N/A: bienvenidos a la Cuarta Casa, amantes del terror y el suspense... MWAJAJAJAJAJA!!! U^_^ es broma, no me toméis muy en serio. Bueno, sólo hay que tomar en serio que hoy llegamos a Cáncer. Aquí puede que más de uno se lleve una sorpresa, porque para describir a Death Mask no tuve en cuenta casi ninguno de los clichés que se tienen sobre él. De hecho, alguien me dijo que daba casi más miedo que de costumbre XD. Ya me diréis lo que os parece por aquí. ¡Ah! Y, como ayer no pude actualizar, hoy toca doble.

DISCLAIMER: los de siempre? no sé, creo que ya sabéis lo que se puede y lo que no se puede hacer en el mundo de los fics.


..::--CÁNCER--::..

A mitad de la bajada caigo en la cuenta de que se me ha olvidado pedirle un 'recuerdo' al Caballero pero, mirando hacia donde ahora se ven salir llamaradas y rayos por las ventanas, alejo la idea de mi cabeza y decido que mejor no volver a poner un pie allí.

A pocos metros de que la escalinata termine en el siguiente rellano, Baby me dice que el 'camallero Mazcarita' es raro. ¡Un momento! ¿Mascarita? ¿De Máscara? ¿El siguiente Caballero utiliza un apodo en lugar de un nombre más o menos normal? Ay, madre… Ya me estoy imaginando a un tipo al estilo motorista de Harley-Davidson norteamericano, de esos que llevan gafas de sol de aviador, se ponen pañuelos anudados en la cabeza, están llenos de tatuajes de cosas rodeadas de llamas rojas y se ponen nombres como Serpiente o Calavera para configurar una personalidad propia. Baby me cuenta ahora que, cuando sus hermanos y ella vinieron al Santuario por primera vez, su hermana Dannah se hizo amiga del Caballero porque a los dos les gusta ser malos con los demás. Vamos, lo que me faltaba para terminar de imaginarme a un tipo que hace que los demás, a su lado, parezcan tiernas girl scouts.

Esta vez no sale ningún aprendiz a recibirnos. Pero vamos, que dudo que alguien quisiera ser aprendiz de un tipo que mantiene todo en espeluznantes penumbras y tapiza paredes, suelo y techo de algo que parecen rostros grabados en la piedra.

Con algo de recelo, digo un "hola" que reverbera contra las paredes y deja un eco fantasmagórico. Al segundo empiezan a escucharse unos pasos metálicos acercándose, y Baby se esconde tras mis piernas agarrándose a ellas con fuerza. De poco le sirve eso a la pobre, porque lo único que consigue haciendo eso es sujetar mis rodillas para que no tiemblen del miedo que tengo encima. Creo vislumbrar un leve resplandor que se acerca a nosotras y, cuando empieza a intuirse una silueta humana con algo puntiagudo en la cabeza, cierro los ojos y aprieto los puños rezando por que no haya llegado mi hora y acabe haciéndole compañía a los angelitos en el cielo. Cuando vuelvo a abrir los ojos, una mirada entre gris y azul y una sonrisa algo macabra están demasiado cerca de mi cara, por lo que acabo soltando todo de golpe en el suelo y, pretendiendo retroceder, tropiezo con la niña y acabo cayendo al suelo de espaldas. Intento incorporarme lo más rápido que puedo, pero ese alguien ha tenido más reflejos que yo y, sujetándome delicada pero firmemente, me ha puesto en pie mientras me pregunta si me encuentro bien. Me atrevo a mirar hacia donde parece proceder la voz y me encuentro a un atractivo y varonil Caballero que, sin dejar ese gesto de sádico, se asegura de que no me he roto nada en la caída.

Con voz cansada me dice que es Death Mask de Cáncer y que ya podemos pasar al interior porque, desde que oyó la última explosión en Leo tras tanto silencio, me estaba esperando. Mirando a la niña dice que a ella no se la esperaba y, señalándola a modo de advertencia, le dice que más le vale portarse bien si no quiere acabar colgada pies para arriba sobre el abismo del Yomotzu. Soltándome de su agarre, le doy un golpe en la parte del brazo que queda expuesta sin la armadura y le gruño que, si vuelve a amenazar así a la nena, va a tener serios problemas conmigo. Sorprendido por mi reacción, me dice que jamás se atrevería a hacerle nada, pero que de alguna manera tiene que conseguir mantenerla quieta sin atarla a una silla. Resoplo hastiada y le animo a que me guíe al interior para poder hacer la entrevista. Me mira enarcando una ceja y, encogiéndose de hombros, da media vuelta y me lleva hasta un salón tan elegantemente decorado que me parece imposible que alguien que tiene caras en el pasillo exterior y ha amenazado como un salvaje a una niña viva ahí.

Sitúo las cosas y me siento frente a él mientras Baby se queda tras el sofá, asomada por encima dejando ver tan sólo sus ojitos a través del flequillo. Para tranquilizarla un poco, me acerco a ella y, con más valor del que realmente tengo, la convenzo de que, si el Caballero se porta mal, le morderé una oreja y le daremos patadas en el trasero. Ella sonríe finalmente, y mira con disimulo al hombre para después volver a mirarme. Mira al Caballero, me mira a mí, al Caballero, a mí con una de las sonrisas de niña buena… El Guardián, que ya se ha dado cuenta de las miradas, pregunta ásperamente que qué pasa y la nena, poniendo vocecita dulce, dice que se portará bien si le dejan jugar con las patitas. Ahí si que me pierdo. ¿Qué patitas? ¿De qué habla? El Caballero resopla con fuerza y, señalándose la cabeza, le dice a voz en grito que primero, no son patitas de cangrejo, sino una tiara; y segundo, que no se las piensa dejar porque la última vez acabaron sirviendo de rastrillo para remover la tierra del jardín de Piscis. Le doy la espalda al Caballero y trato de evitar los espasmos que resultan de mis intentos por reprimir la risa. Al final el Caballero le dice a Baby que vaya a jugar por ahí, siempre sin tocar nada y sin hacer nada de lo que pueda arrepentirse. Ella asiente efusivamente y no se lo piensa dos veces antes de salir corriendo y desaparecer por un pasillo lateral. ¡Uy! Ahora que la peque se me ha ido no sé si sentirme tranquila porque él no va a hacerle nada… o ponerme nerviosa porque me he quedado a solas con él. Con una sonrisa nerviosa, le explico cómo va a ser la cosa, y él me replica que me deje de tonterías y empiece de una vez. Mejor hacerle caso, creo yo.

De nuevo me dice su nombre, y que es de Sicilia. Lo que faltaba, vaya. Además de ser el prototipo de italiano atractivo… tenía que ser de la zona donde la camorra hace de las suyas. Pensándolo un poco, quizá no sea difícil que provenga de una familia relacionada con la mafia. Continúa explicándome que, tras venir al Santuario y pasar aquí un tiempo como simple aprendiz, el Patriarca le dejó bajo la tutela del anterior Caballero de Cáncer para que, llegado el momento, fuera su sucesor. Fue en ese momento en que abandonó el nombre que su madre le había dado (dato que no me facilita) para tomar el que lleva ahora. El entrenamiento en Sicilia está lleno de violencia, salvajadas y mucho humor negro. ¿Será posible que el tipo este tenga un sentido del humor tan retorcido? Al volver al Santuario se ganó la fama de despiadado y de psicópata desequilibrado, así que el que acabara siendo parte del equipo de sicarios oficiales era más cuestión de tiempo que de esfuerzo. Cuando le comento que ya estoy al tanto de lo que ha sucedido en el Santuario los últimos años me mira sorprendido y, tras volver a encogerse de hombros, me dice que entonces no hay problema en que yo sepa que le mandaron a matar al Caballero de Libra cuando aún estaba en Rozan y que él participó activamente en la traición del Caballero de Géminis cuando usurpó el lugar del Patriarca al asesinarlo. Y me lo dice así, tranquilamente.

Cuando ya no quedan preguntas llamo a Baby para irnos, y es entonces que me llevo una gran sorpresa. El Caballero se levanta y, viniendo donde mí, detiene mis movimientos tomando mis manos y me dice que, aunque no queden preguntas, no tengo por qué irme tan pronto. Las alarmas suenan en mi cabeza, las sirenas se activan y los sistemas de seguridad se ponen en funcionamiento. Pero cuando me reconoce que no suele tener muchas visitas y que le he caído tan bien que no le importaría que me quedara a charlar un rato tomando un capuccino… poco falta para que se me salga el corazón por una oreja. Recordando uno de mis tantos ratos de aburrimiento en los que me he puesto a hojear guías astrológicas me viene a la mente que, a pesar de todo, los Cáncer son bastante hogareños y afables cuando se lo proponen. Con una sonrisa sincera, le informo que todavía me quedan tres Templos por visitar para entrevistar a sus Guardianes y que, por lo tanto, no puedo detenerme demasiado o se me acabará el tiempo que me ha concedido la señorita Kido. Mirando el reloj, compruebo que la saeta más corta está ya en las seis, mientras la otra se acerca lentamente a las doce. Visiblemente afectado por mi rechazo, me suelta las manos y se va de la sala mientras Baby regresa con su ya recuperada sonrisa de niña buena y yo me quedo con la boca abierta viendo como el Caballero se pierde entre las sombras cual Don Juan despechado.

Tras comprobar que el Caballero no está ahí para verla, Baby me tira de la manga y sonríe. Deducciones rápidas aparte, ya tenía la impresión de que iba a encontrar algo interesante para "regalarme". Y, por lo que abulta el bolsito, tiene que ser algo grande. Vuelvo a guardar todo mi material con la ayuda de Baby y, cuando ya estoy dispuesta a salir de allí, el Caballero vuelve con algo, primorosamente envuelto, en sus manos. Me lo tiende con una gentil sonrisa y me dice que lamenta no poder ofrecerme algo mejor. Mi gesto de sorpresa le causa risa, y me explica que ya está al tanto de que tengo por costumbre pedir un detalle antes de despedirme para añadirlo al informe. Suspiro aliviada (por si, como el Caballero de Virgo, había leído mi mente) y le acepto el objeto, que desenvuelvo allí mismo maravillándome al encontrar una primorosa talla en madera de ébano de dos gatitos haciéndose arrumacos. Le agradezco sinceramente el regalo y por fin nos acompaña a la salida para explicarnos por el camino que todas las caras que hay talladas en el pasillo en realidad son las almas de los que murieron a sus manos, y que de esa manera consigue retenerlos para que no encuentren descanso en el más allá. No sé si será cosa mía, pero creo que percibo un atisbo de orgullo en su voz…

Le digo adiós cuando Baby ya lleva bajados una veintena de escalones y corro a unirme a ella dejando atrás a un macabro personaje que se despide de mí como si de verdad yo fuera alguien querido que parte a un largo viaje.