cuando se dio cuenta, la mujer ya había cruzado unas puertas y esperaba que el chico la siguiera. Se apresuró a llegar hasta ella.
- No te entretengas, todos hacemos guardia en la hora punta –explicó la mujer– cada hora todos miramos las habitaciones y el bosque.
- También hacéis guardia, ¿eh? –dijo Shinichi mirando de nuevo el lugar en donde estaban.
- De acuerdo, escúchame bien –le dijo Vermouth– siguiendo recto el primer pasillo a la derecha y el primero a la izquierda la última puerta. Allí encontrarás a Angel tienes que darte prisa. Dentro de diez minutos, los pasadizos se moverán y será difícil que encuentres la salida. Te espero aquí y te largas con ella corriendo.
- Derecha e izquierda, ¿no? –se aseguró el detective.
- Diez minutos –afirmó la actriz.
El detective empezó a ir por aquél pasadizo también pintado de negro. Unas pocas antorchas iluminaban cada cruce y puerta que había, que por suerte eran pocos. Giró el primero a la derecha cada vez sus piernas iban más rápido. El primero a la izquierda ya corría. La última puerta. Se paró delante de ella miró el reloj iluminándolo con el fuego de las antorchas que allí había. Veinte minutos para las nueve en punto. Abrió la puerta poco a poco. Podía ser que allí estuviera alguien esperándolo. Encendió el reloj linterna y entró en la sala cerrando la puerta. Miró a su alrededor ni una sola cámara, ni una alma en pena. Miró al centro de la habitación que estaba iluminada. Allí había una persona tumbada en el que parecía una mesa de operaciones. La chica mantenía los ojos cerrados llenos de lágrimas. Él sabia que ella estaba despierta. Se acercó a ella con otra carrera y se puso a la luz del foco. Cerró su reloj linterna y se arrodilló delante de ella.
- Ran… –murmuró.
La chica abrió los ojos que lloraban.
- Shinichi… –susurró la chica.
- ¿Estás bien? –preguntó el detective.
La chica se secó las lágrimas y se incorporó.
- Vámonos, tenemos solo siete minutos –le dijo a la karateka.
- ¿A dónde? –preguntó la chica.
- A casa –sonrió.
Ella asintió con la cabeza y puso los pies al suelo. Se intentó levantar, pero le dolía uno de los pies. El detective lo vio. Se arrodilló de nuevo y se o miró. Tenía una pequeña herida que aún le sangraba. Cogió un pañuelo que llevaba y lo puso alrededor. La chica se levantó en cuanto terminó pero aún así casi no podía andar. Shinichi se pasó uno de sus brazos por el cuello para ayudarla a andar. Se fueron los dos hacia la puerta, Shinichi la abrió y los dos pasaron. El primero a la derecha, parecía que nunca terminaba, el primero a la izquierda aún no podía ver con claridad el final. Pero aún así, cuando llegaron vieron a Venyard esperando. La mujer abrió la puerta y ellos salieron detrás de ella. Cuando la acabaron de cerrar, se oyeron unos pequeños crujidos y mecanismos funcionar.
- ¿Qué es eso? –preguntó el detective mientras continuaban.
- Lo que te dije del mecanismo para que la gente se pierda –dijo ella– cada diez minutos los pasillos se alteran. Muchos de los nuevos te los encuentras tirados por los pasillos medio muertos de hambre por culpa de esto. Es para poder hacer perder a la gente. A la hora en punto, los pasillos vuelven a la posición inicial.
Andando como podían atravesaron toda la sala y salieron por la grande puerta de roble. La mujer les abrió la puerta y los tres pasaron. Habían pasado dos minutos desde que oyeron el cambio de pasillos y ya había acabado. De repente se oyó una sirena.
- Mierda –se quejó la actriz– debéis apresuraros, Gin ha hecho su visita en la sala de la mesa.
- ¿Eso quiere decir que ya lo saben? –preguntó el detective acelerando un poco el paso.
- Apresúrate, ahora empezaran a sacar las cámaras de vigilancia y no podré ayudarte más.
- Continuarás salvando tu pellejo, ¿verdad? –preguntó el detective sarcástico– gracias, Venyard.
- Chris Venyard murió en cuanto entró aquí, detective. No lo olvides.
Shinichi cogió más fuerte a Ran. Cuando ya casi habían llegado a la cerca, Shinichi pudo ver el coche de Jodie Santemillion. Kaito y Heiji estaban afuera esperando. Se fijó que en la cerca había salido un pequeño palo con una pequeña cámara delante. El detective apresuró mucho más el paso. Pronto la sirena dejó de sonar y un montón de cámaras más se levantaron del suelo apuntando a los dos jóvenes. Al llegar a la puerta de hierro, Kuroba hizo ademán de abrir la puerta.
- No la toques, Kuroba –dijo Shinichi– con las manos no.
El detective del este que aún llevaba los guantes la abrió y la volvió a cerrar, fue entonces cuando vio que iba a ocurrir el desastre. Heiji ayudó a subir a Ran al coche mientras Kaito se situaba al asiento del copiloto.
- Kudo, ¿qué haces? –le preguntó el ladrón viendo que el chico se había quedado mirando como Venyard abría la puerta.
- Lo siento –dijo la mujer.
- Jodie, arranca –les dijo el detective con una sonrisa triste.
- Pero ¿estás loco? –preguntó Hattori desde la ventanilla de detrás de Kaito.
- ¡Maldita sea, largaros de una vez! –les gritó.
- De acuerdo, volveremos a por ti, Kudo.
A la lejanía ya se podía distinguir un montón de gente acercándose a toda prisa.
- Claro –les dijo sonriéndoles
Jodie pisó el acelerador dejando a Kaito y Heiji con la palabra en la boca ya que querían que el chico lo dejara.
- Gracias por todo chicos. –terminó con la cabeza baja mirando como el coche se alejaba
- ¿Estás bien? –preguntó la actriz al detective.
El chico afirmó con la cabeza baja y levantó las manos. Venyard le apuntó con un arma. Se fijó en que tenía la vista perdida y triste. La actriz bajó la cabeza. En seguida llegaron los demás. Y apuntaron a la sien de Shinichi. El chico bajó las manos poniéndoselas a los bolsillos.
- ¿Qué está ocurriendo aquí, Vermouth? –preguntó una voz grave proveniente de entre la gente.
- Jefe, lo siento –le dijo la mujer– el chico se adentró en nuestras propiedades sin permiso.
- Bajad las armas –ordenó la voz abriéndose paso entre la multitud– he dicho que bajen las armas.
En cuanto llegó se situó entre Venyard y Shinichi. El detective del este se sorprendió al ver quien era en realidad. Pelo plateado y largo, barba, más bien viejo, ojos claros… El asesino en serie de Nueva York. Casi todos los hombres que rodeaban a los tres bajaron las armas al ver al jefe protegiéndolo. Vermouth se lo pensó, pero la bajó.
- Gin, baja el arma –le dijo el hombre apuntándolo a él con el arma.
- Sus normas deben cumplirse y usted no las cumple, ¿verdad?
- Eso es diferente, ese chico nos puede ayudar en nuestra tarea –afirmó el hombre de pelo plateado– Gin, solo borrándole la memoria puede empezar con nosotros.
Shinichi se asustó al oír eso.
Jodie paró el coche a la primera curva y se bajó para ver lo que ocurría. Solo podía ver un montón de gente rodeando al detective que no veía. Heiji y Kaito le siguieron y Ran salió del coche y cuando llegó a ver se oyó un disparo.
- Shinichi… –murmuró Ran.
- Ran tranquila –dijo Heiji abrazándola para evitar que se fuera hacia allí.
- Shinichi… –susurraba– Shinichi… Shinichi…
La chica tenía los ojos rojos de tanto llorar, pero aún le seguían brotando las lágrimas. Poco a poco los chicos entraron al coche, Heiji arrastró a Ran hacia dentro. Kaito se sentó al otro lado de la chica. Jodie arrancó de nuevo el coche.
Cuando llegaron a la casa Heiji ayudó en todo momento a Ran a entrar en casa del doctor. Kaito se apresuró para abrirles la puerta y se fue a buscar al doctor Agasa para que trajera un botiquín. Jodie entró la última y cerró la puerta. Cabizbaja se acercó a su jefe. Yukiko y Yusaku se habían levantado del sofá esperando noticias buenas. Kazuha y Aoko hacía un buen rato que se habían despertado y en cuanto vieron entrar a Ran la ayudaron en todo momento. Heiji se sentó al sofá de delante de Ran y bajo la cabeza viendo que ella aún estaba llorando.
- Ran, no sabremos como está hasta que volvemos allí, tranquilízate –le dijo Kaito con el botiquín en la mano– vamos que te curaré tus heridas.
- ¿Qué ha ocurrido? –preguntó Yusaku mirándolos a todos.
- En el peor de los casos Kudo está muerto –dijo Hattori mirando a Ran.
- ¿Y en el mejor? –preguntó Miyano quien estaba con el doctor detrás de Ran.
- Podremos sacarle de ahí dentro de dos días.
- ¿Pensáis continuar con eso? –preguntó Yusaku quién abrazaba a su mujer que se deshacía en lágrimas.
- Tenemos que asegurarnos de que está o no muerto.
- Y vamos a hacerlo este domingo –dijo Kaito– junto con mi última actuación.
- ¿Estás seguro, Kuroba? –le preguntó Heiji.
El mago asintió con la cabeza y se dispuso a curar a Ran.
Espero que les haya gustado este nuevo capítulo. Que no haya confusiones, nadie puede matarme por hacerle eso a la pobre Ran, que si, prefiero a Shiho, pero Ran no puede ser infeliz de ese modo... pero creo que Gin si que se lo va a pasar en grande en esta historia...
De nuevo pido que me dejen sus opiniones en algun tipo de reviews ya sea del tipo biblia o del tipo telegrama... me da igual mientras eso me ayude a mejorar...
Hasta el próximo capítulo:
Shihoran.
